¡Me entiende, Sr. Secretario!

Esta semana celebramos Pesaj, la fiesta de la libertad. Una original narrativa de David Ben Gurión, escrita en su diario, nos ayuda a comprender su imponente significado y su extraordinaria magnitud.
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BenGurion4
Cuenta Ben Gurión que en 1954, siendo primer ministro, viajó a EE.UU para reunirse con el presidente Eisenhower y solicitar apoyo y ayuda en momentos difíciles para el joven Estado de Israel.
En uno de sus encuentros con el entonces Secretario de Estado, John Fuster Dulles, éste lo encaró con un alto grado de soberbia: “-Dígame, Primer Ministro, ¿a quién representan usted y su Estado realmente? ¿Acaso los judíos de Polonia, Yemen, Rumania, Marruecos, Irak, la Unión Soviética o Brasil son la misma cosa? ¿Después de 2.000 años de diáspora es posible hablar de un solo pueblo judío, de una única cultura, tradición o costumbre judía?”
Ben Gurión le respondió: “-Mire Sr. Secretario: hace 200 años atrás zarpó de Inglaterra el navío Mayflower que transportaba a los primeros colonos que se instalaron en lo que hoy es la gran potencia democrática de los Estados Unidos de América. Le ruego que salga a la calle y pregunte a diez niños norteamericanos lo siguiente: -¿Cuál era el nombre del capitán del barco?; ¿Cuánto tiempo duró la travesía?; ¿Qué comieron los tripulantes durante el viaje? y ¿Cómo se comportó el mar durante el trayecto? Seguramente no recibirá respuestas puntuales.
Ahora fíjese usted: Hace ya más de 3.000 años que los judíos salieron de Egipto. Le pido que en algunos de sus viajes por el mundo, trate de encontrarse con diez niños judíos en diferentes países y pregúnteles: -¿Cómo se llamaba el capitán de dicha salida?; ¿Cuánto tiempo duró la travesía?; ¿Qué comieron durante el recorrido? y ¿Cómo se comportó el mar? Cuando tenga las respuestas y se sorprenda, trate de recordar y evaluar la pregunta que me acaba de formular. ¿Me entiende, Sr. Secretario?”

Reflexiones de Josep Pla en el Israel de 1957

Israel
La integración del país: el hebreo


La resurrección de una lengua
—traducción mecánica de Internostrum

Decíamos en un capítulo anterior que la causa que explica el establecimiento con raíces de los judíos en Israel ha sido la política del agua, es decir, la proyección sobre un país abandonado, erosionado y estéril, de mils de kilómetros de conducciones para hacer llegar el agua hasta dónde el caudal, el dinero y el tiempo han permitido; ya se han obtenido grandes resultados. La zona de Galilea, las llanuras costeras del espacio central, donde se encuentra Tel Aviv, podemos afirmar que tienen resuelta la cuestión del agua. Ahora va llegando a la boca del desierto del Nègueb, portada desde el Iarkon, sito más de cien kilómetros al norte del rodal que se está colonitzando en los momentos presentes. El agua va bajando cabeza al sur y llega ya al desierto, vagamente poblado de tribus de beduinos que divaguen con sus tiendas de telass negras y las caravanas de asnos y camellos. Donde llegan las conducciones y se consigue alguna forma de humus, la tierra empieza a verdear rápidamente. Este trabajo se ha podido hacer, se hace y se seguirá haciendo a base de un esfuerzo enorme. Es la obra del idealismo, del sacrificio del espíritu de Israel. Esta obra equivale a una tensión colectiva que no tiene demasiados precedentes en el ámbito de la tierra. Lo repito: Israel es un país pequeño, pero es una cosa importantísima.

Pero ésta es una explicación material del fenómeno de la nación judía. Es seguro que hay algo más que explica este renacimiento. Israel está poblado hoy por un material humano procedente de sesenta y dos o sesenta y tres países y tres continentes de la Tierra. Todos y cada uno de estos elementos llegaron aquí con sus costumbres ancestrales, a veces muy esfumados, y con sus costumbres superficiales, a veces fortísimas. Traían su manera de ser, hablando casi siempre la lengua de su país de origen de su procedencia inmediata y a veces conociendo el idish. Se creyó indispensable dar un denominador común a la expresividad de esta gente diversísima. Es decir: desde un principio, uno de los peligros más grandes por los que pasó esta nación fue la posibilidad que se convirtiera en una nueva tierra de Babel. Existía el peligro que la población entrara en un confusionismo galimatiásico y que no pudiera dialogar, que no pudiera integrarse y fundirse.

Es notoriamente evidente que, en la formación de este denominador común, la creación del nuevo Estado fue un factor muy positivo. El germen del Estado de Israel fue la Agencia judía Internacional (Jewish Agency). Cuando el Estado fue establecido, los cuadros de este enorme organismo de la diáspora, los directivos de la Agencia judía, pasaron a ser los directivos del Estado incipiente. Así, Weizmann, el célebre químico, fundador de la Agencia en Zurich, fue el primer presidente del Estado de Israel. Ben Gurion, que el 1948 era presidente de la Agencia, pasó a ser el primer presidente del Consejo en cierto modo automáticamente. Moshé Sharet, encargado de las relaciones públicas de la Agencia, aconteció el primer ministro de Asuntos Exteriores, etcétera. El que ha hecho Israel, el que hace Israel y el que hará Israel es la Agencia judía. En este organismo hay el espíritu, la clase dirigente, la pasión, la iniciativa, el dinero ­­­-la fuerza, el impulso y la convicción granítica. La Agencia judía y el Estado de Israel son dos cosas diferentes, pero en realidad son la misma cosa actuando paralelamente y dentro una ensambladura perfecta. La dirección de la Agencia judía surge del Congreso Sionista Internacional, que se reúne una vez cada cuatro años en un lugar u otro de la tierra: el Fondo Nacional Judío, el Movimiento por la Unidad de Israel, no son más que organismos amalgamados y dependientes de la poderosa Agencia judía. El centro general de este organismo se encuentra, naturalmente, en los Estados Unidos.

Ahora bien: cuando los cuadros de la Agencia judía pasaron a convertirse en los del Estado de Israel, se pudieron poner a funcionar enseguida y con gran eficacia, no solamente por su valor intrínseco, sino porque tuvieran la fortuna de heredar la administración dejada por los ingleses al acabar su mandato de Palestina. No es paso tan fácil de crear una administración útil y productiva, puntual e inteligente. Los ingleses dejaron los fundamentos de una excelente administración en este país impregnada del espíritu de las magníficas instituciones publicas de Inglaterra, y el sistema fue heredado por los nuevos gobernantes. Para el Estado incipiente tuvo un valor inapreciable. El impulso estaba dado, las paredes maestras estaban construidas, y no hizo falta sino continuar, seguir, perfeccionar. Israel no tiene constitución escrita… como Inglaterra. Israel es un país basado en el habeas corpus y el respeto legal a la persona humana… como Inglaterra. Israel es un país parlamentario, de equilibrio de poderes y, por lo tanto, de limitación de poderes… como Inglaterra. Israel tiene una administración pública responsable, una estructura judicial, una policía bien pagada, eficiente, no corrompida… como Inglaterra. La moneda inglesa es la libra esterlina.., la moneda israelí es la libra israelí. Todos estos factores decisivos y todo lo que gira alrededor es lo que, a través del mandato en liquidación, heredó Israel del Reino Unido. Considerable herencia.

