CONTROVERSIA NO ES DESLEALTAD

Por Jaime Naifleisch Aisenberg (y Medvedév, Rosen Ree, Kaplan…)

De Israel Eliézer, el Baal Shem Tov, profeta en los albores de la Modernidad, podríamos decir lo que de Ieoshúa el Nazareno, en la última etapa de la Antigüedad: los que se apoderaron de él, de su respetado y prestigioso nombre, pero no de sus ideas, lo han tergiversado hasta hacerlo irreconocible. ¿O tiene que ver el que llaman Jesús de Nazaret, divinizado, con lo que la religión organizada dice de aquél profeta, en cuyo nombre justifican todo lo que la Torá rechaza, la divinidad de un hombre, la sumisión a los señores, la sobrenatural espera de justicia post mortem y la renuncia a la procura de justicia posible aquí, donde tiene lugar la vida, la idea de cuerpo y alma como entidades separadas, la supremacía del varón sobre la mujer…? Y la judeofobia, nada menos.

Con el Baal Shem Tov como con Ieoshúa “fundadores” del jasidismo y del cristianismo, respectivamente, ha sucedido en la Historia lo que con todos y cada uno de los maestros que, con mayores o menores méritos de lucidez, han emergido de entre sus pueblos, han señalado caminos, y han sido usados luego para el engaño y la mentira.

Eliézer decía de los rabinos del gaón de Vilna, que siete veces pronunciaron jerem, excomunión, contra él: “leen la Torá, sí, pero estudian el Talmud”.

Este maestro vive y predica su buena palabra en una de las áreas más atrasadas de Europa que se resistía a dejar de ser brutalmente feudal. El espacio en el que vivía la mayor parte de los judíos ashkenasim, y en la mayor miseria de toda la judeidad. (Adjunto un video que tal vez no conozcan).

Su época continuaba revuelta por la aventura de Shabtai Zvi, 1626-1676, un iluminado al que un hábil acólito había proclamado “meshiaj” y “fundador”, cómo no, de la secta shabateanista, que aparece, obvia e impunemente, después de su muerte, como la de Ieoshúa, como la del Baal Shem Tov.
Difundiendo su nombre se divulgó en todo el mundo de dominio cristiano y musulmán el llamamiento –que no sería el primero ni el último– de dejarlo todo y dirigirse a la Tierra de Israel, reconstruir el reino, vivir correctamente y esperar allí al designado del Señor, el meshiaj, para dirigir a los justos en la lucha final por la justicia universal.

Decenas de millares de -diríamos– “sionistas” se pusieron en marcha, desde el Reino Unido y el Báltico hasta el norte de África y Polonia, y Turquía… Enterado el sultán de la Sublime Puerta, el centro imperial turco otomano, de esa barahunda demográfica que llenaba los caminos de desvencijados carruajes con familias, de gentes a pie, a caballo que se dirigían a ese rincón de sus dominios, el Distrito palestino de la Provincia siria, mandó llamar al líder. El musulmán osmanlí creía en la Torá, y en las supersticiones de sus súbditos israelitas, como era natural –y casi general– entre sus correligionarios hasta la irrupción del islamismo judeófobo.

¿Y si en verdad el tal Zvi ha recibido una señal de Dios? Quiso saber. Hay quien dice que estuvo presente en la audiencia tras unas celosías, lo cierto es que escuchado por sus visires el califa, preocupado por el desorden público que esas multitudes podían generar en las aldeas califales, instó a Shabtai Zvi a convertirse al Islam, so pena de muerte. Zvi se convirtió, y algunos de los suyos. De esa estirpe provienen los donmë, los musulmanes de origen judío, que han sido élite intelectual de Turquía, maestros en Saloníca de Kemal, el que transformaría el catastrófico final del Imperio otomano (1918) en la moderna República de Turquía que ahora los “moderados” (¿?) están hundiendo en la barbarie islamista.

La aventura de Zvi había tenido el mérito de revolver a la judería, aplastada, resignada a la impotencia, el atraso, la miseria, con una propuesta de renovación de sus vidas. Cuando en unas pocas regiones (Inglaterra, Flandes) el comercio fundaba la industria, se salía de la oscuridad con las ciencias liberadas del yugo clerical, y aún ni había atisbos de movimiento alguno en pro de los derechos humanos, de las libertades, que sacaran a los siervos de la gleba de la omnipotencia feudal, ni a los nuevos siervos, los obreros, de la superexplotación industrial. Ni el gran Moses Mendelssohn, 1729-1786, el tercer gran Moisés, con su Haskalá, reclamando a los judíos que se autoemanciparan, ni Revolución Americana con sus Derechos del Hombre (1776), ni Francesa (1789), ni guerras liberales napoleónicas en Europa (1799-1815), ni Congreso de Tucumán (1816, la libertad sigue viva entre los Libres del Sur), eran aún imaginables cuando el Zvi mueve a la gente en dirección a una justicia posible en la Tierra.
Pero la apostasía, el abandono de Zvi, causaría una profunda depresión en la mayoría de los hebreos, mientras se multiplicaban los falsos mesias, como el polaco Frank, luego bautizado.

En Vilna, Lituania, ya entonces llamada la Jerusalem de Vilna, vivían hebreos con un grado de prosperidad mayor, y una corte sinagogal rica, solemne, ritualista. Que hoy llamaríamos “ortodoxa”, nombre que entonces no se aplicaba a nadie.
Con el propósito de impedir un nuevo desorden en la judería, los rabinos lituanos, guiados por el talmudista Elijah ben Shlomo Zalman, 1720-1796, multiplicaron los rigores de la liturgia. Conmemoraciones del ciclo anual se hicieron larguísimas y complicadas, como el Seder de Pesaj, como el Iom Kipur, como toda la práctica judía. Los manuales de halajá se alambicaron hasta el agobio ritual (El mantel, Mopat, para ashkenasim, y La mesa servida, Shuljan Aruj, para sfaradim, los más difundidos). Se trataba de mantener a los fieles muy ocupados, y bajo la palabra de los oficiantes oficiales, para que ningún loco subversivo se hiciera con las congregaciones. Las normas dietéticas del kasher, sus ayunos, el lugar de la mujer, ganaron en rigor.
Al sur de Lituania se extienden las tierras de Polonia, Galitzia, la Vukovina… donde vivía esa mayoría pobrísima, indefensa, cuya ritualidad era a su vez sencillo folclore, con muchos elementos tomados de los pueblos de su entorno, como el del kayin enhore, el mal de ojo, probablemente de raiz turca preislámica.

Aquí es donde aparece Israel Eliézer, digamos en esta somera reseña. Hondamente piadoso con el prójimo, el sabio rechazó el nuevo rigorismo, esa reforma religiosa que caía sobre los míseros aldeanos –que ya empezaban a ser maltratados por sus vecinos católicos a medida que los papas convencían a los obispos para que acabaran con la larguísima convivencia, nacida cuando los Jagelon (circa 1386-1572) establecieron la moderna Polonia e invitaron a los ashkenasim masacrados en Alemania, a radicarse en su nuevo país. Ashkenasim de habla ídica, claro, que están en los orígenes de la Polonia moderna, donde su mame loshn, su lengua materna, tuvo un segundo florecimiento (es base de la que hablan en Nueva York y en Mea Shearim los “ultraortodoxos”).

Sale el judehuelo de su choza con suelo de tierra (envío imágenes de ellos) a buscar algún sustento para su mishpoje (familia), donde seguro que hay enfermos y débiles, encuentra espinas de pescado que un restaurante de clientes cristianos y judíos ricos va a tirar, y las lleva a casa con mondas de papa, y algo más si tuvo suerte ¿y el gaón de Vilna le va a decir qué toca comer ese día, o si es día de ayuno, o que debe permanecer de pie dos días en el Iom Kipur…?

No, dice nuestro Baal Shem Tov, somos Hombres, hemos de tender al bien, no tender al Mal (iétzer ha Tov, lo iétzer haRa), los jukim (obligaciones incomprensibles) no nos sirven ni servimos con ellas a Dios. Vayamos a la Torá.

Eliézer no dejó nada escrito. A su muerte sus fieles eran mayoría en el centroeste de Europa, y habían desoido a los rabinos que los expulsaban de la judeidad. Entonces aparecen los santones. Rodeados de su Corte de hijos, nueras y yernos en general aprovechados, que cobraban a los que recorrían penosamente distancias para ir a ellos, a que les curen el mal de ojo, en busca de consejo (este es el talmudismo que llega hasta el Freud viejo, el de la Sociedad Psicoanalítica, con la idea de que si no puedes pagar al analista es que no te quieres curar). ¿Me caso con Rivke? ¿me mudo a otra aldea?

Ese es el jasidismo de los siglos posteriores, aniquilado en la Shoá. También bailan en la presunta tumba del segundo gran Moisés, Maimónides, 1138-1204, por cuyo racionalismo contra la reforma de Saadia Gaón, obediente al sultán de Bagdad, fue expulsado de Al Andalus, y viajó hasta encontrar la muerte nadie sabe dónde. Los seguidores de Saadia, verdadero fundador de la reforma religiosa del año mil, fundada en el talmudismo del segundo milenio… son los que hoy idolatran a Maimónides, bailando sobre esa tumba de Tiberíades.

Grandes aportes judaicos a la conciencia son la libertad intelectual para el ejercicio de la crítica profunda (Walter Benjamin), y la interpretación de todo discurso. Veamos Bereshit (Génesis) en sus primeros capítulos, donde se recogen dos tradiciones sobre la creación de los seres humanos. Ishá (mujer) creada desde ish (hombre), desde dentro suyo, para ser su compañera, sobre la que él se enseñorea; Ish e ishá, a ambos los creó, desde la tierra roja, “a ambos los bendijo”. Dos visiones del mundo, dos escalas de valores. Dos paradigmas. Dos weltanshauung. Lástima que la mala vulgarización eclesial haya hecho predominar una y ningunear la otra, que ahí está, indeleble.

Siempre ha sido así. La Torá no es dogma, seguimos escribiéndola –con lucidez y torpeza, como en el primer milenio, donde unos profetas describen a otros como falsos profetas. Como hace dos milenios, Hillel y Shamai. La Torá, Torat jaím, Torá para la vida, como la misma vida, es cambio: cada generación ha de afrontar sus propios desafíos, ha de debatir libremente, ha de dar golpes sobre la mesa si es preciso, ha de evitar a toda costa que la sangre llegue al río. Esa conducta correcta supera el valor eventual de las diferencias. El asesinato de Itzjak Rabin dista de ser norma entre israelitas en este mundo siempre ensangrentado.

Nunca hubo en un yishuv (judería de un lugar) una sola sinagoga para todos. No olvidemos a “Robinson Krusovich”, que en su isla de náufrago, construyó tres templos. Un Bet am (Casa del Pueblo) era la suya, otra la de esos amigos que te invitan a un brit milá, a un bar mitzvah y ¿cómo no ir? “¿Y la tercera?” preguntó entonces el marinero que fue a rescatarlo, ¿Esa? Vist mishuge? (¿estás loco?) ¡A esa no voy ni que me maten.
En mi propia familia, rabinos, comunistas, sionistas, reformistas, jaredim, asimilados… han llegado a no hablarse durante un tiempo, ni cuando coincidían en el cementerio y lloraban a su madre. La Guerra Fría fue uno de los períodos de prueba más feroces, casi todos caímos en él, y nos enfrentamos, o nos dimos la espalda. Pero sabiendo, todos, o acaso casi todos, que discrepancia no es deslealtad. Esa conducta correcta añade valor a todos los planteos, y morigera lo que hubiere de erróneo o de insuficiente en ellas.

Sfaradim, ashkenasim (¿por qué con zeta?) teimanim, falashim… iekes, lítvake, ruski, osmanlí… Todo cabe, todo puede caber en la Torá. Lo que consideramos correcto y lo que incorrecto. Ibn Ezra, Maimónides, Najmánides, el Rashi, Luria, Spìnoza, Shabtai Zvi, Salomón Zalman, Israel Eliezer, Mendelsohn, Holdheim, Moses Hess, Heschel, Luzatto, Pinsker, Arkadii, Medem, Hertzl, Mandelstam, Ajad Haam, Mijoels… el aluvión de 1880-1940…, si no los consideras tuyos, aun si a unos más que a otros, o si adoras a alguno, puede que no hayas entendido el judaísmo, ese que “es irreductible al análisis”, según Freud, ese enigma que no nos explicamos ni los judíos ni las gentes de otros pueblos.

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Baal Shem Tov, fundador del judaísmo jasídico

Israel Ben Eliezer (c. 1698, Okopy, Ucrania – 22 de mayo de 1760, Medzhybizh, Ucrania), también conocido como Baal Shem Tov o Besht, fue un rabino judío considerado fundador del judaísmo jasídico. Besht nació en Okopy, una localidad ucraniana pero que a lo largo de la historia ha sido parte de Polonia, Rusia y Galitzia, hijo de Eliezer y Sara. Murió en Medzhybizh, ciudad de Ucrania, pero que formó parte de Lituania, Turquía, Polonia y Rusia.

Israel ben Eliezer era un místico judío ortodoxo, conocido por la mayoría de los judíos religiosos como “el Santo Baal Shem” (der Heiliger Baal Shem en yídish), o más comúnmente como Baal Shem Tov. Este se traduce como “el Maestro del Divino Nombre”, donde Tov significa “Bueno”, que unido a Shem se traduciría como “Nombre [Divino]”, aunque más correctamente sea entendido como una combinación de Ba’al Shem, “el Amo (Maestro) del Nombre [Divino]”, siendo Tov un epíteto honorífico.

La escasa información biográfica conocida sobre él está tan entrelazada con leyendas y milagros que en la mayoría de los casos es difícil averiguar cuáles son los verdaderos acontecimientos históricos. De las numerosas leyendas relacionadas con su nacimiento se puede extraer que sus padres eran pobres, honrados y piadosos. Cuando Israel Ben Eliezer quedó huérfano, su comunidad se hizo cargo de él. En la escuela se distinguió sólo por sus desapariciones frecuentes, siendo siempre encontrado en los solitarios bosques que rodean el lugar, disfrutando de forma entusiasmada de las bellezas de naturaleza. Muchos de sus discípulos creían que pertenecía a la Casa de David, y por extensión, con la institución del Mesías.

Fuente: Wikipedia

* * *

¿Qué es el jasidismo?

La palabra hebrea “Jasid” significa “piadoso”, y se utiliza en las fuentes clásicas del judaísmo para designar a aquella persona cuya devoción espiritual va más allá de los requerimientos técnicos de las leyes religiosas judías. El término llegó a utilizarse para designar a los movimientos religiosos judíos de Europa del Este. Muchos de los conceptos jasídicos básicos se basan en los trabajos fundamentales de la Cábala como son el Zohar y los comentarios del Ari (Rabí Yitzjak Luria de Safed: 1534 – 1572). Aunque un pequeño grupo se ocupaba de estudiar la Cábala, el jasidismo se convirtió en uno de los mayores movimientos de masas llegando sus enseñanzas a muchas comunidades.

En muchos aspectos el jasidismo es una extensión natural de la Cábala, pero con una diferencia importante. Mientras la Cábala conduce al hombre hacia Dios, el jasidismo trajo a Dios hacia el hombre, la Cábala le ofrece al iniciado una visión de los mundos superiores, con sus lugares sagrados, ángeles, emanaciones, recipientes y luminarias. El jasidismo desde el otro punto de vista, hizo totalmente lo opuesto al traer el dominio celestial aquí abajo en la tierra para el hombre, mostrándole el tipo de vida y enseñándole la devoción necesaria a lo que se predica. La lección bíblica “Conócelo en todos tus caminos” (Proverbios 3:6), llego a ser la frase clave en el mundo jasídico.

