Las historias jamás contadas de los mártires de Israel

Por primera vez en un libro, los retratos de las víctimas del odio islamista. Jóvenes y ancianos, hombres y mujeres. Abatidos en el autobús, en el bar, en el mercado. Asesinados por la única “culpa” de ser judíos

por Sandro Magister

ROMA, 7 de noviembre de 2009 – Hoy los judíos de todo el mundo conmemoran a sus mártires de la “noche de los cristales”, es decir las víctimas del pogromo nazista de la noche entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, en Alemania.

De aquella masacre y de tremendo exterminio de judíos que le siguió, obra del Reich, hoy se hace memoria universal y penitencial.

No ocurre lo mismo en Europa y en Occidente, por las otras numerosas víctimas judías que caen desde hace años en Israel, víctimas del terrorismo musulmán.

Cada vez que alguno de ellos es asesinado entra y sale rápido de las noticias. Termina inmerso en el indistinto de la “cuestión palestina”, leída por muchos como producto de la “culpa” de Israel.

Mientras tanto, una de cada trescientas familias israelíes ya ha sido golpeada por un atentado. Las acciones terroristas se cuentan por miles. Los atentados suicidas con blanco son más de 150 y cada atentado realizado la policía israelí calcula haber evitado otros nueve. En total, hoy los muertos son 1723, de los cuales 378 son mujeres. Los heridos son más de diez mil.

A la distracción de la mirada occidental y cristiana frente a este sucederse continuo de víctimas, golpeadas sistemáticamente en lo cotidiano, en los autobuses, en las cafés, en los mercados, en casa, reacciona un libro que por primera vez cuenta sus historias. Nos dice finalmente quienes son.

El libro salió hace un mes en Italia y pronto será traducido en Nueva York y Londres. Lleva por título “No dejaremos de danzar”. Y por subtítulo: “Las historias jamás contadas de los mártires de Israel”.

El autor, Giulio Meotti, ya es conocido por los lectores de http://www.chiesa por dos de sus reportajes de gran resonancia: sobre la ciudad más islamizada de Europa, Rótterdam, y sobre los “jóvenes de las colinas”, los colonos israelíes de la última generación.

Es último libro suyo se inicia con un prefacio del filósofo inglés Roger Scruton y con una carta de Robert Redeker, el escritor francés que vive en una localidad secreta desde que fue amenazado de muerte por islamistas fanáticos.

A continuación un extracto del primer capítulo.

__________

Los desaparecidos de Israel

por Giulio Meotti

Tomado de “No dejaremos de danzar”, pp. 26-36

¿Por qué este libro? Porqué no había ni siquiera una historia de los muertos de Israel. Ha sido escrito sin ningún prejuicio contra los palestinos, es un relato movido por el amor por un gran pueblo y su maravillosa y trágica aventura en el corazón del Medio Oriente y a lo largo de todo el siglo XX. Cada proyecto de exterminio de una entera clase de seres humanos, desde Srebrenica a Ruanda, ha tenido su mejor narrativa. A Israel no parece que se le conceda, siempre se ha debido limpiar de prisa la sangre de los judíos de la historia. Judíos asesinados por ser judíos y cuyas historias han sido tragadas en la desagradable y amoral equivalencia entre israelíes y palestinos, que no explica nada de aquel conflicto y más aún lo entorpece hasta anularlo. El libro quiere salvar del olvido este inmenso yacimiento de dolor, suscitando respeto por los muertos y amor por los vivos. […]

El más bello regalo, en estos cuatro años de investigaciones, me lo ha hecho los israelíes que han abierto su mundo martirizado a mi solicitud de ayuda, se quedaron desnudos con el propio dolor. Yo tocaba su puerta, un extraño, un no judío, un extranjero. Pero me han tendido todos una mano y han hablado de sus seres queridos por primera vez. […]

