La película ‘Hijo de Saúl’ lleva el desgarrador relato del campo de exterminio nazi a la pantalla de Cannes

 Itongadol/AJN.- El director de cine húngaro Laszlo Nemes creó un gran revuelo en el festival de cine de Cannes con su primer largometraje: el desgarrador film “Hijo de Saúl”, en el que retrata el trabajo de los trabajadores judíos “sonderkommando” (comando especial) que se vieron obligados a hacer algo del trabajo sucio de los nazis en los campos de exterminio.

Esta película, por momentos muy intensa, Nemes y su elenco muestran los equipos “Sonderkommando” que fueron utilizados por los nazis para convencer a los presos recién llegados eal campo de exterminio de Auschwitz a quitarse la ropa y entrar en las cámaras de gas.
El “Sonderkommando” tuvo que fregar las cámaras después de cada uso y eliminar los cadáveres, que los nazis calificaban como “piezas”, para llevarlos hasta los hornos para la cremación, según informó el portal israelí “Y Net News”.
La película muestra resueltamente trabajadores avivan los hornos con carbón y paleando ceniza en un río – parte de los esfuerzos de los nazis para ocultar sus crímenes.
La película está ambientada en 1944, cuando algunos de los Sonderkommando montaron una rebelión fallida contra los guardias nazis y se centra en uno de los obreros, Saúl Auslander, quien llega a creer que un niño muerto en un grupo reciente Judios gaseados es su hijo.
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Hoy en la historia judía / Nace el productor que creó Hollywood

Itongadol/AJN.- El 7 de mayo de 1860 nació Marcus Loew, constructor del imperio cuyos logros ayudaron a determinar la misma naturaleza de la industria del cine americano en sus comienzos. Paradójicamente era un magnate que casi no pisó California y un productor que no quería tener nada que ver con el complejo trabajo de la creación de películas.

Mark Loew

Loew era un emprendedor que entendió de manera intuitiva que para sobrevivir al capitalismo necesitaba seguir creciendo y consolidándose, y que las corporaciones que armaba simbolizaban el camino americano de la empresa y la cultura.
Nacido de una familia judía y pobre, él comenzó a vender diarios a los seis años. Para los nueve ya había abandonado el colegio y estaba trabajando diez horas diarias en una planta que pintaba mapas.
Luego de pasar por varios trabajos e invertir en pequeños negociosos, Loew estableció su empresa de entretenimiento en 1904. Como la tecnología avanzaba rápido año a año, él se ocupó  de acumular grandes cantidades de bienes y abrir locaciones de la industria del cine. Para 1911 era propietario de 400 teatros en todo Estados Unidos.
Entre 1920 y 1924 compró tres estudios – Metro Pictures, Goldwyn Pictures y Louis B. Mayer Productios – y de ellos emergió Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), que en las próximas tres décadas se convirtió en el productor de cine más exitoso y aclamado. Debido a la aplicación de leyes antimonopolio de Estados Unidos, Loew nunca pudo controlar cada aspecto de la industria del cine, pero mantuvo sus teatros hasta 1985.

Una película sobre un colegio israelí gana el Oscar

28.02.2011 08:09  |

“No más extraños”, un filme sobre una escuela elemental de Tel Aviv que tiene estudiantes de 48 países distintos, obtuvo el premio de Mejor Documental Corto. La israelí Natalie Portman ganó como mejor actriz.

