¿Crítica o miedo?

Pilar Rahola

Lo que hay detrás de la reacción internacional contra Jones no es una exaltación de tolerancia religiosa, sino una explosión cósmica de miedo. ¿No? Entonces, ¿por qué no existe la misma preocupación internacional con el acoso contra los cristianos en tierras musulmanas, contra la pena de muerte de algunos países por el solo hecho de llevar una cruz, por la destrucción de iglesias o sinagogas, e incluso por la muerte de religiosos?

Lo más alarmante de todo este esperpéntico sainete es que cualquier tonto con una cruz, una pancarta y un micrófono puede poner en jaque a los cuerpos de seguridad de todo el planeta. En un mundo algo más normal, o algo menos delirante, lo del bigotudo Terry Jones no habría pasado de estúpida provocación, en línea con el gusto por quemar libros que tienen algunos, desde que la tolerancia cero con la inteligencia se instaló en el cerebro de la historia. Hitler y Stalin fueron maestros en dicho arte crematorio. Y, en las tierras excitadas del islamismo más fanático, el gusto por quemarlo todo, desde cruces católicas hasta fotos de dibujantes de cómics o escritores o pensadores, es un deporte con muchos adeptos. Los hinchas más fieros incluso intentan pasar de quemar fotos a poner bombitas en los propietarios de la cara. Terry Jones no ha inventado nada, porque parece que la estupidez es coetánea del hombre, desde que se convirtió en un animal erectus. Por supuesto, el mundo estaría mejor sin estos provocadores de pacotilla, cuyo histrionismo sólo sirve para convencernos de que la naturaleza se equivocó con el experimento humano.

Dicho todo lo cual, todo lo dicho no tiene ninguna importancia. Porque lo importante de lo que está ocurriendo no es lo que quiere hacer Terry Jones, sino el miedo que nos dan las consecuencias. ¿O acaso no llevamos miles de muertos en atentados? Es la famosa portada de la revista El Jueves, cuando el lío de las caricaturas de Mahoma, que decía: “Íbamos a dibujar a Mahoma, pero ¡nos hemos cagao!”. Hablemos en plata. Lo que hay detrás de la reacción internacional contra Jones no es una exaltación de tolerancia religiosa, sino una explosión cósmica de miedo. ¿No? Entonces, ¿por qué no existe la misma preocupación internacional con el acoso contra los cristianos en tierras musulmanas, contra la pena de muerte de algunos países por el solo hecho de llevar una cruz, por la destrucción de iglesias o sinagogas, e incluso por la muerte de religiosos? No nos tomemos el pelo más de lo necesario. Jones y sus delirantes provocaciones son importantes porque tenemos un problema enorme con el mundo islámico, cuya incapacidad para vivir su propia Ilustración y conciliar las libertades del siglo XXI con los dogmas del XIV es cada día más lacerante. Es decir, tenemos un problema porque un cretino quema el Corán y en alguna montaña lejana deciden que pueden aprovecharlo para matar a centenares de personas que pasaban por el primer tren. Ese es nuestro problema, que, ante el islam, estamos muertos de miedo. El resto es literatura. ¿O la era de la cultura y la libertad no se fundamentó en airar a los dioses? Y hasta que el islam sea capaz de reírse de los suyos con la misma libertad con que los venera no entrará en la modernidad. Por ello mismo y desgraciadamente, el problema no es el tonto inútil del tal Jones.

Pilar Rahola
La Vanguardia. Barcelona.
12/09/2010
http://www.pilarrahola.com

Difusion: http://www.porisrael.org

2 Naciones, 1 Estado y 1 gran Negocio

Sobre Israel opinamos todos.
Hablar bien de Israel no es delito. Todavía.

Sunday, September 26, 2010
Si hubo a quien el discurso del presidente Barack Obama ante la ONU preocupó de verdad, cuando anunció que el año próximo quiere un Estado Palestino sentado en la Asamblea General, no fue a los israelíes, ni a quienes se quedan asombrados de que el hombre más poderoso del mundo se apunte a la moda de los discursos vacíos políticamene correctos. Y de eso sabemos mucho en España. No, a quienes le ha entrado el canguelo es la multitud de occidentales que se ganan la vida contra Israel.

Preocupa, y mucho, a esos que disfrazan su incompetencia profesional de activismo presuntamente solidario y democrático, cuando es todo lo contrario. Es egoista, porque sólo sirve a asegurar una fuente de ingresos que de otra manera no tendrían y es totalitario porque pasan por alto las violaciones de los derechos humanos, el terrorismo y la tiranía que incluso afectan a esos a los que dicen defender.

Desde que las conversaciones están en marcha y ha quedado claro que todos los temas están sobre la mesa (y sólo sobre lo que se negocia puede haber un acuerdo) estamos volviendo a escuchar una cantinela a la que hay que estar muy atentos. Desde la Industria la Paz en su rama académica se nos está insistiendo en que la creación de un Estado Palestino ya no es suficiente. Que no se trataría de una “paz justa” para los palestinos y que para terminar con la inmensa injusticia histórica que, según repiten, representa la creación del Israel judío, es necesario crear un gran Estado “binacional”. Atentos a esta palabra que la vamos a escuchar mucho.

Es, decir, que después de dar paliza durante años acusando a Israel de saltarse las resoluciones de la ONU ahora resulta que no es necesario cumplir la principal de ellas, que es la define un Estado judío y uno palestino. A tomar por saco la ONU (ahora, claro). Y además después de advertir en tono apocaliptico sobre la “ambición sionista” de crear un estado “desde el Mediterráneo hasta el Jordán” , ahora resulta que la solución es precisamente esa. Y lo más sibilino de todo. Resulta que el fin último de esto es reparar la brecha material entre israelíes y palestinos (vamos dejar claro que los israelíes son unos ladrones) y negar la identidad judía de Israel, que es algo así como negar la identidad valenciana de la paella.

Lo que se está proponiendo desde algunas cátedras y departamentos universitarios en Europa no es otra cosa que la desaparición de Israel en nombre de la paz. Esta gente es la que tiene más que perder como se produzca un acuerdo, porque quieren seguir viviendo como hasta ahora. E Israel es la coartada perfecta.

Fuetnte: http://2.bp.blogspot.com/_xXfrIPMGvks/TJ9jzPWQOzI/AAAAAAAAA1E/z-Pm-CSDMzM/s1600/lamb+wolf.jpg

Miedo no, cobardía

http://www.pilarrahola.com/3_0/ARTICULOS/default.cfm?SUBFAM=&ID=1852

Se pregunta Pilar Rahola si hay miedo o crítica tras lo sucedido con el pastor Terry Jones y las amenazas incendiarias islámicas de empezar su particular fuego purificador de la humanidad perdida -o sea todos menos ellos- o se debe al exceso de celo que produce en las escrupulosas sociedades occidentales ofender y provocar al mundo islámico cuando se hace uso de unas libertades que para ellos resulta un insulto solo ejercerlas.

Sostiene que es precisamente el temor a sus amenazas que genera tanta autocensura por parte nuestra llegando al histerismo con que se ha tratado el asunto, con equiparaciones tan burdas y absurdas entre el Pastor Jones y las irracionales manifestaciones multitudinarias que en mundo musulmán se han producido. A las imágenes nos remitimos.

Tiene razón Rahola, pero en parte solamente. Porque el Pastor Jones no es nadie, no tiene media bofetada, nunca soñó verse envuelto en una cosa tan tonta y pueril en la que arriesgando tan poco ha sacado tanto provecho. Todavía no se lo acaba de creer Jones.

No es el miedo el factor que más atenaza a nuestras sociedades, sino la cobardía, la pusilanimidad, la interpretación de una peculiar “tocata y fuga” en clave occidental y en gran parte de los escenarios donde nos estamos jugando algo más que la opinión. En suma y por decirlo de una vez el “acojone” que nuestras débiles sociedades tienen asumido frente a quienes nada tienen que perder en nombre de un dios a la altura del felpudo donde se inclinan y al que dicen estar dispuestos a dar la vida por este orden, primero la de los demás, luego la suya propia.

Es la cobardía de quienes no desean perder de la noche a la mañana su cómoda existencia y su nivel de vida sólo por la ocurrencia de un iluminado evangélico. Es la cobardía de cuantos no quieren ver el fuego que arde y se extiende sin parar desde finales del siglo pasado, cuantos niegan su verdadera dimensión y peligro, cuantos ceden al chantaje y extorsión como sucedió con los secuestrados catalanes en Mauritania que fueron a hacer turismo para niños bien y pagamos su fiesta los demás. Es la cobardía de no llamar a las cosas por su nombre, es decir, llamar asesinos y criminales no sólo a los terroristas sino también a los figurantes, sean palestinos, iraquíes, afganos, turcos, sirios, libaneses, sudaneses, cuantos forman parte de la tramoya y están ocultos y dispuestos a darlo todo por su carcomida fe y su deplorable cultura. En esta comedia cruel nadie se queda fuera del reparto y cada cual tiene su papel, ellos los ofendidos, nosotros los ofensores, ellos los agredidos, nosotros los patéticos miedosos. ¡Qué gilipollez más seria y grave! La paz de los cobardes.

Cobardía en fin porque no es otra cosa, sino recréense ustedes en los sucesos de Melilla, tras los cuales se urden con los mismos mimbres el acoso y desafío a toda una sociedad débil, genuflexa, arrodillada desde hace años, que pierde terreno ideológico y moral ante el imparable avance de otra que no ha dejado de ir hacia atrás en todos los ámbitos menos en el del terror y que cree llegada la hora de tomarse la revancha por todas las humillaciones recibidas (¿De qué hablan estos asnos?) el ascenso de una disciplina en la que han adquirido cátedra por derecho propio los hijos de Alá y que no ha sido superada por nadie hasta la fecha: El terror indiscriminado y en masa, tarea en la que son expertos.

No es miedo Pilar, es pura cobardía, puro canguelo, como se le llama en mi tierra. Eso es lo que nos queda y nadie se engañe, ¡Hoy en Occidente huele que apesta!

Miguel Martín

Zaragoza

El programa nuclear de Irán estaría sufriendo un ciberataque

Expertos en virus informáticos discutirán la próxima semana en Vancouver (Canadá) si Stuxnet, un misterioso sistema informático que apareció hace más de un año, fue creado para atacar y destruir el programa nuclear iraní.

La aparición de Stuxnet y su inclusión en el programa de la Conferencia Internacional Virus Bulletin 2010 (VB2010) que se celebrará en Vancouver del 29 de septiembre al 1 de octubre han provocado un intenso debate entre expertos informáticos sobre el origen y motivación del virus.

Lo que se sabe de Stuxnet es que ataca principalmente sistemas informáticos radicados en Irán, que utiliza cuatro “agujeros” de seguridad hasta el momento desconocidos en estructuras operativas de Microsoft y que agrede procedimientos de control industrial que consisten de controladores lógicos programables (PLC).

A partir de estos datos, algunos expertos han deducido que Stuxnet ha sido creado por una nación, y sólo un puñado de países tienen la tecnología para crear un virus como éste, con el objetivo de atacar y lentificar el programa nuclear iraní ya sea las cascadas de centrifugadoras que enriquecen uranio o la central de Bushehr.

Frank Rieger, un investigador alemán de la firma GSMK, recientemente dijo que Stuxnet atacó la instalación que Irán tiene en la localidad de Natanz y donde se enriquece uranio, lo que países como Estados Unidos e Israel temen que servirá para que Teherán lance un programa de armas nucleares.

Por su parte, las autoridades iraníes han negado que su objetivo sea producir armas nucleares y han recordado que las normativas internacionales permiten a los países las actividades de enriquecimiento de uranio.

Según Rieger, Stuxnet podría haber aparecido en enero de 2009. Pocos meses después, el 17 de julio de ese año, Wikileaks reveló que “una serie asociada con el programa nuclear de Irán” indicó que se había producido un gran accidente nuclear en Natanz.

Después de que Wikileaks recibiera la información, “se perdió el contacto con esta fuente”, pero el sitio de internet añadió que aproximadamente al mismo tiempo Gholam Reza Aghazadeh, el entonces responsable de la Organización de Energía Atómica de Irán, “dimitió bajo misteriosas circunstancias”.

La publicación estadounidense Christian Science Monitor dijo en el pasado que Stuxnet “es esencialmente un cibermisil de precisión y calidad militar lanzado a principios del año pasado para buscar y destruir un objetivo de alta importancia en el mundo real”.

Por su parte, Liam O’Murchu, especialista de Symantec, declaró a la BBC británica que “el hecho de que vemos más infecciones en Irán que en ningún otro punto del mundo nos hace pensar que esta amenaza fue dirigida contra Irán y que había algo en Irán que era de un gran, gran valor para quien lo creó (Stuxnet)”.

Según reveló en julio la firma de seguridad informática Symantec, el 58,5 por ciento de todas las infecciones de Stuxnet (que técnicamente es conocido como W32.Stuxnet) se estaban produciendo en Irán. Por detrás se situaban Indonesia (un 18,22 por ciento) e India (un 8,31 por ciento).

Symantec también ha señalado que el virus ataca los PLC que controlan la automatización de procesos industriales, como por ejemplo la maquinaria de una factoría.

Según VB2010, “Stuxnet es el primer gusano conocido que ataca sistemas de control industrial”.

Los programadores utilizan ordenadores, normalmente con el sistema operativo Windows, para escribir el código que luego será cargado en los PLC.

Si el programador utiliza un ordenador infectado con Stuxnet, el virus se esconde en el código que luego es transferido al PLC.

En agosto, Nicolas Falliere, un especialista de Symantec, escribió en el blog de la compañía sobre Stuxnet que el virus “puede potencialmente controlar o alterar como el sistema opera. Un ejemplo histórico previo incluye un caso de código robado que impactó una tubería”.

“El resultado fue una explosión de tres kilotones, alrededor de una quinta parte del tamaño de la bomba de Hiroshima”, explicó Falliere. EFE

Fuente: Aurora-Israel.co.il/
Difunde: porisrael.org

ENTRE LA SANGRE Y LA ESPERANZA

(Reflexiones surgidas a raíz de un viaje a Israel)
Por Manuel S.Pérez Millos

Hace unos pocos días hice realidad un viejo anhelo: conocer Israel. Desde luego, deseaba enterarme de primera mano, sobre el terreno y por mi propia experiencia, sobre la realidad de un país que, hasta el presente, se me pintó con colores muy poco edificantes. En mi caso, he de reconocerlo, por ser de natural poco crédulo, tantas y tan continuas acusaciones contra esa nación, me hacían propender a desconfiar de mis habituales informantes, sobre todo, porque las noticias que me llegaban al respecto, adolecían de flagrantes contradicciones. Se me juntaban, además, el hambre con las ganas de comer, esto es, que siendo visceralmente célibe cuanto a opinión –es decir, que no me caso con nadie-, rehuyo hacer mías, sin más, las consignas al uso, los puntos de vista impuestos y, en general, cualquier especie de manipulación interesada, tanto más, si estos manejos se engarzan en afectos espurios o en posicionamientos y juicios manifiestamente parciales. Pienso, como Quevedo, que no siempre se ha de sentir lo que se dice, sino que se debe decir lo que se siente. Por todo ello, al inicio del viaje y en los días precedentes, estaba expectante.

Tal vez, si en lugar de ir a Israel me desplazase a otro sitio, lo normal sería omitir lo que son detalles sobre el mero traslado desde el punto de partida hasta el de llegada. Por regla general, cualquiera que sea el medio de transporte empleado, el tránsito es tan semejante como anodino. Pero hete aquí que, en este viaje que refiero, las sorpresas comenzaron en el mismo aeropuerto de Madrid-Barajas. En efecto, era la primera vez que sufría un interrogatorio por parte de personal de seguridad de una línea aérea. El muy cortés pero firme examen a que me sometió el agente de seguridad de compañía El-Al, me hizo recordar abruptamente que iba a volar hacia un país cuya existencia está violenta, reiterada y públicamente amenazada, hasta tal punto, que los perpetradores de tales amenazas ya tienen borrado de sus mapas al pequeño estado judío. Pero en fin, que se superó sin ninguna incidencia este trámite poco usual y, tras pasar los controles policiales ordinarios, embarcamos en la aeronave que cubre el servicio regular de Madrid a Tel-Aviv.

Tras un vuelo de unas cuatro horas, aterrizamos en el aeropuerto Ben Gurion. Como durante el trayecto –a pesar de viajar con algunos conocidos- me cupo en suerte ir solo, entretuve parte del tiempo en diseñar una especie de Diario de Viaje que me proponía llevar a término. Tras analizar varias posibilidades, opté, siempre tan poco original, por hacerlo al estilo más tradicional, esto es: anotar meramente fechas, itinerarios y sencillas descripciones étnico-topográficas.

Tal intención resultó vana, ya que me pareció un desperdicio de tiempo describir algo tan prosaico. Este cambio de intención al que me estoy refiriendo, fue provocado por el hecho de descubrir que más que recuerdos de excursiones, me interesaba consignar sensaciones. La primera de ellas, fue constatar que Israel es, a pesar de lo que se informe habitualmente al respecto, un país moderno y normal, equiparable a cualquier otro de nuestro entorno cultural. Que haga gala de modernidad no es cosa extraña, ya que fue constituido a finales de 1948, lo que equivale a decir que el actual Israel y yo tenemos casi la misma edad. Sí me impactó más verificar que es una nación, hablando en términos meramente sociales, perfectamente homologable con España, Francia, Gran Bretaña, o cualquier otro estado democrático y civilizado. Así, pues, el primer infundio que se desmoronó ante el golpe contundente de la evidencia, es que “los judíos son, sino cerradamente obtusos, cuando menos bastante raros”. Esta condición de normalidad a la que aludo, es tanto más notoria si se tiene en cuenta que se trata de un territorio que sufre persistentemente el azote del terrorismo. Pese a ello, ni me sentí constreñido por cohortes de agentes secretos, ni sometido a especial vigilancia policial, ni atemorizado por la presencia anormal de efectivos militares (de hecho, en la terminal de vuelos internacionales, solamente vi a un soldado de servicio, armado, en la calle, delante de la puerta de salida). Teniendo en cuenta que se trata de un Estado al que combaten ferozmente sus vecinos, me pareció cosa en verdad extraordinaria que pudiera sentirme tan cómodo allí como en mi propio país.

Lo segundo que me llamó poderosa y muy favorablemente la atención, fue el orden y la laboriosidad. Fue la misma sensación que tuve –lo recuerdo muy bien- hace muchos, muchos años, en una entidad bancaria en Ámsterdam. Era realmente grato ver como la gente trabajaba sin estridencias, con eficacia. Posteriormente, algún israelí me dijo que el funcionamiento del aeropuerto es muy mejorable. Tal vez es que no haya visto como andan estas cosas en otras partes. A modo de anécdota, referiré que el único incidente fue que a un matrimonio que viajaba en el mismo vuelo, se les extravió una maleta que, según supe luego, les fue entregada al día siguiente en el hotel donde nos alojamos en Jerusalén.

Ya que menciono el hotel, no quiero omitir que parte del servicio estaba a cargo de palestinos, lo que me abrió nuevas ambiciones informativas, que me propuse satisfacer más adelante, en cuanto tuviera una oportunidad propicia.

La tercera cosa que me sorprendió fue la percepción de estar en una democracia real y amplia. Me percaté de que en Israel no hay ningún tipo de cortapisa que limite la libertad de opinión. Entre la ciudadanía del país hay quienes apoyan y quienes critican las decisiones gubernamentales, y unos y otros lo hacen con el entusiasmo que da el saber que nadie te va a enjuiciar u ocasionarte cualquier otro tipo de molestia por ello. De hecho, alguna de las más altas autoridades del Estado están siendo encausadas por la Justicia que, por cierto, funciona con total independencia de los poderes políticos o legislativos de la nación, hasta tal punto que se permite enmendar la plana con decisiones de inexcusable cumplimiento, al propio ejecutivo. Por su parte, la prensa actúa con entera capacidad analítica, informativa y de opinión; solamente hay un pacto tácito concertado entre los propios medios de comunicación, que les obliga a someterse voluntariamente a una especie de censura militar por razón de salvaguardar la seguridad nacional. Esto también tuve oportunidad de constatarlo sobre el terreno, con lo cual, la acusación de que Israel sea una especie de gestor de los intereses USA en la región, es otra leyenda que se viene abajo. Que el Estado de Israel es una plena democracia lo prueban todas las circunstancias, desde la más próxima, tal que no hay limitación de derechos ciudadanos impuesta por el Estado, ya sea por razón de sexo, religión o cualquier otra particularidad, o la más solemne, por ejemplo, que en la Kneset o parlamento unicameral israelí, haya diputados árabes que, juntamente con el resto de la oposición, controlan al Gobierno de la nación y defienden soberanamente los legítimos intereses de sus votantes. Otra prueba empírica de la completa democracia israelí, es que hay un laicismo de facto que permite vivir a cada cual según le plazca, lo mismo en materia de atuendo, que en cuanto a confesionalidad religiosa o relativo a cualquier otra índole personal. En Israel se puede ser libremente ultraortodoxo judío, ateo o practicante de la religión que se elija, con la única limitación que impone el respeto a los demás. En cuanto a lo que se está tratando, el propio Estado se compromete a garantizar el ejercicio de tales derechos individuales. Pienso que, curiosamente, desde la izquierda política, se anatematiza a Israel y se defienden impúdicamente otros regímenes vecinos dominados por la dictadura de posiciones confesionales que, incluso, llegan a perseguir con saña a los practicantes de otros cultos, acosan a las mujeres por el hecho de serlo e intervienen en esferas tan privadas como la orientación sexual de cada persona. Tales comparaciones, solamente me permiten lamentarme ante tan agraviante ceguera diciendo, como el Hidalgo de La Mancha, ¡cosas veredes!

Otra, a mi juicio, feliz característica de Israel, es su amor por la cultura. Uno se extasía visitando sus museos, que aúnan la sencillez de la presentación con la profundidad de la información. Desgraciadamente, no tuve oportunidad de asistir a ningún concierto, ni de acceder a sus bibliotecas. Si pude ver in situ la calidad de alguna de sus universidades, sobre las que puedo afirmar que no desdicen de ninguna de las occidentales. A la vista de tal caldo de cultivo, no extraña la continua eclosión de Premios Nobel o de galardonados de semejante rango que aportan los judíos.

Me impresionó muy gratamente el respeto que los israelíes sienten por su Historia. Me faltaría tiempo para tratar acerca de las perseverantes indagaciones arqueológicas, la conservación de zonas como Masada, los Museos Yaz Vashem, de La Diáspora o Hertzl, el Museo-Exposición del Arma de Caballería, el histórico kibbutz de Rejovot, Qumram y su complemento del Museo del Libro, y tantos otros lugares que publican plástica y elocuentemente, los diversos avatares gratos o penosos del pueblo hebreo. Habiendo visto estas cosas, estoy persuadido de que un pueblo tan conocedor y estudioso de su pasado, necesariamente tiene asegurado su futuro.

De la observación de cómo funciona, por lo menos aparentemente, la sociedad israelí, saqué la conclusión de que su éxito radica en que tienen un objetivo común: la supervivencia; saben cómo alcanzarlo: mediante la eficacia y una sabia distribución de funciones; y, por último, poseen los medios para lograrlo: a través de una esforzada y responsable dedicación a la tarea que corresponde a cada uno. Es decir: Israel, según me parece, forma un equipo con todos sus componentes perfectamente capaces, enteramente al corriente de las funciones que les son propias y totalmente entregados al bien común. Así, desde el soldado hasta el industrial; del jubilado al asalariado; del científico al artesano, todos se saben piezas necesarias y aportan lo que poseen: conocimientos, experiencia, fuerza, juventud, tiempo o esfuerzo. Ese y no otro es, a mi modesto entender, el secreto de los notables éxitos que, en todos los campos, alcanza el Estado de Israel.

Hasta el día de hoy, se me pintó a Israel como un estado imperialista, victimario implacable de inocentes y desalmado abusador de su fuerza militar. Esta iconografía pavorosa comprobé personalmente que es falsa. Ciertamente, sus fuerzas armadas, el Tsahal, son de un poder y una eficacia formidables; pero es gracias a ello que el pequeño estado, territorialmente hablando, subsiste en la actualidad. Es una patraña (y algún día se conocerán los motivos reales que la sustentan) que practique ningún tipo de dominación hegemónica. He aquí una prueba: ¿qué nación con ínfulas imperialistas y carente de recursos energéticos propios, devuelve a su vecino el único territorio con bolsas de petróleo? Pues eso hizo Israel con Egipto al entregarle la península del Sinaí. Se acusa a la nación hebrea de masacrar a civiles y de torpedear cuantas acciones humanitarias pueda. Si esto es así, ¿qué explicación cabe dar a los miles (digo bien miles, y no pocos) de misiles que cayeron y siguen cayendo sobre población civil? ¿A qué se destinan las enormes cantidades de explosivos que se introducen en territorio palestino, clandestinamente y de manera continua? ¿Serán acaso para hacer invisibles obras públicas? ¿Son imaginarios los episodios de la Villa Olímpica de Munich (5 de septiembre de 1972), o el secuestro de Entebbe (27 de junio de 1976), o tantos otros ejemplos de acciones terroristas contra los judíos? Las amenazas de Ahmadineyad, ¿son baladronadas de inofensivo matón tabernario o son declaraciones de intenciones de un jefe de estado poseedor de un impresionante poderío militar y, acaso, en breve tiempo potencia nuclear? ¿Son, tal vez, fruto de un mal sueño las noticias acerca de los incesantes llamados desde las mezquitas a acabar con Israel? Los cinturones de explosivos que portan los suicidas, ¿serán, acaso, para montar inocentes jaranas en mercados o autobuses?

Pero no se debe perder de vista que aunque la supervivencia de Israel es competencia de su milicia, su general progreso y bienestar provienen, especialmente, de un espíritu emprendedor, de una estrategia económica y comercial encomiable y de una ejemplar política de apoyo a la inversión, tanto a través de la concesión de determinados apoyos por parte de la Administración, como del desarrollo de iniciativas privadas. Tuve ocasión de visitar la Bolsa de Diamantes, bodegas de vinos y diversas industrias, así como también obtener información en cuanto a la gestión de “viveros” de empresas. Todos estos esfuerzos, toda esta laboriosidad, hacen que Israel dependa cada vez más de sí mismo y, al tiempo, que vaya consolidando sus exportaciones, especialmente en tecnologías punteras, tales que la informática, la electrónica o la industria farmacéutica, entre otras varias.

Sobre este aspecto que trato, pude constatar que el milagro económico y tecnológico israelí no es fruto del fantasmal lobby judío, como se intentó hacerme creer machaconamente. El dinero de Israel procede de su esfuerzo y de sus capacidades aplicadas a lo productivo. De hecho, el dinero está, naturalmente enterrado bajo las arenas en forma de hidrocarburos, en poder de los países árabes de la zona.

Ya que menciono la actitud de Israel con sus vecinos, no puedo omitir dos detalles sorprendentes: el uno, que los territorios que se compromete a entregar a la ANP, son dados con unas magníficas dotaciones en cuanto a infraestructuras, hospitales y otras instalaciones de utilidad. Que nadie trate de inducirme a creer lo contrario, ya que yo mismo he circulado por una excelente autopista que está construyendo en territorio de Cisjordania, previo a su transferencia a la Autoridad Nacional Palestina. A lo dicho, cabe añadir las diversas edificaciones que son gozosamente arrasadas por sus receptores, según se ha visto a través de imágenes difundidas por elementos tan poco sospechosos de simpatizar con los judíos, como son las cadenas de televisión españolas. Esto constituye, dicho con amarga ironía, una nueva evidencia del “malsano imperialismo sionista”. El segundo detalle asombroso fue la visita al Hospital Hadasa, con magníficas vidrieras pintadas por Chagall, por cierto. En este centro sanitario constaté, con la modestísima autoridad que me da mi oficio, el excelente trato que reciben los pacientes…¿israelíes? No, señor. Mayormente palestinos que acuden a Israel a curarse. Otra evidencia del “crudelísimo” trato que reciben los oprimidos por parte del opresor (según versión de los medios de comunicación españoles). ¡Ah! y del terrible muro, como de la riqueza y de la santidad: la mitad de la mitad. Solamente hay muro en contados sitios; el resto es una valla de alambre. Por otra parte, todo este dispositivo se desmantelaría en el momento en que los agentes del terror decidieran dejar de pasar a Israel con el puñetero propósito de destripar judíos. Así de claro.

Durante mi periplo, visité Belén, en territorio palestino. Omito describir las diferencias entre Cisjordania e Israel, porque no hacen al caso de este breve recordatorio. Si quiero, sin embargo, que me quede constancia de lo siguiente: Israel divide los territorios que administra en varios órdenes. Uno de ellos, es lo que llaman territorios B, esto es, que Israel renuncia a ellos y que serán entregados a la jurisdicción Palestina tan pronto como los compromisos tocantes a la seguridad nacional israelí, estén debidamente garantizados. A estas zonas no pasan los israelíes, por expresa prohibición de su Gobierno. En el caso de, por ejemplo, guías de turismo, se pretende, además, no perjudicar el medio de sustento de los autóctonos. En Belén, digo, estuve en la iglesia de Natividad, contigua al Convento franciscano. No pude por menos que recordar que quienes montaron una tremenda lucha como respuesta a una cierta visita a un lugar público al pie de Al-Aqsa, o dispensaron órdenes de asesinato contra los caricaturistas de Mahoma, no tuvieron inconveniente, sin embargo, en orinar y defecar en el lugar sagrado –bien que de otros- donde estaban acogidos. Tampoco hicieron ascos a asaltar la despensa del convento, pese a que –a las imágenes de prensa me remito- eran surtidos cotidianamente con raciones de comida por los crueles israelíes. Seguramente, estos desajustes de conducta se resolverán con la Alianza de Civilizaciones, que logrará ser culminada con éxito no más tarde, pero tampoco antes, de un par de semanas después de que la Luna fije su residencia permanente en el Lago de Sanabria.

Tuve ocasión de relacionarme con algunos palestinos que trabajan en Israel. De sus manifestaciones, extraje las siguientes impresiones: primera, que no se sienten en absoluto discriminados en cuanto a derechos ciudadanos o cualesquiera otras ventajas sociales. Segunda, que ni renuncian a su condición de palestinos, ni se sienten compelidos a ello por nadie. Tercera, que trabajan en Israel porque las condiciones laborales son muy superiores a las que disfrutarían en su tierra. Alguno de mis nuevos amigos palestinos viven en Israel, otros residen en Cisjordania e, inclusive, los hay propietarios de prósperos negocios en Israel. Los árabes no carecen de ninguno de los derechos laborales de que gozan los israelíes, y los que tienen ciudadanía en el estado hebreo, poseen los mismos privilegios que los judíos, si bien no están sujetos a las mismas obligaciones, como por ejemplo, a la prestación del servicio militar. ¿Por discriminación? En absoluto, puesto que los árabes drusos y los beduinos, toda vez que han reclamado su participación en las fuerzas armadas, cumplen con esta imposición en las mismas condiciones que un judío. Sobre lo que estoy tratando, es gratificante ver en algunas poblaciones que pude visitar, la armonía que reina entre árabes y judios.

Israel me mostró, visto desapasionadamente, que, pese a los infundios que sobre él se vierten, es un país amante de la paz y que practica un escrupuloso respeto por la vida. Nada que ver, desde luego, con las informaciones deformadas, falaces y torticeras con las que nos hacen desayunar, almorzar y cenar los informativos nacionales, así como las proclamas de muchos –o al menos de algunos- colectivos y partidos políticos. Por lo sensible de las pruebas, me abstengo de consignarlas por escrito, pero dispongo de evidencias que corroboran mi afirmación, de las cuales espero no olvidarme en el futuro pese a lo poco fiable de mi memoria. He visto lo que he visto, he comprobado lo que he comprobado y, por consiguiente, ya no me dejo engañar.

La situación en Israel actualmente tiene mucho de desconcertante. Es inconcebible que un país que se aviene a negociar con sus adversarios, que devuelve territorios, que trata con exquisita humanidad a los habitantes de territorios hostiles, que practica una democracia ejemplar, donde la mujer es respetada, donde ni animales ni persona alguna son acosados o maltratados, con un sistema social y político avanzado, cuya pujanza se basa en el trabajo y la cultura, que se ve hostigado cruel y permanentemente, que garantiza el libre ejercicio de los derechos de cualquier persona, que encarcela terroristas solamente tras ser juzgados con todas las garantías procesales, que pese a adornarse de tales virtudes sea, sin embargo, permanentemente vilipendiado. Curiosamente, en vez de tomar ejemplo de sociedades así, nos esforzamos en justificar actitudes que reprobamos teóricamente, o callamos vergonzosamente ante ellas.

Es tanto más sorprendente por cuanto estos modos se perciben especialmente en ambientes progresistas, o así autocalificados. En Israel triunfó el socialismo como no lo hizo ni en la Rusia soviética ni en cualquier otro país comunista. En el ámbito de los kibbutzs se viven los paradigmas socialistas plenamente. Desde los establecimientos de atención y ocio para la tercera edad, hasta los refugios antibombardeo donde tienen, por razones lamentablemente obvias, preferencia los niños. Reitero lo dicho: no me engañan más los corifeos fascistas y pseudoizquierdistas, porque estuve viviendo en un kibbutz y, por consiguiente, pude obtener información de primera mano sobre el particular, y ver con mis propios ojos lo que refiero.

En resumen: si tuviera que identificar a Israel con algún material de uso más o menos común, lo asimilaría al cristal blindado de un escaparate: transparente y resistente a los golpes y a la presión.

Israel me demostró que ama la paz, aunque no le dejan disfrutarla. Es un país, un gran país, que vive entre la sangre que le derraman y la esperanza de un futuro inevitablemente brillante.

Fuente: http://galiza-israel.blogspot.com/2007/11/entre-o-sangue-e-esperanza.html

‘Lo que nunca me contaron sobre Israel y ni siquiera podía imaginar”

El viaje de un periodista español al país que ama la vida

Recientemente, veintidós gallegos de todas las edades y profesiones, todos ellos miembros de la Asociación Gallega de Amistad con Israel, viajaron al país hebreo para conocer in situ qué había de mito y qué de realidad en todo lo que nos cuentan y en todo lo que nos dejan de contar los medios de comunicación occidental.

En el grupo había seis periodistas, dos médicos, tres empresarios, cinco estudiantes y dos enfermeras, de todas las ideologías políticas posibles; casi todos cristianos y algún ateo.

La Asociación de la que forman parte se fundó el 1 de diciembre de 2006 y ya es una de las más activas de Galicia, donde han conseguido que su Parlamento Autonómico aprobara una moción en memoria del Holocausto, han llevado a conferenciantes israelíes como Yehoshúa, Perednik o Alona Fisher y han organizado un encuentro de autoridades de Israel en España con empresarios gallegos para preparar lo que será una cumbre bilateral de negocios.

Por si fuera poco, su presidente, Pedro Gómez Valadés, a quien su partido (los independentistas del Bloque Nacionalista Gallego) abrió un expediente de expulsión por ser amigo de Israel (sin embargo ponen a Irán como ejemplo de país a imitar), fue recibido por Dalia Itzik.

A la vuelta de tu viaje por Israel, la gente, en España, te pregunta si no te ha ocurrido nada, si no te has expuesto a peligros, si no has vivido riesgos innecesarios. Te preguntan si por la calle se nota la violencia, la guerra, los efectos del terrorismo. Si hay psicosis, si no se huele el miedo, si nos han estado escoltando todo el tiempo, si hemos podido visitar lo que quisimos o nos obligaron a hacer determinados itinerarios, si hemos podido salir por las noches, si hemos visto tanques en las calles.

Una experiencia única
Y cuando les respondes que no has tenido nunca sensación de peligro, ni de inseguridad, ni de riesgo, ni un poquito de miedo siquiera, los decepcionas. Y no digamos cuando les dices que aquello (Jerusalén sobre todo, pero también Galilea y los Lugares Santos de la vida de Jesús) estaba lleno de viejitos cristianos españoles encantados de la vida y ajenos a todos los prejuicios que, sobre Israel, Occidente crea y difunde.

Tal vez, también, porque en el subconsciente de muchos de esos integrantes de la tercera edad no existe un equivalente entre Israel y Tierra Santa. Para ellos Israel es un lugar en guerra y Tierra Santa es otro lugar donde nunca pasa nada ni puede pasar

Para nosotros, los que quisimos ir a Israel y no a Tierra Santa, nos encontramos con un país ejemplar y maravilloso en muchos sentidos. En un estado del tamaño de nuestra Galicia sin la provincia de Lugo, vivimos la experiencia única e insuperable de dejar nuestro pedido en el Muro de las Lamentaciones, de flotar en las aguas del Mar Muerto, pisar todos y cada uno de los lugares por los que transitó Cristo desde que nació hasta que fue crucificado y emocionarse en el Museo que recuerda el Holocausto de seis millones de judíos a manos de los nazis.

Arboles y telenovelas en la cuna del mundo
La expedición gallega, que incluso plantó un árbol, y así lo certifica un documento oficial del Keren Kayemet Leisrael, se fotografíó con las soldadas que pasean como civiles por las tranquilas calles de Jerusalén, departió con más de un israelí que conoce el castellano gracias a las telenovelas sudamericanas que allí triunfan, se remojó en el lugar del Jordán donde Juan Bautista bautizó a Jesús, ascendió a las alturas épicas de Masada donde los últimos judíos resistieron hasta el suicidio frente al sitio de los romanos, y atravesó el Mar de Galilea para subir a los Altos del Golán.

Con las banderas de Galicia e Israel en ristre, los viajeros sellamos nuestra amistad con ese pueblo trabajador y amante de la vida, comprobamos el milagro israelí de haber convertido el desierto en un vergel, y nos sentimos en todo momento seguros y emocionados de estar en la cuna del mundo. Lo que no es poco en un país amenazado diariamente por el terrorismo islamista que le niega su derecho a existir.

El mito de la miseria más triste del mundo
A la vuelta del viaje, muchos de mis amigos se quedaban con la boca abierta cuando les decía que en Belén o en Ramala o en cualquier sitio de Cisjordania la gente no vive en tiendas de campaña, sin agua, ni luz, con niños descalzos y letrinas comunales para hacer sus necesidades. El cliché de los medios de comunicación europeos en general y españoles en particular nos ha dibujado un escenario como el descrito, donde la población palestina siempre está al borde del colapso, de la muerte por hambruna y por falta de medicinas El cliché es el que se corresponde con el país más pobre del mundo; más que Rwanda, Guinea, Tanzania, Costa de Marfil, o incluso Haití o Bolivia.

Cuando les cuento que he visto ciudades sin tiendas de campaña y con edificios, con carreteras, escuelas, restaurantes, hospitales y que la gente tiene celulares y coches, y que los comercios están más surtidos que en La Habana, pues les cuesta creerme. Vale, que Gaza es otra cosa, pero tampoco es Mozambique, ni mucho menos.

Del miedo, al ejemplo
Los derechos humanos no existen en los territorios que controlan Hamás o Al Fatah, pero a los europeos nos pareció que a pesar de celebrarse sin libertades, ni derechos fundamentales, ni candidaturas de todas las tendencias; y a pesar de que no se considerarían válidas en ningún país occidental, las elecciones palestinas fueron democráticas. No importa que nunca homologaríamos algo así si tuviera lugar en Israel.

Es decir, si mañana, por ejemplo, la mayoría cualificada de los israelíes decidieran apoyar a un partido ultra nacionalista en cuyo programa figurara expulsar a todos los árabes de los territorios ocupados, entonces Europa pondría el grito en el cielo porque no lo consideraría democrático. (Ya no decimos ético, siquiera).

Está claro que los europeos usan dos varas de medir, según se trate de Israel o de sus enemigos.
Así que a los israelíes, de derechas y de izquierdas, les llevan todos los demonios que nosotros, los europeos, los expedidores de los auténticos certificados democráticos king size o extra luxury’, miremos con lupa todas sus acciones, pasemos por alto todos los abusos anti democráticos de los dirigentes palestinos y nos comportemos como si nos importara una higa que las mujeres palestinas vivan sojuzgadas mientras las cómicas españolas se iban a fotografiar con Arafat.

La paz es posible
Pero no solo los israelíes. Hay palestinos con nacionalidad israelí, como el comerciante Anuar S. o el taxista Ahmed J. nos dicen con la boca pequeña (y por separado) que ellos lo que quieren es que acabe la violencia, y que si participan en movilizaciones o actos de la intifada es porque si no serán represaliados por los islamistas. “Queremos trabajar y mejorar, y que nuestros hijos tengan futuro”’, dice Anuar, que bien podría ser habitante de Nazaret, donde árabes y judíos coexisten desde 1948. O de la laureada Nevé Shalom (Oasis de Paz), una villa cooperativista situada entre Jerusalén y Tel Aviv que visitamos para comprobar la ejemplar convivencia entre 50 familias, la mitad judíos y la otra palestinos, y de la que se han hecho lenguas desde Hillary Clinton al líder palestino Faisal al-Husseini, pasando por el Premio Nobel Elie Wiesel o el escritor marroquí Taher Ben Jalún.

El amor a la vida
Tan ejemplar como Nevé Shalom, pero en otro ámbito, fue que durante las décadas de los ’70, ’80 y ’90 ingresaran cada día en Israel 150.000 palestinos para trabajar. Naturalmente, Europa siempre exigió que Israel empleara mano de obra palestina, pero nunca pidió lo mismo de Jordania y Egipto, igualmente limítrofes con los palestinos, de quienes son hermanos de sangre y de religión. Eso sí, si les daban trabajo se criticaba a los judíos por tener colapsados en las colas fronterizas a los pobres palestinos, pero si no se lo daban, entonces Israel era un país sin entrañas.

Lejos de ser un país malvado, pudimos visitar el Hospital Hadassa, donde los médicos tratan por igual a víctimas y a verdugos. A personas heridas en un atentado y al terrorista que las atacó. Fue así como supimos que para un israelí, o al menos para un judío, lo importante es, siempre, la vida. Porque salvar una vida es salvar al mundo.

Y nos impresionó, vaya si no, lo que está haciendo la red de voluntarios más grande de Israel en cuestión de servicios de asistencia y cuidados en el hogar, a través de Yad Sará. Impresionante. Una institución que no recibe ayuda del Estado y que le ahorra 300 millones de dólares en costes de internamiento hospitalario y cuidados intensivos.

Así que, visto lo visto y vivido lo vivido, uno se vuelve con la sensación de que acaba de conocer de primera mano todo lo que nunca le contaron sobre Israel y ni siquiera se podía imaginar.

*El autor es licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad de Navarra (1978) y está haciendo un doctorado en Ciencias de la Información en las Universidades Complutense (Madrid) y de Vigo.
Fue redactor y director en medios de prensa, escribió numerosos artículos y varios libros. Últimamente se publicaron sus obras “La Correspondencia Gallega”, “El desastre del ’98”’ y “Abreviatura”’.
Es uno de los fundadores y primer secretario general de la Asociación Gallega de Amistad con Israel.

Por Miguel Boó, Galicia

Judíos en Puerto Rico

La isla de Puerto Rico es un Estado Libre Asociado de los Estados Unidos de América y cuenta con una población cercana a los cuatro millones de habitantes. Su comunidad judía – una de las más antiguas del continente – la conforman unos tres mil integrantes que mantienen su pertenencia a través de los pensamientos conservador, reformista u ortodoxo.

La llegada de judíos a la isla se remonta a los tiempos de la conquista española donde muchos de ellos ocultaban su origen por temor a las practicas inquisitoriales. Son diversos los criptojudios que instalados en las zonas montañosas del país desarrollaban su fe con estricta reserva. Es recién a partir de la tercera década del siglo veinte – con la llegada de refugiados del nazismo procedentes de Alemania y Francia – que se puede considerar la formación de una estructura institucional. En 1942 se funda el primer centro comunitario en la ciudad de San Juan, capital del país.

Bajo la gobernación de Luis Muñoz Marín llegó al territorio un grupo de soldados estadounidenses de religión judía asignados a las bases militares ubicadas en la ciudad de Ponce. La gestión de Muñoz Marín incluyó el programa “Manos a la Obra” que generó un fuerte estimulo de la actividad industrial y absorbió inmigrantes del norte de América que se radicaron definitivamente en la zona.

En el año 1959 con la asunción en Cuba del Partido Revolucionario Cubano y su conductor Fidel Castro, más de quince mil judíos dejaron su tierra natal en busca de nuevos horizontes. Muchos de ellos eligieron Puerto Rico en razón de su cercanía, la ciudad de San Juan se transformó en lugar de refugio y posterior residencia. En las últimas décadas contingentes procedentes de Argentina, Colombia y Venezuela se han sumado a la estructura judía del país.

La comunidad es la única de las caribeñas que cuenta con triple representacion. La linea conservadora “Shaare Tzedek” es la más antigua y cuenta con la primer sinagoga del pais. Se construyó en 1952 – año en el cual Puerto Rico obtuvo el status actual de Estado Libre Asociado de los Estados Unidos – por el arquitecto de origen checoslovaco Antonin Nechodoma en una finca propiedad de la familia Korber. Dicho grupo se vio fortalecido con la llegada años después de la inmigracion cubana y en los años recientes por los llegados de Argentina y otros países de habla hispana. En la sinagoga los servicios religiosos se ofician en hebreo y español y son dirigidos por su propio rabino. La comunidad reformista o progresista de nombre “Beth Shalom” fue fundada en 1967 por inmigrantes de los Estados Unidos de America. Cuenta con un moderno templo erigido en la zona de Santurce, localidad de San Juan. Los servicios se realizan en inglés, hebreo y español. La comunidad ortodoxa – “Shaarei Torá” nace en el año 1997 en la zona de Isla Verde. Su creación está marcada por el movimiento Chabad Lubavitch que tiene representantes en más de 70 países del mundo. En el país se ha desarrollado fuertemente el llamado Judaísmo Mesiánico que nuclea varios templos y más de mil quinientos descendientes de los conversos sefaradíes. Desarrolla una teoría religiosa en la aceptación de que Jesús de Nazareth es reconocido como Mesias. En materia educativa la comunidad Shaare Tzedek dirige una escuela a la que concurren más de cien niños y en la cual se inculcan valores de tradición mosaica. La primer escuela del país se fundó en 1959.

En los últimos años se erigió un centro religioso fundado por un joven portorriqueño de nombre Eduardo Torres que emigró a Nueva York con 14 años en busca de mejores oportunidades laborales. Tras su radicación y esforzados años de estudio logró – a los 16 años – su conversión al judaísmo adoptando el nombre de Abraham Goldstein (igual apellido al rabino que le enseñara los conceptos bíblicos). Torres fue convertido por el Director de la Ieshiva Or Israel de Queens, Nueva York. Luego viajó a Israel donde profundizó sus estudios en la Yeshivá Satmar y en la Kehilá Jasidica Pupa. La organización que dirige, inició su labor en los años 90 adoptando el nombre de Torat Jesed y actualmente cuenta con varias sedes en el continente americano. Su objetivo principal es brindar colaboración a aquellos hispano parlantes que buscan a través de la conversión abrazar el judaísmo como forma de vida.

Su centro de estudios en Puerto Rico se ubica en el Barrio de Rió Cañas Arriba, en la ciudad de Mayaguez, al oeste del país. El 5 de Febrero del año 2006 se efectuó por parte de un grupo de rabinos estadounidenses la entrega oficial de un rollo de torá a la novel comunidad. Se ubica cerca del mar y alejada del mundanal ruido, lo que genera un ambiente propicio para el estudio y desarrollo de los profundos conceptos religiosos. En la actualidad un número importante de familias llegadas de distintos puntos de Latinoamérica conviven allí y centran sus quehaceres en el desarrollo de las tradiciones ortodoxas.

No faltan en la historia del país el reconocimiento de personalidades judías. Matías Brugman, nacido en Louisiana emigró con sus padres a la isla con cinco años de edad. En su adolescencia se transformó en un revolucionario independentista. Presidió la Junta Revolucionaria y fue Brigadier General de la toma de la ciudad de Lares contra el gobierno español. Cecyl Snyder fue nombrado en 1942 – por el Presidente Franklin Roosevelt – Juez asociado al Tribunal Supremo de la isla. En 1953 alcanzó la máxima jerarquía judicial siendo designado por Luis Muñoz Marín como Presidente de la Suprema Corte de Puerto Rico. Jacob Ovcharov más conocido como Jack Delano fue uno de los cineastas y fotógrafos documentales más destacados del siglo veinte. Desarrolló la televisión educativa en el pais. Geraldo Rivera, abogado nacido en Brooklyn descendiente de portorriqueños se conoció por su contribución al periodismo americano. Hila Levy obtuvo con apenas 21 años la beca Rhodes, distincion que otorga el legado de Cecil Rhodes a aquellos estudiantes promisorios en el ámbito universitario. Max Goldman ejerció la Dirección de la Oficina de Exención de Contribución Industrial y fue miembro de la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico. David Helfeld, abogado constitucionalista ocupó el decanato de la Universidad de Puerto Rico y Brenda Kaplan más conocida como Brenda Starr obtuvo en el año 2002 dos premios al Grammy Latino por su album musical de salsa.

El 31 de Octubre del año 2005 a iniciativa del senador José Garriga Pico se aprobó la Resolución número 1480 que reconoce la contribución de la comunidad judía al quehacer nacional y a la amistad vigente entre el pueblo boricua y el israelí.

José Piczenik

piczenik@hotmail.com

Fuente: Judaísmo latinoamericano

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