ISRAEL ES UN ESTADO CANALLA

“La defensa más brillantemente audaz de Israel desde que Moisés dividió el Mar Rojo” - The Irish Independent

Israel es un Estado Canalla
Gabriel Latner
UN Watch Briefing, Vol. 264, 19 de noviembre de 2010

Este notable discurso fue pronunciado por Gabriel Latner, un estudiante de Cambridge, de 19 años de edad, en un reciente debate de la Sociedad de Debates de la prestigiosa universidad. UN Watch se enorgullece en anunciar que el Sr. Latner vendrá a las Naciones Unidas en 2011 como becario en nuestra organización.
El debate de Cambridge se centró en la propuesta que “Israel es un Estado canalla”, que corresponde a Lauren Booth, de Inglaterra, una ferviente opositora a Israel, que trabaja para el canal de televisión mundial estatal de Teherán y que recientemente se convirtió al islamismo en una visita a Irán. En el debate, estuvo acompañada por Mark McDonald, fundador de los Amigos Laboristas de Palestina, oponiéndose al Sr. Latner.
The Irish Independent ha dicho que el discurso del Sr. Latner es “la defensa de Israel más brillantemente audaz desde que Moisés dividió el Mar Rojo”.

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Israel es un Estado Canalla
Gabriel Latner

Ésta es una guerra de ideales y los otros oradores presentes esta noche son, con todo derecho, idealistas. Yo no lo soy. Yo soy realista. Estoy aquí para ganar. Tengo un único objetivo esta tarde: lograr que la mayor parte del público salga por la puerta del “sí”.

Me enfrento a un reto singular: muchos de ustedes, si no todos, han tomado partido. Este tema polariza demasiado la opinión para que la gran mayoría no tenga una opinión formada. Estaría dispuesto a apostar que la mitad de ustedes apoya firmemente la propuesta a debate, y la mitad se opone firmemente a ella.

Quiero ganar, y estamos destinados a un empate. Estoy tentado de hacer lo que mis compañeros, los demás oradores, van a hacer: un simple refrito de todo lo que de malo ha hecho el gobierno israelí, con la intención de satisfacer a quienes están de acuerdo con ellos. Y tal vez culpabilizar a los escasos indecisos presentes para que voten a favor de la propuesta o, más exactamente, en contra de Israel.

Sería muy fácil torcer el sentido y el significado de las “leyes” internacionales para hacer que Israel parezca un estado criminal. Pero eso ha sido hecho hasta los límites más extremos.

Sería más fácil aún apelar a vuestra simpatía con historias personalizadas del sufrimiento palestino. Y se pueden pronunciar discursos muy elocuentes sobre esas cuestiones.

Pero la verdad es que tratar mal a la gente, sea a sus ciudadanos, sea a los de una nación ocupada, no convierte a un estado en “canalla”. Si lo hiciera, Canadá, EE.UU. y Australia serían todos estados canallas, fundándose en cómo tratan a sus poblaciones indígenas. El tratamiento que Gran Bretaña da a los irlandeses, la calificaría fácilmente para motejarla del mismo modo. Estos argumentos, aunque emocionalmente satisfactorios, carecen de rigor intelectual.

Más importante aún: simplemente, no creo que podamos ganar con esos argumentos. No van a cambiar los números. La mitad de los presentes estará de acuerdo con ellos, la otra mitad no. Así que voy a probar algo diferente, algo un tanto alejado de la ortodoxia.

Voy a tratar de convencer a los sionistas acérrimos y partidarios de Israel, aquí, esta noche, para que voten afirmativamente por la propuesta. Al final de mi intervención, habré presentado cinco argumentos a favor de Israel que demostrarán que Israel es, si no un “estado canalla”, al menos “pícaro”.

Quiero ser claro. No voy a sostener que Israel es “malo”. No voy a sostener que no merece existir. No voy a sostener que se comporta peor que cualquier otro país. Sólo voy a argumentar que Israel es “canalla”.

