Después de 500 años, las ‘hagadot’ de Cataluña vuelven a casa

Todo brilla en la nueva exposición de manuscritos litúrgicos judíos que ha abierto en Barcelona

Por Ronit Treatman

haggadahcatalogneEn el siglo 14, Cataluña albergaba una de las comunidades judías más cultas del mundo. Aquí fue donde se hicieron algunas de las ‘hagadot’ más célebres.

Pero, cuando en 1492, los Reyes Católicos publicaron el decreto de la Alhambra, los judíos fueron oficialmente expulsados de los reinos de Castilla y Aragón y no tuvieron ante sí más que dos posibilidades: convertirse al catolicismo o huir.

Aunque las ‘hagadot’ de Cataluña se fueron con sus propietarios judíos en 1492, algunas de estas célebres obras litúrgicas se exhiben «en casa», del 26 de marzo al 5 de julio, en el marco de una exposición en el Museo de Historia de Barcelona.

Los manuscritos brillantes son textos escritos a mano, decorados con grandes letras, con bordes ornamentales e ilustraciones miniatura. Originalmente solo los manuscritos que estaban adornados con oro y plata eran considerados «ilustrados» o «iluminados» .

En la erudición moderna, todo manuscrito embellecido, que provenga de tradiciones islámicas u occidentales, es considerado «ilustrado».

Los manuscritos ilustrados más antiguos son de origen italiano y del Imperio Romano de Oriente en los años 400 de la era cristiana. Fueron conservados por órdenes monásticas donde los monjes los recopilaban.

La mayoría de los manuscritos ilustrados que han sobrevivido son de la Edad Media y creados inicialmente con fines religiosos.

Panel inicial con las palabras: Ha Lahma aniya (El pan de la aflicción), al principio del texto de la Hagadá. Origen: España, NE, Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

Panel inicial con las palabras: Ha Lahma aniya (El pan de la aflicción), al principio del texto de la Hagadá. Origen: España, NE, Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

En los años 1100, antiguos textos clásicos, así como textos científicos, eran igualmente producidos en la Península Ibérica. Era necesario acompañar dicho material escrito con ilustraciones precisas cuando estas obras eran utilizadas para enseñar en las primeras universidades de Europa occidental.

Desde el siglo 13, manuscritos profanos también fueron «ilustrados». Ricos mecenas pedían manuscritos para sus bibliotecas personales. Entre ellos algunos de los judíos más importantes de Cataluña.

Los manuscritos ilustrados medievales se escribían sobre papel vitela y la página entera se planificaba previamente en pergamino cortado a la medida deseada. Se trazaban líneas ligeramente, luego se añadían las palabras escritas con pluma de oca o de caña tallada y tinta. Se dejaba un espacio para las ilustraciones y las decoraciones. El diseño del dibujo se delimitaba en una tableta de cera, luego se trazaba sobre el papel vitela, a veces con la ayuda de alfileres.

Había un orden en la creación de las iluminarias: el contorno del dibujo se determinaba primero con hilo de plata, luego una hoja de oro colocada sobre el pergamino. El oro se aplicaba antes de pintar el dibujo porque se corría el riesgo de que el oro se pegase a la pintura, lo que habría estropeado la ilustración.

El proceso de pegar la hoja de oro incluía una fase de pulido del oro una vez pegado y cuando la cola se había secado. Esta acción vigorosa habría hecho correr la pintura si se hubiese aplicado ya. Una vez la hoja de oro estaba en su sitio, se pintaba con pinceles y pigmentos naturales fabricados con plantas, insectos y minerales. Finalmente se pintaba el contorno decorativo.

Hasta los años 1300, tanto la escritura como el dibujo minucioso de cada manuscrito eran hechos por monjes. En el siglo 14 el texto era realizado por un escribano y las ilustraciones eran obra de artistas laicos. Se crearon entonces talleres laicos, con artesanos igualmente cualificados a los que en el siglo 15 los monasterios dieron trabajo al exterior. En Francia, gran parte del trabajo artístico de los manuscritos era hecho por mujeres, en talleres de este tipo.

Los manuscritos ilustrados a pedido para los judíos catalanes eran en estilo gótico, un estilo que se desarrolló en los años 1100.

Era un estilo naturalista, que muestra emociones en las caras y los gestos, hojas en cascada a lo largo de los bordes de la página, croquis en los márgenes y «grotescos» (entonces llamados bufones). Las ‘hagadot’ que se exhiben en Barcelona son fruto de la colaboración de escribas judíos y artistas cristianos.

Detalle de una página: miniatura de una figura de cerdo levantando la primera copa de vino y una liebre poniendo un bastón sobre la cabeza de un perro. Origen: Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

Cuando la reconquista de Cataluña en el 1150, censores católicos empezaron a examinar los libros judíos. Habitualmente eran recientemente convertidos del judaísmo al catolicismo, estos censores sabían leer los libros y se encargaban de encontrar los pasajes «blasfematorios».

Ciertas ‘hagadot’ catalanas llevan la marca de los censores. Un ejemplo, que desgraciadamente no está incluido en esta exposición, es la hagadá de Barcelona, actualmente propiedad de la British Library. Luigi da Bologna, un judío convertido al catolicismo, que trabajó como censor para la Inquisición. Al final de una página de la ‘hagadá’ hay escrito: «Visto por mí, Hermano Luigi de la orden de San Domingo en 1599».

Esta exposición de Barcelona se inscribe en un movimiento llamado «Recuperación de la memoria», animado por unos catalanes. Algunos de ellos conocían vagamente los orígenes judíos de sus familias, a veces también un patronímico judío. Otros han descubierto pruebas de prácticas criptojudías en sus antepasados.

captura pantalla

Detalle de un panel inicial: Pesaj (el cordero de Pascua) representando un joven hombre cociendo el cordero pascual. Origen: Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

Hay en Cataluña una enorme ignorancia del judaísmo que ha sido considerado por muchos como un tema tabú hasta muy recientemente. De manera increíble, fue técnicamente ilegal para los judíos vivir en España hasta 1968, fecha en la cual el decreto de la Alhambra fue formalmente revocado.

