El nombre de las cosas, nuestros nombres

jaime naifleisch

El Hombre nombra. Se estima que aún son millones las especies de la flora y de la fauna que no ha incorporado subjetivamente al mundo, que “no ha descubierto”, esto es, que no ha nombrado. Aunque objetivamente esas honduras marinas abisales, esas forestas cerradas, sean ya parte del mundo. Toda vez que el mundo es creatura del Mercado y es éste ya mundial, con sus límites coincidiendo con los del planeta… Todo tipo de ondas y sustancias producidas reptan y se infiltran hasta lo inimaginable. Y desbordando hacia el espacio exterior, donde llegan si no sus manos sí artilugios que su mano ha obrado.

Pocas actividades humanas más lejos de la noción de criterio, de Razón, más lejos de lo universal, que la nominativa. Puro capricho es la norma. Rara vez se verifica que el nombre de la cosa esté contenido en ella, haya brotado de ella revelándose al Hombre, que la llamará de cualquier modo.
La etimología auxilia, sabemos que decimos tal para dar nombre a algo, porque un día, o en la lengua que nos prestó la palabra se decía tel o til. Y poco más.

La pereza intelectual ha vencido a la curiosidad, la maravilla, y abundan nombres burdos incluso para lo que tenía ya otros que cabe considerar más apropiados. O quizás no más apropiados, pero sí menos bobos. ¿A quién se le ocurre llamar piña al fruto que los que vivían con él llamaban ananás o abacaxí? ¿cuál es la relación entre el fruto duro, seco y este que rezuma jugos y ternuras?
Cabe buscar el tortuoso sendero del que llamó piña al ananás para trazar un perfil de quien iba a apoderarse de todo, y legislar, gestionar, administrar, mandar sobre los seres y las cosas, disfrutar de ellos. ¿Ese? pues sí, ese que descerrajó el estúpido nombre al maravilloso fruto. ¿Hay que sorprenderse luego del resultado de su trabajo, de lo que hizo con el honor que la fuerza le confirió de dirigir los destinos colectivos?

En una fase acelerada de ese proceso de mundialización del planeta, que es eje de la historia humana, un sabio sueco, Carl Nilsson Linaeus o, latinizado, Carolus Linnaeu o Carl von Linné, o Carlos Lineo, 1707-1787, ideó la nomenclatura binómica, en el espiritu de la Enciclopedia, para organizar y clasificar el fastuoso mundo de las plantas y los animales que pueblan la Tierra. Seres cuyas especies –que el Hombre integraba a gran velocidad en el mundo-uno– recibían mil y un nombres distintos según la comarca en que tuvieran su habitat: todas y cada una tendrían un nombre, además, de los que hubiese recibido en las generaciones y las distancias. Un nombre, en lengua latina, por el que cada una sería reconocida inequívocamente por todos en el mundo entero, aunque en casa se las conociera por el particular, que no hay razón para su olvido.

No fue el de Linneo un manotazo totalitario destinado a abrogar las culturas, las lenguas, dando un nombre único a la experiencia humana.
Gigantesco aporte a las lenguas fue, al conocimiento, a la procura de la verdad. En la antípoda de lo obrado por aquél primario que vio el abacaxi y con la boca llena se puso a gritar ¡piña. piña! como si se tratara del caudillo Berlusco chillando “¡bunga, bunga!”

El Hombre siempre quiso nombrar y lo consideró necesario, al punto que atribuyó a la divinidad el mandato. Los libros que compilados siglos después forman la Torá, tenían ciertamente un nombre, tomado de la frase que lo inicia. Bereshit, En el principio, que los griegos llamaron Genesis, es el primero de ellos. Un relato maravilloso que los escribas ofrecieron a su gente para que tuviesen a su disposición algunas preguntas y respuestas capaces de inteligir, sobre el origen de lo real, de los seres vivos –incluyéndolo a él mismo– y de todo lo que él ve cuando dirige la mirada: el cielo, el mar, el bosque. Y la oferta, que incluye variantes fundando la noción de interpretación, y conscuente libertad de interpretar, refiere también a la labor de nombrar:

“YHVH, pues, formó de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Lo que el hombre llamó a los animales, ése es su nombre.
El hombre puso nombres a todo el ganado, a las aves del cielo y a todos los animales del campo. Pero para Adán no halló ayuda que le fuera idónea.
Entonces YHVH hizo que sobre el hombre cayera un sueño profundo; y mientras dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar.
Y de la costilla que YHVH tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre.
Entonces dijo el hombre: “Ahora, ésta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada Mujer, porque fue tomada del hombre.”
Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban”.

Este párrafo es parte del inicio. Dar nombre a los seres y las cosas cuenta como tarea inicial, fundacional, al nivel de la mismísima creación de todo, y en él, del hombre y la mujer. Ignoramos qué significa ishá, “mujer”, qué significa ish, “varón”, antes de ser nombres de la mujer y del hombre. Pero sin duda significaban, en la conciencia del real, algo muy preciso. Se deduce de la preocupación de los escribas por el acto de dar nombre.

Izquierda y derecha, tanto más recientes, deberían así mismo significar algo, antes de simplemente designar a los partidos que en estos dos siglos han gobernado los seres y las cosas en Occidente.
Pero no, nada izquierdista o derechista están contenidos en esos nombres. De todos modos no los envuelve enigma alguno, como en el caso de ish e ishá. A la izquierda y a la derecha del hemiciclo donde se celebraraban las sesiones de la Asamblea, vistos desde la perspectiva del presidente, se sentaban los diputados de los partidos que debatían sobre los quehaceres de la política que merecían los franceses en esos tiempos de revolución. Sin ánimo de bromear, igual podrían haberse llamado guitarra y zapato, si hubiese habido españoles a un lado, y gentes bien calzadas al otro, y ser “guitarristas” los fieles del SPD alemán y “zapateristas” lo que siguen a José María Aznar. Tiene más sentido que en Colombia llamen “pianista” a cierto ladrón que jamás vio un piano… pero que mueve con habilidad de pianistas los dedos con los que va a apoderarse de la cartera de un incauto. Sí, el que imaginó este nombre, es un par de los que escribieron la Biblia, de Linneo, pero un adversario de los que llamaron “piña” al jugoso ananás, o llaman “matrimono” a la pareja de hecho no compuesta por un varón y una mujer, sino por dos varones o dos mujeres, u otros.

Como quiera que sea esos nombres de izquierda y derecha acabaron por identificar, a una con la procura de justicia –como proclama la Torá ¡justicia, justicia perseguirás! ¡para vivir!–, de la protecció colectiva del más débil (la viuda y el huérfano, en tiempos de las Escrituras), y de la abolición de la desigualdad (sociedad sin clases) que, en el mejor de los casos (¡!) los recorta a todos a fin de que adquieran la altura del más enano, y en el peor hace iguales a todos… menos a una casta reducida.
Y a la otra  como defensora de la libertad individual en el reconocimiento de la “natural” desigualdad, que parte del respeto a la desigualdad de la propiedad que detentan los individuos. Lo que acaba siendo la libertad del zorro en el gallinero y el lema ¡que se cuide el comprador!” que preside a toda infección empresarial mafiosa. Una libertad de privilegiados que vive hoy su apoteosis en los Golpes financieros y el pillaje político de derechos adquiridos, con los que se acelera la más terrible desigualdad entre pueblos y entre segmentos de población en todos ellos.

Más o menos así se han vendido en dos siglos las derechas y las izquierdas, coprotagonistas de la decadencia civilizatoria occidental. Al fascismo, grotesco remedo de socialismo stalinista sin socialistas, a su desborde en el nazismo racista, y a la actual pinza entre nazis islamistas de la yijad y ultra avaros destructores de factura neoliberal –que arrebatan la riqueza a las naciones y a los individuos no cooptados– los dejamos para otra ocasión, fuera de las derechas civilizadas, como dejamos fuera de las izquierdas a los kampucheanos de Pol Pot o coreanos de Kil Il Sng & dinastía. Tendencias estas inscritas en la más feroz antiutopía.

Las derechas liberales evocan a Thomas Jefferson, uno de los cuatro padres de la Constitucion de los EEUU, que defendió la “ley natural” de la desigualdad, en un país ubérrimo, enorme, despoblado, en pleno inicio de la expansión, donde se podía soñar con una sociedad de granjeros propietarios, como los socialistas utópicos (premarxistas) podían con una sociedad
de falansterios y comunidades austeras ante el fracaso radical de los modelos establecidos en Europa, donde el producto del saqueo colonial y el trabajo esclavo campesino se traducía en el más obsceno despilfarro.

Pero “olvidan” esos jeffersonianos que el maestro hizo algo más que soltar frases que hoy pueden ser esgrimidas como consignas en favor, al fin, de los más fuertes.
Veamos que dice este magister del liberalismo, que no del socialismo:

“Cuando en un país hay tierra inculta y pobres sin empleo, está claro que las leyes de la propiedad se han extendido tanto que han violado el derecho natural”. Y “Otro medio para reducir silenciosamente la desigualdad de la propiedad consiste en eximir de impuestos a todos los que estén por debajo de un límite determinado y gravar con impuestos las proporciones mayores de propiedad en progresión geométrica a medida que crecen”, escribe en una carta a James Madison, con fecha 25 de octubre de 1785, donde relataba su visión de la Francia Absolutista y proponía reformas para paliar el  hambre y la pobreza.

¿Qué nombre le ponemos a Jefferson? ¿Era de izquierdas? ¿de derechas? Las cosas han caído tanto que publicar y salir a vender copias de la Declaración de Independencia en Central Park o a la puerta de un casino de Las Vegas, conlleva el peligro de ser agredido con la Patriot Act –la ley que emana de los atentados del 11 de septiembre contra el terrorismo. Y tanto más si consolidadas con el ideario del prócer.