Añadiré —sin que esto prejuzgue que más adelante hablemos de la cuestión— que la inmensa mayoría de militares que hoy tienen de treinta y cinco a cuarenta y cinco años han servido como oficiales o como soldados en el ejército inglés de la última gran guerra, sobre todo en el VIII ejército del general Montgomery en África, en Italia y en la invasión de la Europa central. El ejército israelí no es, pues, una improvisación: es una fuerza probada y cierta, que posteriormente ha sido perfeccionada de una manera considerable.

En los últimos tiempos del mandato, las relaciones anglo-judías se deterioraron por exceso de equívocos y por la preponderancia de los intereses proárabes y de los de las grandes compañías petrolíferas del Próximo Oriente, en el Foreign Office. Esto llevó a las organizaciones judías clandestinas —la Haganah— a cometer actos de gran violencia contra los ingleses. Las dos fuerzas lucharon enconadamente. No creo, sin embargo, que el pueblo judío esté dominado por el complejo antiinglés. Son dos pueblos que pueden estar momentáneamente separados por los intereses; tienen, sin embargo, ideales lo suficientemente paralelos para comprenderse. En Israel, le han dolido, ciertamente, los errores que atribuyen a Mr. Eden y a Mr. Bevin.Es necesario reconocer, en todo caso, que la posición inglesa era endemoniadamente difícil. Contentar a  todo el mundo es difícil —quizás imposible. Cuando los judíos afirman que los errores aludidos han contribuido a rebajar la influencia inglesa en esta parte del mundo, quizás aciertan. Ya veremos si la potencia americana caerá en las mismas dificultades, cosa difícil teniendo en cuenta la influencia judía en los Estados Unidos.

La disgresión ha sido larga. Nuestra intención, en este capítulo, era de demostrar que la creación del Estado de Israel, como organismo eficiente, contribuyó poderosamente a escamotear, desde el primer momento, el peligro de la torre de Babel. Se considera, sin embargo, que el Estado como factor de integración habría llegado a resultados puramente mecánicos si no se hubiera producido al mismo tiempo la aparición de un factor espiritual decisivo: la resurrección de la lengua hebrea como lengua del país.

El hebreo contra Babel

En el curso de los siglos, la lengua hebraica se fue perdiendo y acabó por morirse, no solamente en la diáspora, sino en el pequeño núcleo judío que continúa viviendo en Palestina, bajo los sucesivos dominadores. Era una lengua más muerta que el latín. Sólo una parte de las autoridades religiosas (el Rabinato), los eruditos judíos (Spinoza sabía la lengua y escribió una gramática) y no judíos, los hebraitzants y algunos poquísimos escritores se mantuvieron fieles a la antigua lengua. Para el pueblo, el hebreo no tenía ni vida, ni significación, ni sentido.

En el momento de la creación del Estado, la situación lingüística era, aproximadamente, como sigue: el hebreo era una lengua muerta. Los judíos diseminados por todo el mundo hablaban, claro está, la lengua de su país de residencia: en Inglaterra, en los Estados Unidos y en Canadá, el inglés; en Francia, el francés; en Rusia, el ruso; en Polonia, el polaco; en Buenos Aires, el argentino, etcétera. Sobre las masas, sin embargo, más o menos itinerantes de la diáspora se habían formado dos enormes manchas lingüísticas que se han mantenido a través de los siglos. Los judíos sitos en el área de las lenguas hermano-eslavas hablaban, además del lenguaje del país de su residencia, el idish, que es el alemán medieval corrompido por la presencia de una gran cantidad de palabras eslavas. Esta manera de hablar era utilizada a groso modo, principalmente, por los judíos ashquenasitas. Los judíos de cabellos negros, morenos y de ojos oscuros, los sefarditas, hablaban, además de la lengua del país de su residencia, el ladino, que es el castellano arcaico corrompido por una gran infiltración de voces italianas, griegas, turcas, árabes, balcániques (rumanas, búlgaras) y de la lengua franca del Mediterráneo, el catalán incluido. No podría decir qué situación de decadencia representa el idish porque no conozco esta lengua. Es el lenguaje de la mayor gran parte de los judíos americanos de Nueva York. Sobre esta lengua hay un movimiento literario, de poesía y de teatro, del más grande interés. El número de periódicos que salen, sobre todo de los EE.UU., en esta lengua es considerable. De todas maneras, hay quien sostiene que el estado de este idioma es confuso, precario, excesivamente limitado a un particularismo estrecho y muy corrompido.

Puedo decir, en cambio, algo sobre el estado en qué se encuentra el ladino, porque estos últimos días he leído todo lo que me ha caído a la mano en este galimatías, sobre todo las dos publicaciones trisemanales que salen en este país: La Verdad y El Tiempo. Estos periódicos me han producido una impresión lastimosa, lamentable. No se trata solamente de una forma expresiva de aluvión, formada por una lengua básica —el castellano de la época de expulsión de los Reyes Católicos— a la cual se han añadido palabras de otras lenguas hasta sumergirla en el caos. Lo que ha desaparecido del ladino es el espíritu básico, la estructura castellana, para ser sustituida por el puro galimatías. Recuerdo que ahora hace cuarenta años, en Salónica, daba gusto oir lo que todavía era posible escuchar de este lenguaje y el sabor que tenía la prensa de aquella ciudad que contenía manifestaciones. Claro está que Salónica era una especie de capital del sefardismo: el grupo era rico, el Gobierno turco tolerante, el Rabinato inteligente y tradicionalista. Actualmente, sin embargo, Salónica, como núcleo importante de la diáspora, ya no existe; 75.000 judíos de Salónica, que hablaban ladino, serían ignominiosamente asesinados por la Gestapo durante la ocupación de Grecia por los ejércitos alemanes. El hecho ha sido un golpe mortal para la vieja lengua que los judíos se llevaron de nuestro país a consecuencia del decreto de expulsión de finales del siglo xv. El ladino que escriben hoy en Israel ha sufrido una degeneración lamentable y constituye una escritura ininteligible y energuménica. Yo, personalmente, soy algo refractario a formular una  profecía; me parece, sin embargo, que este lenguaje tiene muy mala tela en el telar, verosímilmente hablante. Ha entrado en la agonía. Es cuestión de muy pocos años: una generación?, dos? De aquí a un irrisorio número de años, esta manera de hablar, que ha durado siglos, será un simple objeto de vitrina arqueológica, y, quitando algunos, pocos, eruditos, nadie sabrá exactamente en qué ha consistido. Es, de todas las maneras de hablar —y de escribir— perceptibles en Israel, la que ofrece menos dificultades a la penetración del hebreo.

