Cómo las enseñanzas cristianas sobre los judíos allanaron el camino para el Holocausto.

por Gabriel Wilensky

 

Después de celebrar la liberación del yugo del antiguo Egipto, los judíos marcan en el calendario Iom HaShoá, el Día del Holocausto. La fecha fue elegida para conmemorar la revuelta en el Gueto de Varsovia, un evento en el que un puñado de judíos se atrevió a confrontar al “faraón todopoderoso”. Pero la historia de nuestros hermanos en el gueto no tuvo un final feliz: el Mar Rojo no se abrió para que los perseguidos pudieran escapar, y tampoco fueron sus enemigos atacados duramente por la mano divina. En cambio, los pocos sobrevivientes del infierno del gueto terminaron sus vidas en el torbellino de la muerte de Treblinka.

El Gueto de Varsovia fue uno de los muchos guetos que los alemanes establecieron en muchas ciudades europeas. Los guetos fueron creados con el único objetivo de mantener a la población judía encerrada para evitar que tuvieran contacto con sus vecinos cristianos. Los alemanes forzaron a cientos de miles de judíos a vivir abarrotados en esos lugares que normalmente hubieran contenido a un décimo de la población.

Los judíos del gueto, al igual que los que todavía vivían “libres” en otras ciudades, fueron obligados a coser una Estrella de David amarilla en sus ropas para que los cristianos pudieran identificarlos con facilidad. Las rigurosas leyes antijudías que los alemanes promulgaron en 1935, seguidas de leyes similares en Italia en 1938 y luego en Francia, Eslovaquia, Hungría y otros países, evitaban que los judíos socializaran con los cristianos, prohibiéndoles trabajar en puestos estatales y en posiciones académicas, o desempeñarse en profesiones como leyes o medicina, al igual que muchas otras restricciones, incluyendo la pérdida de la ciudadanía. Estas leyes constituían serias violaciones a los derechos humanos y fueron los primeros pasos en un proceso gradual de deshumanización de los judíos que posteriormente dio paso al genocidio.

¿De dónde sacaron los alemanes todas estas ideas? ¿Qué funcionario maquiavélico pensó todo esto? Cuando los nazis asumieron el poder en 1933 descubrieron que no necesitaban inventar casi nada para su persecución de los judíos, porque la Iglesia Católica había inventado prácticamente todo, cientos de años antes.

Cuando Hitler llegó al poder, encontró que la población ya odiaba profundamente a los judíos.

La insignia amarilla en sus prendas, la prohibición de ocupar cargos públicos, la prohibición de tener empleados cristianos, la quema del Talmud, la prohibición de vivir junto a los cristianos, la prohibición de pertenecer a gremios o de trabajar en la industria, los guetos, todas esas violaciones de derechos humanos básicos que asociamos con la tiranía nazi fueron promulgadas entre 400 y 700 años antes de los nazis por la Iglesia Católica. Durante casi dos milenios, a los cristianos se les enseñó que el cristianismo reemplazó al judaísmo, y que los judíos eran malvados, que estaban determinados a destruir el cristianismo y que eran los asesinos de Jesús.

Por lo que no debería sorprendernos mucho que cuando Hitler llegó al poder encontró que la población ya odiaba profundamente a los judíos. Ese odio había sido implantado y cultivado por el cristianismo prácticamente desde el comienzo del movimiento cristiano en el primer siglo de la era común. Un odio verbal que comenzó como una lucha fraternal dentro del judaísmo, y que con el tiempo y el distanciamiento de los primeros cristianos de la corriente principal del judaísmo (a medida que el cristianismo ganó fuerza entre los pueblos paganos del Imperio Romano) se transformó en un odio violento, visceral e irracional.

El movimiento cristiano acusó a los judíos de matar a Jesús y de rechazar su misión mesiánica. Como consecuencia, los primeros cristianos desarrollaron la idea de que el judaísmo quedaba relegado al segundo plano mientras que el cristianismo lo reemplazaba. En ese tiempo, los cristianos creían que Dios consideraba a los cristianos el “Nuevo Israel” y el nuevo “Pueblo Elegido”. Comenzaron a llamarle a la biblia cristiana el “Nuevo” Testamento y a la hebrea el “Viejo” Testamento, sugiriendo nuevamente que la religión judía se había tornado superflua.

A pesar de la opresión y las dificultades, los judíos no desaparecieron. Esta tenacidad para sobrevivir y su continuo rechazo a la aceptación de Jesús como el Mesías, llevó a un aumento del odio cristiano hacia los judíos. Los Padres de la Iglesia, cuyos escritos formaron la base del cristianismo que conocemos hoy en día, escribieron sobre los judíos de manera comparable a los nazis. Como dijo San Ambrosio, conocido como el “obispo de la lengua de oro”, en 374 EC:

“Los judíos son los hombres menos valiosos de todos. Son lascivos, avaros, rapaces. Son los pérfidos asesinos de Cristo. Adoran al Demonio. Su religión es una enfermedad. Los judíos son los odiosos asesinos de Cristo y por matar a Dios no hay expiación posible, indulgencia ni perdón. Los cristianos nunca deben dejar de vengarse, los judíos deben vivir en esclavitud para siempre. Dios siempre odió a los judíos. Es esencial que todos los cristianos los odien también”.

Lo que dijo San Juan Crisóstomo, obispo de Antioquía, unos cuantos años después, no fue mucho mejor:

“En donde los asesinos de Cristo se reúnen, la cruz es ridiculizada, Dios es blasfemado, el padre no es reconocido, el hijo insultado y la gracia del Espíritu rechazada… Si los ritos judíos son santos y venerables, nuestro estilo de vida debe ser falso. Pero si nuestro estilo de vida es verdadero, ¡y verdaderamente lo es!, el de ellos es fraudulento. No estoy hablando de las Escrituras. ¡Nada de eso!… Estoy hablando de la falta de piedad y demencia que ellos muestran actualmente”.