Yo propongo una mirada antropológica que nos retire del frasco en el que todos estamos enfrascados, el frasco con etiqueta, en la que el nombre, vuelto marca, hace las veces de reliquia santa vaciada de cualquier contenido.
Me niego, por ejemplo, a reconocer la condición de izquierda, socialista, comunista a todo quisque que ostente la etiqueta. Corrían los 60 cuando decía “Brezhnev es quien tiene que demostrar que es comunista, no yo que no lo es”. Hoy, cuando el PSOE gestiona como gestiona dicen sus amigos y sus enemigos que es socialismo… porque el presidente se dice socialista. Y eso basta, para defenderlo…y para convocar al odio al socialismo, es igual.
¿Quién más que los dirigentes del Mercado Internacional llamaba socialista o comunista a la URSS, con su Mercado relativamente autárquico, su Economía de guerra sostenida por el sobretrabajo, el subconsumo, y el miedo a la policía, su capitalismo burocrático de Estado stalinista? El enemigo era quien nombraba socialismo a lo que allí regía, y le daba su legitimidad. De modo complementario las miserias y los espantos de “Occidente” se atribuían en el Este… a la democracia.

El cataclismo geopolitico de los 90 que dejó al Mercado autárquico COMECON en manos del Mercado Internacional, dando una colosal vuelta de tuerca al multimilenario proceso de globalización con la fundación del Mercado Mundial, proporcionando emocionado amor entre los anticomunistas por el FSB, como si no fuese la vieja y denostada KGB con otro nombre ¿no nos ha curado de espanto ante las trifulcas verbales, nominativas, en las que entramos al trapo como toros ciegos?

Detrás del nombre de la izquierda y la derecha sólo hubo una locación, luego el equívoco, y así pudimos llamar al XX Siglo del Equívoco. Decenas de millones murieron detrás de las banderas de quienes los parasitaban. ¿Que nada importa, que todo es igual, es la enseñanza que nos deja?
¿Y si comenzamos por asistir a la cancha, o la emisión televisiva con ánimo y actitud de disfrutar del fútbol, de las buenas jugadas, reconociendo penalties y fuera de juego sin importar el nombre de los actores?
Esto no es igual que no preferir la victoria de uno u otro equipo. Las condiciones de la vida social, de la marcha real de la sociedad, nos exigen tomas de partido ¿por eso, por el nombre de los partidos, que chillamos contra las tropelías y latrocinios de unos y nos hacemos los idiotas ante las de los otros? ¿O lo mejor es decir “que se vayan todos” y tan tranquilos?

Releamos la Historia y veamos quiénes abogaron por la justicia posible, por la libertad del individuo en el colectivo libre, por la contención de la atroz desigualdad, por la protección de los más débiles… y luego pongámosles nombre. Dejemos de hacerlo al revés. Veamos a los Hombres en sus esfuerzos, en sus limitaciones, veamos qué intentan, y luego apoyémoslos o no, no según los nombres que se adjudican, o que otros les asestan o atribuyen.

Es del Hombre que se trata, no de clubes o partidos. ¿Estaba González a la izquierda de Suárez? ¿Era socialdemócrata Massera como pretendía? ¿Es saludable y natural el producto que nos venden, porque eso dice la etiqueta?

Estoy harto, y no es de hoy que, fuera de los judeófobos obviamente, el genocidio nazi de los europeos acusados de ser judíos… sea cosa de judíos. “Cómo debes estar sufriendo” me dijo amorosamente una pareja, cuando veíamos juntos Shoá, de Lanzman. “Murieron judíos e inocentes” soltó un tarado, micrófono en mano, ante las ruinas humeantes de la AMIA.
Prácticamente a patadas me echaron de una marcha de decenas de chicas bravas un 8 de marzo en que habiéndomelas encontrado me uní a ellas. Las obreras huelguistas quemadas en el incendio de una fábrica textl de Nueva York, en 1857, o las afiliadas al sindicato de costureras de la compañía textil de Lower East Side, de Nueva York, que reclamaban una jornada laboral de sólo 10 horas, que están en el origen del Día de la Mujer Trabajadora, les patearían el culo a estas genderistas ignorantes de la estupida progresía basura. Si alguien pretende que odie y desprecie a todo musulmán, por lo que su nombre implica, y que no vaya al cine con Q, ni me acueste con L, ni le envíe este texto a A, lo tiene claro. Que me niegue a chapurrear alemán, regalándole graciosamente a los nazis esa lengua hermosa y potente –que tanto maltrataron y maltratan– o que apruebe a quien siendo español de Euskadi o Cataluña renuncia y repudia el castellano… no son actitudes ni conductas, ni guardan significados y valores, que merezcan el menor respeto. Secondo me.

Las experiencias de los Hombres deben ser puestas a trabajar, todas las verdades eternas merecen ser revisadas por verlas en su vigencia actual, Lo contrario no es sino guardarlas en un relicario, como se guarda la Declaración de Independencia de los EEUU, o el bello nombre de Boca Juniors que fue el de un impulso asociativo, deportivo, vecinal, integrador, antes de ser el de una mafia.

Sabemos que actúan entre nosotros Hombres –hombres y mujeres– perversos, que medran perjudicando a otros, o cosechando delicioso acíbar de la desgracia ajena.
Narcotraficantes, prevaricadores, traficantes de armas, tratantes de niños y jóvenes mujeres para la esclavitud sexual, mentirosos de a tanto la falsía entre los prostituidos escribas que ofrecen un relato de lo real, torturadores y asesinos, destructores del ecosistema y de la salud de los seres…
Aquellos que dijeron Lo que el hombre llamó a los animales, ése es su nombre, sabían lo que decían. Pero no esperaban la falsificación. Descubrimiento de los peores
El hombre está condicionado por el nombre que llevan las cosas, y los otros, y el mismo. Sabe que hay nombres peyorativos y meliorativos. Los peores lo aprendieron.
¿Podría el político criminal que ansía arruinar un país para engordar sus cuentas bancarias, confesar “voy a bombardear Belgrado porque me da la gana y me dará ganancias? ¿Cómo no entender que a esa agresión antihumana la llamara “guerra humanitaria”?
El oxímoron sorprende un poco, pero enseguida halla lugar en el contexto: el otro no puede nombrar, los medios que reproducen y propagan las palabras, se cerraron para ellos. En las Redacciones se acumulan los peyorativos que se refieren a él, y hasta el que tiene mil experiencias que le enseñan que cuando dos disputan la verdad puede estar repartida, acaba aceptando el varapalo totalitario que allí mata y rompe para someter, y aquí somete sin esfuerzo alguno. Bastó con poner el nombre “humanitario” a la barbarie, y con no dejar al otro que dijese “esta boca es mía”.

El bombardeo fue precedido por un cambio en la percepción. Y para esto, en un saqueo de las lenguas y sus sustancias. Es tarea que no admite dilación, todo se pudre. Recoger y guardar el nombre verdadero de los seres y las cosas, liberarse del nombre cuando esclaviza, confunde, y queda reducido a la condición de arma arrojadiza.

Incluso cuando uno de los arrastrados al crimen que destruía Yugoslavia, el premier italiano D´Alema, sopló sobre los que aullaban “piña, piña”, derribándoles el castillo de nombres falsos (“naciones cristianas entregando a una de ellas al Islam”, dijo), las gentes a las que YHVH adjudicó el poder y el deber de dar nombre, de entenderlo, de atenerse a él, hundieron sus jetas en el ombligo, se pusieron a pensar en la conservación del empleo, y la maldita hipoteca, y se entregaron a la función coreana (de coro y de súbdito de Kim Il Sung): ¡humanitaria, humanitaria, guerra humanitaria! ¡pasen y traguen, ciudadanos!

El papa Dámaso, luego san Dámaso, felicitó a Jerónimo, luego san Jerónimo, porque había conseguido que su versión latina de la Torá (“Antiguo Testamento”) no se pareciera al original hebreo. Eran muchos los que querían saber qué decía aquel libro que había sido de Jesús, circulaban muchas vulgatas (versiones populares en latín tomadas del griego) y resultaba en extremo peligroso. Podía leerse “no llamarás señor sino al Señor”, “el séptimo día descansarás, tu, tu mujer, el que trabaja para tí, el forastero que mora en tu casa, tus animales y herramientas de labranza, y hasta la misma tierra”, “no adorarás representación alguna de Dios”… cuando en el 325 Roma había declarado al cristianismo salido de Nicea, religión oficial y única autorizada del imperio y ya estábamos en el 386.
Y las gentes se resistían a aceptar sin más el producto del corte epistemológico que realiza ese concilio fundacional por el que los cristianos dejaban de ser parte de la judeidad –los iudeos en christos— y la ecclesia dejaba de ser una red de comunidades de Hombres libres para convertirse en institución del imperio, homogeneizada, jerarquizada— dueña de todos los nombres y el derecho de nombrar.
Y pasaba a ser judeófoba, iniciando centurias, por el pecado de los judíos que no reconocen en Jesús al cristo, al mesías, anunciado en la Torá, el que vendría a liderar a todos los justos en la batalla final contra la injusticia, por la justicia universal… cuando hubiese suficientes justos.
La protesta de los cristianos ante el corte fue mayúscula. De ahí la locución “se armó la de Dios es Cristo”, que aún se usa, causada por la nueva ideología trinitaria (Dios es tres pero es uno) que, de un plumazo sacaba a la interpretación helenística, platónica, del judaísmo –una entre tantas– del monoteísmo.
Aquellos cristianos no tragaron sin esfuerzo lo que éstos, que aceptan lo de la guerra humanitaria, sin ir más lejos. La Vulgata de Jerónimo no puedo ser versión oficial, hasta pasado un milenio largo, cuando Roma tuvo que presentar una alternativa a la traducción de Lutero, que si se parecía al original, y se desempolvó aquella. Para entonces ¿cuántos conocían el original?