“No más extraños” (“Strangers no more”), una película sobre una escuela elemental en Tel Aviv que tiene estudiantes de 48 países distintos, muchos sacudidos por el genocidio, la guerra o el hambre, ganó como Mejor Documental Corto en la ceremonia de la Academy Awards anoche.
El filme americano, producido y dirigido por Karen Goodman y Kirk Simon, tiene 40 minutos y examina el ambiente en la Escuela Bialik-Rogozin en Tel Aviv y las historias de los niños de trabajadores extranjeros quienes, en su mayoría, han ido a Israel de países que sufren la pobreza, el hambre y la adversidad política.
Goodman, quien aceptó el premio con Kirk, envió sus saludos a Tel Aviv desde el escenario y dijo que la escuela de Tel Aviv fue una expresión de tolerancia entre seres humanos. Los dos fueron acompañados por la directora del colegio, Karen Tal.
Mientras, la actriz nacida en Israel, Natali Portman, ganó como Mejor Actriz por su interpretación como una bailarina delirante en “Cisne Negro”, mientras que Colin Firth se llevó la estatuilla de Mejor Actor por su actuación como el rey británico tartamudo George VI en “El discurso del Rey”.
Fue el primer premio en dos nominaciones para Portman, seguido a su nominación como actriz de reparto para “Closer”, en el 2004.
“Muchas gracias. Esto es una locura y realmente, sinceramente, creo que el premio de esta noche fue trabajar con mis compañeros nominados. Estoy sorprendida por ustedes”, dijo.
Portman, de 29 años, quien bajó nueve kilos en el año que preparó el filme, está en el medio de una nueva transformación, usó un vestido violeta sin hombros en la alfombra roja para acomodar su nueva panza.
En diciembre, Portman y su pareja, Benjamin Millpied, el coreógrafo de “Cisne Negro”, anunciaron que estaba embarazada. Se encontraron en el set de filmación, un thriller psicológico que se mete en un territorio horroroso, dirigido por Darren Aronofsky.
Portman fue una niña estrella que hizo un memorable debut en 1994 con el cuento “El Profesional” y luego creció en la pantalla, e interpretó en su adolescencia y principios de sus 20 a la esposa trágica del malvado Darth Vader en la segunda triología “Star Wars” de George Lucas. De manera agraciada se fue moviendo a roles más adultos, incluyendo “Closer” en el 2004, el cual llevó a su primera nominación a los Oscar.
Ella es la única ganadora nacida israelí, el otro nominado de Israel fue Topol para “El violinista en el tejado”.
“El discurso del Rey” se llevó el premio como Mejor Película, con el drama de la monarquía en la cima, como se esperaba, con cuatro Oscars y los honores de actuación predecibles. También ganó el premio a Mejor Dirección para Tom Hooper y el guión original para David Seidler.
El drama “El Luchador” se llevó dos estatuillas para sus actores Chrstian Bale que interpretó a un boxeador drogadicto, y Melissa Leo, que se puso en la piel de una matriarca dominadora del clan de boxeadores.

‘Jubanos’, documental revela la historia de la comunidad judía

Por SARAH MORENO

smoreno@elnuevoherald.com

Para la mayoría de los cubanos nacidos después de 1959, la sinagoga Beth Shalom era sólo un bello edificio de arquitectura modernista en el barrio habanero de El Vedado que, como los templos de otras denominaciones religiosas en la capital habanera, casi siempre permanecía desierto de feligreses.

Según el documental Jubanos: the Jews of Cuba, realizado por el joven cineasta de Nueva York Milos Silber, para los 20,000 judíos que antes de 1959 constituían una sólida comunidad en Cuba, Beth Shalom tenía un significado más profundo y entrañable. No era sólo la sede del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba, sino el espacio donde tenían un teatro, una escuela dominical y un restaurante kosher, y donde, sobre todo, compartían con amigos y familiares.

Con la llegada de la Revolución, esa comunidad no sólo sufrió una considerable pérdida en propiedades y miembros –se redujo en un 90 por ciento– sino que tuvo que intentar sobrevivir en un mundo donde no había espacio para las manifestaciones exentas de significado político.

Jubanos: the Jews of Cuba recoge el esfuerzo de los 1,500 judíos que hoy quedan en la isla después de tantos éxodos, para celebrar su fe y legar sus tradiciones a los más jóvenes y, por otra parte, reconstruir sus deteriorados cementerios en los que un día reposarán sus mayores.

“Me quedé maravillado con las pequeñas comunidades del interior de Cuba, formadas a veces por 10 personas, que celebran el Sabbath y las fiestas y tratan de estar conectados, en algunos casos sin contar con una sinagoga”, contó Silber, que hoy asistirá a la proyección de Jubanos: The Jews of Cuba en el cine Regal de Miami Beach.

El evento, parte del 14to Festival de Cine Judío de Miami (MJFF), contará con una sesión de preguntas y respuestas en las que el director podrá dar detalles de su recorrido por La Habana, Cienfuegos, Santa Clara, Camagüey y otras ciudades de Cuba donde estableció contactos con los “jubanos”, nombre que eligió para llamar a los judíos de Cuba.

” ‘Jubanos’ es un invento de mis amigos, que me lo sugirieron cuando estaba editando el filme, porque en Cuba los judíos no se llaman así”, precisó Silber, de 24 años, quien vivió tres meses en Cuba en el 2008 como parte de un programa de estudios en el extranjero de la Universidad de Nueva York (NYU), donde se graduó de Producción de cine y televisión en Tisch School of the Arts.

Nacido en Río de Janeiro y descendiente de sobrevivientes del Holocausto, Silber llegó a Estados Unidos a los ocho años y creció en el condado de Westchester, Nueva York. ‘‘De mi sinagoga [en Westchester] todos los años van a Cuba 20 o 40 personas que llevan libros, ropas y medios para ayudar a la comunidad judía de Cuba”, contó el cineasta, en español, sobre un aspecto fundamental para el renacimiento de la comunidad en la isla.

Según se muestra en el documental, la comunidad judía de Cuba recibe importantes contribuciones en medicina y otros enseres de organizaciones de Canadá y Estados Unidos. Hasta el momento del rodaje, el American Jewish Distribution Committee (JDC), que tiene su sede en Nueva York y la misión de ayudar a judíos en todo el mundo, había enviado a la isla a siete parejas judías que se encargaron de enseñar a los cubanos las ceremonias y tradiciones judaicas, según expresó el argentino Fernando Lapiduz, quien junto a su esposa Patricia servía desde el 2007 como coordinador de la JDC en Cuba.

“El principal aspecto de nuestra cultura y religión es ‘ayuda a tu vecino’ ”, recalcó Silber, indicando que no le molesta que una de las posibles razones del crecimiento de la comunidad judía en la isla sea la ayuda que brindan para aliviar las necesidades de la población.

Silber, que inicia el documental con una frase pronunciada por Fidel Castro en su visita a la sinagoga Beth Shalom en diciembre del 1998 con motivo de la celebración de Janucá, destaca que Jubanos no tiene una intención política.

“Es fascinante que [el entonces] presidente de un país haya visitado a la comunidad judía”, opinó el joven, que recoge además en su material fílmico la anécdota de cómo se produjo la invitación.

Adela Dworin, presidenta de la Comunidad Hebrea de Cuba, aprovechó una reunión de líderes religiosos para invitar a Castro a visitar la sinagoga Beth Shalom. Cuando Dworin le dijo que “una buena oportunidad” sería Janucá, Castro confesó su ignorancia sobre la fecha, la cual Dworin, “en pocas palabras”, definió como ‘‘la Revolución de los judíos”. Esa visita de Castro fue el preludio de la efectuada por Raúl Castro el pasado diciembre a la misma sinagoga.

Además de otros miembros y colaboradores del Patronato, como la doctora Rosa Behar –encargada de la farmacia que reparte medicinas a la comunidad–, se entrevista a líderes religiosos no vinculados con esta organización, como Rebeca Langus –que recibe en su propia casa a la pequeña comunidad judía de Cienfuegos. También ofrece su testimonio David Pernas, cuya misión es continuar la restauración y ampliación del Cementerio Israelita de Camagüey, fundado en 1924 y actualmente bastante deteriorado.

Son, sin embargo, los jóvenes judíos entrevistados, cuyos bisabuelos emigraron de Turquía o vinieron de Europa huyendo de guerras y epidemias, los que mejores anécdotas ofrecen. Ellos reconocen que siempre supieron que eran “distintos” porque sus familiares usaban la kippah sólo en la casa o intentaban comer alimentos típicos en las fiestas judías. Estas declaraciones confirman la persecución de las prácticas religiosas en Cuba hasta fecha muy reciente y niegan los testimonios de algunos entrevistados de generaciones más viejas, quienes afirman que nunca la hubo.

Desde el punto de vista sociológico, resulta interesante comprobar la voluntad de estos jóvenes de expresarse en un español depurado en las entrevistas. “La comunidad judía tiene mucho amor por el aprendizaje. Estos jóvenes reciben visitas de otras comunidades del mundo y toman clases de inglés en el Patronato. Viven experiencias que no tienen otros cubanos”, expresó Silber que durante su estancia pudo comprobar las dificultades de los judíos cubanos para seguir una dieta kosher.

“Tienen una carnicería ‘kosher’ muy pequeña en La Habana Vieja donde pueden conseguir pollo y carne de vez en cuando”, añadió Silber, que pudo filmar sin dificultades y asistir a la sinagoga llevando la kippah, pero nunca estuvo seguro de llegar a un lugar si su medio de transportación era un autobús regular.

Estreno en Miami de ‘Jubanos: The Jews of Cuba’, hoy 6 p.m. en Regal Cinema, South Beach, 1100 Lincoln Rd.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/2011/01/25/

Max Berliner fue distinguido por la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires

15.12.2010 09:44  |

El actor y director Max Berliner fue distinguido hoy como Personalidad Destacada de la Cultura de la ciudad de Buenos Aires, título que otorga la Legislatura porteña, por su defensa de la lengua idish.
“Fundamentalmente fue un precursor en la difusión de la lengua idish”, resaltó, en diálogo con la Agencia Judía de Noticias (AJN), María José Lubertino, legisladora por el Encuentro Popular para la Victoria y quien impulsó la propuesta.
No obstante, Lubertino aclaró que la iniciativa surgió por pedido de jóvenes actores y de personalidades de la comunidad judía argentina.
Actor de La Patagonia Rebelde y de Highlander II, entre otras películas, Berliner fue distinguido en un acto que se realizará en el salón Montevideo de la Legislatura Porteña (Perú 160 de la ciudad de Buenos Aires).
“La iniciativa, en principio, surgió a partir de distintas personas que fueron candidatas para ser personajes de la ciudad. Esta es una propuesta de muchos jóvenes actores y también de mucha gente de la colectividad. Maestro de actores, una persona de una trayectoria personal y familiar inigualable”, subrayó Lubertino.
Nacido en Varsovia el 23 de octubre de 1919, Berliner se mudó con su familia a la Argentina, cuando él tenía dos años. Su madre era costurera y su padre broncero, y se mudaron al barrio de Once.
A los cinco años de edad, Max Berliner, quien trabajaba en una fábrica de camas, debuta en una obra teatral, con un parlamento en idish, en una obra de Sholem Aleijem, Inmigrantes.
“Fundamentalmente, Max fue un precursor en la difusión de la lengua idish, y sus obras tenían la temática judía. Llegó a dirigir el elenco estable de la AMIA”, resaltó Lubertino.
En la red de Internet circula un cometario de Berliner que resume su espíritu. “El idish tiene que ser un idioma y no un dialecto. Hay muchos que están luchando por el idish, como yo. Está bien que cuando surgió el Estado de Israel se haya impuesto el hebreo; pero no se puede eliminar el idish. Los seis millones de muertos en los campos de concentración hablaban idish”, afirmó.
Lubertino rescató las interpretaciones que Berliner realizó en El gaucho judío y Plata Dulce, pero también trabajó en el Teatro Cervantes y en el San Martín personificó a Albert Einstein.
Desde 1947, Max ejerció como profesor de teatro y música en idish en la escuela Sholem Aleijem, durante casi 60 años.
Por su trabajo, la escuela bautizó a su salón de actos con el nombre de “Max Berliner”.
En diálogo con AJN, Berliner agradeció la distinción y destacó la necesidad de recuperar importantes lugares de la cultura que fueron olvidados en el Barrio de Villa Crespo, donde históricamente se concentraron las familias judías de Buenos Aires.
Justamente, el actor y la diputada Lubertino recorrieron las calles de Villa Crespo y sus principales atractivos culturales.
“Recorrimos Villa Crepo y hablamos del teatro en idish”, comentó la legisladora, quien expresó su alegría porque la propuesta con el reconocimiento a Berliner fue aprobada durante este año.
En un mini reportaje con el diario Clarin, Berliner expresó: “No me esperaba el reconocimiento. muy emocionado. Nunca me lo hubiera imaginado. Pero hay que remar 85 años de carrera”.
“Siempre rescato lo positivo y no creo en el proverbio que dice: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Yo dejo proyectos para mañana. Eso me impulsa. La vida es lo más bello que hay y yo estoy re contento de vivirla”, agregó.

Facebook de Max:
http://www.facebook.com/profile.php?id=1643310856

AJN y Clarín

La conspiración del talento

TRIBUNA: JOAN B. CULLA I CLARÀ

En política, cine, literatura o música, muchas de las bajas del año que termina han sido personalidades judías. No es que 2010 haya sido particularmente mortífero para los judíos, es que su aportación es asombrosa.

JOAN B. CULLA I CLARÀ 29/12/2010

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El final de un año y el comienzo de otro propician, en los medios de comunicación, toda suerte de balances, inventarios y recuentos de lo acaecido durante los 12 meses anteriores en los distintos campos de la actividad humana. Permítanme, pues, que me acoja a esta vieja costumbre periodística para hacer, en los siguientes párrafos, una breve relación de figuras relevantes en muy diversas disciplinas que han fallecido en 2010. Tomaré como base, sencillamente, los obituarios que publican de manera regular EL PAÍS y otros grandes diarios internacionales.

La noticia en otros webs

Son apenas el 0,2% de la humanidad y acumulan desde 1901 unos 170 premios Nobel, un 29%

La humanidad sería infinitamente más pobre sin tantos cerebros judíos del pasado y del presente

El pensamiento político de izquierdas ha sufrido en Francia dos bajas muy sensibles: el filósofo y militante trotskista Daniel Bensaïd, uno de los inspiradores del Mayo del 68, y Claude Lefort, pensador antitotalitario, padre de la revista y del grupo Socialisme ou Barbarie. Si, sin dejar las ideas, pasamos a la acción, hay que citar el óbito de Abraham Serfaty, comunista marroquí, el más celebre y encarcelado opositor al régimen de Hassan II. Sin olvidar la prematura muerte de Tony Judt, historiador y analista británico de renombre internacional. Aunque carentes de la celebridad global de Judt, no sería justo desconocer los fallecimientos del influyente periodista alemán Ernst Cramer, que fue director del diario hamburgués Die Welt, del diplomático holandés Max Kohnstamm, impulsor en los años cincuenta de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), o del diplomático norteamericano Richard Holbrooke, artífice de los acuerdos de Dayton sobre Bosnia.

Las pérdidas que quiero evocar en el mundo del cine empiezan forzosamente por la de Tony Curtis, el inolvidable actor de Con faldas y a lo loco y otras grandes películas de la misma década, y siguen por su prolífico colega Harold Gould, y continúan con el director Irvin Kerschner, responsable de importantes y taquilleros títulos en el Hollywood de los setenta. Pero tanto o más celebrados que los filmes de Curtis en Occidente eran los que coetáneamente dirigía en la URSS Vladímir Motyl, fallecido el pasado mes de febrero.

Si nos adentramos por las veredas del arte, a lo largo de 2010 hicieron mutis por el foro el reputado violinista y director de orquesta ruso Rudolf Barshai y, en sus antípodas, el músico, poeta underground y militante anarquista norteamericano Tuli Kupferberg. Y el escritor argentino David Lagmanovich, maestro del microrrelato; y su colega holandés Harry Mulisch, uno de los tres autores más importantes de los Países Bajos durante la segunda mitad del siglo XX; y el novelista marroquí en lengua francesa Edmond Amran el Maleh; y el relevante pintor expresionista estadounidense Jack Levine.

Sin desdeñar al longevo campeón ajedrecista húngaro Avidor Lilienthal, o al gran economista austriaco Kurt W. Rothschild, es tal vez en el campo de las ciencias donde las pérdidas son más numerosas: el físico y astrofísico norteamericano Gerson Goldhaber, descubridor de la energía oscura; su colega y compatriota Samuel Cohen, creador en 1958 de la bomba de neutrones; el físico francés Georges Charpak, premio Nobel del ramo en 1992; el también francés y matemático Benoît Mandelbrot; el antropólogo molecular estadounidense Morris Goodman, el primero que formuló el parentesco biológico entre humanos y grandes simios…

Y bien, aparte de haber fallecido durante el último año, ¿qué tienen en común estas dos docenas de personajes cuya relevancia se debe a motivos tan dispares? ¿Por qué me ha parecido justificado alinearlos uno detrás de otro? Pues porque todos ellos eran judíos. Franceses, norteamericanos, rusos, alemanes, húngaros, marroquíes, británicos o argentinos, pero judíos. De izquierdas, de derechas, apolíticos, religiosos, agnósticos o ateos, pero judíos. Con trayectorias personales o familiares muy a menudo marcadas (emigraciones, exilios, cambios de apellido…) por esa condición judía.

No, no es que 2010 haya sido especialmente mortífero para los judíos a escala mundial; de hecho, una lista semejante a la que he pergeñado en las líneas anteriores podría confeccionarse cada año, y es probable que esté elaborada. De otra parte, y por fortuna, las noticias de carácter económico, literario, científico o político con protagonistas judíos no aparecen solo en la sección de necrológicas. Sin salir de este diario, a lo largo de los últimos meses hemos podido leer acerca de las visitas a Madrid del premio Nobel de Economía en 2007, Eric Maskin, y de la escritora mexicana Sabina Berman, y del escritor alemán Edgar Hilsenrath. Y supimos de la aparición de la última novela de Philip Roth, Nemesis, y de un nuevo libro del argentino Marcos Birmajer, y de la llegada al liderazgo de los laboristas británicos del joven Ed Miliband, y de las rarezas del hirsuto matemático ruso Grigori Perelman. Y, por supuesto, se ha seguido hablando de los clásicos: la reedición de las memorias de Harpo Marx, la aparición de inéditos de Vasili Grossman, de Primo Levi… Otra vez, todos judíos.

Considerando que, en nuestro planeta de casi 6.800 millones de habitantes, los judíos suman menos de 14 millones de individuos, el relieve que miembros de este grupo humano -ya se le defina como nacional, socio-cultural, religioso, étnico o lo que fuere- mantienen desde hace dos siglos en los terrenos de la política, la economía, la ciencia, la creación artística y literaria, etcétera, no puede calificarse más que de asombroso. Que, siendo los judíos apenas el 0,2% de la humanidad, acumulen desde 1901 unos 170 premios Nobel en todas las categorías (un 29% de los concedidos), eso no puede ser fruto más que de una vasta conspiración.

Una conspiración, sí. Un complot que comenzó cuando la Revolución Francesa derribó las puertas de los guetos europeos, liberando así las cantidades ingentes de talento, de creatividad, de energía, de capacidad de estudio que 50 generaciones de judíos habían acumulado durante más de mil años de opresión, discriminaciones y restricciones. La riada subsiguiente inundó al mundo occidental durante las dos centurias siguientes, de Marx a Disraeli, de los Rothschild a Trotski, de Freud a Elias Canetti, de Harold Pinter a Einstein. Y todo induce a pensar que, en estos albores del tercer milenio, el desembalse todavía no ha terminado.

Así las cosas, ante la evidencia de que nuestra civilización (la literatura que leemos, el cine y la televisión que vemos, la ciencia que nos asombra, la medicina que nos cura, la tecnología que nos cambia la vida, el arte que nos deslumbra…) serían infinitamente más pobres sin las aportaciones de miles de talentos judíos, resulta tan sorprendente como inquietante la persistencia en España de ancestrales prejuicios antisemitas. Según distintas encuestas realizadas de 2008 a 2010, entre un máximo del 46% y un mínimo del 34,6% de los españoles tienen una opinión desfavorable acerca de los judíos, y la mitad de nuestros escolares no quisieran tener como compañero de clase a un niño judío, aunque admiten que tampoco sabrían cómo reconocerlo, ahora que la teoría según la cual los judíos poseen cuernos y rabo ya ha perdido vigor.

Frente a estos datos, que nos sitúan a la cabeza del triste ranking del antisemitismo europeo siendo así que tenemos una de las comunidades judías más pequeñas y poco visibles de Occidente, uno se pregunta qué es lo que, de los judíos, desagrada tanto a entre un tercio y la mitad de los españoles. ¿Discrepan de la teoría de la relatividad? ¿Les enfurece el psicoanálisis? ¿Abominan de los filmes de Woody Allen? ¿Les da dolor de cabeza la música de Leonard Cohen? ¿Les disgusta esa creación de Mark Zuckerberg llamada Facebook? ¿Rechazarían pasar una velada en compañía de Natalie Portman, o de Rachel Weisz, o de Adrien Brody? Porque si resultase que recelan de los judíos a causa de la política de Israel, la réplica sería bien simple: nadie en su sano juicio se declara italianófobo o antirruso por hostilidad hacia la gestión de Silvio Berlusconi o de Vladímir Putin. A mayor abundamiento, la mayoría de los judíos no son ciudadanos de Israel, e incluso entre estos últimos son numerosos quienes divergen de las actuaciones de su Gobierno.

De todo lo cual no debe deducirse que los judíos constituyan, junto a querubines, serafines y demás espíritus alados, un orden angélico. Bastará recordar a Henry Kissinger con todo su Premio Nobel, o a Jack Abramoff -el superlobbista corrupto de la era Bush- o al estafador Bernard Madoff. Lo dejó dicho uno de ellos, el inmenso Billy Wilder, y el axioma vale lo mismo para personas que para colectivos: “nadie es perfecto”.

Joan B. Culla i Clarà es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona.

“La llave de Sarah”, cine

“La llave de Sarah” (Gilles Paquet–Brenner, 2010)

Lunes 27 de Diciembre de 2010 16:02

Reportajes

Índice de Artículos
“La llave de Sarah” (Gilles Paquet–Brenner, 2010)
Entrevista con el director Gilles Paquet–Brenner
Entrevista con Kristin Scott Thomas
Unas palabras de Tatiana de Rosnay
Todas las páginas
Página 1 de 4

La llave de Sarah

La llave de Sarah (Elle s’appelait Sarah) se basa en la exitosa novela homónima de Tatiana de Rosnay, y nos narra la historia de una periodista estadounidense a punto de tomar importantes decisiones que afectarán a su vida, a su matrimonio y al futuro de su hijo, que aún está por nacer.

Lo que empieza como un simple trabajo de investigación para un artículo sobre la Redada del velódromo de invierno de 1942 en Francia, se acaba convirtiendo en un viaje de autodescubrimiento cuando da con un terrible secreto y descubre la descorazonadora historia de una familia de judíos obligados a huir de su hogar, un hogar que resulta se también el de ella.

A medida que empieza a ver, vivir y experimentarlo todo a través de Sarah, la hija mayor, su mundo se desmorona.

¿Se pueden olvidar los fantasmas del pasado? Esta es una pregunta que ya conocen los lectores de la novela en que se inspira esta película.

Le Voisin (Editions Heloise d’Ormesson) y Boomerang (Le Livre de Poche) se acaban de publicar en Francia, pero las novelas de Tatiana de Rosnay ya son éxitos internacionales. Según la revista Bookseller, en 2009 Tatiana de Rosnay fue la autora francesa que más vendió en toda Europa.