La palabra “canalla” ha llegado a tener connotaciones excepcionalmente condenatorias. Pero la palabra en sí es valorativamente neutral. El Diccionario Oxford de Inglés define canalla como “aberrante, anormal, fuera de lugar, que ocurre (especialmente en forma aislada) en un lugar o tiempo inesperado”, a la vez que un diccionario de una institución mucho más grande da esta definición: “comportarse de maneras que no se esperan o no normales, frecuentemente de forma destructiva”.

Estas definiciones, y otras, se centran en la idea de anomalía: lo inesperado o poco común. Usando esta definición, un estado canalla es aquel que actúa de una manera inesperada, poco frecuente o aberrante. Un estado que se comporta exactamente como Israel.

El primer argumento es estadístico. El sólo hecho de que Israel sea un Estado judío lo hace lo bastante anómalo como para ser llamado Estado canalla: hay 195 países en el mundo. Algunos son cristianos, algunos son musulmanes, algunos son seculares. Israel es el único país judío del mundo. O, para hablar en términos matemáticos por un momento, la probabilidad que tiene cualquier estado, elegido al azar, de ser judío es de 0,0051. En comparación, la probabilidad de ganar al menos £10 con un billete de lotería del Reino Unido es de 0,017: más del doble. La condición judía de Israel es una aberración estadística.

El segundo argumento concierne al humanitarismo de Israel y, en particular, a la respuesta de Israel ante una crisis de refugiados. No ante la crisis de los refugiados palestinos —porque estoy seguro de que los demás oradores la cubrirán—, sino ante la cuestión de los refugiados de Darfur. Todo el mundo sabe lo que ocurrió y sigue ocurriendo: en Darfur hay un genocidio, quieran o no las Naciones Unidas y la Liga Árabe denominarlo de ese modo. (De hecho, espero que el Sr. Massih sea capaz de hablar acerca de eso: en realidad, es algo así como un experto en lo que respecta a la crisis en Darfur; de hecho, es su experiencia la que le ha hecho indicado para representar al ex dictador de Sudán, mientras está siendo investigado por la Corte Penal Internacional.)

Se ha producido un éxodo masivo de Darfur, los oprimidos buscan seguridad. No han tenido mucha suerte. Muchos se han ido hacia el norte, a Egipto, donde son tratados de manera despreciable. Los valientes hacen una carrera por el desierto, intentando llegar a Israel. No sólo se enfrentan a las amenazas naturales de la península del Sinaí, sino también a los soldados egipcios que patrullan la frontera y los utilizan para practicar tiro al blanco. ¿Por qué se arriesgan?
Porque en Israel se los trata con compasión —se los trata como a los refugiados que son—, actitud de la que tal vez sea culpable la memoria cultural de genocidio de Israel. El gobierno israelí ha ido muy lejos, hasta el punto de conceder la nacionalidad a varios cientos de refugiados de Darfur. Esto, por sí sólo, sitúa a Israel aparte del resto del mundo.

Pero la verdadera clave de la diferencia es la siguiente: las FDI envían soldados y médicos a patrullar la frontera con Egipto. Los envían en busca de refugiados que intentan cruzar a Israel. No para enviarlos de vuelta a Egipto, sino para salvarlos de la deshidratación, del agotamiento por calor y de las balas egipcias.

Comparen esto con la reacción de EE.UU. ante la inmigración ilegal a través de su frontera con México. El gobierno estadounidense ha arrestado a particulares por haber dado agua a los que cruzaban la frontera y que se estaban muriendo de sed, y aquí el gobierno de Israel envía a sus soldados para salvar a los inmigrantes ilegales. Llamar anómalo a ese tipo de comportamiento es quedarse corto.

Mi tercer argumento es que el gobierno israelí se dedica a una actividad que el resto del mundo rechaza: negocia con terroristas. Olvídense del ex Presidente de la OLP, Yasser Arafat, un hombre que murió con sangre en las manos: Israel está en el proceso de negociación con terroristas en estos momentos. Yasser Abed Rabbo es uno de los negociadores líderes de la OLP que ha sido enviado a las conversaciones de paz con Israel. Abed Rabbo fue también líder del FPLP, una organización de “luchadores por la libertad” que, bajo la dirección de Abed Rabbo, se dedicaba a la promoción de actividades por la libertad tales como el asesinato de 22 estudiantes israelíes de secundaria.

