Israel en los ojos de una madrileña

Autor: Leticia Montero
24.11.09

Llegué a Tel Aviv un 20 Junio. Mi Familia y amigos se consolaban desde España pensando que la aventura no duraría más de seis meses, tiempo que mi novio Tomer y yo habíamos programado después de años de amistad y 4 años de noviazgo en Madrid. Seis meses para conocer su cultura, sus costumbres, su idioma, su vida. Ahora llevamos casi 2 años y medio viviendo en Tel Aviv y ésta es mi historia:

Mi nombre es Leticia, tengo 30 años, soy de Madrid, atea pero bautizada y nunca antes había conocido a alguien de Israel, ni siquiera a alguien hebreo, ya sea de religión o de costumbres, hasta que conocí a Tomer a la edad de 22 años.

Cuando Tomer llego a Madrid para estudiar arquitectura en mi universidad, levantó mucha expectación. Ser de Israel nos parecía igual de raro que ser de Laponia o del Polo norte. Los primeros meses, profesores y alumnos, le bombardeábamos a preguntas de toda índole: política, cultura, historia. En muchos casos, Tomer no salía de su asombro ante tanto desconocimiento e incluso, a veces, ignorancia desvergonzada. Desvergonzada porque los españoles además de ser muy curiosos, no tenemos pelos en la lengua a la hora de exponer nuestras dudas, además se trata de un país donde la comunidad judía es de las más pequeñitas de Europa junto con Austria y Dinamarca, por lo que también su influencia es escasa, hablando desde un punto de vista moderno, de la sociedad de hoy, no de hace 500 años.

El tiempo de Tomer en Madrid discurrió con normalidad, salvo contadas excepciones verbales con personas ajenas a nuestro círculo. Se integró perfectamente. Jefes, amigos, profesores le decían: “tú ya eres español y te quedas aquí” , la gente le tomó mucho aprecio y le brindaban su ayuda ofreciéndole contratos que le permitirían seguir en España es decir, tomaban una actitud de protección como si Tomer fuera un refugiado o algo así, pero siempre con todo el cariño del mundo. Es cierto que existe cierto grado de antisemitismo lamentablemente creciente en mi país. A mi parecer, basado en la ignorancia. Los medios de comunicación que se vuelcan hacia una cara de la verdad pasando de puntillas por la otra en un conflicto complicadísimo y que a veces ciertos indeseables juzgan alegre e irresponsablemente mezclando conceptos políticos y culturales de forma absurda. Existe un conflicto, si, pero no debería ser la imagen de toda una sociedad, la israelí y una comunidad, la judía. En fin, como dice mi padre, la política para los políticos.

A mí me encantaban las historias que contaba Tomer sobre Israel: el mar muerto, el desierto, las cascadas de Ein Guedi, los peces del Mar Rojo, la imagen de Jordania desde Israel, la frontera con Egipto. Desde mi ignorancia, todo me parecía como sacado de una película, y pensaba que me encantaría ir a visitar todos esos lugares con un Jeep o con camellos, tipo safari en el corazón de África.

Poco a poco fui conociendo más cosas sobre Israel. A través de familiares y amigos que venían de visita a Madrid con fotos, videos caseros de cumpleaños, fiestas, excursiones, bodas. Descubrí entre otras cosas lo pequeñito que es el país, y que mi fantasía africana era un tanto exagerada. Sin embargo, a pesar de toda esa información y la normalidad de la misma, el miedo ante lo desconocido, me hacía preguntarme: ¿pero qué pintas tú en Israel?, ¿a ti qué se te ha perdido ahí? Pues, mi media naranja, nada más y nada menos.
Al cabo de 4 años de novios tomé la decisión. Si Tomer era el hombre de mi vida, entonces yo debía conocer su país y su cultura de primera mano. Así fue, un poco a lo loco, compramos el vuelo para la siguiente semana.

