Una Parábola

armageddon3Los judíos colonizaron la luna en 2053, justo alrededor de cinco años después del fin de las Guerras Islámicas de los ’40, donde el Medio Oriente, e Israel por supuesto, había sido arrasado por armas nucleares. Los dos millones de judíos que quedaron en todo el resto del mundo – menos de 100.000 en total en todos los países islámicos – se unieron y compraron el lado oscuro de la luna, que ninguna otra empresa o pueblo deseaba colonizar.

Se organizaron grandes transportes a través del elevador espacial de 100.000 kilómetros y del Trasbordador Espacial, y todos los judíos de la tierra – incluyendo a cualquiera que alegara alguna ascendencia judía, cualquiera que fuese – partieron a un lugar donde nadie pudiera culparlos de nada.

La Tierra se regocijó – felizmente libre de todos los judíos. Hubo enormes fiestas por toda Suecia y el resto de Europa, África, Asia, Sudamérica y Norteamérica (Ahora conocida como la Alianza Nórdica de Estados Islámicos, después de que Estados Unidos, en las elecciones de 2040, fuera asumida pacíficamente por un Congreso y un presidente, predominantemente musulmanes, los que, inmediatamente, aprobaron enmiendas convirtiendo al Islam en la principal religión de Estados Unidos y del mundo).

Después de que el último judío entró al elevador (un David Goldstein, 62, antes de Nueva York), la tierra fue oficialmente declarada Judenrein por Hans Ibn Hitler, un tataranieto de Hitler que había sido criado en Brasil y ocultado por nazis hasta ese precioso momento.

No fue una empresa fácil para los judíos pero, de algún modo, no fue diferente de todas sus empresas de épocas anteriores. Algunos ex israelíes (todavía vivos porque estaban fuera de Israel cuando cayeron las bombas) alegaron que era más fácil manejarse en la luna porque no había extremistas musulmanes. Por supuesto, esto precipitó una gran discusión con algunos judíos, que sentían que no tener cerca a musulmanes radicales no era suficiente desafío. Otros judíos argumentaban que domesticar un páramo sin atmósfera, vegetación ni vida animal y con temperaturas bajo cero era suficiente desafío. Y aún otros judíos argüían que discutir era contraproducente. No fue sorprendente para nadie que, para los dos millones de judíos, hubiera, eventualmente, un millón de sinagogas (el otro millón de judíos no se adhirieron).

Tampoco fue sorprendente que, en sólo tres años, los judíos habían creado un medio ambiente controlado que permitía un fantástico crecimiento y producción de plantas y animales. Los transportes, que habían sido denominados las Arcas, también habían llevado dos ejemplares de cada animal y planta (recuerden, Noé) y, a través del ingenio de los judíos y la clonación, había ahora nuevas especies que aceleraron la producción de alimentos (vacas con seis ubres, gallinas con cuatro patas y así de seguido). La población creció rápidamente y, debido al increíble grupo de cerebros científicos y médicos, muchas enfermedades, y aún el envejecimiento, habían sido reducidos a cero.

Había también un ministerio de comunicación con la Tierra, constituido por los remanentes de los productores de Hollywood y realizadores de películas, que mandaban a la Tierra retratos de la vida en la luna. Por supuesto, había sido decidido, cuando los judíos apenas llegaron a la luna – basados en seis mil años de historia de pueblos celosos de los logros judíos – que la cobertura de las noticias acerca de la población lunar serían ‘cinematografizadas’ mostrando sólo cosas horribles. La industria fílmica, dirigida por Jordan Spielberg, hizo todo lo posible para fabricar cortos de noticias mostrando judíos apenas sobreviviendo en el duro hábitat lunar. Artistas e ingenieros trabajaron para ocultar los vastos éxitos medioambientales con cúpulas ilusorias que mostraban masivas áreas de páramos – para el caso de que alguien de la Tierra mandara alguna vez una nave espacial con cámaras para ver qué es lo que estaba sucediendo.

Pero nadie lo hizo nunca y los años pasaron rápidamente; una década, después otra. Bar mitzvahs, casamientos, brises, todos celebrados bajo el mundo artificial que los judíos habían creado – no sólo no había sido tan malo, sino que para el final del siglo, algunos autores judíos llamaban a la colonia lunar ‘Edén 2’.

Por supuesto, otros judíos discrepaban. Hasta hubo competencias de debate pero, en general, había paz. Cualquiera que amenazara la paz era obligado a participar en una competencia con gente discutiendo acerca de porqué esa persona estaba equivocada. La competencias se extendían durante días (a veces durante semanas), hasta que el alborotador rogaba ser perdonado (Muchos castigos, en la luna, eran similares a éste, y eran extremadamente efectivos).

Volviendo a la Tierra, la vida se desintegraba sin los judíos. Hubo un retorno al pensamiento medieval. Sólo era válida la religión actual del día – todas las demás eran mantenidas legislativamente en la pobreza hasta que estallaba una guerra y las posiciones cambiaban por unos pocos años.

Apareció otra increíble anomalía cuando no quedaba ningún judío en la Tierra – ¡el antisemitismo, en realidad, creció en proporciones monumentales! Famosos oradores explicaron esto, simplemente diciendo: ‘No tengo que tener un arma para tener miedo de que mi cerebro estalle’. Adicionalmente, sin la presencia de judíos, el mundo desarrolló un increíble mal del que no había salida (Males previos siempre se habían enfocado en los judíos. Un rabino en la luna dijo que, en realidad, D-s le habó y que la dijo que Él, D-s, estaba por destruir la Tierra porque todos en la Tierra eran malvados. El rabino le rogó que lo reconsiderara, y regateó diciendo que si quedaban 1.000 personas buenas en la Tierra, D-s debía mantener el planeta. Entonces D-s le dijo al rabino, ‘Hey, yo pasé por esto anteriormente con Abraham y Noé y ya conozco la respuesta porque yo soy D-s’).

La gente se rió del rabino, pero entonces, un día, mientras todos los ciudadanos lunares estaban yendo a sus asuntos, una enorme serie de explosiones fue vista en la Tierra. Todos en la luna tenían la vista fija en las distantes bolas de fuego que parecían envolver al planeta azul que alguna vez había sido su hogar.

A pesar de que había habido un gran enojo por haber sido forzados a abandonar la Tierra, el verdadero espíritu del judaísmo siempre estuvo presente en la luna, y nadie deseaba el mal sobre su anterior hogar. Como en la tradición del Seder (cuando el vino fue derramado porque murieron los egipcios, y no nos regocijamos completamente aún cuando un enemigo ha muerto) cuando los judíos vieron lo que ocurría, comenzaron a llorar y a orar, y observar cuales eran las noticias finales emitidas desde la Tierra. El horror del Apocalipsis fue grabado en video por cámaras hasta que toda la electricidad fue ionizada por las nuevas bombas electrónicas. Países enteros fueron borrados en el parpadeo de una explosión iónica. Y entonces llegó la transmisión final de la nación que había iniciado el completo caos – era un titular desesperado gritado por cientos de locutores que se estaban muriendo. Su despotricar continuó hasta que estuvo todo negro. ¿Qué decían? Mientras los judíos observaban, algunos jadeaban, otros lloraban, y unos pocos reían. Porque las últimas palabras de la civilización que desaparecía, era una condena. ‘Los judíos han causado todos nuestros problemas – ellos nos dejaron aquí para enfrentar el caos que ellos crearon. Si los judíos no se hubieran llevado a todos los mejores científicos e ingenieros, podríamos haber derrotado a nuestros enemigos. ¡Nuestros enemigos son los judíos! Maten a todos los judíos’.

Tomó un tiempo, pero los expertos electrónicos reunieron las piezas de lo que había ocurrido en la Tierra durante sus últimos días. El antisemitismo, que creció más y más fuerte desde que los judíos se habían ido, había llegado a su pináculo, y todos los países del mundo habían decidido lanzar un ataque masivo a la luna. El ataque había sido coordinado por las Naciones Unidas y, aunque todos lo misiles habían sido lanzados apropiadamente, hubo cierto tipo de falla en el sistema de dirección, que resultó en que todas las armas colisionaron en la atmósfera superior y cubriendo la tierra con una lluvia mortal de fuego nuclear, destrucción electrónica, y un generalizado mal día. El error provocó un respuesta militar de todas las naciones (para entonces todas poseían armas nucleares – más algunos otros horrorosos juguetes), y el resultado fue verdaderamente un Armageddon.

