Historia de un libro infame

Historia de un libro infame

En 1923 se redactó «Mein Kampf», el catálogo de odios personales de Hitler. El título, sin embargo, fue un «best seller» y convirtió a su autor en un hombre rico. Anagrama publica la historia que Antoine Vitkine ha escrito de este libro detestable.

El rastro político. En la década de los años treinta muchos políticos y periodistas se preguntaban si las ideas de este libro (primera página a la derecha) constituían un ideario político real o no. Muchos optaron por creer las falsas promesas de paz de s

7 Marzo 11 – Madrid – J. Ors

El historiador Olaf Simons descubrió con inquietud que la actitud de su abuela no había sido una excepción. En 1945, muchos hogares alemanes prefirieron esconder ese libro antes que destruirlo. Cuando las tropas aliadas entraron en el pueblo, ella «envolvió su ejemplar con papel aceitado» y lo enterró en el jardín. «¿Por qué no haberlo quemado simplemente en la chimenea? “Me dije que quizá fuera un objeto de valor”, respondió a su nieto».  Dos años después, esa misma anciana lo desentierra, cambia el papel que lo protege y lo vuelve a guardar. El peso de la conciencia por el horror del genocidio judío, o el de la culpabilidad por el desencadenamiento de la contienda que se abrió en1939, no resultaba suficientemente fuerte para que esa mujer renegara de él y lo rompiera, a pesar de que las ciudades de su país estaban reducidas a cenizas. En la posguerra, además, tenerlo en casa, o reconocer que se había leído, implicaba de manera directa que se conocían las intenciones genocidas del Tercer Reich. Sin embargo, la mayoría de la población prefirió olvidarlo en un rincón del sótano o el desván antes que entregarlo a las llamas.

Un ideario político

Es imposible deslindar el «Mein Kampf», uno de los libros más detestables que jamás se han escrito, de la memoria colectiva europea. Adolf Hitler expuso en sus páginas la doctrina y las ideas del nacionalsocialismo que después ejecutaría sin pudor ni dudas. El volumen, aunque cueste creerlo, fue un «best seller». Ese cabo sin ejército, ese pintor frustrado, el vagabundo resentido por la guerra que había perdido, escribió en 1923, en la cárcel-fortaleza de Landsberg, uno de los panfletos políticos más indignantes de la historia. El escritor Antoine Vitkine, en «Mein Kampf. Historia de un libro» (Anagrama) revela, sin embargo, que fue «uno de los libros políticos más comprados de todos los tiempos. Antes del ascenso de su autor al poder, en 1933, lo adquieren centenares de miles de personas». Asegura que «su difusión alcanza la colosal cifra de doce millones de ejemplares. Calificado de “biblia nazi”, ofrecido a todas las parejas que se casan, enseñado a los niños, promovido por medio de campañas publicitarias innovadoras, es impreso incluso en alfabeto braille».

Pero hay más. En los años treinta es traducido a más de veinte lenguas y se convierte en un «best seller» en el mundo entero. La historia de su éxito se prolonga más allá de la derrota nazi. «A partir de 1945 se vende en el extranjero por millones. Según la revista norteamericana “cabinet”, se habían vendido 20.000 ejemplares anuales en versión inglesa». En Francia sigue difundiéndose ahora y en ciertos países está entre los más vendidos: «En Turquía se agotaron 80.000 ejemplares en un año; en India es objeto de un entusiasmo sin precedentes; en Rusia, Indonesia, Egipto o Líbano su éxito es indiscutible». En 1999, el diario «The guardian» descubre que el libro figura entre las tres obras que más compraban los alemanes en «Amazon.com» (después de la denuncia, este sitio dejó de enviar el libro a direcciones alemanas). Pero tampoco es difícil conseguirlo. «En la librería alemana de Ibiza, centro de vacaciones muy apreciado por los alemanes, se venden todos los veranos  un número considerable de ejemplares de “Mein Kampf” en versión original». Hitler, que creía en «los protocolos de los sabios de Sión», convirtió sus postulados en una fuente de ingresos. A finales de 1932 había vendido 230.000 ejemplares. En enero de 1933, otros 13.000. «El  Führer ya es un hombre rico. Apenas necesita un sueldo, pues recibe el 10 por ciento del precio de venta y, a partir de 1933, el 15 por ciento». Según la documentación, «“Mein Kampf” habría reportado al Führer 15 millones de Reichsmarks, o sea, decenas de millones de euros actuales».

Una cuenta en Suiza

Un informe desclasificado de la CIA afirmaba que el editor del libro había abierto una cuenta para Hitler «en un banco de Ginebra, el UBS, y que millones de marcos dormían allí tras la finalización de la guerra…». Por eso, el filósofo y filólogo Victor Klemperer aporta una lúcida reflexión que recoge Vitkine: «Cómo fue posible difundir este libro en la opinión pública y cómo, pese a ello, fue posible el reinado de Hitler, puesto que la biblia del nacionalsocialismo ya estaba en circulación varios años antes de la toma de poder: éste será siempre para mí el mayor misterio del Tercer Reich». Vitkine repasa la recepción de este libro en Francia, Inglaterra y Estados Unidos en los años siguientes a que saliera a la venta. Sobre todo se centra en la disputa, por derechos de autor, que el sello que publica a Hitler en Alemania mantiene con un editor francés de tendencias políticas fascistas. El dictador alemán ganaría la demanda en contra del francés: «En materia de propiedad literaria, los alemanes tienen en Francia los mismos derechos que los nacionales». Una ironía de la Justicia de un país que enseguida sería invadido por ese mismo demandante y con el ideario contenido en ese volumen. «Una derrota en nombre de las normas ordinarias de la civilización y a causa de ellas. Una derrota jurídica que anuncia las derrotas políticas y militares futuras. Al presentar su demanda ante el tribunal, Hitler muestra una vez más hasta qué punto sabe volver contra sí mismas las armas de las democracias. Lo mismo ocurre con la naturaleza particular, única, de la empresa hitleriana: un mal resultado de la propia democracia». Este capítulo es importante porque desvela cómo el  «Mein Kampf»  se recibió en Francia, nación que en esos años jamás dispuso, lamentablemente, de una traducción fidedigna para que se cerciorara de la amenaza que suponía ese líder político. La mayoría subestimó el libro, otros, aferrados a las promesas de paz de Hitler, lo despreciaron; y, la extrema derecha, se aferró a su mensaje antisemita, pasando por alto las advertencias que incluía contra Francia.

Una pregunta queda suspendida: ¿Los lectores de este libro habían podido percibir el extermino de los judíos? No hacía falta leerlo. Vitkine recoge el discurso que Hitler pronunció el 30 de enero de 1939 y en el que advierte de lo que supondría una guerra en el viejo continente: «La aniquilación de la raza judía en Europa». Los socialista alemanes ya conocían este plan, y, en 1940, la prensa alemana anuncia que «el distrito de Dantzig-Prusia Oriental es el primero en no tener judíos en su territorio». En el «Mein kampf»  abundan los pasajes que se refieren a esta locura de su autor. Pero «la reacción será la indiferencia».