Y el gobierno israelí envía delegados a sentarse en una mesa con este hombre, y a hablar de paz. Y el mundo aplaude. Nunca verán al gobierno español en conversaciones de paz con los líderes de la ETA, ni el gobierno británico negociaría nunca con Thomas Murphy. Y si el presidente Obama se sentara a hablar de paz con Osama Bin Laden, el mundo lo vería como una locura. Pero Israel no puede hacer exactamente lo mismo y ganarse el reconocimiento internacional en el proceso. Ésa es la definición que da el diccionario de “canalla”: comportarse de una manera inesperada o no normal.

Otra parte de la definición del diccionario es el comportamiento o actividad “que ocurre en un lugar o tiempo inesperado”. Cuando se compara a Israel con sus vecinos regionales, se pone de manifiesto hasta qué punto Israel es canalla. Y aquí está el cuarto argumento: Israel tiene un historial de derechos humanos mejor que cualquiera de sus vecinos. Jamás, en ningún momento de la historia, ha habido un estado democrático liberal en Medio Oriente, excepto Israel. De todos los países de Medio Oriente, Israel es el único donde la comunidad gay y lesbiana disfruta de cierta, pequeña, igualdad.

En Kuwait, Líbano, Omán, Qatar y Siria, la conducta homosexual se castiga con azotes, encarcelamiento, o ambas cosas. Pero los homosexuales están ahí un poco mejor, en comparación con sus homólogos de Irán, Arabia Saudita y Yemen, donde son condenados a muerte. Los homosexuales israelíes pueden adoptar, servir abiertamente en el ejército, efectuar uniones civiles, y están protegidos por una legislación anti discriminatoria en términos excepcionalmente enérgicos. Le gana a una sentencia a muerte. De hecho, le gana a Estados Unidos.

La protección de las libertades civiles de los ciudadanos de Israel se ha ganado el reconocimiento internacional. Freedom House es una ONG que emite un informe anual sobre democracia y libertades civiles en cada uno de los 195 países en el mundo. Califica a cada país como “libre”, “parcialmente libre” o “no libre”. En Medio Oriente, Israel es el único país que ha obtenido la calificación de país “libre”. No es de extrañar, dado el nivel de libertad que se les otorga a los ciudadanos de Líbano, digamos —un país calificado como “parcialmente libre”—, donde hay leyes contra periodistas que critican, no sólo al gobierno libanés, sino también al régimen sirio. Espero que la Sra. Booth hable acerca de esto, dada su experiencia laboral como “periodista” para Irán.

Irán es un país calificado como “no libre”, lo que lo sitúa junto a China, Zimbabwe, Corea del Norte y Myanmar. En Irán, como espero que la Sra. Booth diga en su discurso, existe un “Tribunal de Prensa”, que procesa a los periodistas por delitos atroces, tales como criticar al Ayatollah, informar sobre historias que dañen los “fundamentos de la república islámica”, usar “fuentes sospechosas” (es decir, occidentales) o insultar al Islam. Irán es el líder mundial en términos de periodistas encarcelados, con 39 periodistas (que sepamos) en la cárcel en 2009. También expulsaron a casi todos los periodistas occidentales durante las elecciones de 2009. (No sé si la Sra. Booth se vio afectada por ello.)

Supongo que, en realidad, no podemos esperar otra cosa de una teocracia. Que es lo que son la mayoría de los países de Medio Oriente. Teocracias y autocracias. Pero Israel es la exclusiva, la única, la canalla democracia. De todos los países del Medio Oriente, sólo en Israel las protestas contra el gobierno no son aplastadas y no se censura la información.

