La tecnología israelí en la prensa internacional

La prensa internacional publica con frecuencia noticias acerca de desarrollos e inversiones del sector de high tech de Israel, reconocido como uno de los que se encuentran a la vanguardia.
A continuación ofrecemos algunos ejemplos de estas publicaciones que iluminan aspectos no siempre conocidos del ramo que lidera la economía del país:

  • Las simples y al mismo tiempo sofisticadas células del sistema nervioso de la mosca de la fruta están siendo utilizadas como modelo para mejorar el funcionamiento de las redes inalámbricas de sensores y otros sistemas informáticos distribuidos.

Investigadores de la Universidad Carnegie Mellon de Estados Unidos, la Universidad de Tel Aviv y el Instituto Weizman han detallado sus conclusiones sobre este tema en el artículo “A Biological Solution to a Fundamental Distributed Computing Problem”, publicado en la revista Science. Como se indica allí, las células nerviosas de la mosca de la fruta y las diminutas cerdas con las que se comunican para sentir y oír ofrecen un modelo que puede ser aplicado en la optimización delas redes informáticas. Tal modelo descansa en el principio básico con que se comunican entre sí las células nerviosas sin necesidad de entrar en contacto directo ni saber sus respectivas ubicaciones. “Se trata de una solución tan simple que cuesta creer que no hayamos caído en su valor 25 años antes”, asegura Noga Alón, una de los autores del artículo.

En los últimos tiempos están siendo muchas las investigaciones emprendidas para afrontar los retos que presentan las redes distribuidas, y especialmente las redes de sensores inalámbricas. Recientemente se dieron a conocer las investigaciones llevadas a cabo en el mítico MIT y en Israel para dar respuesta a las congestiones de tráfico generadas por la distribución aleatoria de paquetes propia de estos sistemas.

  • Innowattech es la compañía israelí que apareció profusamente en titulares de prensa en 2009 cuando dio a conocer su método para la generación de electricidad aprovechando el tránsito de vehículos por las carreteras. Ahora se informa que está poniendo a prueba en las vías ferroviarias su tecnología piezoeléctrica. Un sitio web especializado en ingeniería difunde la noticia que “Conjuntamente con la Compañía de Ferrocarriles, Innowattech ha sustituido 32 suelas de riel (piezas de soporte en la base del riel) por suelas generadoras de electricidad diseñadas por sus ingenieros. La finalidad de estos reemplazos es comprobar la eficiencia de las nuevas piezas en la generación de electricidad. La tecnología se basa en el efecto piezoeléctrico, la producción de electricidad que tiene lugar cuando algunos materiales, incluyendo ciertas cerámicas y cristales, se deforman. Estas piezas especiales contienen discos piezoeléctricos, que pueden transformar las tensiones mecánicas en voltaje eléctrico. Como resultado, estas piezas no sólo recolectan energía, sino que además pueden recopilar información que incluye la velocidad de los trenes, el número de ruedas de los mismos, el peso de cada rueda, y el diámetro de las mismas. Los resultados preliminares sugieren que las áreas por las que pasan de 10 a 20 trenes de 10 vagones por hora pueden producir 120 KWh de energía renovable por hora, que podría utilizarse para ayudar a la alimentación eléctrica de los trenes y de las señales ferroviarias, o bien para enviarla a la red general de suministro eléctrico para su uso en otros lugares”.

(amazing.com)

Intel confirma su gran inversión
Intel invertirá $2,7 billones durante los próximos dos años para mejorar su planta de fabricación en el sur de Israel para producir tecnología sofisticada. El Gobierno israelí invertirá $210 millones en Intel Israel, compañía que emplea 7.057 personas y contratará 1.000 más durante el próximo año como parte del proyecto: “Ya estamos preparándonos para contratar el personal”. Maxine Fassberg, directora general de Intel Israel, dijo: “Todo va acorde a lo planeado para comenzar la producción en diciembre”.
La planta israelí en Kiriat Gat será la segunda de Intel a nivel mundial en fabricar chips de 22nm. La transición a un proceso de 22nm comenzará más adelante este año para Intel. La compañía también se ha cambiado a un nuevo modelo de fabricación que dependerá de cuatro plantas de fabricación de alto volumen en vez de tres. El plan le costará 9.000 milones de dólares a Intel durante este año pero el fabricante cree que con este proceso de 22nm podrá entrar a nuevos mercados. “Las oportunidades de mercado para nuestros productos de 22nm son sobresalientes”, afirmó otro ejecutivo de la compañía.

“Como resultado de esto, vamos a crecer de un modelo donde pasamos de tres plantas de fabricación a cuatro. Nuestro proceso de 22nm será el cimiento para avanzar en los segmentos de computadoras personales y servidores, como también ampliar la familia de SoCs Atom, teléfonos inteligentes, tabletas, televisores inteligentes y otros dispositivos. Hemos terminado con el desarrollo del proceso. Estamos mejorando el porcentaje de unidades que salen con fallas, corriendo pruebas aquí y allá, y mejorando el rendimiento de la tecnología. Hemos completado el diseño de nuestro primer microprocesador y tenemos microprocesadores trabajando con esta tecnología. A estas alturas nuestro plan es aumentar la producción de wafers para la tecnología durante la segunda mitad de este año para estrenar los primeros productos poco tiempo después”.

