Fastos y Fiestas

El 27 de Enero nuestras sociedades reiteran por enésima vez su firme deseo de que no vuelva a repetirse otro Holocausto. Se sucede todo tipo de manifestaciones y declaraciones oficiales llamando a no olvidar y desde ámbitos muy diversos se estimula la memoria para permanecer alertas ante cualquier intento de resucitar un nuevo antisemitismo que se cree controlado y desgastado porque no hay sociedad que admita su presencia en su seno. Cadenas de televisión, prensa escrita y radiada, convocatorias cívicas, declaraciones todas que pretenden demostrar la sensibilidad en esta materia tan lejana pero tan próxima, porque siempre ha encontrado la ocasión para asomar sus fauces y dejarse ver.

Sin embargo nunca antes como ahora se pone de manifiesto que juzgar al nazismo resulta cómodo y fácil de pagar, la condena del fascismo y el nazismo tiene muchos seguidores porque es un lugar común, no tiene precio fijo y está al alcance de cualquier bolsillo de la conciencia, no cuesta nada arremeter contra estos feroces sistemas políticos y si alguien sostuviese lo contrario, se le consideraría simpatizante y eso es incómodo de sobrellevar. También cabe decir que aquellos que condenan el nazismo y el fascismo por instigar el Holocausto, hoy no tienen empacho alguno en condenar con la misma rotundidad al Estado de Israel como si de asuntos similares se tratara. La condena de Israel supone en términos de valores progresistas, estar del lado de las víctimas que dicen ocasiona la política sionista de golpear al terrorismo que persigue su destrucción como Estado. Condenar al Israel de hoy, que al fin es hogar para cualquier judío tras siglos de exilio, se sitúa así al mismo nivel que la condena del nazismo por el Holocausto. El 27 de Enero constituye una jornada en la que se condena el crimen, el asesinato en masa, las masacres indiscriminadas, las injusticias contra la población civil indefensa, las persecuciones y progromos, el nazismo y el fascismo, pero no sirve para denunciar las verdaderas pretensiones del Holocausto y que casi lo consigue: La destrucción de todo un pueblo, su exterminio y aniquilación, su expulsión de la historia de la Humanidad mediante el asesinato con métodos industriales sofisticados, creados para ese objetivo y meta. El Holocausto se ideó exclusivamente para este fin y no para otro y si se empleó para lo demás fue por simple utilidad y provecho.

No es esa la única cuestión para el pensamiento progresista ya que no solo es propio de la izquierda sino de cualquier pensamiento moderno afectado por la filosofía de la equidistancia, los valores universales y la indefinición subjetiva. El subjetivismo actual no soporta que el asunto del Holocausto quede reducido en los verdaderos límites en que realmente aconteció, porque niega que como tal tuviera que ver exclusivamente con los judíos. Y es que la metodología que se empleó para lograr la tenebrosa efectividad que la maquinaria de exterminio nazi alcanzó, tuvo su principal inspiración en el propósito exclusivo de erradicar de Europa y del Mundo al judío, excluir y liquidar cualquier vestigio que tuviera el más mínimo vínculo con un pueblo al que se le adjudicó ser el más perverso y pernicioso, capaz de contaminar con su existencia a toda la humanidad. Esa es la verdadera cuestión que no se valora en profundidad en este 27 de Enero porque arremeter contra el nazismo y el Holocausto queda muy bien, ¿Quién sería capaz de negarlo? Pero defender al judaísmo como valor fundamental de la humanidad es otra cuestión que pocos se atreven a sostener porque en el fondo todavía quedan demasiados rescoldos antisemitas de un fuego que nunca llegó a ser apagado del todo, residuos que están agazapados en nuestras hipócritas sociedades bienpensantes, las mismas que se ponen de los nervios cuando un niño de Haití sufre y pasa calamidades mientras otro niño, el israelí, vive su infancia llena de beneficios y riquezas de todo tipo gracias a que el niño palestino paga una factura que no es suya y que además es pobre. El camino que va del 27 de Enero de 1945 al 27 de Enero de 2010 todavía está sembrado de imprecisiones por mucho fasto y memoria que se haga, por mucho que se nos haga creer que al fin nuestras sociedades se han liberado de sus fantasmas, que parecen haber aprendido la lección y tomado conciencia. Falta mucho si es que alguna vez se inició dicho camino correctamente y si alguien cree que está superada la cuestión, léase los informes presentados por el Foro de Coordinación de la Lucha contra el Antisemitismo del año 2009, resultan tan demoledores que celebración como la de este día, hace unos años impensable, hace justicia parcial a la realidad.

Las cosas están empeorando lentamente y pocos parecen admitirlo mientras fastos y fiestas nos ciegan la visión de campo. El fuego de las calderas de Auschwitz se apagó, pero el odio hacia el judío no, y ese es el verdadero drama de la humanidad hoy.

Hay que explicar a las generaciones venideras el verdadero Holocausto, el de hoy sólo explica parcialmente lo que sucedió y lo hace de forma cómoda para que no haga daño recordarlo. Muchas conciencias sensibles no lo soportarían.

Miguel Martin

Zaragoza

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