Recorrida por Palestina en 1695

Recorrida por Palestina en 1695

Por: Abi Goldreich

La máquina del tiempo, este es el sentir mio cuando estoy en la librería con libros antiguos del Sr. Hober en Budapest, Hungría.

Hober ya conoce mis debilidades, y luego de decirme hola y de entregarme un vaso de agua mineral (el Sr. Hober es naturista vegetariano) me lleva por las escaleras hacia el sótano gigante e iluminado, al sector “judío”.

El sector judío es una pieza donde hay libros antiguos de temas que aparentan para el Sr. Hober judíos. Entre los libros viejos hay algunos que no valen ni las tapas de cuero que llevan y en pocos casos se puede encontrar reales creaciones de cultura.

Muchos son los libros litúrgicos viejos que quizás fueron robados de la “gniza” de las Sinagogas, capitulos del Talmud, el Tanaj, Mishnaiot, Shuljan Haruj, Sidurim viejos con tradición Ashkenaz. Suelo abrirlos para observar quiénes eran sus dueños, quién fue el joven que recibió el libro para el Bar Mitzvá hace 200 años, y a quién se le entrego durante su vida. Curiosidad.

Muchos de los libros están escritos en alemán, y son libros góticos que fueron escritos por cristianos o judíos asimilados.

De vez en cuando se puede encontrar un capítulo de Talmud escrito a mano, que son muy caros, varios miles de euro y están desplegados en un armario detrás de una vitrina iluminada. Hober sabe su valor. Y a veces hay ofertas como el libro Palestina, de Hadriani Relandi llamado el profesional. palaestina ex monumentis veteribus illustrata, המו”ל הוא, Trajecti Batavorum: Ex Libraria G. Brodelet, 1714.

Se puede encontrar estos libros originales en varios lugares del mundo y también en la Universidad de Haifa. Se puede ver dónde se encuentra el libro y también se puede encontrar detalles del autor y más.

El autor Rilandi, hombre destacado, geógrafo, cartógrafo y filólogo sabía perfectamente hebreo, árabe y griego antiguo, más las lenguas europeas. El libro está escrito en latín. En 1695 fue enviado a recorrer la tierra de Israel o con el nombre de entonces Palestina. En su recorrido investigó 2500 lugares principales que están nombrados en el Tanaj o en la Mishná.

Su forma de investigación es interesante. Primero, mapea la Tierra de Israel. Segundo, Rilandi ubicó con su nombre a cada uno de los lugares nombrados por la Mishná o el Talmud. Con el original nombre judío, cita el versículo que le corresponde en los libros santos. Si el nombre original es romano o griego, trae en griego y en latín el vínculo. Tercero, también hizo una estadística de la población de cada uno de los asentamientos.

Las principales conclusiones son:

1. Ningún poblado en la Tierra de Israel tiene un nombre original en árabe. Los nombres de los poblados son en su mayoría hebreos, o griegos o latinos romanos. Hasta el día de la fecha practicamente, ningún asentamiento árabe (fuera de Ramle) tiene un nombre árabe original. La mayoría de los poblados tienen origen hebreo o griego que fue desfigurado al árabe sin un sentido claro. No tienen ningún sentido en árabe el nombre de Acco, Haifa, Yaffo, Nablus, Gaza o Jenin y otros nombres de ciudades como Ramallah, El Jalil y El Quds que no tienen raices históricas o filográficas árabes. En el año 1696, el año del recorrido, Ramllah por ejemplo, es llamada Betela (Bet El), Hebrón es llamada Hebrón, y la Cueva de los Patriarcas es llamada por los árabes El Jalil (Sobrenombre del patriarca Abraham).

2. La tierra estaba en su mayoría vacía, desierta y sus habitantes eran pocos y se centralizaban en las ciudades como Jerusalem, Acco, Safed, Yaffo, Tiberia y Gaza. La mayoría de los habitantes en las ciudades eran judíos y el resto eran cristianos y muy pocos musulmanes que en su mayoría eran beduinos. Fuera de Nablus, …. donde estaban asentadas unas 120 personas de la familia musulmana Natasha y unos 70 samaritanos.

3. En Nazaret, capital del Galil, habían unos 700 pobladores, todos cristianos. En Jerusalem habían 5000 personas, la mayoría judíos y la minoría cristianos. Lo interesante es que a los musulmanes Rinaldi los nombra como unas pocas tribus beduinas, que llegaron como empleados temporales para ser utilizados como fuerza laboral en la agricultura o en la construcción. En Gaza por ejemplo, había 550 personas, 50% judíos y 50% cristianos. Los judíos se ocupaban de la agricultura floreciente de los viñedos, aceitunas y trigo (Gush Katif) y los cristianos se ocupaban del comercio y del traslado de las producciones. En Tiberia y en Safed eran poblados judíos, aunque no se indica que se ocupen de la pesca en el Kinneret, una profesión de Tiberia antigua. Un poblado como Um el Fahm por ejemplo, habían 10 familias, todas cristianas, como 50 habitantes, y también una Iglesia Maronita (Familia Shahada).

