Antisemitismo en España: un mal que prospera

20/04/2010
por Eli Cohen (Desde Madrid)

Distintas ONG’s, como “La Liga Antidifamación”, el “Pew Research Center” y el “Foro para la Contención del Antisemitismo”, han coincidido, en la presentación de su informe anual sobre antisemitismo en España, que durante el año pasado -2009- esta modalidad del racismo, se encuentra en los mismos porcentajes que vivió España durante la Segunda Guerra Mundial. A continuación, el autor del siguiente artículo, analiza este peligroso fenómeno.

Imaginemos que un estudiante norteamericano, de la Universidad de Brandeis en Boston -por ejemplo- recibe una beca de la cátedra de Estudios Judíos de dicha institución para ir a Europa a estudiar el fenómeno del antisemitismo. Continuemos imaginando que, después de viajar por los países más importantes del continente, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido; recala, como última parada y no menos importante, en España -cuna de los judíos sefardíes y, en consecuencia, tierra ancestral de un 30% de la población judía actual-. Sigamos un poco más y supongamos que, en un repaso obligado de los informes publicados por organizaciones como la Liga AntiDifamación, el Pew Research Center, o el Foro para la Contención del Antisemitismo, sobre la situación del antisemitismo en 2009, el estudiante descubre que se señala a España como el país que contiene los índices más altos de Europa. ¿Qué hacer?

Finalicemos nuestra divagación situándonos en la posición del estudiante, cuando está un día entero buceando en prensa escrita, digital y televisiva, en busca de noticias que contengan las palabras judío e Israel. Encontraría, si hiciera un repaso del último año, fotos de manifestaciones multitudinarias en las que se hace mofa del Holocausto y se compara a Israel con los nazis, una escultura llamada Stairway to Heaven que triunfó en una Feria de Arte Contemporáneo, en la cual se representa a un rabino pisando a un cura y a un imán, enmarcados por un candelabro en forma de metralleta, viñetas que muestran a judíos con narices ganchudas clavando a Obama en una cruz, artículos de un tal Antonio Gala, justificando la persecución a los judíos, infinidad de crónicas desde Oriente Medio salpicadas de vocablos como “balas judías” o “tanques hebreos”, tertulianos en las televisiones acusando, en cuanto tienen oportunidad, a Israel de un gobierno genocida y respaldado por el verdadero poder en Washington: el lobby judío norteamericano.

Probablemente la conclusión de su estudio, no distará mucho de los alarmantes informes que las anteriores organizaciones publicaron. En España, el antisemitismo, llega a los niveles de la Segunda Guerra Mundial Lamentablemente, esta es la verdad, cruda y real. Para ello, nuestro estudiante no tendría que aportar toda la información que ha descubierto en la prensa, le bastaría con un dato revelador, obtenido en una encuesta del Observatorio Escolar del Ministerio de Educación, el cual concluye que uno de cada dos estudiantes no compartiría pupitre con otro estudiante judío. Sí, en el año 2010 en España, en un país en el cual su número de población judía no supera los 15.000 habitantes, en un país de la Unión Europea, en un país que posee una milenaria cultura sefardí.

Antisemitismo, axioma de la civilización europea
Estudiar el Antisemitismo en Europa es una ardua tarea. No hay nación, estado o imperio del continente europeo que no haya incurrido en actitudes, leyes, persecuciones, incidentes o matanzas contra los judíos. El cenit de ello, llegó durante el exterminio masivo e industrial en el Holocausto. Se puede decir que, el antisemitismo, ha sido un axioma de la civilización europea. Desde la totalidad de los grandes filósofos y pensadores griegos, hasta las chimeneas de Auschwitz, pasando por los progromos en Rusia o las expulsiones en España, Francia o Portugal. Pero, es cierto, cada sociedad tiene ciertas diferencias a la hora de tratar el tema, y España, no es para menos. Analicemos, pues.

Durante esta última semana, ha nacido un diario digital con el nombre de República de las Ideas, el cual cuenta con columnistas de gran talla y prestigio. Uno de ellos es Inocencio Arias, actual cónsul en Los Angeles, y diplomático de reputada carrera. Este ha escrito un artículo titulado: “¿Nos caen gordos los judíos?” en donde reflexiona sobre el antisemitismo en la sociedad española a raíz de los informes que hemos citado anteriormente.

Básicamente, su tesis se centra en el hecho de que los incidentes antisemitas en España crecen cuando Israel lleva a cabo una política en contra del derecho internacional. Justificando de esta forma la intolerancia, rechazo o mala imagen de los judíos, ha perfilado, casi a la perfección, la nueva forma de antisemitismo moderno: el ataque al pueblo judío utilizando al Estado de Israel como excusa. Y además, calcando la respuesta que dio, allá por 2002, el líder neofascista francés Jean Marie Le Pen, a la pregunta de ¿por qué creía que los incidentes antisemitas en Francia se habían incrementado tan preocupantemente?: es consecuencia de lo que ocurre en Oriente Medio; contestó sin despeinarse, el político francés.

Distintos rostros del antisemitismo
El antisemitismo ha mutado a lo largo de los siglos, fue religioso, más tarde racial y ahora es político. En España se dan ciertas peculiaridades, sobre todo porque existe en la conciencia popular mucha mitología antisemita heredada de la tradición católica, por lo que perdura el antisemitismo de corte religioso en muchos sectores conservadores -pese a que este ámbito político y social está en una luna de miel con Israel y sus políticas- , pero, nunca se ha dado, al menos significativamente, el de tipo racial. Pero lo significativo, según los informes que manejamos y que también menciona Arias, es que es un fenómeno que se da violentamente en el espectro político, uniendo a extrema izquierda y extrema derecha. De hecho, las palabras que utiliza Democracia Nacional, partido de ultra derecha, son las mismas que utiliza Izquierda Unida, partido de extrema izquierda, para referirse a Israel y a la influencia o actitudes del pueblo judío.

En medio de todo, el agente social que realmente agita el antisemitismo político -el referido al Estado de Israel- es sin lugar a dudas la comunicación. Los medios de información en España -no todos, muchos medios liberal-conservadores como ABC, La Razón o Libertad Digital llevan años a contracorriente- , ya sea por vender titulares morbosos y sacar una buena tajada, o por clientelismo político -no es la primera vez que mencionamos que en España, las actitudes hostiles hacia Israel, representan un saldo de votos incalculable- inundan los televisores y periódicos españoles con noticias tendenciosas y parciales constantemente. No sólo obviando otros conflictos con más intensidad que el de Oriente Medio -la semana pasada en Pakistán murieron 71 civiles en un atentado y apenas gozó de unos segundos en antena- sino promoviendo un posicionamiento obligado de la sociedad -una sociedad que por un lado, o está muy etiquetada políticamente hablando, o por otro lado, es apática e indolente por una de las partes de un conflicto complicado, lleno de matices y sobre todo alejado de cualquier maniqueísmo si se aborda desde un punto de vista racional.