He tratado de saber el número aproximado de personas que, radicadas en este país, tienen mes o menos relación con esta forma de expresión. Un diplomático –los diplomáticos son, a menudo, hiperbólicamente amables– me aseguró que llegaban a 250.000. Un funcionario del ministerio de Educación me aseguró que no llegaban a 100.000. Aun cuando la inmigración del norte de África sobre Israel va en aumento, creo más en la segunda afirmación que en la primera. El ladino ha dejado de tener gusto y sabor, ha perdido claridad y expresividad y, a juzgar por los textos que en los periódicos se escriben, ha perdido mucha fuerza transmisiva. Más que una manera de hacerse entender es un seguido de exabruptes personales, muy limitados pero caprichosos: un guirigall puro y simple.

Nos hemos extendido algo en estas cosas por dar una vaga idea de lo que habría podido representar la diversidad lingüística, del peligro que habría podido tener para la integración de Israel el galimatías de las lenguas. Hoy, sin embargo, el peligro parece muy establecido. Todas las personas, sea cual sea su edad, que por una razón o por otra han pasado por una escuela -aun los inmigrantes que tuvieron que aprender, en una escuela profesional, un oficio-, hablan y escriben el hebreo. Desde que Israel se constituyó como Estado, el hebreo ha sido no solamente la lengua oficial, sino el instrumento de las escuelas. Israel tiene cuatro días -como Estado, se entiende. En este periodo de tiempo ha pasado una determinada cantidad de la población por las escuelas. Así, pues, el número de personas para las cuales el hebreo es la lengua materna aumenta cada día. La solución de dar a este pueblo su lengua propia es, pues, simplemente, una cuestión de tiempo. No tiene la mínima duda que la totalidad de la población ha acogido el restablecimiento de la lengua con un interés verdadero a pesar de las indudables complicaciones y percances que ocasiona aprenderla. El hebreo es un lenguaje endemoniado y difícil: tiene alfabeto propio y se escribe y se lee a la inversa de nuestras lenguas. Nosotros escribimos y leemos de izquierda a derecha; el hebreo se escribe y se lee de derecha a izquierda, de forma que lo que para nosotros es el comienzo, en el hebreo es el final y viceversa.

No hay más que pasear por estas poblaciones y por sus calles y ver los rótulos de tiendas, oficinas y comercios para hacerse una idea del avance del idioma. En las primeras etapas de la realización del sionismo, debió producirse utilizando los signos alfabéticos de los idiomas latinos; después, se pasó por una etapa de rotulación bilingüe, que en la actualidad va a la baja, porque es cada vez más numerosa la cantidad de rótulos escritos puramente en hebreo. Si esta tendencia persiste, el turista no hebraitzante pasará en Israel indudables malos ratos por premura de accesibilidad a la lengua. De todas maneras, es muy verosímil pensar que no se llegará a la inaccesibilidad completa. El pueblo judío tiene una curiosidad tan vasta, tiene intereses tan lejanos y diversos, que siempre mantendrá el plurilingüismo como principio. Por otra parte, la experiencia enseña que las personas que hablan lenguas de proyección limitada son las únicas que dominan las lenguas extranjeras. El bilingüismo es una suerte; el plurilingüismo, una ventaja inmensa. El número de lenguas que se hablan en Israel es desorbitado, y es precisamente por prevenir los excesos de la confusión babélica que han impuesto el hebreo. Todo esto indica -me parece- hasta qué punto ha sido bien recibida la reforma lingüística.

Las contradicciones

De todas maneras, seria un error creer que todo el mundo, en Israel, sabe el hebreo; el problema -decíamos hace un momento- es una cuestión de tiempo. Hace falta dar, pues, tiempo al tiempo. Hay personas radicadas en este país que, por su edad o por la razón que sea, no sabrán mal el hebreo. Hay inmigrantes, llegados estos últimos años, que no han tenido tiempo de aprenderlo. Por eso es por lo que se dan dos fenómenos contradictorios: por un lado, se fomenta en todos los sentidos la lengua nacional; pero, dado que el Gobierno está interesado que la gente siga los incidentes de la marcha del país, en todos los aspectos y día detrás día, alentando de este modo los casos de separación de los intereses generales de la comunidad, está, por esto, deseoso que las noticias lleguen a la gente en cualquier lengua. Es por esta razón que, en este país, acercarse a un quiosco de periódicos, entrar en una librería, es una invitación al acceso a todas las lenguas de la tierra y, por lo tanto, tener una idea de la composición humana real del país.

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En su primera década de existencia, Israel ha adelantado un gran paso en este sentido. Todos los factores han sido aprovechados por llegar a este objetivo. El resultado ha sido la aparición, en esta parte de la tierra, de un factor nuevo, sobre el cual, diez años atrás, nadie habría apostado ni cinco céntimos —un factor con el cual se debe contar, del cual no se puede prescindir, por ser absolutamente decisivo. Todo el resto es ficción, palabrería, temeridad. Claro está: una parte de la población de Israel tiene un tono cultural y una educación correspondiente a los países de origen, que son los países más punta y los más adelantados, y así los progresos que se han hecho son en cierto modo naturalísimos. Pero es asimismo un hecho que la mayoría actual del país no proviene precisamente de estos ambientes, sino de otros, asiáticos y africanos, muy diferentes. Lo que en definitiva importaba era amalgamar estos factores tan diferentes, integrarlos, unirlos, y esto es lo que se está haciendo.

Aparte de las postulacions hebreas y árabes que aparecen en el país, se toca, aquí, todas las cuerdas de la línea lingüística: periódicos franceses, dos; periódicos alemanes, dos o tres; húngaros, polacos, rumanos, rusos, búlgaros, turcos, revistas en castellano para Sudamérica, aparte de los periódicos escritos en idish y en ladino. He dejado lo mejor para el final. El mejor periódico de Israel escrito en una lengua extranjera es el Jerusalem Post, escrito en inglés, pequeño pero muy bien hecho. Es muy posible que me haya olvidado algún matiz. En todo caso, el lector puede ver que la prensa de Israel cubre —o al menos pretende cubrir— las necesidades de la diversísima población residente.

De aquí a unos cuantos años, cuando la inmensa mayoría de la población tenga el hebreo como lengua materna, la situación actual será considerada insólita y extravagante. En las circunstancias y en la situación presente, ¿se podía actuar, de otra manera? Había que asegurar la entregent entre una población de innumerables procedencias y la sociedad del país, y la comunicación no se podía imaginar más que a base de un poliglotismo periodístico sin límites. Israel es una máquina compleja que cada día crece y se agranda con aportaciones humanas situadas en diferentes estadios de la evolución social y procedentes de los ambientes más diversos. Mientras no llegue el momento que la lengua nacional sea el instrumento general de la comunicación humana, hace falta utilizar todas las variedades lingüísticas para crear la sociedad del país.

No sé si he conseguido subrayar la considerable amplitud de estas cuestiones, que parecen mínimas y tienen un peso decisivo. Es absolutamente obvio, en todo caso, que éste es uno de los problemas más gordos que tiene planteados. Si el agua ha sido el común denominador material de la integración del país, la cuestión lingüística ha sido, en el plan social y espiritual, un factor del mismo sentido.

