La ola

La olaDIRECTOR Dennis Gansel
GUIÓN Dennis Gansel, Peter Thorwarth
REPARTO Jürgen Vogel, Frederick Lau, Jennifer Ulrich, Max Riemelt, Christiane Paul, Elyas M’Barek, Jacob Matschenz, Cristina Do Rego, Maximilian Mauff, Maximilian Vollmar, Ferdinand Schmidt-Modrow, Tim Oliver Schultz, Amelie Kiefer, Fabian Preger, Odine Johne

Sinopsis

En la Alemania contemporánea, el profesor Rainer Wenger idea un experimento con el fin de explicar a sus alumnos los mecanismos de los gobiernos totalitarios. Para ello, implanta una disciplina estricta en el funcionamiento de la clase y un fuerte sentimiento de comunidad entre los estudiantes. Con el paso de los días, esta experiencia didáctica se va convirtiendo en algo real y peligroso, creando una espiral de violencia que incluye agresiones y aislamientos. Ya es tarde para echarse atrás.

“La ola” es un drama alemán que, basándose en la inquietante novela de Morton Rhue, bucea en los entresijos del totalitarismo para reflexionar si es posible que se vuelva a repetir un momento histórico como el del Tercer Reich. La película, como el libro, se inspira en un hecho real que tuvo lugar en 1967 en el Instituto Cubberley de Palo Alto (California): un profesor lanzó un experimento a su clase para que comprendieran los mecanismos del nazismo, dando como resultado un sistema de obediencia extrema que acabó en un movimiento real (La Tercera Ola) y varios episodios de violencia.

El director del filme, Dennis Gansel (Napola), interviene en un elenco de actores encabezado por Christiane Paul (Mi nombre es Bach), y un largo etcétera de intérpretes alemanes poco conocidos en nuestra cartelera. “La ola” ha participado en festivales internacionales tan prestigiosos como Sundance, ha sido nominado a los Premios del Cine Europeo y ha triunfado en los galardones concedidos por la industria germana.

Crítica

“Napola”, penúltima película de Dennis Gansel, prefiguraba ya la luz roja de alarma que suena a todo trapo a lo largo y ancho de los inquietantes 120 minutos de “La ola”. Entonces se cuestionaba Gansel, y en el empeño lanzaba un interrogante abierto a la sociedad alemana, hasta qué punto el pasado totalitario de Alemania era ´sólo´ una sanguinaria experiencia piloto de la que avergonzarse anclada ya en la noche de los tiempos. “Napola” elucubraba sobre el papel de la juventud de la alta burguesía en el régimen de terror nazi, sobre la maleabilidad asustante de sus conciencias en manos de un titiritero carismático y demagogo. Eran los soldaditos del régimen, educados en la rigidez de una disciplina espartana, dispuestos a seguir ciegamente la inercia del discurso imperante enajenados en pos de un ideal que los unía en la demencia. Gansel hacía entonces cine-historia, y aunque ahora recicla el envoltorio en un esquema de historia-ficción, ambas películas se suceden con una coherencia casi perfecta.

Viajamos del ´qué pasó´ al ´qué pasaría si´, pero la experiencia histórica que inmortalizaba “Napola” es tristemente el espejo en el que se mira “La ola” para aseverar que, después de todo, el totalitarismo es un fantasma vivo y coleando. Para comprender la amplitud en perspectiva de la escalofriante reflexión se impone el visionado conjunto de ambas películas como partes de un díptico indisociable. Pero el apocalíptico oportunismo de “La ola”, más allá de sus virtudes y defectos fílmicos, se basta y se sobra para colocarnos frente al precipicio de una amenaza latente peligrosamente plausible.

Basada en hechos reales, la última película de Dennis Gansel reconstruye con licencias dramáticas varias y con intercambio de contexto el experimento sociológico puesto en práctica por un profesor de instituto norteamericano hace ya unas décadas para demostrar a sus alumnos que el fascismo no era un fósil. El ensayo se le fue de las manos para, de esa manera, demostrar hasta qué punto sus temores tenían vigencia. Gansel no se queda en el umbral de la dramatización exhaustiva de aquel suceso. Su película es una película del siglo XXI y las variantes generacionales juegan un papel decisivo en el meollo de su ficción.

“La ola” es una película apasionante por la lucidez terrorífica de su discurso, por el valor social y sociológico de sus imágenes. El fascismo es un germen, un virus latente que sólo necesita un desencadenante puntual para generar una infección a gran escala. Más aún, y es ahí donde la cinta hace más daño, en un contexto sociopolítico tan degradado como el actual en el que, qué miedo, se dan casi todos los requisitos históricos (crisis económica, perspectivas laborales bajo cero, emigración masiva, crisis en la identidad nacional…) que sostienen el surgimiento de las utopías totalitarias.

A Gansel se le va la mano con las ramificaciones escolares del fenómeno dibujando una hipótesis de credibilidad dudosa. No se entiende la pasividad crónica del instituto en el que se extiende el tumor, ni la improbable ambigüedad moral e intelectual del profesor-führer que maneja los hilos del experimento. “La ola” es un filme de credibilidad cuestionable por mucho aval que sean sus fuentes verídicas. Habrá además quien acuse a Gansel de sensacionalista, de abanderado de un efectismo fácil por culpa de un desenlace extremo y sin contemplaciones. Pero es precisamente ese controvertido fin de fiesta el que ubica su película en el contexto crítico de una modernidad de adolescencias hiperviolentas.

De hecho es posible que su película sea más sugestiva como espejo sociológico, como demencial juego de rol para mentes enfermas en imágenes, que como obra cinematográfica propiamente dicha. Sea como fuere el filme provoca, sacude los adentros, prohíbe la indiferencia y da pie a un debate social apasionante. No poco, vaya.

Fuente: 20minutos.es

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Una respuesta

  1. Queridos amigos: Os invito a compartir un vídeo, que fue filmado en mi intervención en el encuentro de educadores que tuvo lugar en Barcelona, con motivo de los talleres dirigidos por Noemi Paymal sobre Pedagogía 3000. Su título es “Educar más allá de las creencias: liberando al corazón”. A ver qué os parece…
    La dirección para acceder a él es:

    Felices encuentros. Un cordial abrazo
    Carlos González
    P.D Temática del vídeo:
    ¿Cómo puede un maestro empoderar a sus alumnos? O lo que es lo mismo:
    ¿Dónde está nuestro poder para cambiar las cosas que no nos gustan, para cumplir nuestros sueños….? ¿Por qué no podemos aplicar todo lo que hemos aprendido en seminarios y talleres? ¿Qué nos impide como educadores enseñar de otra manera? ¿Qué pasa con nuestro valor…? ¿A qué tememos y por qué…?
    No existe la cobardía, sino los obstáculos al valor
    Esos obstáculos están en nuestras creencias, muchas veces invisibles para nosotros mismos. Reconocerlas y saber jugar con ellas es la clave para ceder el poder al corazón, y conseguir el empoderamiento de nuestros alumnos o hijos.
    Para más información:
    ladanzadelavida12.blogspot.com

    Me gusta

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