ISRAEL Y SU ENTORNO: ENTRE FANTASMAS Y REALIDADES

Ana Jerozolimski
Editorial de Semanario Hebreo

No son pocos los conflictos en diferentes partes del planeta, que dividen a los seres humanos. El hombre va a la guerra con el prójimo por las razones más variadas, o -sin llegar al campo de batalla- choca a diversos niveles con sus vecinos cercanos o más lejanos, por distintas circunstancias. Pero hay un conflicto, un problema de fondo, con algunas características singulares, que no creemos se manifiesten con tanta naturalidad en ningún otro.  Sólo en el marco de la hostilidad árabe y musulmana hacia Israel, sus exponentes y portavoces en distintos cargos, se permiten decir cosas que no recordamos haber oído en otros marcos, por más duras que sean las discrepancias, por más abierta que sea la enemistad.

Pensamos en esto hace pocos días, al recibir la información sobre las declaraciones del flamante Ministro de Justicia de Jordania, Hussein Majali, quien exhortó a liberar de prisión a Ahmed Deqamseh, el ciudadano jordano que cuando era soldado, en 1997, abrió fuego desde su puesto de guardia en la frontera entre Israel y Jordania hacia un grupo de alumnas israelíes de visita en el lugar, matando a siete de las niñas y dejando a seis más heridas.

Majali fue en su momento el abogado del asesino y ahora sigue defendiéndolo, afirmando que “no merece estar en prisión” y que “en realidad, es un héroe”.

Es para frotarse los ojos al leerlo, abrir bien los oídos y cerciorarse de que uno está oyendo bien. Es que no fue un reo de la calle el que habló así. Ni siquiera un ciudadano más… en todo país hay de todo… Fue el Ministro de Justicia, un cargo que en principio, siempre inspira cierta respetabilidad.

Aclaremos que un portavoz oficial del gobierno jordano señaló que las palabras del Ministro fueron dichas a título personal, reflejan únicamente su postura y no la del gobierno todo ni la del Reino y que fueron dichas “en el marco de la libertad de expresión y la democracia” en Jordania. Optaremos por destacar sólo la parte buena de esta aclaración, ese recalcar que no refleja la posición de Jordania. El resto, parece tan obvio que ni sentido tiene mencionarlo…

Recordemos, por las dudas, que la paz entre Israel y Jordania se firmó el 26 de octubre de 1994, que era más que abierta y obvia la manifestación de alegría del pueblo de Israel por ello, y que hasta resultaba original ver siempre cuánto cariño parecía tener el israelí promedio por el hoy ya fallecido Rey Hussein, a quien se le recibía con todos los honores cuando llegaba al país. “El enemigo al que los israelíes aman”, se solía decir…

Cabe recordar también que Israel cumplió y sigue cumpliendo al pie de la letra el acuerdo de paz, y que tal cual fue estipulado, Israel deriva hacia Jordania anualmente una cantidad nada despreciable de metros cúbicos de agua, inclusive cuando impone restricciones en su plano interno, debido a la falta de lluvias suficientes hace ya muchos años.

El entonces soldado, apostado en su torre de control, sabía en aquel momento del grupo de alumnas israelíes que visitarían “la Isla de la paz”-tal cual se llamaba a esa zona de la frontera- y evidentemente, no resistió la tentación. Allí no veía civiles, no veía niñas. Veía israelíes, demonios de pelo largo—al parecer.

¿Alguien concibe, en otra parte del mundo, que se vanaglorie el asesinato de niños como acto normal digno de elogio? ¿Alguien considera normal que un ministro de un país cualquiera llame “héroe” al asesino de alumnas en un paseo escolar?

Pero lo planteamos mirando mucho más allá de este incidente puntual, ya que el tema central no es Jordania, ni el ministro Majali ni el asesino Deqamseh. El tema de fondo es que ni siquiera al haber un acuerdo de paz que resulta beneficioso por cierto para ambas partes (lo han dicho figuras jordanas sobre su acuerdo con Israel y lo han dicho figuras egipcias sobre el suyo ), cobra normalidad la vecindad con Israel.

No generalizamos. Tenemos clarísimo que no todos los vecinos de Israel son extremistas, no todos están esperando ansiosos la próxima guerra ni mucho menos. En estas páginas hemos publicado testimonios que demuestran que afortunadamente, están también quienes apoyan la normalidad de la buena
vecindad.

Pero son aún demasiado comunes los fenómenos de quienes siguen expresando hostilidad y odio. Y el problema, es que a nadie le parece raro. Ni siquiera a Israel ya le sorprende. Y no nos referimos a declarados terroristas… ya que de ellos, nada habría para sorprender.

Este miércoles, uno de los coordinadores de uno de los grupos de jóvenes que manifestaron durante semanas en la Plaza Tahrir de El Cairo , aclaró que si sus exigencias no son atendidas, volverán a la calle.

Fue una advertencia al ejército egipcio, pero lo que a nosotros nos preocupa, es la parte del mensaje relativo a Israel, ya que una de sus exigencias es que se detenga el suministro de gas natural de Egipto a Israel, producto por cierto de un acuerdo bilateral en el que Egipto vende el gas, no lo regala.

En el mismo espíritu pero más a fondo todavía, se manifestó Ayman Nur, ex parlamentario egipcio y jefe del partidio “Ghad” (se pronuncia Rad), que significa “mañana”, un grupo de oposición. Nur dijo a una radio pública egipcia que los acuerdos de Camp David de 1978 con Israel-en base a los cuales se firmó la paz en marzo de 1979-ya no son relevantes y que el nuevo liderazgo egipcio deberá, al menos, reconsiderar los términos de los acuerdos que llevaron a la firma de la paz.