El detalle: ECO EN EL MUNDO ÁRABE

El «Mein Kampf» tiene aún hoy eco en el mundo islámico, según Antoine Vitkine. El libro de Hitler, aburrido y repetitivo, que tuvieron que corregir y depurar varios colegas suyos, contiene frases aborrecibles, como esta: «El judío sigue su camino, ese camino que lo conduce a penetrar disimuladamente en los pueblos y vaciarlos de su sustancia; y combate con sus armas, que son la mentira y la calumnia, el envenenamiento y la descomposición, que acentúan la lucha hasta el exterminio cruento del adversario detestado». El conflicto con Israel es el motivo del  éxito del libro en los países musulmanes. En 2005 se vendieron 80.000 ejemplares en Turquía. Para el autor, «El “Mein Kampf” se nutre tanto del antisemitismo como de los magmas ideológicos que se crean en el terreno de las tensiones políticas y la incultura». Vitkine incluye el testimonio de un egipcio que intenta explicar este hecho: «Permite saber cómo piensan los sionistas. Eso no tiene nada de malo». El veneno de Hitler parece que todavía está activo.

Fuente: LA RAZÓN Madrid 7 Marzo 11

Horacio Vázquez-Rial – Los protocolos de los Sabios de Sión – Historia

Horacio Vázquez-Rial – Los protocolos de los Sabios de Sión – Historia.

 

LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Los protocolos de los Sabios de Sión

Por Horacio Vázquez-Rial

Se trata de uno de los dos o tres libros con más traducciones y ediciones de toda la historia. Y sin embargo muchos desconocen su origen, la finalidad con que fue redactado y las circunstancias en que se difundió.

Es el texto más clásico del antisemitismo. También el más irracional y el más aceptado. Pero, como dijo León Pinsker en 1882 –casi dos décadas antes de la primera edición–, en su opúsculo Autoemancipación, “la judeofobia es una psicosis” y la “psicosis es hereditaria; en tanto que enfermedad transmitida desde hace mil años, es incurable”.

Allá por 1864, el abogado francés Maurice Joly publicó su Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu, o la política de Maquiavelo en el siglo XIX. Al margen de que Joly situara a Montesquieu en el averno, este filósofo sólo tiene un papel secundario en el diálogo, destinado en realidad a exponer las ideas del florentino. El resultado es una sátira llamada a combatir ideológicamente a Napoleón III, de cuyos méritos como dictador con máscara liberal hace el análisis (y el elogio) Maquiavelo. Joly no nombra en momento alguno al emperador: es su personaje Maquiavelo quien desarrolla la miseria de su proyecto, sus métodos para conseguir y mantener el poder y las fuerzas en las sombras que lo apoyan y a las que maneja. En realidad, Napoleón III no era tan inteligente ni tan hábil como para orquestar todo aquello. Fue en la historia lo que le tocaba ser, una parodia de su supuesto (habría que recurrir al ADN) tío, el Gran Corso. Por otro lado, fue él quien inspiró una de las más célebres frases de Marx, que suele citarse de manera imprecisa y con la que el alemán abrió su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Fin de la digresión.

Teodoro Herzl formalizó el programa sionista en 1896, en su obra El Estado judío, y convocó el primer congreso de ese movimiento en Basilea en 1897, con la colaboración del barón Edmond James de Rothschild. En 1890 las autoridades rusas habían aprobado el establecimiento de una “sociedad para la ayuda de granjeros y de artesanos judíos en Siria y Eretz Israel”, dedicada a los aspectos prácticos del establecimiento de hebreos en esas tierras. No se trataba de un acto de generosidad, sino de todo lo contrario: el zar Nicolás II había entrevisto un modo de librarse de los judíos; pero el proyecto, en cuyo desarrollo desempeñó Pinsker un papel importante, fracasó desde el momento en que el Imperio Otomano prohibió la inmigración judía. Eso reactivó la actividad de la Ojrana –policía secreta del zar, madre de la KGB– contra los judíos.

Precisamente a la Ojrana pertenecía Sergei Nilus, un policía culto que leía francés y al que encargaron redactar un panfleto antisemita. Nilus había leído a Joly, y es evidente que disponía de un ejemplar de su Diálogo en los infiernos, que plagió descaradamente, con el único añadido de algunas frases destinadas a elevar el tono. El libro apareció en 1905, y Nilus se encargó de que se supiera que los Protocolos habían sido leídos en el encuentro de Basilea de 1897, que, con su manipulación, había dejado de ser un congreso judío a secas para convertirse en uno judeo-masónico; por supuesto, no habían sido leídos en las sesiones abiertas de aquella reunión, sino en otras, secretas y paralelas, para exponer un plan general de conquista del mundo por parte de los judíos. Un osado agente ruso infiltrado había conseguido una copia de las actas, que, por oscuras vías, había llegado finalmente a manos de Nilus, y él se había atrevido a publicarlas en un periódico de San Petersburgo, propiedad del editor antisemita Pavel Krushevan, en 1903.

En agosto de 1921, en tres artículos aparecidos en días sucesivos, el Times reveló la superchería. Un corresponsal del periódico en Constantinopla había encontrado el ejemplar del libro de Joly que había empleado Nilus en una caja abandonada por un oficial de la Ojrana. El hombre conocía los Protocolos y reconoció el texto. La seguridad de que aquél era el ejemplar usado por Nilus se derivaba del hecho de que le faltaban las primeras páginas y los Protocolos se iniciaban exactamente en el punto en que el plagiario daba confuso comienzo al panfleto.

Lo más curioso del caso es que el plagio lo era en parte de otro plagio: Joly había tomado partes de su obra de una novela de Eugenio Sue, Los misterios de las personas, en la que los conspiradores eran jesuitas.

Es posible que Nilus conociera también una novela de Hermann Goedesche, Biarritz, en la que hay un capítulo titulado “El cementerio judío de Praga y el consejo de representantes de las doce tribus de Israel”, aparecida por los mismos días que la obra de Joly.

Desde el hallazgo del Times, el montaje era sobradamente conocido, lo cual no impidió a Hitler, que leyó los Protocolos en 1923, mientras se encontraba preso por el putsch de Múnich en Landsberg, donde además redactó Mein Kampf, utilizarlos sin rubor y emplearlos “como un manual en su guerra de exterminio de los judíos”, en palabras de Nora Levin.

Henry Ford –que aparte de fabricar coches, labor que materialmente dejaba en manos de otros, dedicaba todo su tiempo de ocio a actividades antisemitas– asumió la divulgación de los Protocolos; escribió al respecto un montón de artículos, publicados en su propia revista, The Dearborn Independent, y reunidos más tarde en El judío internacional, que al año de su publicación, en 1922, ya tenía 22 ediciones en 16 lenguas. Es muy probable que Ford, o alguien de su equipo, leyera el Times.

Ni a Hitler ni a Ford les importaba la autenticidad de los Protocolos: se habían contagiado de, o habían heredado, la psicosis judeófoba diagnosticada por el doctor Pinsker. Como tantos. La judeofobia es una psicosis endémica que, de tanto en tanto, cuando las condiciones le son favorables, se activa y alcanza proporciones epidémicas y hasta pandémicas.

La mayor parte de las numerosas ediciones que hoy circulan de los Protocolos son traducciones al árabe. De hecho, se trata a la vez de un best seller y de un long seller en el mundo islámico, desde que lo introdujo en él el Gran Muftí de Jerusalem, Hajj Amín al Huseini.

