Parque Nacional Herodión

Herodión, ubicado al sur de Jerusalén en el borde del desierto de Judea, es uno de los lugares más fascinantes antigüedades de Israel. Fue construido por el rey Herodes el Grande entre el 23 y el 15 aC, como un palacio combinado y poderosa fortaleza. El complejo estaba rodeado por una doble pared de 63 metros de diámetro y siete pisos de altura, en el que Herodes construyó un palacio que incluye salas, patios y casas de baños opulentos.

El increíble Lawrence alemán

ARQUEOLOGÍA | Max von Oppenheim

El increíble Lawrence alemán

Max von Oppenheim, ante su museo personal de Berlín. (Fotos: AP / EL MUNDO)
      • Berlín expone la heroica restauración del tesoro de Tell Halaf
      • Las piezas son el legado de Max von Oppenheim, el judío que sedujo a Goering

      Rosalía Sánchez | Berlín

      Actualizado lunes 07/02/2011 13:19 horas

      En sus tres primeros días de apertura al público, la exposición ha recibido más de 10.000 visitas. No es para menos. Berlín recupera uno de los tesoros que le arrebataron las bombas y el espíritu Max von Openheim, al fin, descansa en paz. “Debería abrirse de inmediato un proceso de beatificación“, dice la primera anotación en el libro de visitas, en referencia a los restauradores del Museo Pérgamo de Berlín, que han conseguido recomponer las 250.000 piezas en las que habían sido desintegrados los tesoros del antiguo museo Tell Halaf, una colección de estatuas y diversos restos arqueológicos de hace 3.000 años, descubiertos en un palacio perdido de Siria por el arqueólogo alemán Max von Oppenheim en los años 20 y que quedaron totalmente destruidos por los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial.

      “Las monumentales estatuas de piedra y los relieves del palacio de Tell Halaf han podido ser restaurados contra todas las previsiones”, se felicitaba el director general de los Museos Nacionales, Michael Eissenhauer, al presentar el resultado de 10 años de trabajo que devuelven a Berlín la herencia de uno de sus más célebres aventureros, Max von Oppenheim (1860-1946), aristócrata, agente secreto y viajero que personifica el mundo ostentoso, inquieto e indomable de la Belle Epoque.

      Vástago de la familia del banquero judío Solomon, Oppenheim utilizó su considerable fortuna para viajar por el norte de Africa y el Cercano Oriente. Todavía se recuerdan las fiestas opulentas que organizaba en El Cairo, en las que se codeaba con la aristocracia local y a las que no se permitía faltar ninguna otra personalidad que viajase por la región, desde el magnate estadounidense Jacob Astor, después ahogado en el ‘Titanic’, hasta la escritora Agatha Christie, que se inspiró en él para su personaje de El Barón.

      Los nazis lo acosaron pero logró sobrevivir al convertirse en el marchante de antigüedades del lugarteniente de Hitler.

      Al igual que Heinrich Schliemann, el alemán que descubrió la antigua Troya, Oppenheim fue autodidacta. En 1886, el hechizo de oriente lo llevó a viajar a través un Marruecos todavía medieval, donde, disfrazado, se arriesgó a entrar en una mezquita de Fez a pesar de la amenaza de ser condenado a muerte si era descubierto. En sus diarios relata que compró una niña bereber en una subasta de esclavos y que le fue servida en escabeche la cabeza de un miembro del clan enemigo de turno en un remoto pueblo del desierto. Llegó hasta Irak y, en 1896 se trasladó a El Cairo, donde vivió en una villa rodeada de palmeras, junto a su jardinero, Soliman, y un imprescindible chef francés. A esas alturas hablaba árabe con fluidez y mantenía amistades con jeques árabes y príncipes drusos, por lo que el Kaiser Guillermo II lo contrató para trabajar en el consulado alemán en Egipto.

      Además de realizar sus funciones diplomáticas, recolectó 42.000 libros y desarrolló un trabajo pionero en la historia de los beduinos. En lugar de casarse, siguió la costumbre islámica de tomar ‘esposas temporales’, y tuvo una bien ganada reputación en asuntos de corta duración. En un bazar de El Cairo en 1908, tuvo la osadía de acercarse y conquistar a una mujer árabe, protagonista de las escenas más excitantes de sus memorias. Después, ella fue asesinada por su marido cuando éste descubrió el pastel.

      Su febril actividad ocultaba sus servicios como espía. Fundó la revista ‘El Yihad’ en 1914, en un esfuerzo para incitar a los árabes a librar una guerra santa contra los ocupantes británicos y franceses en el Oriente Medio, aunque su adversario, Lawrence de Arabia, a quien conocía personalmente, resultó mucho más hábil a la hora de fomentar revueltas.