Mucha agua, y sangre, lágrimas, sudor, han corrido desde entonces. Muchos conocimientos técnicos pensados por Hombres libres para hacer más libres a los Hombres, como la Psicología, la Electrónica, la Historia, para que los nombres de las cosas, de todas y cada una, encierren la posibilidad del engaño, y la sumisión barata a lo peor. Y hoy izquierdistas repiten la consigna nazi: judíos genocidas. Hoy se tragan sapos y se los cree perdices, porque “perdices” pone en la etiqueta. Acaso el papa Dámaso y Jerónimo puedan ser recordados como los inventores de la mentira masiva, la tergiversación: es bueno, ni se parece al original

El viejo vientre inmundo es aún fértil, dice Bertolt Brecht refiriéndose al nazismo en la posguerra. Pero mucho más atrás hay que ir para encontrar el trabajo de incidir en la conciencia a fin de obtener la necesaria cosecha de siervos voluntarios, obedientes debidos, fóbicos, psicópatas, fanáticos, pusilánimes, Hombres sin atributos, que ofrece la masa social
Todos conocemos el lema de gobernación de Göbbels, ministro de propaganda del III Reich: miente, miente siempre, que algo queda, pero había sido formulada doscientos años antes, por el mísero Voltaire, en una carta del 21 de octubre de 1736, dirigida a su amigo Nicolas-Claude Thieriot y recopilada en sus obras completas: «calumniad, calumniad que siempre algo queda».

La generación de comunicadores sociales que rodeó a Stalin en su propio concilio de Nicea, los Tres Juicios de Moscú (1936-1938) sabía que mentía, naturalmente, cuando le ofrecía a la gente la esperpéntica versión oficial: “nosotros somos los bolcheviques, los que tomaron el poder en 1917 odiaban tanto a los obreros que iban de noche a las fábricas y envenenaban el agua de las cisternas. Por eso los matamos”.
La generación siguiente ya no sabía, a menos que buscara a riesgo de su vida. La siguiente se limitaba a copiar y pegar. A la siguiente, la última, ya nada le importaba, salvo la posibilidad de que la democracia les proporcionara, no sé ¿un coche? O, al menos, les guardara el empleo. Con ella llegó Yeltsin.

¿Cómo si no podrían medrar las mafias que gestionan la transgenia, la farmacopea, la coca y la heroina, la anorexia/bulimia, la judeofobia, el racismo, la guerra de sexos, las armas, la yijad, el negacionismo, las falsas memorias históricas, la esclavitud infantil, el arrebato de derechos adquiridos por las generaciones previas… en nombre del progreso, la libertad, los derechos humanos, el pueblo, la democracia, el socialismo…?
Sin desinfodemia, epidemia de desinformación, de pensamiento único fragmentado hasta parecer libertad de expresión, envuelta en una marea de informacion masiva en Occidente, y de censura y fuego en las periferias sometidas a la mayor simplicidad, mucho mayor sería el esfuerzo de los enemigos del Hombre y de la Tierra, sometidos ellos mismos a la codicia desbordada y la irresponsabilidad extrema.

Hiela la sangre el entusiasmo libertario con que se saludan los acosos y derribos de las castas instaladas en el mundo árabe, que abren las puertas a un gran salto adelante del islamismo, en la ruta abierta por los clérigos y el bazaar (la casta de mercaderes) en Irán desde 1979 y Turquía desde el 2003.

No estamos desnudos, pero nos avergonzamos, porque estamos despojados. Defendamos la lengua con uñas y dientes. Hagámoslo críticamente (sabiendo qué hacemos). Nos va la vida en ello. O anunciemos ya sin rubor que todo nos importa nada, y esto es lo que hay, lema civil que equivale en barbarie al policíaco de Göbbels.

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Huellas judías…

Elementos judíos en un cementerio católico en Bs As

Comentario interesante de un gran amigo J.L a consecuencia de una fotografia que pocos conocerán pero ha llamado la atención del fotógrafo viajero, muy probablemente un turista israelí, cuando la vio nada menos que en un cementerio católico que aloja restos de familias argentinas de prosapia. R.V.

Comenta JL: “Nosotros vivimos dos años en Buenos Aires, no lejos de “La Recoleta”. Más de una vez caminamos entre los panteones de la campanuda y antigua necrópolis. Una de las primeras veces, al observar un panteón artísticamente ostentoso, casi caemos de espaldas cuando divisamos, en su pesada puerta doble, un símbolo de tamaño considerable tallado en cobre, símbolo inequívocamente judío que cruza en forma oblicua ambas hojas del portalón en bajorelieve. Es a todas luces la imagen tradicional, tallada y repujada, de uno de los esclavos judíos que lleva a Roma el pesado candelabro de siete brazos, la menoráh, que con otros tesoros y los rollos de la Torá sacó del Templo de Jerusalén el comandante de las legiones romanas, Tito. Con la caída y destrucción de Jerusalén la menoráh fue llevada a Roma y paseada en la procesión de la victoria que se celebró en honor de Tito, suceso que se encuentra tallado en el famoso Arco romano que lleva su nombre.

No sería aventurado suponer que nadie en el mundo, que no fuera judío o no siéndolo expresamente quisiera evocar y resaltar ese lejano origen, haría tallar en la puerta de entrada al panteón familiar la misma talla de la menoráh del Arco de Tito y la haría reproducir escultóricamente en el interior de la tumba familiar.

Nos acercamos al panteón; estaba cerrado. Acertó a pasar por allì uno de los cuidadores, pudimos convencerlo para que nos dejara mirar adentro del panteón. En el interior vimos la escultura que podrán observar en una de las fotografías anexas, con motivo similar al de la puerta.

Concuerdo con quien escribió el texto en hebreo cuando dice que “alguna familia de conversos ha querido realzar sus raíces judías”.

El panteón nombrado es el de la familia Anchorena, situado aproximadamente en el centro de La Recoleta. Hay quienes afirman que no obstante otras interpretaciones, el patronímico Anchorena deriva del hebreo anshei = (hombres, o gente) ireinu = (de nuestra ciudad), es decir anshei ireinu = paisanos, coterráneos o conciudadanos. Historias de los conversos en América Central y América del Sur incluyen ese apellido en las listas de patronímicos de judíos sefardíes venidos a América después de la expulsión.

“Cosas veredes, Sancho, que no crederes, transcurridos más de quinientos años de la expulsión de los judíos de España”
fotos originales
http://new.ba-bamail.co.il/View.aspx?emailid=5178&memberid=768770

Jaime Naiflesh agrega más comentarios históricos a lo escrito por JL.
Los judíos entre las naciones
Jaime Naifleisch

Impresionante el panteón Anchorena

Cuando en el 1605, 1625, 1639 la Inquisición española (1569-1820) perpetró en Lima, en el Alto Perú, sus siniestros Auto de fe en América (otros en México) –procesos a descendientes de judíos forzados al bautismo que guardaran alguna relación con el judaísmo– los que no fueron quemados, huyeron al sur del Tahuantinsuyo (el antiguo imperio inca), que más tarde sería parte del Virreinato del Río de la Plata, después de las Provincias Unidas del RdlP, al fin Argentina (con centros en Córdoba y el Tucumán).
Eran gente culta, muchos se decían portugueses para eludir el control español en Lima. En la Península sólo se dejaba marchar a América a los “cristianos viejos”, muy pocos cultos entre ellos, porque en España estaban instalados y no necesitaban lanzarse a la aventura.

En el Sur, más lejos de la mano inquisitorial, los que habían llegado a apoderarse de las tierras (todos los guerreros, piratas y contrabandistas habidos) querían casar a sus hijas con esos israelitas, para ennoblecerse y entrar en los clubes de los invasores hispanos ya instalados, los funcionarios, que eran la gente rica, reconocida en la Península, y absorbieron a los –una vez más– fugitivos.
Eso ya había sucedido en la Historia, en otros tiempo-espacios, como cuando los caudillos de tierras próximas al Imperio romano, por ejemplo, mil quinientos años antes, querían ser respetados por Roma, y casaban a sus hijos e hijas con los vencidos judeos del año 70, del 135, dispersos por el mundo antiguo. O cuando Rusia, Austria, Prusia, se repartieron Polonia, Galitzia, la Bukovina… en el s. XVIII, y muchos judíos pasaron a la prosperidad de la administración rusa (los ortodoxos rusos y los católicos polacos no eran judeófobos como los católicos germánicos), y numerosos rusos y polacos casaron con judíos, parte de ellos haciéndose judíos (¿de ahí Naifleisch?).

En el caso que nos ocupa, cambiar el apellido, hispanizarlo, fue parte del contrato de esos judíos hispanos conversos al casar con las hijas de los hispanos viejo-católicos. De allí salieron así mismo vástagos mestizos con indias, que se fueron mezclando (no había píldora, y éste ha sido un proceso natural con indias y negras). Por eso hay colores sospechosos, “cabecitas negras”, entre los amos norteños.
Ahí nace la estirpe de los dueños de ese Norte argentino, un par de generaciones después, o tres. Los que lucharon contra las tropas españolas enviadas por la unión europea de la época, la de 1816, para aplastar la independencia criolla (como Güemes)… los que otros cien años después, ya en 1900, serían en gran parte clericales antisemitas, enemigos de la “sangre” hebrea, e invasores antiininmigrantes, y antiizquierdistas en las ciudades del país.
Si, puede que los Anshei ireinu o Anchorena hayan sido de la partida. Y quizá los Patrón Costas, entre tantos otros.
Suele decirse “no tienes más que sacudir el árbol de cualquier cristiano y verás caer ancestros judíos”. Pero también es cierto que no tendrías más que sacudir el árbol de cualquier semita… y verías caer de entre sus ramas eslavos, asirios, germanos, aymaras, beduinos, catalanes, magyares, diaguitas, galos, arábigos, hispanos… andá a una sinagoga y verás la mezcla.

Ay de los bobitos que se creen lo de las “razas” y se hacen racistas. La judeidad, sin ir más lejos, está en otro sitio. ¡Y no digamos el judaísmo!

fotos originales
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Napoleón, los judíos y la historia de una traición – Historia – Aurora Digital

Napoleón, los judíos y la historia de una traición – Historia – Aurora Digital.