 

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EL UNICO JUDIO ACEPTADO ES AQUEL QUE ESTÁ BAJO 3M DE TIERRA.

OTRO ARTÍCULO QUE NO ME PUBLICARÁN: (En el Mundo)

EL UNICO JUDIO ACEPTADO  ES AQUEL QUE ESTÁ BAJO 3M DE TIERRA.

Sr Director:

Llamemos a las cosas por su nombre, ¡Fuera caretas!, ¡Fuera hipocresías!, ¡Que salgan a luz las verdaderas intenciones y los sueños más profundos de tanto hijodeputa que anda suelto en los gobiernos europeos, en las redacciones de los periódicos y en las televisiones! ¡Que los “oenegistas” expresen a las claras su pensamiento antisemita, que saquen sus Mein Kampf de las faldriqueras! ¡Qué digan lo que piensan! : “El único judío bueno es aquel que está muerto”.

Vamos a dejarnos de gaitas, a los ÚNICOS seres humanos sobre la faz de la tierra a los que se les niega su derecho a la legítima defensa, al honor (como personas, como pueblo y como país), a proteger a sus hijos y defender su país es a los judíos… quizá porque muchos vibran de emoción pensando que Adhmanideyad pueda terminar lo que empezó Hitler.

Siempre he dicho que el único momento en el que los muy cristianos europeos sentimos un ápice de solidaridad o compasión hacia los judíos, fue cuando iban en filas ordenadamente y  sin protestar a las cámaras de gas…. Solo nos duró un momento, porque en el fondo al europeo medio le jode tener sentimientos humanos hacia los judíos, así es que rápidamente aprendimos a liberarnos del complejo de culpabilidad por haber mirado hacia otro lado cuando Hitler, el ídolo de los “activistas de Hamás”,   desarrollaba “su misión” con eficacia germana en los campos de exterminio, aprendimos después a despojar a las víctimas de hace 70 años de su dignidad, negando su dolor, negando nuestra complicidad en el horror, negando la magnitud de la barbarie, negando la propia existencia de los campos, echándoles la culpa de lo que “les pasó” (como si hubieran tenido un tropiezo fortuito) y 70 años después, seguimos igual………..negando los ataques de todos los tarados islamofascistas que rodean a Israel, minimizando e incluso justificando los “cohetes caseros” que lanza Hamas, (que sin embargo producen muertes por cientos), “entendiendo” a los cabrones que se explotan en una pizzería o en autobús, olvidándonos de los niños israelíes que aprenden a esconderse en un refugio anti-aéreo antes que a leer……………

La pregunta es ¿Porqué? ¿Por qué los judíos son condenados “preventivamente”? ¿Por qué la embajada de Israel es cercada, apedreada y sitiada? ¿Porqué una madre judía tiene que ver cómo sus hijos se ponen a llorar aterrorizados  con las sirenas que indican la caída de un misil encima de su colegio, su cama, su calle, etc… mientras que ninguna madre gentil  aceptaría ni una centésima parte de esa presión? ¿Por qué los arquitectos judíos proyectan los restaurantes a fin de evitar que una posible onda explosiva fruto de un cinturón explosivo islamonazi mate a cientos, en vez de por criterios estéticos o funcionales? ¿Porqué los pisos cercanos a Gaza tienen un cuartito de hormigón que no es una despensa sino un refugio antiaéreo?, ¿Por qué España, Inglaterra o USA tiene derecho a defenderse y los soldados Israelíes tienen que servir de diana para que una panda de cabrones haga prácticas de tiro con ellos? ¿Porqué Israel tiene que cometer suicidio como país? ¿Por qué sus ciudadanos deben dejarse cazar como conejos?

Y SOBRE TODO, ¿Por qué coño nos creemos los europeos con derecho a juzgar a Israel? ¿Por qué nos creemos el ombligo del mundo? ¿Por qué no reconocemos nuestros errores con los judíos, (tenemos una larga tradición) e intentamos compensarlos en vez de darles clase de ética?

La respuesta por desgracia, es clara: porque muchos occidentales enfermos de un antisemitismo tan feroz como analfabeto  piensan que el mundo sería un lugar mejor sin Israel, lo cual , no nos engañemos, es lo mismo que pensar que el mundo sería un lugar mejor sin judíos, porque, ¡vamos a ver! ¿nos creemos que va a haber un solo judío tan gilipollas como para pensar que nosotros, los gentiles europeos, íbamos a enfrentarnos con riesgo para nuestras vidas a los fascistas del turbante para garantizar su seguridad? …¡suena a chiste!

Los judíos necesitan tener un estado para garantizar que NO se repita el episodio más vergonzoso de la historia: La shoá, el holocausto. El que niega el derecho de Israel a defenderse en un mar de barbarie y locura, niega su derecho a la existencia, y el que niega el derecho de existir a Israel, lo hace porque no le importaría que con el país desaparecieran sus ciudadanos y si es posible algunos judíos más de los que están en la diáspora…. Porque son tan cabrones que piensan que SOBRAN LOS JUDÍOS…. Porque piensan, al igual que muchos de sus “hermanos musulmanes”,  que el único judío bueno es aquel que está muerto.

Asunción Agulló

PS: NO soy judía y NO soy Israelí, y NO me engañan los oenegistas que realizan “labores humanitarias” con cuchillos de caza y barras de hierro.

Discurso de Gert Wilders en Londres

Guysen >> Opinión
Discurso de Gert Wilders en Londres
Guysen International News
Jueves 27 mayo 2010 – 05:59
Gracias. Es fantástico estar de vuelta en Londres. Y es estupendo que, esta vez, voy a ver más de esta maravillosa ciudad, que únicamente el centro de detención del Aeropuerto de Heathrow. Hoy me encuentro ante vosotros, en este lugar extraordinario. Ciertamente, este es un lugar sagrado. Este es, como Malcolm siempre dice, la madre de todos los Parlamentos, Y estoy profundamente conmovido por tener la oportunidad de hablar ante vosotros.

Gracias a ustedes, Lord Pearson y Lady Cox, por vuestra invitación y por mostrar mi película Fitna. Gracias amigos míos, por invitarme.

Lo primero, es que tengo grandes noticias. El miércoles pasado, se celebraron elecciones municipales, en los Países Bajos. Y por primera vez mi partido, el Partido de la Libertad, tomó parte en ellas. Nuestro partido participó en dos ciudades. En Almere, una de las mayoeres ciudades holandesas, y en La Haya, la tercera mayor ciudad, que es el hogar del Gobierno, del Parlamento, y de la Reina. Y, ¡nos salió de maravilla!. En una sola barrida mi partido se convirtió en el más grande de Almere, y en la segunda fuerza política de La Haya. Grandes noticias pues para el Partido de la Libertad, e incluso mejores para la gente de esas dos bellas ciudades.

Y aún tengo más buenas noticias. Hace dos semanas el Gobierno holandés se derrumbó. En junio tendremos elecciones generales. Y el futuro para el Partido de la Libertad pinta estupendamente bien. De acuerdo con algunas encuestas, nos convertiremos en el mayor partido de los Países Bajos. Quiero ser modesto, pero quién sabe, ¡podría incluso convertirme en el Primer Ministro de aquí a unos meses!.