      Su pasión, sin embargo, era la arqueología y no reparó en gastos en la excavación de su vida, Tell Halaf. En 1911, encabezó una expedición de 1.000 camellos cargados de 21 toneladas de equipo, incluidos los vagones y 800 metros de vía férrea para trasladar de vuelta los hallazgos. Con él viajaban 500 beduinos, un médico, personal de cocina, un fotógrafo y varios expertos cualificados. Había sido un invierno inusualmente duro en el norte de Mesopotamia, y el viento destapaba los cadáveres malolientes de numerosos animales de entre la arena. Oppenheim esperó pacientemente en una tienda cubierta de alfombras hasta que comenzaron a aparecer las esfinges de piedra, los leones y los paneles de oscuro basalto con relieves que una vez adornaron el Palacio de la Puesta de Sol de un misterioso Rey llamado Kapara, cuyos súbditos hablaban arameo, como Jesús, y que gobernó tras la desaparición del imperio Hitita. Desde 2006, un equipo de arqueólogos alemanes ha investigado de nuevo en la zona, constatando la existencia de una gran ciudadela y un palacio cuyas paredes superaban los 10 metros de altura junto a un afluente del Éufrates. La fuente de la riqueza de la ciudad eran, probablemente, los colmillos de los elefantes tallados de Mesopotamia.

      Compró una niña esclava para liberarla, vivió amores insólitos, espió para Alemania y dio fiestas increíbles.

      Oppenheim no contaba con toda esta información, pero más de una vez empuñó las armas para defender su tesoro de los saqueadores locales y obtuvo de Siria y la Sociedad de Naciones la legalización del traslado después de la Primera Guerra Mundial; nada le hubiera hecho más feliz que verlos expuestos en el Museo de Pérgamo de Berlín, pero la crisis financiera de los años 20 impidió que las autoridades financiaran el proyecto. De manera que Oppenheim decidió, nuevamente, poner el dinero de su bolsillo, a pesar de que su fortuna ya se había diluido a causa de la inflación, y malvivía en un apartamento de la avenida Kurfürstendamm.

      El escritor irlandés Samuel Beckett y el Rey Faisal de Irak viajaron hasta Berlín en julio de 1930 para asistir a la inauguración del museo privado que Oppenheim abrió en el barrio berlinés de Charlottenburg, en el que se exhibían las esfinges de basalto, de varias toneladas de peso, junto a los hipnotizantes hombres-pájaro-escorpión, que causaron sensación en la capital alemana. Estos misteriosos seres míticos de piedra habían sido enterrados en un lugar al que la Biblia se refiere como Gozán, aunque es más conocido como Guzana. Viajaron hasta Alepo en 13 vagones de ferrocarril y allí fueron cargados en camiones y barcos con destino a Alemania.

      Oppenheim personalmente le contó a Agatha Christie que el más sorprendente de sus hallazgos, la tumba de una figura femenina con el cabello trenzado y la nariz puntiaguda, se había convertido en “su Venus” particular. El 30 de enero de 1933, cuando Adolf Hitler alcanzó la Cancillería del Reich y sus seguidores marcharon a través de la Puerta de Brandenburgo en una procesión con antorchas, Oppenheim estaba sentado con el magnate de la prensa de Nueva York, Cornelius Vanderbilt, en un salón de baile cercano. Unos borrachos irrumpieron en el establecimiento y gritaron: “Fuera judios!”, un episodio que le afectó mucho y que dio inicio a un calvario personal.

      Sus conexiones en el mundo financiero y sus amigos en el Ministerio de Exteriores lo protegieron durante un tiempo, pero el nombre de su familia fue calificado como “una contaminación” de la nobleza alemana y Oppenheim llegó a desafiar a un duelo con pistolas a un nazi que osó insultarle (un tribunal de honor de Berlín evitó el encuentro). Para defender su legado, aceptó viajar por última vez a oriente en 1939, con el objetivo de comprar antigüedades para Herman Göring y llegó a defender en un discurso ante dignatarios nazis que sus estatuas podían ser atribuidas a la “cultura aria”.

      Fue en vano. En 1943, las bombas aliadas hicieron volar el edificio y causaron un incendio en el que fueron alcanzados los 900 grados centígrados del que fueron recatadas posteriormente decenas de miles de piezas, la mayoría no más grandes que un dedo pulgar y que pasaron la Guerra Fría almacenadas en un sótano.

      “Sería fantástico que los fragmentos de las distintas estatuas fueran recuperados, guardados en los museos estatales y quizás algún día reconstruidos”, escribió Oppenheim dos años antes de su muerte, en Munich, pero no fue hasta octubre de 2001 cuando un equipo de cuatro restauradores comenzaron a montar las piezas del enorme rompecabezas. En un primer paso, se extendieron los fragmentos sobre una superficie de 600 metros cuadrados. Durante los siguientes 9 años, los conservadores realizaron el trabajo meticuloso y desesperante de reunir las piezas que encajasen entre sí. Alrededor de 30 esculturas han sido reconstruidas. Los ídolos, algunos de los cuales constan de al menos 1.000 fragmentos, aparecen llenos de grietas y juntas pegadas con resina o yeso. Una gigantesca grua los ha descolgado por las ventanas del Museo hasta reunirlos en un mismo espacio y ha constatado que su peso, en conjunto, supera las 30 toneladas.

      El Louvre y el Museo Británico han expresado ya su interés en la exposición, aunque primero tendrán que determinar si sus estructuras son capaces de soportar tales pesos.

      La historia de Tell Halaf, sin embargo, no ha terminado todavía. Oppenheim perdió la orfebrería de oro hallada en las excavaciones, según algunas fuentes en sobornos para legalizar el traslado de las esculturas a Alemania, y se sabe que las joyas llegaron de alguna manera a Estambul. Hoy existen dudas sobre su ubicación exacta. Cuando los comisarios de la exposición del Pérgamo pidieron prestadas a Turquía las joyas, solo recibieron evasivas; es posible que los anillos de brillantes y broches fueran robados o perdidos por pura negligencia, pero Martin Lutz, el conservador jefe, prefiere no hacer comentarios al respecto.

      Hallan los restos más antiguos de ‘Homo sapiens’ (400.000 años) en la cueva Qesem (Israel)

      El profesor Avi Gopher muestra una de las piezas dentales halladas en la cueva Qesem (Israel)

      Vía: Mail Online | Matthew Kalman | 27 de diciembre de 2010 (Traducción: G.C.C.)

      Los científicos podrían verse obligados a reescribir la historia de la evolución del hombre moderno después del descubrimiento de restos humanos de hace 400.000 años.

      Hasta ahora, los investigadores creían que el Homo sapiens había evolucionado en África hace unos 200.000 años y gradualmente emigró al norte, a través del Oriente Medio, hacia a Europa y Asia.

      Al mismo tiempo, recientes descubrimientos en China y España de restos de primeros humanos habían puesto en duda la teoría “Memorias de África” (“Fuera de África”), pero nadie estaba seguro.

      Pero el nuevo hallazgo de restos humanos prehistóricos llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Tel Aviv, en una cueva cercana al aeropuerto Ben-Gurion, podría obligar a los científicos a reconsiderar las teorías anteriores.

      Foto: Un aspecto de la cueva Qesem.

      Los arqueólogos dijeron haber hallado ocho dientes humanos en la cueva Qesem, cerca de Rosh Haayin -a 10 km del aeropuerto internacional de Israel-, cuya edad se remota a 400.000 años atrás, en el período del Pleistoceno Medio, constituyendo así los primeros restos de Homo sapiens descubiertos en cualquier parte del mundo.

      Foto: Otras piezas dentales de Homo sapiens halladas en la cueva Qesem

      El tamaño y la forma de los dientes son muy similares a los del hombre moderno. Hasta ahora, los primeros ejemplos se han encontrado en África y tienen una datación de sólo 200.000 años.

      Otros científicos han argumentado que los seres humanos se originaron en África antes de trasladarse a otras regiones, hace entre 150.000 y 200.000 años. Los restos de Homo sapiens descubiertos en el Awash medio, Etiopía, con una datación de 160.000 años, se creía que eran los más antiguos correspondientes a seres humanos “modernos”.

      Otros restos encontrados previamente en cuevas israelíes se cree que son más recientes, con una antigüedad de entre 80.000 y 100.000 años.

      Las conclusiones del profesor Avi Gopher (foto a la izquierda) y el Dr. Ran Barkai (debajo), del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, y publicadas la semana pasada en el “American Journal of Physical Antropology”, sugieren que el hombre moderno no se originó en África como se creía previamente, sino en Oriente Medio.

      La cueva Qesem fue descubierta en 2000 y ha sido objeto de intenso estudio desde entonces. Junto con los dientes -las partes del esqueleto humano que sobrevive más largo tiempo-, los investigadores encontraron evidencias de una primera sociedad humana sofisticada, que utilizaba afiladas lascas de piedra para cortar la carne y otras impresionantes herramientas prehistóricas.

      Los científicos israelíes dijeron que los restos encontrados en la cueva sugieren la elaboración sistemática de láminas de sílex, el uso habitual del fuego, la práctica de la caza, el corte y distribución de la carne de los animales, y la extracción de material bruto de roca bajo tierra para producir herramientas de piedra.

      “Un conjunto diversificado de hojas de sílex fue fabricado y utilizado”, escribieron los científicos de Tel Aviv, quienes describen las herramientas que se encontron en la cueva: “Hojas de bordes gruesos, conformadas a través de retoques, fueron utilizados para raspar los materiales semi-duros, tales como madera o cuero, mientras que hojas con bordes rectos y afilados se utilizaban para cortar los tejidos blandos”.

      Los arqueólogos dijeron que seguirían investigando la cueva y sus contenidos, con la esperanza de hacer más descubrimientos que arrojen más luz sobre la evolución humana de tiempos prehistóricos.

      Un palacio con jardines vigilaba Jerusalem en la Edad de Hierro.