Los judíos en la luna iniciaron un período de profundo duelo. Los ortodoxos alquilaron sus ropas y hubo sesiones masivas de orientación. Y entonces, alrededor de una semana después del GRAN DÍA, como fue denominado, se detectó una presencia dirigiéndose hacia la luna. ¿Uno de los misiles había escapado? ¿Estaban los judíos condenados después de todo? Los líderes revisaron con los expertos en defensa – no, este no era un misil, era una nave espacial antigua, como una de las usadas a principios de los setenta. Mientras se aproximaba, la defensa láser se preparaba en contra de la nave. Hubo furiosos debates sobre si la nave debía ser destruida o serle permitido acercarse lo suficiente como para comunicarse con ella.

Un mensaje de la nave vino justo a tiempo. Decía, ‘Somos los últimos representantes de la tierra – dos de cada país y venimos en son de paz’.

Algunos judíos se regocijaron porque hubiera sobrevivientes, otros exigieron el aislamiento o la muerte del grupo que se aproximaba.

El rabino que había tenido la visión de la destrucción de la tierra les dijo a los líderes que D-s quería que ellos tuvieran una oportunidad, así que se le permitió circunvalar la luna. Cuando se les dijo que podían tener una sección de tierra para sí mismos para cultivar y para repoblar, los terrícolas se ofendieron. Les dijeron a los judíos que se les debería permitir vivir con los judíos y tener los mismos privilegios – porque, después de todo, en el judaísmo, al extranjero se les otorgan los mismos derechos y privilegios que al ciudadano.

Al escuchar esto, los líderes fueron al rabino con las visiones, y él se ofreció a guiar a los visitantes a su nuevo hogar. Los líderes le permitieron dar las instrucciones para el alunizaje. Por supuesto, no confiando en el rabino, el comandante de la nave no prestó atención a su consejo y, en cambió, se estrelló en un cráter lunar.

Y así tenemos los días finales de la historia del planeta Tierra, que fue generosamente compartida con nosotros por la colonia judía del Sistema Solar 453 de la Galaxia M. Aunque la tierra es actualmente inhabitable, el ingeniero jefe de la colonia judía de Marte nos dice que Venus estará completamente colonizada para el año 2120 y, con replantación continua, la Tierra volverá a estar lista para que los judíos vuelvan de otros planetas en el año 2136.

Una interesante nota al margen – entre las ruinas del cohete con los sobrevivientes de la tierra, había un paquete marcado especialmente que había sobrevivido, el que incluía las siguientes palabras: ‘Alguna vez había un gran planeta llamado Tierra. Y había muchos pueblos en este planeta, y existían pacíficamente unos con los otros, a excepción de los judíos. Donde quiera que hubiera judíos, había problemas. Los judíos traían suciedad, muerte, odio y conflictos. Finalmente fueron desterrados de nuestro planeta, llevándose con ellos muchos grandes inventores, científicos y doctores, dejando la Tierra sin nada. Hemos decidido destruir los remanentes de los judíos y, dado que el primer intento falló, somos la última oportunidad para la tierra. El que encuentre esto conocerá la verdad – toda la culpa fue de los judíos’.

Esta pieza se ha salvado y está en exhibición en el Museo Memorial de la Tierra en el Cráter Rivka, N.O., para todos los viajeros que deseen ver los restos de una civilización que no entendió las palabras – ‘El que bendice a los judíos, él mismo está bendecido. El que maldice a los judíos, él mismo está maldecido’.

Shalom

El escritor de esta brillante pieza permanece desconocido.
Fue colocado en un blog en internet el 18 de junio de 2009.
Traducción del inglés para Porisrael: José Blumenfeld

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