Ese es uno de los “demócratas” que se sentirán por siempre orgullosos de haber derrocado a Husni Mubarak.

Hace pocos meses, recordamos haber oído una entrevista con el escritor y periodista israelí Ronen Bergman, sobre ciertos fenómenos relacionados al modo en que Israel lidia a veces con críticas del exterior. Bergman decía que en Israel hay veces “mentalidad de sitio”. Uno de nuestros entrevistados de estos días, el analista egipcio Ashraf Rady, nos dijo-en relación al riesgo que Israel ve en la eventualidad de que los Hermanos Musulmanes suban al poder en su país- que Israel ve “demonios imaginarios”.

Pues puede ser que a veces se desconfía más de la cuenta. No es de descartar que a veces, hay quienes optan por ya no creerle a nadie. Pero no menos problemático que este fenómeno, nos resulta el otro fenómeno, el
que causó esta reacción, el que lleva a Israel a andar a menudo mirando detrás del hombro.

En el sitio de los Hermanos Musulmanes de Egipto-claro, es otra cosa, son los declarados peores enemigos, no los demócratas que sorprenden- un articulista de nombre Khalid Amayreh, explica que el acuerdo de paz no debe ser mantenido. E ilustra con ejemplos sobre lo negativo, a su entender, de la relación con Israel, que según él, la enorme mayoría del pueblo egipcio no acepta.

“Sé que los israelíes pueden visitar Egipto con facilidad, cenar en sus restaurantes y bañarse en sus playas. Pero también es cierto que esos israelíes que lo hacen, se topan a menudo con miradas de sospecha y una no muy disimulada hostilidad, dondequiera que vayan. También sé que esos israelíes, especialmente aquellos que revelan su identidad, nunca se sienten seguros o en paz. Esta es la razón por la cual dejan de hablar hebreo en público y a menudo alegan que son italianos o de otros países europeos”.

Este islamista está motivado por una ideología categórica bien conocida. Pero la situación que describe, es exacta. ¿Es normal que eso suceda cuando hace ya 32 años hay un acuerdo de paz?

Es, a menudo, como el dicho medio en broma: “El que yo sea paranoico, no significa que no me están persiguiendo”.

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Israel y sus vecinos: temores y esperanzas de una nueva era

Ana Jerozolimski

Semanario Hebreo. Uruguay

Ojalá todos los temores sean infundados. Ojalá los escépticos que abrigan dudas sobre la llegada de la democracia al mundo árabe, vean pronto que esta vez se equivocaron. Ojalá que todos aquellos que vaticinan  un régimen islamista radical en Egipto, vecino en paz de Israel, tengan que comerse el sombrero.

 

Quisiéramos tener certeza que el Dr.David Bukai, experto en Oriente Medio en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Haifa, que nos dijo tajantemente esta semana que “Occidente no entiende, analiza las cosas en términos ajenos al mundo árabe” y que “las únicas opciones allí son regímenes basados en la fuerza militar o el Islam radical”, no está en lo cierto.

 

Preferiríamos  llegar pronto a la conclusión que quien tuvo razón, de entre todos los pesimistas, optimistas y realistas con quienes hablamos esta semana, fue Ahmed Aweidah, destacado economista palestino,  el Director de la Bolsa de Valores palestina en Nablus, quien tras trazar un interesante análisis del trasfondo económico de la crisis actual en el mundo árabe, afirmó: “Esto es el comienzo de una nueva era. Es la Primavera del mundo árabe—no menos dramática que la caída del Muro de Berlín”.

 

En diferentes informes y comentarios periodísticos publicados en distintas partes del mundo en los últimos días, se mencionó con tono crítico, que Israel  expresó apoyo al Presidente Husni Mubarak de Egipto, mientras medio mundo estaba celebrando la fiesta democrática en el país del Nilo.

Más allá de la aclaración de que es prematuro vaticinar que esto termina realmente en democracia (aunque las manifestaciones fueron auténticamente populares y eso es una gran cosa), es imperioso aclarar que la postura israelí debe ser analizada con cuidado. Es verdad que la paz con Egipto fue firmada con un gobierno no democrático, tal cual era el del Presidente Anwar el-Sadat, y mantenida con su sucesor, el tampoco democrático Presidente Husni Mubarak. ¿A alguien se le habría ocurrido rechazar la posibilidad de paz porque Egipto tenía un régimen autoritario?

 

Israel no está en favor de un régimen autoritario en Egipto, sino en favor de la preservación de su acuerdo de paz. Cuando el Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu  se refirió al tema por primera vez, hace pocos días, en la sesión semanal del gabinete, fue tajante:  “Nuestros esfuerzos están destinados a preservar la estabilidad y la seguridad en nuestra región. La paz entre Israel y Egipto se mantiene hace ya 30 años y nuestra meta es garantizar que se sigan manteniendo”. Si Mubarak era la única forma de garantizarlo, pues Israel se apegaba a él. Si otros están dispuestos a respetar la paz, Israel lo respetará. Sería oportuno recordar:  no fue Israel quien determinó el sistema de gobierno en Egipto. Su “falla” regional es su intento de sobrevivir en un entorno sumamente  complicado, por decirlo delicadamente, donde la democracia no es la norma  sino que intentos poco exitosos de acercarse a ella, son la excepción.

 

El Presidente de Israel Shimon Peres lo resumió muy bien: “No digo que todo lo que hizo Mubarak está bien, pero los israelíes le estaremos agradecidos siempre por una cosa muy clara: mantuvo la paz con Israel”.

 

De todos modos,  el miércoles Netanyahu abordó el tema de fondo, al dirigirse a la Knesset, Parlamento, y dejar en claro que si hay democracia en Egipto, ello no amenazará la paz con Israel. “Todos aquellos que valoran la libertad  se ven inspirados por los llamados a reformas democráticas en Egipto”- señaló. “Un Egipto que adopte esas reformas será fuente de esperanza  para el mundo. Cuando los fundamentos de la democracia son más fuertes, también los fundamentos de la paz son más fuertes”.

 

Es legítimo si Netanyahu dice estas palabras, abrigando quizás en su fuero íntimo serias dudas. Es el vecindario de Israel la fuente de esas dudas. Siempre se pensó en Israel  que si su entorno árabe fuera democrático, habría sido mucho más fácil, hace tiempo, lograr la paz. Un régimen democrático, casi por definición, por naturaleza, piensa en el bienestar de su pueblo, es generalmente más moderado y menos extremista, que un régimen autoritario. Es más cuidadoso al salir al campo de batalla y más presuroso que un régimen autoritario y dictatorial en buscar la conciliación. Eso lo hace más proclive a la paz que a la guerra…Si eso falta en la zona, no es por Israel, sino por sus vecinos, que llenaron Oriente Medio de dictaduras…y sumieron a sus pueblos en la falta de libertad.

 

Claro que la eventualidad de que tampoco ahora, después de las revueltas en Egipto, el resultado sea democracia sino una opción mucho peor todavía que el régimen de Mubarak, es la razón de los grandes temores. La opción del Islam radical tomando control de la situación no es una mera disquisición teorética sino una posibilidad.

Irán espera a la vuelta de la esquina y eso nadie lo duda en la región. Algunos de sus clérigos se manifestaron explícitamente sobre el tema  esta semana, diciendo que “en El Cairo están repitiendo lo que pasó en Irán”…Dios nos guarde…

Hay un elemento que agrava la sensación de preocupación, al confirmar que aún cuando los árabes se matan entre sí, Israel siempre termina “ligando” algún coletazo. Es el comodín siempre pronto para sacar de la manga…

 

En las manifestaciones en la plaza Tahrir de El Cairo, había quienes tenían su forma de criticar al Presidente Mubarak: pegándole Estrellas de David en la frente, presentándolo como traidor por sus relaciones de paz con Israel. No sorprende…estaba claro de antemano que entre los que piden apertura y democracia, están también los enemigos de la paz, aquellos que nunca apoyaron el acuerdo con Israel. Y no son sólo los radicales de los Hermanos Musulmanes…

 

Pero lo peor todavía es que el miércoles por la noche, la propia televisión oficial egipcia comenzó a agitar contra Israel, alegando que agentes israelíes estaban detrás de los disturbios, que en Sinaí había sido detenido un ingeniero israelí por razones poco claras…y que cuatro periodistas israelíes habían sido detenidos en la plaza Tahrir “por violar el toque de queda”. Esto, a pesar de que tal cual todo el mundo vio en los últimos días, todo El Cairo violaba el toque de queda y cientos de miles andaban por las calles.

Este tipo de fenómenos son la fuente de la desconfianza…por la que Israel a veces se encierra detrás de dudas…lo que algunos llaman “mentalidad de sitio”…Esto no quita nada a la importancia del acuerdo de paz mantenido durante más de 30 años por Egipto…pero también recuerda la paz fría…el hecho que para no ser echado otra vez de la Liga Árabe, Mubarak optó por no visitar jamás Israel, salvo en el funeral de Itzjak Rabin….

 

Es un mosaico complejo, entre cuyas dolorosas piezas Israel no tiene más remedio que maniobrar. Y también ahora, ante la incertidumbre del futuro, Israel deberá resolver no pocos dilemas…y decidir si intensifica sus esfuerzos por lograr la paz con los palestinos a fin de intentar neutralizar a los radicales que le culpan de todo….o si opta por protegerse más firmemente todavía que hasta ahora, de las tormentas que están aún por venir…
Difusion: www.porisrael.org

 

UNESCO: ¿Ignorancia, sumisión o simple hostilidad?

Guysen International News : Aliá y Religión : UNESCO: ¿Ignorancia, sumisión o simple hostilidad?.

 

UNESCO: ¿Ignorancia, sumisión o simple hostilidad?
Por Ana Jerozolimski (Editorial de “Semanario Hebreo” Uruguay) en Guysen International News
4 noviembre 2010 23:17
Tal cual hemos escrito en situaciones similares en el pasado, tendríamos que estar curados de espanto…pero rehusamos acostumbrarnos. El 21 de octubre, la UNESCO aprobó por una amplísima mayoría de 44 votos a favor, 1 en contra y 12 abstenciones, una resolución en la que proclamó oficialmente dos santuarios claves en la historia judía, como “mezquitas palestinas”. El problema es que no se menciona ni por un momento que ambos lugares son considerados sagrados tanto por judíos como musulmanes, sino que se borra la mención del judaísmo de raíz , en un evidente intento de presentar una situación en la que, supuestamente, los judíos están desconectados de su tierra ancestral.

No deberíamos sorprendernos, al saber que los países que solicitaron tratar el tema como moción especial en la agenda provisional de la sesión 184 del Ejecutivo de UNESCO, fueron Argelia, Kuwait, Marruecos, Arabia Saudita, Siria, Túnez y Egipto. Entre los que aprobaron la resolución, por supuesto, había numerosos miembros de la Conferencia Islámica. El problema es que todos los demás se dejan llevar….