      Un palacio que estaba rodeado de jardines cuyos secretos aún no han sido desvelados se levantó en la Edad de Hierro en una colina a las afueras de Jerusalem y servía de atalaya para vigilar la ciudad santa.

      Arqueólogos e historiadores de Israel y Alemania intentan desde hace cinco años desentrañar los misterios que rodean las ruinas del complejo palaciego, que se levantó a finales del siglo VIII a.e.c. en la zona conocida hoy como Ramat Rahel, a mitad de camino entre las ciudades de Jerusalem y Bet Léjem (Belén).

      El complejo era visible desde las dos principales vías que llegaban a la vieja ciudadela amurallada de Jerusalem -la que comunica con Hebrón y la que lleva a la planicie costera mediterránea- y, probablemente, floreció con los asirios y desapareció con los asmoneos, siendo olvidado y abandonado.

      Entre los fosos y piedras que quedan son visibles restos de las trincheras construidas en este estratégico lugar durante la guerra entre judíos y árabes de 1948.

      “Se trata de un palacio del periodo de los reyes de Judea. Es único. No hay ninguno de este tamaño y belleza en todo Israel, ni siquiera en Jerusalem hemos encontrado restos de palacios de aquella época”, explica Yuval Gadot, arqueólogo y director de campo de la excavación.

      El área alberga los restos de “un gran complejo que incluía un palacio de arquitectura grandiosa y muy hermosa, con un jardín interior, un patio y un jardín que lo rodeaba todo, de la época de los reyes de Judea, de la casa de David, los tiempos bíblicos”, afirma el experto.

      La excavación, codirigida por el profesor Oded Lipschits de la Universidad de Tel Aviv, y Manfred Oeming de la Universidad de Heidelberg (Alemania), “arroja luz sobre una época histórica que está muy lejos de nosotros, y nos da más información sobre aquel tiempo de la que nos da la propia Biblia”, asegura Gadot.

      El hallazgo más sorprendente son los jardines, ya que no se habían encontrado en Israel restos de parques de esa época, algo que si se ha descubierto en áreas más verdes, como la Mesopotamia, en el actual Irak, y Europa.

      “Los jardines se construyeron rodeando el palacio con el objeto de llamar la atención desde cualquier punto en el paisaje de Jerusalem. Se usaron sofisticadas y poderosas instalaciones de agua, túneles esculpidos en piedra y recubiertos por dentro y por fuera, estanques escondidos, todo ello para crear un paisaje artificial, un paraíso en las montañas desiertas de Jerusalem”, apunta Gadot.

      El jardín se creó contradiciendo las leyes de la naturaleza.

      En palabras de Gadot, como si alguien se hubiera dicho: “No tengo agua, así que la voy a usar exageradamente para resaltar mi poder. No hay vegetación, así que voy a poner plantas por todas partes, un jardín que todo el mundo pueda admirar desde lejos. Crearé un lugar para dioses, convertiré una montaña en una llanura ajardinada”.

      La teoría más plausible para los arqueólogos es que el palacio sirviera de centro administrativo para los representantes de los distintos imperios de la época, enviados por los emperadores sirios, babilonios y persas que controlaron Judea y usaron este lugar para recoger impuestos.

      “El poder que vemos aquí es más grande que el que tenían los reyes de Judea, es un poder imperial”, afirma el experto.

      Un análisis de la tierra muestra que este edén vio por última vez la luz en el periodo helenístico temprano (s.IV a.e.c.).

      En los cinco años que llevan trabajando en la zona los arqueólogos aún no han logrado comprender en su totalidad los complejos sistemas de distribución de agua que alimentaban el jardín y que, según Gadot, fueron diseñados “por un experto ingeniero no solo para recoger la escasa agua de lluvia y llevarla de un lugar a otro, sino con un gran sentido estético”.

      La excavación muestra complicadas estructuras con túneles que parecen no llevar a ninguna parte y reservas desconectadas entre sí cuya función aún está por descifrar.

      Tras servir de centro administrativo en el periodo helenístico, el palacio fue abandonado, desapareció y en su lugar se ubicó a mediados del siglo II de la era común una villa romana.

      También se han encontrado restos de una iglesia del periodo bizantino tardío (siglo VI e.c) y de baños rituales judíos, ruinas bajo las que se esconden las incógnitas del impresionante palacio y sus bellos jardines.

      jaime gorenstein, buscando la verdad / agencias

      ¿HALLARON EL TEMPLO DESTRUÍDO POR SANSÓN?

      Arqueólogos de la Universidad de Bar-Ilan descubren templo filisteo bíblico.

      Sansón se sitúa entre la historia, la leyenda y el mito, en la época de la dominación filistea sobre los israelitas. Hijo de Manoa, su madre era estéril. Según el relato bíblico, un ángel les indicó que su futuro hijo sería el libertador del pueblo israelita, pero la futura madre no debía tomar vino ni comer nada impuro y su hijo, no debía cortarse el cabello.


      Escultura de Sansón derribando las columnas. Ashdod, Israel. Autor: Einat Tzilker

      Uno de los últimos jueces de los antiguos judíos, Sansón se casó dos veces. Sus dos esposas, ambas filisteas, lo traicionaron. Sin embargo, la segunda, Dalila, es la más famosa cuando, a cambio dinero, le corta el cabello y lo deja sin su extraordinaria fuerza. Así Sansón es capturado por los filisteos, arrancados sus ojos y conducido a Gaza, obligado a trabajar moliendo trigo. Pero su pelo vuelve a crecer, recuperando su descomunal fuerza.

      Reunidos los jefes filisteos junto a tres mil personas en el templo para ofrecer un sacrificio al dios Dagón, por haber puesto en sus manos a su enemigo, hacen llamar a Sansón.

      Sansón invoca a Yahveh, pidiéndole fuerzas solo una vez más para vengarse de los filisteos y logra derribar las dos columnas sobre las que se asentaba el templo, al tiempo que bramaba: “Muera yo con los filisteos”.

      El templo se vino abajo, matando a todos los que se encontraban allí. Sus familiares recuperan su cuerpo y le entierran cerca de la tumba de su padre, Manoa.

      Bien, este templo, sería el que halló el Prof. Aren Maeir, del Departamento de Arqueología y Estudios de la Tierra de Israel, y el equipo internacional que dirige. En su interior, fueron hallados una serie de elementos rituales, que datan de la Edad del Hierro
      (siglo 10 aC).


      Templo filisteo recientemente hallado, donde se puede observar las dos columnas.
      Foto: Richard Wiskin, Tell es-Safi/Gath Archeological Proyect.

      “Es interesante que el diseño arquitectónico de este templo, con sus dos pilares centrales, es una reminiscencia de la imagen arquitectónica que se describe en el conocido relato bíblico de Sansón y los filisteos, cuando Sansón derriba el templo de pie entre los pilares y empujándolos hacia abajo. Tal vez esto indica que la historia de Sansón refleja un tipo de templo común entre los filisteos en ese tiempo”, dijo el profesor Maeir, que ha dirigido las excavaciones en Tell es-Safi/Gath durante 13 años. El lugar se encuentra en la llanura costera del sur de Israel, a mitad de camino entre Jerusalén y Ashkelon.

      El Prof. Maeir también indicó que su equipo había encontrado una prueba impresionante de un terremoto en el siglo 8 ac., reminiscencia del terremoto mencionado en el Libro de Amós I:1. El equipo descubrió paredes movidas de su lugar original y se derrumbó como una baraja de cartas, como consecuencia del fuerte terremoto, evaluado como de magnitud 8 en la escala de Richter.

      Las excavaciones, también han descubierto nuevas pruebas de la destrucción de la ciudad por Hazael, alrededor de 830 a. C., como se menciona en Reyes 12:18, así como pruebas del primer asentamiento filisteo en Canaán (alrededor de 1200 a. C.).

      Participaron en la excavación arqueólogos de EE.UU., Canadá, Australia, España, Italia, Alemania, Suiza, Reino Unido, Holanda, Polonia e Israel.

      Publicado por Equipo de Prensa en 01:35

      LOS JUDÍOS DE SICILIA – UNA HISTORIA OCULTA

      Por Alicia Benmergui

      La historia de los judíos de Sicilia es muy antigua y la dispersión ha hecho que se fragmente en una multiplicidad de memorias y recuerdos de innumerables territorios y espacios de los que a veces ignoramos hasta su existencia.

      La Argentina, como país receptor de una afluencia migratoria muy grande y de carácter muy variado, ha recibido una numerosa población de origen italiano, el mayor aporte de todas las nacionalidades de las que aquí llegaron, entre ellos gran número de sicilianos y napolitanos, tanto es así que el apodo generalizado que se utiliza para denominar a todos los italianos es la abreviatura de napolitano, “tano”.

      En general y salvo en casos muy específicos nadie relaciona a algunos integrantes de este grupo como posibles poseedores de una lejana ascendencia judía. Ha habido desde tiempos muy lejanos una importante presencia judaica en toda Italia, pero que en el caso de Nápoles y Sicilia ha sido cuidadosamente borrada y ocultada.

      Contrariamente a lo que ha ocurrido con España, donde ese pasado judío no ha podido ser negado, y donde mucha población no puede desmentir la presencia en su pasado de lejanos ancestros judaicos.

      La presencia judía en Sicilia y Nápoles fue mucho mas antigua que en la Península Ibérica, su expulsión se produjo en el año 1493 por una orden del Rey Fernando de Aragón, el Católico.

