Escudé: Fui católico, agnóstico y ahora soy judío

escude
 La conversión al judaísmo del mentor de las “relaciones carnales” con EE. UU. en los ‘90.

05-08-2009
http://www.elargentino.com/nota-52339-Fui-catolico-agnostico-y-ahora-soy-judio.html
Por Sebastián Catalano

Carlos Escudé está en Israel y espera. Es una espera tan larga como espiritual y trascendente. La más trascendente, quizás. Hasta hace pocos meses no esperaba —o no le importaba—, pero ahora sí. A los 60 años, este doctor en ciencias políticas, alumno de Yale y Oxford, experto en relaciones internacionales y polémico creador de la doctrina de “relaciones carnales” del menemismo con EE. UU., abandonó toda una vida de férrea educación católica, que devino en una madurez agnóstica, para convertirse al judaísmo. Se circuncidó, tomó el nombre de Najmán ben Abraham Avinu y, aunque es un judío conservador, luce una barba que sería la envidia del más ortodoxo, pero que no es de ahora sino de casi toda la vida. Ahora puede disfrutar de la religiosidad a sus anchas, dice. Ya no cree —nunca creyó, en realidad— que Jesús sea el Mesías de la paz que anunciaron las antiguas profecías. Al Mesías ahora lo espera.

Es sábado. El calor seco bajo el sol de la capital del Estado de Israel se siente en la piel. Escudé llega de caminar por la Ciudad Sagrada, y del otro lado del teléfono suena exultante. Viajó para inaugurar la Sección Latinoamericana del 15º Congreso Mundial de Ciencias Judaicas, que se hace cada cuatro años en la Universidad Hebrea de Jerusalén, y si bien ya conocía la Tierra Prometida, es la primera vez que pisa Jerusalén como judío.

Controvertido y ecléctico, sus ideas políticas siempre lo ubicaron muy cerca de EE. UU. e Inglaterra. Demasiado cerca, para sus críticos. Y a nivel local, fue un antiperonista genético que, sin embargo, asegura haber perdido casi todos los “pelos de gorila”. Por estos días, y si bien no lo dice con todas las letras, está a un paso de definirse como kirchnerista. Capaz de pararse en medio de un bar porteño en el que trasmiten un partido de fútbol para lanzar un provocador grito de “God save the Queen” sólo para fastidiar a la afición futbolera presente, o de ponerse a recitar por televisión a Shakespeare en un inglés “so british”, Escudé habla de las retenciones, de Obama, de Perón, de Cristina y Néstor y del álgebra detrás de su conversión. Y de los miedos de mamá.

– ¿Se cansó de ser católico?

– Nací católico: me bautizaron, tomé la Comunión y la Confirmación y me casé por iglesia. Pero siempre tuve una pelea interna muy fuerte con el catolicismo porque me obligaba a creen cosas en las que no podía creer. No creo que el Mesías haya pasado por este mundo porque ninguna de las profecías bíblicas que lo describen se cumplió. Después es álgebra: cristianismo menos idea de que el Mesías no pasó por acá, es igual a judaísmo.

– Católico, agnóstico, judío… ¿Cómo tomó la decisión?

– Fue un proceso largo. En un momento se produjo un hecho en mi vida que no puedo hacer público y me decidí. Tenía ganas de ser religioso por primera, pero sólo podía serlo en el contexto de una religión que no me impusiera una teología maximalista, sino un credo minimalista. Para ser judío sólo hay creer que hay un Dios creador. El judaísmo no estipula la salvación por la fe. Uno, en todo caso, se redime por sus obras. No podía ser religioso sintiéndome obligado a ser intelectualmente deshonesto, creyendo que el pan se convierte en carne y el vino en sangre. Además, nunca pude aceptar la idea sacramental que el sacerdote es un intermediario entre Dios y el hombre, que tiene el poder de absolver o no. El rabino no es intermediario, sino un maestro.

– ¿Era tan fuerte la necesidad de vivir esa religiosidad?