Una gran aventura

El hebreo era una lengua fósil. Los siglos lo habían anquilosado y lo habían convertido en una herramienta arqueológica, de vitrina de museo. Era un lenguaje esotérico, que sólo los sacerdotes y los eruditos del hebraismo comprendían y manejaban como aquel que observa una colección de mariposas plantadas con una aguja en las estanterías de un museo.

El hebreo había perdido el contacto con la vida moderna, con las realidades de nuestro tiempo, y su léxico respondía a otras épocas. Ha sido, pues, necesario añadir al órgano del idioma muchas palabras de los tiempos modernos, palabras que el pueblo ha ido produciendo o en todo caso aceptando si han nacido de sugestiones personales. El país, claro está, no dispone de ninguna academia, aun cuando tiene gente de auténtica fuerza filológica. Paralelamente, ha sido indispensable eliminar arcaismos y antiguallas carcomidas y muertas. Todo este proceso —me dicen personas que lo han vivido directamente— se ha traído a la práctica con discreción, evitando las explosiones de fogosidad y las pedanterías y ridiculeces a que son tan propicios los problemas gramaticales. Lo cierto es que la gente, el público, se ha interesado por estas cosas y cada día se interesa más. El hebreo tiene una resurrección rápida, y cada día lo habla, lo lee y lo escribe más gente. Además, a los judíos, los gusta enormemente encontrar personas que hablan hebreo. Una de las razones de la grandísima popularidad que tiene en Israel el actual embajador francés, Monsieur Gilbert, es que habla el hebreo con una perfecta fonética. Cuando nuestro excelente profesor Millàs Vallicrosa se levantó a hablar en la Universidad Hebrea de Jerusalén y pronunció su discurso en hebreo, produjo una gran impresión y suscitó una corriente admirativa. Es vertaderamente agradable, yendo por el mundo, encontrarse con hombres del propio país admirados en el extranjero por sus méritos auténticos. En los medios intelectuales de Israel, el profesor Millàs es respetado, seguido y admirado como un grande hebraista.

Uno de los aspectos divertidos de la cuestión del renacimiento del hebreo es que el hecho ha sorprendido e indignado todo aquel mundo de primarios que consideran incorrecto que las personas no hablen su propia lengua. Casi todos los países contienen una cantidad más grande o más pequeña de estos especímenes. «¿Cómo es posible —dicen— que los judíos, que son generalmente tan listos, que tienen tanto sentido práctico, que saben con claridad lo que quieren en cada momento, se dediquen a resucitar una lengua muerta, que nadie comprende, que no tiene ninguna utilidad, pudiendo haber adoptado una lengua que les hubiera permitido volar entre continentes?»

Pero todos ustedes lo ven. A un diplomático israelí a quien decían que tenían que haber implantado el inglés, por razones prácticas, como lengua nacional, le oí decir: «Pero, ¿por qué el inglés y no el chino, que todavía lo habla más gente? ¿Por qué el inglés, si no somos ingleses, sino judíos?». Es evidente: los judíos, que ciertamente son prácticos e inteligentes, se dedican a resucitar una lengua fósil y además muy compleja. Que haremos!… Si lo hacen, es, sin duda, por alguna razón, positiva y convincente, al menos para ellos. De otra manera, no se explicaría. Algo deben esperar. Y lo que esperan está muy claro: cuando los judíos hablen y escriban su lengua, su personalidad será mucho más concreta y auténtica. Dejarán de ser espíritus de imitación, falsificaciones y sucedáneos de otros espíritus —y éste probablemente ha sido el aspecto más dramático de la asimilación en la diáspora— para dar lugar, quizás, a un espíritu más auténtico. En definitiva, la aparición de Israel podría favorecer la germinación y la apertura de nuevos matices originales de la cultura y de la personalidad. La sustancia base, el potencial, en todo caso, existe.

Sea como sea, la historia de la primera década de la existencia del Estado de Israel, tan llena de extraordinarias aventuras, contiene también una aventura lingüística, de gran trascendencia. La resurrección del hebreo equivale a la reconstrucción de la sociedad de Israel, atomitzada y dispersa durante casi dos milenios. El hecho es tan insólito, tan insospechado y sorprendente, que, comprobando in situ estas cosas, a veces parece que se sueña despierto.

Fuente: http://www.lletres.net/pla/israel_e.html

Traducción revisada y corregida por: Silvia Schnessel

Los partidos políticos de Israel

Nacimiento, vida y muerte del Partido Laborista

Mi Enfoque #351, Enero 21, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

Ehud Barak, jefe del Partido Laborista, abandonó su partido, y acompañado de otros cuatro laboristas miembros de la Knesset, formó un nuevo partido, al que llamó “Independencia”. Los ocho laboristas que quedan están peleando entre ellos, indecisos si continuar en el partido o formar también ellos su propia facción política.

La acción de Ehud Barak tiene un precedente: En noviembre del 2005 Ariel Sharon, jefe del Likud, renunció a su partido y fundó un nuevo partido, Kadima. Los dos casos son similares y también diferentes.

Son similares en el hecho de que la ideología del jefe del partido no era compartida por muchos de sus compañeros. Sharon abandonó el Likud porque muchos en el partido se oponían a su política de retiradas unilaterales (que la historia ha demostrado fue un error con resultados contraproducentes). Barak  abandonó el Partido Laborista porque muchos en el partido querían que abandone la coalición gobernante y pase a la oposición. Esto para Barak significaría perder su puesto de Ministro de Defensa y su influencia en las futuras negociaciones de paz. Aparte, Barak tiene una amistad personal con Netanyahu (fue su jefe en el comando elite del ejercito, durante el servicio militar de Netanyahu) que no tiene con sus ex-compañeros de partido.

Los dos casos son diferentes en el hecho que el nuevo partido que Sharon fundó, Kadima, ganó las elecciones en el año 2006, recibió más escaños que el Likud en las elecciones del 2009, y hoy continúa siendo uno de los partidos mayoritarios de Israel. El partido que Barak acaba de fundar, Independencia, posiblemente no durará más allá de las próximas elecciones, destino que tal vez compartirá el Partido Laborista.

El Partido Laborista fue fundado en el año 1930 con el nombre de “MapaiMifleget poalei Eretz Israel, (Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel), por el ala moderado, no marxista, del partido Poalei Zion, partido socialista judío ruso. Su dirigente, durante varias décadas, fue David Ben Gurión. Mapai se convirtió en el principal partido político israelí, formó el gobierno cuando Israel se independizó y gobernó hasta 1977, cuando fue derrotado y pasó a la oposición. El nombre Mapai lo mantuvo hasta el año 1968, y luego de varias fusiones y coaliciones adoptó el nombre que tiene hasta hoy Partido Laborista Israelí.