Durante la Edad Media los cristianos comenzaron a asociar a los judíos con el Diablo. Era natural hacer esta asociación para una población que ya estaba acostumbrada a leer en los Evangelios oraciones como: “Le perteneces a tu padre, el diablo, y quieres llevar a cabo el deseo de tu padre”. Los pensadores cristianos se preguntaron qué tipo de criatura rechazaría la verdad y mataría a Dios, y concluyeron que sólo un agente inhumano de Satán podría actuar de esa manera. La espiral descendente llevó a muchos cristianos europeos, cuya mayoría nunca había visto a un judío, a crear una concepción fantástica de los judíos que no estaba basada en la realidad.

El Iluminismo transformó al anti-judaísmo del cristianismo teológico en algo moderno, secular y seudo-científico.

La Revolución Francesa causó la emancipación de los judíos, quienes dejaron rápidamente los guetos y en gran parte se asimilaron a la población cristiana de las ciudades a las que se mudaban. El Iluminismo transformó al anti-judaísmo del cristianismo teológico en algo moderno, secular y seudo-científico, prerrequisito sine qua non (absolutamente indispensable) para una población que estaba adoptando con rapidez una visión moderna del mundo, alejada del yugo de su religión. Fue en este entorno cultural que el antisemitismo se transformó en algo racial, y fue en los siglos 19 y 20 que las viejas acusaciones de deicidio (asesinato de dios), de envenenar pozos de agua, de traer la Peste Negra, de matar niños cristianos para extraer su sangre para hacer matzá, y de muchas otras acusaciones sin fundamentos que se transformaron en acusaciones modernas en las que los judíos eran culpados por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, por el desempleo, por la inflación, y acusados de crear y fomentar revoluciones, de modernismo, de capitalismo, de comunismo y de muchas cosas más.

Los nazis heredaron esta concepción del “judío”. Hitler fue educado como católico, él se impregnó de las enseñanzas anti-judías tradicionales del cristianismo, y se aprovechó al máximo de ellas para promover su plan. Como les dijo a dos obispos católicos alemanes en 1933:

“La Iglesia Católica consideró pestilentes a los judíos por 1,500 años, los puso en guetos, etc., porque reconoció a los judíos por lo que eran… yo sólo estoy volviendo atrás, a la época en que fue implementada esta tradición de 1,500 años… Reconozco que los representantes de esta raza son una pestilencia para el estado y para la iglesia, y quizás le estoy brindando al cristianismo un gran servicio al sacarlos de las escuelas y de los cargos públicos”.

* * *

Una Nota del Autor: El antisemitismo en el cristianismo y su rol en el Holocausto

Gracias a todos por sus comentarios. Un punto importante a mantener en mente es que este artículo no describe a los cristianos modernos o al cristianismo. El foco de este artículo (y del libro) está en cómo la historia del cristianismo llevó al Holocausto, particularmente como ocurrió en Europa. La Iglesia Católica se reunió en la década del 60 en el Segundo Concilio Vaticano y quitó la acusación de deicidio. Pero para los lectores cristianos que fueron criados después de 1965, deberían saber que antes de eso el cristianismo enseñaba que los judíos eran los asesinos de Cristo, y que todos los judíos del tiempo de Jesús, y para siempre, eran culpables de su muerte: ‘¡Deja que su sangre esté sobre nosotros y sobre nuestros hijos!’ (Mateo 27:24-25). Esto les ocasionó indescriptibles miserias a los judíos durante siglos de persecución. Los cristianos eran encolerizados por obras dramáticas representando la pasión de Cristo y por la liturgia del Viernes Santo y salían a matar a los judíos indiscriminadamente. Las enseñanzas negativas sobre los judíos eran penetrantes, comenzando con el Nuevo Testamento (sólo los cuatro Evangelios y los Actos de los Apóstoles contienen 450 versículos antisemitas, ¡un promedio de dos por página!) y continuando con los escritos de los Padres de la Iglesia, Martín Lutero y otros pensadores y teólogos cristianos. Los sacerdotes de todos los lugares de Europa menospreciaron constantemente a los judíos en sus sermones durante siglos, inclusive durante la era nazi.

En otras palabras, hay una triste historia que se ha repetido mucho y durante mucho tiempo. Muchos de los perpetradores del Holocausto vieron o escucharon de sus padres y abuelos sobre los guetos que la Iglesia había instituido no en el nombre de Hitler sino en el de Jesús. Piensa en esto: ¡las paredes del gueto romano, literalmente de un lado al otro del Tíber desde el Vaticano, fueron destruidas por última vez en 1870!

La mayoría de los cristianos de hoy en día no albergan este odio hacia los judíos. Muchos cristianos ayudaron a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, pero más allá de lo bueno que sea eso, desafortunadamente fue una pequeña gota en un océano gigante de violencia hacia los judíos que provenía de otros cristianos. Hoy en día, particularmente en los Estados Unidos, muchos cristianos son amigos de los judíos y de Israel. Esto es algo bueno. Es mi esperanza que por medio de discusiones sanas como esta, y de educación sobre historia como en mi libro Seis Millones de Crucifixiones, se forjen nuevos lazos, y que los lazos preexistentes se fortalezcan. Incluso con el gran progreso del Segundo Concilio Vaticano y sus enseñanzas subsecuentes, todavía hay mucho trabajo que hacer para eliminar completamente el antisemitismo del cristianismo.

Basado en el libro del autor: “Six Million Crucifixions: How Cristian Teachings About Jews Paved the Road to the Holocaust”.