España no es un “demonio” antisemita
No es cuestión de demonizar a esta nación, España, situándola como un caldo de cultivo del antisemitismo más rancio. Lo es, desgraciadamente, sin embargo, y pese a que como hemos apuntado tiene un palmarés histórico en la materia de sobra conocido -Leyes antisemitas visigodas, Inquisición, expulsión…- no hay que olvidar que, frente a esta demencia de prejuicios y fabulaciones sobre los judíos, existe un importante número de políticos, periodistas y ciudadanos que, no se dejan aplastar por el rodillo de lo establecido -ser hostil contra Israel, y en menor medida contra el pueblo judío es políticamente correcto- y defienden a capa y espada el derecho de Israel a existir y a defenderse y denuncian, contra todo pronóstico, cualquier manifestación, acto, noticia o artículo de opinión con tufillo antisemita. Siendo las comparaciones odiosas, y sin querer incurrir en la Ley de Godwin -esa que dice que a medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno- estos lazos de amistad entre el pueblo judío y una parte del pueblo español no son sólo de ahora, el cónsul español en Hungría, Ángel Sanz Briz, durante la Segunda Guerra Mundial, salvó a miles de judíos -muchos más de los que salvó Oscar Schindler- dándoles pasaportes españoles y refugiándolos en la Embajada española, siendo España simpatizante de las fueras del Eje, o el dictador Miguel Primo de Rivera, fue quién decretó un edicto en 1924 por el cual todo judío sefardí podría acceder automáticamente a la nacionalidad española -edicto del cual se valió Sanz Briz para salvar a muchos judíos-. También, y como ejemplo bastante curioso -sobre todo para los aficionados apasionados del deporte- en la década de los setenta, el entonces presidente del Real Madrid, Santiago Bernabeu, en un partido de baloncesto que enfrentaba a dicho equipo contra el Maccabi de Tel Aviv, se quitó la insignia de oro que llevaba de su club y se la entregó a Moshe Dayan que asistió al partido, levantando así la ira de la jerarquía franquista que no reconoció al Estado de Israel, durante los cuarenta años de régimen dictatorial.

Conclusión
Pese a que la situación es preocupante, los judíos españoles podemos contar con muchas personas que, al igual que en todos los momentos oscuros que se han cernido sobre nuestro pueblo, nos ofrecerán su ayuda desinteresadamente y no desistirán en su lucha.

El problema es que nuestro estudiante universitario, con el que comenzamos este análisis, habrá salido de España muy preocupado por el antisemitismo y sin saber que, por ahora, este país es habitable para los judíos.

Fuente: http://www.revistahorizonte.org

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ESE MALDITO ISRAEL

Marcos Aguinis
Para LA NACION
Lunes 26 de abril de 2010

Los méritos y milagros de un Estado contra el que ahora apuntan todos.

La sistemática descalificación del Estado de Israel se ha convertido en una moneda corriente tan grave como la descalificación de los judíos que hizo el Tercer Reich para cometer el Holocausto. Así como algunos fanáticos piden ahora un Medio Oriente Israelrein (‘limpio de Israel’), los nazis querían un mundo Judenrein (‘limpio de judíos’). La misma mecánica. En ambos casos se procura señalarlos como indeseables, criminales, y hasta como bacterias infecciosas.

Dicen que es necesario exterminar ese “cáncer” (Israel, ahora; todos los judíos, antes) como medida de higiene, para que haya paz, para conseguir justicia, para bien de la humanidad. La mayor parte del mundo cree en esas diatribas o duda, o se mantiene indiferente, o es cómplice. Antes de 1939, Hitler promulgó suficiente cantidad de “leyes raciales” que invitaban al más remiso para hacer desaparecer judíos. No hubo una eficaz repulsa a semejante atrocidad. Y la atrocidad pudo llevarse a cabo sin dificultades. Ahora, cualquier ojo informado puede advertir la doble vara con la que se mide a Israel, exagerando siempre sus errores y, al mismo tiempo, dejando al margen sus virtudes. Martilla el concepto de que Israel es culpable, porque bogue o porque no bogue, convertido en victimario despreciable e irredimible, eterno. Por consiguiente, debe ser borrado del mapa, como proclama un jefe de Estado sin que las Naciones Unidas le exijan retractarse siquiera.

Se cumplieron 62 años de la independencia israelí.

Voy a ser políticamente incorrecto -ya me acostumbré al rol- y señalaré los méritos de Israel.

Sólo los méritos. Sus defectos ya inundan la prensa y los corrillos.
Es uno de los países más pequeños, con la milésima parte de la población mundial. Fue desértico en la mayor parte de su extensión. No tiene recursos naturales. Está rodeado por un
vasto cerco de acoso permanente. Debe mantener activo un ejército popular integrado por sus ciudadanos para defenderse de día y de noche, todos los días y todas las noches. Padece
conflictos interiores debidos a su gran pluralidad. No obstante, mantiene la admirable calidad de su sistema democrático y se ha convertido en una potencia científica, cultural y económica.

Da envidia. Y, en gran parte, esta envidia genera odio.

Veamos algunos hechos.

Su población alcanza a los siete millones y medio de personas, de las cuales un 20 por ciento son árabes que llegan a intendentes, diputados, académicos y ministros. Un vicecanciller israelí fue árabe musulmán y visitó la Argentina en tal carácter.
Pese a la amenaza de sus vecinos y la tensión generada por los mártires místicos asesinos (acertada definición de Carlos Escudé), la esperanza de vida actual trepa a los 81 años, muy por arriba de la media mundial, que se queda en los 67 años. Supera a Inglaterra, Estados Unidos y Alemania. Más del 60 por ciento de los ciudadanos se sienten satisfechos o muy satisfechos por la calidad de vida, pese a las obvias dificultades que genera la tenaz amenaza de algunos países y organizaciones terroristas.

El desarrollo científico y tecnológico alcanzado coloca a Israel entre los países más progresistas del orbe. No mezquina en invertir en este rubro. Tiene la mayor proporción de ingenieros per cápita del mundo entero. Su creación de patentes es asombrosa. Basta hacer algunas comparaciones: de 1980 a 2000, se registraron 77 patentes egipcias y 171 saudíes en
los Estados Unidos, frente a 7652 israelíes. En esa catarata de patentes sobresalen las que mejoran los equipos médicos. Sus hospitales brillan por la excelencia y en ellos son pacientes,
médicos y jefes de equipo tanto los judíos como los árabes, sin discriminación alguna.

Israel ha sido reconocido como uno de los ocho únicos países con capacidad de enviar un satélite al espacio. Produce más papers científicos per cápita que cualquier otra nación del
globo. Está a la cabeza de las compañías valuadas en el Nasdaq, con la excepción de Estados Unidos; más que toda Europa, India, China y Japón combinados. En proporción con su población, Israel desarrolló el número más grande de compañías de emprendimientos (start-up) tecnológicos del mundo.

Pocos prestan atención al hecho de que es un país más seguro que Suiza, por ejemplo. En sus calles, el promedio de asesinatos anuales es de 1,8 por cada 100.000 personas. En tierras
helvéticas, la cifra llega a los 2,3: en Rusia supera los 16, y en Sudáfrica se acerca a los 40. La mayor parte de los heridos y muertos son consecuencia de los ataques con misiles que lanzan
las organizaciones terroristas desde los territorios que Israel ha evacuado.

El viceprimer ministro, Dan Medidor, acaba de formular una síntesis. Dijo:

“Debemos estar muy satisfechos en este 62º aniversario de la independencia. En el desierto, en una tierra sin recursos naturales, construimos un Estado con gran fortaleza, vitalidad y excepcionales logros en ciencia, cultura, medicina, agricultura, economía y altas tecnologías. Afrontamos amenazas
graves en una zona que siempre fue hostil. Nuestro gobierno debe reflexionar con sentido común y actuar. Y no siempre a nivel militar”.

El Estado ofrece, por ley, prestaciones de asistencia social, subsidios, servicios médicos, pensiones, educación, infraestructuras y demás beneficios sociales a los 250.000 palestinos que viven en la zona oriental de Jerusalén, los mismos de los que disfrutan los demás ciudadanos árabes del país.