Entre los productos de 22nm más anticipados están los chips con el nombre código Ivy Bridge, que incluirán procesadores para computadoras de escritorio, portátiles y servidores. Intel ya ha confirmado que tienen procesadores de prueba de 22nm. Aunque comenzarán a utilizar el proceso durante el último cuarto del año 2011, la compañía no quiere comprometerse con una fecha para la producción en masa.

‘Jubanos’, documental revela la historia de la comunidad judía

Por SARAH MORENO

smoreno@elnuevoherald.com

Para la mayoría de los cubanos nacidos después de 1959, la sinagoga Beth Shalom era sólo un bello edificio de arquitectura modernista en el barrio habanero de El Vedado que, como los templos de otras denominaciones religiosas en la capital habanera, casi siempre permanecía desierto de feligreses.

Según el documental Jubanos: the Jews of Cuba, realizado por el joven cineasta de Nueva York Milos Silber, para los 20,000 judíos que antes de 1959 constituían una sólida comunidad en Cuba, Beth Shalom tenía un significado más profundo y entrañable. No era sólo la sede del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba, sino el espacio donde tenían un teatro, una escuela dominical y un restaurante kosher, y donde, sobre todo, compartían con amigos y familiares.

Con la llegada de la Revolución, esa comunidad no sólo sufrió una considerable pérdida en propiedades y miembros –se redujo en un 90 por ciento– sino que tuvo que intentar sobrevivir en un mundo donde no había espacio para las manifestaciones exentas de significado político.

Jubanos: the Jews of Cuba recoge el esfuerzo de los 1,500 judíos que hoy quedan en la isla después de tantos éxodos, para celebrar su fe y legar sus tradiciones a los más jóvenes y, por otra parte, reconstruir sus deteriorados cementerios en los que un día reposarán sus mayores.

“Me quedé maravillado con las pequeñas comunidades del interior de Cuba, formadas a veces por 10 personas, que celebran el Sabbath y las fiestas y tratan de estar conectados, en algunos casos sin contar con una sinagoga”, contó Silber, que hoy asistirá a la proyección de Jubanos: The Jews of Cuba en el cine Regal de Miami Beach.

El evento, parte del 14to Festival de Cine Judío de Miami (MJFF), contará con una sesión de preguntas y respuestas en las que el director podrá dar detalles de su recorrido por La Habana, Cienfuegos, Santa Clara, Camagüey y otras ciudades de Cuba donde estableció contactos con los “jubanos”, nombre que eligió para llamar a los judíos de Cuba.

” ‘Jubanos’ es un invento de mis amigos, que me lo sugirieron cuando estaba editando el filme, porque en Cuba los judíos no se llaman así”, precisó Silber, de 24 años, quien vivió tres meses en Cuba en el 2008 como parte de un programa de estudios en el extranjero de la Universidad de Nueva York (NYU), donde se graduó de Producción de cine y televisión en Tisch School of the Arts.

Nacido en Río de Janeiro y descendiente de sobrevivientes del Holocausto, Silber llegó a Estados Unidos a los ocho años y creció en el condado de Westchester, Nueva York. ‘‘De mi sinagoga [en Westchester] todos los años van a Cuba 20 o 40 personas que llevan libros, ropas y medios para ayudar a la comunidad judía de Cuba”, contó el cineasta, en español, sobre un aspecto fundamental para el renacimiento de la comunidad en la isla.

Según se muestra en el documental, la comunidad judía de Cuba recibe importantes contribuciones en medicina y otros enseres de organizaciones de Canadá y Estados Unidos. Hasta el momento del rodaje, el American Jewish Distribution Committee (JDC), que tiene su sede en Nueva York y la misión de ayudar a judíos en todo el mundo, había enviado a la isla a siete parejas judías que se encargaron de enseñar a los cubanos las ceremonias y tradiciones judaicas, según expresó el argentino Fernando Lapiduz, quien junto a su esposa Patricia servía desde el 2007 como coordinador de la JDC en Cuba.

“El principal aspecto de nuestra cultura y religión es ‘ayuda a tu vecino’ ”, recalcó Silber, indicando que no le molesta que una de las posibles razones del crecimiento de la comunidad judía en la isla sea la ayuda que brindan para aliviar las necesidades de la población.

Silber, que inicia el documental con una frase pronunciada por Fidel Castro en su visita a la sinagoga Beth Shalom en diciembre del 1998 con motivo de la celebración de Janucá, destaca que Jubanos no tiene una intención política.

“Es fascinante que [el entonces] presidente de un país haya visitado a la comunidad judía”, opinó el joven, que recoge además en su material fílmico la anécdota de cómo se produjo la invitación.

Adela Dworin, presidenta de la Comunidad Hebrea de Cuba, aprovechó una reunión de líderes religiosos para invitar a Castro a visitar la sinagoga Beth Shalom. Cuando Dworin le dijo que “una buena oportunidad” sería Janucá, Castro confesó su ignorancia sobre la fecha, la cual Dworin, “en pocas palabras”, definió como ‘‘la Revolución de los judíos”. Esa visita de Castro fue el preludio de la efectuada por Raúl Castro el pasado diciembre a la misma sinagoga.

Además de otros miembros y colaboradores del Patronato, como la doctora Rosa Behar –encargada de la farmacia que reparte medicinas a la comunidad–, se entrevista a líderes religiosos no vinculados con esta organización, como Rebeca Langus –que recibe en su propia casa a la pequeña comunidad judía de Cienfuegos. También ofrece su testimonio David Pernas, cuya misión es continuar la restauración y ampliación del Cementerio Israelita de Camagüey, fundado en 1924 y actualmente bastante deteriorado.