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Revelan el primer borrador de la carta de Hitler sobre el Holocausto

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíos

Jueves 09 de junio de 2011 | 10:07  (actualizado a las 10:05)

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíosFoto: AP

 

 

NUEVA YORK.- La firma al final de una carta escrita a máquina en páginas que se tornaron amarillentas después de un siglo es inconfundible: Adolfo Hitler, con las últimas letras arrastradas hacia abajo.

La carta está fechada en 1919, décadas antes de la Shoá (el Holocausto). En ella, el entonces soldado alemán de 30 años nacido en Austria plasmó lo que parecen ser sus primeros comentarios sobre la aniquilación de los judíos.

Fue escrita con una máquina de escribir del ejército alemán y ha sido conocida desde hace mucho por especialistas. Es considerada relevante porque demuestra desde cuándo estaba creando sus ideas antisemitas.

El documento fue presentado anteayer por el fundador de una organización judía de derechos humanos que compró el documento original el mes pasado.

Hitler “estableció el estándar de oro para la inhumanidad del hombre hacia el hombre”, dijo el rabino Marvin Hier del Centro Simon Wiesenthal, nombrado en honor a un cazador de nazis.

Hace tres semanas la organización con sede en Los Angeles compró el original por 150.000 dólares de un corredor de antigüedades en California. Antes, la carta había pertenecido a un corredor en Kansas que la adquirió del soldado estadounidense William F. Ziegler.

Al parecer, Ziegler encontró las cuatro páginas escritas a máquina en un archivo nazi cerca de Nüremberg, en Alemania, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

“El peligro que representa el judaísmo para nuestro pueblo se expresa en la innegable aversión de grandes secciones de nuestro pueblo”, escribió Hitler en alemán. “La causa de esta aversión surge principalmente del contacto personal y de la impresión personal que dejan los judíos como individuos, que casi siempre es desfavorable”, asegura el genocida en el escrito.

En otro pasaje de la misiva, Hitler dice que un gobierno poderoso podría manejar la “amenaza judía” al negar sus derechos, pero que “su meta final debe ser la remoción inquebrantable de todos los judíos”.

 

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíosFoto: AP
 

 

Al momento de escribir la carta, Hitler rendía servicio en el ejército alemán y había agitado a las tropas con sus discursos antisemitas. Un superior le pidió que escribiera sus ideas.

El documento, conocido como la carta Gemlich, fue certificado como auténtico en 1988 por el experto en caligrafía Charles Hamilton, que reveló que los “Diarios de Hitler” eran falsos.

Adolf Gemlich creaba propaganda para el ejército alemán y Hitler le escribió la carta tras una sugerencia del capitán Ulrich Mayr, para ayudar a popularizar la idea de que había responsables por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

Hitler se despide “con la más profunda estima”.

El centro planea exhibir la carta en su Museo de la Tolerancia en Los Angeles. “Es un documento fundamental que le pertenece a las generaciones futuras”, advirtió Hier.

Agencias AP y EFE

 

http://www.lanacion.com.ar/1380150-revelan-el-primer-borrador-de-la-carta-de-hitler-sobre-el-holocausto

Los niños judíos

Los niños judíos

SEMPRÚN, Jorge. El largo viaje. Planeta. Barcelona. 1998. p. 168-172

“Debo hablar en nombre de lo que sucedió, no en mi nombre personal. La historia de los niños judíos en nombre de los niños judíos. La historia de su muerte, en la amplia avenida que conducía a la entrada del campo, bajo la mirada de piedra de las águilas nazis y entre las risas de los S.S., en nombre de esta misma muerte.
Los niños judíos no llegaron a media noche, como nosotros, llegaron bajo la luz gris de la tarde.
Era el último invierno de aquella guerra, el invierno más frío de esta guerra cuya suerte se decidió en medio del frío y de la nieve. Los alemanes habían sido expulsados de sus posiciones por una gran ofensiva soviética que se desplegaba a través de Polonia, y evacuaban, cuando tenían tiempo, a los deportados que habían reunido en los campos de Polonia. Nosotros, cerca de Weimar, en el bosque de hayas por encima de Weimar, veíamos llegar, durante días y semanas, aquellos convoyes de evacuados. Los árboles estaban cubiertos de nieve, cubiertas de nieve las carreteras, y en el campo de cuarentena nos hundíamos en la nieve hasta la rodilla. Los judios de Polonia llegaban apiñados en vagones de mercancías, cerca de doscientos por vagón, y habían viajado durante días y días sin comer ni beber, en el frío de este invierno que fue el más frío de toda la guerra. En la estación del campo, cuando se abrían las puertas corredizas, nada se movía, la mayoría de los judíos habían muerto de pie, muertos de frío, muertos de hambre, y era preciso descargar los vagones como si hubiesen transportado leña, por ejemplo, y los cadáveres caían, rígidos, en el andén de la estación, donde los apilaban para llevarlos despúés, por camiones enteros, directamente al crematorio. Pese a todo, había supervivientes, había judíos vivos todavía, moribundos en medio de aquel amontonamiento de cadáveres helados en los vagones. Un día, en uno de aquellos vagones en que había supervivientes, al apartar el montón de cadáveres congelados, pegados a menudo unos a otros por sus ropas rígidas, se descubrió un grupo de niños judíos. De repente, en el andén de la estación, sobre la nieve y entre los árboles cubiertos de nieve, apareció un grupo de niños judíos, unos quince más o menos, mirando a su alrededor, con cara asombrada, mirando los cadáveres apilados como troncos de árboles ya podados y apilados al borde de las carreteras, esperando ser transportados a otro lugar, miranod los árboles y la nieve sobre los árboles, mirando como solo miran los niños. Y los S.S. al principio parecían molestos, como si no supieran qué hacer con aquellos niños de ocho a doce años, poco más o menos, aunque algunos, por su extrema delgadez y la expresión de sus rostros parecieran ancianos. Se hubiera dicho que, en primer lugar, lo S.S. No supieron qué hacer con estos niños y los reunieron en un rincón, tal vez para tener tiempo de pedir instrucciones, mientras escoltaban por la gran avenida las escasas decenas de adultos supervivientes de aquel convoy.. Y una parte de aquellos supervivientes tadavía tendrá tiempo para morir, antes de llegar a la puerta de entrada del campo, pues recuerdo que se veía a algunos de estos supervivientes derrumbarse en el camino, como si su vida latente en medio del amontonamiento de los cadáveres helados de los vagones se apagara de repente, algunos caían de repente, derechos, como árboles fulminados, de bruces sobre la nieve sucia y en ocasiones fangosa de la avenida, en medio de la nieve inmaculada sobre las altas hayas estremnecidas, otros cayendo de rodillas primero, haciendo esfuerzos para levantarse, para arrastrarse todavía unos metros más, quedando finalmente tendidos, con los brazos estirados hacia adelante, con las manos descarnadas arañando la nieve, se hubiera dicho como en una última tentativa de arrastrarse unos centímetros más hacia aquella puerta de allá abajo, como si aquella puerta estuviera al final de la nieve y del invierno y de la muerte. Pero al final, sólo quedó en el andén de la estación esa quincena de niños judíos. Los S.S. Regresaron en tromba, entonces, como s hubieran tecibido instrucciones precisas, o tal vez les hubieran dado carta blanca, quizá ya les habían permitido improvisar la manera como iban a matar a aquellos niños. De todas formas volvieron en tromba, con perros, se reían estrepitosamente, se gritaban bromas que les hacían estallar en carcajadas. Se desplegaron en arc de círculo y empujaron ante ellos, por la gran avenida, a aquellos qince niños judíos. Lo recuerdo, los chavales miraban a su alrededor, miraban a los S.S., debían creer al principio que les escoltaban sencillamente hacia el campo, como habían visto hacer con los mayores unos momentos antes. Pero los S.S. soltaron a los perros y empezaron a golpear con las porras a los niños, para obligarles a correr, para hacer arrancar esa montería por la gran avenida, esta caza que habían inventado, o que les habían ordenado organizar, y los niños judíos, bajo los porrazos, maltratados por los perros que saltaban a su alrededor, mordiéndoles en las piernas, sin ladrar ni gruñir, pues eran perros amaestrados, los niños judíos echaron a correr por la gran avenida hacia la puerta del campo Quizás en aquel momento, no comprendieron todavía lo que les esperaba, quizá pensaron que se trataba solamente de una última vejación, antes de dejarles entrar en el campo. Y los niños corrían, con sus enormes gorras de larga visera hundidas hasta las orejas, y sus piernas se movían de manera de manera torpe, a la vez lenta y sincopada, como cuando en el cine se proyectan viejas películas mudas, o como en las pesadillas en las que se corre con todas las fuerzas sin llegar a avanzar un solo paso[, y lo que nos persigue está a punto de alcanzarnos, nos alcanza ya, y nos despertamos en medio de sudores fríos, y aquello, aquella jauría de perrros y de S.S. que corría detrás de los niños judíos bien pronto devoró a los más débiles de entre ellos, a los que solo tenían ocho años quizás, a los que pronto perdieron las fuerzas para moverse, y que eran derribados, pisoteados, apaleados por el suelo, y que quedaban tendidos a lo largo de la avenida, jalonando cn sus cuerpos flacos, dislocados, la progresión de aquella montería, de esta jauría que se arrojaba sobre ellos. Pronto no quedaron más que dos, uno mayor y otro pequeño, que habían perdido sus gorras en l carrera desesperada, y cuyos ojos brillaban como reflejos de hielo en sus rostros grises, y el más pequeño comenzaba ya a perder terreno, los S.S aullaban detrás de ellos, y los perros también comenzaron a aullar, pues el olor a sangre los volvía locos, y entonces el mayor de los niños aminoró la marcha para coger de la mano al más pequeño, que ya iba tropezando, y recorrieron juntos unos cuantos metros más, la mano derecha del mayor apretando la mano izquierda el pequeño, rectos, hasta que los porrazos les derribaron juntos, con la cara sobre la tierra y las manos unidas ya para siempre. Los S.S. reunieron a los perros, que gruñían, y rehicieron el camino al revés, disparando a bocajarro una bala en la cabeza de cada uno de los niños, caídos en la gran avenida, bajo la mirada vacía de las águilas hitlerianas.”

 

Gentileza de Francisco Javier Bernad Morales

 

Foto: Una niña judía que estaba entre las 33.771 víctimas asesinadas durante las ejecuciones en masa por las SS.

¿Cómo defender a Israel?

28/3/2011
¿Cómo defender a Israel?
Israel es el país al que me siento orgulloso de defender. No, nunca diría que es perfecto. Tiene sus defectos y flaquezas. Ha incurrido en errores, varios de ellos muy grandes. Pero todos los países democráticos, liberales y amantes de la paz que conozco también los han cometido. Por David Harris
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Estaba sentado en el auditorio de una universidad británica. Aburrido por el orador, comencé a mirar a mi alrededor. Vi a alguien que me resultó familiar de una encarnación académica anterior. Cuando terminó la sesión me presenté, preguntándome si después de años que se podían contar en décadas, me recordaría.

Dijo que sí, momento en el cual comenté que los años no habían pasado para él. Su respuesta fue: “Pero usted cambió muchísimo”.

“¿Le parece?”, pregunté con un cierto grado de turbación, sabiendo que, más allá del autoengaño, no es lo mismo tener 60 que 30.

Mirándome a los ojos, proclamó, mientras otros asistentes que estaban cerca prestaban atención, “Leo lo que usted escribe sobre Israel, y me disgusta. ¿Cómo puede defender a ese país? ¿Qué le pasó al muchacho liberal que conocí hace 30 años?”

Respondí: “Ese muchacho liberal no ha cambiado su punto de vista. Israel es una causa liberal, y estoy orgulloso de hablar a su favor”.

Si, estoy orgulloso de hablar a favor de Israel. Un viaje reciente me recordó una vez más el por qué.

Algunas veces, son las cosas aparentemente pequeñas, aquellas que muchos ni siquiera notan, o dan por sentadas, o quizás deliberadamente ignoran por temor a que afecten su mentalidad hermética.

Es la lección de manejo en Jerusalén: la alumna es una mujer musulmana devota que está detrás del volante, y el profesor es un israelí que usa kipá. A juzgar por los informes de los medios sobre los interminables conflictos entre las comunidades, tal escena sería imposible. Sin embargo, era tan rutinaria que nadie excepto yo le echó una mirada al pasar. Es obvio que la misma mujer no se hubiera podido dar el lujo de tomar lecciones de manejo, mucho menos con un profesor judío ortodoxo, si viviera en Arabia Saudita.

Son los dos hombres homosexuales que caminan de la mano por la costanera de Tel Aviv. Nadie los miraba, ni cuestionaba su derecho a exhibir su afecto. Imaginen tratar de repetir la escena en alguno de los países vecinos.

Es la multitud de un viernes en la mezquita de Yaffo. Los musulmanes tienen la libertad de ingresar, según les plazca, a orar o reafirmar su fe. La escena se repite en todo Israel . Entretanto, los cristianos en Irak están expuestos a la muerte; los coptos en Egipto enfrentan a diario la marginación; Arabia Saudita prohíbe la exhibición pública del cristianismo; y en gran medida se ha echado a los judíos del Medio Oriente árabe.

Es la estación central de autobuses de Tel Aviv. Allí se encuentra una clínica gratuita para los miles de africanos que han ingresado a Israel, algunos legalmente y otros no. Provienen de Sudán, Eritrea y otros sitios. Son cristianos, musulmanes, y animistas. Claramente, saben algo que desconocen los detractores de Israel, que despotrican y vociferan sobre un supuesto “racismo”. Saben, que si tienen suerte, podrán empezar una nueva vida en Israel. Por eso eluden los países árabes, por temor a la cárcel o las persecuciones. Y mientras el diminuto Israel se pregunta cuántos más de esos refugiados podrá absorber, los profesionales médicos israelíes se ofrecen como voluntarios para esa clínica.

Es “Save a Child’s Heart”, otra institución israelí que mayormente no llega a los medios internacionales, si bien merece una nominación al Premio Nobel de la paz. Allí llegan, muchas veces clandestinamente, niños que necesitan tratamientos cardíacos avanzados. Llegan desde Irak, Cisjordania, Gaza y otros lugares árabes. Reciben tratamiento de primer nivel. Es gratis y lo brindan médicos y enfermeras que desean afirmar su compromiso con la convivencia. Sin embargo, estos mismos individuos saben que, en muchos casos, no se reconocerá su trabajo. Las familias temen admitir que buscaron ayuda en Israel, incluso cuando gracias a los israelíes a sus hijos la vida les ha hecho un nuevo contrato.

Es la vitalidad del debate israelí sobre casi todo, incluyendo, principalmente, el conflicto permanente con los palestinos. Se dice que el presidente de Estados Unidos Harry Truman se reunió con el presidente de Israel Haim Weizmann poco después de la creación de Israel en 1948. Comenzaron a analizar quién tenía la tarea más difícil. Truman dijo: “Con todo respeto, yo soy el presidente de 140 millones de personas”. Weizmann retrucó: “Es cierto, pero yo soy el presidente de un millón de presidentes”.

Ya sea en los partidos políticos, la Knéset , los medios, la sociedad civil o la gente de la calle, los israelíes son enérgicos, autocríticos y exhiben una extensa gama de opiniones.

Son los israelíes quienes están planeando la recuperación del Bosque de Carmel, después de que un voraz incendio mató 44 personas y destruyó 8.000 acres de naturaleza exquisita. Los israelíes recibieron un territorio árido y yermo y a pesar de condiciones inconcebiblemente duras, plantaron amorosamente un árbol tras otro para que Israel pueda actualmente aseverar que es uno de los pocos países con más tierras forestadas de las que tenía un siglo atrás.

Son los israelíes que, con silenciosa determinación y coraje, están decididos a defender su pequeña porción de tierra contra cualquier amenaza concebible – el creciente arsenal de Hamás en Gaza; la peligrosa acumulación de misiles por Hezbolá en Líbano; los llamamientos de Irán – con aspiraciones nucleares – a un mundo sin Israel; la hospitalidad de Siria a líderes de Hamás y al trasbordo de armas a Hezbolá; y enemigos que desvergonzadamente usan a civiles como escudos humanos. O la campaña global que cuestiona la legitimidad de Israel y su derecho a la autodefensa; la extraña coalición antisionista entre la izquierda radical y los extremistas islámicos; la mayoría numérica automática en la ONU dispuesta a avalar, sin mediar preaviso, incluso las acusaciones más rebuscadas contra Israel; y los miembros de la punditocracia que no pueden – o quieren – comprender los inmensos desafíos estratégicos que enfrenta Israel.

Sí, son los israelíes que, después de enterrar a 21 jóvenes asesinados por terroristas en una discoteca de Tel Aviv, visten el uniforme de las fuerzas armadas para defender a su país y proclamar que “Tampoco impedirán que bailemos”.

Ese es el país al que me siento orgulloso de defender. No, nunca diría que Israel es perfecto. Tiene sus defectos y flaquezas. Ha incurrido en errores, varios de ellos muy grandes. Pero todos los países democráticos, liberales y amantes de la paz que conozco también los han cometido, si bien son pocos los que han enfrentado a diario, desde su nacimiento, amenazas a su existencia.

Se dice que lo perfecto es el peor enemigo de lo bueno. Israel es un buen país. Y al mirarlo con detenimiento y desde cerca, y no a través del filtro de la BBC o de The Guardian, siempre recuerdo por qué. (Argentina.co.il/The Huffington Post)

Hotel Chelsea

Nos sedujo a todos la medida distancia que Leonard Cohen mantenía con todo. La que mantiene

GABRIEL ALBIAC
Día 06/06/2011
 

ELLA hizo una excepción con él. Eso dijo, o eso dice él que dijo. Era el final de los sesenta, y a la chica que llamó por error a la habitación de Cohen sólo le interesaban los tipos jóvenes y guapos. Él no estaba marcado por ninguno de esos dos estigmas. Pero hizo una excepción. Ella. Cerró la puerta. Abajo, la limusina hubo de aguardar, resignada, un par de horas: las cosas de la jefa, ya se sabe… Nada más común en aquel Nueva York de un tiempo demasiado dorado para ser de veras: rock and roll, dinero y sexo. Por igual fáciles. Lo demás no existía. O casi. Para aquel viejo de casi cuarenta y para la irreal criatura de veintipocos, en la habitación sombría del dicen que bohemio Hotel Chelsea.

Él contará —él cantará— más tarde cómo aquella pelirroja, arrogante y desgarbada, con algo muy tangible de ángel caído, repetía igual que un zombi su obsesiva cantilena: «… te necesito, no te necesito…» Y que todos, todos sin excepción, le bailaban el agua en torno. No era guapa. Y, quizá porque eso la torturó antes de que a los dieciocho se convirtiera en un efímera deidad camino del sacrificio, Janis coleccionaba guapos chicos efímeros, como otros de su generación coleccionaban Fenders Stratocaster: su «corazón era una leyenda», dirá él, el hombre vestido de negro cuya habitación había confundido ella con la de Kris Kristoferson en el Hotel Chelsea. No era de los del tipo que prefería aquella criatura cuya voz atronadora acababa de llevarse por delante a los bucólicos del Festival de Monterrey, exhibiendo, tras sus californianas flores, el abismo. Dicta un arreglo al hombre viejo —tener casi cuarenta era en aquellos años ya ser un anciano— que se ofrece para hacer de Kris Kristoferson: «Mira, ni tú ni yo somos guapos. Pero tenemos la música». Jodida música, que iba a matarlos a casi todos. No al hombre viejo. Tal vez él llevaba demasiado tiempo muerto: eso parecían decir todas sus canciones, eso iban a seguir diciendo luego.

Lo premiaron la semana pasada. Con un convencional «Premio Príncipe de Asturias». Bien está. Aunque, ¿puede premiarse a un hombre que siempre supimos tan lejano a este mundo, a cualquier mundo, siempre, desde el día mismo en el cual por primera vez nos estremecieron sus inaugurales Canciones desde una habitación? Todos fuimos, en algún momento, Janis Joplin. Lo mismo que a ella, nos sedujo a todos la medida distancia que Leonard Cohen mantenía con todo. La que mantiene. Ese, más que inhumano demasiado humano, estar ausente allá donde su voz deletrea emociones en el filo de lo insostenibles. Hotel Chelsea: «Te fuiste». Ni una sílaba sobre la tragedia que vendría: el último, majestuoso, disco de la extraviada muchacha de Texas, Pearl, que quedó inacabado; la muerte en el roce amigo de una aguja; también en eso la sombra de Billie Holiday pareció empecinada en perseguirla; pero Janis Joplin tenía sólo 27 años.

Y, decenios más tarde, el judío canadiense, igual de viejo y cansado que toda la vida, susurra, intemporal, su evocación de aquel cuarto bohemio en un Hotel que ya no existe. Con el grave, sucinto, recitado que se arrastra hacia el silencio en el cual debe extinguirse la tragedia: «Eso es todo: tampoco es que piense demasiado en ti.

http://www.abc.es/20110606/opinion-colaboraciones/abcp-hotel-chelsea-20110606.html

Recuerden Farhur. Una extensión de la guerra de exterminio nazi

05.06.2011 23:02  |  Aryeh Tepper  |   | Fuente: Jewish Ideas Daily/Cidipal

Al cabo de diez años, casi toda la comunidad judía de Irak huyó.
Dejando a un lado su nombre exótico, Farhud no fue una erupción aislada de violencia anti-judía en un rincón alejado del mundo. Según los historiadores Shmuel Moreh y Robert Wistrich fue, al menos en parte, una extensión de la guerra de exterminio nazi desencadenada contra los judíos.
El final de 2.500 años de vida judía en Irak comenzó durante dos días de junio de 1941. Durante 30 horas, turbas aterradoras de saqueadores árabes iraquíes, soldados y civiles, mataron a 137 judíos e hirieron a miles, dejando decenas de casas saqueadas y destruidas más de 600 empresas de propiedad judía. El caso llegó a ser conocido como el Farhud,  término kurdo que alude a una ruptura mortal de la ley y el orden.
Al cabo de diez años, casi toda la comunidad judía de Irak huyó.
Dejando a un lado su nombre exótico, Farhud no fue una erupción aislada de violencia anti-judía en un rincón alejado del mundo. Según los historiadores Shmuel Moreh y Robert Wistrich fue, al menos en parte, una extensión de la guerra de exterminio nazi desencadenada contra los judíos. Moreh fue el editor de una colección de ensayos sobre Farhud, publicado originalmente en 1992, y que, hace poco, fue revisada y actualizada para su traducción al inglés. Marcando el septuagésimo aniversario del ataque, Moreh y Wistrich (historiador del antisemitismo), presidieron  un coloquio titulado provocativamente “El nazismo en Irak”, con la esperanza de elevar la conciencia pública sobre ese  evento y la lucha contra la “negación del Farhud” entre los árabes- iraquíes actuales.
En el simposio, Wistrich señaló que, en 1941, los judíos iraquíes “se encontraron en el fuego cruzado de tres formas convergentes de antisemitismo”:
1- el antisemitismo de los nacionalistas iraquíes,
2- el antisemitismo de los exiliados palestinos en Iraq y
3-  el propio antisemitismo de los nazis alemanes.
Tanto los iraquíes como los diferentes grupos de palestinos estaban profundamente influenciados por el nazismo.
Consideremos el caso de Yunus al-Sabawi, periodista iraquí que se convirtió en ministro de Economía y gobernador de Bagdad. Al-Sabawi resultó ser el autor de una traducción, al árabe, del Mein Kampf de Hitler. En el prefacio,  celebraba al “gran aventurero, al gran líder alemán que pasó de ser un simple soldado al liderazgo de una de las naciones más avanzadas y desarrolladas cultural y científicamente del mundo”. Durante el mismo Farhud, los grupos paramilitares organizados por al-Sabawi, recibieron la orden de participar en los ataques. O consideren el papel desempeñado por los exiliados palestinos. Alrededor de unas 400 acomodadas familias palestinas se trasladaron  a Irak,  después de los disturbios anti-judíos promovidos en Palestina entre  1936-39. El exiliado palestino más destacado fue el mismo orquestador de los disturbios: Haj Amin al-Husseini, mufti de Jerusalén, cuyas conexiones con el nazismo en general, y con Hitler en particular, están bien documentadas. Sin embargo, el mufti no estaba solo en la canalización de los ideales nazis: en su propio relato de los acontecimientos, que condujeron al Farhud, los propios oficiales británicos – que gobernaron Irak  desde 1914 a 1955- observaron el efecto electrizante de los grupos de jóvenes iraquíes y sus profesores pro-nazis palestinos.
Luego está el papel desempeñado por los nazis alemanes por sí mismos en el Farhud. El Dr. Fritz Grobba fue el enviado alemán destinado en Bagdad, hablando con fluidez árabe, persa y turco, difundió, con éxito, el mensaje nazi adaptándolo a las sensibilidades locales. Ya en 1939, Grobba predecía, en un informe a Berlín, que “un día la ira de las masas entrará en erupción, y el resultado será una masacre de judíos”.
El nazismo ejerció una doble atracción para los árabes palestinos e iraquíes. Su antisemitismo contactó con ciertas poderosas corrientes de la tradición árabe e islámica y su animadversión contra los británicos resonó en el anti-imperialismo, promovido por los nacionalistas árabes, los cuales despreciaban a esos ocupantes británicos empeñados en frustrar sus aspiraciones. Irónicamente, muchos judíos en Palestina veían, a los británicos, en términos similares (lo cual no les impidió ponerse del lado de los británicos en la lucha contra Hitler). Sin embargo, los judíos de Irak fueron más favorables a Gran Bretaña, y considerados por los nacionalistas iraquíes como  quinta columna.
También existieron afinidades más profundas entre el nazismo y el nacionalismo árabe. Con respecto a los baasistas (el partido Baas), el grupo nacionalista que pasaría a dominar el país durante las últimas cuatro décadas del siglo XX, Wistrich afirmó en una entrevista: “El tipo de personas que fundaron el movimiento baasista… se inspiraron en la Alemania nazi. El renacimiento nacional alemán, incluyendo su ideología anti-judía,  les apelaba. El Tercer Reich representaba el militarismo, la gloria, la obediencia, la unidad nacional, una fe mesiánica-política… y la eliminación de los judíos”.
Todo esto arroja luz para la comprensión de la historia contemporánea de los conflictos palestino-israelíes. De acuerdo a la narrativa convencional, sus raíces  se encuentran en la ocupación de Israel de los “territorios palestinos” a partir de 1967. Sin embargo, una descripción más precisa y mejor pondría la cuestión en el contexto de los 100 años de continua guerra, librada por la parte dominante dentro del mundo árabe-musulmán (es decir, los árabes y musulmanes) para liberar al Oriente Medio de sus minorías: de los bereberes a los kurdos y los judíos, y en los últimos tiempos, los cristianos.
Situándonos en esa perspectiva, las consecutivas intifadas orquestadas contra Israel por la OLP de Arafat representan, según escribe Moreh, “la continuación de los apedreamientos de los judíos de Irak por parte de los palestinos del mufti Haj Amin al-Husseini y sus asociados, tras recalar en Bagdad”.
Tanto Moreh como Wistrich argumentan que Farhud debe ser contemplado como una parte de la Shoah. Esa es una propuesta discutible. En el simposio se expresaron las objeciones al considerar que, a diferencia de Europa, los judíos de Irak, a efectos prácticos, no fueron objeto de exterminio. Pero no hay duda  que, la propia matanza, y el papel del nazismo en su promoción y complicidad, merecen un lugar prominente en la conciencia colectiva judía.
Setenta años después, resulta sorprendente y aterrador considerar como los nacionalistas árabes, los nacionalistas pan-árabes y los islamistas (apoyados por sus partidarios europeos), siguen considerando a Israel como un puesto avanzado del “imperialismo occidental” en  Oriente Medio.

El idioma judeoespañol sobrivive en los Balcanes

El idioma judeoespañol sobrevive en los Balcanes Eli Tauber.

En el siglo XIX y hasta la Segunda Guerra Mundial, Sarajevo fue un importante centro para los judíos en los Balcanes. En esa época casi todos los médicos del país eran judíos. Pero el Holocausto nazi mató a un 85 por ciento de los 12.000 sefardíes y 2.000 ashkenazíes de Sarajevo. Hoy quedan en Bosnia Herzegovina, una república independiente desde 1991, apenas mil judíos, de los cuales unos 600 viven en la capital. Nedim Hasic. Sarajevo. 27/05/2011

Un nuevo libro trata de salvar del olvido esta lengua que los judíos españoles (sefardíes) llevaron en el siglo XVI.

El bosnio Eli Tauber, autor de «El idioma judeoespañol en Bosnia-Herzegovina», explicó que su obra es resultado de años dedicados a la investigación en archivos, periódicos, museos, biografías, memorias y conversaciones con expertos y amigos.

Es que hasta la Segunda Guerra Mundial cerca de una quinta parte de la población de la capital Sarajevo (unas 12.000 personas) era de origen sefardí y el ladino se habla en todas partes de la ciudad.

El ladino local tuvo además fuerte influencia de otras lenguas de la zona, como el turco o idiomas eslavos de la región, como el serbio o el croata.

Según Tauber, su libro desea mostrar «con cuánto amor los sefardíes han guardado y preservado ese español medieval, el lenguaje de Cervantes» a lo largo de los siglos. «Durante cientos de años lo guardaban celosamente en Bosnia, y es un valor que sin duda debe ser respetado. Los sefardíes nos consideramos de alguna manera como diáspora española», indicó el autor, hijo de madre sefardí y padre ashkenazí (judío alemán).

«Hasta la Segunda Guerra Mundial incluso guardábamos las llaves de nuestras casas en España. Preservamos el idioma, refranes, romances y cocina», cuenta Tauber.

En Sarajevo quedan apenas dos personas que siguen hablando el ladino. Uno de ellos es el jubilado Moris Albahari, de 81 años.

«Sarajevo fue hasta la Segunda Guerra Mundial una pequeña Jerusalén», recordó Albahari. Se refería a la convivencia pacífica de las tres grandes religiones monoteístas (Judaísmo, Cristianismo e Islam) en Sarajevo.

http://www.elcastellano.org/noticia.php?id=1810 –––

Eli Tauber presentó su libro “El idioma judeoespañol en Bosnia-Herzegovina”

Sarajevo, Bosnia Herzegovina (22/Mayo/2011).- Un nuevo libro sobre el “ladino”, el idioma judeoespañol, trata de salvar del olvido esta lengua en Bosnia Herzegovina, a donde los judíos españoles (sefardíes) llegaron en el siglo XVI.

El bosnio Eli Tauber, autor de “El idioma judeoespañol en Bosnia-Herzegovina”, explicó en la presentación esta semana que su obra es resultado de años dedicados a la investigación en archivos, periódicos, museos, biografías, memorias y conversaciones con expertos y amigos.

Es que hasta la Segunda Guerra Mundial cerca de una quinta parte de la población de la capital Sarajevo (unas 12 mil personas) era de origen sefardí y el ladino se habla en todas partes de la ciudad.

El ladino local tuvo además fuerte influencia de otras lenguas de la zona, como el turco o idiomas eslavos de la región, como el serbio o el croata.

Según Tauber, su libro desea mostrar “con cuánto amor los sefardíes han guardado y preservado ese español medieval, el lenguaje de Cervantes” a lo largo de los siglos.

“Durante cientos de años lo guardaban celosamente en Bosnia, y es un valor que sin duda debe ser respetado. Los sefardíes nos consideramos de alguna manera como diáspora española”, indicó el autor, hijo de madre sefardí y padre ashkenazí (judío alemán).

“Hasta la Segunda Guerra Mundial incluso guardábamos las llaves de nuestras casas en España. Preservamos el idioma, refranes, romances y cocina”, cuenta Tauber.

En Sarajevo quedan hoy apenas dos personas que siguen hablando el ladino. Uno de ellos es el jubilado Moris Albahari, de 81 años.

“Sarajevo fue hasta la Segunda Guerra Mundial una pequeña Jerusalén”, recordó Albahari con nostalgia en la presentación. Se refería a la convivencia pacífica de las tres grandes religiones monoteístas (Judaísmo, Cristianismo e Islam) en Sarajevo, en cuyo centro se encuentran a pocos cientos de metros sinagogas, mezquitas e iglesias cristianas.

Los primeros documentos escritos sobre los sefardíes en Bosnia datan del año 1565, aunque los había allí ya unas décadas antes. Llegaron a Sarajevo y otras zonas de los Balcanes, entonces bajo el Imperio Otomano, desde Estambul a Salónica, donde se habían quedado primero tras su éxodo forzoso de España en 1492 y donde se unieron a otros judíos procedentes de Europa central. En torno al 1.580, varias familias sefardíes construyeron en Sarajevo un barrio propio y a partir del siglo XVII la mayoría de los judeoespañoles se dedicaban al comercio. Casi todos tenían apellidos españoles, como Rosado, Pérez, Penso, o Pardo, entre otros. En el siglo XIX y hasta la Segunda Guerra Mundial, Sarajevo fue un importante centro para los judíos en los Balcanes. En esa época casi todos los médicos del país eran judíos. Pero el Holocausto nazi mató a un 85 por ciento de los 12.000 sefardíes y 2.000 ashkenazíes de Sarajevo. Hoy quedan en Bosnia Herzegovina, una república independiente desde 1991, apenas mil judíos, de los cuales unos 600 viven en la capital. Muchos, sobre todo los jóvenes, abandonaron el país durante la guerra bosnia (1992 a 1995), en su mayoría rumbo a Israel. “El idioma judeoespañol en Bosnia-Herzegovina” fue editado por “La Benevolencia”, asociación cultural y humanitaria judía de Bosnia, que durante el asedio serbio a Sarajevo tuvo un importante rol a la hora de traer ayuda humanitaria para la ciudad.

 

http://espanaisrael.blogspot.com/2011/06/el-idioma-judeoespanol-sobrevive-en-los.html

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