Ahora se asiste a una vuelta de interés por el ilustre pasado de Cataluña, como lo prueba la ilustración de las ‘hagadot’. Esta exposición reúne la haggadah Rylands, actualmente en la universidad de Manchester, la haggadah Graziano del Jewish Theological Center de New York, la haggadah Mocatta de la University College London, la haggadah Bologna-Modena de la Universidad de Bologna y de la Biblioteca Estense en Modena, la hagadah catalana de Cambridge de la Universidad de Cambridge, la hagadah Kaufmann de la Academia húngara de ciencias y la hagadah Poblet del monasterio de Poblet en Cataluña.

La única ‘hagadá’ que se encuentra actualmente en Cataluña es la hagadah de Poblet. La historia de su retorno ha sido explicada en Times of Israel por Frai Xavier Guanter, bibliotecario del monasterio de Poblet.

La hagadá Poblet fue escrita en el siglo 14 en Cataluña y llevada a Italia por sus propietarios judíos, en 1492. En 1672, fue comprada en Italia por Pedro Antonio de Aragón, el virrey de Cataluña, quien la devolvió a Cataluña y la donó al monasterio de Poblet.

c11090-061Una página de un panel con letras de oro y hojas de decoración con la conclusión de la Hagadá: La-ha-Shana Baah bi-rushalayim, Amen (El año próximo en Jerusalem, Amen), Origen: Cataluña / Barcelona (Crédito: dominio público)

A lo largo de su historia, el monasterio de Poblet ha tenido siempre buena relación con los judíos que viven en la región. Los monjes, algunos de ellos eran judíos conversos, han conservado los preciosos manuscritos, a veces con peligro por sus vidas.

Cuando en 1836 el gobierno español se comprometió en un programa de confiscación de tierras de la iglesia para poder financiarse, los monjes se vieron forzados a huir de Poblet y la biblioteca del monasterio fue dispersada. Finalmente la famosa hagadah Poblet fue comprada por Jaime Puigarnau Mans, un profesor de derecho canónigo en la Universidad de Barcelona. A su muerte en 1983 pidió que la ‘hagadá’ fuera restituida al monasterio, hace 20 años un religioso la llevó allá.

Esta exposición es una experiencia efímera, se acabará el 5 de julio. Pero muchos universitarios han lanzado el proyecto cuyo objetivo es recuperar la historia judía de las ‘hagadot’ de Cataluña para la posteridad, y han emprendido un documental que se remontará en el tiempo hasta la Barcelona del siglo 14.

Fuente: Enlace Judío México

Los sefardíes en la independencia de Venezuela

Por: Gerardo Dorante

La presencia de judíos en territorio venezolano fue detallada por el historiador Manuel Pérez Vila, quien señaló, que en 1569 llegó a Borburata el conquistador Pedro Malavé De Silva, al frente de unos 300 hombres, los cuales la mayoría eran “marranos conversos,” expulsados de varias ciudades europeas de dominio español por orden de los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, ningún judío negado a convertirse al catolicismo, podía permanecer en territorio español después del 30 de junio de 1492. Hubo una prórroga hasta el 2 de agosto de ese año por lo que es bastante probable que también hubiese judíos entre los aventureros que acompañaron a Colón en su primer viaje.
Por distintas razones, llegaron más tarde judíos de Livorno (Italia), para radicarse en la isla de Cayenne (de posesión holandesa). La conquista de Recife por los portugueses que traían las Leyes del Santo Oficio, y la conquista de Cayenne por los franceses, poco tolerantes con los judíos, empujaron a muchos de éstos a emigrar a Nueva York y Curazao. Pero algunos de estos judíos originarios de Livorno, viajaron desde Curazao hasta Tucacas para establecer en 1693 la primera comunidad judía registrada en Venezuela. A partir de 1708 comienzan a llegar a Tucacas, que era el puerto comercial más importante de Venezuela, judíos holandeses provenientes de Curazao. Son hostigados por los españoles y se marchan, pero regresan un tiempo después para organizarse como comunidad bajo la presidencia de Samuel Hebreo. En Tucacas se erige la primera sinagoga en tierra venezolana, pero en 1720 las autoridades españolas arrasan con el poblado judío y le prenden fuego.
La historiadora Paulina Gamus Gallegos, señala: “En un documento español fechado en 1743 se pide vigilar la presencia de judíos que en gran cantidad se trasladaban entre las orillas del Amazonas y del Orinoco. Eran judíos establecidos en Nueva Zelandia, nombre de una posesión holandesa ubicada en la región del Esequibo.”
Bolívar y Mordechay Ricardo

Cuando se inicia la guerra de independencia en Venezuela, la simpatía de la comunidad hebrea en la isla de Curazao, estaba a favor de los patriotas venezolanos. En su mayoría eran comerciantes que se oponían a las políticas monopólicas de la corona española, aunado a ello los sentimientos de los judíos expulsados de España y Portugal eran contrarios a los intereses del imperio español en el nuevo continente. La prueba de ello se presentó en el año 1812, año duro para la causa patriótica; por la pérdida de la primera República y la capitulación del general Francisco de Miranda con Monteverde el 25 de julio de 1812.
Entre las causas que condujeron a la capitulación figura la caída de Puerto Cabello, fortaleza que estaba a cargo del joven Simón Bolívar. El libertador es obligado a huir a Curazao, el escritor Lovera De Sola en su obra: “Curazao, escala en el primer destierro del libertador” lo estampa de la siguiente manera: “Cuando la goleta Jesús, María y José, tomó rumbo a Curazao y se alejó del puerto de La Guaira, su pasajero Bolívar, viendo las montañas que se perdían en el horizonte, necesitó pensar acerca de su futuro.
Bolívar permanece en la isla y se hospeda en Curazao en la casa del judío Abraham de Meza. Surge entonces un personaje estudiado con cautela y respeto por quienes a él se refieren: se trata del abogado Mordechay Ricardo, de origen sefardita y quien, según todos los indicios, facilitó a Bolívar su propia residencia en la cual parece haber existido una excelente biblioteca.”
La amistad de Mordechay Ricardo con Bolívar fue mantenida a través del tiempo y mostrada en activa correspondencia. El abogado Ricardo, años más tarde (1814), también dio albergue a las hermanas de Bolívar, María Antonia y Juana Bolívar, cuando ambas huían del terror desatado por José Tomás Boves.
Por su parte el historiador y catedrático venezolano Roberto J. Lovera De Sola resalta la gran influencia positiva a las ideas bolivarianas de su amigo sefardí Ricardo en Bolívar. “Durante su permanencia de dos meses en Curazao, Bolívar logró curar, gracias a Mordechay Ricardo y sus amigos curazoleños, su angustia, su interior enfermo, recobrar nuevas fuerzas y ponerse de nuevo, con los hondos bríos, en aquello a lo cual había jurado dedicar su vida: la independencia de Sudamérica”.
Judíos con ideales bolivarianos