En varios casos, se trata de países donde los cristianos son asesinados en sus iglesias y tienen prohibido rendir culto a su fe en medio de la mayoría musulmana. Entre ellos, hay países en los que está prohibido construir iglesias y mostrar cruces en público, pero tienen el tupé de alegar que Israel viola la libertad de cultos y se apropia de santuarios que son, supuestamente, legado del Islam. Se refieren al mismo Israel al que multitudes de cristianos llegan del mundo entero, todos los años, no sólo como turistas sino como peregrinos, recorriendo libremente sus calles. En Arabia Saudita está prohibido construir iglesias y andar con cruces por la calle. En Jerusalén, hemos presenciado en innumerables ocasiones procesiones cristianas, en las que grupos de cristianos de variadas procedencias, caminan detrás de una enorme cruz, a menudo traída por ellos mismos de sus países de origen, en el recorrido por la Vía Crucis, durante Semana Santa. En Irak y Pakistán, los matan. En Israel, caminan bajo la protección de la policía israelí.

En su ya mencionada reunión de hace casi dos semanas, el Ejecutivo de UNESCO declaró que “la Mezquita Ibrahimi/Tumba de los Patriarcas en Hebron” y “la Mezquita Bilal Ibn-Rabah de Belén” –en este caso ni se mencionó el término judío con el que se la conoce-como “mezquitas palestinas”, señalando que “son parte integral de los territorios palestinos ocupados” y que “cualquier acción unilateral por parte de las autoridades israelíes, debe ser considerada una violación del Derecho Internacional”.

No es secreto alguno por cierto que Cisjordania es territorio en disputa que no ha sido anexado al territorio israelí, aunque está bajo su control y administración, y que su futuro aún debe ser decidido en negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina. Tampoco es secreto que Belén y Hebron se encuentran precisamente dentro de Cisjordania. Eso no da legitimidad, sin embargo, a una pretensión política sumamente tendenciosa por parte de UNESCO, de dejar en el olvido el vínculo judío con ambos sitios.

El trasfondo fue la decisión adoptada meses atrás por el Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu, de declarar a ambos santuarios, parte de la lista de sitios claves que son “patrimonio nacional” del estado judío. Con ello, no se dijo en ningún momento que dichos sitios dejan de tener vinculación también con el Islam. Israel no necesita desdibujar la historia de otros para que la suya sea cierta. ¿Será que los árabes son conscientes en su fuero íntimo del íntimo vínculo entre la tierra de Israel, incluyendo los dos santuarios hoy en el centro de la polémica, y el pueblo judío, y por eso sienten que su único recurso para lidiar con el tema es intentar cambiar la historia a través de organizaciones internacionales?

El problema, claro, es que las Naciones Unidas se presten a ello o que sean tomadas de rehén de mayorías automáticas no democráticas que no votan sobre la verdad sino sobre intereses particulares que distorsionan la realidad.

Meses atrás, cuando Israel anunció que incluirá la Tumba de los Patriarcas en Hebron y la Tumba de Raquel en la lista del patrimonio nacional y del “legado judío”, tanto la Autoridad Palestina como Hamás saltaron airados afirmando que la intención era “borrar la identidad palestina, alterar monumentos islámicos y robar la historia palestina”. Sería para reír, si no fuera para llorar….

Hace pocos años, entrevistamos en el Monte de los Olivos en Jerusalén, al Dr. Gabriel Barkai de la Universidad de Bar Ilan. Tenía a su cargo un proyecto original: investigar “basura”. Se trataba de lo que las autoridades del Waqf islámico habían tirado como desperdicios tras sus excavaciones en la zona de las mezquitas en el Monte del Templo.

“En 1999, el Waqf islámico (encargado del manejo de los sitios sagrados del Islam) cavó sin control alguno una fosa enorme en el Monte del Templo, para agrandar una mezquita subterránea que también había sido hecha sin permiso”-nos contó. “Fue una excavación indebida, criminal, en una zona en la que nunca se había excavado, por la sensibilidad política y religiosa del lugar”.

Con tal de agrandar las mezquitas, no sólo que no prestaban atención ninguna a elementos importantes en la historia judía del lugar-recordemos que el Templo Sagrado de Salomón y el segundo, que le sucedió, fueron erigidos allí mucho antes del nacimiento mismo del Islam y la construcción de las mezquitas de Al Aksa y el Domo de la Roca- sino tampoco a los de la propia historia islámica. El fundamentalismo de hoy, es lo principal. El respeto a la historia, es sólo un pretexto para atacar a Israel.

Así nos contó en su momento el Dr. Barkai: “Hemos hallado objetos de todos los períodos en la historia de Jerusalén”-afirma. “Tenemos aquí la posibilidad de ver objetos del Primer templo, del Segundo templo, de la época romana, de Bizancio, el período árabe, los Cruzados, Mamelucos, Otomanos”, detalló, destacando que había también muchos de los períodos islámicos. Y nos mostró fotos de objetos que ahora están en el depósito del proyecto: un medallón tallado con versículos del Corán, una moneda cristiana con la figura de Jesús, la inscripción de un sello de una familia de sacerdotes del Templo, mencionada en el libro de Jeremías, entre muchos otros..

Todo, absolutamente todo, fue hallado en la “basura” tirada por el Waqf, sacada del propio Monte del Templo, que los musulmanes llaman Haram al-Sharif.

Y ahora, en la resolución que promovieron y que increíblemente UNESCO aprobó, no sólo que se quita toda vinculación del judaísmo con dos de sus santuarios, sino que se condena a Israel por las excavaciones en Jerusalén Este (aunque no son en el Monte del Templo, respetan la historia y preservan también todo lo hallado del período islámico) mientras que ni se menciona las excavaciones descontroladas y peligrosas del Waqf en el monte sagrado para las dos religiones.

Nos preguntamos a menudo, si al volver a sus oficinas- tras votar bajo la sombra de las mayorías automáticas regidas por países dictatoriales que no permiten la libertad de cultos y en los que los cristianos tienen motivos para temer por sus vidas- funcionarios de organismos internacionales como UNESCO en este caso, sienten un poco de vergüenza. ¿Realmente ignoran la historia y desconocen la realidad? ¿Tan sumisos están ante la imposición política de regímenes intolerantes? ¿O simplemente violan la carta constitutiva de la propia ONU, una y otra vez, en señal de abierta hostilidad a Israel?

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ENTRE ERRORES Y HORRORES

Por Ana Jerozolimski para el Semanario Hebreo (Uruguay)

16/9/10

Quisiéramos comenzar con esperanza y cauteloso optimismo. A pesar del escepticismo inicial de israelíes y palestinos en las negociaciones y de las serias dudas aún existentes sobre las perspectivas de éxito, los contactos van avanzando en buen ambiente y con aparente firmeza de ambas partes de lograr un acuerdo.

Ver al Presidente palestino Mahmud Abbas reunido con el Premier Benjamin Netanyahu en Jerusalem, cuando una bandera israelí y una palestina adornan juntas el escenario de fondo, no es insignifcante.Años atrás, habría sido una verdadera revolución.

Eso no significa, que no haya puntos complejos que analizar a lo largo del camino. Por ejemplo, la exigencia del Primer Ministro Benjamin Netanyahu que los palestinos reconozcan a Israel como Estado del pueblo judío.

Personalmente lo consideramos un error ya que parecería que Israel- que es en efecto el estado judío y de aquellos miembros del pueblo judío que quieran sumarse a su vida y compartir su destino- necesita el visto bueno de los árabes en general y los palestinos en particular, para ser lo que es.

Pero al mismo tiempo, podemos entender por qué Netanyahu ha adoptado esta postura.

El reconocimiento de Israel como Estado del pueblo judío es una forma de recordar la legitimidad internacional de Israel, hoy tan disputada por no pocos.

En diversas resoluciones internacionales previas a la creación del Estado de Israel, la terminología era clara: se hablaba de un Estado judío.Ya que los palestinos suelen alegar que Israel “viola resoluciones de organismos internacionales”, vale la pena recordarles que fue el mundo árabe el que violó la resolución 181 de las Naciones Unidas, que recomendaba la partición de Palestina y la creación “de un estado judío y un estado árabe” en dicho territorio, y optaron por atacar a Israel.

Ya antes de aquella resolución de noviembre de 1947, se habló del hogar nacional judío. En abril de 1920, en la Conferencia de San Remo que se llevó a cabo terminada la Primera Guerra Mundial, el Consejo Supremo de los Principales Poderes Aliados, decidió incorporar al Mandato Británico tras la derrota del Imperio Otomano, al documento conocido como “la declaración Balfour” de 1917, en la que ya se hablaba de la creación de “un hogar nacional judío” en la tierra en cuestión.

El tema está relacionado también a la necesidad de que quede claro que cuando se cree el estado palestino, será allí que podrán instalarse los palestinos que quieran volver de sus diásporas, y no en lo que hoy es el estado soberano de Israel. Exigir lo contrario, o sea recalcar que debe crearse un estado palestino, pero exigir que los palestinos dispersos por el mundo y sus descendientes puedan instalarse en lo del vecino, Israel, y no en ese nuevo estado palestino, despierta sospechas.

Hablar de Israel como estado del pueblo judío, no es una forma de preparar el terreno para echar a los árabes ciudadanos de Israel . ¿Acaso la intención palestina y árabe en general al rechazar la exigencia israelí aquí planteada, es que el futuro estado palestino sea de los palestinos y que Israel sea definido como un estado binacional judeo-árabe?

Pues podrá parecernos que Netanyahu cometió un error al elevar ahora este tema como condición, pero nos parece un horror que los árabes se oponen y sostienen tan tajantemente que nunca reconocerán a Israel como estado del pueblo judío. No es una señal alentadora.

Si la intención es separar entre la situación política ya irreversible – la existencia de Israel- y el derecho histórico del pueblo judío a su tierra ancestral, es preocupante.

Los judíos no son colonizadores extranjeros en la tierra de Israel . Son sus hijos, desde siempre. Por algo antes de que el Imperio Romano cambie el nombre a su provincia y la denomine Palestina, la tierra hoy en disputa se llamaba Judea, la tierra de los judíos.

Estando ahora en los umbrales de Iom Kipur, el día del Perdón, en el que según el Judaísmo Dios da a todo ser humano la oportunidad de rectificarse y comenzar de nuevo siempre y cuando tenga buena y sincera intención, abriguemos la esperanza de que la continuación de las negociaciones entre las partes disipen las dudas y abran caminos hacia un futuro mejor.

Pero esto funcionará sólo si se controla decididamente a los extremistas, que continúan intensificando en los últimos días el disparo de cohetes Qassam y morteros desde la Franja de Gaza hacia el sur de Israel e inclusive de misiles Grad hacia Ashkelon y proyectiles con fósforo blanco. Poco antes, transmitieron por la televisora “Al Aksa” de Hamas una película en la que prometen que “sólo la guerra santa liberará nuestra tierra”, “destruyen” el Banco Central de Israel y la Suprema Corte de Justicia, entran triunfalmente en la avenida central de Tel Aviv que aparece llena de banderas palestinas, y hasta ocupan el lugar del informativista central en el noticiero de mayor teleaudiencia, en el Canal 2 de la televisión israelí.

Por si todo ésto no alcanza para aclarar las intenciones de Hamas , la organización emite comunicados tajantes, de sus voceros “políticos” y militares. Ahmad Jaabari, el jefe del brazo armado de Hamas Izz al Din al-Qassam, aclaró que “sólo por las armas defenderemos nuestra causa”. Y Fawzi Barhum, portavoz de Hamas, no deja lugar a dudas acerca del enfoque general: “Las negociaciones son un pecado, un peligro para el consenso palestino”.

Afortunadamente, por más discrepancias que siga habiendo y por más desconfianza que Netanyahu y Abbas aún se tengan, cuando el Presidente palestino habla, su tono es distinto del adoptado por Hamas. Ayer, en Ramallah, dijo que “no hay alternativa al proceso de paz y continuaremos los esfuerzos por llegar a buenos resultados”.

La llegada a la meta, aún no es asegura. Pero el camino lo deben fijar, juntos, en ese tono, Netanyahu y Abbas. El otro, el que quiere determinar Hamas, no sube montañas sino que conduce a precipicios.

Israel 22º ‘mejor país del mundo’ y el mejor del Medio Oriente.

En salud, ocupó el séptimo lugar de 100.

Por BEN HARTMAN Y DOV Preminger
Newsweek:
El estado judío es el mejor del Medio Oriente.
A pesar de las actuales preocupaciones de seguridad y el calor sofocante, Israel es un muy buen lugar para vivir, o así lo dice “Newsweek”, que esta semana publicó un artículo especial que clasifica a Israel como 22º mejor país del mundo, y el mejor del Medio Oriente.

En un artículo titulado “Los mejores Países del Mundo”, Israel se encuentra entre España e Italia, clasificado séptimo en salud, 25º en calidad de vida y 15º en dinamismo económico. En una clasificación que sorprendería a muchos israelíes, Newsweek clasificó a Israel un respetable 27º en entorno político.

El siguiente país de Medio Oriente en la lista fue Kuwait, 40º, mientras que la vecina Jordania ocupó el puesto 53º. Irán y Siria también están en la lista, 79º y 83º receptivamente.

El estudio siguió a una encuesta de Gallup, dada a conocer recientemente y publicada en la revista Forbes, que arguyó que Israel es el octavo país más feliz del mundo.

Curiosamente, los “mejores” países perfilados en el estudio de Newsweek mostraron una marcada correlación con los “más felices” países medidos en la encuesta de Gallup, al menos entre los mejores clasificados.
Estados Unidos y Gran Bretaña están ubicados 11º y 14º en el estudio de la revista Newsweek, comparados con 14º y 17º en la lista de Gallup.

Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia y Holanda están todos entre los 10 mejores en el análisis de Newsweek, mientras que se quedaron con los cinco primeros lugares en el de Gallup. Irán está 79º en la lista de Newsweek, y el 81º en la de Gallup.

Mientras la encuesta Gallup adoptó un enfoque de abajo hacia arriba, interrogando a miles de encuestados en 155 países, durante cuatro años, el estudio de Newsweek tomó “varios meses” recopilarlo, con la ayuda de un premio Nobel, un director de McKinsey & Co., y varios profesores universitarios. El estudio de Newsweek sólo listó a los 100 mejores países.

Newsweek clasificó a los “mejores países” según la puntuación en cinco categorías, que fueron: Educación, salud, calidad de vida, dinamismo económico, y entorno político. Las puntuaciones se basaron en índices internacionales, tales como indicadores económicos, el coeficiente Gini, el índice de innovación, y el Índice de Paz Global.

Mientras que Israel obtuvo un puntaje general de 22º, obtuvo mejores resultados en la sub clasificación en salud, en la que ocupó el séptimo lugar de 100.

Educación fue la peor categoría de Israel de las cinco estudiadas, llegando al número 41, a pesar de que Israel tiene la mayor proporción de títulos universitarios con respecto a la población, que cualquier país del mundo.
Debido a que Israel no administra un TIMMS o prueba PISA, su puntuación, de acuerdo al estudio, fue calculada mediante una regresión de la tasa de alfabetización y el promedio de años de escolaridad.

Traducido para porisrael.org: José Blumenfeld
Cortesia: Ana Jerozolimski

Jerusalén 2010: Entre fiestas y problemas

Guysen International News : La agencia de noticias hispanoparlante de Israel en oriente medio.

Jerusalén 2010: Entre fiestas y problemas
Por Ana Jerozolimski (Semanario Hebreo-Uruguay) en Guysen international News
Jueves 13 mayo 2010 – 18:10
La capital de Israel se vistió esta semana de fiesta, con banderas, bailes y espectáculos especiales al cumplirse 43 años desde la reunificación de la ciudad. El Día de Jerusalén- “Iom Ierushalaim”- que recuerda, según el calendario hebreo, aquel 8 de junio de 1967 , es una de las fechas claves de la agenda oficial de Israel. Hay ceremonias formales, la Municipalidad de Jerusalén organiza recorridas gratuitas por la ciudad, el Intendente ofrece una recepción festiva y hasta se convoca a los jerosolimitanos a espectáculos atractivos a precios irrisorios.

Es oportuno que se celebre. Jerusalén es la capital de Israel y es el símbolo máximo del vínculo entre el pueblo judío y la tierra de Israel. Durante años los judíos no tuvieron acceso a su santuario más sagrado, el Muro de los Lamentos, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, por la realidad de guerra creada tras la ofensiva árabe de 1948. Desde la conquista de la Ciudad Vieja en la Guerra de los Seis Días, hace 43 años, no sólo que esa limitación desapareció, sino que tanto judíos como musulmanes y cristianos pueden llegar a sus respectivos santuarios sin problema.