Tengo un argumento final —el último clavo en el ataúd de la oposición—, y está sentado justo al otro lado del pasillo. La presencia del Sr. Ran Gidor aquí es la única prueba que a cualquiera de nosotros debería bastarle para decir, con toda confianza, que Israel es un estado canalla. Para aquellos de ustedes que nunca han oído hablar de él, el Sr. Gidor es un consejero político agregado a la embajada de Israel en Londres. Es el tipo que el gobierno israelí envió para que lo represente en las Naciones Unidas. Sabe lo que está haciendo. Y está aquí esta noche. Y es increíble.

Consideremos, por un momento, lo que significa su presencia aquí. El gobierno de Israel ha firmado el permiso para que uno de sus representantes diplomáticos, de alto nivel, participe en un debate sobre su legitimidad. Eso es notable.

¿Creen, por un minuto, que algún otro país haría lo mismo? Si en la Sociedad de Debates de la Universidad de Yale se debatiera la propuesta “Esta casa cree que Gran Bretaña es un estado racista y totalitario que le ha hecho un daño irrevocable a los pueblos del mundo”, ¿Gran Bretaña permitiría participar a alguno de sus funcionarios? No.
¿Participaría China en un debate sobre el status de Taiwán? Nunca.
Y no hay absolutamente ninguna posibilidad de que se le permita a un funcionario del gobierno estadounidense participar en un debate acerca del trato a los prisioneros en la Bahía de Guantánamo.

Pero Israel ha enviado al Sr. Ran Gidor para discutir esta noche con una “periodista” estrella de la televisión pseudo realista, y conmigo, un estudiante de derecho de 19 años de edad, totalmente no calificado para hablar sobre el tema en cuestión.

Todos los gobiernos del mundo deben de estar riéndose de Israel en este momento, porque olvidó la regla número 1: nunca hay que añadirles credibilidad a los chiflados mezclándose con ellos. Es la misma razón por la que no veremos a Stephen Hawking ni a Richard Dawkins debatir con David Icke. Pero Israel está haciendo precisamente eso. Una vez más, comportándose de una manera inesperada o no normal. Comportándose como un Estado canalla.

Éstos son los cinco argumentos dirigidos contra los partidarios de Israel. Pero me quedan uno o dos minutos. Y he aquí un argumento para todos ustedes: Israel, deliberada y enérgicamente, no tiene en cuenta el derecho internacional. En 1981 Israel destruyó Osirak, el laboratorio para la bomba nuclear de Sadam Hussein. Todos los gobiernos del mundo sabían que Hussein estaba construyendo una bomba. Y no hicieron nada. A excepción de Israel. Sí, al hacerlo, violó la ley y la costumbre internacional. Pero también nos salvó a todos de un Irak nuclear.

Esa acción canalla debería otorgarle a Israel un lugar de respeto a los ojos de todos los pueblos amantes de la libertad. Pero no es así. Pero esta noche, mientras nos escuchan parlotear, quiero que recuerden algo: mientras ustedes están aquí, el Irán de Jomeini está trabajando en la bomba. Y si son honestos con ustedes mismos, saben que Israel es el único país que puede hacer, y hará, algo al respecto. Israel, por necesidad, actuará de una manera que no responde a la norma, y será mejor que esperen que lo haga de forma destructiva. Cualquier persona sana preferiría un Israel canalla a un Irán nuclear. Excepto la Sra. Booth.

El autor, un estudiante de derecho de la Universidad de Cambridge, en 2011 será becario en UN Watch.

Traducido para porisrael.org

por Jose Blumenfeld

Difusión: http://www.porisrael.org

CONTROVERSIA NO ES DESLEALTAD

Por Jaime Naifleisch Aisenberg (y Medvedév, Rosen Ree, Kaplan…)

De Israel Eliézer, el Baal Shem Tov, profeta en los albores de la Modernidad, podríamos decir lo que de Ieoshúa el Nazareno, en la última etapa de la Antigüedad: los que se apoderaron de él, de su respetado y prestigioso nombre, pero no de sus ideas, lo han tergiversado hasta hacerlo irreconocible. ¿O tiene que ver el que llaman Jesús de Nazaret, divinizado, con lo que la religión organizada dice de aquél profeta, en cuyo nombre justifican todo lo que la Torá rechaza, la divinidad de un hombre, la sumisión a los señores, la sobrenatural espera de justicia post mortem y la renuncia a la procura de justicia posible aquí, donde tiene lugar la vida, la idea de cuerpo y alma como entidades separadas, la supremacía del varón sobre la mujer…? Y la judeofobia, nada menos.

Con el Baal Shem Tov como con Ieoshúa “fundadores” del jasidismo y del cristianismo, respectivamente, ha sucedido en la Historia lo que con todos y cada uno de los maestros que, con mayores o menores méritos de lucidez, han emergido de entre sus pueblos, han señalado caminos, y han sido usados luego para el engaño y la mentira.

Eliézer decía de los rabinos del gaón de Vilna, que siete veces pronunciaron jerem, excomunión, contra él: “leen la Torá, sí, pero estudian el Talmud”.

Este maestro vive y predica su buena palabra en una de las áreas más atrasadas de Europa que se resistía a dejar de ser brutalmente feudal. El espacio en el que vivía la mayor parte de los judíos ashkenasim, y en la mayor miseria de toda la judeidad. (Adjunto un video que tal vez no conozcan).

Su época continuaba revuelta por la aventura de Shabtai Zvi, 1626-1676, un iluminado al que un hábil acólito había proclamado “meshiaj” y “fundador”, cómo no, de la secta shabateanista, que aparece, obvia e impunemente, después de su muerte, como la de Ieoshúa, como la del Baal Shem Tov.
Difundiendo su nombre se divulgó en todo el mundo de dominio cristiano y musulmán el llamamiento –que no sería el primero ni el último– de dejarlo todo y dirigirse a la Tierra de Israel, reconstruir el reino, vivir correctamente y esperar allí al designado del Señor, el meshiaj, para dirigir a los justos en la lucha final por la justicia universal.

Decenas de millares de -diríamos– “sionistas” se pusieron en marcha, desde el Reino Unido y el Báltico hasta el norte de África y Polonia, y Turquía… Enterado el sultán de la Sublime Puerta, el centro imperial turco otomano, de esa barahunda demográfica que llenaba los caminos de desvencijados carruajes con familias, de gentes a pie, a caballo que se dirigían a ese rincón de sus dominios, el Distrito palestino de la Provincia siria, mandó llamar al líder. El musulmán osmanlí creía en la Torá, y en las supersticiones de sus súbditos israelitas, como era natural –y casi general– entre sus correligionarios hasta la irrupción del islamismo judeófobo.

¿Y si en verdad el tal Zvi ha recibido una señal de Dios? Quiso saber. Hay quien dice que estuvo presente en la audiencia tras unas celosías, lo cierto es que escuchado por sus visires el califa, preocupado por el desorden público que esas multitudes podían generar en las aldeas califales, instó a Shabtai Zvi a convertirse al Islam, so pena de muerte. Zvi se convirtió, y algunos de los suyos. De esa estirpe provienen los donmë, los musulmanes de origen judío, que han sido élite intelectual de Turquía, maestros en Saloníca de Kemal, el que transformaría el catastrófico final del Imperio otomano (1918) en la moderna República de Turquía que ahora los “moderados” (¿?) están hundiendo en la barbarie islamista.

La aventura de Zvi había tenido el mérito de revolver a la judería, aplastada, resignada a la impotencia, el atraso, la miseria, con una propuesta de renovación de sus vidas. Cuando en unas pocas regiones (Inglaterra, Flandes) el comercio fundaba la industria, se salía de la oscuridad con las ciencias liberadas del yugo clerical, y aún ni había atisbos de movimiento alguno en pro de los derechos humanos, de las libertades, que sacaran a los siervos de la gleba de la omnipotencia feudal, ni a los nuevos siervos, los obreros, de la superexplotación industrial. Ni el gran Moses Mendelssohn, 1729-1786, el tercer gran Moisés, con su Haskalá, reclamando a los judíos que se autoemanciparan, ni Revolución Americana con sus Derechos del Hombre (1776), ni Francesa (1789), ni guerras liberales napoleónicas en Europa (1799-1815), ni Congreso de Tucumán (1816, la libertad sigue viva entre los Libres del Sur), eran aún imaginables cuando el Zvi mueve a la gente en dirección a una justicia posible en la Tierra.
Pero la apostasía, el abandono de Zvi, causaría una profunda depresión en la mayoría de los hebreos, mientras se multiplicaban los falsos mesias, como el polaco Frank, luego bautizado.

En Vilna, Lituania, ya entonces llamada la Jerusalem de Vilna, vivían hebreos con un grado de prosperidad mayor, y una corte sinagogal rica, solemne, ritualista. Que hoy llamaríamos “ortodoxa”, nombre que entonces no se aplicaba a nadie.
Con el propósito de impedir un nuevo desorden en la judería, los rabinos lituanos, guiados por el talmudista Elijah ben Shlomo Zalman, 1720-1796, multiplicaron los rigores de la liturgia. Conmemoraciones del ciclo anual se hicieron larguísimas y complicadas, como el Seder de Pesaj, como el Iom Kipur, como toda la práctica judía. Los manuales de halajá se alambicaron hasta el agobio ritual (El mantel, Mopat, para ashkenasim, y La mesa servida, Shuljan Aruj, para sfaradim, los más difundidos). Se trataba de mantener a los fieles muy ocupados, y bajo la palabra de los oficiantes oficiales, para que ningún loco subversivo se hiciera con las congregaciones. Las normas dietéticas del kasher, sus ayunos, el lugar de la mujer, ganaron en rigor.
Al sur de Lituania se extienden las tierras de Polonia, Galitzia, la Vukovina… donde vivía esa mayoría pobrísima, indefensa, cuya ritualidad era a su vez sencillo folclore, con muchos elementos tomados de los pueblos de su entorno, como el del kayin enhore, el mal de ojo, probablemente de raiz turca preislámica.

Aquí es donde aparece Israel Eliézer, digamos en esta somera reseña. Hondamente piadoso con el prójimo, el sabio rechazó el nuevo rigorismo, esa reforma religiosa que caía sobre los míseros aldeanos –que ya empezaban a ser maltratados por sus vecinos católicos a medida que los papas convencían a los obispos para que acabaran con la larguísima convivencia, nacida cuando los Jagelon (circa 1386-1572) establecieron la moderna Polonia e invitaron a los ashkenasim masacrados en Alemania, a radicarse en su nuevo país. Ashkenasim de habla ídica, claro, que están en los orígenes de la Polonia moderna, donde su mame loshn, su lengua materna, tuvo un segundo florecimiento (es base de la que hablan en Nueva York y en Mea Shearim los “ultraortodoxos”).

Sale el judehuelo de su choza con suelo de tierra (envío imágenes de ellos) a buscar algún sustento para su mishpoje (familia), donde seguro que hay enfermos y débiles, encuentra espinas de pescado que un restaurante de clientes cristianos y judíos ricos va a tirar, y las lleva a casa con mondas de papa, y algo más si tuvo suerte ¿y el gaón de Vilna le va a decir qué toca comer ese día, o si es día de ayuno, o que debe permanecer de pie dos días en el Iom Kipur…?

No, dice nuestro Baal Shem Tov, somos Hombres, hemos de tender al bien, no tender al Mal (iétzer ha Tov, lo iétzer haRa), los jukim (obligaciones incomprensibles) no nos sirven ni servimos con ellas a Dios. Vayamos a la Torá.

Eliézer no dejó nada escrito. A su muerte sus fieles eran mayoría en el centroeste de Europa, y habían desoido a los rabinos que los expulsaban de la judeidad. Entonces aparecen los santones. Rodeados de su Corte de hijos, nueras y yernos en general aprovechados, que cobraban a los que recorrían penosamente distancias para ir a ellos, a que les curen el mal de ojo, en busca de consejo (este es el talmudismo que llega hasta el Freud viejo, el de la Sociedad Psicoanalítica, con la idea de que si no puedes pagar al analista es que no te quieres curar). ¿Me caso con Rivke? ¿me mudo a otra aldea?

Ese es el jasidismo de los siglos posteriores, aniquilado en la Shoá. También bailan en la presunta tumba del segundo gran Moisés, Maimónides, 1138-1204, por cuyo racionalismo contra la reforma de Saadia Gaón, obediente al sultán de Bagdad, fue expulsado de Al Andalus, y viajó hasta encontrar la muerte nadie sabe dónde. Los seguidores de Saadia, verdadero fundador de la reforma religiosa del año mil, fundada en el talmudismo del segundo milenio… son los que hoy idolatran a Maimónides, bailando sobre esa tumba de Tiberíades.

Grandes aportes judaicos a la conciencia son la libertad intelectual para el ejercicio de la crítica profunda (Walter Benjamin), y la interpretación de todo discurso. Veamos Bereshit (Génesis) en sus primeros capítulos, donde se recogen dos tradiciones sobre la creación de los seres humanos. Ishá (mujer) creada desde ish (hombre), desde dentro suyo, para ser su compañera, sobre la que él se enseñorea; Ish e ishá, a ambos los creó, desde la tierra roja, “a ambos los bendijo”. Dos visiones del mundo, dos escalas de valores. Dos paradigmas. Dos weltanshauung. Lástima que la mala vulgarización eclesial haya hecho predominar una y ningunear la otra, que ahí está, indeleble.

Siempre ha sido así. La Torá no es dogma, seguimos escribiéndola –con lucidez y torpeza, como en el primer milenio, donde unos profetas describen a otros como falsos profetas. Como hace dos milenios, Hillel y Shamai. La Torá, Torat jaím, Torá para la vida, como la misma vida, es cambio: cada generación ha de afrontar sus propios desafíos, ha de debatir libremente, ha de dar golpes sobre la mesa si es preciso, ha de evitar a toda costa que la sangre llegue al río. Esa conducta correcta supera el valor eventual de las diferencias. El asesinato de Itzjak Rabin dista de ser norma entre israelitas en este mundo siempre ensangrentado.

Nunca hubo en un yishuv (judería de un lugar) una sola sinagoga para todos. No olvidemos a “Robinson Krusovich”, que en su isla de náufrago, construyó tres templos. Un Bet am (Casa del Pueblo) era la suya, otra la de esos amigos que te invitan a un brit milá, a un bar mitzvah y ¿cómo no ir? “¿Y la tercera?” preguntó entonces el marinero que fue a rescatarlo, ¿Esa? Vist mishuge? (¿estás loco?) ¡A esa no voy ni que me maten.
En mi propia familia, rabinos, comunistas, sionistas, reformistas, jaredim, asimilados… han llegado a no hablarse durante un tiempo, ni cuando coincidían en el cementerio y lloraban a su madre. La Guerra Fría fue uno de los períodos de prueba más feroces, casi todos caímos en él, y nos enfrentamos, o nos dimos la espalda. Pero sabiendo, todos, o acaso casi todos, que discrepancia no es deslealtad. Esa conducta correcta añade valor a todos los planteos, y morigera lo que hubiere de erróneo o de insuficiente en ellas.

Sfaradim, ashkenasim (¿por qué con zeta?) teimanim, falashim… iekes, lítvake, ruski, osmanlí… Todo cabe, todo puede caber en la Torá. Lo que consideramos correcto y lo que incorrecto. Ibn Ezra, Maimónides, Najmánides, el Rashi, Luria, Spìnoza, Shabtai Zvi, Salomón Zalman, Israel Eliezer, Mendelsohn, Holdheim, Moses Hess, Heschel, Luzatto, Pinsker, Arkadii, Medem, Hertzl, Mandelstam, Ajad Haam, Mijoels… el aluvión de 1880-1940…, si no los consideras tuyos, aun si a unos más que a otros, o si adoras a alguno, puede que no hayas entendido el judaísmo, ese que “es irreductible al análisis”, según Freud, ese enigma que no nos explicamos ni los judíos ni las gentes de otros pueblos.

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