En la rica biblioteca de Mordechai Ricardo, Bolívar pasa días enteros consultando libros y documentos hasta escribir el Manifiesto de Cartagena.
David Castillo Montefiore, también judío de Curazao, fue uno de los importantes financistas de la Guerra de Independencia y Joshua Naar le hacía llegar dinero a Bolívar, por intermedio del Almirante Brión.
Ya en 1818, Joseph Curiel, quien años más tarde sería uno de los fundadores de la comunidad judía de Coro, se presentó ante Bolívar en Angostura, para ofrecerle el apoyo de los judíos del Caribe, hecho que no se limitó al aspecto económico ya que en la guerra de Independencia intervinieron, como militares activos: Benjamín Henríquez, nacido en la isla en 1784, participó en la Campaña Admirable y en la expedición de los Cayos. En 1816 fue enviado a Curazao por Simón Bolívar con el fin de reclutar hombres para el ejercito patriota trabajando activamente por la independencia de Venezuela, por lo que fue detenido, posteriormente fue dejado en libertad por petición del Consejo de la isla y enviado al exilio por considerarlo el gobierno insular persona peligrosa. De regreso a Venezuela se incorpora al ejército del libertador y en 1818 fue ascendido a teniente coronel. Samuel Henríquez otro judío que alcanzó el grado de capitán y Juan Bartolomé De Sola, general de brigada.
Durante toda la guerra de independencia, los comerciantes de Curazao, incluyendo a los judíos, jugaron un papel importante en el suministro de armas y pertrechos a los ejércitos patriotas
Azriel Bibliowicz: profesor de la universidad nacional de Colombia, señala que el 6 de mayo de 1819 el gobierno de la Nueva Granada emitió un decreto por el cual se acordaba a los “miembros del pueblo hebreo” el derecho de establecerse en su territorio con garantías de libertad religiosa, lográndose que el 22 de agosto de 1821 fuese abolido el Tribunal de la Inquisición, permitiendo que numerosas familias judías de Curazao, donde se vivía una fuerte depresión económica, se trasladaron a Colombia y Venezuela estableciendo estructura a la nueva comunidad.
Luego de una larga y cruenta guerra, la independencia de Venezuela quedó sellada en el campo de Carabobo el 24 de junio de 1821. El gobierno de la naciente república hubo de enfrentar el construir el devastado país, repoblar los vastos espacios de su geografía y normar la nueva legislación de acuerdo a los principios de igualdad y justicia dones preciados por los cuales dieron sus vidas nuestros libertadores. Ese mismo año, en el mes de agosto específicamente, el nuevo gobierno bolivariano decretó la abolición de la inquisición. La libertad religiosa fue garantizada posteriormente en 1830, al modificarse el artículo 22 de la Constitución vigente en ese entonces.
Ya para 1829, se había firmado un tratado entre Holanda y la Gran Colombia (incluida Venezuela), según el cual se garantizaba a los súbditos holandeses en el territorio de la Gran Colombia, la libertad de practicar la religión sin ser molestado. Esto permitió que muchos judíos curazoleños buscaran nuevos horizontes en otros lugares.
Los judíos sefardíes fueron llegando a Caracas como a otras ciudades de las costas venezolanas como Puerto cabello y Barcelona, pero fue en Coro, donde tuvo lugar el asentamiento judío más grande e importante.
En el año 1988, el Gobierno de Venezuela agradeció el apoyo de Curazao y a la comunidad judía, por su participación a la gesta independentista, con la emisión de tres estampillas relacionadas con el gran amigo del Libertador, Mordechai Ricardo.
Comunidad judía en Coro

En cuanto a la comunidad hebrea en Coro, Paulina Gamus Gallegos, escribió: “En Coro ya había algunos judíos desde el siglo XVIII. Para el año de 1831 vivían allí David Maduro, Joseph Curiel, Isaac Abenatar, Gabriel Abenatar, Samuel Maduro, Joshua López, Elías Curiel y familias de apellido Brandao, Álvarez, Henríquez, Correa, Fonseca, De Lima, Salcedo, Morón, Pereira, López, Capriles, Hoheb, Sénior, etcétera. Pronto estos judíos asentados en Coro alcanzarían gran prominencia comercial e industrial y por su participación estelar en la vida científica, cultural, en la política, en la diplomacia y en el periodismo. Destacan las figuras de Elías David Curiel, autor del himno del Estado Falcón, poeta, periodista, colaborador de El Cojo Ilustrado. Salomón López Fonseca, uno de los mejores poetas de su generación, David Curiel, promotor de la ciencia farmacéutica, José David Curiel, su hijo, Presidente de la Corte Suprema del Estado Falcón y de la Asamblea Legislativa. En Coro se inaugura, en 1832, el primer cementerio judío en tierra venezolana, que es hoy patrimonio histórico de la ciudad.”
En la misma, la catedrática Paulina Gamus, continúa señalando: En un país asolado, primero por la guerra de Independencia y luego por las luchas intestinas que llevaron a la Guerra Federal, la prosperidad de los judíos de Coro provocó no pocas envidias. En 1833 y en 1855 se producen violentos ataques contra esta comunidad, con saqueos y destrucción de sus propiedades.
Según Isidoro Aizemberg, en su importante obra “La comunidad judía de Coro, 1824 – 1900. Una historia.”Reseña que los disturbios anti judíos ocurridos en esa ciudad tuvieron su origen, en gran medida en la herencia católica de la población coriana. En situación de crisis económica o de malestar político y social se busca el chivo expiatorio a quien culpar, en este caso a la minoría judía que habitaban en Coro”. Por la situación muchos regresaron a Curazao; pero en 1859 el gobierno venezolano, por presiones de Holanda, los indemnizó y los invitó a regresar. Volvieron para continuar en su emprendedora labor en todas las áreas del quehacer humano.
Como elemento curioso, nunca construyeron una sinagoga sino que los rezos se hacían en las casas de las familias más prominentes. Tampoco crearon alguna escuela que les permitiera educarse en su tradición. Con el paso del tiempo fueron perdiendo sus nexos con la fe de sus antepasados y entraron en un proceso asimilatorio hasta desaparecer como comunidad judía. De ella apenas quedan unos pocos que se mantienen como judíos, pero sus apellidos de trascendencia no solo local sino nacional son testimonio perenne de la influencia determinante que tuvo esa comunidad.
Judíos de todos los tiempos en el desarrollo de Venezuela

En la segunda mitad del siglo XIX, hubo marcado interés de los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco y Joaquín Crespo por atraer inmigrantes al país. Se hacía mediante contratos que el gobierno otorgaba y con la designación de agentes consulares idóneos. Los judíos Abraham J. Lasry, Enrique B. Levy y Alejandro Mondolfi, este último de origen italiano, cumplieron esas tareas. En las dos últimas décadas de ese siglo, comenzó a llegar al país una inmigración judía proveniente del norte de Marruecos, especialmente de Tetuán. Enrique B. Levy será uno de los fundadores, en 1907, de la Sociedad Benéfica Israelita que apenas tiene una duración de dos años. En 1930, Alejandro Mondolfi preside la Asamblea que acordará la constitución de la Asociación Israelita de Venezuela, institución que hasta hoy agrupa a la comunidad sefardí del país.
Los apellidos de esos nuevos inmigrantes son, entre otros, Levy, Cohén, Taurel, Obadía, Benacerraf, Sabal, Ettedgui, Pariente, Coriat, Benshimol, Bendayán, Sananes, Benzecri, Benmergui, Benaim, Pilo, Carciente, Benarroch. Se encuentran con una comunidad judía, la de origen curazoleño holandés, en vías de extinción por el proceso asimilatorio, pero el choque cultural impide los nexos entre ellos. Los recién llegados se establecen mayormente en Caracas, como también en La Guaira, Puerto Cabello, Carúpano, San Fernando de Apure, Río Chico, Valle de la Pascua, Maracaibo, Barcelona, Villa de Cura, Barquisimeto, Los Teques, La Victoria y Maracay.
A finales de los años veinte y mediados de los treinta del siglo pasado, la crisis económica que se vive en el mundo, adquiere dimensiones de miseria en el Medio Oriente. Comienzan a llegar al país, judíos provenientes de Palestina (Israel), Siria, Líbano y también de Turquía, Grecia y Bulgaria. Se les llama bajo el nombre de “turcos” ya que provenían de los antiguos dominios del Imperio Otomano.
El mismo año de 1930, llegan algunas familias askenazíes, es decir judíos originarios de Europa que en su mayoría se expresaban en idish, una lengua derivada del alemán ó bien en este idioma. Las relaciones intercomunitarias eran difíciles, por razones idiomáticas, culturales y hasta por el acento y entonación de sus oraciones.
A finales de la década de los 30, logran arribar al país algunos judíos que han podido escapar de lo que ya se vislumbraba como el propósito del régimen nazi de exterminarlos.
Una circular girada por la Cancillería venezolana a todos sus consulados en el Exterior, prohíbe expresamente otorgar visas a judíos. Al concluir la Guerra en 1945, llegó un número importante de sobrevivientes originarios de Rumania, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Grecia, Austria y Alemania. Muchos cambiaron sus apellidos para poder ingresar al país ya que se mantenía vigente la antes mencionada circular emanada por la Chancillería del país.
A partir de 1948, con la creación del Estado de Israel, se produce una emigración masiva de judíos desde países musulmanes, en donde la presencia de estas comunidades había sido milenaria. Llegan a Venezuela desde Egipto, Siria y Líbano, y al proclamarse la independencia de Marruecos, en 1956, se produce una importante inmigración de judíos que venían de Tetuán, Tánger, Melilla, Ceuta y otras ciudades del Norte de África donde el español era el idioma predominante. Los nuevos inmigrantes se encontraron con instituciones ya consolidadas, con sinagogas y con un colegio comunitario. De inmediato se incorporaron a la vida judía y a las actividades comerciales e industriales.
Los integrantes de las distintas inmigraciones judías que llegaron a Venezuela, se dedicaron en su gran mayoría, al comercio, pronto, muchos incursionaron en actividades industriales y financieras.
El primer banco del país, llamado Banco de Venezuela y creado por decreto del Presidente José Antonio Páez, fue fundado por Isaac José Pardo Abendana, judío sefardí proveniente de Altona, ciudad alemana cercana a Hamburgo. Llegó a Venezuela, con solo 17 años de edad en el año 1841. Además de banquero, fue un prominente jurista con participación protagónica en la redacción del Código de Comercio, lo que le valió una condecoración del presidente de la época Guzmán Blanco.
En todas y cada una de las diferentes disciplinas, ha sido notable el aporte de profesionales judíos en las diversas áreas del desarrollo y de la modernización del país.
Los avatares de la historia y los cambios sufridos por el pueblo judío a lo largo de su accidentada y sorprendente historia, condujeron a estos hombres y mujeres emprendedores a un largo periplo que los trajo a tierras venezolanas, donde efectivamente han dejado huellas. La mayoría no profesan la fe judía, pero conocen sus orígenes y están orgullosos de ello. En el presente viven entre nosotros una comunidad con deseo de seguir aportando para el desarrollo sustentable y productivo de la nación con ideas de libertad como los de sus antepasados que también dieron sus vidas por los ideales bolivarianos, dejando sendas imborrables que muchos ignoran, pero otros los recordaran como los héroes desconocidos de la independencia.
Bibliografía:
Benshimol Levy Abraham: Los Sefardíes, vinculo entre Curaçao y Venezuela.
Gallegos Gamus Paulina: La Comunidad Judía de Venezuela, distintas culturas, una sola fe.
Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar: ensayo de una interpretación biográfica a través de sus documentos. Mérida, Venezuela.
Lovera De Sola, Curaçao, Escala en el primer destierro del Libertador.
Isidoro Aizemberg, “La comunidad judía de Coro, 1824 – 1900. Una historia.

 

El tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Galicia

Cuando los Reyes Católicos accedieron al trono se encontraron con tres grupos religiosos diferentes -judíos, musulmanes y cristianos- regidos por sus propias leyes, con sus propias instituciones y que pagaban impuestos diferentes. Sin embargo, todos ellos eran súbditos de los soberanos y, por lo tanto, tenían derecho de protección. Este derecho quedó claramente recogido en la declaración de la reina Isabel, cuando declaró: “Todos los judíos de mis reinos son míos y están bajo mi amparo y protección y a mí me pertenece de defenderlos y amparar y mantener en justicia”. Pero, cuando, entre 1477 y 1478, viajaron a Extremadura y Andalucía, se encontraron con que muchos conversos judaizaban abiertamente y que, además, trataban de justificar su conducta. A petición real, el arzobispo de Sevilla y el clero emprendieron una intensa labor de evangelización para convencer a los conversos de que renunciasen a los ritos judaicos, la cual no tuvo efecto.
En consecuencia, Isabel y Fernando iniciaron gestiones en Roma que culminaron con la bula Exigit sincerae devotionis que el papa Sixto IV firmó el 1º de noviembre de 1478, y que significaba la creación del Santo Oficio de la Inquisición.
Sin embargo, no hicieron uso inmediatamente de la bula y desde el año 1478 hasta 1480, llevaron a cabo una campaña de predicaciones tratando de aleccionar a los conversos pero que no obtuvo los resultados esperados. En consecuencia, el 27 de septiembre de 1480, en Medina del Campo, los reyes procedieron a nombrar a los dominicos Juan de San Martín y Miguel Morillo inquisidores para la diócesis de Sevilla, donde el Tribunal actuó, exclusivamente, hasta 1482. En los años posteriores se produjo una intensa proliferación de tribunales por todo el reino a excepción de Navarra y Galicia.
La primera referencia al Tribunal de la Inquisición de Galicia, también conocido como el Tribunal de Santiago, data de 1520. En esta fecha fue nombrado inquisidor en el reino de Galicia el licenciado Maldonado y, cinco meses más tarde, el maestro Arteaga. La misión de ambos inquisidores no fue constante ni continuada y ejercieron de modo ambulante y tan sólo ocasionalmente. Esta situación provocó que en el año 1532 el Tribunal de Galicia pasara a depender del tribunal conocido como El Santísimo Oficio de Castilla la Vieja y del reino de León.
Hacia los años 1559-60 Galicia experimentó las reformas que el inquisidor Valdés impuso a toda la Inquisición peninsular. Desde entonces, los inquisidores vallisoletanos hicieron visitas extraordinarias a la región galaica. De las realizadas por el Dr. Quijano y Diego González salieron dos informes. En el primero, el Dr. Quijano puso de manifiesto que debido a la extensión geográfica de la que se ocupaba el tribunal de Valladolid, su actividad llegaba a Galicia muy disminuida y era prácticamente inexistente, lo que permitía la huída de los reos: que por haber tanta distancia de Valladolid a Galicia se ha dado lugar a que los herejes, cómplices de otros que ven prender por acá, huyan y se absenten antes que los ministros desta Inquisición puedan llegar allá por mucha diligencia que pongan.
Como ejemplo el propio inquisidor cita que la detención del boticario de Tui (Pontevedra) provocó la huída a Francia de su madre, Isabel, del médico de Tui y de otra mujer vecina de Vigo.
Por su parte, Diego González expuso que el Tribunal debía volver a tierras gallegas por el daño que se recibe de Portugal porque cuando sus inquisidores proceden contra alguno se pasan a Galicia y se mudan los nombres, y ansí en el reino de Galicia hay muchos portugueses los cuales se casan en la tierra y se avecindan. … En la documentación gallega se puede comprobar la veracidad de las afirmaciones de Diego González, cuando se cita, por ejemplo a Mayor Rodríguez cristiana nueba natural del Reyno de Portugal, o a Beatriz de Fonseca viuda de Juan de Lisboa, xristianos nuevos descendientes de judíos oriundos de Portugal, vecina de San Esteban de Valdeorras (Ourense).
Asimismo, se tiene constancia del matrimonio de algunos de estos portugueses con gallegos convirtiéndose, en consecuencia, en vecinos de lugar donde residían. Tal es el caso de Isabel Tomas, natural de Puente de Limia (Portugal), casada con Jeronimo Coronel, platero, vecino de Salvatierra (Pontevedra); de María Mendez, mujer de Enrrique Goncalez platero, natural de la villa de Chaves (Portugal) vecina de Verín (Ourense); o de Pedro Fernández, el viejo, originario de Portugal y casado con Ginebra Vázquez, vecina de Ribadavia (Ourense). El hijo de ambos, Pedro Fernández, el mozo fue considerado natural de Ribadavia, olvidando el lugar de procedencia del padre.
Cuando los inquisidores comenzaban a operar en un distrito, presentaban en primer lugar sus credenciales a la iglesia local y a las autoridades seglares, y lo hacían saber a la población el domingo o día festivo, en la misa. En los primeros tiempos se daba un período de treinta o cuarenta días para que todos aquellos que se consideraban herejes se denunciaran a sí mismos o a los que le habían incitado a ello.
Si lo hacían quedaban libres de la pena de muerte, de la prisión perpetua o de la confiscación de bienes y solamente entregaban una cierta cantidad de dinero. Pero a partir del siglo XVI se promulgaron “edictos de fe”, que invitaban a la denuncia

