Después de 500 años, las ‘hagadot’ de Cataluña vuelven a casa

Todo brilla en la nueva exposición de manuscritos litúrgicos judíos que ha abierto en Barcelona

Por Ronit Treatman

haggadahcatalogneEn el siglo 14, Cataluña albergaba una de las comunidades judías más cultas del mundo. Aquí fue donde se hicieron algunas de las ‘hagadot’ más célebres.

Pero, cuando en 1492, los Reyes Católicos publicaron el decreto de la Alhambra, los judíos fueron oficialmente expulsados de los reinos de Castilla y Aragón y no tuvieron ante sí más que dos posibilidades: convertirse al catolicismo o huir.

Aunque las ‘hagadot’ de Cataluña se fueron con sus propietarios judíos en 1492, algunas de estas célebres obras litúrgicas se exhiben «en casa», del 26 de marzo al 5 de julio, en el marco de una exposición en el Museo de Historia de Barcelona.

Los manuscritos brillantes son textos escritos a mano, decorados con grandes letras, con bordes ornamentales e ilustraciones miniatura. Originalmente solo los manuscritos que estaban adornados con oro y plata eran considerados «ilustrados» o «iluminados» .

En la erudición moderna, todo manuscrito embellecido, que provenga de tradiciones islámicas u occidentales, es considerado «ilustrado».

Los manuscritos ilustrados más antiguos son de origen italiano y del Imperio Romano de Oriente en los años 400 de la era cristiana. Fueron conservados por órdenes monásticas donde los monjes los recopilaban.

La mayoría de los manuscritos ilustrados que han sobrevivido son de la Edad Media y creados inicialmente con fines religiosos.

Panel inicial con las palabras: Ha Lahma aniya (El pan de la aflicción), al principio del texto de la Hagadá. Origen: España, NE, Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

Panel inicial con las palabras: Ha Lahma aniya (El pan de la aflicción), al principio del texto de la Hagadá. Origen: España, NE, Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

En los años 1100, antiguos textos clásicos, así como textos científicos, eran igualmente producidos en la Península Ibérica. Era necesario acompañar dicho material escrito con ilustraciones precisas cuando estas obras eran utilizadas para enseñar en las primeras universidades de Europa occidental.

Desde el siglo 13, manuscritos profanos también fueron «ilustrados». Ricos mecenas pedían manuscritos para sus bibliotecas personales. Entre ellos algunos de los judíos más importantes de Cataluña.

Los manuscritos ilustrados medievales se escribían sobre papel vitela y la página entera se planificaba previamente en pergamino cortado a la medida deseada. Se trazaban líneas ligeramente, luego se añadían las palabras escritas con pluma de oca o de caña tallada y tinta. Se dejaba un espacio para las ilustraciones y las decoraciones. El diseño del dibujo se delimitaba en una tableta de cera, luego se trazaba sobre el papel vitela, a veces con la ayuda de alfileres.

Había un orden en la creación de las iluminarias: el contorno del dibujo se determinaba primero con hilo de plata, luego una hoja de oro colocada sobre el pergamino. El oro se aplicaba antes de pintar el dibujo porque se corría el riesgo de que el oro se pegase a la pintura, lo que habría estropeado la ilustración.

El proceso de pegar la hoja de oro incluía una fase de pulido del oro una vez pegado y cuando la cola se había secado. Esta acción vigorosa habría hecho correr la pintura si se hubiese aplicado ya. Una vez la hoja de oro estaba en su sitio, se pintaba con pinceles y pigmentos naturales fabricados con plantas, insectos y minerales. Finalmente se pintaba el contorno decorativo.

Hasta los años 1300, tanto la escritura como el dibujo minucioso de cada manuscrito eran hechos por monjes. En el siglo 14 el texto era realizado por un escribano y las ilustraciones eran obra de artistas laicos. Se crearon entonces talleres laicos, con artesanos igualmente cualificados a los que en el siglo 15 los monasterios dieron trabajo al exterior. En Francia, gran parte del trabajo artístico de los manuscritos era hecho por mujeres, en talleres de este tipo.

Los manuscritos ilustrados a pedido para los judíos catalanes eran en estilo gótico, un estilo que se desarrolló en los años 1100.

Era un estilo naturalista, que muestra emociones en las caras y los gestos, hojas en cascada a lo largo de los bordes de la página, croquis en los márgenes y «grotescos» (entonces llamados bufones). Las ‘hagadot’ que se exhiben en Barcelona son fruto de la colaboración de escribas judíos y artistas cristianos.

Detalle de una página: miniatura de una figura de cerdo levantando la primera copa de vino y una liebre poniendo un bastón sobre la cabeza de un perro. Origen: Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

Cuando la reconquista de Cataluña en el 1150, censores católicos empezaron a examinar los libros judíos. Habitualmente eran recientemente convertidos del judaísmo al catolicismo, estos censores sabían leer los libros y se encargaban de encontrar los pasajes «blasfematorios».

Ciertas ‘hagadot’ catalanas llevan la marca de los censores. Un ejemplo, que desgraciadamente no está incluido en esta exposición, es la hagadá de Barcelona, actualmente propiedad de la British Library. Luigi da Bologna, un judío convertido al catolicismo, que trabajó como censor para la Inquisición. Al final de una página de la ‘hagadá’ hay escrito: «Visto por mí, Hermano Luigi de la orden de San Domingo en 1599».

Esta exposición de Barcelona se inscribe en un movimiento llamado «Recuperación de la memoria», animado por unos catalanes. Algunos de ellos conocían vagamente los orígenes judíos de sus familias, a veces también un patronímico judío. Otros han descubierto pruebas de prácticas criptojudías en sus antepasados.

captura pantalla

Detalle de un panel inicial: Pesaj (el cordero de Pascua) representando un joven hombre cociendo el cordero pascual. Origen: Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

Hay en Cataluña una enorme ignorancia del judaísmo que ha sido considerado por muchos como un tema tabú hasta muy recientemente. De manera increíble, fue técnicamente ilegal para los judíos vivir en España hasta 1968, fecha en la cual el decreto de la Alhambra fue formalmente revocado.

Ahora se asiste a una vuelta de interés por el ilustre pasado de Cataluña, como lo prueba la ilustración de las ‘hagadot’. Esta exposición reúne la haggadah Rylands, actualmente en la universidad de Manchester, la haggadah Graziano del Jewish Theological Center de New York, la haggadah Mocatta de la University College London, la haggadah Bologna-Modena de la Universidad de Bologna y de la Biblioteca Estense en Modena, la hagadah catalana de Cambridge de la Universidad de Cambridge, la hagadah Kaufmann de la Academia húngara de ciencias y la hagadah Poblet del monasterio de Poblet en Cataluña.

La única ‘hagadá’ que se encuentra actualmente en Cataluña es la hagadah de Poblet. La historia de su retorno ha sido explicada en Times of Israel por Frai Xavier Guanter, bibliotecario del monasterio de Poblet.

La hagadá Poblet fue escrita en el siglo 14 en Cataluña y llevada a Italia por sus propietarios judíos, en 1492. En 1672, fue comprada en Italia por Pedro Antonio de Aragón, el virrey de Cataluña, quien la devolvió a Cataluña y la donó al monasterio de Poblet.

c11090-061Una página de un panel con letras de oro y hojas de decoración con la conclusión de la Hagadá: La-ha-Shana Baah bi-rushalayim, Amen (El año próximo en Jerusalem, Amen), Origen: Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

A lo largo de su historia, el monasterio de Poblet ha tenido siempre buena relación con los judíos que viven en la región. Los monjes, algunos de ellos eran judíos conversos, han conservado los preciosos manuscritos, a veces con peligro por sus vidas.

Cuando en 1836 el gobierno español se comprometió en un programa de confiscación de tierras de la iglesia para poder financiarse, los monjes se vieron forzados a huir de Poblet y la biblioteca del monasterio fue dispersada. Finalmente la famosa hagadah Poblet fue comprada por Jaime Puigarnau Mans, un profesor de derecho canónigo en la Universidad de Barcelona. A su muerte en 1983 pidió que la ‘hagadá’ fuera restituida al monasterio, hace 20 años un religioso la llevó allá.

Esta exposición es una experiencia efímera, se acabará el 5 de julio. Pero muchos universitarios han lanzado el proyecto cuyo objetivo es recuperar la historia judía de las ‘hagadot’ de Cataluña para la posteridad, y han emprendido un documental que se remontará en el tiempo hasta la Barcelona del siglo 14.

Fuente: Enlace Judío México

Los sefardíes en la independencia de Venezuela

Por: Gerardo Dorante

La presencia de judíos en territorio venezolano fue detallada por el historiador Manuel Pérez Vila, quien señaló, que en 1569 llegó a Borburata el conquistador Pedro Malavé De Silva, al frente de unos 300 hombres, los cuales la mayoría eran “marranos conversos,” expulsados de varias ciudades europeas de dominio español por orden de los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, ningún judío negado a convertirse al catolicismo, podía permanecer en territorio español después del 30 de junio de 1492. Hubo una prórroga hasta el 2 de agosto de ese año por lo que es bastante probable que también hubiese judíos entre los aventureros que acompañaron a Colón en su primer viaje.
Por distintas razones, llegaron más tarde judíos de Livorno (Italia), para radicarse en la isla de Cayenne (de posesión holandesa). La conquista de Recife por los portugueses que traían las Leyes del Santo Oficio, y la conquista de Cayenne por los franceses, poco tolerantes con los judíos, empujaron a muchos de éstos a emigrar a Nueva York y Curazao. Pero algunos de estos judíos originarios de Livorno, viajaron desde Curazao hasta Tucacas para establecer en 1693 la primera comunidad judía registrada en Venezuela. A partir de 1708 comienzan a llegar a Tucacas, que era el puerto comercial más importante de Venezuela, judíos holandeses provenientes de Curazao. Son hostigados por los españoles y se marchan, pero regresan un tiempo después para organizarse como comunidad bajo la presidencia de Samuel Hebreo. En Tucacas se erige la primera sinagoga en tierra venezolana, pero en 1720 las autoridades españolas arrasan con el poblado judío y le prenden fuego.
La historiadora Paulina Gamus Gallegos, señala: “En un documento español fechado en 1743 se pide vigilar la presencia de judíos que en gran cantidad se trasladaban entre las orillas del Amazonas y del Orinoco. Eran judíos establecidos en Nueva Zelandia, nombre de una posesión holandesa ubicada en la región del Esequibo.”
Bolívar y Mordechay Ricardo

Cuando se inicia la guerra de independencia en Venezuela, la simpatía de la comunidad hebrea en la isla de Curazao, estaba a favor de los patriotas venezolanos. En su mayoría eran comerciantes que se oponían a las políticas monopólicas de la corona española, aunado a ello los sentimientos de los judíos expulsados de España y Portugal eran contrarios a los intereses del imperio español en el nuevo continente. La prueba de ello se presentó en el año 1812, año duro para la causa patriótica; por la pérdida de la primera República y la capitulación del general Francisco de Miranda con Monteverde el 25 de julio de 1812.
Entre las causas que condujeron a la capitulación figura la caída de Puerto Cabello, fortaleza que estaba a cargo del joven Simón Bolívar. El libertador es obligado a huir a Curazao, el escritor Lovera De Sola en su obra: “Curazao, escala en el primer destierro del libertador” lo estampa de la siguiente manera: “Cuando la goleta Jesús, María y José, tomó rumbo a Curazao y se alejó del puerto de La Guaira, su pasajero Bolívar, viendo las montañas que se perdían en el horizonte, necesitó pensar acerca de su futuro.
Bolívar permanece en la isla y se hospeda en Curazao en la casa del judío Abraham de Meza. Surge entonces un personaje estudiado con cautela y respeto por quienes a él se refieren: se trata del abogado Mordechay Ricardo, de origen sefardita y quien, según todos los indicios, facilitó a Bolívar su propia residencia en la cual parece haber existido una excelente biblioteca.”
La amistad de Mordechay Ricardo con Bolívar fue mantenida a través del tiempo y mostrada en activa correspondencia. El abogado Ricardo, años más tarde (1814), también dio albergue a las hermanas de Bolívar, María Antonia y Juana Bolívar, cuando ambas huían del terror desatado por José Tomás Boves.
Por su parte el historiador y catedrático venezolano Roberto J. Lovera De Sola resalta la gran influencia positiva a las ideas bolivarianas de su amigo sefardí Ricardo en Bolívar. “Durante su permanencia de dos meses en Curazao, Bolívar logró curar, gracias a Mordechay Ricardo y sus amigos curazoleños, su angustia, su interior enfermo, recobrar nuevas fuerzas y ponerse de nuevo, con los hondos bríos, en aquello a lo cual había jurado dedicar su vida: la independencia de Sudamérica”.
Judíos con ideales bolivarianos

En la rica biblioteca de Mordechai Ricardo, Bolívar pasa días enteros consultando libros y documentos hasta escribir el Manifiesto de Cartagena.
David Castillo Montefiore, también judío de Curazao, fue uno de los importantes financistas de la Guerra de Independencia y Joshua Naar le hacía llegar dinero a Bolívar, por intermedio del Almirante Brión.
Ya en 1818, Joseph Curiel, quien años más tarde sería uno de los fundadores de la comunidad judía de Coro, se presentó ante Bolívar en Angostura, para ofrecerle el apoyo de los judíos del Caribe, hecho que no se limitó al aspecto económico ya que en la guerra de Independencia intervinieron, como militares activos: Benjamín Henríquez, nacido en la isla en 1784, participó en la Campaña Admirable y en la expedición de los Cayos. En 1816 fue enviado a Curazao por Simón Bolívar con el fin de reclutar hombres para el ejercito patriota trabajando activamente por la independencia de Venezuela, por lo que fue detenido, posteriormente fue dejado en libertad por petición del Consejo de la isla y enviado al exilio por considerarlo el gobierno insular persona peligrosa. De regreso a Venezuela se incorpora al ejército del libertador y en 1818 fue ascendido a teniente coronel. Samuel Henríquez otro judío que alcanzó el grado de capitán y Juan Bartolomé De Sola, general de brigada.
Durante toda la guerra de independencia, los comerciantes de Curazao, incluyendo a los judíos, jugaron un papel importante en el suministro de armas y pertrechos a los ejércitos patriotas
Azriel Bibliowicz: profesor de la universidad nacional de Colombia, señala que el 6 de mayo de 1819 el gobierno de la Nueva Granada emitió un decreto por el cual se acordaba a los “miembros del pueblo hebreo” el derecho de establecerse en su territorio con garantías de libertad religiosa, lográndose que el 22 de agosto de 1821 fuese abolido el Tribunal de la Inquisición, permitiendo que numerosas familias judías de Curazao, donde se vivía una fuerte depresión económica, se trasladaron a Colombia y Venezuela estableciendo estructura a la nueva comunidad.
Luego de una larga y cruenta guerra, la independencia de Venezuela quedó sellada en el campo de Carabobo el 24 de junio de 1821. El gobierno de la naciente república hubo de enfrentar el construir el devastado país, repoblar los vastos espacios de su geografía y normar la nueva legislación de acuerdo a los principios de igualdad y justicia dones preciados por los cuales dieron sus vidas nuestros libertadores. Ese mismo año, en el mes de agosto específicamente, el nuevo gobierno bolivariano decretó la abolición de la inquisición. La libertad religiosa fue garantizada posteriormente en 1830, al modificarse el artículo 22 de la Constitución vigente en ese entonces.
Ya para 1829, se había firmado un tratado entre Holanda y la Gran Colombia (incluida Venezuela), según el cual se garantizaba a los súbditos holandeses en el territorio de la Gran Colombia, la libertad de practicar la religión sin ser molestado. Esto permitió que muchos judíos curazoleños buscaran nuevos horizontes en otros lugares.
Los judíos sefardíes fueron llegando a Caracas como a otras ciudades de las costas venezolanas como Puerto cabello y Barcelona, pero fue en Coro, donde tuvo lugar el asentamiento judío más grande e importante.
En el año 1988, el Gobierno de Venezuela agradeció el apoyo de Curazao y a la comunidad judía, por su participación a la gesta independentista, con la emisión de tres estampillas relacionadas con el gran amigo del Libertador, Mordechai Ricardo.
Comunidad judía en Coro

En cuanto a la comunidad hebrea en Coro, Paulina Gamus Gallegos, escribió: “En Coro ya había algunos judíos desde el siglo XVIII. Para el año de 1831 vivían allí David Maduro, Joseph Curiel, Isaac Abenatar, Gabriel Abenatar, Samuel Maduro, Joshua López, Elías Curiel y familias de apellido Brandao, Álvarez, Henríquez, Correa, Fonseca, De Lima, Salcedo, Morón, Pereira, López, Capriles, Hoheb, Sénior, etcétera. Pronto estos judíos asentados en Coro alcanzarían gran prominencia comercial e industrial y por su participación estelar en la vida científica, cultural, en la política, en la diplomacia y en el periodismo. Destacan las figuras de Elías David Curiel, autor del himno del Estado Falcón, poeta, periodista, colaborador de El Cojo Ilustrado. Salomón López Fonseca, uno de los mejores poetas de su generación, David Curiel, promotor de la ciencia farmacéutica, José David Curiel, su hijo, Presidente de la Corte Suprema del Estado Falcón y de la Asamblea Legislativa. En Coro se inaugura, en 1832, el primer cementerio judío en tierra venezolana, que es hoy patrimonio histórico de la ciudad.”
En la misma, la catedrática Paulina Gamus, continúa señalando: En un país asolado, primero por la guerra de Independencia y luego por las luchas intestinas que llevaron a la Guerra Federal, la prosperidad de los judíos de Coro provocó no pocas envidias. En 1833 y en 1855 se producen violentos ataques contra esta comunidad, con saqueos y destrucción de sus propiedades.
Según Isidoro Aizemberg, en su importante obra “La comunidad judía de Coro, 1824 – 1900. Una historia.”Reseña que los disturbios anti judíos ocurridos en esa ciudad tuvieron su origen, en gran medida en la herencia católica de la población coriana. En situación de crisis económica o de malestar político y social se busca el chivo expiatorio a quien culpar, en este caso a la minoría judía que habitaban en Coro”. Por la situación muchos regresaron a Curazao; pero en 1859 el gobierno venezolano, por presiones de Holanda, los indemnizó y los invitó a regresar. Volvieron para continuar en su emprendedora labor en todas las áreas del quehacer humano.
Como elemento curioso, nunca construyeron una sinagoga sino que los rezos se hacían en las casas de las familias más prominentes. Tampoco crearon alguna escuela que les permitiera educarse en su tradición. Con el paso del tiempo fueron perdiendo sus nexos con la fe de sus antepasados y entraron en un proceso asimilatorio hasta desaparecer como comunidad judía. De ella apenas quedan unos pocos que se mantienen como judíos, pero sus apellidos de trascendencia no solo local sino nacional son testimonio perenne de la influencia determinante que tuvo esa comunidad.
Judíos de todos los tiempos en el desarrollo de Venezuela

En la segunda mitad del siglo XIX, hubo marcado interés de los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco y Joaquín Crespo por atraer inmigrantes al país. Se hacía mediante contratos que el gobierno otorgaba y con la designación de agentes consulares idóneos. Los judíos Abraham J. Lasry, Enrique B. Levy y Alejandro Mondolfi, este último de origen italiano, cumplieron esas tareas. En las dos últimas décadas de ese siglo, comenzó a llegar al país una inmigración judía proveniente del norte de Marruecos, especialmente de Tetuán. Enrique B. Levy será uno de los fundadores, en 1907, de la Sociedad Benéfica Israelita que apenas tiene una duración de dos años. En 1930, Alejandro Mondolfi preside la Asamblea que acordará la constitución de la Asociación Israelita de Venezuela, institución que hasta hoy agrupa a la comunidad sefardí del país.
Los apellidos de esos nuevos inmigrantes son, entre otros, Levy, Cohén, Taurel, Obadía, Benacerraf, Sabal, Ettedgui, Pariente, Coriat, Benshimol, Bendayán, Sananes, Benzecri, Benmergui, Benaim, Pilo, Carciente, Benarroch. Se encuentran con una comunidad judía, la de origen curazoleño holandés, en vías de extinción por el proceso asimilatorio, pero el choque cultural impide los nexos entre ellos. Los recién llegados se establecen mayormente en Caracas, como también en La Guaira, Puerto Cabello, Carúpano, San Fernando de Apure, Río Chico, Valle de la Pascua, Maracaibo, Barcelona, Villa de Cura, Barquisimeto, Los Teques, La Victoria y Maracay.
A finales de los años veinte y mediados de los treinta del siglo pasado, la crisis económica que se vive en el mundo, adquiere dimensiones de miseria en el Medio Oriente. Comienzan a llegar al país, judíos provenientes de Palestina (Israel), Siria, Líbano y también de Turquía, Grecia y Bulgaria. Se les llama bajo el nombre de “turcos” ya que provenían de los antiguos dominios del Imperio Otomano.
El mismo año de 1930, llegan algunas familias askenazíes, es decir judíos originarios de Europa que en su mayoría se expresaban en idish, una lengua derivada del alemán ó bien en este idioma. Las relaciones intercomunitarias eran difíciles, por razones idiomáticas, culturales y hasta por el acento y entonación de sus oraciones.
A finales de la década de los 30, logran arribar al país algunos judíos que han podido escapar de lo que ya se vislumbraba como el propósito del régimen nazi de exterminarlos.
Una circular girada por la Cancillería venezolana a todos sus consulados en el Exterior, prohíbe expresamente otorgar visas a judíos. Al concluir la Guerra en 1945, llegó un número importante de sobrevivientes originarios de Rumania, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Grecia, Austria y Alemania. Muchos cambiaron sus apellidos para poder ingresar al país ya que se mantenía vigente la antes mencionada circular emanada por la Chancillería del país.
A partir de 1948, con la creación del Estado de Israel, se produce una emigración masiva de judíos desde países musulmanes, en donde la presencia de estas comunidades había sido milenaria. Llegan a Venezuela desde Egipto, Siria y Líbano, y al proclamarse la independencia de Marruecos, en 1956, se produce una importante inmigración de judíos que venían de Tetuán, Tánger, Melilla, Ceuta y otras ciudades del Norte de África donde el español era el idioma predominante. Los nuevos inmigrantes se encontraron con instituciones ya consolidadas, con sinagogas y con un colegio comunitario. De inmediato se incorporaron a la vida judía y a las actividades comerciales e industriales.
Los integrantes de las distintas inmigraciones judías que llegaron a Venezuela, se dedicaron en su gran mayoría, al comercio, pronto, muchos incursionaron en actividades industriales y financieras.
El primer banco del país, llamado Banco de Venezuela y creado por decreto del Presidente José Antonio Páez, fue fundado por Isaac José Pardo Abendana, judío sefardí proveniente de Altona, ciudad alemana cercana a Hamburgo. Llegó a Venezuela, con solo 17 años de edad en el año 1841. Además de banquero, fue un prominente jurista con participación protagónica en la redacción del Código de Comercio, lo que le valió una condecoración del presidente de la época Guzmán Blanco.
En todas y cada una de las diferentes disciplinas, ha sido notable el aporte de profesionales judíos en las diversas áreas del desarrollo y de la modernización del país.
Los avatares de la historia y los cambios sufridos por el pueblo judío a lo largo de su accidentada y sorprendente historia, condujeron a estos hombres y mujeres emprendedores a un largo periplo que los trajo a tierras venezolanas, donde efectivamente han dejado huellas. La mayoría no profesan la fe judía, pero conocen sus orígenes y están orgullosos de ello. En el presente viven entre nosotros una comunidad con deseo de seguir aportando para el desarrollo sustentable y productivo de la nación con ideas de libertad como los de sus antepasados que también dieron sus vidas por los ideales bolivarianos, dejando sendas imborrables que muchos ignoran, pero otros los recordaran como los héroes desconocidos de la independencia.
Bibliografía:
Benshimol Levy Abraham: Los Sefardíes, vinculo entre Curaçao y Venezuela.
Gallegos Gamus Paulina: La Comunidad Judía de Venezuela, distintas culturas, una sola fe.
Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar: ensayo de una interpretación biográfica a través de sus documentos. Mérida, Venezuela.
Lovera De Sola, Curaçao, Escala en el primer destierro del Libertador.
Isidoro Aizemberg, “La comunidad judía de Coro, 1824 – 1900. Una historia.