Napoleón, los judíos y la historia de una traición
Por Naum Kliksberg

En 1806 Napoleón (1769 – 1821) proclama públicamente: “Mi deseo es hacer de los judíos de Francia ciudadanos útiles, conciliar sus creencias con su deber de franceses, y alejar los reproches que pudieron hacérseles. Quiero que todos los hombres que viven en Francia sean iguales y gocen del conjunto de nuestras leyes”.
Prohibió que se discrimine a los judíos y les otorgó plenas libertades para estudiar y trabajar, les dio todos los derechos ciudadanos para que no tengan que vivir más en guetos en los países que liberaba Napoleón, lo cual concretaba los sueños que hacia cientos de años tenían los judíos.
Napoleón tomó otra medida extraordinaria para los judíos, convocó a los más importantes Rabinos del mundo a un Gran Sanedrín, como los que se realizaban en el Templo de Jerusalén, institución que había desaparecido 15 siglos antes.
Con el auspicio y la protección de Napoleón el Sanedrín se reunió en Francia el 9 de febrero de 1807, luego de deliberar declaró el apoyo de todos los judíos del mundo a Napoleón, pidió a los judíos que en las sinagogas se hagan rezos por Napoleón llamándolo el “liberador de los judíos”.
Por haber convocado Napoleón al Sanedrín, en Rusia la iglesia ortodoxa da esta declaración: “se declara a Napoleón el anticristo, el enemigo de Dios, por haber fundado un nuevo Sanedrín hebreo que es el mismo tribunal que osó antaño condenar a la cruz al Señor Jesús”.

En Francia la oposición antisemita atacó ferozmente a Napoleón.
El Cardinal Fesch, reprochó a Napoleón con esta frase: “Napoleón no debe ignorar que las escrituras anuncian el juicio final para el día en que los judíos sean reconocidos como cuerpo de la nación”.
Por convocar Napoleón al gran Sanedrín empeoró su relación con el papado.
Los judíos compusieron una plegaria, en 1807, que se realizó en todas las sinagogas, en ella se agradece a Dios por enviarles a Napoleón, unas de sus frases dice así:
…”bienaventurados somos, cuán agradable es nuestra suerte, desde que colocaste a Napoleón el Grande en los tronos de Francia y de Italia. Ningún otro hombre es tan digno de reinar, ni merece tantos honores y gratitud…te imploramos mantenerte cerca de él. Ayúdale, sostenle, protégele y sálvale de todo mal”.
Napoleón manifestó el deseo de crear en Jerusalén un Estado judío para acoger allí a los judíos de todo el mundo, lo cual hubiese evitado su asimilación y el sufrir las discriminaciones y las persecuciones que los judíos volvieron a padecer después de la caída de Napoleón.
Los judíos tienen importantes motivos para agradecer a Napoleón por liberarlos de las discriminaciones y de la vida de opresión y sin derechos ciudadanos que tenían, y por eso también tienen importantes motivos para indignarse ante el hecho de que en la actualidad los Rabinos ortodoxos del movimiento Jabad Lubavitch sigan venerando al Rabino Schneur Zalman de Liadí (1745 – 1812), importante Rabino de Rusia y creador del movimiento Jabad Lubavitch y el primer gran Rabino de esa organización ortodoxa religiosa judía, quien en ese crucial momento histórico traicionó a los judíos al apoyar al zar de Rusia contra Napoleón.
Los zares de Rusia eran profundamente antisemitas, como ejemplo de ello recordemos que en Rusia se estableció el sistema de los Cantonistas, consistía en sacar de sus hogares a todos los judíos a partir de los 12 años de edad para ponerlos a cumplir servicios paramilitares, donde eran torturados y educados con métodos violentos para que renuncien a su judaísmo, a los l8 años se los enrolaba en el servicio militar por otros 25 años, de esa forma pasaban 31 años de servicios continuos al zar. Los rabinos y los judíos ricos, y sus hijos, estaban exentos de cumplir con estos servicios.
En el año 1798 las autoridades “detuvieron” al Rabino Schneur Zalman, después de solo 52 días fue dejado en libertad. En esos días ocurrieron cosas extrañas, como ser: el zar quiso “personalmente” hablar con el Rabino, para ello el zar fue a visitarlo disfrazado de un simple empleado, como para mantener en secreto esa reunión (por eso no fue el Rabino a la habitación del zar como era de esperar), también es extraño que no se le aplicará al Rabino ningún tipo de tortura física como solían hacer salvajemente en los interrogatorios. También es extraño que estuviese retenido solo 52 días.
Los Rabinos de Jabad tratan de explicar este suceso de una forma simplista que deja muchos puntos oscuros. Dicen que por diferencias teológicas internas en el judaísmo el Rabino fue denunciado a las autoridades por judíos, diciendo que el Rabino Zalman traicionaría al zar. Parece que pocos días de conversación con el Rabino les alcanzó a las autoridades para obtener la seguridad de que no debían temer nada del Rabino Zalman y que podían contar con él. Los seguidores de Jabad afirman que lo dejaron libre tan rápidamente porque a los antisemitas que hablaron con él los “deslumbró con su gran sabiduría” originada en sus conocimientos de la filosofía judía. Una explicación difícil de creer. Todo parece indicar que lo más probable es que se realizó un convenio político entre el zar y el Rabino en su rol de importante líder judío.
Para el zar de Rusia, y para todas las monarquías que se enfrentaban con Napoleón, era muy importante que los judíos del mundo se opongan a Napoleón, para debilitarlo, para lograr ese objetivo era necesario lograr el apoyo de un líder judío como el Rabino Zalman de Rusia. En esas circunstancias es difícil creer que hablaron de filosofía judía, como afirman los Rabinos de Jabad.
Dos años después nuevamente se repitió otra extraña y breve “detención” del Rabino.
El Rabino Zalman instó a sus seguidores para que de todas las maneras posibles ayuden a quienes luchen contra Napoleón. La colaboración del Rabino llegó a niveles de inteligencia militar, ya que contaba con el Rabino Moshe Miezlish de Vilna, quien por su dominio de varios idiomas trabajaba de intérprete en el más alto comando militar francés. Moshe recibía órdenes del Rabino Zalman, quien le dijo que haga de espía para los rusos, dándoles la información militar que obtenía, la cual era muy importante y altamente confidencial.
Cuando el ejército de Napoleón se acercó a la ciudad natal del Rabí Shneur Zalman de Liadi, el Rabino mando quemar su casa y se fue con sesenta vagones llevando a su familia, pertenencias y algunos seguidores, el Zar le puso una cantidad de soldados armados para proteger al Rabino y a su caravana. Cuando Napoleón fue a detener al Rabino, solo encontró su casa quemada. Emitió un anuncio, en el cual ofrecía una generosa recompensa a quien informe sobre su paradero.
La contribución del Rabino Zalman a la victoria de Rusia fue reconocida por el zar, quien le otorgó el título de “Ciudadano Honorable”, lo cual implicaba beneficios para sus descendientes por varias generaciones, eso facilitó que de ellos surjan cinco generaciones de dirigentes de Jabad, que de esta forma pudieron realizar su trabajo con menos riesgos personales.
En esa época, por traicionar a los judíos al oponerse a Napoleón, los textos del Rabino Schneur Zalman de Liadí fueron repudiados, prohibidos y quemados en acto público, por los Rabinos de Jerusalén. (La mayor obra del Rabino Zalman fue el texto Tania, publicado en 1796, en el creó la ideología en que se basa el movimiento judío ortodoxo Jabad. Tania es considerado la “Biblia” para los actuales adeptos a Jabad. Entre otros temas, en el libro desarrolla el peligroso concepto del alma “distinta” a todos los otros seres humanos que tendrían los judíos desde su nacimiento, según el autor del libro.
Los seguidores de Jabad Lubavitch atribuyen la quema de los libros del Rabino Zalman a discrepancias teológicas en el judaísmo. La forma de analizar los hechos históricos de los Rabinos de Jabad Lubavich siempre es superficial, porque al ver todo desde una mirada religiosa y mística no relacionan adecuadamente la influencia de los factores políticos, económicos, y psicológicos, en la producción de los conceptos y de las ideologías religiosas, y en las conductas de los individuos y grupos. Pero esto no es una deficiencia solamente de los análisis de los Rabinos de Jabad, también es de todos los otros grupos de Rabinos ortodoxos y de todos los grupos de religiosos fundamentalistas de todas las religiones.
Los judíos nunca tuvieron como práctica el realizar una quema pública de libros cuando hay discrepancias entre Rabinos (lo cual siempre fue muy frecuente). Indudablemente lo que sucedía con Napoleón en el mundo y sus repercusiones entre los judíos, que veían en él la posibilidad de concretar sus sueños de libertad para estudiar, trabajar, y practicar su religión, daba a esta quema pública de los libros del Rabino de Rusia Zalman un claro mensaje político a los judíos y a los no judíos, de que los Rabinos de Jerusalén rechazaban claramente al Rabino Zalman. Ese mensaje político fue importante para que Napoleón diferencie la posición de Zalman contra él de la mayoría de los judíos que lo apoyaban, le facilitó el continuar con su meta de liberar a los judíos, fortaleció su grupo de apoyo a ese objetivo entre las autoridades de Francia, y lo posicionó mejor para enfrentar a los antisemitas que se oponían agresivamente a su política de liberar a los judíos. Todo eso sería imposible si los franceses creían que la mayoría de los judíos se oponían a Napoleón.
En respuesta al repudio de los Rabinos de Jerusalén al quemar sus libros, el Rabino Zalman prohibió a los judíos de Rusia que continúen enviando donaciones de dinero a los Rabinos de Jerusalén.
La mayoría de los judíos, incluso los seguidores de los Rabinos ortodoxos de Jabad Lubavitch, ignoran muchos de estos hechos, el informarse sobre ellos (para lo cual es conveniente que lean los escritos de los historiadores, no solo la versión de los Rabinos de Jabad) les será de utilidad para evaluar mejor la ideología política de los Rabinos ortodoxos de la organización Jabad Lubavitch, que actualmente continúa venerando al Rabino que traicionó a los judíos, oponiéndose a sus posibilidades de libertad y desarrollo, y a los avances de los ideales democráticos y humanistas de la revolución francesa.
La pregunta más importante que surge de la relación entre Napoleón y los judíos es: ¿Por qué se opuso a Napoleón este importante Rabino de Rusia?
Posiblemente tuvo presiones para que adopte esa posición, y se lo amenazó a él y a su familia. Pero el argumento que públicamente dio el mismo Rabino para justificar su acción, y que incomprensiblemente siguen defendiendo y legitimando los seguidores actuales de Jabad Lubavich, es que esa oposición a Napoleón era porque esa total igualdad y libertad que daba a los judíos permitiría a los que quisiesen ser judíos serlo sin sufrir ninguna discriminación por la práctica de su religión judía, pero también posibilitaba, por primera vez, a que el judío que quisiese no ser judío pudiese elegir ese camino de dejar de ser judío sin por ello pasar a ser ciudadano de segunda. Napoleón les otorgaba ese derecho, pero el Rabino no quería darles ese derecho. Esa libertad de elección atemorizó al Gran Rabino, fundador de Jabad Lubavitch, por eso dijo que reconocía que con Napoleón los judíos tendrían igualdad y libertad, y con ello mejoraría su situación económica superando la gran pobreza en la cual vivía la mayoría de los judíos, pero prefirió la opresión, la discriminación, el rechazo, la pobreza y el gueto para los judíos, porque eso obligaba al judío a no tener otra opción que seguir siendo judío. Esa es una concepción éticamente inadmisible en la actualidad, por eso es criticable que los integrantes de Jabad de este siglo defiendan la posición que tuvo el Rabino Zalman. Para los actuales conceptos sobre ética, derechos humanos, y democracia, la libertad de elección del individuo es el mayor valor que hay que defender.