También es la novelista francesa con más lectores en los Estados Unidos, con más de un millón de copias vendidas de La llave de Sarah y 64 semanas en la lista de superventas del New York Times.

Poco antes del estreno de la adaptación cinematográfica, las cifras de ventas de La llave de Sarah eran las siguientes: en Francia, más de 400.000 copias, entre las varias ediciones. Ventas internacionales: alrededor de 2.200.000 copias.

En palabras del director Gilles PaquetBrenner, “la idea se me ocurrió unos tres meses antes del estreno de UV, que me tenía muy preocupado. Quería volver a los temas más serios y fue entonces cuando me encontré con la novela de Tatiana de Rosnay. El argumento me cautivó por completo, la historia sobre la redada de judíos en un París ocupado por los nazis y los campos de concentración en Francia, todo visto desde un ángulo muy contemporáneo. Y tras descubrir un inquietante secreto familiar, una periodista estadounidense afincada en Francia empieza a ver la historia de su país de adopción desde otro punto de vista, hasta el punto de que un suceso que en un principio no tenía nada que ver con ella acaba transformando su vida por completo”.

Añade: “La historia también explora áreas difusas que muy pocas películas tratan, como la actitud de la gente corriente ante una redada, sin encasillar a nadie en los papeles de colaboradores o miembros de la resistencia. La gran mayoría guardó silencio, miró hacia otro lado e intentó salvarse a sí mismo, como los Tezac, que no hicieron nada mal y no tienen ningún sentimiento de culpa. O los Dufaure, que se convierten en héroes muy a pesar suyo. No se hace un planteamiento del bien contra el mal, están los hechos y están las consecuencias para las generaciones futuras, pero estamos a años luz de los atajos y simplificaciones más comunes. Además también tiene reminiscencias a mi propia historia familiar”.

“Soy de origen judío –explica el realizador– y los hombres de mi familia sufrieron esta época. Unos franceses delataron a mi abuelo, un músico judío alemán afincado en Francia, y murió poco después de llegar al campo de concentración. En la película le rindo un pequeño homenaje a través del violinista que tiene el anillo con veneno para poder decidir por sí mismo cuándo quiere morir. Mi madre no me contó su historia hasta que ya estábamos en la fase de preproducción de la película, y esto me hizo recordar algunas cosas. Naturalmente yo no estaba cuando deportaron a mi abuelo, pero sí vi cómo afectó a mi abuela y a mi madre y sus hermanas”.

“El libro –continúa– me devolvió estos recuerdos, los de los vivos que deben aprender a vivir con los que han muerto. Quise hacer la película incluso antes de acabar la novela.

Al preguntar, me enteré de que Tatiana y Serge Joncour, coguionista de UV, se conocían y eran amigos. Serge le comentó que yo quería adaptar su novela para el cine y nos pusimos en contacto con la editorial. Fuimos los primeros en solicitar los derechos, porque afortunadamente leí la novela muy poco después de que se publicara. Tras el éxito que tuvo no pararon de llegarles peticiones de derechos, sobre todo desde Estados Unidos, pero para ella su palabra es vinculante y conservó su fe en nuestro proyecto”.

Sinopsis

París, julio de 1942: la policía francesa se lleva a Sarah, una niña de 10 años, y a toda su familia en una redada puerta a puerta en la que arrestan a multitud de familias judías en plena noche.

Desesperada por proteger a su hermano pequeño, Sarah lo encierra en un armario del dormitorio, su pequeño escondite secreto, y le promete volver en cuanto les liberen.

Sesenta y siete años más tarde: la historia de Sarah se mezcla con la de Julia Jarmond, una periodista estadounidense que investiga la redada.

Durante su investigación, Julia descubre un rastro de secretos que ligan la vida de Sarah a la suya, y la llenan de preguntar sobre su propio futuro sentimental.

 

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