 

Las Juderías de Extremadura

Mérida parece haber sido la principal aljama o barrio judío de esta región, en donde hubo gran número de habitantes hebreos desde tiempo inmemorial. Efectivamente, en la actual capital de Extremadura, la antigua Augusta Emérita, se ha encontrado una inscripción latina del siglo II en la que se lee el nombre de Iustinus de la Flavia Neapolis, la Siquem de la Biblia, que ha sido fundamentalmente catalogado como judío. Otra lápida hallada en esa misma ciudad revela la existencia de judíos en el siglo VI o VII, y luego hay evidencia de que había judíos en esa ciudad y, posiblemente, en muchos otros lugares de la región. Pero después que se destruyeron los muros de la ciudad, el grueso de la población y, entre ellos, los judíos, se trasladaron a la vecina Badajoz.

Consta que hubo judíos en la actual capital extremeña hasta la expulsión de 1492. En el siglo XIII Extremadura cayó en manos de los cristianos, y en los Fueros de Coria (hacia 1210) y de Cáceres (1229), ambos firmados por Alfonso IX de León, se prestaba especial atención a los judíos.

Se sabe que los judíos extremeños se concentraron en las ciudades, y que estaban al amparo de los grandes señores y de las órdenes militares de Santiago y Alcántara, que se crearon para defender del dominio moro esos territorios reconquistados.

En un registro de Sancho IV de 1283 se habla de las juderías de CáceresCoriaAlcántara,Valencia de AlcántaraBadajozMérida y Jerez de Badajoz, hoy llamada Jerez de los Caballeros. En el padrón de Huete de 1290 se agregan las localidades de PlasenciaTrujilloMedellín.

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Con todo, el siglo XV habría de ser la verdadera época de esplendor de la judería en ese rincón español. Extremadura fue tierra de acogida para aquellos judíos que huyeron de los pogromos de 1391, después sirvió de refugio a los judíos de Córdoba, Sevilla y Cádiz cuando se decretó su expulsión en 1483. Estos inmigrantes forzosos incrementaron el número de las juderías extremeñas en zonas tan definidas como: el Valle del Ambroz, del Jerte, la Vera de Plasencia y la Sierra de Gata, esto es, el norte cacereño. Así mismo, aumentaron el número de pobladores de las juderías ya existentes, tal es el caso de Cabezuela del Valle, Trujillo o Plasencia, cuyas comunidades judías aparecen, desde antiguo, descritas como aljamas, esto es, comunidades que contaban con todas las instituciones necesarias para llevar una vida auténticamente judía: sinagoga, rabino, auxiliares de la sinagoga, cementerio, mikve, es decir baño ritual, Talmud Torá o academia religiosa, carnicería casher, horno comunitario, hospital para pobres y peregrinos, Bet Din o tribunal rabínico, así como un sistema de autogobierno propio. Y hasta existe un pueblo en donde sus habitantes suelen recordar con simpatía y un dejo de cierta nostalgia la presencia hebrea, y se escucha un refrán que dice “En Hervás, judíos los más”, como se verá más adelante.

Al cumplirse el plazo del Edicto de Expulsiónde 1492, quienes se negaron a convertirse tomaron el camino del exilio pasando a Portugal por Valencia de Alcántara. Más tarde, al ser expulsados de Portugal, iniciaron la gran diáspora sefardí por los Países Bajos, Marruecos y el Imperio Turco Otomano, llevando en sus “alkunyas“, en sus apellidos, nombres como: Casseres, Coriat, Kuriat, Alburkerk, etc, que todavía evocan su vida en “Sefarad, la bien kerida“.

A parte de los expulsados, los anusim, aquellos que cedieron a tantas presiones y se convirtieron al catolicismo, siguieron practicando el judaísmo en secreto, produciéndose este fenómeno en todas las capas sociales de la sociedad de la época; así, cuarenta años después de la muerte de Don Diego García de Cáceres, originario de Plasencia y lugarteniente de Don Pedro de Valdivia, el Conquistador de Chile, se supo que era criptojudío.

El historiador Haim Beinart, en “Los conversos ante el Tribunal de la Inquisición(Barcelona, Riopiedras 1983), se refiere a la noticia de un buhonero judío de Cáceres que practicó el berit milá, la circuncisión, a varios conversos de Ciudad Real. Hoy en día se puede detectar en aquellas familias que, sin saberlo, conservan aún costumbres judías como por ejemplo lavar la carne antes de guisarla.

Y, para terminar, no podría menos que mencionarse lo que afirma un historiador hispano: “…en muchos sentidos los judíos extremeños fueron los salvadores de la economía de aquella zona”.

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Alburquerque (Badajoz)

A pesar de la importancia de la minoría judaica en Alburquerque,  la única documentación conocida es la que aportan los libros de bautismo conservados en la parroquia en los que aparecen los nombres de los que se convertían al catolicismo. La herencia en las costumbres y las prácticas alimenticias muestran, en Alburquerque, un contacto no olvidado con la cultura judía. En el Barrio Medieval se han encontrado varias casas con mezuzás o pequeños rollos de pergamino manuscrito que se fija en la jamba derecha de la puerta de cada cuarto de un hogar judío. En el interior de la iglesia de Santa María del Mercado aparece una lápida funeraria perteneciente a un judío converso o cristiano nuevo. Esta sepultura, hecha en granito, presenta una estrella de cinco puntas. Además de los rollos y de esa lápida, también aparecen marcas de cantero por todos los rincones de la Torre del Homenaje del castillo construido por don Álvaro de Luna en el siglo XIV. En tales marcas aparece la letra hebrea shin. Pero el símbolo principal se encuentra en el parteluz de una de las ventanas góticas dse la Torre del Homenaje. En ella aparecen las letras que forman el tetragramatón judío: las inicialesYHVH del nombre de Dios en hebreo.

Alcántara (Cáceres)

La villa de Alcántara, en la franja occidental de la provincia de Cáceres limítrofe con Portugal, acog a la Orden Militar de San Julián del Pereiro que recibe el patronímico de Alcántara en 1218. La Orden Militar repobló los territorios rurales de Alcántara y Valencia de Alcántara con población hebrea desde finales de siglo XIII.

La tradición oral emplaza la sinagoga en la ermita de la Soledad, en cuyo interior se localizó una inscripción con caracteres hebreos, que dice: “Hizo esta magnificencia don Mosé Lerma – hijo del honrado rabí Ishaq Lerma. Descanse en el Edén el año Hinnám”. Es posible que la comunidad hebrea se estableciese por el entorno de la ermita de la Soledad, entre la Plaza de la Corredera y la Plaza de España. Dicha comunidad se convierte en aljama en 1489.

Las poblaciones fronterizas, tras el edicto de expulsión de los judíos, son un corredor migratorio de cristianos nuevos cacereños y portugueses perseguidos por las Inquisiciones de Évora y Llerena en los siglos XVI al XVIII, que buscan refugio temporal en uno u otro lado de la frontera.

Según Francisco Cantera Burgos — en su obra “Sinagogas Españolas”, publicada con el C.S.I.C (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Madrid, 1984; y en su artículo “Nuevas inscripciones hebraicas”, aparecido en la revista «Sefarad», tomo XIV, Madrid, 1954 — existió una interesante lápida hebrea descubierta en la ermita de la Soledad de la villa de Alcántara conteniendo una inscripción, en dos líneas en hebreo que dicen así:  “Hizo esta magnificencia(preciosidad o joyaDon Mosé Lerma, | hijo (¿)del honrado Rabí Ishaq Lerma (¿) —descanse en el Edén—, en el año Hinnam” [año expresado por la palabra Hinnam, o sea, tal vez 1335 d.C.]

La preciosidad o joya a que la inscripción hace referencia sería, quizá, una sinagoga entera o cuando menos el armario o el arca de la ley en ella guardada. La lápida constituiría su dintel. Y ello, aunque se leyeren las letras desaparecidas de la inscripción de otro modo, tal que así: “Hizo [lo]el preciado Rabí don Mosé Lerma…” etc., referido, al menos, al dintel. Según esta segunda hipótesis, que el doctor C. Roth, sefardí, parece preferir, sorprende que se omita el complemento directo del verbo “Hizo”, así como también alguna otra incorrección gramatical obvia en hebreo.

La fecha de la obra sería el 1335 con mucha probabilidad, época singularmente propicia en España para la erección de templos judíos. Gobernaba entonces Alcántara como Gran Maestre de la orden de ese mismo nombre, Fray Rui Pérez de Maldonado, sucesor en el cargo de Fray Suer Pérez, muerto en ese mismo año de 1335. Según el hebraísta extremeño doctor Floriano Cambreño, todavía en 1929 existía la referida lápida, en el suelo y a manera de lauda o escalón, ante el altar mayor de la hoy lamentablemente arruinada ermita de la Soledad, sita en la empinada calle de ese nombre. No sabemos si sería llevada allá, desde la sinagoga u otro edificio hebreo, o si la misma mencionada ermita funcionó en otro tiempor como sinagoga. No existe tradición local al respecto en Alcántara, según indagaciones que se hicieron sobre el terreno acerca de ese punto.

Alconchel (Badajoz)

Alconchel conoció, sobre todo a lo largo de la Baja Edad Media, una abundante población judía, razón, quizás, por la que se trató de dotar a la villa de una población no corta de caballeros Templarios. En 1474 se cita la existencia de una importante aljama judía que participó del reparto que el rey Enrique IV hizo de 450.000 maravedíes en beneficio de la población. En 1580, la unión de las coronas española y portuguesa hizo que muchos de los criptojudíos se convirtieran al catolicismo y se establecieran en las cercanías del Castillo de Miraflores, en la actual calle Ollerías. Hasta los siglos XVI y XVII hubo inscripciones de judíos pobladores de Alconchel en los registros de la Inquisición de Llerena.

Badajoz

En esta ciudad extremeña a orillas del Guadiana vivieron judíos desde la época muusulmana. Esta aljama pasó por todas las vicisitudes que afectaron al judaísmo hispano, hasta la expulsión de 1492 y más tarde. La ciudad fue muchas veces escenario de autos de fe, ya que los conversos pretendían profesar una religión en la que no creían. Se sabe que en 1635 lograron huir a Portugal unos 150 criptojudíos, acusados de haber practicado las ideas iluministas que se habían desarrollado allí unos años atrás.

La judería de Badajoz era una de las más grandes de España en la segunda mitad del siglo XV. Hasta 1480 los judíos vivieron diseminados por la ciudad. A partir de ese año, por orden de los Reyes Católicos, se formó el barrio judío. La judería se encontraba en la actual calle de San Lorenzo, que da a la Plaza Alta, en la que todavía se conserva un arco de carácter medieval. Aunque existen noticias de la existencia de dos sinagogas en Badajoz, nada se sabe de su ubicación, si bien parece que una de ellas se situaba en el castillo o alcazaba.

Barcarrota (Badajoz)

En las actuales calles Toledillo, Jurumeña y Nueva se ubicaba la antigua judería. La situación de ciudad fronteriza entre España y Portugal hizo posible que la población conociera un cierto auge mercantil al que contribuyeron, sin duda, la abundancia de médicos, boticarios, cirujanos, profesiones habitualmente practicadas por hebreos, y posiblemente algunos individuos relacionados con el mundo del derecho.

Burguillos del Cerro (Badajoz)

La existencia de una floreciente judería está bien documentada. La aljama contó, sin duda, con una sinagoga de dificil localización en la actualidad, si bien la villa tuvo con abundante población llegada desde Portugal y se conservan zonas suburbanas como el Cabezo del Judío o la huerta llamada Suerte de la Judía, indicativos de su posible ubicación.

Cabezuela del Valle (Cáceres)

Se trata de un pequeño y pintoresco pueblo, aunque es el municipio principal del Valle de Jerte en la provincia de Cáceres. La judería, que en su momento tuvo importancia, estaba extendida, según documentos, por ciertas calles apartadas del lugar, y a finales del siglo XV se les quedó estrecho el sitio. Los Reyes Católicos les concedieron la facultad de ampliar la judería de forma y modo que pudieran realizar cómodamente en ella sus oficios. Pero la suerte no acompañó a los judíos de ese rincón extremeño: antes de transcurrido un año, tuvieron que dejar sus viviendas recién adquiridas para marchar al exilio definitivo, obedeciendo el Decreto de Expulsión de 1492.

Cáceres

Lo que parece ser el principal vestigio de la presencia judía en esta ciudad extremeña se encontraría en la ermita del Espíritu Santo, que aunque está en las afueras habría sido sinagoga antes de 1492. Tal como es descrita por FranciscoCantera Burgos, está dividida en tres naves, pero a su ancho está separada por dos arquerías de tres arcos de ladrillo que descansan sobre pilares octogonales, en forma muy parecida a la construcción de la famosa Santa María la Blanca de Toledo. Se trata de una arquitectura mudéjar, que contrasta con la forma de la capilla mayor, que tiene un estilo gótico más tardío.

En el Repartimiento hecho a los judíos por el Rabí Jacob Aben Núñez, el juez mayor de los judíos en tiempos de Enrique IV de Trastámara, fechado en 1474, la comunidad judía de Cáceres aparece descrita como aljama, aportando al erario real la cantidad de 8.200 maravedíes. Este cuantioso tributo la situaba entre las cinco primeras aljamas de Castilla. En los siglos anteriores la judería de Cáceres no aparece citada como aljama; esto, además de indicarnos la tendencia creciente de la demografía judía en Cáceres en el siglo XV, nos lleva a la matización de que la judería de Cáceres, antes del siglo XV, dependería probablemente de la aljama de Trujillo para todas las cuestiones religioso-jurídicas.

El aumento de la población judía en Cáceres en particular, y en Extremadura en general, durante el siglo XV, se deb a dos factores. El primero de ellos a la tranquilidad que les ofrecía esta tierra, poco poblada aún y libre de prejuicios antijudíos; el segundo factor, que seguramente tuvieron en cuenta, fue la proximidad con la frontera de Portugal que les facilitaría la huida en caso de necesidad. Prueba de ello es que Don Isaac Abravanel, el que fuera el líder carismático de los expulsados en 1492, después de que Don Abraham Señor y su yerno Meir Melamed se bautizaran en Guadalupe, determinó asentarse en Segura de León, en el extremo sur de la actual provincia de Badajoz.

En 1479 la judería de Cáceres contaba aproximadamente con 130 familias, esto es, 650 vecinos judíos, para un total de población en torno a los 10.000 habitantes según Lacave en su obra,Juderías y sinagogas españolas“. (Madrid. Colecciones Mapfre, 1992). Otros autores como Floriano Cumbreño cifran en 2.000 el número de habitantes que tendría Cáceres en el siglo XV. Entre estos vecinos judíos estaban: Don Rabí Raime y su esposa Doña Ravira, sus vecinos Don David Cohen y su mujer Camila. También aparecen citados en documentos los nombres de Haim Alveila, Vidales, Isaac Molho, y Abrahám Abenaex. Otros personajes que aparecen desempeñando funciones tributarias en Cáceres y Trujillo eran Salomón Abenaex, Yehudá Abenatabe, Efraím Barchilón, Abrahám Barchilón, Moshé Alfandarí e Isaac Follequinos.

El espacio vital en el que vivieron estos hombres y mujeres de la comunidad judía de Cáceres en el siglo XV se desarrollaba en dos zonas claramente diferenciadas, la judería vieja “intra muros”, es decir, en el interior del recinto amurallado, y la judería nueva “extra muros”, situada fuera de la ciudad monumental en torno a la magnífica Plaza Mayor de la ciudad.

Por otra parte, otra fuente indica que el barrio judío se encontraba en el actual Barrio Monumental, cuya calle principal, la de San Antonio, tiene una pequeña ermita que fue previamente una sinagoga o edificada sobre la que habría allí anteriormente.

Según Francisco Cantera Burgos — en la citada obra “Sinagogas españolas”, publicada con el C.S.I.C., Madrid, 1984. —, no consta históricamente referencia alguna especial o concreta sobre la sinagoga de Cáceres. Antonio C. Floriano, en su “Documentación Histórica del Archivo Municipal de Cáceres” (Tomo I, Cáceres, 1934), ofrece en su página 128 la interesante indicación sobre una Real Carta otorgada a 14 de mayo de 1492 por los Reyes Católicos desde Santa Fe (Granada) “para que se guarden y cumplan las órdenes dadas respecto de la expulsión de los judíos, pudiendo dispopner éstos de sus bienes”. En efecto, se les autorizaba a vender sus bienes muebles, raíces, semovientes y créditos, mandando que se cumpla en un todo la Pragmática dada sobre su expulsión y se cumpla dentro de los plazos señalados para ello.

En el Volumen VI de los “Cuadernos de Arte” (Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1954), dedicado a Cáceres aparece un “Estudio histórico-artístico por D. Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de San Miguel”. En tal estudio (página XXI) se puede leer:

La ermita del Espíritu Santo, situada en las afueras, en el barrio de su nombre, fue, posiblemente, una sinagoga. Lo más importante de ella es el interior, dividido en tres naves, no de manera longitudinal, como es lo corriente, sino en el sentido de la anchura. Hacen la división dos arcadas de tres arcos de ladrillos, que descansan en octógonos pilares de granito. Los arcos del centro son apuntados-tumidos; los otros, solamente apuntados y más pequeños. Es una construcción mudéjar, obra, acaso, de moriscos, realizada en los siglos XIV o XV. La capilla mayor corresponde a una más tardía agregación gótica. La ermita ha sido restaurada por la Dirección General de Bellas Artes”.

Por amable comunicación del Conde de San Miguel y de Conilleros a Francisco Cantera Burgos, consta que la posibilidad de que la citada ermita fuera antes sinagoga “se apuntó entre el grupo de investigadores locales de principios de siglo”, recogiéndola, y rectificando con ello su anterio opinión, Antonio Floriano en su “Guía histórico artística de Cáceres” (Cáceres, 1952, página 213). Las más amplias descripciones de la ermita las habían hecho Publio Hurtado en su obra “Ayuntamiento y familias cacerenses” (Cáceres, 1915-1918, página 707), y José Ramón Mélida en su “Catálogo monumental de España. Provincia de Cáceres” (Madrid, 1924, tomo II, páginas 40-41). No obstante, Hurtado habla de que fue convento de Templarios, confundiéndolo, según Cantera Burgos, con la muy semejante ermita de Nuestra Señora del Salor, situada a unos pocos kilómetros de la ciudad de Cáceres; ermita que siempre fue templo cristiano de estilo mudéjar.

Casar del Palomero (Cáceres)

Esta localidad perdida en la sierra tuvo una pequeña comunidad judía, cuyo emplazamiento exacto es conocido por todos sus habitantes. Se halla casi enfrente del santuario, ahora una ermita cerrada. Y hay en la esquina de la plaza de la judería, una casa que habría sido la residencia del rabino. Casar del Palomero fue escenario de uno de los eventos que caracterizaron el modo de proceder de un pueblo enardecido y agitado por fanáticos provocadores. En la puerta de esa ermita, entre las dos vertientes de la cuesta, se puede leer una inscripción que dice: “En este lugar del puerto del Gamo, miembros de la comunidad judía de Casar del Palomero apedrearon la Cruz Bendita el Viernes Santo, 25-III-1488“. Realmente, resulta difícil pensar que en aquella época, en la que los hebreos estaban muy atemorizados por ser objeto de tan crueles persecuciones, hubiera alguien que se hubiera atrevido a cometer semejante acto. Se trataba, aparentemente de una artimaña, para pasar a cuchillo a todos los judíos locales, y hacerse con sus propiedades. Y así efectivamente ocurrió. No quedó ni uno, y su sinagoga fue convertida en ermita, llevándose allí en una gran procesión la cruz “profanada”, para que sirviera de escarmiento a todos.

Pascual Madoz, en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico” (Tomo VI. Madrid, 1847, página 36), después de referirse a la iglesia parroquial de Casar de Palomero (edificio antiquísimo, sólido, que fue mezquita) se detiene en la descripción del famoso santuario de la Santa Cruz “por su magnificencia, particularidades de su historia, riquezas que ha poseído y veneración de que es objeto”, y escribe: “Es un edificio grande, majestuoso y sólido, de despejada y bella arquitectura, de una sola nave y bóveda… estraordinaria (sic) cúpula … tiene 40 varas de largo, 12 de ancho, 18 de alto hasta la bóveda… sus portadas son tres; la principal mira al Oeste con grandes columnas y un medallón de cantería labrada sobre el arco de la puerta… las otras dos puertas están en los costado N. y S., una enfrente de otra y enteramente iguales… la Santa Cruz es el objeto de su culto, colocada en el altar mayor… en un bonito camarín; representa solamente el árbol sin brazos, es de madera, de seis cuartas de alto y más de media de ancho, todo engarzado y casi cubierto de planchas de plata y embutidas en éstas, muchas y grandes esmeraldas, amatistas y topacios”. Es de tradición admitida, aunque sin documentos que la confirmen, que esta cruz se hallaba en lo alto del puerto que domina la villa por el S., llamado del Gamo, donde ahora hay una ermita de la misma advocación. Se cuenta que en un Jueves Santo por los años de 1400, hallándose el vecindario en los oficios divinos, fue apedreada por algunos judíos que todavía existían en el pueblo, los cuales fueron sorprendidos en su criminal ocupación, que pagaron con sus vidas, “trasladándose la cruz a la ermita en que se halla, la cual era entonces muy reducida y había servido de sinagoga”.