Más información: http://www.editoriallasegundapregunta.blogspot.com

*Este texto lo elaboró el autor luego de realizar una investigación sobre hechos históricos poco conocidos de la relación de Napoleón con los judíos, y sobre las verdaderas razones por las cuales un importante Rabino traicionó a los judíos apoyando al antisemita zar de Rusia para luchar contra Napoleón.

 

 

Respuesta:

La traición de los jefes judíos
jaime naifleisch aisenberg

Muy buena crónica, sí, la de Naum Kliksberg. Es cierta esa política liberal napoleónica que, además, tenía por objeto crear una autoridad política en la judería. Los judíos en Asamblea de la Revolución, 1793, habían sido declarados miembros de la nación francesa: ciudadanos franceses de religión israelita, como en sesión previa lo habían sido los protestantes (históricamente peor tratados que los hebreos). Pero esos nuevos ciudadanos no se habían organizado como minoría. Habían aprovechado la nueva realidad, tras dos milenios feudales, para vivir libremente. Unos en sus sinagogas, otros disociados de ellas. Pero la paranoia, la fobia, tan laboriosamente introyectada en la conciencia de muchos, no se iba a disolver por un decreto ¿qué estarán haciendo esos ahora que están fuera de nuestra vigilancia? Y la inquietud llegó a Napoleón, que invadía Europa con sus célebres veteranos, rompiendo puertas de ghettos en las ciudades alemanas e italianas, de conventos y monasterios en las españolas donde vivían desaparecidas tantas muchachas…

Tal era el liberalismo que empapaba a buena parte de Europa, enloqueciendo a los partidarios del antiguo régimen, que el rabino Geiger, de la Comunidad Israelita de Berlin, pronto seguido por el rabino Holdheim de Munich, consideraron que se estaba realizando el sueño de la Torá, de justicia posible para todos, por el que los hebreos habían resistido y pagado tan alto precio durante siglos. E iniciaron la actualmente vigente Reforma religiosa que, prácticamente disolvía las sinagogas. Luego llegaría la moderación, los masortíes o “conservadores”, pero es otra historia.

Lo que intenta el Napoleón al crear el Sanedrin, se hizo en casi toda Europa durante el Medioevo, designando a esa autoridad. Controlar, también, a ese segmento de la sociedad, que se imaginaba cohesionado, homogéneo, conspirativo.
El exilarca, jefe del exilio, existía en el Califato de Bagdad en el s. X. Makhir David, fue solicitado por Pepin III, padre de Carlomagno (730-793), al califa de Bagdad, para que casara con una hermana, y de ese modo emparentar… con la Casa de David. Lo que unido a la bendición papal –la Casa de Jesús– le daba toda la legitimidad necesaria para ser ungido emperador. Makir David fue nombrado rey de la Septimania (Occitania) desde donde su sobrino, Carlomagno, logró la reconquista cristiana de Cataluña. Las casas reinantes hoy en Europa, descienden de aquella unión judeocristiana.

El nasi: “principe” (de ahí ashkenasím ¡sin zeta española! los “príncipes de Ashkenás”, topónimo bíblico, como Sfarad, que identificaron con Alemania), es un respetable jefe judío en las comunidades, que responde ante los señores.
Como los “judíos especiales”, ofjuden, en las Cortes germánicas Y sus equivalentes en las hispanas, y en las árabes del Magreb… a los que se usaba para que transmitieran al pueblo (judío) los deseos y órdenes de los señores (impuestos especiales, leva para la guerra…), y se hacía responsables de los castigos que caerían sobre el pueblo si desobedecían, o si a un señor se le ocurría dictar saqueo, matanza, expulsión…
Los nazis recurrieron a esa figura, en los ghettos, en los Kz. En el Ghetto de Varsovia el Judenratt, Consistorio Judio, fue el encargado de seleccionar a los que debían presentarse en la estación para ser llevados a Auschwitz, hasta que ya sólo quedaban unos miles, y los jóvenes de todos los partidos (el comunista, el sionista, el bundista, el revisionista…), lograron ponerse de acuerdo y en el día del último embarque, un 19 de abril de 1943, atacaron a los alemanes, completamente en contra de las autoridades del Concejo judío. Fue el Levantamiento del Ghetto de Varsovia.

El que manda necesita saber qué hay, qué sucede, en torno, abajo, y hacer saber su voluntad. Nadie puede permitir levantamientos como el de los chicos del ZOB, el Comité de Combatientes Judíos, de aquél 19 de abril. Y tanto menos cuando la situación a la que se somete a esa gente es profundamente injusta, o llega al espanto absoluto como en el caso del nazismo.
En el ejercicio de ese poder, además, intervienen otros factores y se verifican otros efectos. Se realizan censos, catastros (como los que propone el arquitecto Vitrubio a Roma, en el s. I), se impone el uso de apellido familiar, de documento de identidad… Esto es, se afinan los instrumentos del poder, y se moderniza la vida social, con resultados no en todos los casos negativo. Su opuesto es Somalia, el no-Estado.

Y muy bueno el razonamiento de Kliksberg a propósito de los motivos del rabino Zalman. Pero también aquí hay unademás, es raro remontar un fenómeno del proceso histórico a una sola causa.
Los líderes del yishuv no son generales de ejércitos. Son líderes o, al menos, dirigentes o simples burócratas –según la riqueza intelectual del pueblo–, de un variopinto conglomerado, que se entregan a tareas administrativas, muchas veces con pasión y honestidad, que hablan en nombre de todos con los señores, que pueden caer en la ridícula vanidad de creerse reyes de algo –lo que en el inapelable ídish conocemos como alterkaker, viejo cagón–, con la esposa gastando la tarjeta de crédito de la asociación (como sucedió hace unos años con la del presidente del KKL en Israel), o él mismo manoseando como un jeque a las mujeres que trabajan en la oficina (como acaba de suceder con el destituido y procesado presidente de Israel).
No son generales de ejércitos sino representantes de lo que los señores consideran chusma –como los indios pampa a las mujeres, los niños y los viejos–, entre la cual algunos ricos a los que temer un poco, y pedir prestado.

No voy a justificar al rabino Zalman, ni a sus sucesores, los lubávisher que ocultan esta historia. Faltaba más. Ni a los rabinos que se apresuraron a entregar a la gestapo las listas de afiliados y conocidos, sin las cuales tanto más difícil hubiese sido a los nazis identificar y atrapar a casi todos los hebreos, en un tiempo en el que, pese a los zalman, había decenas de millares de asimilados que hubiesen podido pasar desapercibidos al olfato de los psicópatas (aunque IBM, sí IBM, ya trabajaba para el Reich con sus tarjetas perforadas).

Hay talantes personales, conductas de coraje, de lucidez, de abyecta cobardía, de ignorancia… ¿Cómo es que no quemaron las fichas esos funcionarios del Judenratt en Alemania, en Austria…, antes de darlas a la gestapo? ¿No sabían? ¿no habían querido enterarse de lo que teníamos encima? ¿sólo pensaron, inutilmente, en salvar sus vidas?… Pero lo mismo hicieron más tarde en Hungría ¡en 1944! cuando ya millones de israelitas habían sido atormentados y asesinados, y los soviéticos, en plena contraofensiva, estaban a las puertas del país. No podían ignorarlo, y fue una decisión claramente política, dirigida por Rudolf Kestner –sobre el que acaba de hacerse una película exculpatoria– que ordenó a los alterkakern enviar una carta a todos los que hubiesen sido judíos alguna vez, y que tenían registrados, para que medio millón se dejara “trasladar a un lugar mejor” sin causar desorden…, a cambio de rescatar a sus parientes y a un millar más. Entre ellos a ellos mismos.
Kestner fue procesado en 1954, declarado culpable de haber “vendido su alma al diablo”, en Israel. Asesinado luego y exonerado más tarde por la Corte Suprema (4 votos a 1). Eichmann, con quien negoció la catástrofe, llegó a decir “parecía uno de los nuestros”.

Como a mis mayores en la posguerra, me sale sarpullido cada vez que un funcionario de asociación de judíos pide a las gentes que se registren, públicamente, con todos sus datos, para reforzar (¿?) una declaración, una denuncia, una protesta, en un contexto invadido por la judeofobia de los nazi-islamistas y sus empleados de las izquierdas reaccionarias, que se manifiestan con el jefe de policía, encapuchados, y enarbolando pistolas (pienso en Barcelona, concretamente. Y en Malmö (Suecia), de donde se están yendo los hebreos, por las agresiones nazi-islamistas y el beneplácito del alcalde socialdemócrata, y en Caracas, donde reina el socio de los ayatolas… sin que los señores del reino ni los jefes judíos que convocan a dar la caracomo se hace en democracia hagan nada, entonces, para defender sus derechos y sus vidas).