En 1992 el partido, bajo la dirección de Itzjak Rabin, ganó las elecciones y procedió a realizar el peor error estratégico en la historia de Israel: la firma de los Acuerdos de Oslo. Después del asesinato de Rabin, a manos de un extremista de la derecha, en noviembre de 1995, Peres convocó a elecciones, y Netanyahu fue elegido Primer Ministro. En 1999 Barak fue elegido jefe del Partido Laborista, ganó las elecciones, aunque sólo con 26 escaños, y, en el año 2000, en las conversaciones de Camp David, ofreció a Arafat prácticamente el total de los territorios incluyendo Jerusalén Este. Arafat rechazó la oferta e inició una guerra de terror utilizando suicidas bombas. Barak convocó a elecciones, que fueron ganadas por el Likud bajo la dirección de Ariel Sharón.

Amram Mitzna fue elegido jefe del partido antes de las elecciones del 2003, donde el Partido Laborista recibió solo 19 escaños, su número más bajo hasta ese momento. Mitzna renunció y fue reemplazado por Shimon Peres, que, en noviembre del 2005, perdió las elecciones internas del partido, y Amir Peretz, del ala izquierda fue elegido jefe y revivió las políticas socialistas que el partido había abandonado en los años anteriores. El partido Kadima, liderado por Ehud Olmert (Ariel Sharon había sufrido un ataque cerebral que lo tiene en coma hasta el día de hoy) ganó las elecciones y formó una coalición con el Partido Laborista. Amir Peretz, sin conocimientos militares ni capacidad para el cargo, fue nombrado Ministro de Defensa, lo cual explica en parte el fracaso del ejército israelí en su intento de destruir a las milicias libanesas de Hizballah en julio del 2006.

El 28 de mayo del 2007 Ehud Barak fue elegido jefe del partido y nombrado Ministro de Defensa. En las elecciones del 2009 el partido recibió solamente 13 escaños, con lo cual el otrora partido dominante de Israel pasó a ser el cuarto partido en tamaño, detrás de Kadima, Likud e Israel Beiteinu.

Barak, contra la oposición de muchos de su partido, ingresó a la coalición del gobierno, y fue nombrado Ministro de Defensa. Hace unos días renunció al partido, cuya presencia en la Knesset se redujo a ocho parlamentarios, número que tal vez se reducirá aún más en los días próximos si no superan sus diferencias internas.

Ben Gurión, fundador y líder del partido durante décadas, Golda Meir e Itzjak Rabin se deben estar dando vueltas en sus tumbas.

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Killing Kasztner

Killing Kasztner

Opiniones

Publicado el 02.07.2010 13:41
Por Felipe Valdivieso

Close up del rostro actual del asesino, mirando fijo y hablando serenamente a la cámara sobre lo que tenía que hacer: “Matar al bastardo, limpiar la Tierra Santa”. De fondo, un extraño continuo de graves sonidos instrumentales en dramático crescendo. Así comienza, antes que los créditos, el impactante documental de la directora judía norteamericana Gaylen Ross, Killing Kasztner”, The Jew who dealt with nazis, proyectado recientemente en el Festival de Cine Judío de Caracas 2010.
Rezso (Israel) Kasztner fue un judío húngaro, doctor en derecho, conocedor y admirador de lo mejor de la cultura alemana, que formaba parte de un pequeñísimo pero activo grupo de resistencia antinazi, Vaada (Comité de ayuda y rescate). Hacia mediados de 1944 Alemania claramente perdería la guerra, no obstante lo cual ocupó Hungría y se proponía exterminar a los judíos que allí había. En ese contexto, primero un miembro de la Vaada intentó una compleja negociación que involucraba a los nazis, aliados occidentales, organizaciones judías y otros para salvar a todos los judíos húngaros a cambio de 10.000 camiones, alimentos y dinero, fracasando por rechazo de los judíos y aliados. Luego Dr. Kasztner negoció directamente con los oficiales Adolf Eichmann y Kurt Becher, la salida en tren de 1.685 judíos al precio de US $ 1.000 cada uno, dinero que sólo pagaron unos pocos 150 de los seleccionados, siendo obtenido el dinero para los demás de diferentes fuentes. Los pasajeros del tren estuvieron como rehenes durante seis meses en Bergen Belsen, siendo finalmente conducidos a Suiza donde quedaron libres. Mientras esta operación se llevaba a cabo, se deportaba diariamente unos 12.000 judíos a su muerte en Auschwitz.
Tras la guerra, Kasztner hizo Aliáh y se estableció con su esposa y su pequeña hija en Tel Aviv donde se integró al partido y gobierno de Ben Gurión en el recién creado Estado de Israel.
En agosto de 1952, Malkiel Gruenwald, oscuro personaje de origen húngaro residente en Jerusalén, propietario de un pequeño hotel y redactor de pasquines autoeditados y distribuidos persona a persona acusó a Kasztner de gravísimos hechos: Haber negociado con los nazis beneficiando a su familia y relacionados, enriqueciéndose en el trato y por oposición condenando a la muerte a los judíos húngaros a quienes se le ocultó la gravedad de los peligros que los acechaban; y haber testimoniado en los juicios de Nuremberg a favor del nazi Kurt Becher, salvándolo de hecho. Supuestamente ambos crímenes con la anuencia de las autoridades judías.
Siendo Kasztner alto funcionario del gobierno de Ben Gurión en el recientemente creado Estado de Israel, se planteó la disyuntiva para el Ejecutivo de hacer renunciar al imputado o defenderlo y demandar por difamación al fablistán Gruenwald.
Gruenwald y su abogado defensor Dr. Shmuel Tamir compartían un profundo rechazo por la ideología, las personas y las acciones de quienes estaban en el poder, formando a su vez parte de una red de opositores decididos.
El juicio empezó en enero de 1953 sin mayor conmoción, pero tuvo un giro dramático cuando el Dr. Tamir pasó de la defensa al ataque y sometió a Kasztner a un hábil, tenaz y despiadado interrogatorio. El clímax tuvo lugar cuando por tres veces seguidas preguntó al ahora acusado si había testificado a favor del oficial nazi, negándolo Kasztner las mismas tres veces, no obstante estar bajo juramento. Entonces el Dr. Tamir presentó al tribunal copia certificada del testimonio exclulpador del nazi emitido por Kasztner durante los juicios de Nuremberg… Atronador silencio, conmoción electrizada, ambiente insoportablemente tenso. Es allí que el juez Benjamin Halevi pronuncia la sentencia moral que aplastaría a Dr. Kasztner: “Le vendió el alma al demonio”. Es así que las acusaciones del ambiguo Gruenwald quedaron judicialmente probadas. El juicio duró dos años y medio, la sentencia fue promulgada en junio de 1955.
Casi a medianoche del 3 de marzo de 1957, en la puerta de su casa, Dr. Kasztner es víctima de los disparos de un joven extremista revolucionario antisistema, Ze’ev Eckstein. La víctima muere doce días después.
Cincuenta años más tarde, muy pocos conocen o aprecian a este Rezso Kasztner y muchos de quienes sí saben de él lo consideran un traidor al pueblo judío, como quedó establecido en la sentencia inicial. El gobierno de Ben Gurión apeló, sentenciándose en enero de 1958 así: No hubo traición ni pacto espurio con el enemigo, pero sí hubo mentira en lo concerniente al testimonio salvador del nazi Becher. El Dr. Kasztner no supo de su reivindicación parcial, había sido asesinado meses antes.
Parecería que el tema central es el asesinato de Kasztner y así es en cierto modo. Pero algunos temas relevantes que surgen en relación con este evento pasan a ser casi que más importantes. Son destacables : Que los judíos de Hungría -como los de Alemania y Austria antes- se veían así mismos como húngaros más que judíos; que no obstante las noticias y evidencias, muchos judíos húngaros no vieron o no quisieron ver lo que se les venía encima. Que en el neonato Israel no cabían los quejumbrosos sobrevivientes europeos y mucho menos negociadores en tratos con el demonio nazi sino solamente los nuevos judíos guerreros y triunfadores cuyos ídolos morían en acción; que las luchas cuando Palestina estaba bajo el Mandato Británico dejaron entre judíos profundas divisiones que eclosionaron cuando el caso Kasztner. Que el medular tema de la Shoá vino a discutirse públicamente por primera vez en Israel en ocasión del juicio y asesinato de Kasztner (el segundo hito en este respecto fue el Juicio a Eichmann en 1961); que el reconocimiento de la hazaña de Kasztner tuvo gran resistencia debido a las ideas cristalizadas de heroísmo sacrificial consagrado en el imaginario del Estado de Israel, siendo necesario más de medio siglo, ingentes esfuerzos de familiares y algunos salvados del tren, así como dosis homeopáticas de verdad para que finalmente retrocediera el tótem previo y cupiera otro tipo o perfil de héroes, por cierto largamente más exitoso que los guerreros. Que los jóvenes son menos de ideas fijas y más permeables a información y enfoques nuevos, etcétera.
Por otra parte, el filme logra que las personalidades de quienes aparecen como testigos y/o actores de la historia se develen ante el espectador. Así vemos al asesino Eckstein revelando y a la vez manipulando en cámara dejando ver una psicología extraña y perturbada; vemos a la hija única de Kasztner, Zsuzsi, endurecida por los traumas, dura en su lucha por reivindicar a su padre pero a la vez blanda en cuanto a aceptar lo peor y tratar de seguir adelante. Una de las nietas de la víctima se revela como inteligente, luchadora, motivada y muy involucrada con la misión de su familia. Alcanzamos a vislumbrar el extraño trasfondo psicológico del bizarro anciano iniciador de los ataques a Kasztner; se nos muestra el perfil y motivaciones del abogado que pasó de defensor del difamador a acusador de Kasztner; aparece en pantalla el hijo de ese abogado exhibiendo pocas luces e ideas heredadas de su papá. Vemos dos periodistas ubicados en posiciones ideológicas opuestas pero ambos dando luces actuales a los dramáticos eventos del pasado.
La selección de ángulos de toma, locaciones, parlamentos y demás elementos técnicos es un acierto de la Directora que entrega eficazmente información objetiva y subjetiva en pocos planos de cada personaje.
Otro aspecto que se destaca es la edición. La historia no es ni se narra linealmente. De hecho se trata de muchos temas relacionados que se desarrollan de manera no secuencial. Una y otra vez aparecen los personajes, los temas, los lugares… y los tiempos. Cambio de color a blanco y negro, idioma visual que cualquiera entiende. Como todo tema tiene ángulos, claroscuros, matices, interrogantes, la Directora y el Editor aportan las piezas de información disponibles para que sea el espectador quien las ordene y calce en cada contexto fáctico, histórico e interpretativo. La Directora obviamente tiene un punto de vista sobre Kasztner y su caso y lo expone con claridad pero no sesgo.
El elemento sonido es usado con eficacia: Música grave y amenazante como fondo de muchas escenas, elevando la tensión con violines en progresivos agudos; sonidos ambientales de calle aportan realismo y actualidad.
En fin, documental que además de sus cualidades técnicas y realización, aporta mucha y pertinente información sobre el caso Kasztner, y que cumple con funciones realmente relevantes: Informa y pone temas importantes a la atención de mentes y corazones del público. Una vez más se ve el enorme poder y la fabulosa función del cine.
Por otro lado, es bueno tener presente que un buen documental cumple a cabalidad con tales funciones pero no debe olvidarse que un buen filme de ficción puede ser tan o más eficaz que un documental a la hora de logar su propósito de informar, entretener, hacer sentir y hacer pensar.
Recomiendo vehementemente buscar este valiosísimo documental a través de los sistemas de compra por Internet que lo ofrezcan. Es un título que no debiera faltar en ninguna videoteca. Por último, quien desee conocer más sobre el caso, personajes, eventos, contextos, tiene a su disposición la biblioteca más extensa del mundo: Internet, de donde me he nutrido en gran parte para hacer esta reseña con fundamento.
Felipe Valdivieso
fvaldiv@gmail.com

