Historia de un libro infame

Historia de un libro infame

En 1923 se redactó «Mein Kampf», el catálogo de odios personales de Hitler. El título, sin embargo, fue un «best seller» y convirtió a su autor en un hombre rico. Anagrama publica la historia que Antoine Vitkine ha escrito de este libro detestable.

El rastro político. En la década de los años treinta muchos políticos y periodistas se preguntaban si las ideas de este libro (primera página a la derecha) constituían un ideario político real o no. Muchos optaron por creer las falsas promesas de paz de s

7 Marzo 11 – Madrid – J. Ors

El historiador Olaf Simons descubrió con inquietud que la actitud de su abuela no había sido una excepción. En 1945, muchos hogares alemanes prefirieron esconder ese libro antes que destruirlo. Cuando las tropas aliadas entraron en el pueblo, ella «envolvió su ejemplar con papel aceitado» y lo enterró en el jardín. «¿Por qué no haberlo quemado simplemente en la chimenea? “Me dije que quizá fuera un objeto de valor”, respondió a su nieto».  Dos años después, esa misma anciana lo desentierra, cambia el papel que lo protege y lo vuelve a guardar. El peso de la conciencia por el horror del genocidio judío, o el de la culpabilidad por el desencadenamiento de la contienda que se abrió en1939, no resultaba suficientemente fuerte para que esa mujer renegara de él y lo rompiera, a pesar de que las ciudades de su país estaban reducidas a cenizas. En la posguerra, además, tenerlo en casa, o reconocer que se había leído, implicaba de manera directa que se conocían las intenciones genocidas del Tercer Reich. Sin embargo, la mayoría de la población prefirió olvidarlo en un rincón del sótano o el desván antes que entregarlo a las llamas.

Un ideario político

Es imposible deslindar el «Mein Kampf», uno de los libros más detestables que jamás se han escrito, de la memoria colectiva europea. Adolf Hitler expuso en sus páginas la doctrina y las ideas del nacionalsocialismo que después ejecutaría sin pudor ni dudas. El volumen, aunque cueste creerlo, fue un «best seller». Ese cabo sin ejército, ese pintor frustrado, el vagabundo resentido por la guerra que había perdido, escribió en 1923, en la cárcel-fortaleza de Landsberg, uno de los panfletos políticos más indignantes de la historia. El escritor Antoine Vitkine, en «Mein Kampf. Historia de un libro» (Anagrama) revela, sin embargo, que fue «uno de los libros políticos más comprados de todos los tiempos. Antes del ascenso de su autor al poder, en 1933, lo adquieren centenares de miles de personas». Asegura que «su difusión alcanza la colosal cifra de doce millones de ejemplares. Calificado de “biblia nazi”, ofrecido a todas las parejas que se casan, enseñado a los niños, promovido por medio de campañas publicitarias innovadoras, es impreso incluso en alfabeto braille».

Pero hay más. En los años treinta es traducido a más de veinte lenguas y se convierte en un «best seller» en el mundo entero. La historia de su éxito se prolonga más allá de la derrota nazi. «A partir de 1945 se vende en el extranjero por millones. Según la revista norteamericana “cabinet”, se habían vendido 20.000 ejemplares anuales en versión inglesa». En Francia sigue difundiéndose ahora y en ciertos países está entre los más vendidos: «En Turquía se agotaron 80.000 ejemplares en un año; en India es objeto de un entusiasmo sin precedentes; en Rusia, Indonesia, Egipto o Líbano su éxito es indiscutible». En 1999, el diario «The guardian» descubre que el libro figura entre las tres obras que más compraban los alemanes en «Amazon.com» (después de la denuncia, este sitio dejó de enviar el libro a direcciones alemanas). Pero tampoco es difícil conseguirlo. «En la librería alemana de Ibiza, centro de vacaciones muy apreciado por los alemanes, se venden todos los veranos  un número considerable de ejemplares de “Mein Kampf” en versión original». Hitler, que creía en «los protocolos de los sabios de Sión», convirtió sus postulados en una fuente de ingresos. A finales de 1932 había vendido 230.000 ejemplares. En enero de 1933, otros 13.000. «El  Führer ya es un hombre rico. Apenas necesita un sueldo, pues recibe el 10 por ciento del precio de venta y, a partir de 1933, el 15 por ciento». Según la documentación, «“Mein Kampf” habría reportado al Führer 15 millones de Reichsmarks, o sea, decenas de millones de euros actuales».

Una cuenta en Suiza

Un informe desclasificado de la CIA afirmaba que el editor del libro había abierto una cuenta para Hitler «en un banco de Ginebra, el UBS, y que millones de marcos dormían allí tras la finalización de la guerra…». Por eso, el filósofo y filólogo Victor Klemperer aporta una lúcida reflexión que recoge Vitkine: «Cómo fue posible difundir este libro en la opinión pública y cómo, pese a ello, fue posible el reinado de Hitler, puesto que la biblia del nacionalsocialismo ya estaba en circulación varios años antes de la toma de poder: éste será siempre para mí el mayor misterio del Tercer Reich». Vitkine repasa la recepción de este libro en Francia, Inglaterra y Estados Unidos en los años siguientes a que saliera a la venta. Sobre todo se centra en la disputa, por derechos de autor, que el sello que publica a Hitler en Alemania mantiene con un editor francés de tendencias políticas fascistas. El dictador alemán ganaría la demanda en contra del francés: «En materia de propiedad literaria, los alemanes tienen en Francia los mismos derechos que los nacionales». Una ironía de la Justicia de un país que enseguida sería invadido por ese mismo demandante y con el ideario contenido en ese volumen. «Una derrota en nombre de las normas ordinarias de la civilización y a causa de ellas. Una derrota jurídica que anuncia las derrotas políticas y militares futuras. Al presentar su demanda ante el tribunal, Hitler muestra una vez más hasta qué punto sabe volver contra sí mismas las armas de las democracias. Lo mismo ocurre con la naturaleza particular, única, de la empresa hitleriana: un mal resultado de la propia democracia». Este capítulo es importante porque desvela cómo el  «Mein Kampf»  se recibió en Francia, nación que en esos años jamás dispuso, lamentablemente, de una traducción fidedigna para que se cerciorara de la amenaza que suponía ese líder político. La mayoría subestimó el libro, otros, aferrados a las promesas de paz de Hitler, lo despreciaron; y, la extrema derecha, se aferró a su mensaje antisemita, pasando por alto las advertencias que incluía contra Francia.

Una pregunta queda suspendida: ¿Los lectores de este libro habían podido percibir el extermino de los judíos? No hacía falta leerlo. Vitkine recoge el discurso que Hitler pronunció el 30 de enero de 1939 y en el que advierte de lo que supondría una guerra en el viejo continente: «La aniquilación de la raza judía en Europa». Los socialista alemanes ya conocían este plan, y, en 1940, la prensa alemana anuncia que «el distrito de Dantzig-Prusia Oriental es el primero en no tener judíos en su territorio». En el «Mein kampf»  abundan los pasajes que se refieren a esta locura de su autor. Pero «la reacción será la indiferencia».

El detalle: ECO EN EL MUNDO ÁRABE

El «Mein Kampf» tiene aún hoy eco en el mundo islámico, según Antoine Vitkine. El libro de Hitler, aburrido y repetitivo, que tuvieron que corregir y depurar varios colegas suyos, contiene frases aborrecibles, como esta: «El judío sigue su camino, ese camino que lo conduce a penetrar disimuladamente en los pueblos y vaciarlos de su sustancia; y combate con sus armas, que son la mentira y la calumnia, el envenenamiento y la descomposición, que acentúan la lucha hasta el exterminio cruento del adversario detestado». El conflicto con Israel es el motivo del  éxito del libro en los países musulmanes. En 2005 se vendieron 80.000 ejemplares en Turquía. Para el autor, «El “Mein Kampf” se nutre tanto del antisemitismo como de los magmas ideológicos que se crean en el terreno de las tensiones políticas y la incultura». Vitkine incluye el testimonio de un egipcio que intenta explicar este hecho: «Permite saber cómo piensan los sionistas. Eso no tiene nada de malo». El veneno de Hitler parece que todavía está activo.

Fuente: LA RAZÓN Madrid 7 Marzo 11

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3 comentarios

  1. Algunos, pese a las evidencias, niegan la existencia del Holocausto. Para otros se trata de un asunto de judíos y alemanes y no de la humanidad toda, pero la lectora Sabrina Campbell llega mucho más lejos; propone, pese al asesinato, entre otros, de más de un millón de niños por haber nacido judíos, que no se mantenga viva la memoria del Holocausto. Entiende que la persistencia de su memoria es atribuible a algunos grupos religiosos, con cual le adjudica igual naturaleza. Si así fuera, como se explica que la monja católica Ediht Stein, en proceso de beatificación, muriera en un campo de concentración por su origen judío. Se los asesinaba por “ser” y no por su conducta y mucha veces distrayendo recursos bélicos sumamente necesarios con gente indefensa. El filósofo español Reyes Mate considera que Auschwitz tiene características originales que le distingue de otros horrores de la historia y que en ello hay un consenso casi generalizado sobre su singularidad histórica. Para ello apela a varias razones, entre las que podemos mencionar: el genocidio judío no es un medio sino un fin porque no se les mataba por razones políticas, ni como resultado de una explotación económica porque la mayoría de judíos no conoció el universo concentracionario pues moría el mismo día de su llegada, y por el hecho de haber nacido judío. Aclara, y esto es muy importante, que no se trata de una singularidad moral que plantee una jerarquización del mal, del sufrimiento de las víctimas, que,por otra parte, no sería admisible, porque significa graduar o clasificar los sufrimientos de las víctimas, como si el mal de los judíos fuera mayor que el de los gitanos. A quienes banalizan esa tragedia, va dirigida la severa admonición de Santayana “quien olvida la historia está condenada a repetirla”

    Adolfo Kuznitzky
    San Francisco (Córdoba).
    D.N I.Nro 6.425.588
    E.mail: fitok@arnet.com.ar

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  2. Es horrible que el Pueblo Judío tenga que sufrir no solamente la Shoah que ha sido la más horrenda época de la historia de la humanidad sino que además haya tantas personas que niegan el holocausto o que tengan actitudes tan crueles y antijudías como los hechos recientes relacionados con un personajillo del mundo de la moda.
    Cómo puede nadie admirar a un ser tan deleznable como hitler?
    Como persona, como cristiana y como católica expreso mi respeto hacia las víctimas del holocausto y también al pueblo judío.
    Admiro mucho a Edith Stein que murió valientemente sin renunciar a sus raices y siento que no pudieran salvarlas a ella y a su hermana, como también siento la muerte del resto de las personas asesinadas en los campos de exterminio y también por las personas actualmente perseguidas por su religión.
    Rezo por ellos, por Asia Bibi, por Guilad Shalit y por la Paz y seguridad en el mundo.
    Shalom!
    María

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  3. Sólo añadir que Edith Stein es ya santa. Su día se celebra el 9 de agosto, creo.
    Feliz Shabbath!
    Shalom!
    María

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