Corrientes del judaísmo – Judaísmo Caraita

Caraísmo
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El caraísmo proviene del término hebreo bené mikrá, que significa
“Seguidores (o ‘lectores’) de la Escritura”.

“Escudriñad a fondo la Torá [Ley escrita de Dios] y no confiéis en mi
opinión”, estas palabras las mencionó Anán ben David, judío secesionista que proclamaba el derecho de todo judío a estudiar las
Escrituras Hebreas de un modo libre, sin tener en cuenta la interpretación rabínica ni el Talmud; debido al énfasis que le daban a
las Escrituras, se les llamó desde el siglo VIII “Qara’ìm” (en hebreo “lectores”) a los seguidores de Anán, que se oponían a la autoridad religiosa de los rabinos y a sus creencias.

1 Inicio de la controversia
2 Desarrollo
3 Algunos rasgos entre caraítas y rabinos
4 Historia
5 Doctrina
6 Referencias

Inicio de la controversia
Dentro del judaísmo de la Diáspora babilónica de la época talmúdica
surgió una nueva filosofía. La idea siempre había sido que Dios había
dado dos Leyes (Torá)en el Sinaí una Oral y otra Escrita. Ya durante
la época del Segundo Templo de Jerusalén aparecieron sectas (los
Saduceos y los Esenios), que iban en contra de las enseñanzas de los
Prushim (Fariseos), que eran considerados como la corriente ortodoxa,
en cuestión del valor divino de la Ley Oral, pero con la destrucción
del Templo, las sectas heterodoxas desaparecieron.

El Caraísmo apareció en el siglo VIII, con la figura de Anán ben David.

Anán procedía de una familia noble judía, descendientes del Rey David,
y por ello aspiraba al título de ‘Jefe de la Diáspora’, que le fue
negado.

Desde aquel momento se convirtió en el líder del movimiento heterodoxo
que predicaba que la Ley (Torá) Oral no era palabra divina. Escribió
un Libro de los Mandamientos en el cual concentraba sus ideas y
enseñanzas (bastante divergentes de lo que actualmente se considera la
doctrina caraíta) que se negaban a la obediencia de las tradiciones
rabínicas y declaraba el poder de cualquier judío a explicar y
practicar los mandamientos bíblicos a su propio modo de ver, cada uno
según sus capacidades.

Desarrollo
Después de la muerte de Anán ben David, el desarrollo de los caraítas
se hace patente, alcanza popularidad e influencia extendiéndose fuera
de la comunidad judía de Babilonia por Oriente Medio y en la misma
Jerusalén, en esta ciudad se abre un centro caraíta importante. Los
siglos IX y X experimenta su época dorada, período de rápido
crecimiento. El proselitismo del judaísmo caraíta supuso una clara
amenaza al judaísmo rabínico. Aunque hubo desacuerdos entre guías
caraítas y no se reconocía a un líder en particular, el peligro vino
de Saadia Gaon del judaísmo rabínico el cual comenzaría a derrotar a
los caraítas con sus propias armas a saber: “la Ley escrita”. Acabaría
imponiéndose el judaísmo rabínico, a la manera de Saadia, pero el que
daría el golpe mortal a este movimiento fue Maimónides, destacado
talmudista del siglo XII, que debido a su eficiente erudición, actitud
tolerante con los caraítas se ganó la admiración de éstos, cosa que
hizo que se debilitase la posición de los líderes caraítas. Con el
tiempo perderían fuerza modificando criterios y principios, en esencia
perdieron el objetivo principal y se adaptaron en parte al judaísmo
rabínico.

Algunos rasgos entre caraítas y rabinos
Los caraítas consideran sagradas a las ‘Escrituras Hebreas’, pero no
las ‘Tradiciones orales’; todo lo contrario de los rabinos, la
Tradición en primer lugar las Escrituras secundario. Los caraítas dan
lectura e interpretación personal a las Escrituras a diferencia de los
rabinos

Algunos ejemplos

Éxodo 23:19 dice:

“No cocerás un cabrito en la leche de su madre”.

Los caraítas entendían estas palabras al pie de la letra. Sin embargo
los rabinos para este versículo entendían que hablaba de la
prohibición de comer carne y leche juntas.

En Deuteronomio 6: 8, 9 los caraítas le daban a estos versículos el
significado figurado y simbólico, sin embargo los rabinos afirmaban
que los varones judíos debían llevar las Filacterias cuando oraban y
tenían que colocar la Mezuzá en la jamba de su puerta.

Historia
En el siglo VIII Anan ben David, un líder judío de la Mesopotamia,
organizó a diversos elementos anti-talmúdicos y presionó al Califato
para que estableciera una segunda organización autónoma de judíos en
el exilio o Exilarcado para aquellos que rechazaban por completo el
Talmud, y por ende a los rabanitas que lo imponían. Los musulmanes
concedieron a Anán y sus partidarios la libertad religiosa para
practicar el judaísmo a su modo. Reunió Anan en derredor suyo, a un
amplio grupo de seguidores, quienes fueron conocidos como ananitas.
Poco tiempo después de la muerte de Anan, sus seguidores se fusionaron
con otros grupos anti-talmúdicos y tomaron el nombre de “Seguidores de
la Biblia”, o en hebreo Benei Mikrá. Más tarde se abrevió a Qa’raím, o
en castellano, “caraítas”. En el siglo X el principal dirigente de
judaísmo rabínico en el Oriente Medio, Sa’adiah Gaón, los excomulgó.

Sin embargo, los caraítas se expandieron por Palestina, Siria y
Egipto. Algunos llegaron también a Al-Ándalus, parte meridional de la
Península Ibérica de predominio musulmán durante la Edad Media. Desde
el siglo IX floreció la comunidad caraíta de Jerusalén. Los cruzados
los expulsaron y quemaron allí sus sinagogas en el 1099, pero fueron
restauradas cuando la ciudad fue retomada por los musulmanes. Muchos
caraítas se radicaron en el imperio jázaro, desde que a finales del
siglo VIII el rey se convirtió al judaísmo. El número de judíos
aumentó allí especialmente desde el 944 cuando el emperador de
Bizancio pretendió obligar a los judíos a convertirse al cristianismo.
Tras la decadencia y desaparición de “Jazaria” en el siglo XI, el
mayor número de caraítas se radicó en Crimea, de donde pasaron a
Lituania y Polonia.

Actualmente viven unos 50.000 adherentes al caraísmo. Cerca de 2.000
de ellos viven en Estados Unidos, la mayoría en Daly City, California.
Actualmente la mayoría de los caraítas viven en Ramle, una pequeña
ciudad al occidente de Tel Aviv, Israel, a donde llegaron procedentes
de Egipto, Turquía, Rusia y el resto de Europa. Algunos residen en
Ashdod y Be’er Sheva.

] Doctrina

Sinagoga Caraíta Bnei Yisrael.Los caraítas se guían solamente por una
interpretación literal de la Biblia Hebrea y de la Ley Mosaica,
rechazando innovaciones posteriores tales como la Ley Oral Rabínica.
Rechazan la forma de judaísmo más practicada hoy día, que en sus tres
corrientes se guía por el Talmud. Creen que “los talmudistas”
adulteran el verdadero mensaje de las Escrituras Hebreas agregando las
enseñanzas de los Rabinos que encontramos en el Talmud. Enfatizan en
el mandato de Deuteronomio 4:2 No añadiréis a la palabra que yo os
mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de
YHWH, vuestro Dios, que yo os ordeno..

Consideran la era actual de la historia humana como el periodo del
Gran Exilio. Interpretan que las Escrituras Hebreas describen esta era
y predicen que en ella la nación de Israel abandonará el verdadero
camino del Creador por la religión de fabricación humana. Dicen que
los profetas enseñan que esta era acabará con el retorno de Israel al
Creador bajo el liderazgo del ungido Rey de la Casa de David y con
adopción de la religión de las Escrituras Hebreas por toda la raza
humana.

El caraísmo no es una fe monolítica en la que cada creyente está de
acuerdo en todos los detalles, pues el peso de la interpretación recae
en el individuo y no en una autoridad central. Los caraítas mantienen
que cada ser humano tiene la obligación de estudiar las Escrituras
Hebreas y determinar por sí mismo el significado correcto de los
mandamientos de Dios basándose en su propio razonamiento y
entendimiento. A cada persona le exigen tomar responsabilidad personal
en la interpretación de la Biblia hebrea pues es cada individuo quien
va a ser llamado a dar cuenta de sus propias acciones en el Día de
Juicio. Enseñan a investigar con cuidado las Escrituras sin confiar en
la opinión de nadie y piensan que “aquel que se apoya en cualquiera de
los maestros del Exilio sin investigación personal, es como si hubiera
cometido idolatría”.

Referencias
Astren, Fred Karaite Judaism and Historical Understanding ISBN 1-57003-518-0
Lasker, Daniel J. The Dead Sea Scrolls in the Historiography and
Self-Image of Contemporary Karaites Dead Sea Discoveries, Nov 2002,
Vol. 9 Issue 3, p. 281, 14p-294; DOI: 10.1163/156851702320917832; (AN
8688101)
Mourad el-Kodsi 1987: Karaite Jews of Egypt
2002: Just for the record in the history of the Karaite Jews of Egypt
in modern times.
Nemoy, Leon 1987: Karaite Anthology ISBN 0-300-03929-8
Wieder, N. 1962: The Judean Scroll and Karaism; London, 1962.
Yaron, et. al. An Introduction to Karaite Judaism ISBN 0-9700775-4-8

CONTROVERSIA NO ES DESLEALTAD

Por Jaime Naifleisch Aisenberg (y Medvedév, Rosen Ree, Kaplan…)

De Israel Eliézer, el Baal Shem Tov, profeta en los albores de la Modernidad, podríamos decir lo que de Ieoshúa el Nazareno, en la última etapa de la Antigüedad: los que se apoderaron de él, de su respetado y prestigioso nombre, pero no de sus ideas, lo han tergiversado hasta hacerlo irreconocible. ¿O tiene que ver el que llaman Jesús de Nazaret, divinizado, con lo que la religión organizada dice de aquél profeta, en cuyo nombre justifican todo lo que la Torá rechaza, la divinidad de un hombre, la sumisión a los señores, la sobrenatural espera de justicia post mortem y la renuncia a la procura de justicia posible aquí, donde tiene lugar la vida, la idea de cuerpo y alma como entidades separadas, la supremacía del varón sobre la mujer…? Y la judeofobia, nada menos.

Con el Baal Shem Tov como con Ieoshúa “fundadores” del jasidismo y del cristianismo, respectivamente, ha sucedido en la Historia lo que con todos y cada uno de los maestros que, con mayores o menores méritos de lucidez, han emergido de entre sus pueblos, han señalado caminos, y han sido usados luego para el engaño y la mentira.

Eliézer decía de los rabinos del gaón de Vilna, que siete veces pronunciaron jerem, excomunión, contra él: “leen la Torá, sí, pero estudian el Talmud”.

Este maestro vive y predica su buena palabra en una de las áreas más atrasadas de Europa que se resistía a dejar de ser brutalmente feudal. El espacio en el que vivía la mayor parte de los judíos ashkenasim, y en la mayor miseria de toda la judeidad. (Adjunto un video que tal vez no conozcan).

Su época continuaba revuelta por la aventura de Shabtai Zvi, 1626-1676, un iluminado al que un hábil acólito había proclamado “meshiaj” y “fundador”, cómo no, de la secta shabateanista, que aparece, obvia e impunemente, después de su muerte, como la de Ieoshúa, como la del Baal Shem Tov.
Difundiendo su nombre se divulgó en todo el mundo de dominio cristiano y musulmán el llamamiento –que no sería el primero ni el último– de dejarlo todo y dirigirse a la Tierra de Israel, reconstruir el reino, vivir correctamente y esperar allí al designado del Señor, el meshiaj, para dirigir a los justos en la lucha final por la justicia universal.

Decenas de millares de -diríamos– “sionistas” se pusieron en marcha, desde el Reino Unido y el Báltico hasta el norte de África y Polonia, y Turquía… Enterado el sultán de la Sublime Puerta, el centro imperial turco otomano, de esa barahunda demográfica que llenaba los caminos de desvencijados carruajes con familias, de gentes a pie, a caballo que se dirigían a ese rincón de sus dominios, el Distrito palestino de la Provincia siria, mandó llamar al líder. El musulmán osmanlí creía en la Torá, y en las supersticiones de sus súbditos israelitas, como era natural –y casi general– entre sus correligionarios hasta la irrupción del islamismo judeófobo.

¿Y si en verdad el tal Zvi ha recibido una señal de Dios? Quiso saber. Hay quien dice que estuvo presente en la audiencia tras unas celosías, lo cierto es que escuchado por sus visires el califa, preocupado por el desorden público que esas multitudes podían generar en las aldeas califales, instó a Shabtai Zvi a convertirse al Islam, so pena de muerte. Zvi se convirtió, y algunos de los suyos. De esa estirpe provienen los donmë, los musulmanes de origen judío, que han sido élite intelectual de Turquía, maestros en Saloníca de Kemal, el que transformaría el catastrófico final del Imperio otomano (1918) en la moderna República de Turquía que ahora los “moderados” (¿?) están hundiendo en la barbarie islamista.

La aventura de Zvi había tenido el mérito de revolver a la judería, aplastada, resignada a la impotencia, el atraso, la miseria, con una propuesta de renovación de sus vidas. Cuando en unas pocas regiones (Inglaterra, Flandes) el comercio fundaba la industria, se salía de la oscuridad con las ciencias liberadas del yugo clerical, y aún ni había atisbos de movimiento alguno en pro de los derechos humanos, de las libertades, que sacaran a los siervos de la gleba de la omnipotencia feudal, ni a los nuevos siervos, los obreros, de la superexplotación industrial. Ni el gran Moses Mendelssohn, 1729-1786, el tercer gran Moisés, con su Haskalá, reclamando a los judíos que se autoemanciparan, ni Revolución Americana con sus Derechos del Hombre (1776), ni Francesa (1789), ni guerras liberales napoleónicas en Europa (1799-1815), ni Congreso de Tucumán (1816, la libertad sigue viva entre los Libres del Sur), eran aún imaginables cuando el Zvi mueve a la gente en dirección a una justicia posible en la Tierra.
Pero la apostasía, el abandono de Zvi, causaría una profunda depresión en la mayoría de los hebreos, mientras se multiplicaban los falsos mesias, como el polaco Frank, luego bautizado.

En Vilna, Lituania, ya entonces llamada la Jerusalem de Vilna, vivían hebreos con un grado de prosperidad mayor, y una corte sinagogal rica, solemne, ritualista. Que hoy llamaríamos “ortodoxa”, nombre que entonces no se aplicaba a nadie.
Con el propósito de impedir un nuevo desorden en la judería, los rabinos lituanos, guiados por el talmudista Elijah ben Shlomo Zalman, 1720-1796, multiplicaron los rigores de la liturgia. Conmemoraciones del ciclo anual se hicieron larguísimas y complicadas, como el Seder de Pesaj, como el Iom Kipur, como toda la práctica judía. Los manuales de halajá se alambicaron hasta el agobio ritual (El mantel, Mopat, para ashkenasim, y La mesa servida, Shuljan Aruj, para sfaradim, los más difundidos). Se trataba de mantener a los fieles muy ocupados, y bajo la palabra de los oficiantes oficiales, para que ningún loco subversivo se hiciera con las congregaciones. Las normas dietéticas del kasher, sus ayunos, el lugar de la mujer, ganaron en rigor.
Al sur de Lituania se extienden las tierras de Polonia, Galitzia, la Vukovina… donde vivía esa mayoría pobrísima, indefensa, cuya ritualidad era a su vez sencillo folclore, con muchos elementos tomados de los pueblos de su entorno, como el del kayin enhore, el mal de ojo, probablemente de raiz turca preislámica.

Aquí es donde aparece Israel Eliézer, digamos en esta somera reseña. Hondamente piadoso con el prójimo, el sabio rechazó el nuevo rigorismo, esa reforma religiosa que caía sobre los míseros aldeanos –que ya empezaban a ser maltratados por sus vecinos católicos a medida que los papas convencían a los obispos para que acabaran con la larguísima convivencia, nacida cuando los Jagelon (circa 1386-1572) establecieron la moderna Polonia e invitaron a los ashkenasim masacrados en Alemania, a radicarse en su nuevo país. Ashkenasim de habla ídica, claro, que están en los orígenes de la Polonia moderna, donde su mame loshn, su lengua materna, tuvo un segundo florecimiento (es base de la que hablan en Nueva York y en Mea Shearim los “ultraortodoxos”).

Sale el judehuelo de su choza con suelo de tierra (envío imágenes de ellos) a buscar algún sustento para su mishpoje (familia), donde seguro que hay enfermos y débiles, encuentra espinas de pescado que un restaurante de clientes cristianos y judíos ricos va a tirar, y las lleva a casa con mondas de papa, y algo más si tuvo suerte ¿y el gaón de Vilna le va a decir qué toca comer ese día, o si es día de ayuno, o que debe permanecer de pie dos días en el Iom Kipur…?

No, dice nuestro Baal Shem Tov, somos Hombres, hemos de tender al bien, no tender al Mal (iétzer ha Tov, lo iétzer haRa), los jukim (obligaciones incomprensibles) no nos sirven ni servimos con ellas a Dios. Vayamos a la Torá.

Eliézer no dejó nada escrito. A su muerte sus fieles eran mayoría en el centroeste de Europa, y habían desoido a los rabinos que los expulsaban de la judeidad. Entonces aparecen los santones. Rodeados de su Corte de hijos, nueras y yernos en general aprovechados, que cobraban a los que recorrían penosamente distancias para ir a ellos, a que les curen el mal de ojo, en busca de consejo (este es el talmudismo que llega hasta el Freud viejo, el de la Sociedad Psicoanalítica, con la idea de que si no puedes pagar al analista es que no te quieres curar). ¿Me caso con Rivke? ¿me mudo a otra aldea?

Ese es el jasidismo de los siglos posteriores, aniquilado en la Shoá. También bailan en la presunta tumba del segundo gran Moisés, Maimónides, 1138-1204, por cuyo racionalismo contra la reforma de Saadia Gaón, obediente al sultán de Bagdad, fue expulsado de Al Andalus, y viajó hasta encontrar la muerte nadie sabe dónde. Los seguidores de Saadia, verdadero fundador de la reforma religiosa del año mil, fundada en el talmudismo del segundo milenio… son los que hoy idolatran a Maimónides, bailando sobre esa tumba de Tiberíades.

Grandes aportes judaicos a la conciencia son la libertad intelectual para el ejercicio de la crítica profunda (Walter Benjamin), y la interpretación de todo discurso. Veamos Bereshit (Génesis) en sus primeros capítulos, donde se recogen dos tradiciones sobre la creación de los seres humanos. Ishá (mujer) creada desde ish (hombre), desde dentro suyo, para ser su compañera, sobre la que él se enseñorea; Ish e ishá, a ambos los creó, desde la tierra roja, “a ambos los bendijo”. Dos visiones del mundo, dos escalas de valores. Dos paradigmas. Dos weltanshauung. Lástima que la mala vulgarización eclesial haya hecho predominar una y ningunear la otra, que ahí está, indeleble.

Siempre ha sido así. La Torá no es dogma, seguimos escribiéndola –con lucidez y torpeza, como en el primer milenio, donde unos profetas describen a otros como falsos profetas. Como hace dos milenios, Hillel y Shamai. La Torá, Torat jaím, Torá para la vida, como la misma vida, es cambio: cada generación ha de afrontar sus propios desafíos, ha de debatir libremente, ha de dar golpes sobre la mesa si es preciso, ha de evitar a toda costa que la sangre llegue al río. Esa conducta correcta supera el valor eventual de las diferencias. El asesinato de Itzjak Rabin dista de ser norma entre israelitas en este mundo siempre ensangrentado.

Nunca hubo en un yishuv (judería de un lugar) una sola sinagoga para todos. No olvidemos a “Robinson Krusovich”, que en su isla de náufrago, construyó tres templos. Un Bet am (Casa del Pueblo) era la suya, otra la de esos amigos que te invitan a un brit milá, a un bar mitzvah y ¿cómo no ir? “¿Y la tercera?” preguntó entonces el marinero que fue a rescatarlo, ¿Esa? Vist mishuge? (¿estás loco?) ¡A esa no voy ni que me maten.
En mi propia familia, rabinos, comunistas, sionistas, reformistas, jaredim, asimilados… han llegado a no hablarse durante un tiempo, ni cuando coincidían en el cementerio y lloraban a su madre. La Guerra Fría fue uno de los períodos de prueba más feroces, casi todos caímos en él, y nos enfrentamos, o nos dimos la espalda. Pero sabiendo, todos, o acaso casi todos, que discrepancia no es deslealtad. Esa conducta correcta añade valor a todos los planteos, y morigera lo que hubiere de erróneo o de insuficiente en ellas.

Sfaradim, ashkenasim (¿por qué con zeta?) teimanim, falashim… iekes, lítvake, ruski, osmanlí… Todo cabe, todo puede caber en la Torá. Lo que consideramos correcto y lo que incorrecto. Ibn Ezra, Maimónides, Najmánides, el Rashi, Luria, Spìnoza, Shabtai Zvi, Salomón Zalman, Israel Eliezer, Mendelsohn, Holdheim, Moses Hess, Heschel, Luzatto, Pinsker, Arkadii, Medem, Hertzl, Mandelstam, Ajad Haam, Mijoels… el aluvión de 1880-1940…, si no los consideras tuyos, aun si a unos más que a otros, o si adoras a alguno, puede que no hayas entendido el judaísmo, ese que “es irreductible al análisis”, según Freud, ese enigma que no nos explicamos ni los judíos ni las gentes de otros pueblos.

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