Así fue capturado Eichmann, el único nazi ajusticiado en Israel

Eichmann, durante el juicio en Jerusalén en 1962

Eichmann, durante el juicio en Jerusalén en 1962

Para evitar el culto de futuros neonazis, sus cenizas fueron dispersadas en el Mediterráneo

Así fue capturado Eichmann, el único nazi ajusticiado en Israel

10 Mayo 10 – Jerusalén – Elías L.Benarroch/Efe

Tres años de cacería acabaron el 11 de mayo de 1960 en la captura por el Mosad de Adolf Eichmann, que hace medio siglo se convirtió en el único nazi ajusticiado en Israel por el asesinato de seis millones de judíos durante el Holocausto.

Cincuenta años después del episodio que entonces más conmocionó a la sociedad israelí, uno de sus captores, Rafi Eitan, asegura que la elección de Eichmann para que sirviera de símbolo de la persecución por la justicia del horror nazi fue una “mera casualidad”.

“Isser (Harel, entonces jefe del Mosad) ya tenía la idea hecha. Dijo que teníamos que juzgar en Israel a uno de los líderes nazis, y no importaba quién fuera”, recuerda Eitan, que era jefe de la Unidad Conjunta de Operaciones de los servicios secretos israelíes y fue enviado a Buenos Aires para capturarlo.

Eran los primeros años de vida del Estado judío, creado en 1948, y juzgar a alguno de los responsables del genocidio representaba no sólo un acto de justicia, sino también una forma de decir al mundo que, legalmente, Israel se veía responsable de todos los judíos, independientemente de donde vivieran.

“Harel salía de las reuniones con (el primer ministro David) Ben Gurión y preguntaba: ¿A quién podemos traer? ¿A Brunner? ¿Mueller? ¿Mengele? ¿Bormann? ¿Eichmann? !Dime a quién!”
, rememora Eitan, de 84 años, en una entrevista con el diario Haaretz.

Por aquel entonces uno de los altos mandos del espionaje israelí y después, entre 2006 y 2009, ministro para Asuntos de los Jubilados, Eitan fue puesto al mando de la operación de la captura en marzo de 1960, y eligió a siete personas -de un grupo de 250 a su disposición- para trabajar exclusivamente en el caso.

La elección de Eichmann, encargado del transporte de millones de judíos desde los guetos hacia los campos de concentración y de exterminio, fue realmente fortuita y, según distintos testimonios, hasta fruto de no pocas presiones.

