La historia de Januca

Por David Brooks
10 de diciembre 2009

Esta noche los niños judíos encienden la Menorá, hacen girar sus dreidels (pirinolas, peonzas) y reciben sus regalos, pero Hanukkah es la más adulta de las festividades. Se conmemora un evento en el que los buenos chicos hicieron cosas horribles, los malos hicieron cosas buenas y en las que todo el mundo está desconcertado por los conflictos insolubles que permanecen con nosotros hoy. Es una fiesta que refleja con precisión cómo es la política, cómo es la historia, cómo es la vida.

Se inicia con la difusión de la cultura griega. El imperio de Alejandro, y los imperios más pequeños que le sucedieron, trajeron la modernización de las ideas y las instituciones a Oriente Medio. Lo más positivo fue que la cultura helenística destacó la fuerza de la razón y la importancia de la conciencia individual. Trajo a las ciudades teatros, gimnasios y los debates en la sociedad. Elevó el nivel de vida, especialmente en lugares como Jerusalén.

Muchos judíos reformistas adoptaron estas mejoras. Los griegos tenían una idea central: sus aspiraciones de crear una cultura universal de avanzada. Y los Judíos tenían su propia idea central: la idea de un Dios verdadero. Los reformistas querían fusionar estas dos ideas.

Judios urbanos asimilaron parte de la cultura griega como propia, adoptando nombres griegos como Jason, haciendo ejercicio en el gimnasio y prosperando dentro de las instituciones griegas. No todos los Judios se asimilaron. Algunos resistieron en silencio. Otros huyeron a las colinas. Pero Jerusalén lo hizo bien. La dinastía seléucida, que tenía el control político sobre la zona, no sólo era tolerante, sino que utilizó el dinero imperial para ayudar a promover las diversas religiones dentro de su esfera.

En el 167 aC, sin embargo, el rey seléucida Antíoco IV, emitió una serie de decretos profanando el templo, confiscando bienes y prohibiendo la práctica del judaísmo, bajo pena de muerte. No está claro por qué lo hizo. Algunos historiadores creen que los reformadores extremistas judíos ejercían el control y esperaban acabar con lo que veían como los restos primitivos de su fe. Otros creen que Antíoco pensaba que los judíos eran quintocolumnistas desleales en su lucha contra los egipcios y, por tanto, tenía la esperanza de asimilarlos a su nación.

Independientemente, los que se negaron a comer carne de cerdo fueron asesinados en un uno de los primeros casos de martirio religioso puro.

Como señala Jeffrey Goldberg, que está escribiendo un libro sobre este periodo, los Judíos fueron tardaron en rebelarse. La presión cultural en la práctica judía se había estado organizando, sólo cuando se alcanzó un nivel político demencial los tradicionalistas judíos se levantaron en armas. Cuando lo hicieron, la primera persona que mataron fue un compañero Judío.

En la ciudad de Modiín, un Judío que estaba intentando llevar a cabo un sacrificio en un nuevo altar griego fue sacrificado por Matatías, el anciano jefe de una familia sacerdotal. Cinco hijos de Matatías, encabezada por Judas Macabeo, a continuación, dirigieron una revuelta de los insurgentes contra el régimen.

La guerra civil judía planteó preguntas: ¿Quién es Judío? ¿Quién llega a definir el nivel adecuado de respeto? También creó una crisis espiritual. No fue una batalla entre las tribus. Fue una batalla entre las teologías y vomitó todo tipo de cuestiones acerca de por qué suceden cosas malas a los creyentes fieles y lo que sucede en la otra vida – cuestiones que repercuten en la región durante siglos, a efecto épicos.

Los macabeos se entienden mejor como fanáticos moderados. No estaban en total rebelión contra la cultura griega. Utilizaban el lenguaje constitucional griego para explicarse. Ellos crearon un festival para conmemorar su triunfo (que es parte de la cultural griega, no judía). En poco tiempo, ya estaban eligiendo a sus sacerdotes.

Por otra parte, luchaban heroicamente por sus tradiciones y la supervivencia de su fe. Si encontraban Judíos circuncidados, realizaban circuncisiones forzosas. No tenían ningún interés en la libertad religiosa dentro de la comunidad judía y creían que la religión era un régimen colectivo, no una elección individual.

No fueron el último grupo de airados barbudos religiosos que ganaran una campaña de insurgencia contra una gran potencia en el Medio Oriente, sino que pueden haber estado entre los primeros. Recuperaron Jerusalem en el 164 B.C. y restauraron el templo. Su régimen se convirtió rápidamente en corrupto, brutal y reaccionario. El concepto de la reforma había sido desacreditado por los extremistas de la helenización. La práctica se estancó. La escolarización marchitó. Los Macabeos se convirtieron en opresores religiosos, fatalmente invitando a los romanos a entrar en Jerusalem.

Generaciones de maestros de escuela dominical han convertido Januca en la historia de la valentía judía unificada en contra de un anti-semita imperio helénico. Los colonos en la Ribera Occidental lo contaron como una historia de cómo el núcleo duro de los judíos derrotaron a los corruptos, las masas de judíos asimilados. Los rabinos más tarde agregaron el milagro de la lámpara de dar a Dios por lo menos un pequeño papel en el proceso.

Pero no hay borrado de las complejas ironías de los acontecimientos, la vía del progreso, el heroísmo y la brutalidad se entretejen por todas partes. Los Macabeos heroicamente conservaron la fe judía. Pero no hay manera honesta de contar su historia como un cuento moral de autofelicitación. La lección de Janucá es que incluso las luchas que salvaron a un pueblo están salpicados con trágica ironía, la complejidad y elecciones poco atractivas.

Fuente: http://www.nytimes.com/2009/12/11/opinion/11brooks.html?_r=1

Al Andalus en la “umma”

Por Pilar Rahola
La Vanguardia. Barcelona – España
07/12/2009

La cita del jeque mártir Abdulah Asma es explícita: “La yihad es una obligación desde que Granada cayó en manos de los infieles”. No estamos, pues, en la periferia de esta locura totalitaria que hunde sus raíces en los califas medievales pero usa la tecnología del siglo XXI para promover el terror, sino en el centro de la diana.

Me sorprende? la sorpresa que produce este tipo de noticias. Como si no estuviéramos avisados y no hubiéramos sabido leer las señales que el fenómeno nos ha enviado, sin trampa ni cartón, desde que inició su tétrica cruzada. España está en el centro de su diana, reinando con la fuerza de un simbolismo atávico, y con tal magnetismo que aglutina en su mítica los sentimientos encontrados que laten en el corazón más oscuro del islam. Es el califato perdido, el Shangri-La de la umma musulmana, la encrucijada donde la rabia de una derrota secular se fusiona con el sueño de una victoria definitiva.

Desde que los Hermanos Musulmanes de Egipto, a principios del XX, empezaron a tejer la delirante ideología que hoy sustenta al fundamentalismo islámico mundial, Al Ándalus siempre fue la joya de la corona. No sólo está presente como símbolo atávico. Es, además, el primer deseo de conquista de todo el yihadismo. Y todo significa todo, desde el magma de Al Qaeda hasta el Abu Sayad de Filipinas, desde la Yamaa Islamiya pakistaní hasta el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino, desde el terrorismo checheno hasta el cachemir, el yemení o el somalí. Todos aquellos que dedican su vida a la conquista de Occidente para crear un gran califato mundial tienen Al Ándalus como mito primordial. “Utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia”, gritó durante años el jeque Omar bin Bakri desde la mezquita de Londres, y la primera torre simbólica que debía retornar al islam era, sin lugar a dudas, la de la mezquita de Córdoba.

Escribo todo esto porque, aunque nos parezca un cuento de Ali Babá, conforma el universo simbólico actual de miles de personas enroladas en la guerra santa. Lo primero, pues, que debemos tener claro es que este enemigo huidizo que, sin embargo, tiene una gran capacidad para matar tiene España en el punto de mira sentimental, simbólico y cruento. Sólo hace falta recordar que, en su primera alocución después del 11-S, Bin Laden reiteró su lucha contra cruzados y judíos y habló de dos objetivos prioritarios: Palestina y Al Ándalus. Si, además, hacemos el trágico recuento de los atentados sufridos, blanco y en botella, somos un target indiscutible: sin sumar el atentado del restaurante El Descanso ?el primero del yihadismo en España? y la cantidad de islamistas detenidos en operaciones diversas, entre ellas algunas relacionadas con el 11-S, cabe recordar los atentados en Líbano, en Yemen, en el restaurante España de Casablanca y, por supuesto, el mayor atentado islamista de la historia en Europa, las bombas de Atocha. Todos tuvieron el sello yihadista y todos fueron atentados antiespañoles. Es decir, no somos la periferia de la obsesión fanática de esta ideología totalitaria que quiere conquistar el mundo. Somos el alma de su encrucijada de sentimientos. Una parte fundamental de su obsesión medieval.

Por supuesto, poco sabemos de lo ocurrido en Mauritania. Pero si se confirman los malos augurios islamistas respecto al secuestro de tres cooperantes catalanes, también se confirmaría la convicción de los expertos de que este secuestro ni sería fortuito, ni sería ajeno a la condición española de los secuestrados. No olvidemos que la rama magrebí de Al Qaeda hizo un comunicado, en octubre pasado, donde pedía “la liberación de Andalucía” y la recuperación del paraíso perdido. La cita del jeque mártir Abdulah Asma es explícita: “La yihad es una obligación desde que Granada cayó en manos de los infieles”. No estamos, pues, en la periferia de esta locura totalitaria que hunde sus raíces en los califas medievales pero usa la tecnología del siglo XXI para promover el terror, sino en el centro de la diana.

La cuestión, ahora, es si sabrán leer la enésima señal de alarma estos bambis multiculturales nuestros, que proyectan una ingenuidad cósmica ante determinadas prácticas integristas. ¿Entenderán lo que está pasando o aún creerán que si se portan bien serán amiguitos? No somos un enemigo más para el yihadismo. Somos la madre de todas las obsesiones.

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http://www.pilarrahola.com

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