4. El libro contradice de forma completa las teorías postmodernistas de la “herencia palestina” o del pueblo palestino. Y afirma y confirma la pertenencia de la tierra de Israel al pueblo judío y la falta de pertenencia definitiva de los árabes, que robaron aún el termino latino Palestina y se lo apoderaron.

5. Por ejemplo en España, en Granada, se ve la herencia y la construcción árabe. Ciudades gigantes como Granada en Andalucía, ciudades como Guadalajara, que cuentan con una herencia cultural árabe real: escritura, obras de arte, arquitectura, medicina y más. Unos 700 años de gobierno árabe en España dejaron una herencia que no se puede ocultar o esconder. Y sin embargo aquí, nada, no hay nombres de ciudades, no hay cultura, no hay arte, no hay historia, no hay testimonios de gobiernos árabes. Solo robo y fraude, robo del lugar más importante para los judíos, robo de la tierra prometida a los judíos. Últimamente con el patrocinio de todo tipo de israelíes postmodernistas, el robo de la historia.

Texto revisado ortográficamente. (S.S.)

El ángel de Auschwitz

El ángel de Auschwitz | Cultura | elmundo.es.

HISTORIA | Los diarios de Ana Novac

El ángel de Auschwitz

La escritora Ana Novac. | DestinoLa escritora Ana Novac. | Destino

  • Se publica en español ‘Aquellos maravillosos días de mi juventud’
  • ‘¡Nunca había visto a la gente divertirse tanto como en el campo!’

“Escribo, luego soy”. Es la tabla de salvación a la que se aferró Ana Novac, una niña judía, para redactar un diario de gran intensidad y altura literaria que empieza justo donde termina el de Ana Frank, en el infierno de los campos de exterminio nazis.

Ana Novac murió el pasado el 31 de marzo, a los 80 años de edad, tan sólo seis días antes de que “Aquellos maravillosos días de mi juventud” (Destino), el diario que milagrosamente logró escribir en Auschwitz, Plaszow y otros campos, fuese publicado en español. Murió de un ataque al corazón en París, en la ciudad en la que siempre soñó vivir y donde se instaló en 1968, tras una escala de tres años en Berlín después de escapar de la Europa del Este.

“En una única y misma existencia tuve la suerte de presenciar la caída de dos plagas que me parecían desastrosas por igual: el socialismo ‘nacional’ y el otro (el soviético)“, escribió Novac en el epílogo de este “testimonio honrado” que quiso ofrecer al mundo.

Novac nació en Transilvania (Rumanía), pero a los 11 años se despertó siendo de nacionalidad húngara, “sin haber cambiado de lugar, de calle y ni tan siquiera de camisa”. A los 14, la deportaron a Auschwitz por ser judía. Cuando volvió un año después, en mayo de 1945, con sólo 34 kilos de peso y tuberculosis, era otra vez rumana.

La Historia, con mayúsculas, decía, la metió en situaciones que nunca pudo asumir porque “no las había escogido”.

El corpus principal de su diario, dedicado a la “memoria” de los suyos, pudo ser escrito en el campo de exterminio de Auschwitz y en el campo de Plaszow, bajo el sádico mandato del comandante Amon Görth, gracias a que, según Novac, “a Hitler no le interesaban nuestros pensamientos, sólo quería nuestro pellejo”.

Esa parte del diario la sacó de Plaszow, sin saber de qué se trataba, Otto, un guardián alemán que mató a una chica de una paliza por quedarse dormida, y la sacó a petición de un mando intermedio que protegía a Novac por su peculiaridad de ser una joven escritora. El resto lo compuso en un hospital al que llegó en las últimas, tras una segunda estancia en Auschwitz, y en otros campos de trabajos forzados nazis por los que pasó tras mejorar.

Novac reconocía que no escribió para completar la memoria de la humanidad con lo cotidiano en un campo nazi, sino para librarse de la obsesión por el rancho, para no naufragar en la angustia, para tener una existencia “privada” y para aferrarse a la vida.

“Yo, que dudo incluso de mis dudas, sólo le rezo ya a mi resuello: ‘No me falles, por favor'”, escribió Novac en su diario tras presenciar en Plaszow cómo Amon Görth se divertía en usar a una chica como cebo para su bulldog, que la destrozó.