Coria (Cáceres)

Alfonso VII conquista la ciudad en 1142 iniciándose décadas después la repoblación con colonos judíos. El privilegio real concedido por Alfonso IX a Coria a principios del siglo XIII articula una codificación tolerante que reglamenta la vida de la comunidad hebrea así como de los cristianos y musulmanes que la habitan.

En el período del rey Sancho IV, a fines del siglo XIII, la repoblación hebrea se consolida, cuya aljama contribuye en el pago del impuesto regio del pecho de los judíos. En el distrito episcopal de Coria destacan las juderías deAlcántaraBrozasCáceresGalisteoGata(algún lugar no determinado de la Sierra de Gata),GarrovillasSanta CruzValencia de AlcántaraVillanueva de la Sierra, etc.

A fines del siglo XIV la sinagoga de Coriaestá en la Plaza de San Juan, en donde permanece hasta el decreto la expulsión de los judíos.

En el siglo XV los judíos de Coria se establecen en las proximidades de la Puerta de la Ciudad, hoy Ilamada Puerta de la Guía, donde reside, entre otros, Sento Abeara. Sin embargo, Jacob Arrueste, Samuel Leví y la familia Cerfaty viven en la Plaza Mayor. En 1474 la judería de Coria se sitúa entre el bloque de casas establecidas en la Puerta de la Ciudad, la calle del Albaicín y la muralla romana. Algunos de sus habitantes son Mosé Çerfaty, Yuçé Levi y Yudá de Alba.

La familia Yudá de Alba procede de la villa de Alba de Tormes (Salamanca), que traslada su residencia a Coria al tiempo que el duque de Alba adquiere el señorío de Coria en 1470. Yudá de Alba es uno de los judíos más importante de la comunidad hebrea. Trabaja para el Duque de Alba y como recaudador de impuestos para el cabildo catedralicio. Se exilia con su familia a Portugal en 1492 convirtiéndose al cristianismo con el nombre de Diego González de Alba, a fines de 1497, presionado por la política antijudía del rey portugués don Manuel.

El decreto de expulsión de los judíos en 1492 motiva la desintegración del judaísmo en la ciudad de Coria. Yudá de Alba, Yuçé Levi y Mosé Çerfaty se exilian en Portugal. Otros como Rodrigo Álvarez, de profesión sastre, recibieron las aguas bautismales, pero siguieron practicando el judaísmo. Rodrigo Álvarez fue condenado por la Inquisición extremeña a principios del siglo XVI y algunos de sus bienes y deudas confiscados.

Fregenal de la Sierra (Badajoz)

Aunque no hay constancia cierta de la existencia de una sinagoga en la villa, está clara su existencia por la toponimia: el actual nombre de la calle de la Cinoja no es más que una derivación, modificada por el mero transcurso del tiempo, de la calle de la Sinoga o sinagoga.

Fuente de Cantos (Badajoz)

Hasta el siglo XVI la actual ermita de Santa Ana fue la sinagoga judía de la población.

Fuente del Maestre (Badajoz)

La actual ermita de San Juan fue, antes de la expulsión de la población hebrea, la sinagoga de la localidad.

Fuentes de León (Badajoz)

La existencia de una notable población hebrea en esta villa ha quedado constatada por abundante documentación, además de por una imperecedera tradición oral que señala lugares como la Fuente del Judío, como centro de la antigua aljama que cuenta, así mismo, con una calle, la de El Camero, donde se ubicó a finales de la Edad Media un cementerio judío y, después de moriscos, y en cuyas proximidades hubo una sinagoga de la que no han quedado restos visibles.

Garrovillas (Cáceres)

La villa de Garrovillas de Alconétar se sitúa en la comarca de Alcántara, no lejos de la ciudad de Cáceres. Su historia comienza a escribirse tras la reconquista por los cristianos de esa franja. Durante los siglos XIV y XV fueron tres las culturas que convivieron en el pueblo, y cada una de ellas supo dejar su huella con mayor o menor fortuna, destacando la plaza porticada como nexo de unión entre ellas. La comunidad hebrea se establecería a partir del siglo XIV. Visitar la Vieja Villa y perderse por calles y callejas como la dejuderías, del Rey, Nueva o Plaza Vieja es trasladarse a un pasado que está todavía presente”.

Hasta aquí el texto oficial de turismo provincial. Lo que no nos revela es que en la iglesia de San Pedro de ese pueblo hay un calvario que se conoce como El Cristo de las Injurias. Se lo llama así por los ultrajes que los aldeanos dicen sufrió la imagen de pretendidos judíos profanadores.

Es interesante constatar la decadencia demográfica de esa localidad. En el siglo XVI, cuando habría una judería de la que no se ha hallado ningún detalle, la población superaba según algunos autores los 7.000 habitantes. En la primera mitad del siglo XIX había 6.100 habitantes (con lo que era la tercera población de la provincia). En 1996 había 2.557 habitantes y enel año 2006, quedaban solamente 2.411.

Guadalupe (Cáceres)

En esta pequeña aldea extremeña los conversos habían creado una suerte de comunidad aparte, y vivían reunidos en una calle. Afírmase que en las épocas de tolerancia, los cristianos iban allí los sábados para contemplar las costumbres judías. Judíos y conversos vivían en la antigua calle Veneno, en la actualidad un ramal de la Plaza Mayor, que concluye en el Arco del Chorro Gordo. Otros vestigios de la herencia hebrea y conversa, con la antigua pila bautismal del monasterio, que puede encontrarse en la Plaza Mayor, en la entrada del santuario, donde Abrahám Seneor, su yerno Meir Melamed y otros familiares recibieron las aguas bautismales el 15 de junio de 1492. En el interior del santuario se aprecia el maguén David en la portada mudéjar de la antigua farmacia, situada en el ala norte del claustro gótico, así como varias estrellas de David en la puerta principal de acceso al templo.

En 1485 la Inquisición se estableció en Guadalupe, y sólo en un año murieron en la hoguera 52 judaizantes, 48 cadáveres fueron desenterrados y quemados, así como las efigies de 25 conversos que habían huido. Estas medidas de la Iglesia descubrieron un nuevo fenómeno: algunos conversos se habían hecho frailes para poder practicar así el judaísmo con mayor seguridad. Aunque parezca una anomalía, lo cierto es que la quema de uno de ellos, Diego de Marchena, fue entonces motivo de gran sensación. El prior de la Orden de San Jerónimo, al que pertenecía ese fraile, resolvió llevar a cabo investigaciones en todos los monasterios, y no admitir nuevos cristianos en su filas.

Hervás (Cáceres)

En este perdido pueblo extremeño todavía se dice que “en Hervás, judíos los más”. Y efectivamente fue su aljama a lo largo de la Edad Media, una de las fundamentales en el desarrollo de Castilla. Lo interesante es que los habitantes del pueblo no tratan de encubrir su pasado, sino que por el contrario aparecen estar muy ufanos de haber sido un lugar tan influyente en la historia judía de España, y cuidan que esté bien aseado. Y hasta afirman que muchos de ellos son descendientes directos de esos hebreos.

Véase lo que se ha leído en un sitio de Internet dedicado al tema: “La mejor forma de comprender a esta localidad y sus habitantes es acudir a Hervás un día antes de la representación de la obra ‘Los Conversos’. De este modo, se encontrará un barrio judío en el que es fácil imaginar a niños jugueteando por la calle, a mercaderes y viñadores o alguna estrella de David, junto con menorás, talits o kipás.

“Todo Hervás homenajea a sus antepasados y lo hace durante varios días, convirtiéndose en aquellos judíos que dieron gran esplendor al lugar durante la Edad Media. ¿La culminación? La representación de la citada obra teatral, en la que también todos los papeles son representados por hervasenses. Una trama que se adentra en el sufrimiento de los judíos en 1492 ante su inminente salida a España, el padecimiento de los que se quedaron, los conversos y el temor de todos por mantener la “sangre limpia” o, al menos, aparentarlo, y evitar la hoguera. Un fascinante viaje al pasado y a una no menos apasionante cultura: la judía”.

Hace unos años el ex Presidente Itzhak Navón estuvo en esa localidad, y en el reportaje televisivo producido en esta oportunidad señaló que mientras que en toda Extremadura la tasa de desocupación llegaba entonces a un 20%, en Hervás era cero. Luego, acompañado por dos representantes de la municipalidad recorrió el pueblo y conversó con varios de sus vecinos, que lo recibieron con evidentes muestras de cortesía. Y llegó hasta una vieja casona en la que se había colocado una placa que decía “Calle de la Amistad Judeo-Cristiana”.

Esta pintoresca villa cacereña, distante sólo unos kilómetros de la frontera salmantina y de la ciudad de Béjar, fue, sin duda, sede de importante judería. Todavía se repite el adagio popular ya mencionado, refiriéndose a la situación predominante de los hebreos en aquella villa por los años XIV y XV, cuando la localidad alcanzó su máximo esplendor.

Resulta curioso todavía hoy día, un paseo por las empedradas callejuelas del barrio judío, sito en una depresión del terreno al NE. de la población, con la calle y travesía de Rabilero, calle de la Sinoga o sinagoga, etc. Junto al muro de la villa, no lejos del puente sobre el río Ambroz. Es interesante constantar, afirma Cantera Burgos, la vivencia que todavía conserva en aquellas gentes la historia judía del poblado. Las más modestas mujerucas nos cuantan —dice Cantera Burgos— en junio de 1954 que en determinada casa, hasta hace podo dotada de un porche de vieja viquería ante su puerta, de la calle del Rabilero estaba el templo judaico; alguno agregará que se conservó hasta hace poco la “pila de abluciones” reglamentaria en las sinagogas de la época; que por allí vivían los rebinos y por eso tomó la calle el nombre de Rabilero, etc.

Lo cierto es que, en Hervás, la calle de la sinagoga es otra más corta y modesta, perpendicular al extremo S. de la del Rabilero. Recorrida con atención, no parece conservar especiales vestigios hebreos que puedan interesar. En cuanto al nombre de Rabileros, las gentes de Hervás confirman que era la calle de los Rabinos. Y corrupción de la palabra Rabino cree aquella denominación el experto extremeño José Ramón Mélida en su “Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres” (vol. II, Madrid, 1924, página 235).

En el conocido como “Libro Becerro del Monasterio de Santa María de Aguilar” —guardado en el Archivo Histórico Nacional, signatura moderna 1243— se halla el término Rabinado, que recuerda el de la calle de Hervás. Por su parte en el mismo documento en su folio19/verso se habla de un “rabinado tres viñas” de significado oscuro, pero se piensa que Rabilero puede derivar del nombre Rabí Le… o, incluso, denotaría, lo mismo que la calle de los judíos del pueblo extremeño, el desprecio popular por los hebreros, denominados entonces “rabudos”, cuando el pueblo ignaro de la Edad Media consideraba que estaban dotados de rabo como Satanás.

Lo que sí permanece vivo en Hervás es el recuerdo del milagro de la Virgen de las Angustias en la iglesia parroquial de Santa María y su lloro prodigios del año 1423 con ocasión de la profanación de unas Sagradas Formas del pueblo de Vitoria por dos judíos de la villa cacereña, según tradición mantenida oralmente y llevada al papel por el párrocos don José Rodríguez Trinidad.

Jerez de los Caballeros (Badajoz)

En esta ciudad existió una floreciente judería ubicada entre la actual iglesia visigoda de Santa María y la iglesia parroquial de Santa Catalina. No quedan rastros de la posible sinagoga, sin duda existente en la época de mayor esplendor de la población, incluso tras el asentamiento de los Templarios en el castillo.

Llerena (Badajoz)

Esta localidad extremeña señala la presencia de un importante núcleo judío, que fue instrumental en convertirla en una “población próspera con altos niveles económico y culturales”, según reza un historial de Llerena. Agrega que “Se produce una convivencia pacífica entre las tres culturas: cristianos, judíos y musulmanes. En el año 1479, el judío Rabí Mayr consiguió que los Reyes Católicos eliminasen la prohibición de que los judíos celebrasen ferias y mercados, existente en el reino de Castilla. Esto permitió mejorar los niveles económicos de la ciudad y contribuyó a la creación de la escuela de traductores. En esta época había 600 familias judías en Llerena que vivían en los alrededores de la sinagoga, actual ermita de Santa Catalina, y la Fuente Pellejera. Al firmar los Reyes Católicos el decreto de expulsión de los judíos en 1492, se quedarán 125 familias judías que pasaron a ser judeoconversas si no criptojudías como afirma alguna oscura tradición popular.

Medellín (Badajoz)

Una abundante población judía que habitaba la judería, en la actual calle de San Francisco, seguramente dispuso de una sinagoga de la que no ha quedado rastro alguno.

Mérida

Como ya se indicó previamente, fue la capital extremeña lugar de una importante judería en el medievo. Lamentablemente pareciera que el Ayuntamiento de Mérida no quisiera reconocer su pasado judío: no se ha encontrado mención alguna sobre la presencia judía en el sitio oficial de esa alcaldía en Internet, en contraste con la amplia información ofrecida por otras ciudades extremeñas.

Según el historiador de la ciudad, Moreno Vargas, la sinagoga se situaba en la posterior ermita de Santa Catalina.

Montijo (Badajoz)

La judería de Montijo estuvo ubicada en la actual calle Peñas. Según el cronista Vicente Navarro del Castillo, es conocida la presencia en la ciudad de una nutrida colonia de judíos en la segunda mitad del siglo XV, si bien no hay constancia alguna de la ubicación de una muy probable sinagoga.

Plasencia

Plasencia fue el foco principal del judaísmo en la Alta Extremadura, afirma el investigador e historiador Marciano de Hervás, autor del libro “Historia de los judíos de Plasencia”. En esa obra indica que los orígenes del judaísmo placentino están vinculados a la fundación de la ciudad por Alfonso VIII en 1186, quien garantiza en el fuero la repoblación judía y la igualdad de los judíos ante la ley. Los judíos se establecen en la Mota en cuyo lugar establecen la judería y una sinagoga, “la mejor y más antigua que había en toda Extremadura”, al lado del actual Palacio de Mirabel.

En 1217 el pontífice Honorio III prescribe el uso obligatorio de una señal o distintivo en la ropa de los judíos placentinos para diferenciarles de los cristianos, pero Fernando III intercede ante el pontífice porque la medida discriminatoria entorpece su política colonizadora suspendiendo la medida en 1219.

De las cuatro aljamas que habitan en la diócesis a fines del siglo XIII, establecidas en Plasencia, Béjar, Medellín y Trujillo, es la placentina la más poderosa económicamente sin alcanzar el desarrollo demográfico de las grandesaljamas urbanas de Castilla. La aljama de Plasencia goza de autonomía jurídica para celebrar sus pleitos civiles y criminales entre judíos en un tribunal exclusivamente judío (en hebreo, bet-din) administrando justicia según las leyes de la Torá. En cambio, los juicios mixtos se resuelven en un tribunal de arbitraje formado por un juez judío y otro cristiano que se reúnen en el atrio de la iglesia de San Nicolás.

La situación jurídica de los judíos experimenta notables cambios a fines del siglo XIII. En esta época de crisis se proyectan las súplicas de las ciudades de Castilla y de los procuradores de Plasencia a los reyes para alejar a los judíos de los cargos públicos, cuyas peticiones derivan de intereses sociales, económicos y políticos antes que religiosos.

En los siglos XIII y XIV los judíos residen en la Mota pero también en otros lugares de la ciudad como la Plaza Mayor, calle Don Marcos (hoy Santa Isabel), Rúa Zapatería y Trujillo. Los conflictos antijudíos que asolan a las aljamas de Castilla salpican también a la comunidad judía de Plasencia. En 1412 el concejo establece en la Mota una judería cerrada y apartada del trato de los cristianos, levantándose una cerca desde la Puerta de Coria hasta las casas grandes de Tel Díaz con un postigo de acceso a la judería. Hacia 1420 los judíos abandonan el apartamiento cerrado de la Mota estableciéndose en los cantones de la Plaza Mayor y la Rúa Zapatería en casas que alquilan al cabildo mayor, compartiendo el espacio urbano con miembros de la nobleza y de la administración civil.

El converso don Gonzalo García de Santa María, hijo del que fuera rabino de Burgos don Selomó ha-Leví, es obispo de Plasencia de 1425 a 1448 desplazándose a la ciudad con canónigos familiares de su círculo de confianza, que sitúa en los puestos claves de la catedral.

Hacia 1439 la comunidad judía atraviesa un período de crisis que motiva en la corona la reducción de impuestos. Sin embargo, el judaísmo placentino cobra vitalidad durante el señorío de los Zúñiga (1442-1488).

El cementerio judío viejo y nuevo se hallaba en el Berrocal pero no ocupaba toda la zona. En mayo de 1492 los judíos venden el cementerio al deán Diego de Jerez “con toda la piedra e cantería que en ellos está e en cada uno dellos labrada y por labrar, asy sobre las sepolturas e enterramientos”. Pero en noviembre los Reyes Católicos contravienen la venta donando al convento de San Vicente “la pyedra e ladrillo que en el onsaryo e enterramiento de los judíos de la dicha çibdad de Plazençia estoviere para la obra de la yglesia del dicho monesterio que agora se fase”.

Como siempre, los nobles obran sin miramiento alguno frente a los judíos. En 1477 los condes de Plasencia confiscan la sinagoga y judería de la Mota para ampliar las dependencias de su palacio -hoy de Mirabel- y del convento de San Vicente Ferrer -hoy Parador Nacional de Turismo- , aunque el apartamiento judío decretado en la ley de Cortes de 1480 determinan la construcción de una segunda sinagoga y judería en los solares de Algeciras, propiedad de la familia Carvajal, en la calle Trujillo. La sinagoga se construye en el solar ocupado actualmente por el palacio de los Carvajal, convertida en iglesia de Santa Isabel en 1494, y quemada en la Guerra de los Comuneros en 1521.

Hervás señala que, entre otras actividades, los judíos se dedicaban a la medicina a diversos artes y oficios y al arrendamiento de impuestos fiscales. Predominan sobre los cristianos en las subastas de las pujas de las rentas de las alcabalas y tercias de la familia Zúñiga entre los años de 1454 y 1488, pero esto no significa que controlaran el sistema fiscal. Hay un colectivo judío que alterna sus labores profesionales con el ejercicio del arrendamiento de las rentas fiscales como complemento económico familiar, en cuyo papel intervienen rabinos, traperos, tundidores, jubeteros y sastres.

A finales de octubre de 1488 la corona se anexiona la ciudad y tierra de Plasencia nombrando a don Yuçé Abrabanel arrendador de las rentas de la ciudad, que se instala con su familia. Dos años después estallan los conflictos entre cristianos y judíos, latentes en la ciudad desde comienzos del siglo XIII. Regidores, caballeros, escuderos y hombres buenos de Plasencia pretenden desplazarles de la judería de la calle Trujillo, alegando que el apartamiento no respeta la ley de Toledo de 1480. Asimismo la ciudad quiere apoderarse de la sinagoga y las casas de la judería temiendo los judíos por la seguridad de sus vidas. Y el licenciado Segura comete vejaciones contra los judíos que ataja la corona tomándoles bajo su protección.

Decretado el edicto de expulsión, los judíos placentinos malvenden sus propiedades a terceras personas exiliándose en Portugal. Algunos regresan a la ciudad convirtiéndose al cristianismo entre los años de 1493 y 1494. Se supone que algunos mantiene su fe en secreto como el médico Tomás de Paz.

Fray Alonso Fernández, en su “Historia y Anales de la ciudad y obispado de Plasencia” (Madrid, 1627) dedicó un sabroso capítulo (páginas 153-55) a la expulsión de los judíos de Plasencia y su paso a Portugal, aportando como rasgos etnográficos típicos, muy interesantes datos sobre el “ossario y entierro” de los judíos, terreno vendido por 400 reales al Deán Diego de Xerez, y sobre la sinagoga de aquéllos. Respecto del cementerio judío, fray Alonso delimita con exactitud y precisión el área del terreno: “Casi todo el berrocal desde cerca de la fuente de San Lázaro, río baxo, hasta pasado el molino de los Naranjos, y desde cerca de San Antón, todo el camino que va a Castilla y Salamanca, hasta enfrente de la tierra, y berrocales, passado ya el molino de los Naranjos. Y por la parte de la ciudad, desde el arroyuelo que baxa de San Antón, y entra en el río, a la dicha fuente”. Se trata de una descripción exhaustiva de una propiedad judía vendida, probablemente a la fuerza, al deán catedralicio, quien la revendió en 1496 para que, años adelante, se construyera en su término la alhóndiga llamada Torre o Palacio del Berrocal, sólo utilizada desde tiempos de Felipe IV. Todo ello, según datos contenidos en el mencionado “Catálogo…” de Mélida (vol. II, páginas 335-36) y en la página 205 de la obra del P. Hurtado “Castillos, Torres y Casas Fuertes de la Provincia de Cáceres” (Cáceres, 1927). De hecho, a pesar del paso del tiempo y de las obras repetidas realizadas en el terreno, aún se conservan sepulturas hebreas abiertas en las rocas del berrocal, en algo que, tal vez, merecira la pena fuese objeto de una excavación arqueológica.

Según el propio fray Alonso Fernández, respetando la grafía de su época, afirmaba que “la aljama y la sinagoga de los judíos estaua (sic) donde ahora (sic) son los corrales de casas, que caen a las espaldas de la casa de la ciudad, del peso de la harina. La sinagoga se dedicó en iglesia de Santa Isabel, por el nombre de la Reyna Católica… Y assi donde salía la puerta, se llama hasta oy la plaçuela de santa Isabel. En la turbación y contiendas del año de las Comunidades, algunos inquietos quemaron las casas, que estauan (sic) cerca de la iglesia, y passando el fuego adelante la quemó. Los culpados en este incendio fueron condenados en dozientos y veinte ducados. Estos se aplicaron al Cabildo de los Curas, y Beneficiados con obligación de hazer vn Altar en la parroquia de san Iuan Bautista de las eduocación (edvocación) de santa Isabel, y Zacarías. Hiziéronle colateral en el lado del Evangelio, y sobre el Retablo pusieron las armas de los Reyes católicos, los quales auian dado al Cabildo de los Curas, y Beneficiados el sitio de la sinagoga, y lo adjacente (adyacente) a el. Y assi por sus Altezas dizen algunos Aniversarios todos los meses del año. Demás desto tiene el cabildo 3100 maravedia de censo perpetuo de los corrales, y casas que fueron sinagoga, y después Iglesia de santa Isabel”.

