Corrientes del judaísmo – Judaísmo Caraita

Caraísmo
De Wikipedia, la enciclopedia libre

El caraísmo proviene del término hebreo bené mikrá, que significa
“Seguidores (o ‘lectores’) de la Escritura”.

“Escudriñad a fondo la Torá [Ley escrita de Dios] y no confiéis en mi
opinión”, estas palabras las mencionó Anán ben David, judío secesionista que proclamaba el derecho de todo judío a estudiar las
Escrituras Hebreas de un modo libre, sin tener en cuenta la interpretación rabínica ni el Talmud; debido al énfasis que le daban a
las Escrituras, se les llamó desde el siglo VIII “Qara’ìm” (en hebreo “lectores”) a los seguidores de Anán, que se oponían a la autoridad religiosa de los rabinos y a sus creencias.

1 Inicio de la controversia
2 Desarrollo
3 Algunos rasgos entre caraítas y rabinos
4 Historia
5 Doctrina
6 Referencias

Inicio de la controversia
Dentro del judaísmo de la Diáspora babilónica de la época talmúdica
surgió una nueva filosofía. La idea siempre había sido que Dios había
dado dos Leyes (Torá)en el Sinaí una Oral y otra Escrita. Ya durante
la época del Segundo Templo de Jerusalén aparecieron sectas (los
Saduceos y los Esenios), que iban en contra de las enseñanzas de los
Prushim (Fariseos), que eran considerados como la corriente ortodoxa,
en cuestión del valor divino de la Ley Oral, pero con la destrucción
del Templo, las sectas heterodoxas desaparecieron.

El Caraísmo apareció en el siglo VIII, con la figura de Anán ben David.

Anán procedía de una familia noble judía, descendientes del Rey David,
y por ello aspiraba al título de ‘Jefe de la Diáspora’, que le fue
negado.

Desde aquel momento se convirtió en el líder del movimiento heterodoxo
que predicaba que la Ley (Torá) Oral no era palabra divina. Escribió
un Libro de los Mandamientos en el cual concentraba sus ideas y
enseñanzas (bastante divergentes de lo que actualmente se considera la
doctrina caraíta) que se negaban a la obediencia de las tradiciones
rabínicas y declaraba el poder de cualquier judío a explicar y
practicar los mandamientos bíblicos a su propio modo de ver, cada uno
según sus capacidades.

Desarrollo
Después de la muerte de Anán ben David, el desarrollo de los caraítas
se hace patente, alcanza popularidad e influencia extendiéndose fuera
de la comunidad judía de Babilonia por Oriente Medio y en la misma
Jerusalén, en esta ciudad se abre un centro caraíta importante. Los
siglos IX y X experimenta su época dorada, período de rápido
crecimiento. El proselitismo del judaísmo caraíta supuso una clara
amenaza al judaísmo rabínico. Aunque hubo desacuerdos entre guías
caraítas y no se reconocía a un líder en particular, el peligro vino
de Saadia Gaon del judaísmo rabínico el cual comenzaría a derrotar a
los caraítas con sus propias armas a saber: “la Ley escrita”. Acabaría
imponiéndose el judaísmo rabínico, a la manera de Saadia, pero el que
daría el golpe mortal a este movimiento fue Maimónides, destacado
talmudista del siglo XII, que debido a su eficiente erudición, actitud
tolerante con los caraítas se ganó la admiración de éstos, cosa que
hizo que se debilitase la posición de los líderes caraítas. Con el
tiempo perderían fuerza modificando criterios y principios, en esencia
perdieron el objetivo principal y se adaptaron en parte al judaísmo
rabínico.

Algunos rasgos entre caraítas y rabinos
Los caraítas consideran sagradas a las ‘Escrituras Hebreas’, pero no
las ‘Tradiciones orales’; todo lo contrario de los rabinos, la
Tradición en primer lugar las Escrituras secundario. Los caraítas dan
lectura e interpretación personal a las Escrituras a diferencia de los
rabinos

Algunos ejemplos

Éxodo 23:19 dice:

“No cocerás un cabrito en la leche de su madre”.

Los caraítas entendían estas palabras al pie de la letra. Sin embargo
los rabinos para este versículo entendían que hablaba de la
prohibición de comer carne y leche juntas.

En Deuteronomio 6: 8, 9 los caraítas le daban a estos versículos el
significado figurado y simbólico, sin embargo los rabinos afirmaban
que los varones judíos debían llevar las Filacterias cuando oraban y
tenían que colocar la Mezuzá en la jamba de su puerta.

Historia
En el siglo VIII Anan ben David, un líder judío de la Mesopotamia,
organizó a diversos elementos anti-talmúdicos y presionó al Califato
para que estableciera una segunda organización autónoma de judíos en
el exilio o Exilarcado para aquellos que rechazaban por completo el
Talmud, y por ende a los rabanitas que lo imponían. Los musulmanes
concedieron a Anán y sus partidarios la libertad religiosa para
practicar el judaísmo a su modo. Reunió Anan en derredor suyo, a un
amplio grupo de seguidores, quienes fueron conocidos como ananitas.
Poco tiempo después de la muerte de Anan, sus seguidores se fusionaron
con otros grupos anti-talmúdicos y tomaron el nombre de “Seguidores de
la Biblia”, o en hebreo Benei Mikrá. Más tarde se abrevió a Qa’raím, o
en castellano, “caraítas”. En el siglo X el principal dirigente de
judaísmo rabínico en el Oriente Medio, Sa’adiah Gaón, los excomulgó.

