La Marcha de las Banderas – Ceremonia del Día de la Independencia – 2015

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¿Cómo defender a Israel?

28/3/2011
¿Cómo defender a Israel?
Israel es el país al que me siento orgulloso de defender. No, nunca diría que es perfecto. Tiene sus defectos y flaquezas. Ha incurrido en errores, varios de ellos muy grandes. Pero todos los países democráticos, liberales y amantes de la paz que conozco también los han cometido. Por David Harris
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Estaba sentado en el auditorio de una universidad británica. Aburrido por el orador, comencé a mirar a mi alrededor. Vi a alguien que me resultó familiar de una encarnación académica anterior. Cuando terminó la sesión me presenté, preguntándome si después de años que se podían contar en décadas, me recordaría.

Dijo que sí, momento en el cual comenté que los años no habían pasado para él. Su respuesta fue: “Pero usted cambió muchísimo”.

“¿Le parece?”, pregunté con un cierto grado de turbación, sabiendo que, más allá del autoengaño, no es lo mismo tener 60 que 30.

Mirándome a los ojos, proclamó, mientras otros asistentes que estaban cerca prestaban atención, “Leo lo que usted escribe sobre Israel, y me disgusta. ¿Cómo puede defender a ese país? ¿Qué le pasó al muchacho liberal que conocí hace 30 años?”

Respondí: “Ese muchacho liberal no ha cambiado su punto de vista. Israel es una causa liberal, y estoy orgulloso de hablar a su favor”.

Si, estoy orgulloso de hablar a favor de Israel. Un viaje reciente me recordó una vez más el por qué.

Algunas veces, son las cosas aparentemente pequeñas, aquellas que muchos ni siquiera notan, o dan por sentadas, o quizás deliberadamente ignoran por temor a que afecten su mentalidad hermética.

Es la lección de manejo en Jerusalén: la alumna es una mujer musulmana devota que está detrás del volante, y el profesor es un israelí que usa kipá. A juzgar por los informes de los medios sobre los interminables conflictos entre las comunidades, tal escena sería imposible. Sin embargo, era tan rutinaria que nadie excepto yo le echó una mirada al pasar. Es obvio que la misma mujer no se hubiera podido dar el lujo de tomar lecciones de manejo, mucho menos con un profesor judío ortodoxo, si viviera en Arabia Saudita.

Son los dos hombres homosexuales que caminan de la mano por la costanera de Tel Aviv. Nadie los miraba, ni cuestionaba su derecho a exhibir su afecto. Imaginen tratar de repetir la escena en alguno de los países vecinos.

Es la multitud de un viernes en la mezquita de Yaffo. Los musulmanes tienen la libertad de ingresar, según les plazca, a orar o reafirmar su fe. La escena se repite en todo Israel . Entretanto, los cristianos en Irak están expuestos a la muerte; los coptos en Egipto enfrentan a diario la marginación; Arabia Saudita prohíbe la exhibición pública del cristianismo; y en gran medida se ha echado a los judíos del Medio Oriente árabe.

Es la estación central de autobuses de Tel Aviv. Allí se encuentra una clínica gratuita para los miles de africanos que han ingresado a Israel, algunos legalmente y otros no. Provienen de Sudán, Eritrea y otros sitios. Son cristianos, musulmanes, y animistas. Claramente, saben algo que desconocen los detractores de Israel, que despotrican y vociferan sobre un supuesto “racismo”. Saben, que si tienen suerte, podrán empezar una nueva vida en Israel. Por eso eluden los países árabes, por temor a la cárcel o las persecuciones. Y mientras el diminuto Israel se pregunta cuántos más de esos refugiados podrá absorber, los profesionales médicos israelíes se ofrecen como voluntarios para esa clínica.

Es “Save a Child’s Heart”, otra institución israelí que mayormente no llega a los medios internacionales, si bien merece una nominación al Premio Nobel de la paz. Allí llegan, muchas veces clandestinamente, niños que necesitan tratamientos cardíacos avanzados. Llegan desde Irak, Cisjordania, Gaza y otros lugares árabes. Reciben tratamiento de primer nivel. Es gratis y lo brindan médicos y enfermeras que desean afirmar su compromiso con la convivencia. Sin embargo, estos mismos individuos saben que, en muchos casos, no se reconocerá su trabajo. Las familias temen admitir que buscaron ayuda en Israel, incluso cuando gracias a los israelíes a sus hijos la vida les ha hecho un nuevo contrato.

Es la vitalidad del debate israelí sobre casi todo, incluyendo, principalmente, el conflicto permanente con los palestinos. Se dice que el presidente de Estados Unidos Harry Truman se reunió con el presidente de Israel Haim Weizmann poco después de la creación de Israel en 1948. Comenzaron a analizar quién tenía la tarea más difícil. Truman dijo: “Con todo respeto, yo soy el presidente de 140 millones de personas”. Weizmann retrucó: “Es cierto, pero yo soy el presidente de un millón de presidentes”.

Ya sea en los partidos políticos, la Knéset , los medios, la sociedad civil o la gente de la calle, los israelíes son enérgicos, autocríticos y exhiben una extensa gama de opiniones.

Son los israelíes quienes están planeando la recuperación del Bosque de Carmel, después de que un voraz incendio mató 44 personas y destruyó 8.000 acres de naturaleza exquisita. Los israelíes recibieron un territorio árido y yermo y a pesar de condiciones inconcebiblemente duras, plantaron amorosamente un árbol tras otro para que Israel pueda actualmente aseverar que es uno de los pocos países con más tierras forestadas de las que tenía un siglo atrás.

Son los israelíes que, con silenciosa determinación y coraje, están decididos a defender su pequeña porción de tierra contra cualquier amenaza concebible – el creciente arsenal de Hamás en Gaza; la peligrosa acumulación de misiles por Hezbolá en Líbano; los llamamientos de Irán – con aspiraciones nucleares – a un mundo sin Israel; la hospitalidad de Siria a líderes de Hamás y al trasbordo de armas a Hezbolá; y enemigos que desvergonzadamente usan a civiles como escudos humanos. O la campaña global que cuestiona la legitimidad de Israel y su derecho a la autodefensa; la extraña coalición antisionista entre la izquierda radical y los extremistas islámicos; la mayoría numérica automática en la ONU dispuesta a avalar, sin mediar preaviso, incluso las acusaciones más rebuscadas contra Israel; y los miembros de la punditocracia que no pueden – o quieren – comprender los inmensos desafíos estratégicos que enfrenta Israel.

Sí, son los israelíes que, después de enterrar a 21 jóvenes asesinados por terroristas en una discoteca de Tel Aviv, visten el uniforme de las fuerzas armadas para defender a su país y proclamar que “Tampoco impedirán que bailemos”.

Ese es el país al que me siento orgulloso de defender. No, nunca diría que Israel es perfecto. Tiene sus defectos y flaquezas. Ha incurrido en errores, varios de ellos muy grandes. Pero todos los países democráticos, liberales y amantes de la paz que conozco también los han cometido, si bien son pocos los que han enfrentado a diario, desde su nacimiento, amenazas a su existencia.

Se dice que lo perfecto es el peor enemigo de lo bueno. Israel es un buen país. Y al mirarlo con detenimiento y desde cerca, y no a través del filtro de la BBC o de The Guardian, siempre recuerdo por qué. (Argentina.co.il/The Huffington Post)

El Holocausto en persa

Campaña israelí en idioma persa

Alegando que el Holocausto es un “mito”, es imprescindible elevar voces claras y conceptos fundamentados en hechos y procesos verídicos.
El 27 de enero, en el día mundial de Recordación del Holocausto, el Museo del Holocausto de Jerusalén anunció el lanzamiento de una importante campaña de lucha contra la negación de la tragedia judía que será transmitida en idioma persa. Yad Vashem ya cuenta con un sitio cibernético en persa desde hace varios años que goza de gran popularidad y el nuevo canal se sumará a las señales de Yad Vashem en hebreo, inglés, árabe y español.

La iniciativa es una clara respuesta a las reiteradas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, poniendo en duda el alcance del exterminio nazi llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, negando que dejó un saldo de seis millones de judíos muertos e insistiendo que el Holocausto era “exagerado” por el movimiento sionista y por Israel para justificar el “robo” de los territorios palestinos. El tema no es sólo lo que declaman los líderes persas: por ejemplo, recordemos con sorpresa y dolor que recientemente se informó que el Reino Unido borró al Holocausto de su programa de estudios porque “ofendió” a la población musulmana que afirma que nunca ocurrió. Y esto ocurre después que las expresiones antiisraelíes y antisionistas de Ahmadinejad tuvieron mucho eco en Europa, que se manifestó profundamente preocupada por el contenido y por el tono de ellas.
Para Europa, deslegitimar al Holocausto es negar la moralidad europea. Pero los ingleses prefieren convivir con los millones de musulmanes que habitan en las islas británicas.
¿Quién más seguirá el “ejemplo” británico?

Antecedentes
Desde el establecimiento del Estado de Israel, sus problemas regionales, tanto existenciales como estratégicos, estuvieron siempre íntimamente ligados a las actitudes de los países vecinos. En los últimos años se sumó a esos países árabes la República Islámica de Irán, país con el cual Israel no comparte fronteras comunes.
Todo hace que la hora aparenta propicia para expandir y fortalecer la hegemonía regional iraní. Debemos recordar que la diplomacia iraní es muy experimentada, goza de una tradición centenaria y ha acumulado una sofisticada habilidad profesional que aplica con amplia inteligencia.
Desde la elección de Ahmadinejad como Presidente de Irán, este país expandió su influencia regional habiendo incrementado notablemente su ingerencia en el Medio Oriente después de haberse afirmado, inicialmente, como fuerza dominante en el Golfo Pérsico.
¿Cómo llegó a esta situación? ¿También el Golfo Pérsico y también el Medio Oriente?
Podemos señalar cuatro tipos de razones:
* el afianzamiento de los sectores radicales en la conducción de Irán;
* el alza de los precios del petróleo;
* los planes de energía nuclear que gozan de fuerte consenso en la opinión pública iraní;
* la serie de erróneas o fracasadas medidas de la administración americana: los EEUU vencieron al Talibán en el 2002 y derrocaron a Sadam Hussein en Irak en el 2003, los dos acérrimos enemigos del país persa; las complicaciones de los EEUU en Afganistán contribuyeron a que Irán se afianzara como “potencia” regional con aspiraciones internacionales.
¿Es factible un bloque shiíta en el corazón del Medio Oriente? La aspiración de un eje shiíta conducido por Irán hoy se ve reflejada en Líbano, por el Hizbollah; en Gaza, por el Hamás; en Irak, donde la composición del gobierno, con apoyo americano, tienen mayoría shiíta por primera vez en la historia; en Siria, país árabe que se considera asimismo país laico, pero que cuenta con un importante apoyo económico de Irán a su vez país shiíta y religioso; sumemos el 70% de Bahrein, el 60% de Kuwait, parte de Yemen, etc.
De aquí que existe una profunda preocupación entre los dirigentes de los distintos países árabes, casi todos sunitas, que temen que en definitiva Irán logrará hacer caer en sus redes a la mayor parte de la región.
Las opiniones en Washington se contraponen en cuanto a la interpretación de las actitudes iraníes, disienten en cuanto a la magnitud de la amenaza, resultan contradictorias en cuanto a las apreciaciones del tiempo aún disponible, son indecisas en cuanto a las medidas adecuadas conducentes a evitar que Irán llegue a tener armamento nuclear. Esta discusión apasiona dentro de la Administración, como así también dentro de los partidos, agita a la opinión pública, cautiva al análisis académico. Los norteamericanos toman en cuenta también, que si se utilizarían medidas de fuerza militares, inmediatamente habría reacciones terroristas

en todo el mundo y se afectaría aún más la opinión pública árabe en contra de los EEUU.
Paralelamente, Irán continúa firme en sus proyectos y en sus declaraciones y en sus avances. 

La negación del Estado de Israel
En este contexto encontraremos la razón por la cual Irán enarboló la bandera de la destrucción de Israel al triunfar la revolución islámica en 1979. Este es un eslabón importante en la lucha del Islam contra Occidente, etapa importante en el afianzamiento de la hegemonía regional shiíta sobre la mayoría árabe sunita.
Para ellos no existe justificación alguna, ni moral ni histórica, para las reclamaciones de soberanía de los Judíos o de los Sionistas. La presencia de Israel es señalada como una cuña de la cultura occidental insertada en el corazón del mundo islámico para dificultar su expansión.
Desde el ascenso de Mahmud Ahmadinejad al poder, el 3 de Agosto de 2005, el mundo escucha sus repetidas declaraciones en cuanto a la negación del Holocausto como hecho histórico. La diferencia con sus antecesores reside en la frecuencia y no en el contenido de esas declaraciones. Se agrava, al salir de boca de la máxima autoridad política de la nación persa.
¿A qué se debe esta insistencia en el tema? ¿Por qué el Holocausto preocupa tanto al Islam iraní?

Deslegitimación

El objetivo es claro: anular la base ideológica del Sionismo, negación destinada a probar que “los judíos no tienen necesidad de modificar su propia historia, y deben dejar de presentarse como merecedores de lástima” (Khamenei, abril 2001).

Religiones no necesitan Estados

Los iraníes repiten a menudo que su desprecio hacia Israel no tiene bases antisemitas, no es contra los judíos. Lo demuestran señalando que los aproximadamente 20 mil judíos que residen en Irán son la mayor comunidad judía del Medio Oriente, fuera de Israel.
Pero insisten que el judaísmo es sólo una religión y las religiones como tales no tienen ni necesitan estados soberanos.

Agresividad Occidental
Según ellos, el sionismo es la última etapa de la agresividad occidental contra el Islam. El desarrollo comienza con la Primera Guerra Mundial que provocó la caída del Imperio Islámico Otomano (1917), continuó con la declaración Balfour y concluyó con la idea de establecer un estado judío (1948). Por si faltaran pruebas, la votación conjunta de los EEUU y Unión Soviética en pro del nuevo estado judío es la confirmación de dicha conjura occidental.

Sionismo Culpable
El sionismo es presentado como el apoyo fundamental a la globalización que atenta a la cultura y a la coherencia social islámica. El sionismo es el culpable y el brazo activo de la usurpación del territorio palestino. “El carácter racista y genocida del sionismo es la razón que lo conducirá a su propia destrucción”. De esta manera, desde el punto de vista ideológico está prohibido hacer la paz con los sionistas: “no se puede hacer paz con la maldad absoluta…”.

Los palestinos como víctimas
El demonizar al sionismo los lleva también a enunciar que fueron los mismos judíos que incitaron a Occidente en la lucha contra los alemanes a fin de poder obtener su estado en Palestina. Por otra parte, sostienen que Ben Gurión colaboró con los alemanes en sus planes de exterminio de judíos, a fin de alentarlos a que se trasladaran a Palestina.
De esta manera, presentan a los palestinos como víctimas de la Segunda Guerra Mundial, de la que no participaron pero se ven obligados a cargar con sus consecuencias: por lo tanto, los judíos residentes de Israel deben regresar a sus países de origen y/o los países europeos los culpables del Holocausto y son ellos los que deben ofrecer solución de residencia a los judíos.
Tal vez olvida, tal vez desconoce Ahmadinejad, que la idea del retorno judío a su patria ancestral no es consecuencia del Holocausto. La aspiración al retorno y la reconstrucción existe desde que Tito destruyó el Templo de Jerusalén en el año 70 de la era común; el retorno fue implementado en 1882 con las primeras colonias agrícolas de judíos religiosos, se fortaleció con el surgimiento del sionismo en 1897, fue reconocido por la Declaración Balfour en 1917, la población judía de Palestina pasó de 60 mil en 1918 a 600 mil en 1945. El Holocausto fue el brutal y sangriento “impulso final” para el reconocimiento político de la comunidad internacional expresado el 29 de noviembre de 1947: la creación de dos Estados, uno judío y otro árabe, en Palestina.
La Declaración de Independencia del Estado de Israel de 1948 basa su legitimidad en el derecho natural de los Pueblos a expresar territorialmente su soberanía y en el reconocimiento del concierto de Naciones.

Masá, una educacion judeo sionista

 

Educación judeo-sionista

 
Una investigación de Masá halló que la participación de jóvenes en programas de largo plazo en el Estado Judío está directamente relacionada con un mayor compromiso como Judíos, con el liderazgo en su comunidad, y con desposar a Judíos. Israel cierra las brechas si tienen debilitados sus antecedentes Judíos.

 

 
La participación en programas semestrales o de un año en Israel está directamente vinculada con la afiliación Judía y el liderazgo, sin contar lo que significa como valoración de su origen y antecedentes Judíos, según resultados de un estudio encomendado por Viaje por Israel (Masá).

 

Masá, un proyecto conjunto de la Agencia Judía para Israel y el gobierno israelí, y que ofrece 180 programas semestrales y anuales en Israel, encargó ese estudio a fin de medir su eficacia con miras a la futura afiliación y compromiso de los participantes con el Judaísmo.

La investigación estuvo a cargo del profesor Steven M.Cohen, Director del Berman Jewish Policy Archive en la Wagner NYU, y  profesor de Jewish Social Policy en el Hebrew Union College,  y del doctor  Ezra Kopelowitz, director de Research Success.

Los investigadores observaron que cuanto más prolongado es el programa en Israel, y más las experiencias vividas por los participantes, mayor es el nivel de su identificación con el Judaísmo.

 

El estudio abarcó a 13.000 participantes de ambos sexos, más de 11.000 norteamericanos;  la mayoría tuvo breves experiencias en Israel o participó en programas de Masá desde 2005. Los investigadores compararon tres grupos que se inscribieron en programas de corto plazo: 1) los que estuvieron en Birthright y no regresaron a Israel; 2)  los que retornaron a Israel para otro programa corto, y 3) los que estuvieron enBirthright y después se registraron para un programa deMasá.

La investigación otros dos grupos de jóvenes que  participaron sólo en programas de largo plazo: 4) jóvenes adultos no ortodoxos que estuvieron en Masá sin pasar por Birthright, y 5) educados en la ortodoxia y que estuvieron en Masá Ortodoxo. Los integrantes de estos dos últimos grupos contaban con  antecedentes Judíos mucho más fuertes, y obtuvieron educación Judía en la infancia, a diferencia de los participantes en los otros tres grupos de Birthright.

 

El estudio, asimismo, encontró que con cada experiencia subsiguiente en Israel, fue  aumentando significativamente el nivel de su solidaridad Judía. Por ejemplo, entre los casados interrogados, que asistieron a Birthright pero no volvieron a Israel, el 50 por ciento de ellos se casaron con Judíos; entre los que pasaron por Birthright, y que regresaron en otras ocasiones a Israel por corto tiempo, el 70 por ciento se casaron con Judíos; los que hicieron el programa de Birthright y después otro de Masá, el 91 por ciento de los participantes se casaron con Judíos.

 

En otras palabras, entre los que terminaron programas de corto plazo y nunca más regresaron a Israel, el porcentaje de casamientos mixtos se acerca al promedio nacional Judío para personas de su edad. En cambio, por el contrario, los participantes en programas de Masá estuvieron mucho más cerca de desposar a Judíos, y de hecho lo hicieron en nueve de cada diez casos.

Este patrón  se repitió en otras numerosas mediciones relacionadas con el compromiso como Judíos, así sea por su adhesión a organizaciones Judías, el tomar parte en funciones directivas en la comunidad Judía, interés en trabajar profesionalmente para ella,  su apego a Israel, y – para una pequeña pero significante minoría- haciendo aliá.

En síntesis, la investigación permitió encontrar en esas mediciones acerca de su compromiso como judíos, queBirthright unido con Masá, pueden, en efecto, proporcionar una viable ruta alternativa para alcanzar altos niveles de solidaridad con el mundo Judío para jóvenes adultos con pocos o sin antecedentes Judíos.

 

Por ejemplo, al preguntárseles si pensaron en seguir una carrera como profesionales dentro de la comunidad Judía, 45 por ciento de los que hicieron Birthright seguido por Masádijeron que sí, porcentaje casi idéntico al de los ortodoxos que egresaron de alguno de sus programas. Entre los que sólo participaron en Birthright, un 12 por ciento indicó que considerarían seguir una carrera para servir a la comunidad Judía; este porcentaje se duplicó a 26 por ciento entre los que pasaron por Birthright y volvieron después a Israel por corto tiempo; y volvió a duplicarse hasta el 45 por ciento entre los que, además de Birthright, participaron en algún programa de mediano o largo plazo de Masá.

Estas muestras son similares a las evidencias halladas en un reciente estudio de Avi Jai acerca de dirigentes Judíos que describe a los programas de largo plazo en Israel como una de las más amplias experiencias compartidas por jóvenes dirigentes Judíos de Estados Unidos junto con los días de escuela y la participación en campamentos Judíos.

 

´En la senda correcta´

En cuanto a su apego a Israel, las marcas entre la cohorte deBirthrightMasá es similar a los de Masá Ortodoxo, calculados según otras medidas. Cuando les preguntaron si recientemente fuerona escuchar una conferencia o a una clase relacionada con Israel, el 72 por ciento de los que participaron en BirthrightMasá respondieron afirmativamente, en tanto que entre los que siguieron un programa de Masá Ortodoxo lo hizo un 80 por ciento. (Si se habla de la lectura de periódicos israelíes, la cohorte de BirthrightMasá supera al grupo deMasá Ortodoxo por 61 por ciento a 43 por ciento). Entre  los que terminaron el programa de Birthrighy y uno de Masá, significativamente, el 18 por ciento está viviendo actualmente en Israel, un poco más, el 17 por ciento, entre los que graduados de Masá Ortodoxo.

“A lo largo de los años, un conjunto de evidencias ha servido para determinar el valor de los viajes de corto plazo a Israel.  Este estudio es uno de un pequeño número que apunta al valor agregado del viaje de largo plazo”, declaró el profesor Cohen, co-autor de la investigación.

“Si unos días en Israel son muy buenos para instilar el compromiso judío, y así es, una estancia de 10 meses en Israel es mucho mejor -agregó-. Estos hallazgos destacan el gran interés que reviste la promoción del retorno a Israel entre los alumnos de los programas de Birthright , y un interés aun mayor será fomentar los viajes de largo plazo, como los auspiciados por Masá Israel Journey”.

La semana última, la Junta de Gobernadores de la Agencia Judía  aprobó las partes operativas de su plan estratégico, que llama a la organización a centrar su labor en dos áreas principales, la primera de ellas una espiral de la experiencia israelí para jóvenes adultos. Esto tendría que comenzar con programas de corto plazo, como Birthright, los de largo plazo como los de Masá, e incluir programas de desarrollo de plazo intermedio, como la escuela de verano en Israel, con el objetivo de fortalecer la identidad Judía e intensificar el apego a Israel entre los jóvenes de hoy.

 

“Los datos de este estudio muestran que estamos en el camino correcto con nuestro plan estratégico”, dijo el doctor Misha Galperin, presidente y gerente ejecutivo del Departamento Internacional de Desarrollo de la Agencia Judía. “Estamos persuadidos  – y los datos de este estudio lo confirman- que continuar brindandoles la posibilidad de conocer  la  vida israelí a los jóvenes adultos guarda correlación directa con sus sentimientos, su pensamiento y con el hacer cosas Judías con cada paso que den por la espiral de la experiencia que vayan haciendo en Israel”.

 

 

Keren Hayesod

 

José Brechner – ¿Quién es judío? – Ideas

José Brechner – ¿Quién es judío? – Ideas.

¿Quién es judío?

Por José Brechner

¿Quiénes son los judíos, esos singulares individuos que vienen siendo el centro de atención de la humanidad desde hace casi 6.000 años, y que, pese a las adversidades que han sufrido, han contribuido al desarrollo humano como ningún otro pueblo?
Desde la refundación de Israel, el significado de ser judío ha tomado un nuevo cariz, puesto que hay israelíes que no son judíos y hay millones de judíos que no son israelíes. Esa unión étnico-religiosa que caracterizó a la nación israelita de la diáspora está tomando un nuevo rumbo.

Existe, evidentemente, un factor genético, transmitido ancestralmente. Desde la perspectiva talmúdica, para ser judío hay que nacer de madre judía. Pero el judaísmo también acepta la conversión; de hecho, grandes rabinos, exégetas y místicos fueron conversos, o descendientes de conversos: por ejemplo, el rabí Akiva. De manera que los judíos por elección son tan judíos como los que lo son desde la cuna.

No existe pueblo que se haya mezclado más con los demás. Hace 3.000 años había tantos judíos como chinos. Considerando todas las masacres y desgracias padecidas por los judíos, más aquellas que afectaron a la humanidad en general, debería haber por lo menos 300 millones de judíos; pero su número apenas llega a los trece millones: y es que la mayoría se diluyó en otras culturas.

Siendo un grupo tan reducido, su significativa relevancia es desproporcionada. Es su influencia en ámbitos como el cultural y el científico lo que hace que parezca que los judíos son más de los que de hecho son.

Muchos europeos tienen sangre judía. Sus mismos apellidos son una revelación ineludible. El Schwartz alemán y el Suárez español son apellidos que comparten su origen judío.

La controversia acerca de quién sea judío ha llevado también a la pregunta opuesta: ¿quién no lo es? Tanto la una como la otra han dado lugar a incontables argumentos, estudios, observaciones y revelaciones.

En una entrevista de Luis Amiguet a Sergio Della Pergola, profesor de Demografía Judía de la Universidad de Jerusalén, para La Vanguardia de Barcelona se descubren datos novedosos acerca del presente y el futuro del pueblo judío.

“Cada vez hay menos judíos en el mundo, y son más viejos”, afirma Della Pergola, un judío italiano que emigró a Israel. De acuerdo con el profesor, “judío es quien se reconoce judío”.

Esta definición, que difiere de la talmúdica, es la que acabará predominando; entre otras cosas, porque, recordemos, existen judíos antisemitas como Noam Chomsky y judíos antiisraelíes como George Soros y David Axelrod. A su vez, existen israelíes que reniegan de todo vínculo religioso con el judaísmo, y hay judíos ultra-ortodoxos, como los miembros de Neturei Karta, que no reconocen la existencia de Israel. En contraparte, existen gentiles sionistas que se sienten identificados con los judíos y con Israel. Y, claro, están los israelíes no judíos: cristianos, musulmanes, budistas o ateos, que forman parte activa de la sociedad israelí.

En Israel se convierten anualmente al judaísmo unas 1.500 personas. La cifra no parece significativa, pero no olvidemos que el judaísmo no hace proselitismo. Quien quiera hacerse judío será bienvenido, pero que nadie espere que el rabino vaya a ir a buscarle. La convicción, para ser legítima, tiene que brotar de uno mismo. Y la conversión implica observancia plena de las leyes y costumbres judías.

Las tergiversaciones acerca de quién sea judío, o qué sea serlo, surgen del hecho de que, en los últimos dos mil años, quienes definían lo judío eran los no judíos. Hoy, en cambio, tal y como explica Della Pergola, son los propios judíos quienes dirimen la cuestión.

Hay judíos de padre y madre judíos que no se consideran judíos. Según la ley mosaica, son cien por ciento judíos, pero están en su derecho de elegir lo que quieren ser. Sea como fuere, no deja de ser irónico el que tanto los judíos como los judeófobos los consideren judíos. Hitler no perdonó a nadie con ascendencia judía hasta la quinta generación.

La tasa de crecimiento de la población judía es negativa; y en Israel, por cada cuatro niños árabes nacen 2,7 judíos. La idea de los musulmanes es dominar Israel y el mundo a través del crecimiento demográfico. Para 2020, uno de cada tres austríacos será musulmán. Austria, la cuna de Hitler y de la mayoría de los jerarcas nazis que clamaban por la supremacía aria, será de las primeras en caer bajo el dominio étnico-religioso árabe.

Demografía, identidad y territorio son los tres vectores que definen el futuro de un pueblo. La globalización económica es imparable, pero los vientos de la identidad soplan en muy otras direcciones: cada vez somos y necesitamos más a nuestro grupo, dice Della Pergola. De ahí que el número de judíos ortodoxos y tradicionalistas esté aumentando tanto en Israel como en el resto del mundo.

© Diario de América

Condenado por “sionista”

Condenado por “sionista” (a propósito de las declaraciones de Fidel Castro a Jeff Goldberg)

Fidel Castro invitó a Jeffrey Goldberg a La Habana para hablar de su última obsesión, una guerra nuclear que aniquilará a medio planeta. Durante el rendez-vous le dio al periodista y escritor estadounidense dos noticias para su diario The Atlantic que le han dado la vuelta al mundo: que el modelo cubano no funciona y que está en desacuerdo con el presidente de Irán Mahmud Ahmadinejad por negar el Holocausto judío.

Lo primero, en lugar de sincero reconocimiento de la catástrofe económica en que se encuentra Cuba, terminó siendo un colosal lapsus linguae que revela que el mayor de los Castro ya no tiene toda la claridad mental de antes, aunque él y sus admiradores quieran aparentar lo contrario.

Como muchos otros cubanos, he perdido la capacidad de sorprenderme con lo que dice el ex presidente. Durante sus más de cincuenta años en el poder, Castro ha acumulado un historial de contradicciones para las que siempre tiene una justificación. Sus recientes declaraciones de simpatías por los judíos y por el derecho de Israel a existir entran en esa categoría.

Durante años, el estado de Israel ha sido objeto de constante vilipendio en la prensa cubana. Granma y Juventud Rebelde se refieren a Israel como la “entidad sionista” culpable de los más horrendos crímenes. A su vez, los atentados contra civiles israelíes por parte de organizaciones terroristas palestinas nunca reciben igual condena. La impresión es que la violencia está de cierto modo justificada por la llamada ocupación israelí.

La escuela cubana tampoco le hace justicia a la persecución de los judíos de la que habla Fidel. En las clases de historia contemporánea que recibí, el Holocausto fue sólo una mención casi de paso mientras que el estado de Israel aparecía como agresor y gendarme de Estados Unidos en el Medio Oriente.

La aversión a Israel me tocó de cerca en mis años en la Universidad de La Habana al final de la década de los setenta y comienzos de los ochenta. En la residencia estudiantil del Vedado conviví con varios estudiantes palestinos que, como yo, cursaban estudios en la Facultad de Filología. En varias ocasiones intercambiamos puntos de vista sobre el conflicto del Medio Oriente. Por sinceridad o ingenuidad les hice saber que en mi opinión Israel tenía tanto derecho a existir como los propios palestinos. No tardó mucho tiempo para que estos jóvenes, militantes del Frente Democrático y del Frente Popular de Palestina, me denunciaran por “sionista” a la Juventud Comunista cubana, ese refugio de mediocres y aprovechados. La gravísima falta no era sólo expresarme a favor de la existencia de Israel sino algo tan nimio como llevar una camiseta con la imagen de un menorá, el candelabro judío de siete brazos que data de los tiempos más antiguos de la religión hebrea.Por entonces me interesaba en el judaísmo y asistía con regularidad a la sinagoga.

La denuncia condujo a una especie de juicio en la residencia estudiantil organizado por la Juventud Comunista y presidido por la decana de la Facultad de Filología, Lázara Peñones. No era yo el único sometido a este auto de fe. Por esa época, a comienzos de 1980, Fidel Castro había lanzado una de sus tantas ofensivas ideológicas; esta tenía el lema de “la universidad es para los revolucionarios”. Había que purgar los centros de estudios de todos aquellos que se apartaban demasiado de los dogmas oficiales. Eran tiempos en que Castro estaba preocupado con los crecientes contactos de la población con la comunidad cubana en el exterior a la que se le permitía visitar el país desde hacía unos años. El temor del Máximo Líder era que con los jeans y las grabadoras llegaran también ideas que tarde o temprano condujeran a un cuestionamiento de su gobierno. En mi caso era culpable por partida doble. No sólo era portador de una peligrosa desviación ideológica, la de creer y expresar que Israel tenía derecho a existir. Entre mis faltas estaba también vestir ropas extranjeras, que en el absurdo de la Cuba de entonces era un delito de “ostentación”.

Mi juicio fue rápido. Se leyeron las acusaciones en mi contra, a las que respondí. En cuanto al conflicto en el Medio Oriente, insistí en que estaba por la paz entre Israel y los palestinos, algo que al parecer no era lo que querían escuchar la Decana y su compañía. Una de las pocas cosas que dijo la licenciada Peñones era que no se podía ser “pacifista a ultranza”. La Juventud Comunista propuso expulsarme de la residencia. En el mejor ejemplo de procesos estalinistas se votó la propuesta a mano alzada. Todos mis compañeros de piso votaron a favor aunque dos o tres me pidieron comprensión más tarde. Otros evitaron dirigirme la palabra desde ese día. La decisión de expulsarme de la residencia tenía el objetivo de que al ser un becario procedente del interior de la isla y con las escasas posibilidades de encontrar alojamiento en La Habana tuviera que abandonar mi carrera.

Días después, esta vez en la sede de la Facultad de Filología, tres profesoras me sometieron a un riguroso escrutinio ideológico. El proceso no condujo a una expulsión formal de la universidad. Me permitieron continuar mi beca pero por deferencia hacia los palestinos me enviaron a otra residencia estudiantil. Poco después de llegar a ella, apareció en una de las puertas un enorme cartel de una de las organizaciones donde militaban mis denunciantes, en el que se destacaba una serpiente entrelazada con la estrella de David. Una provocación, sin duda.

¿Quién permitió que estos fanáticos sentaran pie en Cuba y se les educara en nuestras universidades? ¿Quién dio luz verde a aquella farsa por el delito de defender a Israel?

Paradójicamente es el mismo anciano que hoy deplora la persecución de los judíos.

Al cabo de los años pienso en aquel sambenito de sionista que me colocaron dos o tres estudiantes palestinos y aceptaron los jóvenes comunistas de la Universidad de La Habana con los que por desgracia me tocó convivir: si sionista es apoyar la existencia de un estado que es una solución a tantas injusticias históricas y que además es un modelo de democracia en el Medio Oriente, lo soy y a mucha honra. Por sus declaraciones a Goldberg, hasta el mismo ex presidente de Cuba lo fuera ahora si lo juzgaran con el mismo criterio con que me juzgaron en 1980.

(Este artículo es una colaboración para Semanario Hebreo)

Fuente: http://cubanlad.wordpress.com/

Capacidad para el compromiso…

Es justo la capacidad para el compromiso lo que hace a un noble…

Esta sencilla frase de película es lo que define a un Sionista, pues es
justo la capacidad para el compromiso lo que hace a un sionista.

Siempre he fantaseado de pequeño con el animal que mejor me definía, puede que incluso el que mejor me definiese no fuera precisamente el que más me gustaba, pero yo siempre quería ser el León, el León simboliza la fuerza, el coraje, la valentía y el liderazgo, rasgos que cualquiera soñaría con
poseer. Y dejadme que os cuente que cuando yo volví de mi primer viaje de
Israel me propuse ser un león, me propuse ser un Ariel, esto es, un león
de D-os. Pero la vida me fue enseñando que para llegar a ser Ariel primero
has de comenzar siendo Arik, es decir, un pequeño León. Primero has de
aprender a Rugir, has de aprender a ser un buen Líder, has de aprender a
dominar tus miedos pero sobre todo has de aprender a no rendirte jamás.

Cuando empiezas en esto del Sionismo o la Hasbara, al menos en mi caso, te
das cuenta que defiendes una causa que para el resto del planeta es una
causa perdida, pero es ahí cuando empieza el proceso, cuentas con muchas
puertas cerradas, pero también cuentas con que otras se empezarán a abrir,
debes aprender a vencer tus miedos, pues estás condicional e irremisiblemente condenado a no rendirte jamás.

Con el paso del tiempo, te vas dando cuenta que siempre has llevado ese
pequeño León dentro de ti, que dar la cara por Israel, es algo que muy
pocos se atreven a dar, que para ello es necesario tomar decisiones
arriesgadas, atrevidas y en ocasiones por qué no, algo temerarias, pero es
que otra vez, es justo la capacidad para el compromiso la que nos forja, es la capacidad de respuesta ante la adversidad la que nos determina, es todo ello lo que hace que poseas esas características que parecen casi innatas, y que te obligan a mirar siempre de frente, siempre erguido, siempre valiente.

Puede que la mayoría de nosotros tengamos otros trabajos, como contables,
asesores, obreros, barrenderos o comerciales, pero todos sabemos que ese
no es nuestro verdadero trabajo, ese solo es el que te da el sustento físico, el que te paga la hipoteca o te lleva el alimento, no es el que te hace ir a la cama cada día tremendamente orgulloso y tremendamente feliz y satisfecho de lo que haces, ese no es el que alimenta tu alma, el que es Sionista sabe que cuando se inicia una guerra con Gaza, todos, independientemente de nuestros trabajos, pasamos a ser iguales, nuestras categorías pasan a ser las mismas, todos somos Ariel, todos somos leones de la misma camada, es en ese instante que como por arte de magia, magia sionista, todos nos coordinamos, actuamos, trabajamos por un mismo fin, un fin mayor.

No sabemos quizás que aspecto tiene el compañero que nos contesta desde
Galicia o Jaén, pero eso no importa, solo tenemos que apoyarle y seguir
peleando, hasta no rendirnos jamás, es pues, en ese instante cuando nos
damos cuenta casi sin querer que hemos pasado de pequeños leones, a Leones de D-os, es en ese instante cuando firme, derechos nuestros hombros, nos miramos sin mirar, nos sentimos tan solo con teclear, nos alentamos en la distancia y nos unimos tan solo con pensar que la recompensa a nuestro trabajo es mayor que la hipoteca que pagamos o los alimentos que compramos, es la satisfacción de estar haciendo lo correcto por aquellos que nos necesitan y sin querer recibir nada a cambio, tan solo por amor, por sentimiento, por coraje, por corazón, por llegar a ser un Sionista, por llegar a ser un León.

Erik Domínguez
www.defiendeteisrael.com

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