Damas y caballeros, no lejos de aquí se encuentra una estatua del mejor Primer Ministro que ha tenido vuestro país. Y me gustaría contaros una cita suya hoy aquí: “El mahometanismo, es una fe proselizante y militante. No existe fuerza más retrógrada que esta en el mundo. Ya se ha extendido por toda el África Central, alzando guerreros impávidos a cada paso (…) la civilización de la Europa moderna podría caer, del mismo modo en que cayó la civilización de la Antigua Roma”. Estas palabras son, ni más ni menos que las que Winston Churchill escribió en su libro “La Guerra del Río”, en 1899.

Churchill estaba en lo cierto.

Damas y caballeros, yo no tengo ningún problema, y mi partido no tiene ningún problema con los musulmanes como tales. Hay muchos musulmanes moderados. La mayoría de los musulmanes son ciudadanos cumplidores de las leyes, y quieren vivir una vida igualmente pacífica que la que nosotros y yo mismo queremos. Yo lo sé. Eso es por lo que siempre hago una clara distinción entre la gente, los musulmanes, y la ideología, entre el Islam, y los musulmanes. Hay muchos musulmanes moderados, pero no existe tal cosa como un Islam moderado.

El Islam lucha por la dominación mundial. El Corán ordena a los musulmanes el ejercicio de la yijad. El Corán ordena a los musulmanes imponer la ley sharia. El Corán ordena a los musulmanes que deben imponer el Islam en el mundo entero.

Como dijo el antiguo Primer Ministro turco Erbakan: “Europa entera se volverá islámica. Nosotros conquistaremos Roma”. Fin de la cita.

El dictador libio Gaddafi dijo:”Hay decenas de millones de musulmanes en el continente europeo hoy en día, y su número no para de aumentar. Es el signo claro de que el continente europeo se convertirá al Islam. Europa será, un día ya no muy lejano,un continente musulmán”. Fin de la cita. En verdad, por una vez en su vida estaba diciendo la verdad. Porque, recordad: ¡la inmigración masiva y la demografía son nuestro destino!

El Islam no es meramente una religión, es fundamentalmente una ideología totalitaria. El Islam quiere dominar todos los aspectos de la vida, desde la cuna, hasta la tumba. La ley sharia es una ley que controla cada detalle de la vida en las sociedades musulmanas. Desde la ley pública y familiar, hasta la ley penal. Es una ley que determina cómo se debe comer, vestir, e incluso ir al lavabo. La opresión de la mujer es buena, beber alcohol es malo.

Creo que el Islam no es compatible con nuestra forma de vida occidental. El Islam es una amenaza a los valores occidentales. La igualdad del hombre y la mujer, la igualdad entre homosexuales y heterosexuales, la separación entre Iglesia y Estado, la libertad de expresión, están todas bajo presión por causa de la islamización. Damas y caballeros: el Islam y la libertad, el Islam y la democracia, no son compatibles. Son valores opuestos.

No es ninguna casualidad el que Winston Churchill denominase al Mein Kampf de Adolf Hitler como “el nuevo Corán de la fe y la guerra, turgente, locuaz, informe, pero preñado con su mensaje”. Como sabéis, Churchill realizó esta comparación entre el Corán y Mein Kampf, en su libro “La Segunda Guerra Mundial”, una obra maestra por la cual recibió el Premio Nobel de Literatura. La comparación del Corán con Mein Kampf es totalmente acertada. El núcleo del Corán es la llamada a la yijad. La yijad significa un montón de cosas, y es la palabra árabe para decir “lucha”. Kampf es el término alemán para “lucha”. Yijad y Kampf significan exactamente lo mismo.

Islam significa “sumisión”, y no puede haber ningún error sobre su objetivo. Eso es algo determinado. La cuestión es si nosotros en Europa, y vosotros en Gran Bretaña, con vuestro glorioso pasado, nos someteremos o defenderemos firmemente nuestra herencia.

Nosotros vemos al Islam despegar en Occidente a un ritmo increíble. Europa se está islamizando rápidamente. Un montón de ciudades eurpeas contienen enormes concentraciones islámicas. París, Amsterdam, Bruselas y Berlín son sólo unos pocos ejemplos. En algunos lugares de esas ciudades, las normas musulmanas se están imponiendo ya. Los derechos de las mujeres están siendo destruidos. Burkas, velos, poligamia, mutilación genital femenina, asesinatos de honor. Las mujeres deben ir a clases de natación separadas, y no deben dar la mano. En muchas ciudades europeas ya existe el apartheid. Los judíos, en un número cada vez mayor, están abandonando Europa.

Como indudablemente ya sabéis, mucho mejor que yo, también en vuestro país, la inmigración masiva ha aumentado rápidamente. Esto ha causado una enorme presión sobre vuestra sociedad británica. Mirad lo que está pasando por ejemplo en Birmingham, Leeds, Bradford, y aquí en Londres. Los políticos británicos que se han olvidado de Winston Churchill, han tomado la ruta de menor resistencia. Se han rendido. Han abandonado.

El año pasado, mi partido solicitó al Gobierno holandés que realizara un análisis de coste-beneficio sobre la inmigración masiva. Pero el gobierno rehusó darnos una respuesta. ¿Por qué?. Porque tiene miedo de la verdad. Las señales no son buenas. Una revista semanal holandesa, “Elsevier”, calculó que los costes de la inmigración superaban los 200 Millardos de euros. Sólo en el año pasado, se llegó a una cifra de 13 Millardos de euros. Se han realizado más cálculos en toda Europa: de acuerdo con el Banco Central de Dinamarca, cada inmigrante danés procedente de un país musulmán le cuesta al Estado danés más de trescientos mil euros. Lo mismo se puede ver en Noruega y Francia. La conclusión que se puede sacar de esto es lo siguiente: Europa se está empobreciendo a día de hoy. Se hace más pobre gracias a la inmigración masiva. Más pobre gracias a la demografía. Y los izquierdistas están asustados.

Yo no sé si es cierto, pero he leido en varios periódicos ingleses que los laboristas abrieron las puesrtas de la inmigración masiva, siguiendo una política deliberada para cambiar el panorama social en el Reino Unido. Andrew Neather, un antiguo consejero del gobierno, y escritor de discursos para TOny Blair y Jack Straw, dijo que el objetivo de la estrategia inmigratoria laborista era, y le cito, “frotar los morros de la derecha en la diversidad, y rendir sus argumentos como pasados de moda”. Si esto es cierto, es algo sintomático de la izquierda.

Damas y caballeros, no os equivoquéis: la izquierda está facilitando la islamización. Los izquierdistas, socialistas y compañía, se alegran por cada nuevo banco sharia que se crea, por cada nueva hipoteca shria, por cada nueva escuela islámica, por cada nuevo tribunal islámico. Los izquierdistas consideran al Islam como algo equivalente a nuestra propia cultura. ¿Ley sharia, o democracia?. ¿Islam, o libertad?. Eso en realidad no les importa. Pero nos importa a nosotros. Toda la élite izquierdista es culpable de practicar el relativismo cultural. La universidades, iglesias, cámaras de comercio, la prensa, los políticos. Todos ellos, están traicionando nuestras libertades, tan duramente adquiridas.

Y yo me pregunto a mí mismo el por qué, ¿por qué los izquierdistas y socialistas han dejado de luchar por ellas?. Hubo un tiempo en el que los izquierdistas levantaban barricadas por los derechos de las mujeres. Pero, ¿dónde están ahora?. ¿Dónde están en el 2010?. Están mirando hacia el lado contrario. Porque son fanáticos del relativismo cultural, y son dependientes del voto musulmán. Dependen de la inmigración masiva.

Gracias al cielo que Jacqui Smith ya no está en el gobierno. Fue una victoria para la libertad de expresión el que un juez británico barriese de un plumazo su decisión de impedir que entrara en su país el año pasado. Espero que los jueces de mi país sean al menos igual de sabios, y me liberen de todos los cargos en Holanda, más adelante en este año.

Desafortunadamente, hasta el momento no lo han hecho tan bien. Porque ellos no querían oir la verdad acerca del Islam, ni están interesados en escuchar la opinión de expertos legales de primer orden en el campo de la libertad de expresión. El mes pasado, en una sesión preliminar, el tribunal rechazó quince de los dieciocho testigos expertos cuya presencia yo había solicitado.

Tan sólo a tres de esos expertos se les permitirá el ser escuchados. Afotunadamente, mi querida amiga y heroica psiquiatra americana , la Dra. Wafa Sultan será uno de ellos. Pero su testimonio se escuchará a puerta cerrada. Aparentemente la verdad acerca del Islam, no debe ser contada en público, y la verdad acerca del Islam deber permanecer en secreto.

Damas y caballeros, estoy siendo juzgado por mis creencias políticas. Ya sabíamos que la persecución política existía en los países de Oriente Medio, como Iran y Arabia Saudí, pero nunca en Europa, nunca en Holanda.

Estoy siendo juzgado por comparar el Corán con el “mi Lucha”. Es ridículo. Me pregunto si en Gran Bretaña se pondrán alguna vez las creencias de Winston Churchill a juicio…damas y caballeros, el juicio político que se está llevando a cabo contra mí, debe parar.

Pero no todo es acerca de mí, esto no va acerca de Geert Wilders. La libertad de expresión está en peligro. Como quizás ya sepáis ahora, uno de mis héroes, la autora italiana Oriana Fallaci, tuvo que vivir con miedo de que la extraditaran a Suiza por causa de su libro anti-islámico “La Rabia y el Orgullo”. El dibujante holandés Nekschot fué arrestado en su propia casa en Ámsterdam, por diez policías, por culpa de sus dibujos anti-islámicos, Aquí, en Gran Bretaña, la autora americana Rachel Ehrenfeld fué denunciada por difamación por parte de un hombre de negocios saudí. En Holanda, Ayaan Hirsi Ali, y en Australia dos Pastores cristianos fueron denunciados. Y podría seguir, y seguir. Damas y caballeros, a través de todo Occidente, gente amante de la libertad está sufriendo esta “yijad legal” que está en marcha. Esto es la “guerra judicial” islámica. Y, damas y caballeros, no hace mucho tiempo el dibujante danés Kurt Westergaard estuvo a punto de ser asesinado a consecuencia de sus caricaturas.

Damas y caballeros, deberíamos defender el derecho a la libertad de expresión. Con todas nuestras fuerzas. Con todo nuestro poder. La libertad de expresión es la más importante de nuestras muchas libertades. La libertad de expresión es la piedra fundamental de nuestras sociedades modernas. La libertad de expresión es el aliento de nuestra democracia, y sin libertad de expresión nuestro modo de vida, nuestra libertad, se habrá esfumado.

Creo que es nuestra obligación preservar la herencia de los valientes y jóvenes soldados que asaltaron las playas de Normandía. Que liberaron a Europa de la tiranía. Esos héroes no pueden haber muerton en vano. Es nuestra obligación defender la libertad de expresión. Como dijo George Orwell; “Si la libertad significa en realidad algo, significa el derecho a decirle a la gente quello que no quieren oir”.

Damas y caballeros, yo creo en otra política, es la hora del cambio. Debemos darnos prisa. Ya no podemos esperar más. El tiempo se acaba. Si me lo permitís, citaré a uno de mis presidentes americanos favoritos, que es Ronald Reagan, que dijo en una ocasión: “Necesitamos actuar hoy, para preservar el mañana”. Y es por eso por lo que yo propongo las medidas siguientes, sólo mencionaré unas cuantas, para preservar nuestra libertad:

Primero, tendremos que defender la libertad de expresión. Es la más importante de nuestras libertades. En Europa, y de hecho en Holanda, necesitamos algo similiar a la Primera Enmienda norteamericana.

Segundo, tendremos que poner fin y librarnos del relativismo cultural. A los relativistas culturales, a los socialistas de la sharia, les digo orgullosamente: nuestra cultura occidental es muy superior a la cultura islámica. No temáis decirlo. No eres un racista cuando dices que tu cultura es mejor.

Tercero, necesitamos parar la inmigración masiva procedente de los países islámicos. Porque más Islam, siginifica menos libertad.

Cuarto, tendremos que expulsar a los inmigrantes criminales y, seguidamente a su desnacionalización, tendremos que expulsar a los criminales con doble nacionalidad. Y hay muchos de esos en mi país.

Quinto, tendremos que prohibir la construcción de nuevas mezquitas. Ya hay bastante Islam en Europa. Especialmente porque los cristianos en Turquía, Egipto, Irán, Irak, Pakistán e Indonesia son maltratados, y por eso debería haber un parón en la construcción de mezquitas en Occidente.

Y por último, pero no menos importante, tendremos que librarnos de todos esos que se hacen llamar líderes. Lo he dicho antes: Menos Chamberlains, más Churchills. Elijamos líderes auténticos.

Damas y caballeros. A la anterior generación, la de mis padres, la palabra “Londres” les sonaba como un sinónimo de esperanza y libertad. Cuando mi país fué ocupado por los nacional-socialistas, la BBC le ofrecía un parpadeo diario de esperanza, en la oscuridad de la tiranía nazi. Millones de mis compatriotas la escuchaban en secreto. Las palabras “esto es Londres”, eran un símbolo de un mundo mejor que llegaría pronto.

¿Qué será lo que se emita dentro de cuarenta años?. ¿Será todavía “Esto es Londres”?, ¿o será “Esto es Londonistán”?. ¿Nos traerá la esperanza?, ¿O nos señalará las coordenadas de La Meca y Medina?. ¿Ofrecerá Gran Bretaña sumisión, o perseverancia?, ¿libertad, o esclavitud?. La elección es vuestra. Y en los Países Bajos, la elección es nuestra.

Damas y caballeros, nosotros nunca nos disculparemos por ser libres. Nunca abandonaremos. Y ciertamente, como uno de sus antiguos líderes dijo: Nunca nos rendiremos.

La Libertad debe prevalecer, y la libertad prevalecerá.

Pesaj en el Guetto de Varsovia


Los héroes del Ghetto de Varsovia.

El 19 de abril de 1943, la víspera de Pesaj, un grupo de jóvenes se rebelaron inspirados por nuestras tradiciones de libertad, por nuestra salida de Mitzraim. Les habían elegido ese día seguramente sin saberlo los nazis. Esos jóvenes se rebelaron contra las poderosas SS junto con los supervivientes del ghetto de Varsovia. En un mes murieron “con honor”, casi todos aquellos que lograron sobrevivir a tres años de vejaciones y de tormentos en el ghetto más grande de la Polonia ocupada. Fue un acto de desafió de nuestro pueblo para el que ya nunca nada volvería a ser igual y cuya secular capacidad de supervivencia había sido sometida a la prueba terrible del exterminio industrial.

Después de la invasión de Europa por los nazis, nuestro pueblo había sido recluido en ghettos, expresamente construidos para servirnos de prisión y antecámara a la muerte. Esto no era, ni mas ni menos, que la primera fase de aquella solución final hitleriana, que, veinte años antes, había ya anunciado el criminal alemán en su siniestro libro Mein Kampf.

En otoño de 1940, el barrio judío de Varsovia, al oeste del Vístula y de una extensión de 6,5 km, fue cercado por un alto muro protegido con alambrada de espino. Allí fueron depositados casi 443.000 judíos, muchos de los cuales no tenían ni casa ni lazos familiares en la capital polaca. Fueron encerrados en él, aislados del mundo exterior, en espera de un destino que no conocían y poquísimos en el exterior consideraban posible: el exterminio racional, sistemático e industrial de nuestro pueblo.

Los judíos del ghetto, como en otros lugares del Reich fueron sistemáticamente condenados al hambre por sus guardianes y aterrorizados con continuos momentos de violencia indiscriminada con el fin de amedrentarlos. Nuestro espíritu, ya no de resistencia, sino de simple supervivencia era carcomido por los breves y vanos chispazos de esperanza, maliciosamente alimentados por los propios nazis. De vez en cuando, la presión disminuía, se aumentaban las raciones alimenticias asignadas al ghetto (esos días comían) y se veía sonreír a las tropas que los mantenía encerrados. En aquellos momentos de calma se permitía incluso que ciertas noticias tranquilizadoras se filtrasen en el ghetto desde los campos de trabajo exteriores. Por un momento, parecía posible a aquellos seres que, al fin y al cabo, nadie podía ser tan completamente inhumano. Vanas esperanzas para nuestro pueblo que languidecía en un exterminio implacable.

La más eficaz entre todas las técnicas de la guerra psicológica aplicada por los nazis fue la habilidad con que se supieron manejar al Consejo judío. Este era, en definitiva, un organismo político alemán que funcionaba por iniciativa de algunos judíos, impulsados por muy diversos motivos, que iban desde el puro y simple deseo de salvar la propia vida a la esperanza de proteger a nuestra gente, por lo menos en los aspectos más intolerables de la opresión. Se trataba de una misión imposible que desconocían y que se hacía todavía más desesperada y brutal a causa de la misma policía judía, cuyos miembros se veían miserablemente y de manera continua obligados a elegir entre la vida de sus familiares y la de sus vecinos en la subsistencia diaria.

No obstante, incluso en medio de este cuadro de muerte y de enfermedad, del terror, de la corrupción y de las traiciones, las escuelas clandestinas prosperaban, las zonas bombardeadas eran cultivadas como parques, cuatro teatros permanecían abiertos, los músicos daban conciertos y los poetas infundían en sus versos tanta desesperación como imágenes de esperanza; pintores y escultores creaban y exponían obras nuevas, se publicaban periódicos clandestinos y algunos eruditos, como Emmanuel Ringelblum y Jaim A. Kaplan, reunían documentos secretos cobre los sufrimientos que estaba padeciendo nuestro pueblo.

Un anónimo conferenciante definió la situación en la primera de una serie de reuniones culturales clandestinas, del siguiente modo:

“Queremos continuar viviendo y ser un pueblo libre y creador. Por ello resistiremos la prueba de la vida. Si nuestras vidas no se extinguen en un montón de cenizas, será el triunfo de la humanidad sobre la inhumanidad, será una prueba de que nuestra fuerza vital es todavía mayor que la voluntad de destruirnos.”

Pero después de un año de estar encerrados en el ghetto, paralelamente a esta intransigencia intelectual, empezó a formarse el núcleo de la resistencia. En el ghetto, a través de nuevos judíos que eran encerrados y de espías procedentes del exterior de Varsovia empezó a transparentarse la cruda verdad respecto a los campos de exterminio y a la destrucción de otras comunidades confinadas en otros tantos ghettos. Primero las noticias no querían creerse, ¿Quién va a creer que un asesinato industrial es posible? Luego empezó a brotar, en el seno de un exiguo grupo de lo que algunos llamaron al principio «fomentadores de desorden», la convicción de que los alemanes no les ofrecían, en realidad, otra alternativa que la del exterminio.

Algunos grupos juveniles, sionistas de izquierda, tomaron la iniciativa en el transcurso del invierno de 1941. Antes de la guerra, sus miembros ya se habían preparado para emprender una actividad de pioneros en la Palestina Británica –en Eretz Israel- , otros habían luchado en la Guerra de España contra el fascismo. Entre estos organizadores cabe destacar el joven Pinkus Kartin Z”L un ex-miembro de la brigada judía Botwin de las Brigadas Internacionales, aunque contra el fascismo en España luchó con el nombre de Andrezej. Su conciencia nacional y política era precisa y fuerte, habiendo ya rechazado todos los compromisos que inevitablemente estaban vinculados con el exilio judío. Estaban convencidos de que sus ideales debían conducir, lógicamente, a la acción.

El primer impulso les llegó de los miembros del partido comunista, que, como sus compañeros de otros países europeos, con una mano hacían la guerra y con la otra la revolución, pero fueron más allá.

El Bund, el partido socialista judío más importante, vaciló. En un principio, su confianza en la solidaridad de la clase trabajadora le impidió apoyar un movimiento de resistencia exclusivamente nacional judío. Pero en el transcurso del mes de julio de 1942, cuando las cámaras de gas de Treblinka, a pocos kilómetros al nordeste de la capital, humearon iniciando el exterminio en masa de los judíos de Varsovia, el movimiento de resistencia se aseguró la plena adhesión de los movimientos políticos y religiosos presentes en el ghetto en una unidad nacional. Tan solo el grupo nacionalista de los sionistas revisionistas quedó aparte, prefiriendo combatir separado del resto de los otros grupos, bajo la bandera sionista del Irgun Zvei Leumi (Organización militar nacional), ¿Cómo no iba a ser así , si todos éramos judíos? Y ya se sabe, dos judíos tres pareceres. Juntos sí, pero con nuestras diferencias, hasta para afontar la muerte.

Las deportaciones masivas se iniciaron el 22 de julio de 1941, la víspera de Tisha B’Av (9 de Av) de 5702 , en el que nuestro pueblo llora la destrucción de los dos Templos de Jerusalem y la pérdida de la independencia frente a los romanos, la expulsión de Sepharad y tantas otras cosas malas que la Historia nos ha deparado. Seis días después de esta triste jornada, se constituyó la organización combatiente judía, que pronto fue puesta al mando de Mordejai Anielevvicz; un joven de veintitrés años, miembro del movimiento sionista de izquierda Hashomer Hatzair. Hijo de padres pertenecientes a la clase obrera, había asistido a la escuela superior judía de Varsovia, y a principios de 1942 fue enviado fuera del ghetto para averiguar la situación existente en Silesia.