Antes del surgimiento del jasidismo se le daba mayor importancia a la idea de la trascendencia de Dios, quien se le consideraba remoto y de único acceso sólo a través de gran dificultad. Si una persona deseaba ganar un grado de proximidad a Dios, sólo podía hacerlo a través del ayuno y la mortificación autoimpuesta, así como la total separación de todo lo que representara este mundo mundano. Este aspecto era muy observado sobre todo en las antiguas enseñanzas de la Cábala y los individuos que estaban en capacidad de llevarlo a cabo eran realmente muy pocos.

Jasidut por otro lado, enfatiza el otro aspecto, el de la proximidad de Dios. Este concepto se manifiesta una y otra vez en el pensamiento jasídico expresado en la idea que Dios llena toda la creación y colma plenamente todas las cosas. Una y otra vez se recuerda la máxima: “Toda la tierra está llena de Su Gloria”, y “El llena todos los mundos”. Así es que si Dios está tan próximo, entonces es fácil acceder a El y la única condición necesaria es un sincero sentimiento de hacerlo como expresa la oración “Dios está cerca de todo aquél que lo llama, de todo aquél que lo invoca en verdad” (Salmos 145:18).

Se concluye así que el camino a Dios está disponible a todos, inclusive el más bajo de los hombres. Lo que se exige es que la persona realmente desee un acercamiento a Dios “con todo su corazón” y que por consiguiente haga lo mejor posible para servirlo. No hay lugar tan degradado en la tierra donde Dios no pueda ser allí encontrado, así como tampoco hay persona tan degradada en la que no se encuentre una chispa de la verdad. Todo lo que tiene que hacer esta persona es dirigirse a Dios con un corazón sincero para “subir la escalera de Jacob a las mayores alturas”.

Los maestros jasídicos percibieron que tanto el bien como el mal pueden ser por doquier encontrados. Inclusive la observancia estricta que se lleva a cabo con algún motivo ulterior, contiene un elemento de maldad en sí misma aunque parezca que se la practica con fines buenos. La sinceridad absoluta, por otro lado, es de importancia primordial para alcanzar a Dios y esto está al alcance de todos.

El Baal Shem Tov y sus seguidores se opusieron a la idea de la observancia estricta, pero al mismo tiempo predicaron la adherencia absoluta a los códigos. Todavía prevalecía la idea que si una persona era sincera en su creencia en Dios y Torá, los detalles quedaban en el trasfondo. Si se consideraba que la observancia estricta era muy importante en el sentido de acercarse a Dios, entonces el Jasid era estricto, pero en muchos otros casos la actitud era un poco más suave en lo que respecta a esta observancia. De nuevo el énfasis se colocaba en el servicio a Dios a través de Su Ley y no solamente observando las leyes por sí mismas.

Otra enseñanza fundamental es que inclusive el acto más mundano puede ser elevado al nivel de servicio, aunque esto no era una idea original del Jasidut ya que está inclusive mencionado en el “Shulján Aruj” -La Mesa Puesta- que es un código de leyes judías fundamental elaborado algunas centurias antes

Las enseñanzas del jasidismo:

* Prioridad de las emociones sobre el intelecto: La devoción simple, intuitiva y sincera es preferible al ideal de la erudición talmúdica que era comúnmente considerada como característica de la autoridad religiosa.

* Omnipresencia de Dios: Consciencia absoluta de la presencia de Dios en las “chispas de divinidad” contenidas en todas las cosas, inclusive en objetos y acciones sencillos. Apreciación de Dios en la naturaleza. La experiencia de la divinidad es por consiguiente accesible a todos.

* Alegría: La conciencia de un Creador amoroso y presente en todo momento debe llevar a sentimientos de profunda alegría. Por consiguiente el modo apropiado de servir a Dios es de dicha, ya que la tristeza impide una relación apropiada con Dios. El Baal Shem Tov proveyó un antídoto efectivo contra las enormes fuerzas desmoralizadoras que afectaban a la judeidad rusa y polaca ya que él enseñó a estas masas a sentirse bien consigo mismos, su judaísmo y su relación con Dios.