Gracias a las actividades de grupos voluntarios judíos dedicados a la caza de nazis, desde 1954 habían fluido a Israel informaciones acerca de que el oficial de las SS vivía en Buenos Aires bajo el nombre de Ricardo Klement y trabajaba para una compañía de agua.

La información no despertó la curiosidad de los servicios secretos israelíes -ocupados por ese entonces con un serio problema estratégico regional-, pero entre 1957 y 1959 la insistencia de un fiscal judío del estado alemán de Hesse, Fritz Bauer, consiguió que finalmente el Mosad enviara a sus agentes a capturar a Eichmann.

Yaakov Gat, uno de los siete miembros del comando, está convencido de que sólo una persona pudo haber obligado al jefe del Mosad a reabrir el caso después de haberlo rechazado en al menos dos ocasiones por considerar que las pruebas no eran sólidas.

Sólo una persona como Ben Gurión podía forzar a Harel a que reanudara la investigación. Es verdad que Bauer era el que presionó, pero en mi opinión la comunidad judía estadounidense presionó a Ben Gurión para que Israel tomara venganza en nombre de todo el pueblo judío“, explica el octogenario agente al Haaretz.

Los detalles de la operación que condujo a la captura y posterior traslado de Eichmann a Israel -en medio de una gran polémica con Argentina porque fue sacado de ese país en un avión oficial del ministro israelí de Exteriores, Abba Eban- aparecieron en numerosos libros y fueron llevados al cine.

“La casa en la calle Garibaldi (1975)”, escrito por el entonces jefe del Mosad, se convirtió con el tiempo en uno de los clásicos mundiales del espionaje, mientras que “Eichmann en mis manos (1990)”, de Peter Z. Malkin, otro de los miembros del comando que le capturó, expone los contradictorios sentimientos de un judío hacia un dirigente nazi tan sólo quince años después del Holocausto.

Después de un desgarrador juicio ante un tribunal que le condenó a la pena capital por crímenes contra la humanidad, el ex oficial de las SS fue ahorcado el 1 de junio de 1962 y sus restos incinerados.

Para evitar el culto de futuros neonazis, sus cenizas fueron dispersadas en el Mar Mediterráneo por un barco de la Armada israelí en presencia de algunos supervivientes del Holocausto, fuera de las aguas jurisdiccionales de Israel.

Pasarían veinticuatro años hasta que otro nazi, John Demjanjuk, se sentó en el banquillo de los acusados en Israel como el presunto “Iván el Terrible” de Treblinka, aunque fue absuelto por la Corte Suprema tras haber sido condenado a la horca por una instancia inferior.

ENTREVISTA: FRANCO Y EL ÉXODO HACIA ISRAEL 25.000 judíos salieron de Marruecos entre 1957 y 1961 con ayuda de España

Abril 11th, 2010 | 1 comentario

Entrevista con Isser Harel, antiguo jefe del Mossad. La entrevista en EL PAÍS es de enero de 1989, pero revela datos que pocos conocen acerca la salida de judíos con escasos medios económicos de Marruecos entre 1957 y 1961 hacia el Estado de Israel.

VÍCTOR CYGIELMAN – Tel Aviv – 02/01/1989

“La ayuda española en el rescate de judíos marroquíes, de paso hacia Israel, de 1957 a 1961, una ayuda discreta, constante y totalmente desinteresada, nos permitió hacer salir de Marruecos, clandestinamente, a cerca de 25.000 judíos, que tras una breve estancia en territorio español partían hacia Israel. Esta epopeya habría sido imposible sin la cooperación tácita de los españoles”. Así lo manifestó a EL PAÍS Isser Harel, antiguo jefe del Shin Beth y del Mossad, los dos principales servicios secretos israelíes. Isser Harel, un joven de 76 años, dedica un capítulo a este éxodo en su libro Seguridad y democracia, de próxima aparición.

Isser Harel nació en Rusia en 1912 en Rusia en la ciudad de Witebsk. Se llamaba entonces Isser Halperin. En 1922, la familia Halperin parte para Letonia y se instala en Dvinsk. Ocho años más tarde los Halperin se embarcan para Israel, entonces la Palestina bajo jurisdicción británica. Durante 11 años Isser Halperin se dedica a la agricultura. En 1941 forma parte de la haganah, auto defensa armada clandestina. Posteriormente entra a formar parte del, servicio de información de esta organización, el Shay que jugará un papel crucial en la preparación de la independencia en 1948/1949 y será el precursor de los servicios secretos israelíes.Harel cuenta ahora como en 1955, agentes israelíes, enviados por él llegan ilegalmente a Marruecos con pasaportes falsos. Toman contacto con las comunidades judías residentes en este país, desde ciudades como Rabat, Marraquech o Fez hasta las montañas del Atlas. En aquel momento, el objetivo de aquellos agentes, preparados especialmente y conocedores, al menos, del árabe y el francés, es concreto: formar los cuadros y después los grupos de autodefensa entre la población judía local, una especie de haganah o ejército israelí en el exilio.

La independencia de Marruecos, que se produce en abril de 1956, está a las puertas y con la retirada de las autoridades francesas, podían esperarse explosiones antisionistas contra los judíos marroquíes.

El sueño de Sión

“Cuando Marruecos logra la independencia en 1956, viven en el país cerca de 200.000 judíos, y solamente las elites y una parte de la burguesía y de los intelectuales han podido abandonar el país o están a punto de hacerlo, habitualmente vía Francia. La gran masa del pueblo, los artesanos, comerciantes, vendedores ambulantes y agricultores judíos permanecen en el país. Se sienten desorientados, pero no tienen más que un solo sueño: partir hacia Sion, reunirse con los miles de judíos marroquíes que viven ya en Israel”, dice Harel.

“Durante todo el tiempo que se mantuvo el poder francés, los judíos podían emigrar libremente hacía Israel. Con la independencia, se hacía difícil sino imposible lograrlo. Cada judío es sospechoso de querer partir para Israel. De golpe, nuestros agentes en Marruecos y los cuadros de la haganah marroquí (autodefensa judía) reciben una nueva misión: hacer salir, clandestinamente, el máximo número posible de judíos marroquíes. Estamos a fines de 1956. Nuestros hombres fabrican falsos pasaportes marroquíes y organizan la nueva diáspora. En medio de la noche era frecuente que se despertara a los habitantes judíos de todo un pueblo para decirles: ‘Haz el petate, salimos para Israel’; y así lo hacían, emprendiendo un camino de varios centenares de kilómetros, a veces con un mínimo de subsistencias, llevando consigo bebés, ancianos…”

Pregunta. ¿Cómo? Marruecos no tiene frontera común con Israel.

Respuesta. Exacto, pero aquí interviene la conexión española. Los enclaves españoles en territorio marroquí, Ceuta y Melilla, eran las tierras no árabes más próximas. Fue hacia estos lugares hacia donde comenzamos a dirigir los primeros grupos de judíos.