de aquellos que eran culpables de los delitos que aparecían en una detallada lista de ofensas.
Se consideraron indicios de judaísmo prácticas típicamente religiosas -la observancia de los ayunos, del sábado, o decir los Salmos de David sin añadir al final Gloria Patri- y también culturales, como por ejemplo las costumbres alimenticias. Algunos de estos indicios han quedado reflejados en la documentación inquisitorial de Ribadavia (Ourense).
Así, por ejemplo, son varios los procesados que aseguraron que habían ayunado algunas veces un día que caía en el mes de septiembre, o que habían hecho un ayuno que cae por las vendimias.
Igualmente, la confesión de haber respetado el sábado es casi común en todos los procesados y se recoge bajo formas, más o menos, detalladas.
Fernando Álvarez declaró que había guardado ordinariamente los sábados, no trabajando en ellos y que se vestía con los mejores vestidos que tenía, por reverencia y solemnidad de la fiesta del sábado, o Catalina de León que como había vivido en la ley de Moisés había encendido los candiles los viernes en la noche.
De decir los Salmos de David sin Gloria Patri se inculparon Manuel Gómez y Simón Pereira quien confiesa, además, que rezaba oraciones de la ley de Moisés, particularmente la oración que llaman del semag, y otra que llaman amida, y que rezaba algunos salmos de David sin Gloria Patri.
Entre las referencias a las costumbres alimenticias se recogen declaraciones tales como: sabía que por observancia de la dicha ley de Moisés no se había de comer tocino, conejo, congrio y otros pescados sin escamas o que había comido la carne desebada y purgada de la sangre.
Una vez que los acusados habían sido procesados y sentenciados no con la intención de salvar el alma del acusado sino procurar el bien público y atemorizar al pueblo, se requería que la lectura de las sentencias y las abjuraciones o retractaciones se hicieran públicamente.
Es precisamente este el fin del auto de fe: una expresión colectiva de rechazo de la herejía y de sometimiento a la más estricta ortodoxia. Con este fin y a partir del año 1561 se establece que el auto de fe se realizará en domingo o día de fiesta para que pueda acudir la gente de la ciudad y de los alrededores.
Así quedó recogido también en la documentación gallega en las Causas despachadas en el auto público de la fe que se celebró en la Inquisición de Galicia, que reside en la ciudad de Santiago, realizado en la Plaza de la Quintana el 11 de mayo, segundo domingo del año de 1608, donde fueron procesados más de veinte vecinos de Ribadavia.
Los reos del tribunal durante el auto de fe tenían que llevar el sambenito -forma abreviada y común del término saco benedicto y que es definido por Covarrubias (1611) como “la insignia de la Santa Inquisición que se echa sobre el pecho y espaldas del penitente reconciliado” no sólo durante el auto de fe sino durante todo el tiempo que durase su sentencia.
Finalizado el tiempo de castigo, los sambenitos con los nombres de los reos y los motivos de su condena se colgaban en las iglesias para que quedara perpetuamente constancia del delito cometido.
En la catedral del Tui (Pontevedra) se conservan cinco paneles que hacen referencia a 14 condenados entre 1617 y 1621. Todos ellos mencionados como herege judaizante pero con diversas condenas.
En conclusión, el Tribunal de la Santa Inquisición fue creado para combatir a los conversos que volvían a sus ritos judaicos, lo que constituía pecado de herejía. Los judíos no podían ser considerados herejes porque nunca habían sido cristianos y, en consecuencia, no se le podía obligar a ser fieles a una fe que nunca habían profesado, quedando así fuera del control de la Inquisición.
En cambio, los conversos o cristianos nuevos, sí podían serlo porque habían sido admitidos en el seno de la iglesia católica y por lo tanto, ser procesados y condenados por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Aunque las primeras actuaciones en Galicia de este tribunal fueron muy tardías, casi cuarenta años desde la bula fundacional, se documenta su actividad por todo el territorio gallego, especialmente en el sur posiblemente por la proximidad de Portugal -y de la facilidad de paso de un lado a otro de la frontera-, utilizando los mismos tipos de indicios -religiosos y culturales- para procesar a los que consideraban culpables de judaizar.

*Instituto de Estudios Gallegos “Padre Sarmiento” IEGPS – CSIC.

Bibliografía

Antonio Rubio MG. De Judíos e Inquisición en Ribadavia, Ribadavia, 2009.
Antonio Rubio MG. De Los judíos en Galicia (1044-1492), A Coruña, 2006
Casas Otero, J. Los “sambenitos“ del Museo Diocesano de Tui, Tui, 2004.
Contreras, J. El Santo Oficio de la Inquisición en Galicia (poder, sociedad y cultura), Madrid, 1982.
Estévez Pérez, JR. “El malsín y los judaizantes de Ribadavia”, Cadernos de Ribadavia, 11 (2010).
García Tato, I.: Actividad del Santo Oficio de la Inquisición en tierras de O Bolo, Viana do Bolo, Trives y Valdeorras (siglos XVI-XIX), O Barco de Valdeorras (Ourense), 2001.
Pérez Joseph, Crónica de la Inquisición, Barcelona, 2002.
Sáez González, M. Los plateros gallegos y el Santo Oficio de la Inqusición, A Coruña, 2002.
Suárez Fernández, l. Documentos acerca de la expulsión de los judíos, Valladolid, 1964

Judíos en la fundación de Brasil

Vie Sep 3 2010 (24 Elul, 5770)

Por: Dr. David Malowany

El paraíso tropical fue descubierto en el año 1500 por Pedro Alvárez Cabral. Debe tenerse presente que cuatro años antes (25-12-1496) por pedido de la prometida del Rey Manuel, Isabel, hija de los reyes católicos de España, se había decretado la expulsión o la conversión forzada de los judíos de Portugal con plazo de diez meses.

El nombre de nuestro vecino del norte viene de un árbol, el Palo Brasil del cual se obtiene un colorante textil. El precio de esta sustancia se quintuplicaba cuando desembarcaba en Flandes en el siglo XVI. Por esa época Portugal se avocaba a la explotación de la India careciendo de recursos e interés en sus posesiones americanas. Por ello un judío converso, Fernando de Noronha logró un contrato para la explotación y colonización de dicha colonia. ( 1501). Con él vinieron numerosos criptojudíos que conforme se vieron libres del peligro de la inquisición, trajeron la toráh a Sudamérica. Los primeros asentamientos se ubicaron en Pernambuco y Bahía. En 1595 los comisarios de la inquisición denunciaron (en el primer lugar nombrado) a numerosos de ellos quienes poseían una sinagoga.

La caña de azúcar, alimento proveniente de Asia, fue introducido, explotado y desarrollado por estos colonos con el uso del trabajo esclavo. Pero esta paz solo duró tres décadas dado que con el establecimiento de las Capitanías Generales, el Brasil deja de ser explotado y colonizado por particulares. En 1579 desembarcan los comisarios de la inquisición pero ello no sería el fin definitivo de la presencia judía franca colonial.

Los historiadores no descartan que la persecución de los semitas por parte de los portugueses haya influido en la voluntad holandesa de conquistar dicha región ( 1630). Bajo el dominio holandés de Pernambuco nació la primer comunidad judía franca de Sudamérica con un número que superaba las mil almas, donde se crearon escuelas y sinagogas. Esta felicidad duró hasta 1654 cuando los luso-españoles recuperan para el catolicismo dichas posesiones. Dichos judíos, pese a las promesas de tolerancia emigraron a Nueva Ámsterdam ( hoy Nueva York), Holanda y a las colonias hispanas, incluido el Río de la Plata, donde ocultando u olvidando su fe, se convirtieron en ascendientes de muchas tradicionales familias de estos lugares.

Bibliografía. (Lewin Boleslao, Los criptojudíos un fenómeno religioso y social, Saban Mario Javier, Judíos conversos, la influencia hebrea en los orígenes de las familias tradicionales argentinas ).

Fuente: Mensuario Identidad

Los Piratas Judíos de Jamaica


Si tú viajas a Jamaica, viajero… visita los antiguos cementerios judíos y te sorprenderás cuando veas tumbas abandonadas, casi totalmente derruidas pero que aun conservan grabados sobre las lápidas los nombres de los difuntos en caracteres hebreos, acompañados por los símbolos piratas de las tibias y la calavera y a veces, hasta con la Estrella de David…!

Sí…! no te asombres; son los sepulcros de aquellos hebreos que fueron expulsados por los reyes conquistadores de España y Portugal y que navegaron junto a los “descubridores” del nuevo continente.

Y ya allí, desarrollaron una nueva vida y se fortalecieron (pese a que la corona les mantenía semi frenados con mil leyes antijudías).

Y en tierras de piratas, muchos de ellos se hicieron piratas y corsarios, iniciando de esa forma, una intensa lucha de represalia contra aquellos reyes y la codiciosa inquisición.

Ya en el Siglo XVII, toda nave de la Armada Española que se pusiera a tiro de cañon, era atacada por los hábiles piratas judios, en un acto de venganza contra aquellos que les expulsaron en humillación discriminada.

La mayor parte de estos Bucaneros Hebreos se mostraban orgullosos de su origen e identidad y existen documentaciones fidedignas de que daban a sus naves nombres tales como: “Samuel, el Profeta” ,”La Reina Esther” y “El escudo de Abraham”.

Entre los piratas judíos más notables, destaca el nombre del portugués Don Moisés Cohen Enriques,que en 1628 se alió con el almirante holandés Piet Hayne en una feroz campaña de abordaje a los barcos españoles que procedentes de Cuba, se dirigían a Cádiz cargados de oro y plata producto de sus “esquilmas civilizantes” a los indígenas antillanos. Con estos ataques a las naves españolas, los piratas judíos concretaban una ilusión de venganza, evitando que el oro del Perú, la plata de México y las esmeraldas de Venezuela (Nueva Granada) robados desvergonzadamente, llegaran a los puertos de España y se repartieran con El Vaticano.

Esta fue una de las operaciones que constituyó uno de los golpes más fuertes a la “gloriosa Armada Española”.

Aquellos atrevidos piratas hebreos asolaban las costas de México, sembrando el terror entre los navegantes españoles y portugueses, que se auto-calificaban como “Los dueños y señores de los mares” , “La Armada Invencible”.

Es sumamente difícil conocer con exactitud la cantidad de piratas judíos en el Caribe, aunque como antes dijéramos los viejos cementerios están prácticamente “sembrados” de sepulcros con escrituras hebreas y símbolos de piratería, como sucede en la tumba de Yacoob Mashaj y la de su esposa
Deborah en el cementerio judío de Bridgetown, Barbados.

Entre otros piratas judíos cabe mencionar a Yaakov Koriel, comandante de trés naves corsarias furiosamente activas contra la armada de los inquisidores.

Yaakov abandona en cierto momento sus actividades de navegante y se retira a Safed (Zfat) en donde se dedica al estudio de la Kabbalá, siendo alumno del Rabbí Isaac Luria, junto a quien fue enterrado a la hora de su muerte.

David Abrabanel, proveniente de una dinastía rabínica española (a la que perteneció el rabbi Isaac Abrabanel), logra zafarse de las sangrientas garras inquisitorias y llega a las Antillas convirtiéndose en un temido bucanero y se une a los “privateers” ingleses, asolando las costas sudamericanas, utilizando como pseudónimo el nombre de “Capitán Davis”, comandando una
esbelta nave llamada “The Jerusalem” .

De entre los piratas judíos en Sud América, se destaca su nombre y su irrevocable costumbre de evitar atacar nave alguna en “Shabbat”; los víveres en su embarcación eran rigurosamente “casher” y la bitácora de viaje de sus naves estaba escrita en caracteres hebreos.

Uno de sus compañeros de operaciones fue el pirata Subatol Deul.

El Capitán Davis trabó relación con el hijo del corsario Sir Francis Drake y con él establece una alianza anti-española que, en la historia de la piratería caribeña, es conocida como la “Fraternidad de la Bandera Negra” (Black Flag Fraternity).

La persecución a los judíos se trasladó desde España a todas sus nuevas colonias americanas con más fuerza y perversidad. La ley inquisidora de España y Portugal determinó que:* “ser judío era un estado delictivo.”*

A raíz de este estado de cosas, los judíos se transformaron en fuertes piratas, bucaneros y filibusteros, causando preocupación y temor a los marinos españoles y respondiendo a la violencia e injusticia de la inquisición con una violencia más enérgica y sofisticada.

¿Cuándo comienza a manifestarse esta reacción? ; difícil es saberlo con exactitud ya que en lo que respecta a la cuestión caribeña, los archivos españoles y portugueses están cerrados a triple vuelta de cadenas.