Decidí relatar algunas grandes historias israelíes vivificadas por el idealismo, por el dolor, por el sacrificio, por la casualidad, por el amor, por el miedo, por la fe, por la libertad. Y por la esperanza de que, no obstante todo este silencio, Israel al final venza. […] Hay personas increíbles como la obstetriz Tzofia, que perdió al padre rabino, a la madre y a un hermanito, pero hoy ayuda a las mujeres árabes a dar a luz a sus niños. […] Está el copista de Torah, Yitro que se convirtió al judaísmo y cuyo hijo fue raptado y ajusticiado por Hamas. Está Elisheva, proveniente de una familia de pioneros agricultores que perdió todo en Auschwitz y una hija encinta en el noveno mes a manos de terroristas despiadados, porque “quería vivir el ideal judío”. […] En Tzipi mataron a puñaladas al padre rabino y donde un tiempo estaba su habitación hoy existe una importante escuela religiosa. Ruti y David perdieron respectivamente al esposo y al hermano, un gran médico humanista que se ocupaba de todos, árabes y judíos. Está el rabino Elyashiv, a quien le arrebataron un hijo seminarista pero que sigue creyendo que “en la vida todo da fuerzas al fuerte y debilita al débil”. Luego está Sheila, que habla siempre de la llegada del Mesías y de cómo su marido cuidaba de los niños Down. Menashe perdió a su padre, a su madre, hermano y abuelo en una noche de terror, pero sigue creyendo en el derecho a vivir donde Abraham plantó su tienda. […] Elaine perdió un hijo durante la cena de shabath y por más de un año no ha cocinado ni emitido sonido alguno. Están los amigos de Ro’i Klein, escudo humano que voló en una mina recitando el Shema’ Israel y salvando la vida de los compañeros de brigada. Yehudit perdió a su hija demasiado rápido, regresando del matrimonio junto a su marido. También a Uri, que hizo alyha desde Francia, le arrebataron a la hija, que era una voluntaria entre los pobres.

Orly vivió feliz en una camper, pero su hijo no se puso a tiempo la kippah sobre la cabeza antes de ser asesinado. Está Tehila, una de aquellas mujeres temerosas pero modernas que llenan los asentamientos, esposa de un idealista que “vivía la tierra”, amaba los arbustos rojos y celestes de las flores de Samaria. […].  Está también el maravilloso Yossi, su hijo sacrificó la propia vida para salvar la de los amigos y cada viernes iba a distribuir dones religiosos a los que pasaban. Rina había creado una perla en el desierto egipcio, se creía una pionera y vio que le arrebataron un hijo junto con su esposa encinta. […] Está Chaya, que abrazó el judaísmo junto con su esposo, la conversión para ellos “era como casarse con Dios”. […] Todas estas historias nos hablan de este Estado único en el mundo, nacido de una ideología laica decimonónica como el sionismo, que sobre las cenizas del Holocausto reunió sobre su tierra de origen un pueblo exiliado dos mil años antes y exterminado por más de la mitad. Historias que nos hablan del coraje, de la desesperación, de la fe, de la defensa de la propia casa buscando, aunque si a veces se yerra, mantener la “pureza de las armas” en el único ejército que permite desobedecer a una orden inhumana. […]

La historia de estas víctimas judías no es solamente una historia de héroes. Es casi siempre gente indefensa. […] El Centro de Estudios de Antiterrorismo de Herzliya, el más importante instituto de análisis en Israel, ha calculado que solamente el 25 por ciento de las víctimas israelíes eran militares. La mayoría eran y son judíos vestidos de civil. Entre los israelíes, las mujeres constituyen el 40 por ciento de las víctimas totales. Los europeos creen que Israel es el fuerte, la patria y la guarnición en armas que tiene de su parte el control del territorio, la tecnología, el dinero, el saber consolidado, la capacidad de usar la fuerza, la amistad y la alianza con los Estados Unidos. Y que contra ello se yergue la opresora debilidad de un pueblo que reivindica sus derechos, dispuesto al martirio para obtenerlos. Pero no es así. Las historias de estos nuevos “desaparecidos” lo demuestran.

Los israelíes han demostrado amar la vida más de cuanto temen la muerte. Los terroristas han asesinado cientos entre profesores y estudiantes, pero las escuelas no han cerrado nunca. Han matado médicos y pacientes, pero los hospitales siempre han funcionado. Han masacrado ejército y policía, pero la lista de quien se ofrece voluntario no ha disminuido nunca. Han acribillado los autobuses de fieles, pero los peregrinos siguen llegando a Judea y Samaria. Han causado masacres en los matrimonios y han obligado a las jóvenes parejas a casarse en bunkers bajo tierra. Pero la vida siempre ha vencido sobre la muerte. Como cuando en la fiesta nocturna en el Sea Market Restaurant de Tel Aviv, Irit Rahamim festejaba el adiós al celibato. Cuando el terrorista comienza a disparar y a lanzar granadas sobre la multitud, Irit se tiró al suelo, y bajo la mesa llama a su esposo y le dice que lo ama. Entre los gritos. Y la muerte.

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El libro:

Giulio Meotti, “Non smetteremo di danzare. Le storie mai raccontate dei martiri di Israele”, Lindau, Torino, 2009, pp. 360, euro 24,00.

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2 comentarios

  1. la historia es triste … aveses me cuesta leer esto …pero ya paso
    Hashem bendiga a mi ISRAEL Y LA PAZ SEA SIEMPRE EN MI TIERRA … JERUSALEM HERMOSA JERUSALEM

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  2. Saludos desde Israel, amigo.

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