Son, sin embargo, los jóvenes judíos entrevistados, cuyos bisabuelos emigraron de Turquía o vinieron de Europa huyendo de guerras y epidemias, los que mejores anécdotas ofrecen. Ellos reconocen que siempre supieron que eran “distintos” porque sus familiares usaban la kippah sólo en la casa o intentaban comer alimentos típicos en las fiestas judías. Estas declaraciones confirman la persecución de las prácticas religiosas en Cuba hasta fecha muy reciente y niegan los testimonios de algunos entrevistados de generaciones más viejas, quienes afirman que nunca la hubo.

Desde el punto de vista sociológico, resulta interesante comprobar la voluntad de estos jóvenes de expresarse en un español depurado en las entrevistas. “La comunidad judía tiene mucho amor por el aprendizaje. Estos jóvenes reciben visitas de otras comunidades del mundo y toman clases de inglés en el Patronato. Viven experiencias que no tienen otros cubanos”, expresó Silber que durante su estancia pudo comprobar las dificultades de los judíos cubanos para seguir una dieta kosher.

“Tienen una carnicería ‘kosher’ muy pequeña en La Habana Vieja donde pueden conseguir pollo y carne de vez en cuando”, añadió Silber, que pudo filmar sin dificultades y asistir a la sinagoga llevando la kippah, pero nunca estuvo seguro de llegar a un lugar si su medio de transportación era un autobús regular.

Estreno en Miami de ‘Jubanos: The Jews of Cuba’, hoy 6 p.m. en Regal Cinema, South Beach, 1100 Lincoln Rd.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/2011/01/25/

Fallece la esposa de Shimon Peres

Sonia Gelman de Péres ( 1924 – 2011) Z”L

Por Dr. David Malowany

Shimon y Sonia Peres

Shimon  Persky (en el futuro Péres en homenaje a un pájaro que avistó cuando estaba detenido por los británicos)  nació el 21 de agosto de 1923 en un Shtetl (1) de Bielorrusia  llamado Vishneva cerca de Volozhin a orillas del Río Olshanky donde residían 1500 judíos. Sus abuelos eran personas religiosas. Su padre era un  barraquero que aburrido de los impuestos discriminatorios y el antisemitismo decidió emigrar con su familia  a Palestina en 1932. Al terminar el  noveno grado, el joven inmigrante fue matriculado en el internado agrícola de Ben Shemen. Poco después fue captado por la Hagannah (2), donde a la luz de la vela, juró sobre la Biblia la lealtad a esta organización militar clandestina.  Haciendo guardia para esa organización, muy cerca de la casa del profesor de carpintería de apellido Gelman, salió una joven descalza con largas trenzas castañas y rostro de elegancia griega. Su nombre era Sonia. Para conquistarla, el adolescente Shimon no tuvo mejor idea que leerle a la luz de luna, pasajes seleccionados de Das Capital de Karl Marx.  Todo un romántico… Graduados de su entrenamiento agrícola los jóvenes terminaron formando parte del Kibbutz Alumot, cerca del Kineret (3).

Durante la Segunda Guerra Mundial, Sonia, se alistó en el ejercito británico como enfermera y sirvió principalmente en Egipto. Entre tanta catástrofe mundial, el amor fue primero y el idealista Shimon con 21 años,  no podía elegir una mejor fecha para su boda: 1ero. de Mayo. Dicha fecha tendría un cuádruple contenido: se esperaba que fuese además el fin de la guerra en Europa, cosa que aconteció una semana después y  coincidía con la festividad judía de Lag BaOmer, además de representar el aniversario de los mártires de Chicago.

A los que piensan que preparar su boda no les fue tarea fácil debemos agregar que el padre de Shimón se había alistado en el ejercito británico y no se supo nada más de él. Todo lo que sabían, merced a una pobre correspondencia, era que había caído cautivo de los alemanes a principios de la guerra.

Se casaron en Ben Shemen pero Shimon solo era un javer (4) kibbutz.  Todo el vestuario que poseía el contrayente para su vida era dos pares de pantalones caqui, uno para trabajar y otro para el Shabbat y dos camisas. En cuanto al calzado solo un par de botas de trabajo. Todo el Kibbutz en conjunto y para uso colectivo en ocasiones especiales reservaba una franela gris, una camisa blanca y una chaqueta del ejército británico. Dicha chaqueta fue teñida de negro y con esas prenda se casó el joven idealista.

Para la luna de miel los camaradas del Kibbutz construyeron una cabaña a orillas del Jordán.  Varías semanas después, la novel pareja tuvo la feliz noticia del regreso del  padre de Shimon que había sobrevivido al nazismo gracias a haber tomado la identidad de un compañero de armas neozelandés no judío, fallecido en uno de los varios intentos de escapada de la valerosa brigada.

La primera hija nació en 1946 y se llama Zviya que luego tendría dos hermanos más.  Celebrándose ese año un nuevo Congreso Sionista en Basilea, el Mapai ( 5) mechó en su delegación a dos jóvenes. Uno de ellos era Moshé Dayan. El otro, el joven secretario del Kibbutz Alumot, nuestro querido Shimon. Así se inició la carrera política de este prócer israelí, primer ministro ( 1984-1986), Ministro de RREE responsable de los acuerdos de Oslo de 1993 con la OLP, ganador del Premio Nobel por dicha circunstancia y actualmente presidente de Israel. Sonia fue siempre su fiel esposa durante 65 años.

Falleció mientras dormía en su casa particular de Tel Aviv,  de la cual no se alejó para acompañar a Péres a Jerusalém cuando el antedicho accedió a la Presidencia.

Las noticias internacionales expresaron las siguientes condolencias. Benjamín Netanyahu:  “En su vida tranquila y modesta, Sonia representó su buen corazón y se convirtió en un símbolo y un ejemplo de modestia y amor al hombre”.

Ehud Barak:  Sonia  era una mujer muy especial constituyendo la  personificación de la modestia, la sencillez y la bondad.

Que su recuerdo sea  eterno.

(1) Aldea judía. (2) Principal organización armada clandestina judía en Palestina. (3) Mar de Galilea. (4) miembro de un Kibbutz. (5) Partido laborista israelí.

Fuente: http://www.mensuarioidentidad.tk/

Besa, el código musulmán que salvó judíos

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enero 24th, 2011 | Agregar comentario

Antigua tradición albanesa que habla de socorrer y cuidar a quien está en apuros, durante la II Guerra Mundial la Besa guió la conducta de una nación que albergó y ocultó a miles de judíos durante la ocupación nazi. El fotógrafo norteamericano Norman Gershman retrató a los descendientes de aquellos héroes anónimos y busca ahora evitar que su gesto caiga en el olvido
Fernanda Sandez para LA NACION

Una vieja creencia judía habla de los Lamed Wufniks, o los treinta y seis hombres justos. Son ellos los que, por la rectitud de sus actos, justifican y absuelven al mundo ante Dios. Un viejo proverbio albanés habla también de ese cruce entre lo divino y lo humano, y hasta indica una de las maneras de lograrlo. Según el dicho, cuando alguien abre su casa a otro que necesita ayuda esa casa ya no es suya, sino de Dios.

 

La familia de Alí Kazazi, según recuerda ahora su hijo, durante la guerra dio refugio a la familia Salomón en su casa de Tirana  La familia de Alí Kazazi, según recuerda ahora su hijo, durante la guerra dio refugio a la familia Salomón en su casa de Tirana

Se vuelve santuario. Y eso es precisamente lo que -aunque recién ahora lo sepamos- fue Albania para miles de judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Un lugar de amparo, a salvo de deportaciones y asesinatos, al que algunos llegaron incluso a llamar “la tierra prometida”. En la Europa ocupada por los nazis, hubo sólo dos países cuyos gobiernos se negaron a elaborar listas de ciudadanos judíos y entregarlas a los alemanes: uno fue Dinamarca; el otro, Albania. No por casualidad, y al revés de lo que sucedió en el resto de los países del continente, la población judía en Albania (que según el censo de 1931 era de 204 personas), lejos de disminuir, se había multiplicado al menos por diez hacia el final de la guerra. ¿La razón? Besa , le dicen los albaneses. La expresión -que podría traducirse como “palabra de honor”- habla de un hecho cultural único, netamente albanés y cuyo origen, dicen, es antiquísimo. Para los albaneses la Besa es tan antigua como el mundo y el mundo existe, en última instancia, gracias a este acuerdo colectivo que habla de socorrer al que está en apuros y de vernos reflejados en él, porque todos somos criaturas de Dios. Besa es, al mismo tiempo, una obligación moral y un código de honor centrado en el cuidado del otro, en especial de aquel que llega hasta nuestra puerta pidiendo auxilio.

“Yo sabía de polacos salvando a judíos, franceses salvando a judíos. Pero, ¿musulmanes? ¿Quién iba a creer eso? Por eso mi reacción cuando me enteré de esta historia, siendo judío y siendo sufí, fue querer viajar a Albania y saber más”. Norman Gershman, al teléfono desde su casa en Colorado, hace vibrar cada palabra como si también él estuviera escuchando por primera vez lo increíble. Como si no hubieran pasado ya casi ocho años desde la primera vez que oyó hablar de aquella historia prodigiosa que cambió su vida para siempre: la de los musulmanes que, en plena guerra, recibieron y defendieron de la persecución nazi a miles de judíos en fuga. Perfectos extraños todos ellos, venidos de Grecia, de Polonia, de Alemania, de Montenegro. Perfectos humanos también todos ellos, en perfecto estado de necesidad.

 

Alí Sheqer Pashkaj, fotografiado por el norteamericano Norman Gershman. Su padre, almacenero, salvó al joven judío Yasha Bayuhovio, de sombrero mexicano en una de las fotos Alí Sheqer Pashkaj, fotografiado por el norteamericano Norman Gershman. Su padre, almacenero, salvó al joven judío Yasha Bayuhovio, de sombrero mexicano en una de las fotos

Gente asombrosa

Albania es, hasta hoy, un país pobre. El más pobre de Europa y mayoritariamente musulmán, y por cierto que bastante alejado del clásico estereotipo turístico europeo. Aquí no hay góndolas, grandes monumentos ni fabulosas colecciones de arte. Aún en la capital, Tirana, la luz y el agua son servicios intermitentes, y el estado general de las carreteras es una invitación a mirar las montañas de lejos. Hasta allí llegó en 2003 Norman Gershman, con su cámara y sus preguntas. Y gracias a la intervención de la Asociación de Amistad Albano-Israelí pudo entrar en contacto con aquella historia acallada durante sesenta años. Por el régimen comunista que siguió a la guerra, primero, y por las ganas de olvidar tanto horror, después. Pero también por algo que se desprende de los mismos relatos de los descendientes de aquellos héroes silentes: la certeza de que estaban haciendo lo correcto, y nada más que lo correcto.