Pero aquí no se trata de justificar o no, sino de comprender. Sin olvidar que hablamos de la condición humana, en situaciones límite, y sin olvidar que nada, ni el judaísmo, vacuna contra la imbecilidad, el fanatismo, la codicia, la ignorancia.
Y que no estamos hablando de generales de ejércitos.
En plena dictadura de Videla-Massera sobre la Argentina, un comando de tropas especiales irrumpe en la casa del presidente de DAIA, la mayor coordinadora de entidades judías en el país. Buscan a una sospechosa de ser guerrillera, pero sólo encuentran a sus padres y a un hermano menor. Y se lo llevan.
El hombre, Nehemías Resniski, se había negado a hablar con los señores en nombre de la asociación que presidía, para pedir por otros secuestrados, cuyos padres acudían a él desesperadamente. Pero sí lo hizo para salvar a su hijo.
Nunca se cerrará este capítulo. Mi postura decía que Nemito tenía que actuar como padre, por encima de todo, y no se lo puede acusar de haber hecho todo para salvar a su hijo, que le fue devuelto, muy dañado. Pero que inmediatamente después debía haber resignado todos sus cargos comunitarios, y retirarse a guardar el más bajo perfil, con su familia. Cosa que no hizo. Otros lo acusan de traidor, como a Zalman, o el rabino de Budapest (cuyo nombre no recuerdo ahora ¿Saffran? No sé) que actuó con Kestner.

No digo que se trate del mismo caso, exactamente, nunca dos casos son el mismo caso. Zalman era zarista, su judaísmo era extremadamente talmúdico. Creía que estábamos pagando por nuestra mala conducta, y que sólo Él podía sacarnos de ello. Los que actuaron de modo pérfido en Budapest buscaron salvar sus vidas y las de sus próximos, despreciando a los demás, y para no llevar a Palestina viejo inútiles, religiosos, asimilados, para hacer un museo de la judeidad, cuando lo que se necesitaba eran jóvenes aptos para el trabajo y el combate, esa fue su defensa en el futuro.
Resniski no tenía nada que ver con ese judaísmo ni con los despiadados nazis argentinos, ni con los argumentos kestnerianos. Pero las semejanzas son notables en todos los casos en los que podemos encontrar traidores.
Los judíos –nadie con menos fuerza que ellos en los reinos, en estos casos ruso zarista y argentino nazi, donde la fuerza es la única razón–, no constituían un ejército. No tenían hábito de armas, ni armas, ni estaban todos de acuerdo en rebelarse con sus ancianos y nenonatos contra un poder ilimitado. ¿Qué tenían que haber hecho los judíos rusos, fragmentados, pobrísimos, y confinados en las aldeas de la Zona Especial de Residencia, donde secuestraban a los chicos a los 12 años y los machacaban hasta los 18, después de lo cual lo esperaba un servicio militar de 25 años, lejos de toda comunidad, del hebreo y del ídish, forzados a comer cerdo, a no leer, a no rezar… para desjudaizarlos? ¿Declarar la guerra al zar y ponerse del lado del invasor enemigo, porque aquél era una rémora feudal, y antisemita, y este un liberador? El caso de los húngaros es muy distinto, podían haber huído a las fronteras, ya liberadas o con guerrillas antinazis en los bosques, podían haber encontrado refugio en las casas consulares del sueco Wallenberg, del español Bris, del italiano Perlasca…, en vez de entregarse mansamente, desinformados,  a los asesinos.

Sí, los judíos a quienes se acusa nada menos que de matar a Dios, son súper hombres. A nadie más se le reprocha no haber sido capaces de ponerse del lado del enemigo de los señores del reino en que vivían, por razones ideológicas. A los cristianos armenios los masacraron los musulmanes turcos por haber sido partidarios de los cristianos rusos, durante la Primera Guerra Mundial, aunque nadie lo menciona cuando, alguna vez, se habla del genocidio turco de los armenios. ¿Hay otros casos?

La DAIA nunca se asomó a la guerra que las organizaciones guerrilleras declararon al régimen con cuatro pistolas. Aquellos representados en DAIA, no directamente sino a través de la asociación afiliada, podían ser inválidos, anticomunistas, antiperonistas, ajenos a las controversias politicas, conservadores, religiosos, viejos… ¿debía Resniski declarar la guerra al régimen –que en eso consistía el reclamar por los secuestrados– y poner a todos esos israelitas junto a la antisemita montoneros?
Había en el régimen muchos elementos que esperaban una reacción judía, como Suárez Mason secuestrador del periodista Raab –desaparecido–, del periodista y empresario Jacobo Timerman, para tener las manos libres y proceder a una justificada reanudación de la Shoá.
Los judíos, jóvenes de familias sionistas, comunistas, religiosas, que participaron en la guerrilla, o en otro tipo de sectas, lo hicieron disociándose de la judería. Aceptando la ideología totalitaria según la cual si eres judío no eres “nacional y popular”. Muchos cambiando su nombre hebraico por otro itálico, o hispano, como Altamira. Al caer recibían el doble castigo, como describió el padre de un chico atrapado con su amigo judío, torturados, desaparecidos ambos. Ninguno consiguió ocultar su identidad oficial aunque llevara un engañoso nom de guerre. ¿DAIA tenía que poner en pie de guerra a toda esa judeidad aterrorizada por el terrorismo de Estado y el delirio de las sectas guerrilleras –en la sociedad donde tantos más estaban aterrorizados, y tantos satisfechos por “la limpieza” que se operaba, porque “algo habrán hecho” esos desaparecidos, y donde había traidores en las cúpulas guerrilleras– para salvar las vidas de esos muchachos? ¿Eso decían sus Estatutos?
Las listas postdictadura, las de Conadep, muestran la extraordinaria presencia de esos judíos en el conjunto de los muertos y “ausentes para siempre”, en relación con la presencia de judíos en la sociedad. Muy pocos quieren saberlo ¿cuántos lamentarían hoy que doscientos o trescientos mil hubiesen sido asesinados? ¿Cinco?

¿Otro tanto debían hacer Unione e Benevolenza, el Centro Gallego, Euskal Herría, River… porque había italianos, gallegos, vascos y/o hijos y/o bisnietos de vascos, gallegos, italianos, irlandeses, alemanes, franceses, catalanes, araucanos… evangelistas, musulmanes… o hinchas de River entre los atrapados por los parapoliciales?
Esta agria polémica argentina en torno a Nehemías Resniski, no se extiende a otros. A nadie se le ha ocurrido en treinta, cuarenta años considerar traidores a los dirigentes de la Alliance Française porque callaron incluso cuando la Armada argentina se llevó para siempre a dos monjas francesas y no se levantaron en armas contra las FFAA, la Junta Interamericana de Defensa, y la OTAN para situarse del lado de Fidel Castro, que mantenía relaciones especiales con Videla-Massera, por conveniencia propia y por órdenes de Moscú. Y ahí están, agrias, las polémicas en torno a Zalman, a Kestner…

Todo debe ser discutido, nuestra historia de judíos, y la Historia, toda la andadura está llena de “casos”. Cada página de cultura en el libro de Historia de los Hombres –dice Walter Benjamin– es en su anverso una página de barbarie. Pero otra cosa es aprender a hilar fino para mejor discernir.

CONTROVERSIA NO ES DESLEALTAD

Por Jaime Naifleisch Aisenberg (y Medvedév, Rosen Ree, Kaplan…)

De Israel Eliézer, el Baal Shem Tov, profeta en los albores de la Modernidad, podríamos decir lo que de Ieoshúa el Nazareno, en la última etapa de la Antigüedad: los que se apoderaron de él, de su respetado y prestigioso nombre, pero no de sus ideas, lo han tergiversado hasta hacerlo irreconocible. ¿O tiene que ver el que llaman Jesús de Nazaret, divinizado, con lo que la religión organizada dice de aquél profeta, en cuyo nombre justifican todo lo que la Torá rechaza, la divinidad de un hombre, la sumisión a los señores, la sobrenatural espera de justicia post mortem y la renuncia a la procura de justicia posible aquí, donde tiene lugar la vida, la idea de cuerpo y alma como entidades separadas, la supremacía del varón sobre la mujer…? Y la judeofobia, nada menos.

Con el Baal Shem Tov como con Ieoshúa “fundadores” del jasidismo y del cristianismo, respectivamente, ha sucedido en la Historia lo que con todos y cada uno de los maestros que, con mayores o menores méritos de lucidez, han emergido de entre sus pueblos, han señalado caminos, y han sido usados luego para el engaño y la mentira.

Eliézer decía de los rabinos del gaón de Vilna, que siete veces pronunciaron jerem, excomunión, contra él: “leen la Torá, sí, pero estudian el Talmud”.

Este maestro vive y predica su buena palabra en una de las áreas más atrasadas de Europa que se resistía a dejar de ser brutalmente feudal. El espacio en el que vivía la mayor parte de los judíos ashkenasim, y en la mayor miseria de toda la judeidad. (Adjunto un video que tal vez no conozcan).

Su época continuaba revuelta por la aventura de Shabtai Zvi, 1626-1676, un iluminado al que un hábil acólito había proclamado “meshiaj” y “fundador”, cómo no, de la secta shabateanista, que aparece, obvia e impunemente, después de su muerte, como la de Ieoshúa, como la del Baal Shem Tov.
Difundiendo su nombre se divulgó en todo el mundo de dominio cristiano y musulmán el llamamiento –que no sería el primero ni el último– de dejarlo todo y dirigirse a la Tierra de Israel, reconstruir el reino, vivir correctamente y esperar allí al designado del Señor, el meshiaj, para dirigir a los justos en la lucha final por la justicia universal.

Decenas de millares de -diríamos– “sionistas” se pusieron en marcha, desde el Reino Unido y el Báltico hasta el norte de África y Polonia, y Turquía… Enterado el sultán de la Sublime Puerta, el centro imperial turco otomano, de esa barahunda demográfica que llenaba los caminos de desvencijados carruajes con familias, de gentes a pie, a caballo que se dirigían a ese rincón de sus dominios, el Distrito palestino de la Provincia siria, mandó llamar al líder. El musulmán osmanlí creía en la Torá, y en las supersticiones de sus súbditos israelitas, como era natural –y casi general– entre sus correligionarios hasta la irrupción del islamismo judeófobo.