Es la única nación en la historia de la humanidad que logró hacer revivir una lengua que no se hablaba. El hebreo bíblico, la lengua que se utilizó durante los dos primeros Estados judíos que
existieron en ese territorio, se ha convertido en un instrumento que permite expresarse a poetas, novelistas, científicos, periodistas y políticos, con una riqueza que conjuga las
maravillas del pasado con los desafíos del presente.

Desde su independencia, ha obtenido más premios Nobel per cápita que cualquier otro país del planeta.

Un fenómeno impresionante es la obsesión israelí por forestar su suelo. Desde antes de la independencia, funcionaba un fondo destinado a plantar árboles. Por esa razón, cuando en 1947 las Naciones Unidas propusieron la partición de Palestina -por entonces dominada por los británicos- en un Estado árabe y otro judío, a este último le asignaron casi todas las zonas áridas.

Israel planta árboles con una obsesión febril.

Conmueve observar las alfombras verdes que se dilatan en colinas y planicies que habían carcomido la erosión y el abandono. En muchas partes, ahora existen frondosos bosques y
hasta ha comenzado a modificarse el clima. Desde hace décadas, es tradición que los homenajes se traduzcan en plantación de árboles, no en monumentos. Allí, para mantener la memoria, por cada muerto se planta un árbol o un bosque.

Israel creó el único sistema colectivista democrático de la historia, por el cual se puede entrar y salir sin restricción alguna. Me refiero al kibutz.

Se fundaron y prosperaron cientos de aldeas conforme a ese tipo de vida. La mayor parte de los padres fundadores del Estado nacieron, vivieron o se formaron en algún kibutz. Casi el 93%
de los hogares en Israel utilizan la energía solar para calentar el agua. Es el porcentaje más alto del mundo, y se trabaja con entusiasmo en la creación de otras energías alternativas. La
falta absoluta de petróleo y otros recursos naturales exige fortificar la imaginación. Golda Meir solía criticar a Moisés: “Habiendo tanto petróleo en la zona, ¿tuvo que encajarnos en el único rincón donde no existe una gota?”.

Desde hace décadas, Israel atrae una enorme cantidad de inversiones extranjeras. Son las más grandes del mundo, si se las mide per cápita: 30 veces más que Europa.

Desde antes de la independencia, puso el acento en la cultura y el conocimiento. En Jerusalén fundó una prestigiosa universidad, con el compromiso personal y apasionado de Albert Einstein. En Rejovot erigió el primer centro de investigaciones científicas de Medio Oriente y en la ciudad de Haifa, el imponente Tecnión. Ahora funcionan seis universidades de reconocidos méritos y se han formado cuatro Silicon Valleys.

Así como hubo ceguera ante el absurdo que publicitaba el nazismo sobre el carácter de “raza inferior” o “raza infecta” que constituían los judíos, hay ceguera respecto de las virtudes impresionantes de Israel. Como referencia final de este artículo, que podría alargarse con más datos, mencionaré los formidables movimientos por la paz que desarrollaron sus habitantes y
dirigentes, muy superiores a los que se formaron (¿se formaron?) en todo el resto de Medio Oriente. Quedaría para otra ocasión analizar por qué se quedaron sin fuerzas.

A ese “maldito Israel” pretenden borrar del mapa. Prometen que, sin su existencia, todo funcionaría mejor, así como los nazis prometieron que el mundo funcionaría mejor sin judíos.

Es tan evidente el grotesco, que ni cabe perder el tiempo en una refutación.

© LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1258201

El I+D sustituye a las naranjas

EL ‘MILAGRO’ HEBREO

Israel ha sido uno de los primeros países en salir de la crisis, gracias a su apuesta por la inversión en tecnologías.
SAL EMERGUI / Tel Aviv

Israel ha cerrado una década prodigiosa en lo económico. Los llamamientos al boicot de sus productos, una Intifada, dos enfrentamientos bélicos, cuatro elecciones, conflictos diplomáticos, una profunda recesión mundial y la tensión nuclear con Irán no han logrado dañar el llamado milagro económico israelí.

A diferencia de lo ocurrido por todo el mundo, Israel no ha sido retratada por la crisis. Todo lo contrario. Su fortaleza ha sorprendido incluso a los analistas locales, que pueden presumir de la economía con la recuperación más rápida en todo el mundo.

El sistema bancario y el inmobiliario han demostrado una estabilidad de hierro, sin necesidad de rescates de emergencia. La inversión en desarrollo e infraestructuras ha aumentado. El mercado laboral es elástico, el consumidor sigue gastando y los que tienen más talento se dedican a los negocios o la tecnología en detrimento de la desprestigiada política.

Para 2010, el Banco de Israel, dirigido por el reconocido Stanley Fischer, prevé un crecimiento del 3,5%. Y pese a que la década ha finalizado con un desempleo del 7,7%, Fischer cree que este año bajará al 7,1%. Por su parte, Dan Galai, director del Centro de Inversiones Sigma, es más optimista: «Superaremos el 4% de crecimiento. La economía israelí es sólida y ya no dependemos sólo de los diamantes o las naranjas».

Las naranjas siguen exprimiendo un jugo muy rentable, pero el I+D y las altas tecnologías se han convertido en el auténtico motor. Tras EEUU, Israel es el país con más empresas registradas en Nasdaq. En Tel Aviv, hay más startups que semáforos, para lo que el carácter discrepante -a veces hasta la exasperación- de sus ciudadanos es fundamental. La discusión en una empresa es casi siempre su receta de éxito. El riesgo no asusta en un país que atrae 30 veces más venture capital per cápita que Europa. Además, su Bolsa es la única de las 30 en Europa y EEUU que finalizó la década con un incremento de dos cifras de su tasa de rentabilidad. El índice Tel Aviv-100 de la Bolsa creció en un 120%.

Con 7,5 millones de habitantes, Israel es el segundo país mundial en número de patentes, a años luz de sus vecinos. Desde el año 1980 al 2000, se registraron 77 patentes egipcias y 171 saudíes en EEUU frente a las 7.652 israelíes. The New York Times destaca esta semana que «pese a ser el 0,2% de la población mundial, el pueblo judío constituye el 54% de los campeones en ajedrez, el 27% de los Nobel de Física y el 31% de Medicina». Ada Yonath, Nobel de Química y profesora del Instituto Weizmann de Rehovot, considera, como la elite empresarial, que «el futuro de Israel depende de la inversión en la ciencia».

Por otro lado, la crisis apenas ha reducido en un 5% el número de ciudadanos que viajaron al extranjero en 2009, con cuatro millones de salidas del aeropuerto de Ben Gurion. Pero hoy está en peligro el segundo destino más solicitado, Turquía. Los israelíes desean castigar con la cartera los ataques del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, que desde la ofensiva militar contra Gaza se ha convertido en uno de sus críticos más acérrimos. «Me da igual que mientan y me llamen criminal, pero no estoy dispuesto a darles dinero», afirma Moshe Liraz ante una agencia de Tel Aviv. Si hace dos años 1.336.000 israelíes aterrizaron en Turquía, en 2009 la cifra se quedó en 890.000.

Eso sí, no siempre tienen éxito los boicots. En plena refriega con Suecia se promovió un boicot a Ikea en Israel. Al día siguiente, los israelíes doblaron las compras en la tienda sueca. Prefirieron montar armarios que desmontar relaciones.

