Iom Kippur, para los que creen y no creen.

Por Mauricio Zieleniec Dir. Identidad

En Iom Kippur nuestro sentimiento judío nos invade con una fuerza especial.

En nuestro espacio interior religarnos a nuestros valores y orígenes, desde los pastoriles, agrícolas, históricos, de leyendas míticas y creencias; seamos creyentes o no, respiramos un sentir emotivo que nos convoca este día tan especial.

En ese silencio de nuestra intimidad interior, nos interrogamos sobre nuestras acciones cometidas, con nuestros semejantes, con relación a nuestros afectos y nuestros dolores. Lo material se empequeñece frente a nuestra espiritualidad interior y crece la interrogante de nuestra finitud.

En el inteligible universo que vivimos la incertidumbre sobrepasa a las verdades y las no verdades están siempre presentes; cuando Nietzsche dice que “Dios ha muerto”, las verdades que creíamos comenzaron a reflejar dudas.

En el correr de la historia el pensamiento humano pasó de tener una mirada hacia el infinito del cielo, con la aceptación literaria de la Torá, para ser modificada en milenios posteriores, con el pensamiento de Descartes; la dualidad de éste filósofo fijó una espiritualidad junto a lo material y diríase, que la mirada del hombre bajo del cielo, para ver un horizonte espiritual y material.

Posteriormente el pensamiento de Nietzsche, nos dice: “Dios ha muerto”, y ese pensamiento produjo que la mirada del hombre cambiara nuevamente, se modificó la visión del horizonte de Descartes y se enfocó en lo terrenal, terminando con la dualidad.

Pero el amor al saber (pensamiento filosófico) del hombre, sigue evolucionando pasando por Feuerbach y el filósofo Heidegger lo cual hizo que la mirada se trasladara de lo terrenal al hombre mismo y comenzó el hombre a ser lo trascendente (ser-ahí Dasein). El centro del pensamiento que había comenzado en lo celestial, pasó a centrarse en el hombre; diríase que ese hombre sin temor pero con angustia, comenzó a mirarse a sí mismo.

El concepto de Dios, influenciado por el “mundo de las ideas” de Platón y los filósofos griegos, quizás tengan poco que ver con el concepto de Dios de las propias Escrituras, este concepto dominante, se remonta a la influencia griega y es sólo perteneciente a Occidente ya que las civilizaciones orientales se carecieron en su mayoría, de no tener concepto de Dios o de ideas sobrenaturales (fundamentalmente en China y parte de India). Parecería que Dios no apareció en la mayoría de las culturas asiáticas.

Darío Sztajnszrajber comenta en relación a las Escrituras que las mismas son un relato escrito por hombres y no una creación hecha por Dios. Dios es un protagonista del mismo relato, pero no el creador del mismo y en consecuencia se pregunta ¿si es un protagonista del relato y no el creador, en alguna oportunidad cuando leemos un relato nos hemos preguntado si los protagonistas del mismo existen o no existen? Advertimos la vanidad de la pregunta.

Si sustituyéramos el concepto de Dios por el hombre, ¿cambia Dios o acaso cambia el Hombre? ¿Qué cambia? O como dice Feuerbach, el hombre puso en la creación de Dios sus propias finitudes.

Freud comenta que la religión existe como una necesidad real de la imaginación del hombre y Stefan Hopkins en sus descubrimientos científicos, que parten desde las leyes de lo micro a lo macro, no encuentra nada sobrenatural que rodean la propia leyes científicas, sin embargo siendo no creyente termina preguntándose ¿de dónde salieron todas las leyes y la energía en un universo en expansión?….

No rodea la vigencia de milenarias Escrituras (como fe o como mito) que conformaron una ética y una moral y nos constituye y nos forman como pueblo y cultura, en esta situación, la interrogante entre los que creen y los que no creen, el poeta la responde con su versión:

Vos preguntás ¿qué es el pueblo judío?

El poeta responde:

un poquito de socialismo

un poquito de religión

un poquito de tradición

El resto arena

Y tú vuelves a preguntar ¿qué más?

El poeta responde:

un poquito de fe y religión

un poquito de secularismo y ateísmo

un poquito de alegría

un poquito de dolor.

Entonces el poeta continúa y dice:

Hay de nosotros sí fuera sólo fe y religión

hay de nosotros sí fuera sólo socialismo

hay de nosotros sí fuera sólo dolor.

Entonces tenemos un poquito de Sionismo, hebreo y de Israel

y un poquito de diáspora y de idish

Y concluye el poeta: mezclemos todos los colores

mezclemos todas las creencias

y eso es el pueblo judío.

El resto es arena….

-Adaptación de un poema tradicional

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