Entre el 22 de julio y el 3 de octubre más de 300.000 judíos fueron deportados de la capital polaca vaciando el ghetto. Cuatro quintas partes de ellos a los campos de exterminio de Treblinka y el resto a los campos de trabajos forzados. Jaim A. Kaplan, antiguo director de una escuela judía, llegado cuarenta años antes a Varsovia desde Rusia, describe en su Diario los métodos brutales de las redadas diarias y el pánico que estas suscitaban:

”El ghetto se ha transformado en un infierno. Los hombres son como bestias. Cada uno se encuentra a un solo paso de la deportación; se caza a las gentes en las calles, como si se tratase de animales en la selva. Y precisamente son los hombres de la policía judía los más crueles con los condenados. A veces se cerca una sola casa; a veces, una manzana entera. En cada edificio destinado a ser destruido se realiza primero el registro de los pisos, pidiendo a todo el mundo la documentación. Al que no posee documentos que le den derecho a permanecer en el ghetto, ni el dinero necesario para corromper a los esbirros, se le obliga a meter sus enseres en un paquete de quince kilos como máximo y se le empuja al camión que espera ante la puerta.
Cada vez que se cerca una casa suceden al cerco increíbles escenas de pánico. Sus habitantes, que no tienen documentos ni dinero, se esconden en alacenas, bodegas y buhardillas. Cuando existe posibilidad de pasar de un patio a otro, los fugitivos saltan por los tejados, incluso con riesgo de su vida. Mas todos estos sistemas sirven tan sólo para retrasar lo inevitable, y, al fin, la policía acaba por prender siempre a hombres, mujeres y niños. Los indigentes y aquellos que han perdido cuanto tenían, son los primeros en ser deportados. El camión se llena en un momento. Es difícil distinguir a una persona de otra: la miseria les hace a todos iguales. Sus gritos y gemidos destrozan el corazón.
Los niños, en particular, lanzan gritos desgarradores. Los viejos y los hombres de mediana edad aceptan la condena en silencio y permanecen de pie, con sus pequeños paquetes bajo el brazo. Pero el dolor y las lágrimas de las mujeres jóvenes no reconocen límite. A veces, una de ellas intenta liberarse de las manos que la tienen agarrada y entonces se inicia una lucha terrible. En estos momentos, el horror de la escena llega a su cumbre. Ambas partes luchan hasta el final. De una parte, la mujer, con el cabello revuelto y la blusa desgarrada, lucha con todas sus fuerzas contra aquellos verdugos, intentando escapar de sus manos. De su boca sale un torrente de imprecaciones rabiosas y toda ella parece como una dona dispuesta a matar. De la otra parte, dos policías la empujan par los hombros hacia la muerte.”

Estas deportaciones tuvieron sus héroes… quizás donde hubiera sido menos lógico esperarlo: por ejemplo, Adam Czerniakow, el ingeniero presidente del Consejo judío, quien, antes que firmar el decreto de expulsión, se envenenó; y el doctor Henryk Goldsmidt, decidió morir con los niños de su orfanato aun cuando los alemanes le habían ofrecido la salvación. Era en vano.

Las deportaciones a Treblinka se suspendieron entre el 3 de octubre de 1942 y enero de 1943. Pero ahora los jóvenes judíos con el espiritu de Pesaj sabían ya que el encuentro decisivo era tan sólo cuestión de tiempo. Habían adquirido armas con la ayuda de agentes que entraban y salían, furtivamente, en el ghetto, a lo largo del alcantarillado, y que se mezclaban con los grupos destinados a efectuar los trabajos de sepultureros y que por ello tenían permiso para traspasarlos muros para llegar al cementerio judío. Así se constituyeron y adiestraron veintidós grupos de resistencia.

La primera confrontación armada se produjo el 18 de enero, nueve días después de haber visitado Himmler el ghetto y de ordenar la reanudación de las deportaciones Después de cuatro días de lucha, las SS, que se habían dispuesto a cercar a los últimos 60.000 0 70.000 judíos que aún permanecían en el ghetto, se retiraron. Las fuerzas del joven Anielewicz habían superado el bautismo de fuego y todo estaba ahora dispuesto para la sublevación masiva.

El 16 de febrero, tras una resistencia a las deportaciones por parte de los judíos, Himmler decidió que el ghetto fuera destruido. Dos meses más tarde, mandó de Grecia, para dirigir la operación, al teniente general Jürgen Stropp.

A primeras horas del 19 de abril, víspera de la Pesaj (Pascua judía); la fiesta en la que se conmemora la salida y el fin de la esclavitud en Egipto y nuestra afirmación como pueblo, el ghetto fue cercado. La organización judía de combate declaró entonces el estado de alarma. De los preparativos del Seder se pasó a la alerta. Y poco después, a las 6 –cuando los últimos judíos del Ghetto se preparaban para el Seder- las SS hicieron su aparición, iniciándose con ello la «acción en amplia escala» de Jurgen Stropp.

Con gran estupor por parte de los alemanes, su primera tentativa de penetración fue rechazada por un nutrido fuego de armas de pequeño calibre, granadas y bombas caseras, tan rudimentarias que podían encenderse con un fósforo. Un carro de combate fue incendiado por un grupo de veinte personas -hombres, mujeres y niños que se sabían muertos- y los alemanes tuvieron que retirarse. Por primera vez en mucho tiempo, en el bando judío reinaba un ambiente de gran alegría. La alegría que da sentirse libres. Y, sin embargo, pocos, entre los judíos del ghetto, se hacían más ilusiones que ser ejemplo. Sabían, desde luego, que no podrían vencer; pero estaban decididos a vender cara su, por fin recobrada, esperanza de libertad.

A las 8, Stropp asumió personalmente el mando de la operación, dividiendo sus faenas en pequeños contingentes y asignándoles la misión de barrer completamente el ghetto. Muy pronto nuestro pueblo se vió obligado a retirarse de los tejados y de los pisos superiores de las casas. Así pasó el primer día de Pesaj y el segundo, entre fuego, disparos y francotiradores. Al tercer día, ya en Jol Hamoed, la resistencia se había concentrado en las esquinas y en los bunker de la plaza Muranowsky.

Una complicada red de trincheras y de pasos subterráneos se había dispuesto en el transcurso del otoño e invierno. Los bunker fueron hábilmente adaptados para poder hospedar a familias enteras, con reservas de alimentos y de municiones y con rudimentarios aseos. En su informe cotidiano a sus superiores, Stropp se expresaba tristemente de este modo:

«Descubrir los refugios individuales es extremadamente difícil, por cuanto han sido enmascarados muy hábilmente; en muchos casos sólo es posible por la traición de otros judíos.»

Stropp concentró todos sus esfuerzos en dirección a los antiguos establecimientos alemanes, transformados ahora en importantes centros de resistencia y de abastecimiento. Llegó a la conclusión de que su plan no podía realizarse si no se destruían tales puestos. En su interior halló un estado de «caos indescriptible», situación cuya responsabilidad cargó a los dirigentes civiles y al Ejército, incluso a sus propias SS.

«Todo estaba en manos de los judíos, desde las sustancias químicas empleadas para la fabricación de explosivos, hasta los vestuarios y equipos destinados a la Wehrmacht. Los dirigentes sabían tan poco de sus propias fábricas, que los judíos estaban en situación de producir armas de todas clases. Además, éstos habían conseguido organizar en el interior de estos lugares centros de resistencia. Los dirigentes de los establecimientos, cuya actividad era regulada por un oficial de la Wehrmacht, casi nunca podía decir con precisión a cuánto ascendía el número de su gente ni dónde se las encontraba. Las declaraciones de estos dirigentes, relativas al número de judíos que trabajaban en sus establecimientos eran siempre imprecisas.»

Pasadas las primeras dos semanas, Stropp se dio cuenta de que cada vez era más difícil aniquilar a los judíos. Su desprecio inicial por ellos, a los que designaba como «cobardes por naturaleza», se transformó gradualmente en un rabioso respeto.

«Una y otra vez grupos de combate formados por veinte o treinta o más judíos, de edad comprendida entre los dieciocho y los veinticinco años, y acompañados por un número semejante de mujeres, encendían nuevos focos de resistencia. Estos grupos tenían orden de resistir con las armas hasta el fin, y, si era necesario, debían evitar caer prisioneros suicidándose. Uno de estos grupos, saliendo de una alcantarilla, logró apoderarse de un camión y huir en él.»

La resistencia opuesta por nuestro pueblo y por un puñado de guerrilleros polacos, que les apoyaban desde el exterior del muro, era tan eficaz que Stropp debía mantener en acción a sus patrullas de asalto veinticuatro horas al día, «enérgicamente y sin tregua. Pero Himmler empezó a revelar cierta impaciencia y Stropp se vio de pronto obligado a adoptar una política de destrucción total.

“Uno tras otro, los establecimientos fueron sistemáticamente evacuados y en seguida incendiados. Por lo general, los judíos abandonaron sus escondrijos y refugios. No obstante, en algunas ocasiones permanecían en los edificios incendiados hasta que, impulsados par el calor de las llamas y por el temor de abrasarse vivos, preferían arrojarse desde los pisos más altos, después de lanzar a la calle colchones y otros objetos que pudieran amortiguarla caída. Entonces, y aun con las naturales fracturas, intentaban cruzar la calle para llegar a lugares todavía no incendiados o sólo parcialmente en llamas.”

También en las cloacas, donde se escondían muchos judíos, la vida se hizo cada vez más dura, sobre todo después de las tentativas de los alemanes de ahogarles allí mismo, abriendo las válvulas de descarga del alcantarillado general de Varsovia. Gradualmente, uno tras otro, los bunker fueron barridos y destruidos por los ingenieros de la Wehrmacht, que empleaban bombas lacrimógenas y explosivos. El 8 de mayo el subterráneo que albergaba al Estado Mayor judío (que orgullo poder decir este nombre) -bajo el número 18 de Vía Mila- fue bloqueado y sometido a un intenso bombardeo de granadas de mano. Allí pereció Mordejai Anielewicz Z’’L con ochenta de su compañeros. Y con ello la rebelión terminó.

Toda forma de resistencia organizada acabó el 16 de mayo, a las 20,15 horas, con la significativa demolición de la sinagoga. Algunos judíos que sobrevivieron lograron huir a través de las cloacas y unirse a los partisanos polacos. Pero todavía en pleno mes de julio los alemanes se hallaban ultimando las operaciones de limpieza. Stropp registró la muerte de unos 56.000 judíos durante la rebelión. Unos 7.000 resultaron muertos en combate y un número análogo fue enviado a Treblinka. Se calculó que otros 5.000 o 6.000 murieron a causa de las explosiones y de los incendios; el número exacto de lo cadáveres bajo los escombros en imposible de calcular y desde luego los nazis no se preocuparon por ellos.

En el transcurso de la rebelión, el partido socialista polaco de Varsovia proporcionó a los combatientes judíos un número limitado de armas. Sin embargo, ninguna respuesta se recibió a la demanda de ayuda cursada al ejército clandestino polaco, del general Tadeuz BorKmorowski. En Londres, después de largas semanas de conversación, el primer ministro polaco, general Sikorski, lanzó una llamada general a los polacos que se encontraban en su patria para que ayudasen a los insurgentes judíos. Pero ya era demasiado tarde.

En efecto, dos días antes, Stropp había comunicado orgullosamente: El ghetto de Varsovia ya no existe. Su comunicado terminaba con este prosaico epitafio: Con exclusión de ocho edificios (alojamientos para la policía, hospital y alojamiento reservado para la guardia de las fábricas) el ex ghetto está totalmente destruido. Sólo algunos muros contra incendios quedan en pie y ello únicamente en los casos en que no ha sido necesaria la demolición con explosivos. Pero las ruinas contienen todavía una notable cantidad de piedras y materiales de desecho que podrían ser utilizables.

Esta es la historia de la muerte del Ghetto de Varsovia, pero también de nuestra victoria en ser libres una noche de Pesaj. En el pasado, los notables judíos usaban sus influencias para frenar alguna medida antijudía o moderarla. No siempre tuvieron éxito. Por ejemplo, Don Isaac Abrabanel, el influyente judío en la corte de España, no pudo hacer cambiar la orden de expulsión decidida por los reyes católicos. La historia registra generalmente los triunfos, no las derrotas. El ghetto fue una experiencia totalmente nueva. Sólo el nombre era igual. Todo lo demás era totalmente distinto. Los líderes de los ghettos bajo el dominio nazi, trataron desesperadamente que éstos perduraran, de que sobrevivieran la mayor cantidad de tiempo posible. Tal vez, la guerra se terminaría -y terminó-, Hitler sería derrotado -y lo fue-, y lo vivido sería recordado como una terrible pesadilla. Y es nuestro deber guardar memoria de ello por cada una de las generaciones. No pudo ser la libertad para ellos. El ghetto de Varsovia no duró siquiera tres años enteros; pero de las antiguas piedras se alzaron nuevamente las cuatro preguntas en esa noche Pesaj de 5703 entonadas seguramente por alguno de los pocos niños que quedaban vivos:

ma nishtaná halaila hazé micol haleilot
shebejol haleilot anu ojlin jametz umatzá, halaila haze culó matzá

ma nishtaná halaila haze micol haleilot
shebejol haleilot anu ojlin shear ierakot, halaila hazé culó maror

ma nishtaná halaila haze micol haleilot
shebejol haleilot ein anu matbilin afilu paam ejat, halaila hazé shetei peamim

ma nishtaná halaila hazé micol haleilot
shebejol haleilot anu ojlin bein ioshvin ubein mesubin, halaila haze culano mesubin

¿Por qué es esta noche diferente al resto de las noches?

Y al final de ese Pesaj tan cruel vendría el orgullo de ser libres. Y esa noche sería diferente, ciertamente… y a partir de ella ninguna noche sería igual.

Quedaron las cuatro preguntas y la certera respuesta de que nunca más los judíos volveríamos a agachar la cabeza ante los que no nos consideraban y aún nos consideran ni tan siquiera seres humanos.

Adaptado por Es-Israel.org de “Los ghettos bajo el dominio nazi” Ediciones Tarbut y otros textos y páginas de Internet.

¡AM ISRAEL JAI!

La foto es de Aba Kovner y los partisanos de Lituania.

Fuente: http://www.herutx.blogspot.com/

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