Sin embargo, los caraítas se expandieron por Palestina, Siria y
Egipto. Algunos llegaron también a Al-Ándalus, parte meridional de la
Península Ibérica de predominio musulmán durante la Edad Media. Desde
el siglo IX floreció la comunidad caraíta de Jerusalén. Los cruzados
los expulsaron y quemaron allí sus sinagogas en el 1099, pero fueron
restauradas cuando la ciudad fue retomada por los musulmanes. Muchos
caraítas se radicaron en el imperio jázaro, desde que a finales del
siglo VIII el rey se convirtió al judaísmo. El número de judíos
aumentó allí especialmente desde el 944 cuando el emperador de
Bizancio pretendió obligar a los judíos a convertirse al cristianismo.
Tras la decadencia y desaparición de “Jazaria” en el siglo XI, el
mayor número de caraítas se radicó en Crimea, de donde pasaron a
Lituania y Polonia.

Actualmente viven unos 50.000 adherentes al caraísmo. Cerca de 2.000
de ellos viven en Estados Unidos, la mayoría en Daly City, California.
Actualmente la mayoría de los caraítas viven en Ramle, una pequeña
ciudad al occidente de Tel Aviv, Israel, a donde llegaron procedentes
de Egipto, Turquía, Rusia y el resto de Europa. Algunos residen en
Ashdod y Be’er Sheva.

] Doctrina

Sinagoga Caraíta Bnei Yisrael.Los caraítas se guían solamente por una
interpretación literal de la Biblia Hebrea y de la Ley Mosaica,
rechazando innovaciones posteriores tales como la Ley Oral Rabínica.
Rechazan la forma de judaísmo más practicada hoy día, que en sus tres
corrientes se guía por el Talmud. Creen que “los talmudistas”
adulteran el verdadero mensaje de las Escrituras Hebreas agregando las
enseñanzas de los Rabinos que encontramos en el Talmud. Enfatizan en
el mandato de Deuteronomio 4:2 No añadiréis a la palabra que yo os
mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de
YHWH, vuestro Dios, que yo os ordeno..

Consideran la era actual de la historia humana como el periodo del
Gran Exilio. Interpretan que las Escrituras Hebreas describen esta era
y predicen que en ella la nación de Israel abandonará el verdadero
camino del Creador por la religión de fabricación humana. Dicen que
los profetas enseñan que esta era acabará con el retorno de Israel al
Creador bajo el liderazgo del ungido Rey de la Casa de David y con
adopción de la religión de las Escrituras Hebreas por toda la raza
humana.

El caraísmo no es una fe monolítica en la que cada creyente está de
acuerdo en todos los detalles, pues el peso de la interpretación recae
en el individuo y no en una autoridad central. Los caraítas mantienen
que cada ser humano tiene la obligación de estudiar las Escrituras
Hebreas y determinar por sí mismo el significado correcto de los
mandamientos de Dios basándose en su propio razonamiento y
entendimiento. A cada persona le exigen tomar responsabilidad personal
en la interpretación de la Biblia hebrea pues es cada individuo quien
va a ser llamado a dar cuenta de sus propias acciones en el Día de
Juicio. Enseñan a investigar con cuidado las Escrituras sin confiar en
la opinión de nadie y piensan que “aquel que se apoya en cualquiera de
los maestros del Exilio sin investigación personal, es como si hubiera
cometido idolatría”.

Referencias
Astren, Fred Karaite Judaism and Historical Understanding ISBN 1-57003-518-0
Lasker, Daniel J. The Dead Sea Scrolls in the Historiography and
Self-Image of Contemporary Karaites Dead Sea Discoveries, Nov 2002,
Vol. 9 Issue 3, p. 281, 14p-294; DOI: 10.1163/156851702320917832; (AN
8688101)
Mourad el-Kodsi 1987: Karaite Jews of Egypt
2002: Just for the record in the history of the Karaite Jews of Egypt
in modern times.
Nemoy, Leon 1987: Karaite Anthology ISBN 0-300-03929-8
Wieder, N. 1962: The Judean Scroll and Karaism; London, 1962.
Yaron, et. al. An Introduction to Karaite Judaism ISBN 0-9700775-4-8

Anuncios

CONTROVERSIA NO ES DESLEALTAD

Por Jaime Naifleisch Aisenberg (y Medvedév, Rosen Ree, Kaplan…)

De Israel Eliézer, el Baal Shem Tov, profeta en los albores de la Modernidad, podríamos decir lo que de Ieoshúa el Nazareno, en la última etapa de la Antigüedad: los que se apoderaron de él, de su respetado y prestigioso nombre, pero no de sus ideas, lo han tergiversado hasta hacerlo irreconocible. ¿O tiene que ver el que llaman Jesús de Nazaret, divinizado, con lo que la religión organizada dice de aquél profeta, en cuyo nombre justifican todo lo que la Torá rechaza, la divinidad de un hombre, la sumisión a los señores, la sobrenatural espera de justicia post mortem y la renuncia a la procura de justicia posible aquí, donde tiene lugar la vida, la idea de cuerpo y alma como entidades separadas, la supremacía del varón sobre la mujer…? Y la judeofobia, nada menos.