Pero si nos adentramos en los anales de la historia, podemos encontrar sin grandes esfuerzos datos que nos muestran que la rebelión contra el infinito odio xenófobo y la irracional repulsa al judío es cosa muy antigua.

La existencia y actividad de piratas judíos defendiéndose de una agresión continúa ininterrumpida, tiene testimonios que aseveran su realidad.

Flavio Josefo relata en sus escritos, sobre los intensos ataques de piratas judíos provistos de pequeñas embarcaciones, que partiendo del puerto de Jaffa (Yafo), acosaban sin tregua al enemigo romano.

En el Siglo XVI de la era cristiana, la acción de los piratas judíos era una candente realidad. Sacerdotes cristianos manifiestan en sus escritos la evidencia de los ataques de estos marinos hebreos a lo largo de toda la costa del Norte de Africa.

Un documento clerical del Siglo XVI, narra cómo en la costa de Cairruán, en Túnez, que fue un gran centro de cultura judeo-sefaradí, los piratas judíos capturan al obispo Sinesio, en represalia a encarcelamientos que éste ordenaba realizar a sus esbirros contra vecinos judíos.

Moshe Vainroj,
Bat-Yam , abril 27 de 2010*


*Bibliografía:*
> *Flavio Josefo: “Las Guerras de los Judíos*
> *Gonzalo Torrente: “Crónica del Rey pasmado”*
> *Cesareo Fernandez Dura: “La Armada Invencible”.*
> *Lucena Salmoral: “Piratas, corsarios y filibusteros”.*
> *Edward Kritzler: Los Piratas Judíos del Caribe”.*
> *Rafael Patai: “Hasapanut HaIvrit”.*
> *Mordechai Bell: “The Jewish Nation in the Caribbean”*
>

SHULJAN ARUJ

Es el nombre por el que se conoce a la más importante recopilación de normas de conducta contenidas en el Judaísmo. No es un código en el sentido moderno de la palabra. Tampoco es una mera acumulación de leyes y preceptos sin orden ni método.

Su autor, Iosef Karo, quiso agrupar, en un solo ordenamiento, las reglas a las que el individuo judío debe ajustar sus actos. Creó, para ello, un texto de notable prolijidad que llegó a tener vigencia positiva. Así, por una disposición del 14 de julio de 1865, los judíos de Argelia podían optar entre someterse a las disposiciones del Código de Napoleón o bien regir sus relaciones por el SHULJÁN ARUJ. En este último caso, los magistrados franceses debían aplicar la ley elegida, previa consulta con las autoridades rabínicas.

Iosef Karo nació en Toledo, en 1488, cuatro años antes de la expulsión de los judíos de España por los Reyes Católicos. Al dictarse el infame decreto, el padre de Iosef, Efraím, rabino y jurisconsulto, partió con los suyos hacia Lisboa y, luego, hacia Constantinopla, donde residieron hasta alrededor de 1518. Tras diversas migraciones, Iosef Karo se radicó, en 1536, en Safed, en Eretz Israel, donde se ordenó como rabino y ejerció la docencia. Falleció en 1575, a los 87 años.

Iosef Karo es el más notable de los Jurisconsultos judíos en los últimos cuatro siglos. Prueba de ello son los títulos que mereció: Marán -nuestro maestro- y, sencillamente, “El Autor”, denominación con la que se quiere aludir al comentarista por excelencia. Su erudición tenía fama y mantuvo relaciones y correspondencia con autoridades de la época, como Salomón Moljo, Itsjak Lurie, Salomón Alkabets y otros. Su producción bibliográfica, es amplia. En ella se destaca su obra capital, Bet losef (La escuela de losef), comentario sobre los cuatro Turim de Rabí Jacob ben Axen o Jacob Bal Haturim.

La experiencia personal de Iosef Karo, al verse llamado a ocupar el cargo de jefe espiritual de su grey, por fallecimiento del rabino David Berab, lo impulsó a tratar de condensar las reglas de derecho que debía aplicar e interpretar en un código o guía de fácil manejo y consulta.

Así nació, en 1557, sobre la base de Bet Iosef, el SHULJAN ARUJ, cuyo título -SHULJÁN ARUJ significa, en hebreo, “mesa preparada”- traduce Ia intención del codificador.

Iosef Karo es autor también de otros trabajos, entre los que deben ser mencionados especialmente sus comentarios sobre Maimónides.

La primera edición del SHULJÁN ARUJ vio la luz en Kfar Biria, en la Galilea Superior.

La obra volvió a imprimirse en Venecia y, en 1869, apareció en Argelia una versión francesa de la misma, cuyos autores eran un rabino de Orán, de apellido Charleville, y un magistrado de Mostaganen, E. Santayra.

El texto aceptado como auténtico por las autoridades religiosas judías es el que contiene los agregados de Rabí Moshé Iserlis (Rama), quien complementó la recopilación de Iosef Karo con los ritos y costumbres de las juderías de la Europa oriental.

El SHULJÁN ARUJ se compone de cuatro partes, siguiendo un orden análogo al de los Turim, de Rabí Jacob:

1. Oraj Jaim, que comprende todas las leyes relativas a las oraciones, tsitsít, tefilin, bendiciones, sábado, festividades y ayunos;
2. Ioré Deá, que se ocupa de las leyes relativas a la matanza de animales, a los alimentos permitidos y prohibidos, el salado de la carne, la prohibición de mezclar alimentos lácteos y carne, el luto, etc.;
3. Even Haezer, leyes y ritos referentes al matrimonio, el divorcio y demás relaciones entre el hombre y la mujer;
4. Joshen Mishpat, que abarca lo relativo a cuestiones procesales, obligaciones, contratos, sucesiones, tutela, etc.

Se han compuesto varios resúmenes del SHULJÁN ARUJ. Entre ellos cabe mencionar Jaie Adam (La Vida del Hombre) (que sintetiza el Oraj jaim), Jojmat Adam (La Sabiduría del Hombre (compendio de Ioré Deá) y Kitsur Shulján Aruj (Resumen del Shulján Aruj).

Fuente: http://www.shuljanaruj.com
Desde Perú: http://www.jaimegorenstein.com
Publicado por: Asociación Judía de Galicia

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