Los días previos al vuelo, me fue imposible disimular la excitación, pero también la ansiedad y el nerviosismo que este me producía. En el fondo, fondo, fondo, para mi Israel significaba lejos, arena y miedo, es decir, lo que veía en la tele. Mis amigos y familia se mostraban preocupados e intentaban hacernos cambiar de opinión y retrasar el viaje, ya que siempre les parecía mal momento. Tomer se partía de la risa ante el show surrealista de los preparativos y las despedidas y decía: ¡tranquilos que no va a ir a la guerra, se va a la playa con una cervecita a ponerse morena! Yo le miraba incrédula.

Cinco horas y 30 minutos separan una fresca mañana metropolitana en Madrid y un zumito de naranja con zanahoria en una húmeda tarde en Shenkin. Mi primera impresión, fue que nada se parecía a lo que me había imaginado. Era increíble, estaba fascinada, todo me parecía tan interesante, tan exótico. Caminando por las calles de Tel Aviv entre todas esas joyas de edificios bauhaus y eclécticos, a veces ruinosos y encantadores, a veces obscenamente deteriorados y pervertidos entre terrazas cerradas, aires acondicionados e instalaciones sanitarias que cruzan sus fachadas indiscriminadamente, pero en su conjunto, sin saber dónde estaba, perdida en Tel Aviv me pareció una ciudad mágica llena de porquería.

En las calles comerciales me parecía divertido sentirme una auténtica analfabeta por primera vez en la vida, letras ilegibles llenas de luces y colores, destartalados carteles por aquí y por allá. Un maniquí asomado en un balcón ruinoso encima de un kiosko multicolor, esa imagen me hizo pensar que debería llevar la cámara de fotos conmigo todo el tiempo. Cuántos contrastes, olores, sonidos, lo cosmopolita mezclado con lo cotidiano, que originalidad, chabolas y rascacielos ejecutivos y surferos esperando a cruzar el mismo paso de cebra.

Una ciudad que parece un pueblo grande y que no duerme, llena de vida y de gente joven e informal que hablan en distintos idiomas, con distintas culturas dando como resultado un conjunto social de lo más “indi” al margen de las tendencias y con espíritu cultural. Por fuerza debe de ser enriquecedor tanta mezcolanza tanto mix. Me sorprendió muy especialmente descubrir la armonía existente con la cultura árabe ya sean musulmanes, cristianos o judíos. La cercanía de ambas culturas, lo integrada que está la cultura árabe y su gastronomía. Desde España, es un concepto impensable, pues resulta extraño que en Israel viva gente árabe en general y musulmana en especial.

Durante un mes viajamos por todo el país de norte a sur, de hoteles y acampadas y siempre fui muy bien acogida, lo primero que me preguntaba la gente que encontrábamos era: ¿at yeudiá? Y yo contestaba “lo ani Leti mi sfarad” y seguido ¿at mi Real Madrid o Barça? “¡ aha! La pregunta del millón”, les contestaba yo.
Me quede encantada con todo Eretz Israel, especialmente con el yam hamelaj, parece un lugar atemporal, detenido en un instante. También me impresionó que tantos lugares tan especiales, tan diferentes e incluso climas tan cambiantes se dieran en un territorio tan pequeño, todo está cerca.

Volvimos a Tel Aviv y nos instalamos en nuestro pisito bauhaus auténtico en pleno centro de la ciudad. Tomer empezó a trabajar en un conocido estudio de arquitectura y yo decidí apuntarme al Ulpán. Fue toda una experiencia que recomiendo a todo el mundo que llegue a Israel por primera vez.

No se trata sólo de aprender hebreo, lo divertido es que conoces a gente de todos los rincones del mundo, de todas las culturas, edades y oficios, cada uno con sus historias, llegados hasta aquí algunos por amor, otros por trabajo, otros por creencias religiosas, lazos familiares o culturales y todos juntos en clase, recién llegados a un país donde no conocemos a nadie o a casi nadie y casi nada. Juntos compartimos como una piña nuestras primeras experiencias. En la playa, de cenas, partidos de volley, roof partys con nuestras parejas y nuestras muestras culinarias, orgullosos de compartir con los demás un trocito de lo que somos. Alegría y diversión non-stop.

Tomer estaba encantado con su trabajo, asíque decidimos alargar un año nuestra estancia, antes de volver a España y abrir nuestro propio estudio de arquitectura que era nuestro sueño compartido. Decidí tomarme un año sabático, como los chicos y chicas que terminan el servicio militar, terminar arquitectura en mi país es algo muy parecido a la mili, ya que la media nacional es de 9 años, justo el tiempo que me llevó acabar los estudios.

Los meses pasaron volando entre aviones a Madrid cada 3 meses para renovar el visado de turista, experiencia que no recomiendo a nadie, terrible sensación de saber que tengo que tomar un vuelo, sola, no judía y sin más relaciones con el judaísmo que mi novio que no estamos casados, ¡sospechosa seguro!, no ha fallado ni una vez. Me aprendí el protocolo de memoria: la entrevista, el registro, otra entrevista, llama a Tomer y me entretenía comparando los números que te pegan por todas partes y pensando oh!
La otra vez me pusieron un 3 y hoy un 5, ¿resulto hoy más sospechosa? e intentaba descifrar los códigos que escriben 735, 345, todo un misterio. Al menos, nunca me han puesto un número por debajo de 5, que conozco a quien sí, y es terrible. Lo del aeropuerto es lo que peor llevo, sin duda alguna. Se pasa fatal y advierto a mis amigos que vienen de visita, pero ni con esas, salen de la terminal con ganas de llorar, ¡muy fuerte!

Poco a poco, muchos amigos del Ulpán fueron regresando a sus países por diversos motivos: rupturas amorosas, por estudios o trabajo, por inadaptación en fin, fue muy triste pero a la vez fui integrándome más aun si cabe y de forma inconsciente. Tras un año, empecé a comprender más sobre la vida en Israel, por ejemplo, que los coches no paran en los pasos sino que aceleran, que lo de hacer cola en el autobús o en una tienda es de tontos o turistas, en las discos entra quien elige el portero entre un rebaño de personas aplastadas. Empecé a cansarme de la rutina e intenté buscar un trabajo, de lo que fuera, menos arquitectura,aún me sentía un poco empachada y absorbida por ella.
Fue imposible, pues no tenía permiso de trabajo y para conseguirlo tenía 3 opciones: convertirme al judaísmo, casarme con Tomer o hacernos pareja de hecho en el misrad apnim, ya que nadie te ofrece un contrato si no estás en una de esas condiciones. ¿Para qué empezar un proceso burocrático si voy a volver a Madrid?

Una mañana, mientras reflexionaba sobre la tercera opción, pareja de hecho, una conocida israelí recién casada me llamá para que les ayudara con un pisito que acababan de comprarse. Altruistamente y al tratarse de una reforma interior, para la que, en Israel, no se necesitan licencias, les ayude en el diseño de la redistribución interior, instalaciones y decoración. Acabamos todos muy contentos y muy buenos amigos, tras 3 meses de trabajo. Sin darme cuenta, acababa de empezar lo que ahora es mi vida en Israel.

Tomer y yo somos hoy pareja de hecho, hemos abierto un pequeño estudio de arquitectura con el que estamos haciendo realidad nuestros sueños comunes. Nuestras perritas Nana y Mini viven aquí con nosotros con pasaporte español, mi madre viene cada año de vacaciones por que se ha enamorado del país y yo cada x tiempo que siento morriña, vuelo 4 horas y media que no es nada y me planto en Madrid. de visita.

Fuente: aurora-israel.co.il/

Anuncios

4 comentarios

  1. Me encanta esta historia la tomo prestada y la publicaré!!!

    Me gusta

  2. Mira estoy recordando mi primera visita a israel, las preguntas del aeropuerto tanto para salir de españa como para salir de israel es una odisea,jajaja pero el pais me encanta.

    Me gusta

  3. Excelente historia para los que aún creen que Israel es como dijo tu novio: “Ir a la guerra”. Terminas en la playa con una cerveza

    Me gusta

  4. Genial tu historia. Yo ahora estoy en Israel y quiero registrarme como pareja de hecho en la embajada de España pero no me dejan porque dicen que en este país ese status no se reconoce. ¿Tú lo hiciste en Israel o en España?. Gracias,

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: