Israel, Estado judío

Público.es 30 Dic 2009

Por RAPHAEL SCHUTZ

En 1896 Theodor Herzl escribió el libro El Estado de los judíos. En el contexto histórico del auge de los movimientos nacionales en Europa, y considerando al mismo tiempo los numerosos incidentes antisemitas en el continente, llegó a la conclusión de que la única manera de garantizar la supervivencia de los judíos era que tuvieran su propio Estado-nación. El progresismo español no digiere con facilidad la expresión Estado judío por considerarla exclusivamente religiosa y, por lo tanto, difícilmente reconciliable con el concepto de Estado no confesional. Si hago referencia a este asunto, no es sólo para que se entienda mejor la naturaleza del Estado de Israel en España en general y entre los progresistas en particular. La identidad de Israel es uno de los asuntos primordiales que deben incluirse en el diálogo con el mundo árabe-musulmán. El debate público se centra en general sólo en la perspectiva palestino-israelí y casi exclusivamente en la dimensión territorial. Las fórmulas son de todos conocidas: “Territorios a cambio de paz”, “una solución de dos estados”, etc. Casi no se hace referencia a la identidad. Si la solución es de dos estados, ¿cómo serían estos? Europa tiene muy buena voluntad e interés en ayudar, y en mi opinión tiene la posibilidad de hacerlo. Y España, por su situación geográfica y su historia, tiene ventajas comparativas obvias. Sin embargo, como principio básico, lo primero que un mediador eficiente debe hacer es identificar las cuestiones esenciales para cada una de las partes. Tengo la impresión de que la importancia de la identidad judía para Israel todavía no se entiende. Si bien hay en Israel círculos ultrarreligiosos para los que el concepto de Estado judío significa que el Estado debe regirse por las leyes del judaísmo, esta es una actitud minoritaria. Para la mayor parte de los israelíes judíos, este concepto significa que Israel es el hogar del pueblo judío. Es el único país de mayoría judía y de ahí se derivan las peculiaridades de su vida cotidiana: el día del descanso es el sábado y no el domingo, como en la Europa de mayoría cristiana, ni el viernes, como en el mundo musulmán. También el resto de los días festivos se derivan de la religión judía y no de la cristiana o la musulmana. La dinámica cultura israelí, que incluye autores como Amos Oz y David Grossman, se expresa en hebreo, la lengua bíblica. Los cinco científicos israelíes que han ganado el premio Nobel en los últimos siete años también trabajan y piensan en hebreo. No hace falta ser religioso practicante para participar de la cultura judía contemporánea. Habrá quien alegue que ha habido cultura judía antes y después de la creación de Israel. Aún siendo cierta, esta alegación no es relevante. La historia ha demostrado que no podemos conformarnos con ser una minoría en manos de la buena voluntad de una mayoría. Tenemos derecho a vivir de forma soberana en nuestro propio Estado. Este argumento está grabado en el ADN israelí colectivo e individual. Yo mismo, que nací en un Israel independiente y soberano, adquirí esta conciencia de mis abuelos y mis padres, que se vieron obligados a huir de la Alemania nazi sólo por el hecho de ser judíos y a luchar por su derecho natural a vivir seguros en su propia tierra. La mayor parte de los israelíes, como yo, reivindican el hecho de que Israel sea un Estado judío, no como acto de fe sino como parte de una identidad nacional consolidada. Es importante enfatizar que el hecho de que Israel sea un Estado judío no impide que sus habitantes no judíos ejerzan plenos derechos civiles incluidos los derechos a votar, a ser votado y a ocupar cualquier cargo, y por supuesto tampoco impide que disfruten de las libertades individuales y de la libertad de culto. Al mismo tiempo, no se pueden admitir las reivindicaciones nacionalistas de las minorías no judías de Israel. Estas cuestiones no son meramente teóricas. Están en el trasfondo del continuo debate sobre las relaciones de Israel con el mundo árabe-musulmán que le rodea. Es importante para nosotros que ese mundo reconozca nuestro derecho a vivir como judíos en nuestro Estado, que los líderes lo declaren públicamente ante sus pueblos para que el mensaje penetre en la opinión pública árabe-musulmana. Se trata de un proceso educativo además de político. Muchos acusan a Israel de militarismo, y no voy a ocultar mi opinión de que a veces, en el sistema israelí de toma de decisiones, las consideraciones en materia de seguridad pesan más de lo que deberían. Sin embargo es vital entender que esto no se debe a una ideología que pretende convertir a Israel en una Esparta, sino a nuestras singulares condiciones existenciales. No hay otro país en el mundo que esté expuesto a amenazas de aniquilación expresas y recurrentes por parte del presidente de otro Estado (Irán) respaldadas por una carrera nuclear. Me irrita que algunos se apresuren a ponernos la etiqueta del militarismo sin conocer estas amenazas o, peor aún, haciendo caso omiso de ellas. No podemos permitirnos el lujo de ser pacifistas, una idea ya expresada por el presidente Obama en su discurso de aceptación del premio Nobel de la Paz. El reconocimiento de la naturaleza judía de Israel en el mundo musulmán reviste una importancia decisiva como paso para cimentar la confianza y disipar nuestros temores existenciales, lo cual haría posible que las posturas militaristas perdieran peso en la sociedad y en la toma de decisiones. El carácter judío de Israel es también esencial al abordar la cuestión palestino-israelí. Cuando se habla de la solución de dos estados debe quedar claro que el Estado palestino es la respuesta a –y la culminación de– las aspiraciones nacionales de los palestinos, e Israel, a las de los judíos. Si no, esta solución carecería de lógica. La contribución de Europa a una solución en nuestra región puede y debe pasar por el reconocimiento de que no se trata de un mero conflicto territorial. Para Israel, la legitimidad de la identidad judía de Israel en el mundo árabe-musulmán es vital. España, por su peculiar historia, puede aportar un valor añadido a este respecto, especialmente durante su presidencia de la UE.

Raphael Schutz es embajador de Israel.

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Un judío en Kuwait

Por Mark Halawa en Guysen International News
Martes 29 diciembre 2009 – 19:55

Mi origen musulmán hizo que este sorprendente descubrimiento me tomara por sorpresa. Mientras crecía en Kuwait, tuve todo lo mejor. Mi padre era dueño de una exitosa compañía constructora, y proveyó a sus cinco hijos con comodidades como lecciones de piano, natación, caligrafía y viajes alrededor del mundo. Aunque éramos musulmanes como todos los demás, éramos completamente seculares y mi padre siempre trató de protegernos de la gente religiosa a quienes él describía como locos.

Crecí escuchando que los israelíes y los judíos eran la clase de criatura más baja que existe, puestos en la tierra sólo para matarnos a nosotros, los árabes. En la clase de matemática, el profesor decía cosas como: “Si un misil mató X cantidad de judíos, ¿Cuántos judíos matarían seis misiles?

Mi padre era un rabioso anti Israel. Él era producto de la escuela de pensamiento secular de Nasser: secular desde un punto de vista musulmán, pero dedicado fervientemente al concepto de la unidad de la comunidad árabe. Creía que Israel era una delegación norteamericana en el medio oriente post colonial.

Mi padre fue partidario de la OLP desde los años sesenta, cuando Yasser Arafat (quien fundó la OLP mientras vivía en Kuwait) estaba recolectando fondos de los palestinos ricos que trabajaban en los estados del Golfo. Como ingeniero, mi padre participó en un programa donde la asociación de ingeniería de Kuwait substraía dinero de su salario mensual para enviarlo directamente a la OLP. Él insistía en que la guerra y la resistencia eran la única manera de lidiar con Israel.

En el verano de 1990, cuando yo tenía 12 años, nuestras vidas cambiaron completamente. Estábamos de vacaciones cuando Saddam Hussein invadió y anexó Kuwait. El negocio de mi padre, junto con la mayoría del país, fue destrozado. Nuestros ahorros se convirtieron en pedazos de papel sin valor. No podíamos volver a Kuwait, por lo que inmigramos a Canadá. Mi padre se las ingenió para escurrirse de vuelta en Kuwait por unos días para recuperar documentos comerciales importantes, que más tarde serían útiles para recibir compensación de un fondo de las Naciones Unidas.

De mi familia, yo soy el único que se quedó en Canadá. Mi padre nunca se acostumbró a la vida en el nuevo mundo, y tenía buenos contactos comerciales en Jordania, entonces él y mi madre volvieron allí. Todos mis hermanos también se mudaron a medio oriente. Uno de mis hermanos dirige una compañía exitosa en Jordania, dos de mis hermanos están estudiando en Egipto (uno odontología y el otro comercio exterior), y mi hermana vive en Dubai donde trabaja en la industria bancaria.

Una noche de 2003, estaba estudiando en la biblioteca universitaria en la ciudad de Londres en Ontario, Canadá, cuando de repente vi a un hombre mayor. Por su atuendo jasídico, parecía un judío religioso. Se despertó mi curiosidad, y me acerqué a él y le pregunté: ¿Es usted judío?

Con una sonrisa gentil en su cara, dijo: “No, pero me gusta vestirme de esta manera”. No sabía si estaba bromeando o no. Toda la gente religiosa con la que me había cruzado en el pasado eran bastante espeluznantes. ¿Se supone que los judíos deben ser divertidos?

Su nombre era Dr. Isaac Block, un profesor retirado de filosofía. Intercambiamos unas pocas palabras y luego me preguntó sobre mi origen. La historia de mi familia es bastante complicada, y me da dolor de cabeza cada vez que tengo que explicarla. Entonces, simplemente le dije que era un árabe de Kuwait, y le mencioné que mi abuela materna era judía.

Los padres de mi madre se conocieron en Jerusalem cuando mi abuelo, un árabe de Cisjordania, estaba sirviendo en el ejército de Jordania luchando contra los sionistas. Él tenía 18 años y mi abuela 16. El padre de mi abuela dirigía una escuela en Jerusalem, la misma escuela de donde ella se escapaba saltando la muralla para reunirse con mi apuesto y uniformado abuelo. Se enamoraron, se casaron, y vivieron durante muchos años en Shejem (Nablus).

Después de que mi abuelo fuera dado de baja del ejército jordano, la familia se mudó a Kuwait, donde las ganancias del petróleo estaban impulsando enormes negocios y proyectos de construcción. Fue en ese momento que mi madre conoció a mi padre y se casaron.

Mark Halawa

El origen judío de mi abuela siempre hizo que me preguntara acerca de los judíos. Siempre que íbamos de vacaciones a Amán, Jordania, miraba todo el tiempo el canal de televisión israelí (cuando mis padres no estaban cerca). Mi favorito era el himno nacional israelí, y yo me quedaba despierto hasta tarde esperando para oírlo sonar al final de la transmisión televisiva.

De pie ahí en la librería universitaria, este judío religioso, el Dr. Block, me miró y me dijo: “Para la ley musulmana, eres considerado musulmán, porque la religión es transmitida por el padre. Pero de acuerdo a la ley judía eres judío, dado que el judaísmo es transmitido por la madre”.

Mi cabeza comenzó a agitarse, y las memorias de mi infancia en Kuwait comenzaron a aflorar. Me acuerdo que mi abuela tenía un nombre raro en sus documentos, Mizraji, que nunca había escuchado antes. Ella también tenía un pequeño libro con letras hebreas, y rezaba llorando en la oscuridad (Yo pensaba que el Muro de los Lamentos se llamaba así porque el llanto era parte de la plegaria).

Más allá de una vaga leyenda familiar, mi abuela nunca mencionó nada sobre ser judía – pero ahora las piezas se estaban acomodando. Le agradecí al Dr. Block por la conversación, y corrí a casa a decirle a mi compañero de cuarto lo que había oído. Él sonrió y dijo: “¡Entonces eres un mus-judío!”. No me resultaba gracioso.

Fui a mi cuarto y llamé a mi madre. Ella rechazó la historia, diciendo: “No escuches a gente como ésa. Nosotros somos musulmanes y listo”.

Decidí llamar a mi abuela y sacar el tema. Di algunas vueltas, después de todo ella lo había estado negando durante los últimos 50 años. Y, finalmente, dije de sopetón: “Abuela, ¿eres judía?”.

Ella no respondió a la pregunta directamente, sino que comenzó a llorar y habló sobre los años del conflicto árabe israelí. Me dijo que su hermano Zaki había sido asesinado en Jerusalem antes del renacimiento del Estado. Para mí eso era suficiente confirmación de su judaísmo y decidí dejarlo ahí.

Durante los meses siguientes, evité todo el tema de judaísmo, principalmente para no enfadar a mi madre. Además, estaba terminando la universidad y mi carrera era una prioridad. Estaba contento con la idea de que pertenecía a una “familia mixta”.

Alrededor de un año después, una vez estaba patinando en mi barrio cuando me caí bruscamente y me torcí la muñeca. La calle estaba lisa, así que no pude entender por qué me había caído. No podía dejar de pensar que pareció un empujón desde Arriba. Esos pensamientos me tomaron por sorpresa, dado que no estaba metido en la espiritualidad y nunca había tenido una conexión religiosa. Yo era fisicoculturista, tenía montones de amigos, y estaba comenzando una exitosa carrera como agente de comercio internacional. Entonces, ¿por qué me pasó esto?

Como mi muñeca estaba muy dañada, me vi obligado a tomarme unos días del trabajo. El Dr. Block había mencionado el nombre de su sinagoga, entonces ese sábado a la mañana, decidí ir a ver qué tal. Dudaba por la idea de que todos tenían un origen europeo y yo sería el único de medio oriente, pero de todos modos decidí entrar.

Llamé un taxi y me bajé en la puerta de la sinagoga. Mientras entraba, la primera persona que vi parecía indio. Me dio la mano, dijo “Shabat Shalom”, y me dio una kipá. Después vi un hombre de tez oscura, lo que realmente me sorprendió. Y el Dr. Block también estaba allí.

Me alcanzaron un libro de rezos, me indicaron la página correcta, y antes de darme cuenta todo el mundo estaba cantando Veshamerú.

“Y los Hijos de Israel observan el Shabat, para hacer del Shabat un pacto eterno por todas sus generaciones. Entre Mí y los Hijos de Israel, es una señal perpetua, pues en seis días hizo Dios los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y descansó”.

Algo me sacudió, y sentí como si conociera esa canción. Simplemente me paré allí recibiendo los sonidos, los olores y las vistas. Todo pareció completo y perfecto. Fue lo opuesto a todo lo que había escuchado sobre los judíos o sobre el judaísmo. En este punto mis lágrimas fluían libremente.

Era lo opuesto a todo lo que había oido sobre los judíos.

Después de que terminaron los servicios, me reuní con todos para el Kidush. Hablé con una pareja egipcia y compartimos nuestras historias personales. Se reunieron judíos de todos los orígenes, y yo era otra pieza en este rompecabezas.

Después del Kidush, acepté la invitación del Dr. Block para unirme a él a almorzar. Le dije: “No puedo creer que yo esté aquí, cantando y rezando en hebreo. Nunca lo hubiese imaginado”.

Me sonrió y dijo: “No es tan difícil de creer. Todo judío nace con una pequeña Torá y una pequeña Menorá dentro”. Luego presionó su hombro contra el mío y dijo: “Todo lo que hace falta es que otro judío la encuentre y la encienda”.

Mi interés creció desde allí, comencé a estudiar Torá y a respetar Shabat. El año pasado pasé un mes en Israel viajando y estudiando en el programa “Fellowships” de Aish HaTorá Jerusalem. Fue un hermoso “regreso a casa”.

Todavía mantengo contacto con mi familia y mis viejos amigos. Son gente maravillosa y los amo mucho. Pero sin embargo es difícil relacionarse con ellos en muchos aspectos. En el mundo árabe hay muchísimos prejuicios y mala información sobre Israel. Por eso estoy trabajando para desarrollar un programa para educar a los árabes sobre los judíos, para disolver los estereotipos propagados por los medios de comunicación y escuelas musulmanas. Espero que mi peculiar origen pueda ayudar a unir algo de lo que divide.

Otra manera mediante la que espero alcanzar esto es ayudando a establecer relaciones económicas entre Israel y países árabes. Eso crearía confianza y experiencia común, que podría ser dirigida hacia el objetivo de una paz genuina y duradera.

Otro tema en el que estoy poniendo mi atención es que en el mundo árabe está siendo inculcada la negación del holocausto. El verano pasado fui a Auschwitz, y estoy trabajando para producir el primer documental árabe de la historia sobre el holocausto. Quiero explicarles a los musulmanes, en su propia lengua, lo que pasó exactamente.

A menudo pareciera que el conflicto árabe israelí es intratable. Pero yo creo que en el mundo de hoy en día, hay una oportunidad real para un cambio radical. Los árabes hoy tienen más educación universal, lo que los hace más abiertos y curiosos. También están conociendo israelíes y judíos en sus viajes alrededor del mundo, lo que destruye los prejuicios. Y como vimos durante las protestas recientes en Irán, mucha gente joven en el mundo árabe desea una reforma. Y encima de esto, tienen acceso a internet de alta velocidad, que abre un amplio abanico de nuevas formas de comunicación, y la posibilidad de formar nuevas amistades sin las restricciones de las fronteras o las agendas políticas. Posiblemente esto pueda ser la base de un movimiento popular para remendar las relaciones, y con esperanza, para algún día alcanzar la paz.

Todos mis primos judíos están viviendo como musulmanes en el medio oriente.

El otro tema que necesita atención urgentemente es el de matrimonios mixtos en Israel. Desafortunadamente, una historia como la de mi abuela no es tan rara. Muchas mujeres jóvenes judías son atraídas por hombres árabes y llevadas a vivir en sus villas. Los hijos y nietos nunca se enteran de la verdad, especialmente por las tensiones políticas y la inquietud que esto podría causarle a la familia. Como resultado, nuestro pueblo pierde a muchos judíos, que viven como musulmanes en medio oriente. Recientemente conocí a un israelí, séptima generación de israelíes, cuya prima se casó con un palestino y se fue a vivir a Arabia Saudita. Sus descendientes son judíos viviendo en Arabia Saudita.

Todos mis familiares saben que estoy practicando el judaísmo, y la mayoría lo acepta. Puedo hablarles sobre judaísmo y están políticamente interesados. Nos amamos y respetamos los unos a los otros. Sin embargo mi padre se opone, dado que el secularismo y la guerra en contra de Israel son dos pilares ideológicos de su vida. Cuando comencé a interesarme por el judaísmo, no se lo dije directamente. Estábamos teniendo una discusión política y le mencioné que yo apoyaba al Estado de Israel. Eso encendió un gran choque, y he aprendido a discutir estos temas solamente de forma indirecta. Siempre sé cuando he cruzado la raya: él se enoja y me llama “sionista”.

La otra excepción es mi abuela. Le pedí varias veces más información sobre el origen de su familia, pero ella rehúsa hablar de eso. Puede ser que algún día encuentre la llave para que se abra.

Mientras crecía, me enseñaron que los judíos eran la fuente de toda la maldad, y que descendían de los monos y los cerdos. Por otro lado, yo tenía la imagen de mi abuela sosteniendo su libro de rezos con letras hebreas, rezando con tierna devoción. Ella es la persona más dulce que conozco y no hay forma de que ella venga de una banda de asesinos sedientos de sangre. Ella me dio un alma judía, y a su manera, fue la que mantuvo viva mi chispa judía.

Publicado: Sunday, December 06, 2009

HAGADÁ DE PESAJ PARA DISMINUIDOS VISUALES

JBI ((Jewish Braille Institute) Internacional para Latinoamérica, está ubicado en la oficina del JDC para América Latina,

Salguero 2142 piso 1, C.P 1425, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Tel. (54-11) 4826-2000

Su representante es Cynthia Gurfinkel
E-mail: cgurfinkel@jbilibrary.org

Rabino: Isidoro Aizenberg

El JBI es una organización internacional que satisface las necesidades culturales judías de ciegos y discapacitados visuales. Tienen, en varios idiomas, la biblioteca de audiolibros de interés judío más importante del mundo.

JBI provee, en forma totalmente gratuita, materiales impresos en letras grandes y audio-libros para ciegos, discapacitados visuales, o personas que tienen dificultad para leer o sostener un libro en sus manos (pacientes con Parkinson, víctimas de un derrame cerebral, diabetes, etc.)

Para que sus materiales lleguen a las personas que realmente los necesitan, se requiere colaboración para identificar a miembros de la comunidad que puedan beneficiarse con estos materiales.

Para que ninguna persona interesada en realizar un seder el próximo marzo se vea privada de leer una Hagadá por poseer baja visión, el JBI repartirá gratuitamente a personas con visión reducida Hagadot de Pesaj con letras agrandadas, tan solo completando un pequeño formulario y presentando un certificado o carta de un médico, oftalmólogo, bibliotecario o trabajador social que certifique que esa persona está imposibilitada de leer libros de ediciones estándar.

Si desea recibir más información para la obtención de audio libros y audio revistas, por favor contacte a este mail o llame al Tel.: (54-11)4826-2000 Int. 109.

Cynthia Gurfinkel

Representante del JBI para Latinoamérica http://www.jbilibrary.org

Muere el capitán del barco de refugiados Exodus

Publicado 23/12/2009

Yitzhak (Ike) Aharonovitch, el capitán del famoso barco de refugiados Exodo, murió a la edad de 86 años.

Nacido en Alemania en 1923, Aharonovitch llegó a Israel con su familia en 1932.

“Ike era un soñador y un luchador. Formó parte de una generación que vivió la historia, tanto en el pasado como en el presente”, dijo su hermano, Deddy.

El Exodo zarpó de Francia en 1947, llevando a 4.554 pasajeros – la mayoría de los cuales eran sobrevivientes del Holocausto – con rumbo a la entonces Palestina controlada por los británicos.

La Marina británica capturó el buque y deportó a todos sus pasajeros a Europa. La amplia cobertura de los medios a la odisea humana, sin embargo, pronto obligó a los británicos a encontrar una solución.

Dentro del año de regreso a Europa, más de la mitad de los pasajeros del Exodo 1947 hicieron otros intentos de emigrar a Palestina.

Autoridades del Mandato británico detuvieron a muchos de ellos sin juicio en los campos de prisioneros en Chipre hasta enero de 1949, cuando se reconoce formalmente el Estado de Israel y todos los pasajeros sobrevivientes hicieron aliá.

El funeral de Aharonovitch se celebrará el viernes en el cementerio del Kibutz Givat Jaim.

Le sobreviven dos hijas, siete nietos, y un bisnieto de 2 años de edad.

Fuente: aurora-israel.co.il/

El significado del cartel de Auschwitz que el mundo no supo leer

Por Martha Wolff

Patrimonio de la humanidad — Unesco

Arbeit macht frei… pensar en el significado de esta frase es tomar conciencia de aquello que los nazis se propusieron al confiscar “enemigos” bajo un régimen de trabajos forzados para que les rindiese su plan productivo económico y bélico y luego matarlos. Quizá pocas veces nos hemos puesto a pensar en su real significado. Para los ideólogos de ese macabro plan que “El trabajo libera”, quería decir casi metafóricamente, que “El trabajo esclaviza” a los que discriminaba dándoles la bienvenida a Auschwitz con música ejecutada por una orquesta de prisioneros.

Haber propuesto soldar en hierro esa sentencia es haber demostrado al mundo lo que el mundo no supo leer.

En estos momentos de reflexión y de espanto ante el robo del cartel vienen a mi memoria los métodos de sistemas políticos que para “beneficio” de sus países y doctrinas someten con la subordinación y el miedo a sus pueblos hasta pagar con la muerte el objetivo de ideales por encima del valor humano.

El que visitó Auschwitz sabe que haber traspasado ese cartel es haber entrado al infierno. Personalmente fui con mi esposo a poner un ramo de rosas en la pira de cenizas en memoria de su tía que fue asesinada con su hijo. Esa pira es una tumba de polvo colectiva de aquellos que no merecían morir como seres humanos con el derecho a tener un rectángulo cavado llamado fosa con nombre y apellido.

En el recorrido de Auschwitz todavía retumban las botas nazis; se huele a carne chamuscada cuando soplan vientos de modernidad absurda como querer vender el convento que linda con el campo para construir un paseo de compras; se mueven las almas retorcidas de los muertos y crispa el aire el llanto de los chicos que piden por sus padres en un mudo lamento. El empedrado de sus calles diseñadas para soldados y carros conducen a ex guarniciones militares transformadas en museo que demuestran el horror computado de los nazis para llevar a cabo el exterminio judío, gitano, homosexual y político hasta llegar a la caseta del que dirigía ese campo donde criaba a sus hijos. Tenían gobernante, estudiaban piano, veían las flores en verano y la nieve en invierno mientras mataban de hambre y vida a los niños judíos. Todo ese testimonio de chimeneas, hornos, libros con registros de las porciones miserables de comida que les daban, de los instrumentos de tortura medicinales y de tatuaje para numerarlos, de camas diseñadas para el insomnio y el hacinamiento, de agujeros nauseabundos alineados de falsos inodoros, de duchas desinfectantes y perforaciones en el techo de gases mortales Ziclon… es un paseo que todavía Ahmadinejad no visitó porque no tuvo parientes allí.

Vaya a saber dónde estará el cartel! Tal vez lo sacaron los fanáticos que niegan que la Shoá existió y por las vueltas del destino aparezca en Teherán como ofrenda a Ahmadinejad o en memoria de Hitler para demostrar que “El trabajo que llevaron a cabo los nazis liberó al mundo de 6.000.000 de judíos” que les molestaban. Pero mundo… Hitler tampoco tiene tumba y en Auschwitz está la horca en la que fue colgado el comandante de ese campo Rudolf Höss, lo que hace pensar que hay dos clases de Justicia. La Divina y la de los hombres justos.

¿A los negadores del Holocausto no se les ocurrió robar ese monumento histórico que al igual que todo lo que está en Auschwitz es Patrimonio de la Humanidad, sino de la Humanidad Humana?

El final

Rudolf Höss comandante de Auschwitz también Patrimonio de la Humanidad

La guerra había finalizado en Alemania el 8 de mayo de 1945. Höß, disfrazado como suboficial de la armada alemana (Kriegsmarine), se alejó hacia las costas del Báltico, donde cayó en manos de los Aliados. Al no encontrarse pruebas de ningún tipo en contra suya, dado su nombre falso (Franz Lang) y su calidad de agricultor profesional, obtuvo una liberación anticipada. Sus guardianes ignoraban entonces la importancia de su presa. Fue empleado como obrero agrícola en una granja cerca de Flossenburg, no lejos de la frontera con Dinamarca. Permaneció allí durante ocho meses. Entretanto la Policía Militar reinició su búsqueda. Su familia, con la cual había logrado retomar contacto, estaba estrechamente vigilada y sometida a frecuentes pesquisas, hasta que el 11 de marzo de 1946 llegaron oficiales británicos a la casa de la Sra. Höß y, bajo engaño, le dijeron que si no decía dónde estaba su marido, sería entregada a las autoridades soviéticas para su ejecución, y que sus hijos serían deportados a Siberia. La Sra. Höß sucumbió y reveló el emplazamiento de la granja agrícola donde estaba escondido su marido, así como su nombre falso.

Höß fue capturado esa misma noche (2:30) por la Policía Militar Británica. En esta ocasión no pudo suicidarse, pues la ampolla de veneno que guardaba consigo se había roto dos días atrás. Sus declaraciones a partir del arresto aún hoy día están en duda, ya que aparecieron dos confesiones: la primera, hecha en su propia lengua ante autoridades británicas.[1]

La segunda confesión, a posteriorì, fue realizada cuando estuvo en Cracovia, dejando muchas dudas en relación a la primera (contaba con un abogado). Declaró que, por haber sido torturado para la primera declaración, se vio obligado a firmar lo que sus captores le exigieron. En Cracovia se retractó de todo lo dicho en la primera confesión. Esto no fue tenido en cuenta por los jueces. Fue llevado a los Juicios de Núremberg, como testigo en el juicio de Ernst Kaltenbrunner, Oswald Pohl y la IG Farben.

El 25 de mayo de 1946, fue extraditado a Polonia donde se le abrió un nuevo juicio por crímenes de guerra. En dicho juicio no negó ninguno de los cargos, afirmándose en el hecho de que cumplía órdenes directas de Himmler y que, dado su rango militar, no podía ignorarlas. En el desarrollo del juicio no se presentaron denuncias de abuso personal por su parte contra los prisioneros. Todos los prisioneros supervivientes afirmaron que era un hombre que administraba con frialdad y sin sentimientos el campo de Auschwitz; él sólo dirigía una “máquina de matar”. De este modo lo deja reflejado en sus memorias manuscritas, redactadas mientras estuvo en prisión:

“Por voluntad del Reichsführer de las SS, Auschwitz se convirtió en la mayor instalación de exterminio de seres humanos de todos los tiempos. Que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones. Si el mismísimo Führer había ordenado la solución final del problema judío, no correspondía a un nacionalsocialista de toda la vida como yo, y mucho menos a un Führer de las SS, ponerlo en duda.”

Rudolf Höß

Al final de su proceso en Cracovia, Höß acogió la sentencia de muerte con aparente indiferencia el 2 de abril de 1947. Fue ahorcado en el antiguo campo de concentración de Auschwitz el 16 de abril de 1947. Sus memorias escritas en prisión fueron publicadas en 1958 por el historiador Martin Broszat. Los textos, reunidos generalmente bajo el título de “Le Commandant d’Auschwitz parle” (en alemán “Kommandant in Auschwitz”), habrían sido escritos por Höß a lápiz, bajo la vigilancia de sus carceleros comunistas polacos, en la prisión de Cracovia en tanto esperaba ser procesado.

Fuente y reenvio: http://www.porisrael.org

El movimiento Kibutziano: sembrando esperanza de futuro

El kibutz

Sembrando esperanza para las generaciones futuras.

El Kibbutz es una creación original israelí, un poblado rural multigeneracional, caracterizado por la vida en comunidad, por su administración democrática, responsabilidad por el bienestar de cada uno de sus miembros, niños y adultos, por la salud y la educación, y por la copropiedad de los medios de producción y de consumo.

static.habonimdror.org.il/shnat06/mmichael.html


EN RESPUESTA A HERMAN SCHILLER

Por Carlos Galansky

En respuesta al artículo publicado en el diario argentino “Página 12” o pasado 27 de novembro. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-136050-2009-11-27.html

Estimado Sr. Herman Schiller:

Hay un refrán sefaradí que dice: la calumnia, la difamación y la maledicencia destruyen a tres personas: a quien lo dice, a quien lo escucha y a quien es víctima de ello. Esto me recuerda su artículo del 27/11/2009 publicado en Pagina 12. Voy a explicarle por qué.
Soy judío, nacido en Argentina y nunca fui sionista. Recibí por parte materna, una tradición judía que siempre llevé con orgullo.

Pero es que la sociedad argentina antisemita-judeófoba, me lo hizo recordar en mis 30 años de vida en ella. Siempre fui el rusito, esa mezcla de bolchevique y judío. Por eso siendo joven en los años 70 me hice bolchevique. Eso me llevó a militar en la organización marxista-trotskista PRT-ERP. Caí preso. Durante el encierro asumí el fracaso de ese proyecto bolchevique y el de mi vida en Argentina.

Por ello al salir de la cárcel, decidí emprender un nuevo proyecto, aprovechando una segunda oportunidad que me daba la vida. Quise desarrollar mi faceta como judío. Decidí marcharme a Israel.

Y aquí viene lo que quiero contarle.

Inicié mis trámites para escaparme rápidamente de Argentina, ni bien salí de la cárcel. Fui recibido en la comunidad judía y por las autoridades consulares de Israel sin ninguna animadversión. Nunca había pisado ninguna de esas instituciones. Nunca había pertenecido a ninguna organización juvenil sionista. Era un verdadero asimilado. Esto ocurrió en octubre de 1979.

En una conversación con el secretario de la embajada tuve que escuchar una pregunta que me resultó extraña en ese momento. Fue la siguiente: “¿Ud. va a usar Israel como puente para pasar a Europa y atacar a Israel?”. No me sentí agredido sino extrañado por esa pregunta. Unos meses después entendí perfectamente esa justificable pregunta.
Tanto las autoridades de la comunidad como las autoridades israelíes me resolvieron un problema grave: no tener pasaporte argentino. Mi temor era quedarme “pegado” al ir a solicitarlo ante la policía.

La solución fue salir de Uruguay a Israel con un salvoconducto, un laissez-passer. Efectivamente, en menos de una semana pasé a Montevideo y ahí esperé unos días a que me dieran el documento.

Mientras esperaba ese trámite, fui ayudado económicamente y fundamentalmente protegido en mi seguridad, por los jóvenes uruguayos de la comunidad judía de Montevideo. Fueron controles diarios con ellos y al final cuando salí del aeropuerto, ellos controlaron directamente sobre el terreno que yo embarcaba en el avión hacia la libertad, a Israel. Gracias al salvoconducto recibí un trato de diplomático.

Por ello creo que a su artículo se le puede aplicar el refrán sefaradí, cuando escribió “las historietas que el judaísmo oficial ha puesto en movimiento para auto blanquearse respecto del papel jugado durante la dictadura”. Para mí y para todos los jóvenes argentinos judíos que conocí en Israel, su frase no es cierta. Todos fuimos ayudados para salir de Argentina, a pesar de que la mayoría de nosotros, no aportamos nada ni a la comunidad judía ni al Estado de Israel. Añadiría algo más. Si bien en el PTR-ERP no encontré una postura antiisraelí, no se puede decir lo mismo de las organizaciones peronistas. Basta ver la famosa foto de Arafat junto a Firmenich y Fernando Vaca Narvaja de los años 70. O leer en el libro de Uki Goñi, La auténtica Odessa. La fuga nazi a la Argentina de Perón, como el triángulo Cruz Roja-El Vaticano- la Argentina de Perón ayudaron a los criminales nazis casi con honores.

¡Cómo no iba a desconfiar la comunidad judía e Israel de nosotros!
¡Cómo se puede andar exigiendo a la comunidad judía que nos saquen las castañas del fuego! ¡Asumamos nuestras propias responsabilidades!
Pero es que la ayuda que recibí de las autoridades israelíes ya estaba planificada desde febrero –marzo de 1976, tal como se puede leer en el Informe de la Comisión interministerial de los judíos desaparecidos en la Argentina de octubre de 2005, que Ud. y las Sras. Epelbaum y Gutman hacen referencia. Les pregunto ¿verdaderamente habéis leído el informe?

En el punto g., Israel y la violación de los DDHH en Argentina, se puede leer perfectamente el denominado Operativo Evacuación de febrero-marzo de 1976.
Ud. llama historieta a lo que yo denomino solidaridad y generosidad. Esto último porque la ayuda alcanzaba también a los no judíos, cónyuges de judíos.
Me parece también de mucha soberbia la reacción de la Sra. Renée Epelbaum cuando escuchó el “reproche” de la DAIA que “esto pasó por falta de educación sionista a sus hijos”. Para mi es una verdad clara y contundente.

Hay personas en la vida que siempre se la pasan exigiendo derechos a los demás a cambio de ningún deber por parte de ellos.

Esos mismos judíos en Israel, no todos eso sí, les conocí con un comportamiento repugnante, verdaderamente antiisraelíes. De escupir la mano que les dio de comer.
Vi en directo como usaban Israel para pasar a Europa, para atacar Israel. Comprendí la pregunta del secretario de la embajada.

Se escapaban dejando deudas, tanto al Estado de Israel como es el caso del pasaje de avión, como a establecimientos comerciales. El colmo del desagradecimiento fue una pareja que escapó a Grecia en coche desde Haifa en barco, desmantelando el apartamento que le habían concedido: vendieron a los árabes, los muebles, las camas, los armarios, hasta las canillas (los grifos).

Hubo otro que al llegar al aeropuerto de Tel Aviv, mientras realizaba los trámites de entrada al país, se puso a gritar que él no quería vivir en Israel porque era un estado fascista. Desgraciadamente se acordó en Israel de eso. Antes de llegar estuvo siempre callado. Desde ya que los israelíes no tuvieron inconveniente en mandarlo a tomar viento, con destino a Holanda, a este indeseable.

Me disgusta mucho leer artículos como el suyo, donde gratuitamente se condena a Israel. El comentario de la Sra. Gutman sobre la venta de armas de Israel a Argentina es un claro ejemplo de ello.

Tuve la oportunidad de asistir en Jerusalem, en dependencias del YMCA, a una reunión que tuvimos los exiliados judíos con el entonces ministro de Defensa israelí Yitzhak Rabin. Fue en junio de 1980. Fuimos a hablar sobre los desaparecidos judíos. Nos dijo claramente que Israel tenía conocimiento de las desapariciones y concretamente de los miembros de la comunidad judía. Era plenamente consciente del antisemitismo-judeofóbico de los militares argentinos. Que las relaciones con el gobierno militar eran institucionales y para nada amigables. Que en el tema de los desaparecidos los militares se negaban a hablar de ello. Y que por lo tanto las posibilidades del gobierno israelí de lograr algún objetivo al respecto eran nulas.

No conozco qué tipo de armas pudo vender Israel a partir de junio de 1980 a Argentina. Antes fue imposible que lo hiciera porque el gobierno de Isabel Perón era claramente antisemita-judeófobo.

El único armamento ligero fabricado en Israel es la pistola ametralladora Uzi. Sé que el ejército argentino usaba el fusil FAL de fabricación belga y las pistolas 9 mm de fabricación italiana. Me pregunto si la Sra. Epelbaum que le reprocha a Israel que “no quisiéramos enterarnos que nuestros hijos fueron asesinados con armas israelíes”, le ha reprochado también a Bélgica e Italia por la venta de sus armas. Porque estoy seguro que esas armas y no las israelíes fueron las usadas para matarnos desde 1969, en que entró en escenario la violencia militar en la vida política argentina. Y en todo caso si Israel vendió armas fue a partir de 1981, cuando el ejército argentino estaba preparando la guerra de las Malvinas.

Muchos de los judíos argentinos nos metimos en organizaciones políticas en busca de alcanzar nuestras ilusiones, los “sueños revolucionarios” que dice la Sra. Gutman. Pero algunos que sobrevivimos a la muerte, nos dimos cuenta que nuestras ilusiones eran alucinaciones y que los sueños se transformaron en pesadillas.

Tuve la oportunidad de participar en 1973 de una experiencia política de la cual quedé desilusionado. Porque no sirvió para construir nada. Sólo para destruir, para matar y que nos mataran. Porque eso es la guerra, aunque se la quiera bautizar con el nombre de revolucionaria.

Hasta tal nivel de soberbia, cretinismo y abzurdismo han llegado algunos judíos, que solo se puede decir que son conversos quebrados. Son los judíos antisionistas. De las dudas y miedos de ser judíos han entrado en pánico. Son los nuevos dihmnis. Los sirvientes del islamismo fanático. Han cruzado la línea roja. Porque no entienden que el antisionismo de hoy es el antisemitismo-judeófobo de ayer.

A ellos cuando hagan mención de los desaparecidos judíos o de los sueños revolucionarios y de las luchas de los pueblos, por favor, EN MI NOMBRE NO.
Y a Ud. Sr. Herman Schiller, si se reivindica marxista y ateo, deje de utilizar referencias religiosas para defender sus posturas. Use la razón de sus ideas, no una idea religiosa de un tratado religioso judío de la antigüedad como el Pikei Avot. ¿Es que no tiene recursos intelectuales para defender su postura?

Descartes escribió, pienso luego existo. Hoy los judíos tenemos que actualizar esa frase por esta otra: resistir para existir. Hasta de los propios judíos, eso sí, conversos quebrados.

Ser antiisraelí es una cuestión de fe. Basta con creer en ello.
Atte.
Carlos Galansky Koper

Fuente: Galiza-Israel

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