Con el Baal Shem Tov como con Ieoshúa “fundadores” del jasidismo y del cristianismo, respectivamente, ha sucedido en la Historia lo que con todos y cada uno de los maestros que, con mayores o menores méritos de lucidez, han emergido de entre sus pueblos, han señalado caminos, y han sido usados luego para el engaño y la mentira.

Eliézer decía de los rabinos del gaón de Vilna, que siete veces pronunciaron jerem, excomunión, contra él: “leen la Torá, sí, pero estudian el Talmud”.

Este maestro vive y predica su buena palabra en una de las áreas más atrasadas de Europa que se resistía a dejar de ser brutalmente feudal. El espacio en el que vivía la mayor parte de los judíos ashkenasim, y en la mayor miseria de toda la judeidad. (Adjunto un video que tal vez no conozcan).

Su época continuaba revuelta por la aventura de Shabtai Zvi, 1626-1676, un iluminado al que un hábil acólito había proclamado “meshiaj” y “fundador”, cómo no, de la secta shabateanista, que aparece, obvia e impunemente, después de su muerte, como la de Ieoshúa, como la del Baal Shem Tov.
Difundiendo su nombre se divulgó en todo el mundo de dominio cristiano y musulmán el llamamiento –que no sería el primero ni el último– de dejarlo todo y dirigirse a la Tierra de Israel, reconstruir el reino, vivir correctamente y esperar allí al designado del Señor, el meshiaj, para dirigir a los justos en la lucha final por la justicia universal.

Decenas de millares de -diríamos– “sionistas” se pusieron en marcha, desde el Reino Unido y el Báltico hasta el norte de África y Polonia, y Turquía… Enterado el sultán de la Sublime Puerta, el centro imperial turco otomano, de esa barahunda demográfica que llenaba los caminos de desvencijados carruajes con familias, de gentes a pie, a caballo que se dirigían a ese rincón de sus dominios, el Distrito palestino de la Provincia siria, mandó llamar al líder. El musulmán osmanlí creía en la Torá, y en las supersticiones de sus súbditos israelitas, como era natural –y casi general– entre sus correligionarios hasta la irrupción del islamismo judeófobo.

¿Y si en verdad el tal Zvi ha recibido una señal de Dios? Quiso saber. Hay quien dice que estuvo presente en la audiencia tras unas celosías, lo cierto es que escuchado por sus visires el califa, preocupado por el desorden público que esas multitudes podían generar en las aldeas califales, instó a Shabtai Zvi a convertirse al Islam, so pena de muerte. Zvi se convirtió, y algunos de los suyos. De esa estirpe provienen los donmë, los musulmanes de origen judío, que han sido élite intelectual de Turquía, maestros en Saloníca de Kemal, el que transformaría el catastrófico final del Imperio otomano (1918) en la moderna República de Turquía que ahora los “moderados” (¿?) están hundiendo en la barbarie islamista.

La aventura de Zvi había tenido el mérito de revolver a la judería, aplastada, resignada a la impotencia, el atraso, la miseria, con una propuesta de renovación de sus vidas. Cuando en unas pocas regiones (Inglaterra, Flandes) el comercio fundaba la industria, se salía de la oscuridad con las ciencias liberadas del yugo clerical, y aún ni había atisbos de movimiento alguno en pro de los derechos humanos, de las libertades, que sacaran a los siervos de la gleba de la omnipotencia feudal, ni a los nuevos siervos, los obreros, de la superexplotación industrial. Ni el gran Moses Mendelssohn, 1729-1786, el tercer gran Moisés, con su Haskalá, reclamando a los judíos que se autoemanciparan, ni Revolución Americana con sus Derechos del Hombre (1776), ni Francesa (1789), ni guerras liberales napoleónicas en Europa (1799-1815), ni Congreso de Tucumán (1816, la libertad sigue viva entre los Libres del Sur), eran aún imaginables cuando el Zvi mueve a la gente en dirección a una justicia posible en la Tierra.
Pero la apostasía, el abandono de Zvi, causaría una profunda depresión en la mayoría de los hebreos, mientras se multiplicaban los falsos mesias, como el polaco Frank, luego bautizado.