      En regiones de Italia se registra una presencia aun más remota, fueron los judíos de la Apulia y de Calabria los que en el año 383 de nuestra era protestaron a viva voz por la pérdida de sus privilegios a manos del emperador Valentiniano II, el nivel de sus quejas estaba avalado por el peso de su número y sus riquezas. Los historiadores dan cuenta de la existencia de una numerosa colonia judía en Pozzuoli, lo mismo que en la Pompeya destruida por la erupción del Vesubio, donde parece ser que había un barrio judío importante.

      En el período anterior al 70 de la era común, cuando fue destruida Jerusalem, numerosos judíos fueron traídos como esclavos por Tito a Italia. Un número muy grande de ellos fue llevado a Tarento y Otranto, la proporción de esclavos volvió a aumentar con las revueltas en Judea del 115 y 135 de la era común.

      Lápida con una inscripción en hebreo en el Seminario Arzobispal de Messina

      En Salerno existió una famosa escuela de medicina, que si no fue fundada por judíos, tuvo numerosos profesores y estudiantes de ese origen. Minuciosas investigaciones determinaron la existencia judía en numerosos poblados italianos y en otros sicilianos tales como Capua, Brindisi, Venosa, Lavello, Matera, Gaeta, Caserta, Sessa, Aversa, Teano, Sorrento, Alife, Sanseverino, Nocera, Eboli, Cosenza, Squillace, Reggio, Catanzaro. La historia de los judíos de Sicilia es la historia de una vida judía totalmente desaparecida y negada, pero también de los lugares de origen de numerosos inmigrantes sicilianos llegados a la Argentina.

      En 1411 la población judía había aumentado en gran número con la nueva llegada de judíos provenientes de Francia, del Imperio Germánico y de España, por las fuertes persecuciones antijudías. En Siracusa había una importante población de origen judaico, las pruebas de la existencia de esa comunidad desaparecida con la expulsión, se encontraron con el hallazgo de los restos de una antigua sinagoga dentro de la iglesia de S. Filippo Apostolo alla Giudecca (judería) donde se pudo identificar perfectamente una mikve y otra, aun más antigua, fue hallada en la iglesia de San Giovanni.

      Todas estas mikves fueron utilizadas posteriormente como cisternas de agua por la población que desconocía su origen y de acuerdo con los estudios pudo comprobarse que habían sido construidas de acuerdo a las normas judías más rigurosas, demostrando de este modo la presencia judía en Siracusa desde tiempos muy remotos…

      Pozo subterráneo y baño ritual judío (Mikve) de S. Filippo Apostolo en la Judería S. Filippo Apostolo alla Giudeccafoto http://www.siracusacultura.it

      Cuando llegó la orden de España de que los judíos debían convertirse o marcharse el rabino Mosè Abbanascia dijo: “Dejaremos y para siempre, esta tierra donde nacimos, donde nacieron nuestros padres, donde nuestro pueblo ha sentido menos que en otros lugares el dolor del exilio”. Estos judíos de Sicilia, arraigados desde tiempos antiguos padecieron el mismo dolor del destierro que los judíos españoles. El reino de Aragón tenía posesión de gran parte de Sicilia, y cuando se expulsó a los judíos de España, gran parte de las comunidades judías sicilianas sufrieron el mismo destino.

      Se ha obtenido una información bastante pormenorizada de la vida cotidiana de la época, en realidad de varios siglos, porque en la Guenizá de la Sinagoga del Cairo había numerosa correspondencia proveniente de la región del Mediterráneo. Según una práctica del judaísmo, no puede ser destruido o tirado ningún texto donde se halle escrita la palabra Dios, la Genizá es un espacio que pude estar en una sinagoga o en el cementerio donde los judíos depositan o entierran todos los textos en desuso, sagrados o seculares. Es así como pudimos enterarnos entre otras cosas de que existía una familia judía llamada Ben Yijú, que fue deportada de Sicilia por los invasores normandos en 1148. Abraham Ben Yijú se mudó a la India, a Mangalore, porque era mercader, desde allí escribía a la familia que vivía en Messina (Sicilia). En otra carta puede leerse cómo un judío de Messina escribió desde Egipto pidiendo 20 denarios a su padres para invertirlos en mercancías que vendería a su retorno, allí había estudiado con Maimónides y con un famoso juez judío, Isaac B. Sasun en el Cairo.

      Del mismo modo, nos enteramos que los judíos sicilianos realizaban el tráfico mercantil en el Mediterráneo, exportando coral y algodón siciliano, cuero y queso, desde Messina y desde Siracusa llevaban grandes hormas de queso para Alejandría y Egipto, de donde traían terracota, arroz, índigo y lino.

      MENORAH sobre la torre norte-oeste del Castillo Ursino en la Catania Judía.

      Los judíos pagaban sus tributos como todos, pero debían prestar servicios personales a la cámara real pues eran siervos reales. Una tarea exclusiva de ellos era la costura y el bordado del estandarte de la galera del comandante de la flota real. La lengua que hablaban y escribían era una mezcla de hebreo y árabe.

      En 1901 se produjo un derrumbe en un viejo monasterio de Santa Bárbara y allí se descubrió una inscripción que había pertenecido al interior de una sinagoga. Cuando la descubrieron estaba en la cocina del monasterio decorando una fuente de agua, allí estaba escrito un texto de homenaje a su memoria: ”Se presentó en juicio, ante la misericordia divina en la reunión de las almas- Azaria di Minisci, hijo de Salomon di Minisci. . .” la inscripción era en realidad la escritura de un testamento, donde se detallaba con todo cuidado cómo se entregaría una donación, cada año a partir del 1450. A través de este texto se pudo saber que llamaban a la sinagoga Bet Keneset o Kenisat, a la sinagoga de Taormina la llamaban Bet Keneset Tabarnim o Kenisat Tabarmin, y a la Sinagoga de Messina la llamaban Kenisat Massini.

      Ruinas de la Sinagoga de Savoca en Mesina

      Los judíos recibieron a lo largo de su historia crueles ataques, y las acusaciones habituales, cada vez que esto sucedía los castigaban, cercenándoles derechos adquiridos o quitándoles hasta sus lugares de culto; esto fue demostrado con el descubrimiento de que la capilla de la Virgen de la Candelaria, en Messina, había sido una antigua sinagoga incautada a los judíos.

      Esta judería rivalizaba con la de Palermo, sus rabinos eran los únicos que estaban en contacto con los Gueonim de Babilonia. En el Archivo de Messina se han hallado numerosos documentos relativos a la vida cotidiana de los judíos. En ellos puede verse que constituían sociedades con cristianos, comerciaban seda, uva, cebada y esclavos. Se hallaron actas de separación matrimonial, letras de cambio, certificados de impuestos hereditarios.

      También se encontraron documentos del año 1200 en monasterios y aun en actas notariales privadas. En estas comunidades había numerosos médicos, uno de los más conocidos fue Mosé de Bonavoglia, médico de la corte y diplomático. Su nombre hebreo era Moshe Heftz. Hubo importantes sabios especializados en temas bíblicos; había maestros en el arte del tejido, una de las especialidades más caracterizadas desarrolladas por estos judíos, elaboraban paños, seda y terciopelo, también eran excelentes orfebres.

      Montalto

      A menudo se les imponían tareas humillantes, obligándolos entre otras tareas, a desempeñarse como verdugos, un trabajo considerado infamante por toda la población.

      Luego de la expulsión en 1492, los judíos partieron hacia Calabria, Nápoles y a Roma. Pero la mayoría de la población judaica fue hacia Estambul, donde cada grupo proveniente de la misma región en Sicilia tenía su propia sinagoga. Un rabino, Elia Mizrahi, hablaba de una comunidad siciliana organizada y numerosa para fines del Siglo XV. Lo mismo ocurrió en Salónica, donde las comunidades se dividían en Sicilia Nueva y Sicilia Vieja y donde los hijos de los de los exiliados adaptaron gradualmente los rituales de España y a pesar de que por un largo tiempo mantuvieron la memoria siciliana, finalmente ésta se perdió.
      Otros lugares adonde se desplazaron fueron a Albania, Arta, Triccala, Castoria y Partazo en Grecia, Damasco en Siria, Jerusalem y Safed en Palestina. Otros fueron a Bulgaria y varias islas del Mediterráneo, como Rodas y Chipre. Los apellidos y las denominaciones son el testimonio de los orígenes de sus portadores.

      Inscripción de Trappani

      En Adrianópolis (actualmente Edirne, Turquía) había sinagogas llamadas Mesina, Puglia y Calabria. A la isla de Corfú llegaron sicilianos y gente de la Apulia, puglieses, hablaban el dialecto siciliano y el de la Puglia, al que unían el griego, luego terminaron hablando en el elegante estilo veneciano. Estos judíos en Piazza Venecia tenían privilegios negados al resto de sus correligionarios. Cuando los judíos fueron expulsados de Venecia, en 1571, el decreto no incluyó a los judíos de allí y de Corfú.

      No todos los judíos sicilianos se exiliaron, algunos se quedaron convirtiéndose al cristianismo, pero esto no implicó la solución de sus problemas. Los consideraban falsos cristianos, “marranos”. La Inquisición encarceló a 1449 personas, y condenó a 441 a ser quemadas en la hoguera.

      Muchos de los apellidos que los conversos no abandonaron figuran en los archivos inquisitoriales: Barone, Campagna, Constantino, Amato, Marino, Mazza, Romano, Staiti, Bonfiglio, Birgandi, Bruno, Bonanno, etc. Uno de estos conversos fue Guglielmo Raimondo Moncada, nacido en Agrigento, que partió de Messina en 1470 para estudiar en Roma, protegido por algunos nobles por ser considerado una personalidad extraordinaria. Pero cuando estuvo a punto de ser ordenado Obispo, cayó en desgracia por la frecuentación de ciertos ambientes intelectuales romanos, estudiosos de la Cabala.

      En el seminario arzobispal de Messina se ha conservado una inscripción funeraria, en letras hebreas, que tiene en el centro un escudo que reproduce un león rampante, con un estandarte y dos estrellas, pertenece al mes de diciembre de 1635, año en que no existía ningún rastro de presencia judía en la ciudad. El texto dice que “El anciano y respetabilísimo BMR (abreviatura en hebreo que quiere decir Ben Moreh Ha Rav, hijo del Rabino) Abraham Finzi, de Bendita Memoria, llamado a lo alto el miércoles 12 Kislev 5396. Sea devuelta su alma al árbol de la vida”.

      Parece ser que aunque los conversos fueron muy numerosos, muchos lo fueron solo en apariencia, practicando el judaísmo secretamente, trasmitiéndolo de padres a hijos, por lo menos durante el siglo posterior a la Expulsión. El modo en que se borró en Sicilia todo resto de presencia judía fue mediante la violencia y las persecuciones sistemáticas e implacables, porque no ha quedado ninguna leyenda, ninguna tradición popular, ningún relato literario, ninguna obra histórica local que hablara de los judíos de Sicilia. Con la retirada de los españoles y a pesar de que hubo autorizaciones por parte de reyes y emperadores e intentos de judíos de establecerse en la región, las persecuciones de la iglesia fueron consecuentes en su crueldad. En 1741, hay un relato del Rav Ismaele Sanguinetti que contó que había un oficial en Mesina encargado de reprimir todo intento judío de retornar a su antigua tierra.

      EXPULSIÓN 1492

      *Recordar a estas comunidades desaparecidas cumple con el objetivo de recuperar una vieja memoria perdida para los judíos y para los que no lo son el de provocarles el cuestionamiento y la interrogación sobre su propio pasado, sobre sus orígenes e identidad, tal vez esto ayude a atemperar sentimientos antisemitas y racistas, manifestados con mucha frecuencia, eliminando injustificados odios y reparando algo del mal que han ocasionado y continúan causando

      Fuente: http://www.esefarad.com/?p=12689

      Descubren antigua sinagoga samaritana en el Valle del Jordán

      Arqueólogos israelíes han descubierto una antigua sinagoga samaritana en el Valle del Jordán con una curiosa inscripción en la que se lee “Este es el templo”, informó la Dirección de Antigüedades de Israel.

      De unos 1.500 años de antigüedad, la sinagoga se encuentra al sureste de la antigua ciudad de Beisán, en el norte del valle del río Jordán, y fue descubierta hace unos días en excavaciones destinadas a ampliar la zona urbana de la moderna Bet Shean.

      “El descubrimiento de otra sinagoga samaritana en la zona agrícola del sur de Bet Shean nos ofrece nueva información sobre la población samaritana de aquel período”, dicen en los arqueólogos Walid Atrash y Yaacov Harel, directores del proyecto.

      Se trata del período inmediatamente anterior al que comenzó a decaer la comunidad, que en tiempos romanos había llegado a tener más de un millón de habitantes.

      Los bizantinos, por medio de masacres, los obligaron sin embargo a convertirse al cristianismo a partir del siglo VI, lo que fue mermando su número progresivamente hasta los poco más de 700 miembros con los que cuenta en nuestros días.

      Con ello, agrega la nota, “parece que las estructuras descubiertas fueron construidas al final del siglo V y estuvieron en uso hasta la víspera de la conquista musulmana en el 634”.

      En el período bizantino, Beisán, a sólo unas decenas de kilómetros del Monte Gerizin -santuario próximo a la ciudad de Nablus-, se convirtió en un importante centro samaritano e incluso llegaron a disfrutar de cierta autonomía bajo el liderazgo de un guía espiritual llamado Baba Rabbah.

      Hacia el final del reinado del emperador Justiniano (483-565) los samaritanos se rebelaron contra el Imperio Bizantino.

      “La rebelión fue sofocada y los samaritanos dejaron de existir como nación”, agregan los arqueólogos.

      Los samaritanos se consideran a sí mismos los verdaderos descendientes del pueblo de Israel, y aún conservan intactas muchas de las costumbres de épocas bíblicas.

      Para los judíos, que le atribuyen orígenes babilónicos, los samaritanos son descendientes de extranjeros paganos convertidos al judaísmo por interés en el siglo VI a.C.

      La sinagoga descubierta consiste en una sala de rezos de 8 metros por 5 que habría sido el centro espiritual y social de la comunidad, y que, como otras, está levantada en dirección al Monte Gerizim.

      El suelo del templo es un colorido mosaico de piezas geométricas y una inscripción en griego en el centro de la que sólo ha sobrevivido la última línea: “.. este es el templo”.

      Lea Di Segni, experta de la Universidad Hebrea de Jerusalén que ha traducido la inscripción, corrobora que se trata del tercer templo samaritano descubierto en la zona después de los denominados “Bet Leontis” y “Tel Iztabba”.

      Fuente: http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Historia/31884/

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