– Sí, desde siempre, pero sólo encontré trabas. En mi temprana juventud intenté fervientemente ser católico, hasta tuve una época de comunión diaria. Mis compañeros de facultad se acuerdan de esa época, son los únicos, por suerte (risas). Tengo una tendencia religiosa fuerte desde siempre. Pero soy librepensador. Participé en el programa “Creencias”, del canal Infinito, que se hizo en 2006, pero que todavía pasan. Ahí cumplía el rol del agnóstico, porque así me sentía. Daniel Goldman, que luego sería mi rabino, me cuenta que me vio cuando me exasperé y le arrebaté la Biblia al pastor que estaba a mi lado al grito de: “Dios no cabe en este librito”. Goldman dice que luego de esa escena pensó: “Éste es el único que cree en Dios”.

– ¿Cómo tomó su esposa su conversión?

– Muy bien. Ella es católica, pero me acompañó a todas las clases del curso de conversión. No se convirtió pero estuvo al tanto de todo. A veces me acompaña al templo.

– ¿Alguien de su entorno se opuso?

– Alguien a quien admiro y respeto estuvo enojadísimo conmigo. Nunca logré entenderlo, no pudo verbalizar lo que le pasaba de manera racional. Pero seguimos siendo amigos… Bueno, en realidad, mi mamá tampoco se lo tomó bien en un primer momento, no quería que me convirtiera, pero también ya se le pasó. Es muy agnóstica, pero en el fondo creo que le incomodaba socialmente que su hijo se hiciera judío.

– ¿Socialmente? ¿Por qué?

– Y… ¡qué sé yo! No sé, no sé. Ella tiene su círculo de amigas, juegan al bridge y son todas católicas. Me imagino que dar explicaciones sobre una decisión tan poco común la incomodaba.

– ¿Qué disfruta de la liturgia judía?

– Cantarle alabanzas a Dios, y rezarle a un solo dios y nada más. Y cantar. Aunque el Sabbath dura el doble que la misa católica, no es nada aburrido. Uno canta y da rienda suelta a sus impulsos místicos naturales.

– Uno de los dilemas de la religión judía es que los hijos de los judíos abandonan el credo de sus padres, con cifras que llegan hasta el 50 por ciento en la Argentina. El historiador Harold Bloom dijo que pensaba que el judaísmo iba a terminar, como religión, en un siglo. Marx pensaba igual. Y a partir de 1948 hay un Estado judío por primera vez desde los tiempos de los macabeos, hace casi 2.000 años. La “ciencia” pronostica el fin, pero el milagro siempre se repite desde 586 Antes de la Era Común (cuando se destruyó Jerusalén). Por algo será…

– ¿La Argentina es un país antisemita?

– No particularmente. Muchos de mis amigos se enojan por esto que digo, pero lo cierto es que somos un país cuyo presidente en 2007 y cuya presidenta en 2008 hablaron ante las Naciones Unidas y denunciaron a Irán por los atentados contra la AMIA. Frente a gestos como ésos yo no puedo ser un opositor acérrimo a este Gobierno, sin ser un kirchnerista con mayúsculas. Pero siempre hubo antisemitismo.
En la clase alta tradicional es respetable ser antisemita. Es así. Y hasta la Segunda Guerra pasaba lo mismo en los EE UU. e Inglaterra, pero aprendieron. Acá ese aprendizaje nunca se dio.

– En lugar de eso, muchos acusaron, y acusan, a Juan Perón de haber protegido a jerarcas nazis.

– Es importante recordar que cuando se creó el Estado de Israel el presidente argentino era Perón. Él siempre tuvo una buena relación con Israel. Y esto a pesar de que muchos de los que lo rodeaban sí eran antisemitas. Pero el registro histórico no muestra que Perón lo haya sido, y sus actos de gobierno apuntan en sentido contrario. Lo remarco yo, hijo de un militar revolucionario del ’55, que ya perdió casi todos los pelos de “gorila”, pero que aún no nació al peronismo y es posible que nunca lo haga (risas).

– ¿Cómo definiría a Cristina Kirchner?

– Cristina me debe odiar. Las únicas veces que la vi, en canales de tevé a fines de los ’90, tuvimos peleas espantosas. Yo defendía el acuerdo de Hielos Continentales y ella estaba empecinada en destruirlo. Y como los que la conocen dicen que es rencorosa, creo que no me quiere nada. Pero así y todo tengo que decir que el ensañamiento de la oposición para con ella es absolutamente injusto y bochornoso. Ella y su marido comandaron un proceso de recuperación asombroso de la producción industrial, mucho más allá del llamado “rebote”. Algunos dicen que es gracias a la soja, pero momentito: para que eso sea sí tiene que haber una política inteligente y justa de transferencia de recursos.

– ¿Son justas las retenciones a la soja?

– Es justo que haya una traslación de ingresos del campo a la industria para posibilitar la recuperación del empleo. Pero frente a esa política ocurrió una rebelión fiscal porque la clase media argentina, como ocurre en otros países de la región, no está dispuesta a bancarse la presión fiscal de las democracias avanzadas. Esa rebelión tuvo consecuencias políticas deplorables. Muy pocos en el país recuerdan que en 1794, George Washington, como primer presidente de EE.UU., se encontró con el whisky a precios muy altos e impuso un tributo. Los granjeros de Pensilvania se rebelaron y el presidente movilizó a 14.000 soldados y terminó con la rebelión de los granjeros.

– Bueno, estamos en otra época. No parece que la solución esté en mandar soldados…

– No, claro, pero con ese ejemplo se demuestran dos cosas: que el Gobierno federal tiene el derecho a cobrar tributos y que frente a una rebelión fiscal tiene el derecho y la obligación de terminarla con la fuerza pública. Acá la clase media, por ejemplo, cree que tiene un derecho natural a tener servicio doméstico. Y para que esto suceda tiene que existir una clase marginal masiva. La burguesía local disparó contra los Kirchner una guerra de clases y va a perder. Puede destruir la gobernabilidad en el corto plazo, pero a largo plazo no puede ganar nunca. En América Latina tenemos la mayor concentración del ingreso, más que África incluso. En estas circunstancias sólo puede gobernar la izquierda. Mauricio Macri es el Jefe de Gobierno de la Capital, pero es un hecho momentáneo. Si alguien alberga la ilusión de que con esta concentración de ingresos puede haber una tendencia a la derechización del electorado en términos económicos y sociales, se equivoca. Eso nunca va a suceder.

– Si las presidenciales fueran hoy, ¿a quién votaría?

– Al Frente para la Victoria. Sin dudarlo.

– Cómo intelectual, ¿qué opina de la controversia Horacio Verbitsky-Marcos Aguinis, en el marco de los grupos Aurora y Carta Abierta?

– A las críticas que el Grupo Aurora eleva contra el Gobierno respondería que lo mejor es enemigo de lo bueno. Con argumentos que a veces son académicamente atendibles, apuntan contra el único proyecto que, desde el Rodrigazo de 1975, se dedicó a concentrar el ingreso nacional. Respecto de la disputa entre Verbitsky y Aguinis, prefiero no meterme porque tiene nombres y apellidos. Se convirtió en una disputa personal bastante patética entre dos argentinos talentosos que le dieron mucho al país.

– Tuvo una conversión religiosa, pero hace unos años también tuvo una económica. ¿Se arrepiente de haber apoyado el liberalismo de los ’90?

– Yo soy especialista en relaciones internacionales, y la economía siempre la dejé en manos del los economistas. Pero con la crisis de 2001 se me vinieron los esquemas abajo. Llegué  a la conclusión que desde 1975 hubo un poder detrás del trono dedicado a liquidar o estatizar deudas privadas, la “patria” y la “bicicleta financiera”. Fue así siempre, con excepción de la década de Carlos Menem, en la que privatizamos activos públicos a precios subsidiados: otra manera de concentrar ingresos. Con un método u otro, convertimos a la Argentina en un infierno. Si en la cesación de pagos de 2001, a la deuda le hubiéramos agregado los activos financieros de los particulares en el exterior, hubiésemos visto que éramos un Estado deudor con una sociedad acreedora. Eso es la definición de un país trucho.