P. ¿Habían entrado en contacto con las autoridades españolas para arreglar la acogida de esos viajeros ilegales?

R. En absoluto, no nos reunimos nunca con ningún funcionario español, un gobernador civil u otro representante del poder de Franco. Como no teníamos mucha elección, hicimos atravesar a los judíos la frontera marroquí-española y esperar que hubiera suerte, pero he aquí que para nuestro alivio, los policías y aduaneros españoles nos dejaron actuar sin problemas. La acogida era incluso calurosa. Habíamos preparado centros de alojamiento provisionales y desde allí, después de una noche en Ceuta o Melilla, estos judíos marroquíes tomaban el barco para dirigirse a Algeciras.

P. No puedo creer que una operación de esta envergadura, que duró varios años, no llegara a oídos del Gobierno de Franco.

R. Probablemente lo supieron muy arriba, pero las autoridades españolas no tomaron nunca medidas para detener o prohibir la flota de refugiados judíos que llegaban clandestinamente a su territorio.

P. ¿Cómo explica esta actitud?

R. Hay, sin duda, varias razones. Los españoles no tenían demasiadas simpatías por un Marruecos que les disputaba lo que quedaba de las posesiones españolas en África del Norte. Además, al régimen de Franco, aunque aliado de Hitler, no le complacían las violentas persecuciones antijudías. España dio refugio a numerosas familias judías, que huían del infierno nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

España había ido incluso más lejos: Madrid había autorizado a los cónsules españoles en Europa oriental y central a conceder pasaportes españoles a los judíos cuyos apellidos tuviesen una identidad histórica española, como Toledano, Bejarano, Castro, … lo que salvó a cientos de judíos, sobre todo en Rumanía, de la deportación hacia los campos de muerte hitlerianos.]Creo también que el recuerdo, los sentimientos de malestar y vergüenza, ligados a la expulsión de los judíos españoles en 1492, bajo la Inquisición, estuvo presente en la actitud de los españoles ante los judíos que huían de Marruecos. Los responsables locales tanto en Ceuta y Melilla, como en Algeciras, sabían perfectamente que los judíos que les enviábamos estaban allí de paso, por una o dos noches, y salían seguidamente para Marsella y de allí a Haifa. Evidentemente, les podrían haber detenido y haberles devuelto a territorio marroquí, como hicieron a menudo los suizos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando expulsaban sin piedad a los judíos que huían de los nazis. El hecho es que los españoles acogieron a los refugiados judíos, espontáneamente sin problemas, sin consultar previamente a sus jefes jerárquicos en Madrid. Fue impresionante emocionante.

P. ¿Sabían las autoridades marroquíes que los españoles les ayudaban a hacer salir a sus judíos?

R. Por supuesto. Todos esos judíos no desaparecían en la naturaleza. La Liga Árabe, aguijoneada por Nasser, protestaba regularmente ante Marruecos y las autoridades marroquíes protestaban ante España. En Marruecos, la policía daba caza a nuestros hombres, a los jóvenes judíos marroquíes miembros de nuestra red. Muchos de estos jóvenes fueron detenidos, torturados, encarcelados durante largos años. Sabían que lo arriesgaban todo, incluso su vida, pero continuaban su misión. Sin su espíritu de sacrificio no habríamos tenido éxito.

P. En 1958, Isser Harel realiza un “viaje de inspección” a Marruecos. Por supuesto, bajo una falsa identidad. Visita las distintas comunidades judías, se entrevista con los responsables locales de la haganah. ¿Por qué?

R. “Quería comprobar dos cosas: en primer lugar, los judíos ¿tenían algún porvenir en Marruecos?, segundo, ¿querían realmente emigrar a Israel? Volví a Israel convencido de que era preciso ampliar y acelerar el movimiento de partida de los judíos marroquíes. Mi posición fue examinada por un comité de dirigentes como Ben Gurion, Golda Meir y el doctor Nahum Goldmann, éste último entonces presidente de la Organización Sionista Mundial. Ben Gurion y Golda Meir me apoyaron en contra de Goldmann”.

Era preciso entonces elaborar una estrategia para conseguir que las autoridades marroquíes no entorpecieran la salida de los judíos. De un lado, intensificamos la propaganda antimarroquí en el mundo, denunciando todo acto de tortura. Nuestra red distribuía panfletos y, a pesar de las olas de detenciones, hacíamos la vida difícil a las autoridades de Rabat. Por otra parte, propusimos rescatar a los judíos marroquíes. Tomamos contacto con personalidades locales, próximas al rey y pagamos por adelantado medio millón de dólares (mucho dinero para la época) para mostrar que hablábamos en serio cuando decíamos que estábamos dispuestos a comprar la emigración de los judíos marroquíes”.

Pagar la salida. ¿Cuánto pagaron en total para comprar la libre salida de los judíos?

R. No puedo decirlo. No sabemos siquiera a estas alturas si el dinero llegó a manos de los destinatarios: las autoridades marroquíes, porque debíamos hacer llegar el dinero a los intermediarios. Entre tanto, un pequeño barco, pilotado por un capitán español se hundió en una tempestad, en el estrecho de Gibraltar. 42 personas, entre ellas varios bebés, perecieron ahogadas. La opinión mundial se conmovió ante el suceso.

A continuación pudimos prometer, a través de intermediarios, a las autoridades marroquíes que si dejaban salir a los judíos Israel no se mezclaría en el asunto. Una organización caritativa norteamericana abrió una oficina en Marruecos. Las listas de emigrantes potenciales nos eran transmitidas discretamente a través de esta vía. Los judíos partían legalmente hacia Gibraltar, Algeciras o incluso directamente a Marsella y de allí viajaban a Israel.

P. ¿Y Marruecos dejaba actuar?

R. No era fácil para el rey Mohamed V y sus hombres. El partido marroquí Istiqlal, pro Nasser, se comportaba de manera amenazante. Los agentes de Egipto planeaban derrocar el régimen de Rabat. La Liga Árabe protestaba, pero los judíos marroquíes llegaban a Israel. Desde finales de 1961 a marzo de 1963, pudimos encaminar hacia Israel unos 76.000 judíos que con los 25.000 llegados entre 1957 y 1961 hace un total de alrededor de 100.000.

La operación que había recibido el nombre codificado Yakhin fue coronada por el éxito. En gran parte, gracias a la buena voluntad, los sentimientos humanitarios de los españoles de Ceuta, de Melilla, pese a que Israel no tenía relaciones diplomáticas con España, pero los españoles tenían corazón”.

Fuente: El Pais.com

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Israel festeja su 62 aniversario entre la satisfacción y la preocupación

Israel festeja su 62 aniversario entre la satisfacción y la preocupación | Mundo | elmundo.es
Yom Ha’atzmaut, Día de la Independencia

Israel festeja su 62 aniversario entre la satisfacción y la preocupación

Celebraciones por el Día de la Indepedencia en Jerusalén. | Ap

  • Es el país con la mayor proporción de ingenieros per cápita del mundo
  • Cada año se cometen en sus calles ‘sólo’ 1.8 asesinatos por cada 100.000 personas
  • Acabó 2009 con un crecimiento del 4,8% en plena crisis mundial
  • El 80% cree que “Israel se encuentra bajo una amenaza existencial”
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