“Ciencia, Tecnología y la Visión Sionista: una perspectiva diferente sobre el país y su historia”

Reseña de la actividad realizada el Martes 13 de Abril del 2010

Conferencia del Profesor Leo Corry(*)

Moderador: Cr. Touvia Goldstein

Profesor Leo Corry durante su disertación

Da comienzo el acto haciendo uso de la palabra el Presidente de los Amigos de la Universidad de Tel Aviv de Habla Hispana, Sr. Guillermo Sverdlin, indicando que desea honrar a las víctimas del Holocausto, conmemoración que se ha realizado el día de ayer. Se refiere además a que en pocos días más se recordará a valientes soldados que ofrendaron con sus vidas, al crecimiento del país. Pero estos días difíciles, finalizan con la celebración del 62 aniversario del establecimiento del Estado de Israel. A ese evento está dedicado este acto.

A continuación hace uso de la palabra el Moderador del acto, Cr. Touvia Goldstein, quien presenta al orador.

El Prof. Corry comienza su alocución con una cita de David Ben Gurión pronunciada en 1948. “Como enfrentaremos la paz del futuro, fundamentalmente con el desarrollo de las ciencias”…. “Se debe apoyar de la mayor forma posible a los investigadores y científicos, en todas las ciencias, para poder dar acogida así, a la creciente cantidad de judíos que vendrán a poblar nuestras tierras”.

Israel busca identificarse con sus logros culturales y científicos. Logros concretos y manifiestos. Desde las Fuerzas de Defensa, hasta la incorporación de millones de judíos de otros lugares del mundo. También se han logrados triunfos más intangibles como en cultura, música, literatura etc. que son todo un orgullo nacional.

En estos momentos muchos de nosotros vivimos una cierta ansiedad viendo fundamentalmente la carencias de un liderazgo claro, que fije rumbos.

La tecnología y su desarrollo ocupan un lugar estratégico en su evolución natural y su crecimiento económico actual. Hay estrecha relación en lo político con la ciencia tecnológica. Se viven momentos en donde sectores nacionalistas y fundamentalistas no ayudan a mejorar esa relación.

Por ejemplo, en el comienzo de la escuela primaria (“Kitá Alef”) el 48 % de los alumnos, lo han hecho en escuelas que siguen las corrientes árabes u ortodoxas. Indudablemente esos niños recibirán una educación que poco tienen que ver con la ciencia y la tecnología. Esto hará que la brecha que separa a las clases pudientes con los pobres, tienda a ampliarse.

Estudiando la relación entre la ciencia y los científicos con la “aliá” a Israel, vemos que la evolución es fundamental. La pregunta central es ¿como en un lugar apartado del mundo, lejos de todo estudio científico y casi sin entenderse, se crea ya en 1925 la Universidad Hebrea de Jerusalén? Como decían los primeros profesores alemanes que vinieron, “acá sólo hay desierto y camellos”, pero a pesar de eso, se forma una educación de excelencia

Se establece un nación y se debe ver la necesidad que todos son parte de la misma. Al fundarse un Estado, se dictan leyes, se implantan tribunales, se origina una conexión con el pasado y todo es necesario integrarlo. Hay que ir recreando las tradiciones e integrarlas en un todo. Y si no hay tradiciones, hay que crearlas. Que todos los miembros de la sociedad se sientan parte de la misma. Se inicia todo un movimiento secular.

Se actualiza un idioma, se “armó” la música israelí y la ciencia toma parte de ese proceso. Los ejemplos más claros son la arqueología y la sociología. La primera pasa a ser un pasatiempo nacional.

Se “descubren” lugares, como Masada y luego pruebas científicas rearman la realidad y ayudan a justificar su historia. En la sociología el proyecto Arthur Ruppin (1876/1943 considerado el padre de la sociología judía) ayuda al concepto de raza en los años 20 y 30. Todo eso llega al público en general y le da pertenencia al pueblo. Lo mismo ocurre con la biología y las pruebas de sangre.

Todo esto tiende a consolidar la unidad nacional.

Ben Gurión, como todo político habla de impulsar la ciencia pero se va enfrentando con dichas corrientes. Sobre todo por el problema de distribución de los recursos. Las prioridades de los políticos y los científicos no siempre coinciden. En 1952 muere Weitzmann y hay que elegir un nuevo Presidente.

Se piensa en Albert Einstein y eso crea mucho revuelo. A Ben Gurión la idea no lo seducía pero ante la presión delega en Abba Eban que viaje a ofrecerle el puesto. Pero Einstein se adelanta al viaje y responde que “está muy emocionado con esa postulación del Estado de Israel, pero está avergonzado y triste por no poder aceptarla. No tengo ni la habilidad ni la experiencia para cubrir ese puesto, mi corazón dice que si, pero mi cabeza que no”.

Para alegría de Ben Gurión, el problema ya estaba superado. El tema, era que Einstein representaba cierta corriente dentro del sionismo, que se identificaba con el sionismo alemán, que era muy reducido en número pues se basaba en una base cultural no muy extendida en las capas de la población.

Ben Gurión buscaba un sionismo realizador antes que científico. La parte de la ciencia acompañaría el proceso. Pero la rama que sostenía Einstein se basaba en una gran fuerza científica fundamentalmente con el desarrollo de la Universidad Hebrea, que era mantenida con la ayuda de donantes americanos que no compartían plenamente los ideales de Ben Gurión. Este como excelente político que era, sabía que no podía enfrentarse con esa corriente pero trató de controlarla.

Casi con el nacimiento del sionismo moderno acompaña la ciencia el proceso. En 1918 se comienzan las obras, en 1923, Einstein pronuncia el discurso inaugural y en 1925 ya dos universidades. Esta y el Instituto Técnico de Haifa (Tejnion).

Al principio estaban proyectadas diversas especialidades pero no la de matemáticas, pero aparecen un filántropos que acercan los dineros. Weizmann convence al Prof. Edmund Landau (1877/1938 notable matemático alemán que al ingresar a Israel cambia su nombre por Yehezkel) que se acerque a la misma y este se hace cargo de su dirección. Entonces se comienza a hablar de que la ciencias matemáticas iban muy relacionadas con la mentalidad judía.

Hoy en día estamos en un momento crucial de la historia. Se requiere como en un principio líderes políticos que fomenten el desarrollo de las ciencias. Israel en estos momentos es víctima de sus éxitos. El 25 % del profesorado israelí, se encuentra trabajando fuera del país. Se habla de fuga de cerebros y se trata que vuelvan.

Se supone que gran cantidad de estos desean regresar, pero no están dadas las condiciones. No es un problema de remuneraciones, sino la posibilidad de trabajo. Los presupuestos universitarios se reducen en este tema, y los científicos quieren trabajar en su área, pero no se les brindan los elementos que necesitan.

En Israel hay 200.000 estudiantes y la cantidad de profesores es la misma que en 1970. La edad promedio del profesorado es de 56 años. Eso quiere decir que en 10 años más, la mitad de los que son actualmente profesores, van a estar jubilados. Armar un equipo de profesores demanda de 10 a 20 años, por ende la prioridad es absoluta.

Luego se le formulan al Prof. Corry algunas preguntas y es de destacar parte de sus respuestas como:

Þ La oportunidad que tiene el alumnado israelí es igual, sin importar su religión.

Þ En un principio la educación judía era generalmente teológica y comienza su separación con la científica fundamentalmente en Alemania a principios del siglo XIX. Antes que en Inglaterra y en Francia. Los problemas radicaban que hasta 1860 aproximadamente, sólo podían ser profesores universitarios las personas bautizadas.

funciona normalmente en su primer etapa. Ni se sabía si iba a ver Estado, pero ya había

Þ Vuelve a señalar que hay una gran cantidad de científicos jóvenes dejan el país porque no hay trabajo, no exclusivamente para vivir mejor. Cada vez hay menos puestos para científicos. Además hay problemas con las condiciones de trabajo. Se esta trabajando con laboratorios que tienen equipos de 30 o 40 años y con eso de debe enseñar y con eso se debe investigar. Por ejemplo en biología es un impedimento total. Los Premios Nobel que tenemos son inversiones de hace 40 años. No sabemos que pasará dentro de dos décadas.

Victor Vaisman

Comisión de Prensa y Difusión

(continúa próxima página)

(*) Leo Corry hizo “aliá” en 1977, después de completar estudios en matemáticas en la Universidad Simón Bolívar de Caracas.

Se estableció en el Kibutz Nirim, donde fue miembro por 24 años. Allí cumplió funciones en varios campos de actividades, tanto económicos como comunitarios, siendo también “Mazkir Kibutz” por varios años.

Paralelamente siguió desarrollando su carrera académica, con estudios adicionales en matemáticas y un doctorado del instituto de historia y filosofía de la ciencia, en la Universidad de Tel Aviv donde luego se incorporó al cuerpo docente, y eventualmente fue su director en los últimos seis años.

Su principal campo de investigación es la historia de las matemáticas contemporáneas, campo en el que ha publicado extensivamente y en el que es reconocido académicamente a nivel internacional.

Junto con eso, Leo Corry ha estado involucrado en los últimos 15 años en varias iniciativas de desarrollo de nuevos productos de alta tecnología en Israel.

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El Presidente de Amigos de Habla Hispana de la Universidad de Tel-Aviv, Sr. Guillermo Sverdlin (al centro) da la bienvenida al Prof Corry (a la derecha) acompañado por el Cr. Touvia Goldstein (a la izquierda).

Las tres culpas. Pilar Rahola*

“Primero nos dijeron, no podéis vivir como judíos entre nosotros. Después nos dijeron, no podéis vivir entre nosotros. Y al final dijeron, no podéis vivir”.

Esta mañana, paseando por la Plaza de Armas de Santiago, nos hemos entretenido en unas tiendecitas que venden libros. Era un día soleado, bonito, bello. Había sol, luz, había libros, había gente. Diría que era uno de aquellos momentos en que uno tiene el alma tranquila. Y de golpe, me ha llamado la atención un libro de Mafalda, pues yo soy de esa generación. Pero a su lado, he visto el libro secreto de Hitler. Y no me he callado. He mirado al librero y le he dicho: ¡qué hace ese libro aquí! Y los tres hombres que había en la librería me han mirado con cara de sorpresa, preguntándose por qué esta loca española los estaba increpando. Y les he dicho: ¿no saben ustedes que ese loco ha matado a millones de personas, no les da vergüenza vender este libro? La verdad es que ya no había sol, ni paseo, ni Mafalda. Sólo el horror de pensar que hoy, paseando por la Plaza de Armas, alguien tenía un libro de Hitler delante de mis ojos y no pasaba nada.

¿Por qué estoy aquí esta noche? Primero porque ustedes han cometido un exceso conmigo, el cual agradezco. Estoy excesivamente emocionada. Pero estoy también aquí porque un día mi padre, en mi comedor feliz, de mi infancia feliz, comiendo tranquilamente me dijo: ¿Sabes que eres judía? Y yo sabía que no era judía. Sabía que en mi familia nadie era judío e incluso no conocía ningún judío. Así es que le dije no. Y él me dijo sí. Toda persona buena, toda persona digna, toda persona que tenga memoria, valentía y honor, sin duda si ha nacido en Europa, es judía, porque sólo siendo judío uno puede entender lo que significa el dolor de ser judío. Creo que nunca he olvidado esas palabras y creo que tiene algo que ver con ese comedor de mi casa el que hoy, ante ese librero, me haya indignado y le haya increpado.

Mi padre, mi familia, mi gente, me enseñó a conocer mi alma judía. Porque nadie en el mundo que haya nacido en Europa, haya luchado por la libertad, haya amado las ideas, puede decir que no es judío. La mejor Europa es judía. Y sólo la peor Europa es la que negó su alma judía. Y no sólo la negó, sino que terminó matándola. Lo que queda hoy de Europa es el naufragio de su propia miseria y de su propio horror. Yo tengo que empezar esta conferencia pidiendo perdón. Y tengo que pedir perdón tres veces. Vengo de una familia católica y, además, mis padres viven intensamente su espiritualidad. Pero también vengo de una tradición que durante dos mil años señaló al pueblo judío como el pueblo que debía ser odiado, despreciado, ignorado, perseguido. Y aprendí amar a D’os y amando a D’os aprendí a odiar al otro. Y mi D’os era bueno y malo a la vez. Era fuente de inspiración y a la vez fuente de intolerancia. De manera que yo desde pequeña aprendí a amar un D’os que no merecía ser amado. Y hasta que no descubrí que D’os estaba mucho más allá del odio que me habían enseñado, no lo puede recuperar.

De manera que perdón, en nombre de la tradición cristiana y católica, que creó esa dosis enorme de intolerancia que después nos llevó a la solución final, a los Auschwitz que hubo. Porque Auschwitz fue la estación final de muchas cosas, pero fundamentalmente de una tradición religiosa que en nombre de D’os creó la base de la intolerancia. También perdón, porque yo vengo de Sefarad y si hay aquí sefaradíes comprenderán perfectamente de lo que hablo. Sefarad, la mítica Sefarad, la tierra que vivió el sueño de la tolerancia, de la democracia y de la convivencia, tuvo en su época más brillante un hecho como fue la firma de un edicto, un 9 de Av, el cual acabó con un sueño. En España, como en Europa, practicamos una sana y magnífica mala memoria. Y vengo de Europa. Qué puedo explicarles a ustedes, los sobrevivientes. Sólo que ustedes forman parte de lo mejor de Europa, y su muerte de lo peor. Que formaron parte de las vidas que construyeron la modernidad, los derechos humanos, el pensamiento que nos podía hacer libres.

Todo lo que somos de buenos y bellos, tiene que ver con el alma judía. Y todo lo que tiene que ver con el horror tiene que ver con la distorsión del alma judía. Sin embargo, tengo que decir que, a diferencia del pueblo germano, Europa no ha hecho los deberes con la memoria de la Shoá. Ha preferido militar en lo que Glucksman llama “esos agujeros negros tan bien puestos en la memoria”. En Francia nunca hubo Vichy, en Austria no hubo nada, en Italia ¿alguien recuerda?, España no estaba, Holanda…. Y así fue pasando el tiempo y, a pesar de que sabíamos que había sido muy terrible, fuimos militando en una cómoda y perfectamente construida desmemoria. De la desmemoria de entonces, vienen hoy las criminalizaciones al Estado de Israel, la minimización de la Shoá, la ignominia profunda de lanzar a los descendientes de la Shoá que viven en Israel la acusación de genocidas y nazis.

Cuántos humores gráficos he tenido que comerme en mi país viendo a un mandatario de un país democrático convertido en un nazi. No he visto, sin embargo, ningún chiste de algún sanguinario de la humanidad convertido en nazi. ¿Han visto a un Idi Amin en alguna caricatura? Pero a la primera lanzamos la Shoá contra la cabeza de Israel. No me siento nada orgullosa de formar parte de la intelectualidad europea, con personas como José Saramago, que puede que escriba como los ángeles, pero piensa mal. Por eso, les pido perdón como europea. Tengo que decirles que los tiempos no son especialmente buenos. Me gustaría darles buenas noticias; sin embargo, la verdad es que no puedo hacerlo. Por ejemplo, ayer murió un hombre, su nombre era Kfir, era israelí. Ustedes no lo han visto en los informativos, porque éstos estaban llenos de noticias de un hombre llamado Rantisi, de su muerte, de lo que significaba. Pero hoy quiero recordar de Kfir, porque a él no lo va a recordar nadie. Y quiero acordarme de una niña de 11 años, de los niños de murieron en un bar mitzvá, de los que murieron celebrando Pésaj, o sea, de los tantos que mató o mandó a matar Rantisi.

A pesar que en la prensa de Europa, en la prensa de mi país, no existe ninguno de estos niños israelíes, que mueren porque son judíos. A pesar de ello y a pesar de que sólo existe la muerte cuando muere un Rantisi, hoy aquí, precisamente por la memoria que hoy recordamos, quiero homenajear a Kfir, que murió ayer, con 30 años, por ser judío y por luchar por vivir en un Estado con paz y seguridad, y por estar en ese Estado porque Europa echó a todos los ciudadanos judíos de su territorio, obligándolos a buscar el amparo de Naciones Unidas. Como dice la frase: “Primero nos dijeron, no podéis vivir como judíos entre nosotros. Después nos dijeron, no podéis vivir entre nosotros. Y al final dijeron, no podéis vivir”. Pero aún están aquí. Por qué son malos tiempos.

En una comida me preguntaron si pensaba que estábamos en momentos previos a la recreación del nazismo. ¡Qué responsabilidad en la respuesta! Pues me atrevo a decir que sí. No porque se repita la historia, pues la historia nunca se repite. Me atrevo a decir que hoy militamos en el síndrome de Chamberlain, sin asumir ninguna responsabilidad. Militamos en la desmemoria. Y desde la desmemoria viene el olvido, el recelo, renace el prejuicio y se consolida la intolerancia. Hoy no nos enfrentamos al nazismo, a pesar del tipo de la Plaza de Armas que vendía el libro de Hitler. No. Hoy nos enfrentamos a una ideología totalitaria, que sustrae una religión, como en su tiempo se hizo con la mía, que utiliza un dios, – pobre D’os, en qué cosas lo ponen -, y que intenta a partir de ahí imponer un proceso totalitario en el mundo, que ya ha matado mucho, y que seguirá matando más, pues nos ha declarado la guerra.

En el camino, y en primera línea, están ustedes. Los judíos son el termómetro de nuestra salud. Cuando el termómetro tiene fiebre, nuestra salud es mala. Hoy el mundo tiene fiebre. Y la fiebre tiene que ver con el fundamentalismo islámico. Esto tiene que ver con una logística económica, política y militar de miles de millones de dólares destinados, no a crear niños y ciudadanos libres, sino seres humanos alimentados en la intolerancia y el odio. Tenemos que conseguir liberar al mundo globalmente, y al mundo musulmán, de cuatro locos fanáticos perfectamente alimentados económicamente, que lo están secuestrando y en el camino fácilmente podrían decidir destruirlo. Dice Glucksman: “El Islam, o consigue parar las locuras de sus milicias, los combatientes de D’os, o habrá llegado a su propio fin”. Hoy nos enfrentamos a esto. No nos equivoquemos. No es una guerra de religiones ni un choque de civilizaciones.. Nuestro enemigo no es el otro. No es el que reza, come o viste distinto. Ese es nuestro compañero, nuestro javer. Nuestro enemigo es una ideología totalitaria, profundamente enriquecida, que se ha amparado en Estados miembros de la ONU, que ha matado mucho, y que nos ha lanzado un reto a la libertad.

Como decía mi padre, yo soy judía ante esto. Cualquier ciudadano con valores es judío ante un antisemita. Pero en Europa están haciendo la siesta, y en Chile, haciendo la siesta, si me permiten. En estos días no he visto ningún grado de preocupación por lo que está pasando: Que esto es lejos, que es Chile,… pero mataron a 1.200 kilómetros de aquí. La línea del fuego es el mundo. ¿Por qué ocurre lo que ocurre en Europa? Alguien me dijo por qué yo no me preocupo de las víctimas musulmanas que nadie menciona. No es cierto, le dije: me preocupa el millón de muertos que la guerra integrista ya lleva en Sudán. No he visto manifestaciones en Europa por estas víctimas, ni he visto ningún diario preocupado de esto. Porque sólo se preocupan cuando están involucrados un Maguen David o las barras y la estrella. A nadie le preocupan los 20 mil muertos que mató Hafez el Asad, los 100.000 del integrismo argelino, las masacres de poblados cristianos en El Líbano, el septiembre negro de Hussein en Jordania.

Entonces, Europa está preocupada sólo de lo que hace el Gobierno de Israel. E Israel se levanta cada día pidiendo perdón por existir, pero yo no conozco a ningún país en el mundo que haga eso. Y el único país que cada día tiene que pedir perdón por defenderse es Israel. Y es cierto que a veces no nos gusta cómo se defiende. Yo sólo pido que haya una crítica y en paralelo, sobre las actuaciones terroristas y no sólo de lo que hace Israel. Y aquí hoy, que estamos conectados con la muerte y el dolor, se lo debemos a nuestros muertos y a nuestros sobrevivientes. Lo que nos está sucediendo tiene que ver con lo que a ustedes les mató y por el camino nos mató a todos. La muerte del alma humana. Cada niño educado para el odio en una escuela, es un trozo de la muerte del alma humana. Cada ciudadano que hace creer que D’os ama la muerte, es la muerte misma del alma humana. Y cuando esto se sustenta en los medios de comunicación democráticos, es un trozo de la muerte de la verdad.

Hoy, morir en AMIA, en Bali, en Kenia, en Turquía, en Nueva York, en Atocha, y por supuesto en Jerusalén, tiene que ver con el nihilismo, con el totalitarismo, con la negación de la humanidad, con la destrucción de la belleza y del alma humana. Me decían antes que las personas que denunciamos estas cosas somos valientes. No es así, sólo somos responsables. Hoy el mundo tiene que asumir esta responsabilidad y tiene que vencer. Porque vamos a ganar. Hoy quiero hacer una denuncia. Yo conozco muchos palestinos, padres y madres, que tienen pánico a que sus hijos sean fichados por estos locos fanáticos y los conviertan en bombas humanas. El terror socializa. Ellos no son mis enemigos. Hay muchos ciudadanos islámicos que tienen miedo y que dicen que lo que está pasando es una locura, pero callan. Y conozco intelectuales condenados a muerte, como Salman Rushdie, que dicen que eso es una paranoia y el islamismo paranoico nos lleva a la paranoia colectiva. Y como los conozco a todos ellos, puedo señalar directamente a los Estados del petrodólar que, o callan, o toleran, o pagan al terrorismo.

En las zonas del mundo en que se enseña a amar la muerte, eso no se consigue en un día. ¿O creen ustedes que un suicida se prepara en pocos días? Hace falta mucha planificación, dinero, logística y socialización. Como reza la famosa frase de Golda Meir: “Habrá la paz cuando los ciudadanos palestinos amen más a sus hijos de lo que odian a los judíos”. Y yo, con cariño, agrego: Habrá paz el día que los que pagan esos campos de entrenamiento, esas escuelas, con parte de dinero europeo, territorios enteros donde se enseña a odiarlos a ustedes, sean detenidos. Porque no es un choque de civilizaciones, porque no estamos en contra del Islam, porque estamos a favor del Islam, es que estamos en contra de aquellos, del financiamiento del odio. Es cierto que en la Shoá murieron personas no judías; sin embargo, el Holocausto fue una cosa y la Shoá otra. Toda locura humana conlleva la muerte y así murieron ciudadanos por ser gitanos, homosexuales, por pensar distinto, por estar en el lugar equivocado, por haber luchado contra Franco.

Pero a ustedes les mataron como pueblo y esa es la diferencia. La muerte es terrible, pero la Shoá fue la creación de una industria de exterminio. Por eso, lo que hoy recordamos es mucho más que una matanza, es la recuperación de los trocitos rotos del alma humana que dejamos en Auschwitz.Acabo diciéndoles que también pido perdón por formar parte del periodismo y la intelectualidad de izquierda, aquella que ha redescubierto el antisemitismo por la vía del antisionismo. También les pido perdón por la elaboración de la información. Yo creo en la palabra, en la comunicación, en las ideas. Yo creo en la palabra, pero tengo que decir que la palabra también se usa para mentir. Y si la mentira de la Shoá se construyó a través de dos mil años de deicismo católico, se construyó con los Protocolos de los Sabios de Sión, con el judío internacional de Ford, se construyó con la propaganda de Goebbels. Y así se llegó a Auschwitz. Hoy acuso que la prensa europea está creando los nuevos protocolos, que tienen que ver con la distorsión, la mentira, el prejuicio y la minimización. Yo les quiero pedir algo especial y se lo pido a los jóvenes.

Ustedes tienen la gran responsabilidad de sentirse enormemente orgullosos de ser judíos, de sentirse parte de un pueblo que está en la base de lo mejor que le ha ocurrido a la humanidad, pues todas las ideas de futuro tienen que ver con los judíos. Ustedes encarnan los mejores valores de la Libertad. Les pido a los jóvenes que no militen en el autoodio. Que cuando alguien les diga que son israelitas o hebreos, digan con orgullo que son parte de la comunidad judía. Usenlo con orgullo, por obligación con la memoria, y por necesidad, pues el mundo necesita que la generación de judíos que se está formando en la tolerancia y en la libertad, construya los pilares. El mundo necesita judíos visibles, que estén ahí en su condición de judíos. No militen en el síndrome de ghetto. Salgan y sean chilenos, en su condición de judíos. Hay una Santiago judía, que es chilena y es judía. Y vuelvo a mi padre. Entendí lo que me decía. Yo no soy judía, pero sé que sin ustedes no estoy completa. Shalom.

*Nacida en Barcelona, Rahola es doctora en Filología Hispánica y también en Filología Catalana por la Universidad de Barcelona, y Directora de la Editorial Catalana “Portic”. Entre otros cargos y numerosas actividades, fue periodista de prensa y TV, diputada en el Congreso de los Diputados (Parlamento) de España y vice-alcaldesa de la ciudad de Barcelona.

Shemá Israel – Un pasado muy lejano

Por Alicia y Salvador Benmergui

Arqueólogos del Instituto de Prehistoria e Historia Antigua de la Universidad de Viena (Austria) descubrieron el testimonio más antiguo de presencia judía en territorio austriaco. En un cementerio en Halbturn, en el estado federado de Burgenland, fue hallado un amuleto que data del siglo III en el que se encuentra grabada una oración. Consta de una chapa de oro de 2,2 centímetros de largo.
El grabado es una oración judía, que reza: ” Escucha, Israel. El Señor nuestro Dios es Uno”, escrito con letras griegas. Para los investigadores el hallazgo de este elemento es un indicio de que ya en la época del Imperio Romano vivían judíos en Europa Central. Hasta ahora se habían considerado como primeros testimonios de cultura judaica dentro de Austria unas cartas de la Edad Media, que datan del siglo IX.

Los judíos comienzan a asentarse en el mundo antiguo desde el siglo III de nuestra era, aunque su instalación dentro de sectores del territorio griego data del siglo V a.n.e. Los romanos, que habían triunfado sobre los judíos que se habían levantado en una segunda rebelión contra el Imperio Romano, vendieron judíos a gran escala como esclavos por todos sus dominios. Se presume que de esta manera, también como legionarios de las huestes romanas, así como por migraciones voluntarias es que los judíos llegaron a Austria.
Un niño de uno o dos años que presumiblemente tenía colgada del cuello una cápsula de plata, donde estaba guardado el amuleto, estaba enterrado en una de las 300 tumbas en un cementerio romano que data de los siglos II al IV y que se hallaba situado próximo a una villa campesina, que era un productor agrícola que proveía de alimentos a las ciudades romanas de los alrededores.(Carnuntum, Györ, Sopron).
El cementerio, descubierto en 1986 en la región de Seewinkel, a una distancia de unos 20 km de Carnuntum, fue excavado completamente entre 1988 y 2002 por un equipo de arqueólogos. Se encontraron en total mas de 10.000 objetos, los hallazgos más notables fueron pedazos de vidrio, trozos de cerámica y metales. El amuleto de oro, cuya inscripción era incomprensible al principio, fue descifrado solo en 2006 por Nives Doneus del Institute for Prehistory and Early History of the University of Vienna.
El griego era un idioma común en las inscripciones de los amuletos, también eran muy conocidos aquellos que se hacían en latín o en hebreo. En este caso el escriba estaba muy familiarizado con el griego. Sin embargo, esta inscripción es griega solo en su apariencia, porque no es otra cosa que una traducción del más importante y antiguo rezo judío que se halla en la Biblia(Deuteronomio, 6:4): “Shemá Israel! Adonai Eloinu, Adonai Ejad”.
Se han hallado otros amuletos no judíos en Carnuntum. Uno de oro y tres de plata, con textos mágicos, fueron hallados en un sarcófago de piedra, enterrado en el lado este del campo de la legión romana, incluyendo una súplica a Artemisa para su protección contra el demonio de la migraña, Antaura. También se han hallado amuletos en Vindobona y la parte húngara de Pannonia.
Lo que es diferente acerca del amuleto de oro de Halbturn es su inscripción judía, porque no es una fórmula mágica ni un conjuro, es una declaración monoteísta que constituye el fundamento del judaísmo como religión.

fuente: Milim 47

España ante el holocausto

Por Jon Juaristi

En 1952 se estrenó Amaya, de Luis Marquina, producida por Cifesa, con un reparto de actores que incluía a Julio Peña, Susana Canales, José Bódalo y Manolo Morán. La película, inspirada en la novela del mismo título que escribió a comienzos de la Restauración Francisco Navarro Villoslada, tuvo un gran éxito y fue muy alabada por la prensa católica (es decir, por toda la de entonces). Terminaba con una gozosa cacería de judíos por las calles de la Pamplona del siglo VIII.

Por entonces, el estereotipo del usurero hebreo de nariz ganchuda era todavía habitual en tebeos y libros escolares, que difundían además el tópico del secuestro, degüello o crucifixión de niños cristianos –las leyendas de Dominguito del Val o del Niño de la Guardia- a manos de judíos y conversos, y en todas las iglesias patrias se conservaba la costumbre de “matar judíos” en el alboroto de las tinieblas de Viernes Santo, a cantazo limpio sobre tablones o, como hacíamos en Bilbao, con carracas de madera. Pero nadie había llegado a los extremos de Luis Marquina. Ahí es nada, exaltar los pogromos medievales como si fueran legítimos precursores de los sanfermines, siete años después del descubrimiento de Auschwitz. Más allá de los Pirineos quedaba mucho antisemita suelto, pero ninguno se atrevía ya a hacer películas.