– También fue el mentor de las “relaciones carnales”…

– Y estoy orgulloso de eso. En los parámetros significativos, la política exterior de Néstor y Cristina es similar a la de Menem, por más extraño que parezca. Y muy contraria a la de Alfonsín. Alfonsín no quería restablecer relaciones con Gran Bretaña, ni ratificar el tratado de Tlatelolco para la no proliferación de armas nucleares en la región, ni firmar el Tratado de no Proliferación Nuclear. ¡Y tenía un proyecto de misil balístico, el Cóndor II, en sociedad con Saddam Hussein! Menem cambió todo eso y los Kirchner mantuvieron los valores básicos de lo que yo llamo Realismo Periférico, que la prensa llamó “relaciones carnales”. Por eso el vínculo con EE.UU. es bueno, a pesar de los exabruptos de los Kirchner. Menem tuvo un Realismo Periférico de máxima y los Kirchner de mínima. Pero es lo mismo, aunque Cristina se enoje.

– ¿Israel tiene que aceptar la existencia de un Estado palestino?

– Yo aspiro a que haya un Estado palestino, y creo que es lo que piensa la mayoría de los israelitas. Pero es cierto que no existe porque en 1947, cuando la ONU decidió que la Palestina británica tenía que ser dividida en un Estado palestino judío y uno árabe, los árabes no lo aceptaron. Luego vinieron problemas cada vez más graves, pero el pecado de origen es árabe.

– ¿Las últimas medidas de Benyamin Netanyahu, como impulsar la evacuación de palestinos del este de Jerusalén, representan otro obstáculo para el proceso de paz en Medio Oriente que impulsa Barack Obama?

– Ni Obama ni Netanyahu contribuyen a la paz. Netanyahu es un intransigente y Obama es un iluso que no comprende que los palestinos no se conformarán con nada menos que la destrucción de Israel. La política de Obama para Medio Oriente ya fracasó. Sus advertencias huecas no funcionan, ni con Israel, ni con los palestinos, ni con Irán.

– El sábado hubo un atentado contra gays en Tel Aviv. Y algunos acusan de inspiración ideológica a sectores de la derecha para quienes la homosexualidad es aberrante. ¿Cuál es su posición, como judío, en este tema?

– Como ciudadano, estoy a favor de los derechos gay. Religiosamente, no tengo posición tomada. La Torá condena al varón que se acuesta con otro varón como si fuera una mujer, pero… ¡la homosexualidad es otra cosa! ¡Nunca es como con una mujer!

– ¿Se siente inseguro en Israel ?

– No, nada que ver. Hace un rato regresé de caminar por la Ciudad Vieja , de rezar por primera vez como judío en el Muro de los Lamentos. Jerusalén está hermosa y yo, encantado, obnubilado. Sólo mi mamá se preocupa, porque estoy en un país que ve como peligroso. Ella sí tiene un poco de miedo a los atentados. Pero es mi mamá…

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5 comentarios

  1. Bello ejemplo.
    Mente pre-clara.
    Si hay muchos como él se cumplirán algunas profecias…
    Enric

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  2. – Habría muchos más conversos al judaísmo, (aunque el judaísmo no lo pide) si no hubiera tanta ignorancia y tradición “folclórica” del antisemitismo.
    – Los primeros cristianos tenían que convertirse primero al judaísmo.
    – Pero, lamentablemente, es una muy buena ocasión para odiar y el hombre no se lo va a a perder.
    – Osvaldo