¿Y si en verdad el tal Zvi ha recibido una señal de Dios? Quiso saber. Hay quien dice que estuvo presente en la audiencia tras unas celosías, lo cierto es que escuchado por sus visires el califa, preocupado por el desorden público que esas multitudes podían generar en las aldeas califales, instó a Shabtai Zvi a convertirse al Islam, so pena de muerte. Zvi se convirtió, y algunos de los suyos. De esa estirpe provienen los donmë, los musulmanes de origen judío, que han sido élite intelectual de Turquía, maestros en Saloníca de Kemal, el que transformaría el catastrófico final del Imperio otomano (1918) en la moderna República de Turquía que ahora los “moderados” (¿?) están hundiendo en la barbarie islamista.

La aventura de Zvi había tenido el mérito de revolver a la judería, aplastada, resignada a la impotencia, el atraso, la miseria, con una propuesta de renovación de sus vidas. Cuando en unas pocas regiones (Inglaterra, Flandes) el comercio fundaba la industria, se salía de la oscuridad con las ciencias liberadas del yugo clerical, y aún ni había atisbos de movimiento alguno en pro de los derechos humanos, de las libertades, que sacaran a los siervos de la gleba de la omnipotencia feudal, ni a los nuevos siervos, los obreros, de la superexplotación industrial. Ni el gran Moses Mendelssohn, 1729-1786, el tercer gran Moisés, con su Haskalá, reclamando a los judíos que se autoemanciparan, ni Revolución Americana con sus Derechos del Hombre (1776), ni Francesa (1789), ni guerras liberales napoleónicas en Europa (1799-1815), ni Congreso de Tucumán (1816, la libertad sigue viva entre los Libres del Sur), eran aún imaginables cuando el Zvi mueve a la gente en dirección a una justicia posible en la Tierra.
Pero la apostasía, el abandono de Zvi, causaría una profunda depresión en la mayoría de los hebreos, mientras se multiplicaban los falsos mesias, como el polaco Frank, luego bautizado.

En Vilna, Lituania, ya entonces llamada la Jerusalem de Vilna, vivían hebreos con un grado de prosperidad mayor, y una corte sinagogal rica, solemne, ritualista. Que hoy llamaríamos “ortodoxa”, nombre que entonces no se aplicaba a nadie.
Con el propósito de impedir un nuevo desorden en la judería, los rabinos lituanos, guiados por el talmudista Elijah ben Shlomo Zalman, 1720-1796, multiplicaron los rigores de la liturgia. Conmemoraciones del ciclo anual se hicieron larguísimas y complicadas, como el Seder de Pesaj, como el Iom Kipur, como toda la práctica judía. Los manuales de halajá se alambicaron hasta el agobio ritual (El mantel, Mopat, para ashkenasim, y La mesa servida, Shuljan Aruj, para sfaradim, los más difundidos). Se trataba de mantener a los fieles muy ocupados, y bajo la palabra de los oficiantes oficiales, para que ningún loco subversivo se hiciera con las congregaciones. Las normas dietéticas del kasher, sus ayunos, el lugar de la mujer, ganaron en rigor.
Al sur de Lituania se extienden las tierras de Polonia, Galitzia, la Vukovina… donde vivía esa mayoría pobrísima, indefensa, cuya ritualidad era a su vez sencillo folclore, con muchos elementos tomados de los pueblos de su entorno, como el del kayin enhore, el mal de ojo, probablemente de raiz turca preislámica.

Aquí es donde aparece Israel Eliézer, digamos en esta somera reseña. Hondamente piadoso con el prójimo, el sabio rechazó el nuevo rigorismo, esa reforma religiosa que caía sobre los míseros aldeanos –que ya empezaban a ser maltratados por sus vecinos católicos a medida que los papas convencían a los obispos para que acabaran con la larguísima convivencia, nacida cuando los Jagelon (circa 1386-1572) establecieron la moderna Polonia e invitaron a los ashkenasim masacrados en Alemania, a radicarse en su nuevo país. Ashkenasim de habla ídica, claro, que están en los orígenes de la Polonia moderna, donde su mame loshn, su lengua materna, tuvo un segundo florecimiento (es base de la que hablan en Nueva York y en Mea Shearim los “ultraortodoxos”).

Sale el judehuelo de su choza con suelo de tierra (envío imágenes de ellos) a buscar algún sustento para su mishpoje (familia), donde seguro que hay enfermos y débiles, encuentra espinas de pescado que un restaurante de clientes cristianos y judíos ricos va a tirar, y las lleva a casa con mondas de papa, y algo más si tuvo suerte ¿y el gaón de Vilna le va a decir qué toca comer ese día, o si es día de ayuno, o que debe permanecer de pie dos días en el Iom Kipur…?

No, dice nuestro Baal Shem Tov, somos Hombres, hemos de tender al bien, no tender al Mal (iétzer ha Tov, lo iétzer haRa), los jukim (obligaciones incomprensibles) no nos sirven ni servimos con ellas a Dios. Vayamos a la Torá.

Eliézer no dejó nada escrito. A su muerte sus fieles eran mayoría en el centroeste de Europa, y habían desoido a los rabinos que los expulsaban de la judeidad. Entonces aparecen los santones. Rodeados de su Corte de hijos, nueras y yernos en general aprovechados, que cobraban a los que recorrían penosamente distancias para ir a ellos, a que les curen el mal de ojo, en busca de consejo (este es el talmudismo que llega hasta el Freud viejo, el de la Sociedad Psicoanalítica, con la idea de que si no puedes pagar al analista es que no te quieres curar). ¿Me caso con Rivke? ¿me mudo a otra aldea?

Ese es el jasidismo de los siglos posteriores, aniquilado en la Shoá. También bailan en la presunta tumba del segundo gran Moisés, Maimónides, 1138-1204, por cuyo racionalismo contra la reforma de Saadia Gaón, obediente al sultán de Bagdad, fue expulsado de Al Andalus, y viajó hasta encontrar la muerte nadie sabe dónde. Los seguidores de Saadia, verdadero fundador de la reforma religiosa del año mil, fundada en el talmudismo del segundo milenio… son los que hoy idolatran a Maimónides, bailando sobre esa tumba de Tiberíades.

Grandes aportes judaicos a la conciencia son la libertad intelectual para el ejercicio de la crítica profunda (Walter Benjamin), y la interpretación de todo discurso. Veamos Bereshit (Génesis) en sus primeros capítulos, donde se recogen dos tradiciones sobre la creación de los seres humanos. Ishá (mujer) creada desde ish (hombre), desde dentro suyo, para ser su compañera, sobre la que él se enseñorea; Ish e ishá, a ambos los creó, desde la tierra roja, “a ambos los bendijo”. Dos visiones del mundo, dos escalas de valores. Dos paradigmas. Dos weltanshauung. Lástima que la mala vulgarización eclesial haya hecho predominar una y ningunear la otra, que ahí está, indeleble.

Siempre ha sido así. La Torá no es dogma, seguimos escribiéndola –con lucidez y torpeza, como en el primer milenio, donde unos profetas describen a otros como falsos profetas. Como hace dos milenios, Hillel y Shamai. La Torá, Torat jaím, Torá para la vida, como la misma vida, es cambio: cada generación ha de afrontar sus propios desafíos, ha de debatir libremente, ha de dar golpes sobre la mesa si es preciso, ha de evitar a toda costa que la sangre llegue al río. Esa conducta correcta supera el valor eventual de las diferencias. El asesinato de Itzjak Rabin dista de ser norma entre israelitas en este mundo siempre ensangrentado.

Nunca hubo en un yishuv (judería de un lugar) una sola sinagoga para todos. No olvidemos a “Robinson Krusovich”, que en su isla de náufrago, construyó tres templos. Un Bet am (Casa del Pueblo) era la suya, otra la de esos amigos que te invitan a un brit milá, a un bar mitzvah y ¿cómo no ir? “¿Y la tercera?” preguntó entonces el marinero que fue a rescatarlo, ¿Esa? Vist mishuge? (¿estás loco?) ¡A esa no voy ni que me maten.
En mi propia familia, rabinos, comunistas, sionistas, reformistas, jaredim, asimilados… han llegado a no hablarse durante un tiempo, ni cuando coincidían en el cementerio y lloraban a su madre. La Guerra Fría fue uno de los períodos de prueba más feroces, casi todos caímos en él, y nos enfrentamos, o nos dimos la espalda. Pero sabiendo, todos, o acaso casi todos, que discrepancia no es deslealtad. Esa conducta correcta añade valor a todos los planteos, y morigera lo que hubiere de erróneo o de insuficiente en ellas.

Sfaradim, ashkenasim (¿por qué con zeta?) teimanim, falashim… iekes, lítvake, ruski, osmanlí… Todo cabe, todo puede caber en la Torá. Lo que consideramos correcto y lo que incorrecto. Ibn Ezra, Maimónides, Najmánides, el Rashi, Luria, Spìnoza, Shabtai Zvi, Salomón Zalman, Israel Eliezer, Mendelsohn, Holdheim, Moses Hess, Heschel, Luzatto, Pinsker, Arkadii, Medem, Hertzl, Mandelstam, Ajad Haam, Mijoels… el aluvión de 1880-1940…, si no los consideras tuyos, aun si a unos más que a otros, o si adoras a alguno, puede que no hayas entendido el judaísmo, ese que “es irreductible al análisis”, según Freud, ese enigma que no nos explicamos ni los judíos ni las gentes de otros pueblos.

crímenes, memoria, racismo de sexo, negocio, escarnio

¿Qué es preferible? ¿que los crímenes, en este caso crímenes de Estado, permanezcan como una mancha borrosa en la memoria colectiva, como un sordo dolor de impotencia permanente en la memoria de las víctimas, recogidos en investigaciones de ciudadanos honestos cuyos libros muy pocos editan y muy pocos leen… o que todo el cruel proceso de la barbarie sea recogido por sucesores del mismo Estado para hacer con él un repugnante negocio en nombre de las víctimas?