El Baal Shem Tov estimuló el cultivo de la alegría a través de actividades como el canto, la danza, el recuento de historias, la bebida, etc. La doctrina jasídica explicó que los campesinos aman las canciones y las historias que en realidad son textos de profundo significado religioso, como por ejemplo la canción que los levitas cantaban en el Templo Sagrado, expresando su amor a Dios y a Israel.

El jasidismo llegó a conocerse en el Occidente principalmente por su mandamiento de “servir a Dios con alegría” (Salmo 100:2). El jasidismo enseña que a Dios le agrada que las personas estén satisfechas y felices. Inclusive cuando una persona tiene características que no se compaginan con los ideales expresados en la Torá, tiene todavía como meta estar alegre. Se debe considerar que todo ha sido creado para el bien y que al final se percibirá su aspecto positivo. La forma en que los grupos jasídicos ponen esta idea en la práctica es evidente durante la oración. Algunos grupos tienen melodías muy alegres, el cantor comienza a cantar y todos se le unen. Las plegarias se recitan en voz alta y van acompañadas con movimientos del cuerpo. Los miembros de una comunidad se reúnen con frecuencia y cuentan anécdotas de sus Rebes o de otros Rebes. Estas reuniones terminan en una danza en la cual los participantes se dan las manos y bailan lentamente en círculo. En estos momentos cada hombre siente que está unido con el grupo y que la vida es mucho más que la rutina diaria.

* Tradiciones: El jasidismo le da mucha importancia a las tradiciones populares de los judíos de centro y este de Europa “Ashkenaz”. Sin embargo el servicio litúrgico fue reemplazado por el español “sefárdico” que se ha considerado santificado por su preferencia entre los cabalistas, especialmente en la escuela de Rabí Isaac Luria en la ciudad de Safed en el siglo 16. El Baal Shem Tov favoreció un modo de plegaria menos estricto en lo que respecta a privaciones y ascetismo, ya que este rigor desmesurado fue considerado por él como una falta de fe en Dios como un Padre Amoroso.

* El Bien y el Mal: El Mal se diferencia del Bien sólo en una cuestión de grado en la jerarquía de la santidad. Por consiguiente el pecador no es completamente rechazado por la compasión de Dios, y tiene siempre el potencial de arrepentirse y mejorar.

* Oración: Se le da mucha importancia a la oración sincera, que puede elevar el alma del hombre hacia su Creador así como el poder de invocar bendiciones divinas.

La doctrina de la oración se caracteriza por dos ideales místicos:

– Devekut (devoción constante): La conciencia constante de la presencia de Dios.

– Hislajavut (consumirse en entusiasmo): La experiencia de la exaltación espiritual mientras el alma es elevada hacia Dios.

La plegaria jasídica es conocida por su desapego a las regulaciones técnicas y a las formalidades rituales impuestas por la Ley Judía, especialmente las horas fijas de llevarla a cabo. La oración celebra la devoción sincera sobre la simple recitación mecánica de los textos litúrgicos. En el jasidismo se considera también de mucha importancia todas las expresiones de emociones en la oración, como la gesticulación, la danza, canto, etc.

* Mesianismo: Existe discrepancias entre los académicos sobre la importancia de las aspiraciones mesiánicas en las doctrinas del Baal Shem Tov. En una de sus pocas cartas, él expresa la creencia que la propagación de sus enseñanzas ayudarán y serán como un preludio para la redención final. De todas formas G. Sholem ha argumentado que la intención del Baal Shem Tov fue neutralizar los acontecimientos negativos y la atmósfera de desaliento que ya había causado mucho desencanto en las generaciones anteriores, interpretando estos aspectos como la expresión de procesos que se llevan a cabo en el alma del individuo.

Uno de los trabajos publicados en el período del surgimiento del jasidismo fue el “Keter Shem Tov”. Este comienza con una carta referente a la visión que el Baal Shem Tov tuvo, en la cual se le dijo que a través de sus enseñanzas el Mesías vendría: “…durante la celebración del Año Nuevo de 5507, mi alma ascendió y en una visión percibí cosas maravillosas que nunca antes había visto… me elevé de nivel a nivel hasta que entré en el dominio del Mesías… y le dije entonces: ¿Cuándo vendrás? – y él contestó: Cuando tus enseñanzas se hayan esparcido y proclamado por toda la tierra y cuando tus fuentes se hayan desbordado…. “.

Es bastante claro al considerar lo antes dicho que de acuerdo con el jasidismo, la era mesiánica llegará gracias a las enseñanzas jasídicas. De todas formas no es correcto observar al jasidismo como un movimiento mesiánico desde el punto de vista social. El Baal Shem Tov nunca proclamó ser el Mesías, es decir, no niega la legitimidad de otras corrientes del judaísmo ortodoxo. Pero el efecto de esas ideas en la vida diaria no debe ser subestimado. El jasidismo sostiene dentro de la expectación del judaísmo ortodoxo, que uno de los líderes religiosos, quien es también un descendiente del Rey David, se proclamará a sí mismo como el Mesías del pueblo judío. Considerando otro grupo de ideas, se espera que la profecía sea cumplida en la presente era. Por esta razón algunos grupos jasídicos hacen un esfuerzo en distribuir literatura jasídica fuera de su propia comunidad y las obras más importantes son traducidas y publicadas en los idiomas modernos. En esta forma el jasidismo espera en contribuir con el proceso de apresurar la venida de la nueva era.

Un Seder de Pesaj en el kibutz de hoy

Al estilo tradicional, con la conducción de un rabino

Hace un tiempo escribí sobre Iom Kipur en el kibutz; hoy relataré un Seder de Pesaj.
Nos referimos al kibutz a raíz de los cambios socioeconómicos operados de lo que fuera en su origen y, durante años, el símbolo del jalutzianismo, del patriotismo y del ideal de la colonización comunitaria en Eretz Israel.

La idealización del grupo social colectivo, los asentamientos lógicos, los jóvenes patriotas que se sacrificaban en aras del ideal sionista, orgullosos de su vida modesta, sin grandes pretensiones materiales, superfluas; sólo conquistar, marcar y defender los límites de la patria en marcha.

Así los pintaban desde las organizaciones juveniles, hasta su gradual evolución y transformación, hasta llegar hoy a la privatización, a los salarios diferenciales, a la nueva estructura económica, incluso a la nueva corriente ideológica, hasta llegar al momento en que en un programa televisivo se lo tituló “Sof Kibutz” (“Fin del kibutz”). Entonces yo reaccioné y dije no “sof kibutz”, sino “kibutz ajer”, diferente.

En la sociedad humana, como en la naturaleza, hay un gradual proceso de evolución, así como en la economía en general llegamos del ancestral trueque, el más primitivo comercio, a la macroeconomía actual, también en la sociedad y en el pensamiento kibutziano se operaron grandes transformaciones.
Pero felizmente hay valores permanentes, principios, sentimientos, que no cambian; se modernizan, pero su simiente, su “livá”, como se dice en hebreo, su carozo diría yo en traducción libre, permanecen.

Mientras escribía se me ocurrió una disgresión linguística: livá viene de lev, ¿carozo vendrá de corazón? Los valores permanentes quedan incólumes, intocables.

Tuve el privilegio de participar en el Seder en el kibutz Yifat donde vive mi hijo con su familia, en el Emek. Y viví una agradable sorpresa, muy agradable para mí por la forma en que se ofició.
En muchos kibutzim ya no se celebra el Seder colectivo en el comedor, al que solían asistir todos sus miembros con sus familias, sus invitados, con un programa adecuado, donde se leía una Hagadá especialmente escrita, con modificaciones y agregados, de acuerdo con la ideología kibutziana y la vocación literaria en cada caso. Lo mismo las canciones; además de las tradicionales y números artísticos apropiados. Era la gran concentración de la familia kibutziana, del colectivismo, de estar juntos e iguales.

Hoy prima el individualismo. Muchas familias o se reunieron en grupos o privadamente celebran el Seder en sus casas, a su manera. Aquí también rige la privatización.

Pero en Yifat, un grupo de familias, que sin duda extrañaban aquello de estar juntos, de conservar lo tradicional, decidieron seguir con la norma y organizaron el Seder como antes, en el comedor, todos unidos, sólo que en lugar de que asistieran dos mil personas, reunieron cuatrocientas. La mayoría familias jóvenes, de mediana edad, que sin duda extrañaban aquello de juntos. Pero lo más admirable y digno de señalar es la forma y el rito de la celebración, del oficio.

El comedor adornado con sus mejores galas, los cuadros y afiches alusivos, las flores, las mesas festivas, los niños con su marcha con las espigas y sobre todo, la lectura de la Hagadá tradicional, la Hagadá sin modificaciones ni innovaciones, pero un tanto reducida; se volvió al añejo texto consagrado. Sin duda se sintió la necesidad de respetar y vivir lo eterno.

Una nota interesante digna de comentario y que nos hizo pensar: el Kidush, la bendición del vino, lo hizo un joven jabadnik, fue javer kibutz, jozer betshuvá, con la vestimenta clásica, coreado por muchos del público. Lo ilustró con un relato jasídico, que resumo más o menos así:

“El alma humana está compuesta por dos almas, por dos elementos: el alma animal y el alma divina. La primera es la cáscara, del envoltorio de ella provienen todas las tentaciones y vicios derivados de la naturaleza. La segunda es la parte divina, santificada. Cada alma tiene una porción del soplo divino en mayor o menor proporción y esto establece las categorías humanas.”

Lo relató con devoción y emoción.

Se comentó que muchos jóvenes nacidos en los kibutzim, y no hablo de kibuzim religiosos, se volvieron creyentes, constituyeron sus familias, visitan a sus padres y viceversa, en armonía y respeto mutuo.

Es curioso el fenómeno de jóvenes nacidos, educados y formados en ambientes laicos, en hogares francamente anti religiosos, que no observaban los ritos, algunos, a lo mejor después de haber ido a “buscarse a sí mismos” a la India o a otras partes del mundo, vuelven a sus fuentes y hasta pasan al otro extremo.

Confieso que sin ser jaredit (ortodoxa) ni practicante estricta, prefiero el verbo jozer, vuelve, al verbo ozev, abandona. El joven jabadnik me hizo pensar y recordar que lo que citó figura en el Tania.

El Tania es la obra maestra del Rabí Shneur Zalman de Liadi, que es la expresión de síntesis del Rabinismo con el Jasidismo en las tres escalas del conocimiento: sabiduría, inteligencia y pensamiento (Jabad).

Al respecto dice Buber en su libro “Amor a Dios y amor al prójimo”: “Muchos librepensadores pueden aprender del Jasidismo que hay una cosa que es la Santidad; muchos piadosos pueden aprender en qué consiste la Santidad”.

Y todo esto, gracias a un Seder en el kibutz, kibutz diferente, pero el mismo en su esencia en su judaísmo.

Fuente:
http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Festividades/28399/

Notas:

Livá, en este contexto sería “esencia”.
“Carozo”, en versión argentina, “hueso” en versión española, efectivamente tiene relación con “lev”, corazón, como se observa en francés coeur y en inglés core
Pocket Oxford Spanish Dictionary © 2005 Oxford University Press:
core1 /kɔ:r / || /kɔ:(r)/ sustantivo (of apple, pear) corazón m;
(of Earth) centro m;
(of nuclear reactor) núcleo;
(of problem) meollo m
core2 verbo transitivo ‹apple› quitarle el corazón a

Diccionario Espasa Grand: español-francés français-espagnol © 2000 Espasa-Calpe:
cœur
m
1. (órgano) corazón;
maladies du c. enfermedades del corazón;
c. artificiel corazón artificial;
à c. ouvert fig a corazón abierto.
2. (cartas) corazones.
3. (parte central) corazón, cogollo;
c. de palmier palmito;
au c. de en medio de.

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