En Vilna, Lituania, ya entonces llamada la Jerusalem de Vilna, vivían hebreos con un grado de prosperidad mayor, y una corte sinagogal rica, solemne, ritualista. Que hoy llamaríamos “ortodoxa”, nombre que entonces no se aplicaba a nadie.
Con el propósito de impedir un nuevo desorden en la judería, los rabinos lituanos, guiados por el talmudista Elijah ben Shlomo Zalman, 1720-1796, multiplicaron los rigores de la liturgia. Conmemoraciones del ciclo anual se hicieron larguísimas y complicadas, como el Seder de Pesaj, como el Iom Kipur, como toda la práctica judía. Los manuales de halajá se alambicaron hasta el agobio ritual (El mantel, Mopat, para ashkenasim, y La mesa servida, Shuljan Aruj, para sfaradim, los más difundidos). Se trataba de mantener a los fieles muy ocupados, y bajo la palabra de los oficiantes oficiales, para que ningún loco subversivo se hiciera con las congregaciones. Las normas dietéticas del kasher, sus ayunos, el lugar de la mujer, ganaron en rigor.
Al sur de Lituania se extienden las tierras de Polonia, Galitzia, la Vukovina… donde vivía esa mayoría pobrísima, indefensa, cuya ritualidad era a su vez sencillo folclore, con muchos elementos tomados de los pueblos de su entorno, como el del kayin enhore, el mal de ojo, probablemente de raiz turca preislámica.

Aquí es donde aparece Israel Eliézer, digamos en esta somera reseña. Hondamente piadoso con el prójimo, el sabio rechazó el nuevo rigorismo, esa reforma religiosa que caía sobre los míseros aldeanos –que ya empezaban a ser maltratados por sus vecinos católicos a medida que los papas convencían a los obispos para que acabaran con la larguísima convivencia, nacida cuando los Jagelon (circa 1386-1572) establecieron la moderna Polonia e invitaron a los ashkenasim masacrados en Alemania, a radicarse en su nuevo país. Ashkenasim de habla ídica, claro, que están en los orígenes de la Polonia moderna, donde su mame loshn, su lengua materna, tuvo un segundo florecimiento (es base de la que hablan en Nueva York y en Mea Shearim los “ultraortodoxos”).

Sale el judehuelo de su choza con suelo de tierra (envío imágenes de ellos) a buscar algún sustento para su mishpoje (familia), donde seguro que hay enfermos y débiles, encuentra espinas de pescado que un restaurante de clientes cristianos y judíos ricos va a tirar, y las lleva a casa con mondas de papa, y algo más si tuvo suerte ¿y el gaón de Vilna le va a decir qué toca comer ese día, o si es día de ayuno, o que debe permanecer de pie dos días en el Iom Kipur…?

No, dice nuestro Baal Shem Tov, somos Hombres, hemos de tender al bien, no tender al Mal (iétzer ha Tov, lo iétzer haRa), los jukim (obligaciones incomprensibles) no nos sirven ni servimos con ellas a Dios. Vayamos a la Torá.

Eliézer no dejó nada escrito. A su muerte sus fieles eran mayoría en el centroeste de Europa, y habían desoido a los rabinos que los expulsaban de la judeidad. Entonces aparecen los santones. Rodeados de su Corte de hijos, nueras y yernos en general aprovechados, que cobraban a los que recorrían penosamente distancias para ir a ellos, a que les curen el mal de ojo, en busca de consejo (este es el talmudismo que llega hasta el Freud viejo, el de la Sociedad Psicoanalítica, con la idea de que si no puedes pagar al analista es que no te quieres curar). ¿Me caso con Rivke? ¿me mudo a otra aldea?

Ese es el jasidismo de los siglos posteriores, aniquilado en la Shoá. También bailan en la presunta tumba del segundo gran Moisés, Maimónides, 1138-1204, por cuyo racionalismo contra la reforma de Saadia Gaón, obediente al sultán de Bagdad, fue expulsado de Al Andalus, y viajó hasta encontrar la muerte nadie sabe dónde. Los seguidores de Saadia, verdadero fundador de la reforma religiosa del año mil, fundada en el talmudismo del segundo milenio… son los que hoy idolatran a Maimónides, bailando sobre esa tumba de Tiberíades.

Grandes aportes judaicos a la conciencia son la libertad intelectual para el ejercicio de la crítica profunda (Walter Benjamin), y la interpretación de todo discurso. Veamos Bereshit (Génesis) en sus primeros capítulos, donde se recogen dos tradiciones sobre la creación de los seres humanos. Ishá (mujer) creada desde ish (hombre), desde dentro suyo, para ser su compañera, sobre la que él se enseñorea; Ish e ishá, a ambos los creó, desde la tierra roja, “a ambos los bendijo”. Dos visiones del mundo, dos escalas de valores. Dos paradigmas. Dos weltanshauung. Lástima que la mala vulgarización eclesial haya hecho predominar una y ningunear la otra, que ahí está, indeleble.

Siempre ha sido así. La Torá no es dogma, seguimos escribiéndola –con lucidez y torpeza, como en el primer milenio, donde unos profetas describen a otros como falsos profetas. Como hace dos milenios, Hillel y Shamai. La Torá, Torat jaím, Torá para la vida, como la misma vida, es cambio: cada generación ha de afrontar sus propios desafíos, ha de debatir libremente, ha de dar golpes sobre la mesa si es preciso, ha de evitar a toda costa que la sangre llegue al río. Esa conducta correcta supera el valor eventual de las diferencias. El asesinato de Itzjak Rabin dista de ser norma entre israelitas en este mundo siempre ensangrentado.

Nunca hubo en un yishuv (judería de un lugar) una sola sinagoga para todos. No olvidemos a “Robinson Krusovich”, que en su isla de náufrago, construyó tres templos. Un Bet am (Casa del Pueblo) era la suya, otra la de esos amigos que te invitan a un brit milá, a un bar mitzvah y ¿cómo no ir? “¿Y la tercera?” preguntó entonces el marinero que fue a rescatarlo, ¿Esa? Vist mishuge? (¿estás loco?) ¡A esa no voy ni que me maten.
En mi propia familia, rabinos, comunistas, sionistas, reformistas, jaredim, asimilados… han llegado a no hablarse durante un tiempo, ni cuando coincidían en el cementerio y lloraban a su madre. La Guerra Fría fue uno de los períodos de prueba más feroces, casi todos caímos en él, y nos enfrentamos, o nos dimos la espalda. Pero sabiendo, todos, o acaso casi todos, que discrepancia no es deslealtad. Esa conducta correcta añade valor a todos los planteos, y morigera lo que hubiere de erróneo o de insuficiente en ellas.

Sfaradim, ashkenasim (¿por qué con zeta?) teimanim, falashim… iekes, lítvake, ruski, osmanlí… Todo cabe, todo puede caber en la Torá. Lo que consideramos correcto y lo que incorrecto. Ibn Ezra, Maimónides, Najmánides, el Rashi, Luria, Spìnoza, Shabtai Zvi, Salomón Zalman, Israel Eliezer, Mendelsohn, Holdheim, Moses Hess, Heschel, Luzatto, Pinsker, Arkadii, Medem, Hertzl, Mandelstam, Ajad Haam, Mijoels… el aluvión de 1880-1940…, si no los consideras tuyos, aun si a unos más que a otros, o si adoras a alguno, puede que no hayas entendido el judaísmo, ese que “es irreductible al análisis”, según Freud, ese enigma que no nos explicamos ni los judíos ni las gentes de otros pueblos.

Iom Kippur, para los que creen y no creen.

Por Mauricio Zieleniec Dir. Identidad

En Iom Kippur nuestro sentimiento judío nos invade con una fuerza especial.

En nuestro espacio interior religarnos a nuestros valores y orígenes, desde los pastoriles, agrícolas, históricos, de leyendas míticas y creencias; seamos creyentes o no, respiramos un sentir emotivo que nos convoca este día tan especial.

En ese silencio de nuestra intimidad interior, nos interrogamos sobre nuestras acciones cometidas, con nuestros semejantes, con relación a nuestros afectos y nuestros dolores. Lo material se empequeñece frente a nuestra espiritualidad interior y crece la interrogante de nuestra finitud.

En el inteligible universo que vivimos la incertidumbre sobrepasa a las verdades y las no verdades están siempre presentes; cuando Nietzsche dice que “Dios ha muerto”, las verdades que creíamos comenzaron a reflejar dudas.

En el correr de la historia el pensamiento humano pasó de tener una mirada hacia el infinito del cielo, con la aceptación literaria de la Torá, para ser modificada en milenios posteriores, con el pensamiento de Descartes; la dualidad de éste filósofo fijó una espiritualidad junto a lo material y diríase, que la mirada del hombre bajo del cielo, para ver un horizonte espiritual y material.

Posteriormente el pensamiento de Nietzsche, nos dice: “Dios ha muerto”, y ese pensamiento produjo que la mirada del hombre cambiara nuevamente, se modificó la visión del horizonte de Descartes y se enfocó en lo terrenal, terminando con la dualidad.

Pero el amor al saber (pensamiento filosófico) del hombre, sigue evolucionando pasando por Feuerbach y el filósofo Heidegger lo cual hizo que la mirada se trasladara de lo terrenal al hombre mismo y comenzó el hombre a ser lo trascendente (ser-ahí Dasein). El centro del pensamiento que había comenzado en lo celestial, pasó a centrarse en el hombre; diríase que ese hombre sin temor pero con angustia, comenzó a mirarse a sí mismo.

El concepto de Dios, influenciado por el “mundo de las ideas” de Platón y los filósofos griegos, quizás tengan poco que ver con el concepto de Dios de las propias Escrituras, este concepto dominante, se remonta a la influencia griega y es sólo perteneciente a Occidente ya que las civilizaciones orientales se carecieron en su mayoría, de no tener concepto de Dios o de ideas sobrenaturales (fundamentalmente en China y parte de India). Parecería que Dios no apareció en la mayoría de las culturas asiáticas.

Darío Sztajnszrajber comenta en relación a las Escrituras que las mismas son un relato escrito por hombres y no una creación hecha por Dios. Dios es un protagonista del mismo relato, pero no el creador del mismo y en consecuencia se pregunta ¿si es un protagonista del relato y no el creador, en alguna oportunidad cuando leemos un relato nos hemos preguntado si los protagonistas del mismo existen o no existen? Advertimos la vanidad de la pregunta.

Si sustituyéramos el concepto de Dios por el hombre, ¿cambia Dios o acaso cambia el Hombre? ¿Qué cambia? O como dice Feuerbach, el hombre puso en la creación de Dios sus propias finitudes.

Freud comenta que la religión existe como una necesidad real de la imaginación del hombre y Stefan Hopkins en sus descubrimientos científicos, que parten desde las leyes de lo micro a lo macro, no encuentra nada sobrenatural que rodean la propia leyes científicas, sin embargo siendo no creyente termina preguntándose ¿de dónde salieron todas las leyes y la energía en un universo en expansión?….

No rodea la vigencia de milenarias Escrituras (como fe o como mito) que conformaron una ética y una moral y nos constituye y nos forman como pueblo y cultura, en esta situación, la interrogante entre los que creen y los que no creen, el poeta la responde con su versión:

Vos preguntás ¿qué es el pueblo judío?

El poeta responde:

un poquito de socialismo

un poquito de religión

un poquito de tradición

El resto arena

Y tú vuelves a preguntar ¿qué más?

El poeta responde:

un poquito de fe y religión

un poquito de secularismo y ateísmo

un poquito de alegría

un poquito de dolor.

Entonces el poeta continúa y dice:

Hay de nosotros sí fuera sólo fe y religión

hay de nosotros sí fuera sólo socialismo

hay de nosotros sí fuera sólo dolor.

Entonces tenemos un poquito de Sionismo, hebreo y de Israel

y un poquito de diáspora y de idish

Y concluye el poeta: mezclemos todos los colores

mezclemos todas las creencias

y eso es el pueblo judío.

El resto es arena….

-Adaptación de un poema tradicional

Un Rabino Habla Con Jesús

Autor: Jacob Neusner

Imagínese transportado dos mil años atrás, a Galilea, justo en el momento en que Jesús pronuncia su Sermón de la Montaña. Después de escucharle, ¿abandonaría sus convicciones religiosas y su ideología para seguirle, o se aferraría a sus propias convicciones y se marcharía? En Un rabino habla con Jesús Jacob Neusner se plantea este viaje espiritual. « Neusner, judío observante y rabino, creció siendo amigo de cristianos católicos y evangélicos, enseña junto a teólogos cristianos en la universidad y siente un profundo respeto por la fe de sus colegas cristianos, aunque por supuesto está totalmente convencido de la validez de la interpretación judía de las Sagradas Escrituras. Su profundo respeto hacia la fe cristiana y su fidelidad al judaísmo le han llevado a buscar el diálogo con Jesús. En este libro, el autor se mezcla con el grupo de los discípulos en el “monte” de Galilea. Escucha a Jesús, compara sus palabras con las del Antiguo Testamento y con las tradiciones rabínicas fijadas en la Misná y el Talmud. Ve en estas obras la presencia de tradiciones orales que se remontan a los comienzos y que le dan la clave para interpretar la Torá. Escucha, compara y habla con el mismo Jesús. Está emocionado por la grandeza y la pureza de sus palabras pero, al mismo tiempo, inquieto ante esa incompatibilidad que en definitiva se encuentra en el núcleo del Sermón de la Montaña. Luego acompaña a Jesús en su camino hacia Jerusalén, se percata de que en sus palabras vuelve a aparecer el mismo tema y que va poco a poco desarrollándolo. Intenta continuamente comprender, continuamente le conmueve la grandeza de Jesús, y vuelve siempre a hablar de Él. Pero al final decide no seguirle. Permanece fiel a lo que él llama el “Israel eterno”. El diálogo del rabino con Jesús muestra cómo la fe en la palabra de Dios que se encuentra en las Sagradas Escrituras resulta acutal en todos los tiempos.

Fuente: http://www.priceminister.es/offer/buy/30113133/Un-Rabino-Habla-Con-Jesus-El-Libro-Con-El-Que-Benedicto-Xvi-Dial-Oga-En-Jesus-De-Nazaret-Libro.html

La milagrosa historia de los judíos de Zakynthos

(Grecia) Leora Goldberg – 13 de diciembre de 2009

ZAKYNTHOS, Grecia – Necesitaba un descanso al finalizar un largo y agotador semestre. Mi familia se había ido a la punta sur de la península balcánica, a una desconocida isla de Grecia. Decidí reunirme con ellos.

Volamos de Tel Aviv a Atenas. De Atenas hacia el famoso levante de las islas orientales, aterrizamos en la isla de Zakynthos – “Fiore di Levante” (Flor del Este) – que es también conocida por su nombre italiano – Zante.

Durante el viaje, leí la guía turística y aprendí un poco acerca de su historia, la agricultura, el clima y, finalmente, acerca de los poéticos orígenes del himno nacional. No leí ni una palabra acerca de lo que estaba por descubrir, realmente, en la isla.

El viaje desde el aeropuerto hasta nuestra villa duró unos pocos minutos. Desde la planicie costera, condujimos hacia arriba por retorcidas curvas hasta nuestro destino.

Una anciana dama, una típica vecina vestida toda de negro, nos dio la bienvenida a su casa con una cálida sonrisa. Era obvio que ese lugar era la fuente de su orgullo.

La dueña de casa nos dio un corto tour de sus dormitorios de viejo estilo, de los baños y del salón. En la cocina, notamos los hermosos platos griegos auténticos que colgaban sobre su cocina con aspecto de antigüedad. Todo esto era para nuestro uso.

Le explicamos que, por razones religiosas, desafortunadamente, no podríamos disfrutar usando su vajilla y que habíamos traído la nuestra.

Así es como todo comenzó.

Parecía confundida. Miró a mi padre y, de pronto, sus ojos se iluminaron. Notó su kippa (yarmulke). Nos pidió que la siguiéramos al jardín.

Desde el punto alto donde estábamos parados, vimos un fantástico panorama del océano y los barcos. Pero ella señaló completamente hacia otro lado.

“¡Miren hacia allá!” dijo.

Quiso saber qué es lo que veíamos.

“Árboles, vegetación”, dijimos.

“¡Miren nuevamente y concéntrense!” exigió.

“Algo identificado que parecen dientes, puntos blancos” dijo mi padre.

Nos miró fijamente por un largo momento y dijo: “Ese es el cementerio judío”.

Yo estaba sacudida. Todos estábamos estupefactos. Aquí estábamos en una aislada isla de Grecia. ¿Quién oyó jamás de judíos aquí?

Traté de rememorar historias y experiencias que había oído de amigos que habían visitado este lugar. Nada vino a mi mente.

Desde ese momento y hasta que dejé Grecia, las relajantes vacaciones bebiendo ouzo en la playa se convirtieron en un fascinante viaje. Para el final de él, yo había descubierto una inolvidable historia.

A la mañana siguiente, monté sobre mi ciclomotor alquilado y conduje hasta el cementerio. El estremecimiento que me atravesó comenzó cuando vi la Estrella de David en la pequeña entrada negra. El temblor creció cuando entré. Era un enorme cementerio que contenía cientos de tumbas desde el siglo 16 hasta 1955. Los jardines estaban bien mantenidos y había pequeñas piedras sobre muchas tumbas, como si hubiera habido visitantes recientemente.

1955. Pensé por un momento. Cualquiera que conozca la historia de Grecia y sus islas, aún ligeramente, sabe que no hubo lugar peor golpeado por los nazis.

Rodas, Corfu, Salónica, Atenas. La pérdida de vidas judías en Grecia fue devastadora.

Desde 1944, casi no quedaron judíos, aún en las comunidades más grandes.

No obstante, no entendía el significado de la tumba “1955” y decidí investigar.

En una pequeña casa que se encontraba en el corazón de la propiedad, encontré al cuidador del cementerio, tercera generación de cuidadores del cementerio judío de Zakynthos. Mi incapacidad de hablar la lengua me impidió tener una profunda conversación con él.

Traté de encontrar la forma de continuar mi búsqueda de la historia judía de esta ciudad, y en cinco minutos estaba en la municipalidad.

Cuando le conté al empleado en la mesa de entrada lo que buscaba, me preguntó si ya había estado en la sinagoga. La pregunta fue hecha de forma casual, como si fuera formulada diariamente.

“Discúlpeme”. Pensé que no había oído bien. “¿Una sinagoga en esta isla”?

Me dio las indicaciones.

La sinagoga estaba ubicada en una concurrida calle de la isla. Cerca de la calle principal, en un espacio entre dos edificios, había una puerta negra de hierro, como la que había visto no hacía mucho en el cementerio. Sobre ella había un arco de piedra con un libro abierto.

Se leía, en una libre traducción del original hebreo, “En este sagrado lugar estaba la Sinagoga Shalom. Aquí, en el momento del terremoto de 1953, los viejos rollos de la Torah, comprados antes se estableciera la comunidad, se quemaron”.

A través de la puerta cerrada vi dos estatuas. A juzgar por sus largas barbas, me parecieron rabinos. Lo escrito en la pared me demostró que estaba equivocada: Esta placa conmemora la gratitud de los judíos de Zakynthos al Alcalde Barrer y al Obispo Chrysostomos”.

¿Por qué era el reconocimiento? ¿Quiénes eran esas personas? ¿Por qué las estatuas? ¿Qué ocurrió aquí? Tenía un montón de preguntas. Tenía que encontrar una pista, si no una respuesta. Volví a la municipalidad, excitada y temblando.

Me acerqué al empleado, que ya me conocía, y comencé a preguntarle acerca de lo que había ocurrido ahí. Él me derivó al vice alcalde en el tercer piso. Encontré su oficina, golpeé a su puerta y le pedí si podía dedicarme algunos minutos. Aceptó de buena gana.

Media hora después salí con lo siguiente: El 9 de setiembre de 1943, el gobernador de la ocupación alemana, llamado Berenz, le había pedido al alcalde, Loukas Barrer, la lista de todos los judíos de la isla.

Después de consultar con el Obispo Chrysostomos y rechazando la demanda, decidieron ir juntos al día siguiente a la oficina del gobernador. Cuando Berenz insistió otra vez con la lista, el obispo explicó que esos judíos no eran cristianos, pero habían vivido ahí en paz y tranquilamente durante cientos de años.

Nunca habían molestado a nadie, dijo. Eran griegos como todos los demás griegos y ofendería a todos los residentes de Zakynthos el que tuvieran que marcharse.

Pero el gobernador persistió en que le dieran los nombres.

Entonces, el obispo le entregó una hoja de papel conteniendo sólo dos nombres: Obispo Chrysostomos y Alcalde Barrer.