Es cierto que en épocas de tensión y serias advertencias de seguridad, en base a hechos concretos en el terreno, la policía israelí veda el paso a las mezquitas a jóvenes hasta determinada edad y a musulmanes que no tienen cédula israelí. No nos gusta la limitación, pero nos consta que se impone únicamente cuando la tensión es tal que la falta del cuidado extremo podría desembocar en una situación peor todavía, peligrosa para todos.

También es cierto que palestinos cristianos de Belén, no siempre pueden entrar a Jerusalén sin limitaciones, lo cual en principio les impide llegar, por ejemplo, al Santo Sepulcro. Pero eso nada tiene que ver con la libertad religiosa en Jerusalén sino con la situación compleja y de conflicto que aún se vive con los palestinos, por la cual el pasaje no es abierto como antes y pueden entrar a territorio israelí sólo quienes tienen permisos especiales.

Pero basta con visitar Jerusalén para ver en sus calles ese impresionante mosaico de judíos seculares y religiosos con sus distintos matices, peregrinos y sacerdotes de variadísimas comunidades cristianas , árabes con su típica “kefía”, turistas extranjeros de diversas procedencias, de todo un poco, todos los grupos humanos que uno pueda concebir…Y todos se cruzan con normalidad.

La grandeza de Jerusalén, su significado especial en la historia judía y , más que nada, en el corazón del pueblo judío, no puede, sin embargo, hacer olvidar los problemas.

Por todo lo que antes comentamos, las autoridades israelíes suelen hablar mucho de Jerusalén. A un símbolo, y muy especialmente cuando tiene raíces históricas seguras y firmes, no se renuncia. Pero deberían acompañar sus rimbombantes declaraciones, con una actitud más coherente, destinada a fortalecer realmente a Jerusalén.

La capital de Israel será fuerte no sólo si se construye más y más en el anillo de barrios judíos erigidos a su alrededor desde 1967.Es un tema polémico, claro está, pero la intención fue siempre proteger a Jerusalén envolviéndola desde “afuera”, aunque todos esos barrios son hoy parte integral de la ciudad.

Jerusalén necesita inversiones, un apoyo oficial masivo, una economía vibrante, para atraer cada vez más jóvenes en lugar de ver una balanza negativa entre quienes la abandonan y los que se suman a ella.

El fenómeno de los israelíes más que nada seculares que dejan Jerusalén-aunque hay también quienes vienen a residir en ella- se debe más que nada a la problemática de su demografía. La prueba está en que sólo casi la cuarta parte de los alumnos que estudian hoy en Jerusalén, son de corrientes sionistas.

Hoy en día, de los casi 150.000 alumnos en las distintas instituciones educativas judías de Jerusalén, más de 92.000 son de la así llamada corriente “haredi”, o sea los ultraortodoxos. El problema al respecto es que se trata de una corriente que recibe financiación oficial, pero cuyos contenidos son independientes, no incluyen siempre las materias básicas que son obligatorias en las otras escuelas sino que se concentran mayormente en los estudios judaicos y que en gran parte de los casos son instituciones anti-sionistas . A ellos se suman más de 61.000 alumnos en la red árabe de estudios, con su propia evidente problemática.

Claro que hay aquí procesos demográficos inevitables. Las familias ultraortodoxas y las árabes, tienen numerosos hijos, lo cual se refleja directamente en la cantidad de alumnos registrados en Jerusalén. Pero la dedicación del gobierno podría incidir.Y no solamente anunciando dramáticamente que “seguiremos construyendo siempre en toda Jerusalén”.

Como consecuencia del ataque árabe en 1948, Jerusalén quedó dividida. Sin esa agresión, para pesar del entonces naciente Israel pero aceptado por su liderazgo debido al deseo de crear el Estado respetando la legalidad internacional, el estatus de Jerusalén habría sido el de un “corpus separatum” bajo control internacional, tal cual había determinado la ONU . Precisamente porque el pueblo de Israel recuerda esos años sin acceso a la Ciudad Vieja, con disparos de los francotiradores jordanos hacia todo aquel que intentaba acercarse, porque recuerda que las lápidas del cementerio en el monte de los Olivos fueron usadas para pavimentar calles y como letrinas, y porque tiene presente las sinagogas destruidas, por todo eso, hay que garantizar que Jerusalén no sea sólo un símbolo y que la política respecto a la ciudad sea inteligente y mesurada. Firme y sabia al mismo tiempo.

Los errores del pasado, ya fueron cometidos, como por ejemplo, incluir en el perímetro municipal de Jerusalén a aldeas y zonas árabes que nada tenían que ver con la ciudad y por cierto no con su legado judío, lo cual significa que casi 300.000 palestinos formalmente residentes en Jerusalén tienen hoy residencia permanente de Israel, cédula azul israelí, reciben subvenciones del Seguro Social Nacional—-pero votan en gran medida por Hamas en las elecciones palestinas. Locura total.

Pero puede actuarse con inteligencia de ahora en adelante.

Recordar el significado histórico y religioso de Jerusalén, es sin duda clave. Además, es justo, dado que Jerusalén ha sido capital sólo de los judíos y ningún imperio ni dominio extranjero-tampoco árabe-la convirtió nunca en su capital.

Pero no es suficiente.

Jerusalén debe ser un ejemplo de unidad y de las ventajas de la soberanía israelí en la ciudad. Pero los diferentes sectores de la población que la componen, viven en mundos diferentes, totalmente extraños entre si. A nuestro criterio, permitir a judíos construir en barrios puramente árabes-inclusive si éstos eran antes , históricamente, barrios de mayoría judía- equivale, en la constelación política actual, a una provocación innecesaria que debilita a Jerusalén en lugar de confirmarla en la visión del mundo todo como lo que es : la capital indiscutida del Estado de Israel y del pueblo judío.

Cada tanto estallan hacia afuera las tensiones entre la población secular o al menos no religiosa (hay muchos matices de por medio) y sectores entre los ultraortodoxos, que desean imponer su forma de vida a los demás. No son todos y sería injusto generalizar. Pero como sucede en general, los fanáticos manchan a los demás y son los que hacen más ruido. Así sucedió meses atrás en las protestas violentas por la apertura de un estacionamiento municipal durante el shabat en Jerusalén, aunque no se trataba de un barrio religioso cerrado al tráfico.

Esa división no va a desaparecer.

En medio de este complejo mosaico y aún sin olvidar ninguno de estos problemas, aún con preocupación por el futuro, Jerusalén sigue siendo un verdadero tesoro.

El hecho es que sus calles están llenas de israelíes, árabes y extranjeros, de judíos, cristianos y musulmanes, estudiantes jóvenes que la colmaron de cantinas y clubs nocturnos en los últimos años, de cafés repletos de gente a toda hora con una sensación de vida vibrante . En sus hospitales, médicos judíos y árabes atienden a pacientes judíos y árabes y en la Universidad Hebrea comparten las salas jóvenes de las más variadas procedencias y religiones. El Teatro Jerusalén y otras instituciones culturales de la capital, presentan variados espectáculos y son un foco de atracción a nivel mundial.

Las callejuelas de la Ciudad vieja, con su historia milenaria y sus peregrinos emocionados, se combinan con los mercados multicolores y con la construcción moderna. Y eso que ni comentamos todavía sobre los atardeceres en Jerusalén, el shabat tan singular en la ciudad, las callecitas con sus historias…y el lugar que a pesar de todo y por todo, ocupará siempre Jerusalén, en nuestro corazón. Por su historia, por su significado, por su importancia desde siempre para el pueblo judío.

Por todo eso, auguremos a Jerusalén, en su día, que no sea símbolo de conflicto sino de entendimiento. Que no sea vista como el obstáculo para un acuerdo político, sino que sirva de ejemplo para lograrlo. Y que tenga paz, mucha paz. Para todos sus hijos. Amén.

LA INCREIBLE NORMALIDAD EN MEDIO DEL CONFLICTO

Por Ana Jerozolimski
Jerusalem

JerusalemLa vida diaria en Israel, en lo relacionado a la coexistencia entre judíos y árabes, tiene una normalidad que resultará increíble a cualquier observador llegado de afuera y conocedor de la realidad únicamente en base a los titulares de la prensa mundial.

Acabo de estar en el shopping más grande de Jerusalem, el “Kenion Malja”. Como suele suceder, había allí gran movimiento .Pero lo más evidente fue la presencia de gran cantidad de árabes.

Aunque no hubiésemos sabido que los musulmanes festejan estos días Id –el-Fiter-la celebración que pone fin al mes sagrado del Ramadan-, las escenas en el shopping de Malja nos lo habrían recordado.

Familias enteras con niños de todas las edades, comprando, paseando y sentados en los restaurantes y cafés del lugar. Grandes grupos de jovencitas y muchachos-cada uno llegó con sus amigos-disfrutando de sus vacaciones por la fiesta. Cuatro chicas corrían divertidas-dos de ellas con la cabeza cubierta y otras dos de aspecto más “secular”- , hablando a viva voz, en árabe, del tercer piso hacia el segundo-por una especie de balcón abierto que permite el contacto- al descubrir, felices, a otras compañeras que habían bajado.

Evidentemente, sabían que no tenían lo que temer. Cabe suponer que así como a muchos clientes judíos en el lugar no les hacía gracia ver “tantos árabes”, a ellos, a los árabes, no les entusiasma ir al “shopping de los judíos”. Es natural….de por medio, recordemos, hay recelo y conflicto.
Pero el hecho es que a los primeros no se les ocurre hacer nada para que los árabes no vengan y a los árabes no les molesta venir. Y nadie lleva a su familia, a sus hijos, lo más querido que tiene, a un lugar donde cree que puede correr peligro.

En las distintas entradas al shopping, en cada una de las cuales hay un guardia, cada uno pasaba , como siempre, colocando su cartera o cualquier bulto que llevase , para que sean revisados, mientras que el detector de metales era el único encargado de “chiflar” si algo estaba mal. Sonaba cuando pasaba un judío que se había olvidado de sacar las llaves del bolsillo o cuando un árabe pasaba con el celular en la mano. Ambos sonaban por igual. A nadie revisaban diferente.

Y así debe ser .

Cuando nuestra querida amiga y colega , la conocida escritora y periodista Blanca Rodríguez de Canal 10 (de Uruguay) visitó Israel en noviembre del 2007, comentó que le impactó la naturalidad con la que judíos y árabes pasaban uno al lado del otro en Jerusalem , como si no hubiese conflicto de por medio.

Claro, el conflicto no desaparece porque los árabes aprovechen un rato de ocio en Id-el-Fiter para ir a Malja. Pero sería bueno que muchos críticos de Israel se peguen un salto a ver esta parte de la realidad de todos los días… tan normal en el Estado de Israel.

Reenvia: http://www.porisrael.org

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