¿Quién apacienta las ovejas?

Sobre Israel opinamos todos.

¿Quién apacienta las ovejas?

Uno entiende que ser obispo en casi todos los países de Oriente Medio es bastante duro. Lo normal es que los cristianos sean discriminados y en algunos lugares perseguidos (o ejecutados si se descubre que el cristiano era un musulmán convertido). Y no lo digo yo, lo dicen las cifras de cristianos sirios, libaneses, iraquíes o egipcios, por ejemplo, que cada año abandonan sus países porque temen por su vida. Un chorreo para la presencia bimilenaria de la Iglesia en la zona.

Uno entiende que la fe mueve montañas, pero no disipa el aliento en el cogote (propio y del rebaño) de Hizbullah, los Hermanos Musulmaes o las Milicias del Mahdi, por poner tres ejemplos. Y así Europa comienza a tener habitantes que a muchos les parecerán salidos de una película de cruzados, como católicos asirios, coptos egipcios o cristianos melquitas, pero que son personas de carne y hueso desterradas de su tierra por movimientos violentos que les consideran indignos herejes y que cuentan con la indiferencia, cuando no la complicidad, del gobierno de turno.

Tal vez el ejemplo más palmario sea Belén, la cuna literal del cristianismo. Una ciudad hasta hace no tanto cristiana en la que ahora los cristianos son una minoría, y van por el camino directo de la desaparición. Un proceso acelerado exponencialmente tras el traspaso de la administración a las autoridades palestinas. Palestinas y musulmanas, hay que añadir. Y menos mal que los frailes no permitieron que en 2002 los palestinos que asaltaron la Basílica de la Natividad enterraran a sus muertos allí, que si no a estas horas la Iglesia donde según la tradición nació Jesús sería una mezquita. Este periodista estuvo allí.

Uno entiende todo esto y el que además a algunos obispos no les guste Israel (donde por cierto la vida de ningún cristiano corre peligro), y que intenten marcarse tantos ante el sátrapa de turno que gobierne en su país atacando a Israel, el único país de Oriente Medio donde si alguien se convierte al cristianismo no será condenado a muerte. Pero, hombre, de ahí a que la conclusión del Sínodo se centre en la crítica a Israel va un trecho muy largo. Los prelados exigen el fin de la ocupación israelí y la creación de dos Estados. Muy bien, pero ¿y qué pasa con la situación del propio rebaño, cuyo cuidado se les ha encomendado en una tradición que comenzó hace dos mil años cuando un judío hijo de un carpintero ordenó a otro judío pescador “apacienta a mis ovejas”? ¿Quién apacienta a esas ovejas mientras ellos se dedican a la política? ¿Nasrallah o Muqtada Al Sader? ¿Quién alzará la voz por sus ovejas perseguidas y machacadas? ¿El imam de Damasco o el de la Universidad de Teherán?

Trabajar por la paz no es sólo una opción sino una obligación para los obispos del Sínodo, pero esconderse tras la Biblia para cometer una injusticia es inaceptable. Ellos mismos lo han dicho por escrito. Joder, ahora resulta que Homer Simpson es un buen católico y algunos obispos le hacen el juego político a La Meca. Qué cosas.

 

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