Enésimo episodio, España, 2010. Se acercan las votaciones. El gobierno PSOE de Andalucía, 35 años después de actuar como relevo del franquismo, decide indemnizar a los que juren haber sido víctimas de la dictadura 70 años antes.
Muy pocos quedan ya con vida para recibir los 1800 euros del concurso que pretende inutilmente maquillar el desprecio con que consideraron la cuestión en estos treinta y cinco años de democracia.
Pero es que esto no es todo, el decreto decide desbordar en cinismo e hipocresía, en escarnio de los que padecieron, aplicando el tardío premio sólo a las mujeres.

Una anciana, entrevistada en la cama, por el informativo de Tele 5, respondía así, con sorna y amargura, al periodista: nos trataron a todos por igual, a mi padre lo fusilaron, a mi marido y a mí nos sometieron a Consejo de Guerra…, por nuestro trabajo…
— ¿En qué trabajaba usted?
Por un instante no entiende la pregunta, entonces se da cuenta de la ignorancia del marciano y dice:
— Trabajábamos para derribar a Franco
El veterano periodista repite una y otra vez lo bien que la ve, lo guapa que está. La señora, en las últimas, sonríe al estúpido, al extraño, al alienígena de la televisión. Sí, ellos han ganado. Siguen ganando.

¿No es esto una falsa reparación del olvido, una vuelta de tuerca, un nuevo crimen de Estado que sigue a los perpetrados por el franquismo durante cuarenta años, y a los del desprecio cometido por la democracia durante treinta y cinco…? Y esto cuando ya hay personajes que niegan que hubiese habido crímenes, y tienen su público, sus editores y lectores.

En la Argentina, donde el proceso ha sido diferente, están sucediendo estas malformaciones, entre los defensores de los montoneros y los defensores de los policías y militares. Es otro comentario.

Esta noche –22 IX a las 21hs, en la 8– emiten Hijos de Hombres. Es interesante

jaime

Yom Kipur 2010

¿Cómo pido perdón a los muertos, cómo podrían perdonarme?
Hay algo incongruente en esto de la teshuvá, el retorno imaginario que da lugar a la reflexión sobre lo actuado que permite alcanzar una perspectiva más serena, y decidirse por pedir o reclamar perdón.
No puedo creer, nada lo indica, que las putadas que nos hacemos sean más graves que entonces, de modo que esta cuestión es, al menos, tan vieja como el Iom Kipur. Como el Hombre, seguro.

Además está la cuestión de la ética. Rajoy no puede ni pensar en que Sarko o él deban pedir perdón por las deportaciones francesas, ya que su moral le dice que es conveniente, toda vez que “contribuye al orden y al control”. (La moral se ocupa de lo conveniente y lo inconveniente, nada más.). De la ética ¿quién se ocupa? ¿Los políticos? Una vez leí en “opinión” de El País acerca de la necesidad de reunir ética y política…

¿Cuál es la vara con la que medimos lo actuado por Akenatón, por Hebe de Bonafini, por Trotsky, por uno mismo? ¿Es una vara ética? ¿A qué ética remite? ¿Es una vara moral? y en este caso también, ¿a qué moral? Porque tampoco ella es sólo una. ¿Qué considera conveniente e inonveniente esa moral? ¿Los maricas deben ser colgados o nombrados ministros? ¿Cabe hacer teshuvá y pedir perdón a alguien con quien no compartimos moral, menos aún ética, o que carece de ésta?

La teshuvá, Iom Kipur, exigen un territorio fértil compartido. Y ni aún así…

Yo me inculpo de actos por los que nadie me incrimina, con la sensación frecuente de estar viviendo solo en esa isla en la que convivo con neurosis, fantasmas, cobardías… ¿en qué mundo cabe esa isla? Todas son inútiles. Como el mundo mismo.

Lo que hacen los judíos es ayunar ese día anual, para estar ligeros, llegar al templo, sentarse e ir repitiendo lo que dice el oficiante. “Porque incurrimos en esto y en aquello…”, solapando en la multitud al individuo. Todos pedimos perdón por todo (en la lista faltan mil actos y sobran otros tantos), y pidiendo a Dios el perdón, porque a Él ofendimos con esos actos (cada uno, se supone, sabe qué sayo le cabe).
Después vamos a jalar, a yantar, a lastrar, a morfar, a menjar, todo muy jalal, que le dicen.
Y luego los personales, a vos no te devolví un libro… porque vos no me devolviste cinco. Sólo que ésto no se dice, uno pide pero no reclama, ahhh. ¿Y si vos no me pedís perdón a mí? Boino, te perdono. ¡Minga! ¿Acaso el chancho me pide perdón por contonearse delante de mí sabiendo que no poido tocarlo?

Entonces ¿qué?
¿Le pegamos mamá con una tohalla mojada, vamos al cura y él nos perdona en nombre de Él a cambio de un avinu (padreenuestro)?
¿Nos reimos de los que sienten culpa, remordimiento, tienen conciencia y sensibilidad, porque es tendencia?
¿Pensamos que todos somos hojas al viento y por eso nadie tiene culpa de nada?
¿Creemos que es puro karma y no depende de nosotros? (“nunca, nunca, nunca. nunca permitas que alguien te impida conseguir lo que quieres”, Dalai Lama)

Pido perdón a los que he decepcionado, que es, de lejos, mi mayor pecado.
La lista es larga como esperanza ´e pobre. Empezando por mí mismo (no vale pedirse perdón ¿por qué?).
Y no perdono a los que sé oficiantes de perjuicio a conciencia plena, ni si me lo pidieran.
Hace horas que ayuno. Ya puede cogerme Dios, estoy confesao.
el jaimo

El futuro está en Israel

Siempre nos quejamos de que YHVH D–s nos hubiese dado una tierra de leche y miel, de esas que se compran por nada en el kiosko de la esquina, y todo el petróleo a los que no nos quieren.
Ahora resulta que éramos injustos con Él, buscábamos en el sitio erróneo.
No comparto todas las valoraciones de Bajardí, que difunde esta noticia, pero ahí va. Confiemos en que este hallazgo no sea como los de Nigeria, Venezuela, Saudia, México, Irán… que crean megafortunas para la macroeconomía en medio de la miseria (ya me veo a Netanyahu plantando su sucá en los Campos Elíseos como hace Gadafi con su jaima (mi prima), incluso esta semana, y a la islamoizquierda rezándole al Dios de los Ejércitos hebreos…), oy veis is mir! ¿La Holyland ennegrecida por los vertidos de crudo? ¿Los rabinos arrepentidos de Naturei Karta llegando con Mercedes, esclavas y coca a Marbella, como salvadores de la patria española? ¿El Kotel (Muro de los lamentos) derribado para levantar una torre de extracción? ¿los progreturistas llevando condones y borscht a los pobres judíos del Desierto y buscando el pago en novi@s locales? ¿Los nazis de posguerra diciendo, ahora al revés: “entre los piojosos árabes y los piojosos judíos, mejor éstos… al menos… ¡tienen petróleo!?” ¿Colosales sinagogas en el centro de las ciudades paganas? ¿Boicot a los productos mahometanos como estos días de Ramadán a los dátiles enemigos en Barcelona (aunque sean tanto mejores que los tunecinos)? ¿Los taraditos a la moda que visten kefiáh, ahora calzando kipá? ¿Oleada de tiendas de barrio, súpers, y restaurantes sólo kasher como ya los hay sólo jalal, en París, Berlin…? ¿La ONU, Fidel y la Liga Árabe buscando un nuevo chivo para emitir sus cientos de condenas (¿qué van a hacer? ¿tirar los formularios ya impresos?)…

¿Y todo esto cuando Israel ha llegado tan lejos, y tan lejos que llegará, en la sustitución de la quema de hidrocarburos por su tecnología limpia? ¿Sólo para que sus “aliados” amen más sus piojos circuncisos?

En fin, para ganar en soberanía, está bien, mazl tov, pero sin olvidar iesh gvul, hay un límite, has de contener tu mano…

jaimo

A las reservas de más de 1.500 millones de barriles en un nuevo pozo al este de Tel Aviv, se viene a sumar ahora el descubrimiento de la mayor reserva off-shore de la zona
RAFAEL L. BARDAJÍ
Día 27/08/2010
Durante décadas los europeos hemos sufrido los caprichos de nuestros proveedores de petróleo. Primero, con los países árabes jugando con el precio del crudo que religiosamente pagábamos, a pesar del daño infligido a nuestras economías. En segundo lugar, con una dependencia casi absoluta del gas siberiano controlado políticamente por el Kremlin que, a fin de conseguir sus objetivos, ha jugado a abrir y cerrar el grifo del suministro en los últimos años, amenazando siempre con un invierno cada vez más frío.
La posibilidad de cambiar las fuentes energéticas se ha revelado cara y poco productiva (se rechaza por cuestiones ideológicas, como la energía nuclear); y el escenario de cambiar de productores, poco seguro habida cuenta de la volatilidad estratégica del África subsahariana o la cuenca andina.
Pero hete aquí una buena nueva: un país democrático y occidental parece ser que se puede convertir en fuente de suministro energético. Y no es EE.UU. o Inglaterra. Es, ni más ni menos, que Israel. Sí Israel. A los nuevos descubrimientos que cifran una reservas de más de 1.500 millones de barriles en un nuevo pozo al este de Tel Aviv (insuficiente para la exportación, pero muy por encima de las expectativas de 200 millones de barriles), se viene a sumar ahora el descubrimiento de la mayor reserva off-shore de la zona, frente a las costas de Haifa. Tal es el tamaño, que ya se llama Titan al pozo a explotar.
¿No sería una excelente paradoja que pudiéramos liberarnos del yugo ruso y árabe y pasar a comprar directamente a un buen aliado como Israel? Las vueltas que da la vida. Si las expectativas técnicas se acabaran cumpliendo e Israel, en un plazo de una década, se convierta en un exportador neto de petróleo y gas ¿seguirían los Moratinos de turno criticándolo tanto o lo adularían como ahora hacen con los Saud y compañía?

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