Simóne de Beauvoir e Israel

Simóne de Beauvoir e Israel
Mie Abr 27 2011 (23 Nisan, 5771)

No se nace mujer, se llega a serlo…. así comienza uno de los libros mas impactantes que se hayan escrito en el siglo XX: ” El Segundo Sexo”.

Se podrán decir muchas cosas de esta mujer, salvo que su espíritu no era libre. Lo que es menos recordado es que Simóne de Beauvoir, quien convivió con el sobreviviente del holocausto y director de la película ” Shoá”, Claude Lanzmann, 17 años menor que ella, de 1952 a 1959, era uno de los raros casos en la izquierda europea que no tenía inconvenientes en pronunciarse a favor de la existencia del Estado de Israel. A mediados de la década del setenta dio una conferencia en el Círculo Bernard Lazare de París, cuyo extracto es el siguiente:

Seguí con pasión la lucha librada por los judíos para poder establecerse en una tierra que les pertenecía, en la tierra de Israel. Amigos míos de entonces participaron directamente de esa lucha y por eso, cuando finalmente, en 1948, el Estado de Israel fue reconocido por las Naciones Unidas, sentí como si su victoria hubiese sido personalmente mía.

Israel es un Estado religioso; evidentemente, para la gente de la izquierda, hay algo de molesto en el hecho de que, por ejemplo, los enlaces deban contraerse necesariamente en una sinagoga, o que el matrimonio de un judío con una mujer no judía no le permitiría tener hijos judíos. La religión tiene demasiada importancia y demasiado peso allá y comprendo que eso conturba a las personas con concepciones de izquierda, orientadas hacia la libertad de pensamiento y de acción….

Como integrante de la izquierda he tomado parte en todas las luchas de la misma, en la medida de mis posibilidades. He estado de parte del F.L.N. durante la guerra de Argelia y nadie puede acusarme por lo tanto de haber respaldado el colonialismo (por lo demás, para mí Israel no es una colonia, no hay en ella metrópoli, no se hace trabajar a los indígenas para explotarlos, etc., etc.). Puedo afirmar, pues, que soy de la izquierda y precisamente por ser de la izquierda es que deseo afirmar mi solidaridad con Israel en general y con la izquierda israelí en particular. Que ese país debe vivir, es para mí una cosa evidente.

Simone de Beauvoir falleció en 1986. No conoció la corrupción de Yasser Arafat y la Autoridad Palestina, ni el establecimiento de un régimen islamista en Gaza, pero vaya si con su intuición femenina no pudo prever que algo así ocurriría:

Pienso que hay también, sobre todo entre los jóvenes, un cierto romanticismo que les hace tomar partido a priori, casi incondicionalmente, por el pueblo palestino, porque el mismo carece de país. Se trata de un país inexistente, lo que hace posible proyectar mucho en él. De él se puede esperarlo casi todo; se puede pensar que no tendrá defectos, que será perfectamente socialista, que será totalmente justo e igualitario. Lo que sucede con Israel es que se trata de una encarnación: la idea del Estado de Israel se ha encarnado y toda encarnación supone defectos, imperfecciones, desgracias, errores. Es verdad que los pioneros del Estado de Israel pensaron en una sociedad perfecta, pura, justa, en un país nunca visto, que de ningún modo sería como lo demás. ¡Pues bien! De hecho, Israel es un país como muchos otros porque en él hay desigualdades, injusticias, es un país que no comporta un ideal puro, como sucede con el país inexistente. Cuando exista una encarnación del Estado Palestino, sin duda será presa de las contradicciones, de los desgarramientos y de los errores…

Respecto al derecho de Israel a existir dijo: No baso los derechos de los israelíes – careciendo de toda inclinación religiosa- sobre su presencia de antaño en esa tierra ni sobre la tradición invocada por muchos judíos; para ellos la situación es distinta: ese nexo quiere decir algo muy profundo: lo sé; muchos judíos se basan en ello. No es sobre eso que yo fundamentaría los derechos de Israel, sino, como lo han hecho muchas gentes de izquierda y en particular Brecht en ” El circulo de tiza” que es una hermosa pieza teatral, sobre el hecho que la tierra ” pertenece al que la hace mejor”, es decir de quien la trabaja… ellos fueron quienes la trabajaron, que arraigaron en ellas sus familias. Sobre esta tierra vivieron, a ella se vincularon y precisamente por su trabajo, por todo lo que en ella hicieron, por los niños que sobre ella criaron. En lo que a mi respecta, no siento ninguna necesidad de buscar otras razones. Para mí, ésa es la razón fundamental por la cual ellos tienen el derecho y deben vivir sobre esa tierra, y ya no nuevamente como una minoría más o menos oprimida, sino sintiéndose en casa, viviendo sobre una tierra que les pertenece.

Fuente: Dispersión y Unidad, Reseñas y ensayos sobre los problemas contemporaneos del Pueblo Judío, OSM, Jerusalém, 1976.

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