Empotrarse de vida

Y es que si algo la salvó de sucumbir en aquel infierno fue su determinación a “empotrarse” a la vida: “Por muy estúpida y muy fea que resulte, no me veo sin ella; ni a ella sin mí. Incluso si hubiera ‘otra vida’ mejor, me aferraría a ésta, inmunda”. “¿Y si la vida fuera un loco y nosotros, los judíos, fuéramos su manía?”, se pregunta en otro momento y pide “al Señor de Ahí Arriba” que se busque otro pueblo “elegido” y les pida “disculpas”.

Novac apunta lo que puede observar y vivir desde dentro: la vida en los barracones, su sufrimiento y el de sus compañeras, las relaciones, marcadas tanto por el egoísmo como por el coraje y la ternura, el hambre, el frío, las lágrimas y las risas. “¡La risa! Ya veo desde aquí la cara que pondrán los civiles cuando les diga: ‘¡Nunca había visto a la gente divertirse tanto como en el campo!’. A lo mejor es histeria, como en los entierros”.

El diario de Novac se publicó en 1966 en Hungría, en 1967 en Alemania, en 1968 en Francia y más tarde en Italia, Holanda y Estados Unidos. En la década de los 90, al autora reeditó una versión revisada de su diario en francés, que es la que ahora llega en castellano.

La banalidad del bien

La Banalidad del BienDEAGLIO, Enrico La banalidad del bien.
Historia de Giorgio Perlasca
Barcelona: Editorial Herder. 1997. 213 p.
Por: Camila Herrera Pardo. Estudiante Facultad de Derecho.

Tema: El italiano Giorgio Perlasca, quien, sin ser diplomático, arriesgó su vida salvando de una muerte segura a miles de judíos refugiados en las ocho «casas de protección» de la legación española.

“La banalidad del bien” de Enrico Deaglio es, como el autor mismo lo señala desde la introducción, un esfuerzo por salvar la historia de un simple comerciante italiano que, sin estar obligado a ello, se convierte en salvador de la comunidad judía de Budapest entre 1944 y 1945, del deliberado olvido impuesto por un acuerdo tácito de sepultar los recuerdos de los horrores de la segunda guerra mundial y, muy especialmente, del cruento exterminio de la población hebrea durante esa época.

Se trata por lo tanto de una obra que primariamente es una reivindicación, en justicia, de la memoria que merece el heroísmo, y la exaltación la una cierta “banalización del bien”, es decir, cierta connaturalización con la grandeza y el heroísmo, que contrastaría abiertamente con la trivialización de lo perverso y la
convivencia con lo inaceptable, que Hannah Arendt llama “banalidad del mal”.

La historia de Perlasca, que Deaglio narra de modo ameno e interesante, tiene dos peculiaridades que el autor se esfuerza en resaltar a lo largo de toda la obra. En primer lugar, es una gesta de heroísmo en la que el personaje principal no está en una posición que le obligue –al menos institucionalmente- a asumir los riesgos que tuvo que afrontar para proteger a la población judía de la persecución llevada a cabo por el gobiernos filonazis de Horthy y Szálasi. En segundo lugar, la historia en cuestión llegó a ser realmente conocida solamente hasta los años noventa, casi
cincuenta años después de los acontecimientos y dos años antes de la muerte del protagonista en 1992.

De modo muy sucinto los hechos que se relatan en el libro son los siguientes: Giorgio (Jorge) Perlasca, un comerciante italiano establecido en Budapest desde 1942, se ve repentinamente obligado a acudir a la legación española ante el gobierno húngaro,
después de que la situación de los ciudadanos italianos en ese país quedara en el limbo tras la incursión de los aliados en el Sur de Italia.

A raíz de este problema, Perlasca tuvo la oportunidad de involucrarse en las actividades que los países neutrales (Portugal, España, Suiza, Suecia y la Santa Sede) realizaban para intentar proteger a la comunidad judía de Budapest contra la inclemencia de las leyes y políticas antisemitas vigentes en Hungría.

Concretamente, la labor que Perlasca desempeñaba bajo la dirección del Cónsul español Ángel Sanz del Briz, consistía en otorgar tantos pasaportes españoles como fuera posible a los judíos que lo solicitaran, valiéndose de la ley Rivera, que en 1928 concedió la ciudadanía española a todos los descendientes de los judíos sefarditas.

El punto central del relato, en el que la figura de Perlasca adquiere real protagonismo, tiene lugar a finales de 1944 cuando, tras la caíd a del gobierno de Horthy, el gobierno español decide retirar su representación diplomática en Budapest, con lo que los numerosos judíos que estaban bajo la protección española quedaban totalmente desprotegidos. En este momento, que por el cambio de gobierno coincide con la agudización del antisemitismo en Hungría, Perlasca

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