Adicionalmente, el obispo escribió una carta para el mismo Hitler, declarando que los judíos en Zakynthos estaban bajo su autoridad.

El gobernador se quedó sin habla, tomo ambos documentos y los envió al comandante militar nazi en Berlín. Mientras tanto, sin saber lo que habría de ocurrir, los judíos locales fueron enviados por los líderes de la isla a esconderse dentro de las casas cristianas en las montañas. De cualquier modo, una orden nazi de reunir a los judíos fue rápidamente revocada – gracias a los leales líderes que arriesgaron sus vidas para salvarlos.

En octubre de 1944, los alemanes se retiraron de la isla, dejando tras ellos a 275 judíos. La completa población judía había sobrevivido, cuando en muchas otras regiones, las comunidades judías fueron eliminadas.

ESTA historia única esta descripta en el libro de Dionyssios Stravolemos, Un Acto de Heroísmo – Una Justificación, y también en el corto de Tony Lykouressis, El Canto de Vida.

De acuerdo al guía turístico Haim Ischakis, en 1947, un gran número de judíos de Zakynthos hicieron alia mientras otros se mudaron a Atenas.

En 1948, en reconocimiento del heroísmo de Zakynthos durante el Holocausto, la comunidad judía donó vitrales para las ventanas de la Iglesia de San Dionyssios.

En agosto de 1953, la isla fue golpeada por un fuerte terremoto y el barrio judío entero, incluyendo sus dos sinagogas, fue destruido. No mucho después, los restantes 38 judíos se mudaron a Atenas.

En 1978, Yad Vashem honró al Obispo Chrysostomos y al Alcalde Loukas Karrer con el título de “Justos entre las Naciones”.

En marzo de 1982, el restante último judío de Zakynthos, Ermandos Mordos, murió en la isla y fue sepultado en Atenas. De este modo, el círculo de la presencia judía se cerró después de cinco siglos.

En 1992, en el lugar donde estaba la sinagoga sefaradí antes del terremoto, la Junta de Comunidades Judías de Grecia erigió dos monumentos de mármol recordatorios como un tributo al obispo y al alcalde.

UNOS POCOS días antes de que hubiera planeado dejar la isla y volver a casa, fui a un banco para convertir algunos dólares en euros. Pero aún en un simple lugar como un banco, me arreglé para agregar otra pieza a este rompecabezas judío-

Una empleada que había estado en el teléfono y comiendo un sándwich, me llamó cuando llegó mi turno. Cuando le di mis dólares para cambiarlos, ella me entregó la moneda convertida en un sobre sin pedirme ninguna identificació n.

Más tarde, cuando lo abrí, me sorprendió ver tanto dinero.

El dinero que había sido puesto en el sobre no había sido contado correctamente y, en lugar de cambiar $1.000, ¡ella me había dado el equivalente de $10.000!

Realmente, esto no me sorprendió, porque la empleada no me había prestado atención. En última instancia, sin embargo, una vez que el banco se diera cuenta del dinero faltante, no habría habido manera de llegar a mí, dado que no se pidió información de contacto.

A la mañana siguiente, llamé al banco y pedí hablar con el gerente. Quería saber si había algún problema con las cuentas de la noche precedente.

“Usted debe ser la señora con los dólares”, dijo, invitándome inmediatamente a su oficina.

Una hora después, yo estaba en el banco. Cuando entré a la oficina, el hombre sentado frente al gerente se cambió a otra silla y me cedió su asiento.

Compartí mi experiencia bancaria con él, me dijo cuán fácil habría sido para mí desaparecer con el dinero.

El mismo gerente fue profusamente apologético acerca del modo poco profesional en que fui tratada y me agradeció repetidamente por devolver el dinero.

Para expresar su gratitud, me invitó a mí y a mi familia a cenar en un restaurante exclusivo. Le expliqué que comer afuera era muy complicado para nosotros debido al hecho de que éramos judíos observantes.

Me pidió mi dirección para podernos enviar un cajón de vino.

“Eso también es un problema”, le dije.

Le conté que había venido de Israel hacía una semana para vacaciones, pero que había resultado diferente.

“Unos días después que aterricé, me sorprendí al descubrir a la comunidad judía que había aquí hace más de 25 años, dije. “Ustedes no me deben nada. En realidad, ustedes me dieron a mí y a mi pueblo un montón. Lo menos que puedo hacer como judía para demostrar mi aprecio por lo que ustedes han hecho por los judíos de Zakynthos es devolver este dinero que no me pertenece y decir, ¡Gracias!”

Hubo un silencio por lo que pareció ser un largo minuto.

El hombre que me había cedido su asiento cuando entré y no había dicho una palabra durante la conversación, se levantó con lágrimas en sus ojos, se volvió hacia mí y me dijo:

“¡Como el nieto del Alcalde Karrer, estoy extremadamente abrumado y quiero agradecerle!

Traducción del hebreo: José Blumenfeld

Fuente: http://meditacionesenelmarrojo.blogspot.com/2010/02/la-milagrosa-historia-de-los-judios-de.html

A %d blogueros les gusta esto: