El significado del cartel de Auschwitz que el mundo no supo leer

Por Martha Wolff

Patrimonio de la humanidad — Unesco

Arbeit macht frei… pensar en el significado de esta frase es tomar conciencia de aquello que los nazis se propusieron al confiscar “enemigos” bajo un régimen de trabajos forzados para que les rindiese su plan productivo económico y bélico y luego matarlos. Quizá pocas veces nos hemos puesto a pensar en su real significado. Para los ideólogos de ese macabro plan que “El trabajo libera”, quería decir casi metafóricamente, que “El trabajo esclaviza” a los que discriminaba dándoles la bienvenida a Auschwitz con música ejecutada por una orquesta de prisioneros.

Haber propuesto soldar en hierro esa sentencia es haber demostrado al mundo lo que el mundo no supo leer.

En estos momentos de reflexión y de espanto ante el robo del cartel vienen a mi memoria los métodos de sistemas políticos que para “beneficio” de sus países y doctrinas someten con la subordinación y el miedo a sus pueblos hasta pagar con la muerte el objetivo de ideales por encima del valor humano.

El que visitó Auschwitz sabe que haber traspasado ese cartel es haber entrado al infierno. Personalmente fui con mi esposo a poner un ramo de rosas en la pira de cenizas en memoria de su tía que fue asesinada con su hijo. Esa pira es una tumba de polvo colectiva de aquellos que no merecían morir como seres humanos con el derecho a tener un rectángulo cavado llamado fosa con nombre y apellido.

En el recorrido de Auschwitz todavía retumban las botas nazis; se huele a carne chamuscada cuando soplan vientos de modernidad absurda como querer vender el convento que linda con el campo para construir un paseo de compras; se mueven las almas retorcidas de los muertos y crispa el aire el llanto de los chicos que piden por sus padres en un mudo lamento. El empedrado de sus calles diseñadas para soldados y carros conducen a ex guarniciones militares transformadas en museo que demuestran el horror computado de los nazis para llevar a cabo el exterminio judío, gitano, homosexual y político hasta llegar a la caseta del que dirigía ese campo donde criaba a sus hijos. Tenían gobernante, estudiaban piano, veían las flores en verano y la nieve en invierno mientras mataban de hambre y vida a los niños judíos. Todo ese testimonio de chimeneas, hornos, libros con registros de las porciones miserables de comida que les daban, de los instrumentos de tortura medicinales y de tatuaje para numerarlos, de camas diseñadas para el insomnio y el hacinamiento, de agujeros nauseabundos alineados de falsos inodoros, de duchas desinfectantes y perforaciones en el techo de gases mortales Ziclon… es un paseo que todavía Ahmadinejad no visitó porque no tuvo parientes allí.

Vaya a saber dónde estará el cartel! Tal vez lo sacaron los fanáticos que niegan que la Shoá existió y por las vueltas del destino aparezca en Teherán como ofrenda a Ahmadinejad o en memoria de Hitler para demostrar que “El trabajo que llevaron a cabo los nazis liberó al mundo de 6.000.000 de judíos” que les molestaban. Pero mundo… Hitler tampoco tiene tumba y en Auschwitz está la horca en la que fue colgado el comandante de ese campo Rudolf Höss, lo que hace pensar que hay dos clases de Justicia. La Divina y la de los hombres justos.

¿A los negadores del Holocausto no se les ocurrió robar ese monumento histórico que al igual que todo lo que está en Auschwitz es Patrimonio de la Humanidad, sino de la Humanidad Humana?

El final

Rudolf Höss comandante de Auschwitz también Patrimonio de la Humanidad

La guerra había finalizado en Alemania el 8 de mayo de 1945. Höß, disfrazado como suboficial de la armada alemana (Kriegsmarine), se alejó hacia las costas del Báltico, donde cayó en manos de los Aliados. Al no encontrarse pruebas de ningún tipo en contra suya, dado su nombre falso (Franz Lang) y su calidad de agricultor profesional, obtuvo una liberación anticipada. Sus guardianes ignoraban entonces la importancia de su presa. Fue empleado como obrero agrícola en una granja cerca de Flossenburg, no lejos de la frontera con Dinamarca. Permaneció allí durante ocho meses. Entretanto la Policía Militar reinició su búsqueda. Su familia, con la cual había logrado retomar contacto, estaba estrechamente vigilada y sometida a frecuentes pesquisas, hasta que el 11 de marzo de 1946 llegaron oficiales británicos a la casa de la Sra. Höß y, bajo engaño, le dijeron que si no decía dónde estaba su marido, sería entregada a las autoridades soviéticas para su ejecución, y que sus hijos serían deportados a Siberia. La Sra. Höß sucumbió y reveló el emplazamiento de la granja agrícola donde estaba escondido su marido, así como su nombre falso.

Höß fue capturado esa misma noche (2:30) por la Policía Militar Británica. En esta ocasión no pudo suicidarse, pues la ampolla de veneno que guardaba consigo se había roto dos días atrás. Sus declaraciones a partir del arresto aún hoy día están en duda, ya que aparecieron dos confesiones: la primera, hecha en su propia lengua ante autoridades británicas.[1]

La segunda confesión, a posteriorì, fue realizada cuando estuvo en Cracovia, dejando muchas dudas en relación a la primera (contaba con un abogado). Declaró que, por haber sido torturado para la primera declaración, se vio obligado a firmar lo que sus captores le exigieron. En Cracovia se retractó de todo lo dicho en la primera confesión. Esto no fue tenido en cuenta por los jueces. Fue llevado a los Juicios de Núremberg, como testigo en el juicio de Ernst Kaltenbrunner, Oswald Pohl y la IG Farben.

El 25 de mayo de 1946, fue extraditado a Polonia donde se le abrió un nuevo juicio por crímenes de guerra. En dicho juicio no negó ninguno de los cargos, afirmándose en el hecho de que cumplía órdenes directas de Himmler y que, dado su rango militar, no podía ignorarlas. En el desarrollo del juicio no se presentaron denuncias de abuso personal por su parte contra los prisioneros. Todos los prisioneros supervivientes afirmaron que era un hombre que administraba con frialdad y sin sentimientos el campo de Auschwitz; él sólo dirigía una “máquina de matar”. De este modo lo deja reflejado en sus memorias manuscritas, redactadas mientras estuvo en prisión:

“Por voluntad del Reichsführer de las SS, Auschwitz se convirtió en la mayor instalación de exterminio de seres humanos de todos los tiempos. Que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones. Si el mismísimo Führer había ordenado la solución final del problema judío, no correspondía a un nacionalsocialista de toda la vida como yo, y mucho menos a un Führer de las SS, ponerlo en duda.”

Rudolf Höß

Al final de su proceso en Cracovia, Höß acogió la sentencia de muerte con aparente indiferencia el 2 de abril de 1947. Fue ahorcado en el antiguo campo de concentración de Auschwitz el 16 de abril de 1947. Sus memorias escritas en prisión fueron publicadas en 1958 por el historiador Martin Broszat. Los textos, reunidos generalmente bajo el título de “Le Commandant d’Auschwitz parle” (en alemán “Kommandant in Auschwitz”), habrían sido escritos por Höß a lápiz, bajo la vigilancia de sus carceleros comunistas polacos, en la prisión de Cracovia en tanto esperaba ser procesado.

Fuente y reenvio: http://www.porisrael.org

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