Creo que el caso muestra muy claramente la esquizofrenia característica de la cultura española ante el antisemitismo en general y el Holocausto en particular. Por supuesto, se sabía bastante de la persecución y exterminio de los judíos europeos por los nazis y sus aliados. Desde el verano de 1940, miles de judíos habían entrado legal o clandestinamente en España, con la intención de llegar a Portugal y zarpar desde allí a América. Muchos de ellos fueron detenidos e internados en campos de concentración como el de Miranda de Ebro, donde se les interrogaba y extorsionaba, e incluso –aunque en rara ocasión- se llegó a asesinarlos. Las autoridades franquistas no sentían simpatía ni piedad por los refugiados judíos de Francia y la Europa Central, a los que consideraban chusma bolchevique emparentada con los voluntarios de las Brigadas Internacionales. Los sefardíes eran otra cosa: despreciables, como todos los judíos, resultaba conmovedor el apego que habían guardado a la lengua española. Sólo por eso, se les podía considerar en cierto modo patrimonio de la Hispanidad y otorgarles, si fuera posible, protección diplomática.

El franquismo dividía inconscientemente a los judíos en cuatro categorías. En primer lugar, estaba el judío eterno y perverso, el deicida, encarnizado enemigo de la Iglesia y de su hija más fiel, España. El judío que conspiraba sin tregua con los otros adversarios de Cristo –masones y comunistas- para perder a los españoles. Aunque el origen de tal categoría imaginaria es muy remoto (se remonta a los primeros tiempos del cristianismo), se había actualizado en el siglo XIX con el espantajo del contubernio judeomasónico y, en época aún más reciente, con la especie de la conspiración judía internacional, difundida por los Protocolos de los Sabios de Sión, de los que se habían hecho numerosas ediciones españolas en los años de la II República, y que proporcionaron a la derecha antirrepublicana una síntesis del tradicional antijudaísmo cristiano y del moderno antisemitismo secular.

La segunda categoría es la del judío hispano, o sea, la del anterior a la expulsión de 1492. El franquismo justificaba la expulsión porque, en definitiva, los judíos de la España medieval participaban de la esencia maldita del judío eterno. Expoliaban a los campesinos mediante el préstamo usurario, profanaban hostias y sacrificaban niños cristianos, pero, por otra parte, habían contribuido a la gran cultura de la Edad Media hispánica con grandes poetas y filósofos, sinagogas vistosas y aljamas pintorescas. Fue una pena, pensaban los franquistas, que no se hubieran convertido todos, porque de las familias que lo hicieron y pudieron quedarse habían salido españoles muy decentes y cristianos intachables, ilustres escritores, inquisidores celosos, e incluso algunos santos.

La tercera es la del sefardí, un judío que podía resultar simpático, con su manía de guardar las llaves de las casas de sus tatarabuelos y romances que transpiraban nostalgia y suspiros de España. Como avatares, a pesar suyo, del judío eterno, era mejor que se quedaran donde buenamente estuvieran, en Marruecos, Turquía o los Balcanes, pero, como vestigio y herencia viva del judío hispano, o sea, de la España medieval, había que tratarlos como bienes culturales de protección oficial. Y así se dio la paradoja de que diplomáticos franquistas, antijudíos hasta los tuétanos, se dedicaran a salvar judíos –sobre todo, sefardíes- a base de extenderles pasaportes y salvoconductos.

Finalmente, el judío centroeuropeo representaba para el franquismo la síntesis acabada entre el judío eterno y sus compinches, de forma que su identidad poliédrica permitía conceptuarlos como masones o como comunistas. Esa fue la tónica dominante en el tratamiento que se aplicó en España a los refugiados del nazismo, etiquetados como sujetos indeseables sin hacer referencia explícita, en la mayoría de los casos, a su condición judía.

De esta manera, el franquismo consiguió mantener a España no sólo al margen de la guerra mundial, sino tan indiferente al Holocausto que pudo seguir produciendo engendros como Amaya mientras los antiguos antisemitas de la Europa beligerante intentaban disimular sus aficiones. Bajo el régimen de Franco, fue posible mantener un antijudaísmo castizo, ignorar la destrucción de los judíos europeos y alardear de haber salvado miles o millones de judíos sefardíes, según se pusiera en ello más o menos fantasía. La oposición al régimen no introdujo modificaciones sensibles en este esquema; los comunistas, porque participaron del antisemitismo táctico del comunismo soviético, un invento de Stalin en la década de los años veinte para movilizar a la población contra el troskismo, y la nueva oposición surgida en los años cincuenta y sesenta, porque procedía de la descomposición de la cultura franquista y católica, ni siquiera negacionista, sino absolutamente inmunizada a los efectos morales del Holocausto.

A lo largo de los años sesenta, la apertura cultural hizo imposible seguir manteniendo la feliz ignorancia de la Shoá, porque ésta fue cobrando rápidamente el perfil de un acontecimiento singular, distinguible de los crímenes de guerra del nazismo, a partir del juicio contra Eichmann en Israel, pero la reacción de la izquierda europea, tanto de la clásica como de la nueva, al desenlace de la Guerra de los Seis Días permitió a la izquierda antifranquista blindarse con un antisionismo de nuevo cuño para seguir evadiendo la cuestión, mientras que la derecha permanecía instalada en la buena conciencia de siempre. En los primeros años de la Transición, se produjeron algunos cambios importantes. La llegada al papado de Karol Woytila supuso una autocrítica, por parte de la Iglesia, de sus actitudes tradicionales frente al judaísmo y a los judíos, revisión que influyó en los católicos españoles, debilitando considerablemente el antijudaísmo castizo y dando al Holocausto una insólita visibilidad en el movimiento de renovación religiosa. Sin embargo, gran parte del catolicismo español sigue exonerándose de cualquier responsabilidad histórica en la destrucción de los judíos de Europa, que ve como un crimen exclusivo del nazismo, sin plantearse siquiera si el antijudaísmo tradicional de tipo religioso, tan arraigado en el catolicismo español, pudo contribuir al clima general de hostilidad a los judíos que favoreció la comisión del exterminio de los mismos. La izquierda, por su parte, ha recurrido a dos expedientes para no interesarse demasiado en el asunto. El primero consiste en una estrategia de retorsión, que proyecta sobre el Estado de Israel la imagen del nazismo y, sobre los palestinos, la de las víctimas del Holocausto. Es cierto que tal procedimiento caracteriza sobre todo a los neocomunistas y a los antisistema. En el ámbito de la socialdemocracia se advierte una deriva inhibitoria que recurre tanto a la reprobación de la política israelí como al énfasis puesto en el sufrimiento de los republicanos españoles cautivos del nazismo, en detrimento de una seria estimación de las consecuencias del Holocausto. Este último recurso lleva la marca personal de Rodríguez Zapatero, que el 8 de mayo de 2005 se dirigió a los excautivos republicanos del campo de Mauthausen, afirmando que sus sufrimientos habían sido objeto de una doble ocultación, tanto por el franquismo como por los sufrimientos de los otros.

En resumidas cuentas, España es el país europeo menos implicado en el mantenimiento de la memoria del Holocausto y, por tanto, el más vulnerable a la banalización de la misma y a su disolución en victimismos múltiples y campañas demagógicas. Las instituciones parecen contentarse con las conmemoraciones parlamentarias del Yom Hashoá, sin tomar iniciativa alguna el resto del año. Fuera de una exigua minoría de historiadores y filósofos, la universidad permanece al margen de la investigación sobre el tema, y los escritores de ficción que lo han tratado con una mínima dignidad –Salabert, Mayorga, Muñoz Molina, García Ortega– se cuentan con los dedos de una mano y sobra uno. Del cine, claro, mejor ni hablar.

© Factual, 27.1. 2010. Jon Juaristi es escritor.

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