ISRAEL Y SU ENTORNO: ENTRE FANTASMAS Y REALIDADES

Ana Jerozolimski
Editorial de Semanario Hebreo

No son pocos los conflictos en diferentes partes del planeta, que dividen a los seres humanos. El hombre va a la guerra con el prójimo por las razones más variadas, o -sin llegar al campo de batalla- choca a diversos niveles con sus vecinos cercanos o más lejanos, por distintas circunstancias. Pero hay un conflicto, un problema de fondo, con algunas características singulares, que no creemos se manifiesten con tanta naturalidad en ningún otro.  Sólo en el marco de la hostilidad árabe y musulmana hacia Israel, sus exponentes y portavoces en distintos cargos, se permiten decir cosas que no recordamos haber oído en otros marcos, por más duras que sean las discrepancias, por más abierta que sea la enemistad.

Pensamos en esto hace pocos días, al recibir la información sobre las declaraciones del flamante Ministro de Justicia de Jordania, Hussein Majali, quien exhortó a liberar de prisión a Ahmed Deqamseh, el ciudadano jordano que cuando era soldado, en 1997, abrió fuego desde su puesto de guardia en la frontera entre Israel y Jordania hacia un grupo de alumnas israelíes de visita en el lugar, matando a siete de las niñas y dejando a seis más heridas.

Majali fue en su momento el abogado del asesino y ahora sigue defendiéndolo, afirmando que “no merece estar en prisión” y que “en realidad, es un héroe”.

Es para frotarse los ojos al leerlo, abrir bien los oídos y cerciorarse de que uno está oyendo bien. Es que no fue un reo de la calle el que habló así. Ni siquiera un ciudadano más… en todo país hay de todo… Fue el Ministro de Justicia, un cargo que en principio, siempre inspira cierta respetabilidad.

Aclaremos que un portavoz oficial del gobierno jordano señaló que las palabras del Ministro fueron dichas a título personal, reflejan únicamente su postura y no la del gobierno todo ni la del Reino y que fueron dichas “en el marco de la libertad de expresión y la democracia” en Jordania. Optaremos por destacar sólo la parte buena de esta aclaración, ese recalcar que no refleja la posición de Jordania. El resto, parece tan obvio que ni sentido tiene mencionarlo…

Recordemos, por las dudas, que la paz entre Israel y Jordania se firmó el 26 de octubre de 1994, que era más que abierta y obvia la manifestación de alegría del pueblo de Israel por ello, y que hasta resultaba original ver siempre cuánto cariño parecía tener el israelí promedio por el hoy ya fallecido Rey Hussein, a quien se le recibía con todos los honores cuando llegaba al país. “El enemigo al que los israelíes aman”, se solía decir…

Cabe recordar también que Israel cumplió y sigue cumpliendo al pie de la letra el acuerdo de paz, y que tal cual fue estipulado, Israel deriva hacia Jordania anualmente una cantidad nada despreciable de metros cúbicos de agua, inclusive cuando impone restricciones en su plano interno, debido a la falta de lluvias suficientes hace ya muchos años.

El entonces soldado, apostado en su torre de control, sabía en aquel momento del grupo de alumnas israelíes que visitarían “la Isla de la paz”-tal cual se llamaba a esa zona de la frontera- y evidentemente, no resistió la tentación. Allí no veía civiles, no veía niñas. Veía israelíes, demonios de pelo largo—al parecer.

¿Alguien concibe, en otra parte del mundo, que se vanaglorie el asesinato de niños como acto normal digno de elogio? ¿Alguien considera normal que un ministro de un país cualquiera llame “héroe” al asesino de alumnas en un paseo escolar?

Pero lo planteamos mirando mucho más allá de este incidente puntual, ya que el tema central no es Jordania, ni el ministro Majali ni el asesino Deqamseh. El tema de fondo es que ni siquiera al haber un acuerdo de paz que resulta beneficioso por cierto para ambas partes (lo han dicho figuras jordanas sobre su acuerdo con Israel y lo han dicho figuras egipcias sobre el suyo ), cobra normalidad la vecindad con Israel.

No generalizamos. Tenemos clarísimo que no todos los vecinos de Israel son extremistas, no todos están esperando ansiosos la próxima guerra ni mucho menos. En estas páginas hemos publicado testimonios que demuestran que afortunadamente, están también quienes apoyan la normalidad de la buena
vecindad.

Pero son aún demasiado comunes los fenómenos de quienes siguen expresando hostilidad y odio. Y el problema, es que a nadie le parece raro. Ni siquiera a Israel ya le sorprende. Y no nos referimos a declarados terroristas… ya que de ellos, nada habría para sorprender.

Este miércoles, uno de los coordinadores de uno de los grupos de jóvenes que manifestaron durante semanas en la Plaza Tahrir de El Cairo , aclaró que si sus exigencias no son atendidas, volverán a la calle.

Fue una advertencia al ejército egipcio, pero lo que a nosotros nos preocupa, es la parte del mensaje relativo a Israel, ya que una de sus exigencias es que se detenga el suministro de gas natural de Egipto a Israel, producto por cierto de un acuerdo bilateral en el que Egipto vende el gas, no lo regala.

En el mismo espíritu pero más a fondo todavía, se manifestó Ayman Nur, ex parlamentario egipcio y jefe del partidio “Ghad” (se pronuncia Rad), que significa “mañana”, un grupo de oposición. Nur dijo a una radio pública egipcia que los acuerdos de Camp David de 1978 con Israel-en base a los cuales se firmó la paz en marzo de 1979-ya no son relevantes y que el nuevo liderazgo egipcio deberá, al menos, reconsiderar los términos de los acuerdos que llevaron a la firma de la paz.

Ese es uno de los “demócratas” que se sentirán por siempre orgullosos de haber derrocado a Husni Mubarak.

Hace pocos meses, recordamos haber oído una entrevista con el escritor y periodista israelí Ronen Bergman, sobre ciertos fenómenos relacionados al modo en que Israel lidia a veces con críticas del exterior. Bergman decía que en Israel hay veces “mentalidad de sitio”. Uno de nuestros entrevistados de estos días, el analista egipcio Ashraf Rady, nos dijo-en relación al riesgo que Israel ve en la eventualidad de que los Hermanos Musulmanes suban al poder en su país- que Israel ve “demonios imaginarios”.

Pues puede ser que a veces se desconfía más de la cuenta. No es de descartar que a veces, hay quienes optan por ya no creerle a nadie. Pero no menos problemático que este fenómeno, nos resulta el otro fenómeno, el
que causó esta reacción, el que lleva a Israel a andar a menudo mirando detrás del hombro.

En el sitio de los Hermanos Musulmanes de Egipto-claro, es otra cosa, son los declarados peores enemigos, no los demócratas que sorprenden- un articulista de nombre Khalid Amayreh, explica que el acuerdo de paz no debe ser mantenido. E ilustra con ejemplos sobre lo negativo, a su entender, de la relación con Israel, que según él, la enorme mayoría del pueblo egipcio no acepta.

“Sé que los israelíes pueden visitar Egipto con facilidad, cenar en sus restaurantes y bañarse en sus playas. Pero también es cierto que esos israelíes que lo hacen, se topan a menudo con miradas de sospecha y una no muy disimulada hostilidad, dondequiera que vayan. También sé que esos israelíes, especialmente aquellos que revelan su identidad, nunca se sienten seguros o en paz. Esta es la razón por la cual dejan de hablar hebreo en público y a menudo alegan que son italianos o de otros países europeos”.

Este islamista está motivado por una ideología categórica bien conocida. Pero la situación que describe, es exacta. ¿Es normal que eso suceda cuando hace ya 32 años hay un acuerdo de paz?

Es, a menudo, como el dicho medio en broma: “El que yo sea paranoico, no significa que no me están persiguiendo”.

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