“Sí, mi familia salvó familias judías durante la guerra. ¿Y qué?”, fue la reacción más habitual ante la inesperada llegada de los visitantes. Nadie veía nada especialmente notable en cumplir con la Besa. “¿Por qué mi padre salvó a un extraño arriesgando su propia vida y la de todos en el pueblo? Porque era un musulmán devoto y para él salvar una sola vida era entrar en el paraíso”, explica Alí Sheqer Pashkaj, uno de los cientos de retratados por Gershman para su proyecto Besa: los musulmanes que salvaron judíos durante la Segunda Guerra Mundial , desde 2007 convertido en exposición itinerante y desde 2008 vuelto un libro bello y extraño. En él, los que miran a cámara no son los rescatadores sino sus hijos y sus esposas, sus nietos. Los que quedaron para recordar y también para preservar los objetos que los refugiados dejaron atrás en su huida: una máquina de coser, algunos caracoles, libros de oración, fotos, vajillas. La promesa que tiene también que ver con eso: con la guarda amorosa de lo que otros amaron, con la preservación de eso que otro dejó en nuestras manos. Aunque eso sea, a veces, nada más que una buena historia.

El padre de Alí Pashkaj, por caso, llamado también Alí, tenía el equivalente a un almacén de ramos generales y hasta allí llegó un día un contingente de soldados alemanes y diecinueve prisioneros albaneses. “Entre ellos, un muchacho judío al que planeaban fusilar de inmediato. Mi padre hablaba un excelente alemán, así que invitó a los soldados a pasar y les dio comida y vino hasta dejarlos completamente borrachos. Mientras tanto, escondió una nota en un pedazo de melón y se lo dio al muchacho judío. Mi padre le decía que saltara del transporte en cierto lugar y que se escondiera en el bosque”. El muchacho cumplió las órdenes y los nazis se enfurecieron tanto que volvieron donde Alí, buscando venganza. Hicieron un simulacro de fusilamiento y amenazaron con incendiar el pueblo, pero el hombre no habló. Finalmente, cuando los nazis se fueron, regresó al bosque, ubicó al chico y lo ocultó en su casa hasta el final de la guerra. “Su nombre era Yasha Bayuhovio. Había treinta familias en aquel pueblo, pero ninguna supo jamás que mi padre escondía a un judío. Yasha todavía está vivo. Es dentista y vive en México”, cuenta. Y, a modo de prueba, Alí hijo aceptó posar sonriente para el libro de Gershman junto a unas copas de cristal, fotos de su padre y otra de Yasha ya a salvo, del otro lado del océano y sonriendo a la sombra de un enorme sombrero de chamaco.

Campesinos, panaderos, labradores. Señoras de su casa, almaceneros y granjeros. Así es la gente que muestran los retratos. Gente de palabras cortas y miradas largas. Héroes de bajo presupuesto todos, cuyos descendientes siguen viviendo en las mismas casas de puertas descascaradas de siempre, donde hasta una lámpara suena a lujo. “La mayor parte del pueblo es gente muy sencilla y muy pobre. Pero, a la vez, son personas asombrosas. No tienen ningún prejuicio acerca de si uno es judío, católico o musulmán. En Albania hubo un acuerdo colectivo de parte de la gente para salvar a otra gente que en la mayoría de los casos eran refugiados”, destaca el fotógrafo. Y desde la Asociación de Fraternidad Albano-Israelí, (AIFA), el profesor Saimir Lloja agrega que “Besa es la regla de oro, es un código moral, una norma de conducta social, además de una antigua tradición. Para el Kanun, que es el antiguo protocolo para la sociedad albanesa, el concepto de ´extranjero´ no existe, sino sólo el de ´invitado´. Besa se trata, en esencia, de no ser indiferentes ante alguien que sufre o es perseguido. Es una autoexigencia moral que le pide a cada albanés que viva honestamente, francamente, y que -llegado el caso- también se sacrifique”. Hasta el momento, según Lloja, se ha documentado el rescate de 3240 judíos durante la guerra, pero “aun seguimos documentando nuevos casos”, precisa este hombre que además editó dos libros sobre el rescate de los judíos en Albania.

Dios en blanco y negro

“Lo bello permanece oculto a los ojos de aquellos que no buscan la verdad”, decía Minor White. Tal vez por eso, cada uno de estos retratos está habitado por algo poderoso que vive en el fondo de cada mirada. Como la de Baba Bardhi, líder de los Bektashi, una secta musulmana con siete millones de devotos en todo el mundo y cuyo eje formal está en Tirana. “Somos los más liberales entre los musulmanes. Nuestras prácticas religiosas se desarrollan en la lengua del país en el que vivamos. Ataturk nos expulsó de Turquía a principios de la década de 1920 por negarnos a desprendernos de nuestros hábitos religiosos en público. Fue entonces cuando nos mudamos a Tirana”, recuerda. Baba se abre a la cámara y a la evocación en un mismo gesto de entrega, casi religioso. El, el hombre de las mezquitas pintadas de verde (para los Bektashi, el verde es el color de la naturaleza y también el de Dios) recuerda entonces que “en tiempos de la ocupación nazi el primer ministro era Meri Frasheri, también miembro de Bektashi. El se negó a facilitar el nombre de los judíos a los ocupantes nazis, y organizó una red encubierta de Bektashi para asistir a todos los judíos, ciudadanos y refugiados. El dio la orden secreta: ´Todo niño judío debe dormir con nuestros niños, comer nuestra comida y ser una sola familia´. Es que nosotros, los Bektashi, vemos a Dios en todos lados, en todos los seres. Dios está en cada poro, en cada célula, y por lo tanto somos todos criaturas de Dios”. Pero aquí, en el país de ciudades con nombres de cristales que se rompen (Metrovica, Prístina, Puka), vale recordar que no sólo los musulmanes más devotos ayudaron a los fugitivos. También hubo familias como la de Alí Kazazi, quien sin ser “un hombre muy devoto”, según dice su hijo, refugió por seis meses en su casa a la familia Salomón. “En mi barrio en Tirana todo el mundo, incluidos los chicos, sabía que nosotros estábamos refugiando a una familia judía. Eran David y Esther Salomón, junto con sus hijos, Matilda y Memo. Les dimos nombres musulmanes a toda la familia. Nuestros padres no eran muy religiosos pero ellos creían en el Corán, y en Besa. Sin Corán no hay Besa, sin Besa no hay Corán”, asegura. Pero también hubo familias coptas, católicas y ortodoxas abriendo sus puertas y cerrando sus bocas, siguiendo ese mismo pacto compartido de ayudar al otro. Todos ellos encarnaron, por un momento, a los Lamed Wufniks del viejo relato judío. A los 36 justos. Y precisamente por eso también muchos fueron distinguidos, en 2007, con el más alto galardón que concede el estado de Israel a un no judío: el premio Justos entre las Naciones. Treinta y cinco de las familias retratadas por Gershman recibieron así, casi medio siglo después, su inesperado premio. Algunas incluso viajaron a Israel, y retomaron el contacto con sus antiguos huéspedes. La historia se volvió también un libro, una muestra itinerante de 30 retratos que ya pasó por Italia, Estados Unidos y Canadá, y que en este preciso momento se exhibe en Gran Bretaña. Se convirtió también en una película ( Besa: La promesa ) que ya está en etapa de posproducción, y hasta en un proyecto educativo para las escuelas elementales y medias de Nueva York que tiene al fotógrafo más que entusiasmado. Para él, ningún esfuerzo será excesivo si de lo que se trata es de expresar su agradecimiento a los musulmanes albaneses y de difundir el mensaje profundo de Besa, que no es otro que el de comprender y respetar al otro como lo que es: un hermano.

Un par. Uno mismo, bajo un cielo en armas.

© LA NACION 23.1.2011

Gracias a Rodolfo K. por la información

Aleksandar Cvetkovic, un genocida serbio arrestado en Israel

Aleksandar Cvetkovic, criminal de guerra

Sensible por conocidas y sobradas razones a los crímenes que se encuadran en el delito de genocidio, al igual que el pueblo armenio asesinado por los turcos, el Estado judío de Israel, a través de su Ministerio de Justicia, anunció la detención por solicitud de Bosnia y Herzegovina -que reclaman su extradición- de Aleksandar Cvetkovic, un ex soldado serbio acusado de ultimar a musulmanes bosnios en la llamada “Masacre de Srebrenica en 1995.
En julio del recién referido año, las tropas serbias de Bosnia comandadas por el general Ratko Miadic, tomaron el enclave bosnio musulmán de Srebrenica y perpetraron la peor masacre desde la Segunda Guerra Mundial, al ejecutar a más de 8.000 varones de entre 16 y 60 años de edad, ante la pasividad, incuria o complicidad de los 600 soldados holandeses pertenecientes a los Cascos Azules de la NATO asignados por la ONU para proteger la ciudad declarada “zona de seguridad”. En una operación que duró 10 horas, las víctimas  fueron conducidas a la granja Braniewo, esposadas y con los ojos vendados y cuando se bajaron de los autobuses, fueron recibidas por un pelotón de fusilamiento, que integraba activamente Aleksandar Cvetkovic, un ex miembro del 10° Destacamento de Sabotaje del Ejército Serbo-Bosnio (VRS) junto con otros siete soldados.
Un texto publicado por Michael Farquhar corresponsal en La Haya del Institute for War & Peace Reporting, aporta más datos de La masacre de Srebrenica y otros actos cometidos por las fuerzas de Bosnia y de Serbia contra la población musulmana  que han sido reconocidos por la comunidad internacional como “genocidio”.
“Quedó demostrado que las tropas del VRS separaron sistemáticamente a  hombres y muchachos del resto de la enorme muchedumbre de refugiados que buscaban desesperadamente protección en la misión de la ONU en Potocari, mientras que hacían lo mismo con otros varios miles que formaban parte de una columna que trataba de escapar del enclave. Las mujeres, los niños y los ancianos fueron amontonados en autobuses y desplazados hacia territorios controlados por el Ejército bosnio. Los investigadores han reconstruido la elaborada operación puesta en marcha por los principales oficiales del VRS para matar a los cerca de 8.000 varones detenidos.
La jueza Carmen Argibay, actualmente integrante de la Suprema Corte de Justicia de Argentina intervino  oportunamente en el caso y relató aspectos dramáticos del mismo:  La masacre de Srebrenica fue el segundo caso en el que me tocó actuar en el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Ya había existido una condena, la del general Radoslav Kirstic, que comandaba una de las fuerzas responsables del ataque. Y a mi me tocó juzgar a los responsables de las dos brigadas que consumaron la masacre. En algunas de las matanzas no quedaron sobrevivientes, pero hubo testimonios impresionantes de los propios soldados serbios. Recuerdo la declaración de uno de ellos:  “Bueno, yo no quería matar, pero me dijeron que si no lo hacia, me mataban a mí. Además uno de los jefes nos dijo que por lo menos teníamos que matar a un musulmán, para que nos entrara el gusto por matar’. Son cosas que uno no puede olvidar ni entender. Ese soldado que empezó a matar por miedo a que lo mataran, después de matar a un centenar de personas dijo: “No mato más”, y no le pasó nada. Ese testimonio fue muy impresionante. Además, fue el único que desde el inicio se declaró culpable. A partir de allí se reconstruyeron las matanzas.
Alezandar Cvetkovic, de 43 años, emigró a Israel con su esposa e hijos en 2006 y obtuvo la ciudadanía israelí porque su mujer es judía.
En agosto de 2010 el gobierno de Bosnia y Herzegovina hizo un llamamiento a la Oficina del Fiscal del Estado de Israel, pidiendo la extradición de Cvetkovic por su participación en el genocidio. En un gesto encomiable- que lo diferencia de países islámicos como Irán y que no distingue a las víctimas de genocidio, independientemente de su raza o religión- después de examinar cuidadosamente el material recibido, el ministro de Justicia de Israel, Yaakov Neeman, decidió iniciar el proceso de extradición y la procuración solicitó a la Corte de Distrito de Jerusalén que el imputado sea extraditado y permanezca en custodia hasta que se tome la decisión.

Rubén Kaplan
http://www.rkpress.com.ar/

Las historias jamás contadas de los mártires de Israel

Por primera vez en un libro, los retratos de las víctimas del odio islamista. Jóvenes y ancianos, hombres y mujeres. Abatidos en el autobús, en el bar, en el mercado. Asesinados por la única “culpa” de ser judíos

por Sandro Magister

ROMA, 7 de noviembre de 2009 – Hoy los judíos de todo el mundo conmemoran a sus mártires de la “noche de los cristales”, es decir las víctimas del pogromo nazista de la noche entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, en Alemania.

De aquella masacre y de tremendo exterminio de judíos que le siguió, obra del Reich, hoy se hace memoria universal y penitencial.

No ocurre lo mismo en Europa y en Occidente, por las otras numerosas víctimas judías que caen desde hace años en Israel, víctimas del terrorismo musulmán.

Cada vez que alguno de ellos es asesinado entra y sale rápido de las noticias. Termina inmerso en el indistinto de la “cuestión palestina”, leída por muchos como producto de la “culpa” de Israel.

Mientras tanto, una de cada trescientas familias israelíes ya ha sido golpeada por un atentado. Las acciones terroristas se cuentan por miles. Los atentados suicidas con blanco son más de 150 y cada atentado realizado la policía israelí calcula haber evitado otros nueve. En total, hoy los muertos son 1723, de los cuales 378 son mujeres. Los heridos son más de diez mil.

A la distracción de la mirada occidental y cristiana frente a este sucederse continuo de víctimas, golpeadas sistemáticamente en lo cotidiano, en los autobuses, en las cafés, en los mercados, en casa, reacciona un libro que por primera vez cuenta sus historias. Nos dice finalmente quienes son.

El libro salió hace un mes en Italia y pronto será traducido en Nueva York y Londres. Lleva por título “No dejaremos de danzar”. Y por subtítulo: “Las historias jamás contadas de los mártires de Israel”.

El autor, Giulio Meotti, ya es conocido por los lectores de http://www.chiesa por dos de sus reportajes de gran resonancia: sobre la ciudad más islamizada de Europa, Rótterdam, y sobre los “jóvenes de las colinas”, los colonos israelíes de la última generación.

Es último libro suyo se inicia con un prefacio del filósofo inglés Roger Scruton y con una carta de Robert Redeker, el escritor francés que vive en una localidad secreta desde que fue amenazado de muerte por islamistas fanáticos.

A continuación un extracto del primer capítulo.

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Los desaparecidos de Israel

por Giulio Meotti

Tomado de “No dejaremos de danzar”, pp. 26-36

¿Por qué este libro? Porqué no había ni siquiera una historia de los muertos de Israel. Ha sido escrito sin ningún prejuicio contra los palestinos, es un relato movido por el amor por un gran pueblo y su maravillosa y trágica aventura en el corazón del Medio Oriente y a lo largo de todo el siglo XX. Cada proyecto de exterminio de una entera clase de seres humanos, desde Srebrenica a Ruanda, ha tenido su mejor narrativa. A Israel no parece que se le conceda, siempre se ha debido limpiar de prisa la sangre de los judíos de la historia. Judíos asesinados por ser judíos y cuyas historias han sido tragadas en la desagradable y amoral equivalencia entre israelíes y palestinos, que no explica nada de aquel conflicto y más aún lo entorpece hasta anularlo. El libro quiere salvar del olvido este inmenso yacimiento de dolor, suscitando respeto por los muertos y amor por los vivos. […]

El más bello regalo, en estos cuatro años de investigaciones, me lo ha hecho los israelíes que han abierto su mundo martirizado a mi solicitud de ayuda, se quedaron desnudos con el propio dolor. Yo tocaba su puerta, un extraño, un no judío, un extranjero. Pero me han tendido todos una mano y han hablado de sus seres queridos por primera vez. […]

Decidí relatar algunas grandes historias israelíes vivificadas por el idealismo, por el dolor, por el sacrificio, por la casualidad, por el amor, por el miedo, por la fe, por la libertad. Y por la esperanza de que, no obstante todo este silencio, Israel al final venza. […] Hay personas increíbles como la obstetriz Tzofia, que perdió al padre rabino, a la madre y a un hermanito, pero hoy ayuda a las mujeres árabes a dar a luz a sus niños. […] Está el copista de Torah, Yitro que se convirtió al judaísmo y cuyo hijo fue raptado y ajusticiado por Hamas. Está Elisheva, proveniente de una familia de pioneros agricultores que perdió todo en Auschwitz y una hija encinta en el noveno mes a manos de terroristas despiadados, porque “quería vivir el ideal judío”. […] En Tzipi mataron a puñaladas al padre rabino y donde un tiempo estaba su habitación hoy existe una importante escuela religiosa. Ruti y David perdieron respectivamente al esposo y al hermano, un gran médico humanista que se ocupaba de todos, árabes y judíos. Está el rabino Elyashiv, a quien le arrebataron un hijo seminarista pero que sigue creyendo que “en la vida todo da fuerzas al fuerte y debilita al débil”. Luego está Sheila, que habla siempre de la llegada del Mesías y de cómo su marido cuidaba de los niños Down. Menashe perdió a su padre, a su madre, hermano y abuelo en una noche de terror, pero sigue creyendo en el derecho a vivir donde Abraham plantó su tienda. […] Elaine perdió un hijo durante la cena de shabath y por más de un año no ha cocinado ni emitido sonido alguno. Están los amigos de Ro’i Klein, escudo humano que voló en una mina recitando el Shema’ Israel y salvando la vida de los compañeros de brigada. Yehudit perdió a su hija demasiado rápido, regresando del matrimonio junto a su marido. También a Uri, que hizo alyha desde Francia, le arrebataron a la hija, que era una voluntaria entre los pobres.

Orly vivió feliz en una camper, pero su hijo no se puso a tiempo la kippah sobre la cabeza antes de ser asesinado. Está Tehila, una de aquellas mujeres temerosas pero modernas que llenan los asentamientos, esposa de un idealista que “vivía la tierra”, amaba los arbustos rojos y celestes de las flores de Samaria. […].  Está también el maravilloso Yossi, su hijo sacrificó la propia vida para salvar la de los amigos y cada viernes iba a distribuir dones religiosos a los que pasaban. Rina había creado una perla en el desierto egipcio, se creía una pionera y vio que le arrebataron un hijo junto con su esposa encinta. […] Está Chaya, que abrazó el judaísmo junto con su esposo, la conversión para ellos “era como casarse con Dios”. […] Todas estas historias nos hablan de este Estado único en el mundo, nacido de una ideología laica decimonónica como el sionismo, que sobre las cenizas del Holocausto reunió sobre su tierra de origen un pueblo exiliado dos mil años antes y exterminado por más de la mitad. Historias que nos hablan del coraje, de la desesperación, de la fe, de la defensa de la propia casa buscando, aunque si a veces se yerra, mantener la “pureza de las armas” en el único ejército que permite desobedecer a una orden inhumana. […]

La historia de estas víctimas judías no es solamente una historia de héroes. Es casi siempre gente indefensa. […] El Centro de Estudios de Antiterrorismo de Herzliya, el más importante instituto de análisis en Israel, ha calculado que solamente el 25 por ciento de las víctimas israelíes eran militares. La mayoría eran y son judíos vestidos de civil. Entre los israelíes, las mujeres constituyen el 40 por ciento de las víctimas totales. Los europeos creen que Israel es el fuerte, la patria y la guarnición en armas que tiene de su parte el control del territorio, la tecnología, el dinero, el saber consolidado, la capacidad de usar la fuerza, la amistad y la alianza con los Estados Unidos. Y que contra ello se yergue la opresora debilidad de un pueblo que reivindica sus derechos, dispuesto al martirio para obtenerlos. Pero no es así. Las historias de estos nuevos “desaparecidos” lo demuestran.

Los israelíes han demostrado amar la vida más de cuanto temen la muerte. Los terroristas han asesinado cientos entre profesores y estudiantes, pero las escuelas no han cerrado nunca. Han matado médicos y pacientes, pero los hospitales siempre han funcionado. Han masacrado ejército y policía, pero la lista de quien se ofrece voluntario no ha disminuido nunca. Han acribillado los autobuses de fieles, pero los peregrinos siguen llegando a Judea y Samaria. Han causado masacres en los matrimonios y han obligado a las jóvenes parejas a casarse en bunkers bajo tierra. Pero la vida siempre ha vencido sobre la muerte. Como cuando en la fiesta nocturna en el Sea Market Restaurant de Tel Aviv, Irit Rahamim festejaba el adiós al celibato. Cuando el terrorista comienza a disparar y a lanzar granadas sobre la multitud, Irit se tiró al suelo, y bajo la mesa llama a su esposo y le dice que lo ama. Entre los gritos. Y la muerte.

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El libro:

Giulio Meotti, “Non smetteremo di danzare. Le storie mai raccontate dei martiri di Israele”, Lindau, Torino, 2009, pp. 360, euro 24,00.

Pudieron ser…

.. pero no nunca fueron…

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