Segura de León (Badajoz)

La de Segura de León fue, hasta finales del siglo XV, una de las más grnades y ricas juderías del reino de Castilla. Se sabe que unas pocas décadas antes de la expulsión (1402) habitaban la población unos 900 hebreos. La judería ocupaba todo el actual espacio a la derecha del Castillo. En la calle de Santa Cruz hay constncia de la existencia de arcos en un edificio que seguramente fue sinagoga y se transformó en ermita ya en el siglo XVI.

Trujillo

La ciudad de Trujillo y su zona fue uno de los puntos de más antiguo establecimiento de judíos en España, se indica en un interesante estudio realizado por José Antonio Ramos Rubio sobre antecedentes de la judería de esa localidad extremeña situada cerca de Cáceres. Esta afirmación queda probada con el hallazgo de una lápida con caracteres hebreos de época romana, en la muralla que circunda la villa junto a la destruida puerta del Oreto. Dicha inscripción se encuentra en la actualidad en el antiguo conventual de San Francisco. Aparte de ella y otra más localizadas en el muro septentrional del Espolón, no tenemos ningún documento que nos ofrezca noticias de la comunidad judía trujillana hasta el padrón de Huete de 1290.

En el siglo IX la comunidad judía de Torgiella dependía de la autoridad judicial judía de Mérida, que por aquel entonces era la comunidad hebrea más grande la parte occidental de la península Ibérica. Y es muy probable que la judería trujillana recogiera alguno de los judíos que a lo largo del siglo IX salieran de Mérida, ciudad de constantes rebeliones frente a los emires de Córdoba, al destruir Muhamad sus fortificaciones, al no querer vivir en una ciudad sin defensas.

Según una antigua tradición recogida por el cronista hispano hebreo del siglo XII, Abrahán ibn Dauid, crónica hebrea titulada Séfer ha-Qablalá, hubo muchos de los deportados por Tito a la península Ibérica que se establecieron en Mérida, lo cual nos hace pensar que entre estos deportados, debido a la cercanía de Trujillo y Mérida, se encontraron algunos de los primitivos judíos que se asentaron en esa ciudad y su zona. Continuando con la tradición de Daud, nos dice que la mayoría de los judíos, que en aquel tiempo se asentaron en la península eran artesanos dedicados al trabajo y comercio de la seda, los paños, los cueros, etc.

Única cita auténtica de la época sobre la sinagoga de Trujillo es la que afirma documentalmente que: “Para la “synoga de Trogillo” dio aceite Anita María Sánchez, conversa, según declaración ante la Inquisición de Guadalupe de la hija de aquélla, Inés González”.

Valencia de Alcántara (Cáceres)

En el límite oeste de la provincia de Cáceres, junto a la frontera portuguesa, la villa de Valencia de Alcántara se localiza en un valle envuelto por la rivera del Avid. En el interior del espacio fortificado antiguo, pocos vestigios subsisten del núcleo urbano primitivo. Se conservó, sin embargo, al noroeste del castillo, un conjunto urbano medieval conocido como Barrio Gótico obarrio judío. Este barrio, constituye un interesante ejemplo de espacio judaico que se remonta por lo menos hasta el siglo XIII, donde las marcas de cristianización de las casas son evidentes. Aquí se realizó en 1497 el enlace de la infanta Doña Isabel con el Rey de Portugal Don Manuel I. El enlace real pudo haber contribuido a la preocupación del barrio para cristianizarse, visitado por la Inquisición, como puede observarse en la Piedra de Armas de la calle Bordalo.

En el cruce de la calle Gasca con la calle Pocito se alza el edificio de la sinagoga Medieval. Aunque, exteriormente, no despierte la atención su interior revela una funcionalidad religiosa. Una de las entradas del edificio, permitía al creyente estar frente a la pared de oración, orientada al sudeste, donde estaba colocada el Arca. Junto a esta pared todavía se observa un afloramiento rocoso acorde a la tradición de dejar una pared sin remolcar en las sinagogas. La sala de oración, de trazos arquitectónicos simples, desenvuelve una planta subcuadrangular de cuatro columnas centrales que definen el espacio de la Bima, o la plataforma para el oficiante del servicio religioso.

Al noroeste se encontraría la sala de las mujeres o un vestíbulo. Las características arquitectónicas del edificio permiten pensar que esta sinagoga siguió el modelo constructivo de las sinagogas sefardíes.

Villanueva de la Serena (Badajoz)

La calle pirncipal de la judería era la actual calle Francisco Pizarro. En ella se ubicaba la llamada “Casa de la Tercia”, quizás inmueble donde pudo estar ubicada una sinagoga.

Zafra

También en esta ciudad ganadera había una judería. Véase abreviado el informe que se ha encontrado sobre el particular: La judería estaba situada en las actuales calles de de San José, Sor Ángela de la Cruz, Badajoz, Pozo y Alfonso XI. La Casa Ducal de Feria siempre se distinguió por el amparo prestado a los industriosos judíos de Zafra, ya que constituían una importante fuente de tributos.

De la tutela señorial a la cultura hebraica es ejemplo el patrocinioen 1419en Zafra, de la primera traducción al castellano de la Guía de Perplejos de Maimónides, la más antigua de cuantas traducciones se hicieran a lenguas vulgares de esta obra fundamental de su espiritualidad. Las calles que conformaban la antigua judería aún conservan ese tan evocador aire de aljama y son aledañas a la que fuera sinagoga de la villa, actual capilla de la calle deSan José, consagrada tras la expulsión como capilla de  Santa Catalina la Vieja o Santa Catalina de Alejandría.

La vieja sinagoga es probable que se conserve más íntegra de lo que parece. Su sala de amplias proporciones se articula con arcos con una sencilla labor de lazo a la altura de los capiteles. La portada gótica, con semicolumnas tersas, ha perdido la simbología hebraica que debió ostentar en las enjutas. Todo parece obra de la segunda mitad del siglo XV, poco anterior a la expulsión. En la judería debe visitarse la diminuta Capilla del Cristo del Pozo, cuyas raíces la tradición popular entronca con la simulación de los conversos.

Españoles en el Mundo Jerusalen 2010

Después de haber sido censurado por RTVE alegando 300 mensajes de protesta por “partidista”, recupero este vídeo y aquí quedará para siempre como testimonio de 4 (¡hay muchos más!) españoles cuya vida se transformó al establecerse en Israel.

Huellas judías…

Elementos judíos en un cementerio católico en Bs As

Comentario interesante de un gran amigo J.L a consecuencia de una fotografia que pocos conocerán pero ha llamado la atención del fotógrafo viajero, muy probablemente un turista israelí, cuando la vio nada menos que en un cementerio católico que aloja restos de familias argentinas de prosapia. R.V.

Comenta JL: “Nosotros vivimos dos años en Buenos Aires, no lejos de “La Recoleta”. Más de una vez caminamos entre los panteones de la campanuda y antigua necrópolis. Una de las primeras veces, al observar un panteón artísticamente ostentoso, casi caemos de espaldas cuando divisamos, en su pesada puerta doble, un símbolo de tamaño considerable tallado en cobre, símbolo inequívocamente judío que cruza en forma oblicua ambas hojas del portalón en bajorelieve. Es a todas luces la imagen tradicional, tallada y repujada, de uno de los esclavos judíos que lleva a Roma el pesado candelabro de siete brazos, la menoráh, que con otros tesoros y los rollos de la Torá sacó del Templo de Jerusalén el comandante de las legiones romanas, Tito. Con la caída y destrucción de Jerusalén la menoráh fue llevada a Roma y paseada en la procesión de la victoria que se celebró en honor de Tito, suceso que se encuentra tallado en el famoso Arco romano que lleva su nombre.

No sería aventurado suponer que nadie en el mundo, que no fuera judío o no siéndolo expresamente quisiera evocar y resaltar ese lejano origen, haría tallar en la puerta de entrada al panteón familiar la misma talla de la menoráh del Arco de Tito y la haría reproducir escultóricamente en el interior de la tumba familiar.

Nos acercamos al panteón; estaba cerrado. Acertó a pasar por allì uno de los cuidadores, pudimos convencerlo para que nos dejara mirar adentro del panteón. En el interior vimos la escultura que podrán observar en una de las fotografías anexas, con motivo similar al de la puerta.

Concuerdo con quien escribió el texto en hebreo cuando dice que “alguna familia de conversos ha querido realzar sus raíces judías”.

El panteón nombrado es el de la familia Anchorena, situado aproximadamente en el centro de La Recoleta. Hay quienes afirman que no obstante otras interpretaciones, el patronímico Anchorena deriva del hebreo anshei = (hombres, o gente) ireinu = (de nuestra ciudad), es decir anshei ireinu = paisanos, coterráneos o conciudadanos. Historias de los conversos en América Central y América del Sur incluyen ese apellido en las listas de patronímicos de judíos sefardíes venidos a América después de la expulsión.

“Cosas veredes, Sancho, que no crederes, transcurridos más de quinientos años de la expulsión de los judíos de España”
fotos originales
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Jaime Naiflesh agrega más comentarios históricos a lo escrito por JL.
Los judíos entre las naciones
Jaime Naifleisch

Impresionante el panteón Anchorena

Cuando en el 1605, 1625, 1639 la Inquisición española (1569-1820) perpetró en Lima, en el Alto Perú, sus siniestros Auto de fe en América (otros en México) –procesos a descendientes de judíos forzados al bautismo que guardaran alguna relación con el judaísmo– los que no fueron quemados, huyeron al sur del Tahuantinsuyo (el antiguo imperio inca), que más tarde sería parte del Virreinato del Río de la Plata, después de las Provincias Unidas del RdlP, al fin Argentina (con centros en Córdoba y el Tucumán).
Eran gente culta, muchos se decían portugueses para eludir el control español en Lima. En la Península sólo se dejaba marchar a América a los “cristianos viejos”, muy pocos cultos entre ellos, porque en España estaban instalados y no necesitaban lanzarse a la aventura.

En el Sur, más lejos de la mano inquisitorial, los que habían llegado a apoderarse de las tierras (todos los guerreros, piratas y contrabandistas habidos) querían casar a sus hijas con esos israelitas, para ennoblecerse y entrar en los clubes de los invasores hispanos ya instalados, los funcionarios, que eran la gente rica, reconocida en la Península, y absorbieron a los –una vez más– fugitivos.
Eso ya había sucedido en la Historia, en otros tiempo-espacios, como cuando los caudillos de tierras próximas al Imperio romano, por ejemplo, mil quinientos años antes, querían ser respetados por Roma, y casaban a sus hijos e hijas con los vencidos judeos del año 70, del 135, dispersos por el mundo antiguo. O cuando Rusia, Austria, Prusia, se repartieron Polonia, Galitzia, la Bukovina… en el s. XVIII, y muchos judíos pasaron a la prosperidad de la administración rusa (los ortodoxos rusos y los católicos polacos no eran judeófobos como los católicos germánicos), y numerosos rusos y polacos casaron con judíos, parte de ellos haciéndose judíos (¿de ahí Naifleisch?).

En el caso que nos ocupa, cambiar el apellido, hispanizarlo, fue parte del contrato de esos judíos hispanos conversos al casar con las hijas de los hispanos viejo-católicos. De allí salieron así mismo vástagos mestizos con indias, que se fueron mezclando (no había píldora, y éste ha sido un proceso natural con indias y negras). Por eso hay colores sospechosos, “cabecitas negras”, entre los amos norteños.
Ahí nace la estirpe de los dueños de ese Norte argentino, un par de generaciones después, o tres. Los que lucharon contra las tropas españolas enviadas por la unión europea de la época, la de 1816, para aplastar la independencia criolla (como Güemes)… los que otros cien años después, ya en 1900, serían en gran parte clericales antisemitas, enemigos de la “sangre” hebrea, e invasores antiininmigrantes, y antiizquierdistas en las ciudades del país.
Si, puede que los Anshei ireinu o Anchorena hayan sido de la partida. Y quizá los Patrón Costas, entre tantos otros.
Suele decirse “no tienes más que sacudir el árbol de cualquier cristiano y verás caer ancestros judíos”. Pero también es cierto que no tendrías más que sacudir el árbol de cualquier semita… y verías caer de entre sus ramas eslavos, asirios, germanos, aymaras, beduinos, catalanes, magyares, diaguitas, galos, arábigos, hispanos… andá a una sinagoga y verás la mezcla.

Ay de los bobitos que se creen lo de las “razas” y se hacen racistas. La judeidad, sin ir más lejos, está en otro sitio. ¡Y no digamos el judaísmo!

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José Brechner – ¿Quién es judío? – Ideas

José Brechner – ¿Quién es judío? – Ideas.

¿Quién es judío?

Por José Brechner

¿Quiénes son los judíos, esos singulares individuos que vienen siendo el centro de atención de la humanidad desde hace casi 6.000 años, y que, pese a las adversidades que han sufrido, han contribuido al desarrollo humano como ningún otro pueblo?
Desde la refundación de Israel, el significado de ser judío ha tomado un nuevo cariz, puesto que hay israelíes que no son judíos y hay millones de judíos que no son israelíes. Esa unión étnico-religiosa que caracterizó a la nación israelita de la diáspora está tomando un nuevo rumbo.

Existe, evidentemente, un factor genético, transmitido ancestralmente. Desde la perspectiva talmúdica, para ser judío hay que nacer de madre judía. Pero el judaísmo también acepta la conversión; de hecho, grandes rabinos, exégetas y místicos fueron conversos, o descendientes de conversos: por ejemplo, el rabí Akiva. De manera que los judíos por elección son tan judíos como los que lo son desde la cuna.

No existe pueblo que se haya mezclado más con los demás. Hace 3.000 años había tantos judíos como chinos. Considerando todas las masacres y desgracias padecidas por los judíos, más aquellas que afectaron a la humanidad en general, debería haber por lo menos 300 millones de judíos; pero su número apenas llega a los trece millones: y es que la mayoría se diluyó en otras culturas.

Siendo un grupo tan reducido, su significativa relevancia es desproporcionada. Es su influencia en ámbitos como el cultural y el científico lo que hace que parezca que los judíos son más de los que de hecho son.

Muchos europeos tienen sangre judía. Sus mismos apellidos son una revelación ineludible. El Schwartz alemán y el Suárez español son apellidos que comparten su origen judío.

La controversia acerca de quién sea judío ha llevado también a la pregunta opuesta: ¿quién no lo es? Tanto la una como la otra han dado lugar a incontables argumentos, estudios, observaciones y revelaciones.

En una entrevista de Luis Amiguet a Sergio Della Pergola, profesor de Demografía Judía de la Universidad de Jerusalén, para La Vanguardia de Barcelona se descubren datos novedosos acerca del presente y el futuro del pueblo judío.

“Cada vez hay menos judíos en el mundo, y son más viejos”, afirma Della Pergola, un judío italiano que emigró a Israel. De acuerdo con el profesor, “judío es quien se reconoce judío”.

Esta definición, que difiere de la talmúdica, es la que acabará predominando; entre otras cosas, porque, recordemos, existen judíos antisemitas como Noam Chomsky y judíos antiisraelíes como George Soros y David Axelrod. A su vez, existen israelíes que reniegan de todo vínculo religioso con el judaísmo, y hay judíos ultra-ortodoxos, como los miembros de Neturei Karta, que no reconocen la existencia de Israel. En contraparte, existen gentiles sionistas que se sienten identificados con los judíos y con Israel. Y, claro, están los israelíes no judíos: cristianos, musulmanes, budistas o ateos, que forman parte activa de la sociedad israelí.

En Israel se convierten anualmente al judaísmo unas 1.500 personas. La cifra no parece significativa, pero no olvidemos que el judaísmo no hace proselitismo. Quien quiera hacerse judío será bienvenido, pero que nadie espere que el rabino vaya a ir a buscarle. La convicción, para ser legítima, tiene que brotar de uno mismo. Y la conversión implica observancia plena de las leyes y costumbres judías.

Las tergiversaciones acerca de quién sea judío, o qué sea serlo, surgen del hecho de que, en los últimos dos mil años, quienes definían lo judío eran los no judíos. Hoy, en cambio, tal y como explica Della Pergola, son los propios judíos quienes dirimen la cuestión.

Hay judíos de padre y madre judíos que no se consideran judíos. Según la ley mosaica, son cien por ciento judíos, pero están en su derecho de elegir lo que quieren ser. Sea como fuere, no deja de ser irónico el que tanto los judíos como los judeófobos los consideren judíos. Hitler no perdonó a nadie con ascendencia judía hasta la quinta generación.

La tasa de crecimiento de la población judía es negativa; y en Israel, por cada cuatro niños árabes nacen 2,7 judíos. La idea de los musulmanes es dominar Israel y el mundo a través del crecimiento demográfico. Para 2020, uno de cada tres austríacos será musulmán. Austria, la cuna de Hitler y de la mayoría de los jerarcas nazis que clamaban por la supremacía aria, será de las primeras en caer bajo el dominio étnico-religioso árabe.

Demografía, identidad y territorio son los tres vectores que definen el futuro de un pueblo. La globalización económica es imparable, pero los vientos de la identidad soplan en muy otras direcciones: cada vez somos y necesitamos más a nuestro grupo, dice Della Pergola. De ahí que el número de judíos ortodoxos y tradicionalistas esté aumentando tanto en Israel como en el resto del mundo.

© Diario de América

Matanza de judíos y conversos… La Semana Santa teñida de rojo

Matanza de judíos y conversos… La Semana Santa teñida de rojo

Corría el año 1473 cuando las hermandades y cofradías se preparaban a celebrar con gran pompa las procesiones de Semana Santa, y la de la Caridad dedicó una a la Virgen, cuya imagen ataviaron con cuantas joyas y alhajas que pudieron reunir los cofrades.

En aquellos tiempos, alfombraban la carrera con yerbas aromáticas y flores, las fachadas de las casas principales lucían lujosos tapices, y las demás tenían diversidad de colchas en sus puertas, ventanas.

Llegó la tarde del Jueves Santo, y los cofrades de la Caridad, en gran número, acompañados de las comunidades de todos los conventos, formaron la procesión en dos filas y sacaron el paso con velas encendidas por entre la muchedumbre que inundaba las calles llegaron hasta pasar la imagen por la Herrería, parte hoy de la calle la Feria, desde una de las casas tiraron sobre el manto de la Virgen cierto líquido inmundo, arrojado desde una ventana por una chica, cosa que en aquellos tiempos era corriente ya que las aguas sucias eran tiradas directamente a la calle…. Este hecho produjo el escándalo en los cofrades que pronto aprovechado por los deseosos de vengar sus iras en los judíos conversos, a quienes en seguida achacaron aquel sacrilegio.

Uno de los que iban en procesión y herrero de profesión del Barrio de San Lorenzo llamado Alonso Rodríguez empezó a dar gritos diciendo que lo había hecho un judío por estar en contra de la Semana Santa, excitando a los demás a tomar venganza.
La procesión quedó disuelta y algunos cofrades se llevaron la imagen, en tanto que la muchedumbre invadía las casas de los culpados, matándolos, robando e incendiando sin caridad cuantas casas de conversos encontraban.

Don Alonso de Aguilar, noble de la ciudad, que se encontraba muy cerca de donde estaban ocurriendo los hechos, tomó su caballo y acompañado de sus amigos salió al encuentro, se dirigió al Rastro, donde halló al herrero animando a las masas…

Le mandó retirarse; pero, lejos de obedecer, Alonso Rodríguez le contestó con groseros insultos y hasta le hizo frente con los suyos. Entonces don Alonso arremetió hacia él y lo pasó de un golpe de lanza dejándolo muerto, persiguiendo a los demás hasta encerrarlos en el patio de San Francisco.

Una vez retirado don Alonso de Aguilar a su casa, creyendo que todo se quedaría ahí, los amotinados volvieron a recoger el cadáver del herrero y se lo llevaron en hombros hasta San Lorenzo, en cuya iglesia entraron, poniéndolo delante del altar, donde pasó la noche.

El caso es que la plebe dijo que el herrero era mártir por la religión que defendía, y que con haberse movido pedía venganza de su muerte, alborotándose y emprendiéndola de nuevo contra los judíos y conversos, matando a unos y dejando a los otros sin bienes ni hogar con sus robos y sus incendios.

Enterado don Alonso de que la revuelta seguía, reunió a su gente y marchó hacia San Lorenzo a darles otro escarmiento; pero al llegar a San Agustín halló a los amotinados, a quienes ya capitaneaba otro noble llamado don Diego Aguayo, que, algún tanto calavera, no se asustaba de las amenazas, hasta el extremo de no sólo hacerle frente, sino que arremetió a pedradas y golpes, haciéndoles huir hasta el Alcázar, donde tuvo don Alonso que hacerse fuerte con los suyos y muchos judíos y conversos que buscaban su amparo.

Cuatro días duró este motín, uno de los más sangrientos ocurridos en Córdoba. Al cabo de ellos salió don Alonso del Alcázar ofreciendo perdón de los crímenes cometidos y mandando a los judíos y conversos salir de la ciudad o fijar su residencia en el barrio que antes se les tenía señalado, la Judería.

La Hermandad de la Caridad, comprendiendo que de su seno había surgido el conflicto, acordó perpetuar su memoria con una lápida conmemorativa colocada en el patio de San Francisco, y una gran cruz de hierro sobre un pedestal, ocupando el centro del antiguo Rastro. Que según cuenta la leyenda, el nombre le es dado por la sangre de las víctimas de aquel trágico día, ya que hubo tanta que dibujó un pequeño camino en el suelo, creándose un pequeño riachuelo que dejó un marcado rastro, llegando éste hasta una pequeña llanura al borde del río. Y en ese mismo sitio fue colocada la cruz.

publicado por Jerusalem en sábado, marzo 27, 2010
Etiquetas: Leyendas de Córdoba, Susesos de Córdoba

Fuente: http://ozuquecalor.blogspot.com/2010/03/matanza-de-judios-y-conversos-la-semana.html

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