¿Qué teme Suiza?

Tras el espectáculo y bochornoso esperpento del referéndum sobre la altura del minarete, a los suizos sólo les queda reponerse en silencio de sus neuras y prejuicios.

Y Suiza, la amable, trabajadora y nada ociosa nación del “nunca-pasa-nada” se viste de democracia y sublima sus temores a través de un referéndum con el que persigue ahuyentar sus propios miedos y ponerse la venda antes de la herida. Europa, que en el fondo subyace como madre en todo este asunto aparenta despreocupación por sus hijos, parece estar mirando hacia otra parte mientras ellos en desbandada general toman sus decisiones al margen del espíritu de la familia a la que pertenecen.

Los hijos de Europa están hoy en fuga, no hay por dónde encontrar uno en pie con sus convicciones firmes y en defensa de un legado milenario que proporciona base y sustancia a su presente mientras amenaza de ruina todo su futuro. Los hijos de Europa están en medio de una profunda confusión y convulsión, con un alma perdida, atrofiada por la apatía, cuando no auto odio, sus dirigentes políticos son una generación perversa y degenerada hasta la nausea. Algunos hijos sospechan que ante la confusión general ha llegado la hora de tomar cartas en los asuntos de familia, envejecidos tras décadas sin solucionar y deciden la peor de las componendas: Justificar mediante un referéndum decisiones al margen del resto de la familia. Pero la cuestión ahora es esta: ¿Quién lo hace? ¿Quién es el “guapo” que ejecuta la resolución de demoler los minaretes de mezquitas ya construidas que se ven desde la distancia como una amenaza? ¿Por qué ahora son una amenaza y no antes? ¿Qué ha cambiado sustancialmente en los últimos dos o tres años que no haya cambiado hace diez o veinte años atrás? Los hijos de Europa están logrando de forma aventajada ser los mayores hipócritas de la humanidad, los cínicos más melodramáticos y los más aventajados funambulistas del equilibrio, porque en el fondo lo que más les preocupa a estos hijos es su propio estilo de vida, no el que hace décadas viene siendo anunciado y combatido firmemente sin fisuras ni debilidades por Israel, sometido al terror más bárbaro y sanguinario conocido, al islámico fanático que presiona mediante el terror y la sangre a toda una sociedad a la que odia de forma enfermiza, esa es la verdadera faz y proa de la nave islamista que ahora parece estar resultando insoportable para estos hijos de Europa, la blanda, floja y pusilánime sociedad europea, espejo de la suiza que pretende ser modelo y arquetipo para el resto de la humanidad. Europa ha estado muda ante el empuje asesino de las bandas islamistas fanáticas que año tras año ponen contra las cuerdas a una sociedad diminuta y valiente que decidió no ceder un palmo ante el terror plantándole cara y devolviéndole golpe por golpe. Suiza teme que la fiebre de Europa contamine sus limpio país, sus verdes valles, su cabaña ganadera vacuna, teme que sus productos lácteos pasen a manos islámicas, que los afamados relojes suizos no marquen su hora cantonal, que su próspero negocio bancario se arruine, que el lago Leman se seque, que en ciudades como Ginebra, Lausana, Berna, Zurich las mujeres tengan que colocarse el chador y los hombres dejarse crecer la barba. Pero el miedo de Suiza es el propio de un hijo que contempla estupefacto cómo su madre se desentiende de sus preocupaciones y de su futuro. Suiza teme descubrir que en el fondo es tan solo una mala madre, una madrastra, incapaz de cuidar y proteger a sus hijos, a los que abandona prostituyéndose por petróleo, gas y seguridad. Porque Europa ha dejado de ser madre de los europeos y desnaturalizada como está proyecta en sus hijos la sensación de abandono y dejadez, consintiendo que extraños vayan tomando posesión de la casa, destruyendo la familia y sembrando un nuevo estilo de vida que nada tiene que ver con lo que conocían de su madre. Europa se muere y algunos quieren abandonar el barco pero si se hunde naufragamos todos al mismo tiempo, contribuyendo a ello el Islám, el retrógrado, fanático y cruel sistema que solo progresa cuando sustituye mediante la eliminación y el exterminio a todos sus enemigos, suizos incluidos.

Miguel Martín
Zaragoza

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7 comentarios

  1. En Suiza no hay miedo, lo que no deseamos es que se contamine la nacion suiza de bastardos terroristas, y los extranjeros que imigren de una vez por todas se integren a ese pais nacion y si no les gusta que se regresen a sus lugares de origen, en Suiza no deseamos que los imigrantes proliferen la violencia y la crminalidad, por eso defenderemos siempre nuestro estatus de pueblo nacion .

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  2. No todos somos asi por eso pido que respeten a los que si adoran suiza en mi opinion suiza es mi nacion favorita y eso que no vivo ahi

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  3. Que comentario tan lapidario !

    Aqui en Chile tenemos una elevadisima opinion del pueblo Suizo por su hermosura, tranquilidad y progreso. Tambien sabemos de su solidaridad cuando acogieron tantas y tantos chilenos luego del año 1873.

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  4. hermoso la fots del paisaje d suiza espero algun dia konoserlo

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  5. si, alli todos los mafiosos tienen mogollon de dinero en los bancos suizos, por eso a ningúno no le interesa que las cosas esten mal en este pais.

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  6. neuschwanstein_suiza.jpg ???????????????????
    http://es.wikipedia.org/wiki/Neuschwanstein
    Un poco de Cultura no viene nunca mal

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