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  3. Carlitos es un inconsistente en su existencia; pues, de un ferviente católico a un abismal agnóstico, para luego terminar convencido de los dogmas de la religión judaica, no percibo más lo evidente de su deleznable fundamento en el cual está eregida su vida. ¡ Realmente me asombro de los virajes de este ” intelectual”¡ Pienso que Escudé anda en busca de esperanzas que lo absorvan en una especie de estado psicodélico “cuasi-perenne” para eludir dos inobjetables realidades que experimenta la humanidad : Su inrremediable finitud, y su soledad ante el incomensurable universo. Carlitos, lo grande es aprender a vivir sin promesas religiosas en esta altura de la historia, de lo contrario, es cosa del hombre de antaño. Para terminar, ¿ no te has preguntado ( ya que un tiempo fuiste escéptico) de que lo que has creido pudiera ser falso, y hallarte condenado ante YHVH? Soy un jovén apenas de 21 años de edad, y estoy persuadido de que cada ser humana debe determinar cuál va ser su distingo religioso o filosófico que va profesar durante toda su vida. Eso es consistencia. Disculpa mi mala redacción.

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    • No hay ninguna inconsistencia o incoherencia en lo que Carlos Escudé manifiesta. Así que, a los veintiún años, ya determinó por si mismo cuál iba a ser “su distingo religioso”. En el judaísmo no existen dogmas. El universo es grande, pero finito, y no es consciente de si. Nadie está obligado a creer en lo que no entiende. La diferencia entre un judío y un no judío estriba en decir esta frase. (Aunque hay otra diferencia, que es la que importa: nosotros, los judíos, bendecimos a nuestros hijos. ¿Le atosiga esta idea? Haga lo mismo. Bendiga a sus hijos pues.)

      El eco heideggeriano de lo de “irremediable finitud” suena bien, pero es demasiado estereotipado; por ello los epítetos como “deleznable” también sobran. Todos somos perfectamente libres de tomar el camino que más nos ande. Por otra parte, Eduardo, entendió Vd. mal, muy mal, el contenido de la Biblia, si es que algo le llegó de ella: Simplemente, no trata de la otra vida, ni del problema de la muerte; esa es una idea católica, cristiana: La Biblia habla de este mundo, de esta vida. Eso es algo que Carlos Escudé entendió, por lo que dice. La Torá es un libro de leyes, de psicología. Y de política. O, al menos, de cocina. Empiece otra vez, Eduardo. Por el principio. Y vea. Tiene tiempo (si Dios se lo da; es Él, y no Vd., quien va a decidir sobre cuánto tiempo le queda a Vd. y si va a reencarnarse en matorral, en aguadero de Bangkok, o en pescador de Kamchatka, o si no va a reencarnarse en absoluto y se va a convertir en lapicero y gracias, o si va a sentir los gusanos devorándolo, que eso es lo que dice el Talmud, para que aprenda; bueno; tome pues Vd. paciencia.)

      La Constitución argentina sí se demuestra inconsistente. Pero como no soy argentino, más bien algo uruguayo, pero poco, en su catolicidad constitucional no me voy a meter. Pero lo cierto es que, antes de esa Constitución, Matheu, Parera y Larreu (Larrea cuando escribieron mal) pensaban en otra cosa. Seguro. Así que no hable Vd. más de inconsistencias ajenas, y menos personales.

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  4. Netanyahu no es nada intransigente. Ni aplicando un baremo argentino. En todo caso, es un equilibrista. Nunca “evacuó” a “palestinos” de Jerusalén. Varias familias árabes vivían en propiedad ajena. La ley en Israel dice que si un arrendatario paga la renta no pasa nada: es un “residente protegido”. Pero, por cuestiones políticas, las personas a las que se alude no pagaban. Así que al cabo de quince años de pleito con los propietarios, el Tribunal Supremo ordenó a la policía echarlos, y ceder la propiedad a sus dueños. Nada que ver con Netanyahu, sino con la ley de Israel. Todo lo demás es puro teatro.

    El porcentaje de no judíos en la ciudad de Jerusalén es hoy día superior al que había en junio de 1967, sumando la parte israelí y la parte ilegalmente jordana de la ciudad.

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