‘Jubanos’, documental revela la historia de la comunidad judía

Por SARAH MORENO

smoreno@elnuevoherald.com

Para la mayoría de los cubanos nacidos después de 1959, la sinagoga Beth Shalom era sólo un bello edificio de arquitectura modernista en el barrio habanero de El Vedado que, como los templos de otras denominaciones religiosas en la capital habanera, casi siempre permanecía desierto de feligreses.

Según el documental Jubanos: the Jews of Cuba, realizado por el joven cineasta de Nueva York Milos Silber, para los 20,000 judíos que antes de 1959 constituían una sólida comunidad en Cuba, Beth Shalom tenía un significado más profundo y entrañable. No era sólo la sede del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba, sino el espacio donde tenían un teatro, una escuela dominical y un restaurante kosher, y donde, sobre todo, compartían con amigos y familiares.

Con la llegada de la Revolución, esa comunidad no sólo sufrió una considerable pérdida en propiedades y miembros –se redujo en un 90 por ciento– sino que tuvo que intentar sobrevivir en un mundo donde no había espacio para las manifestaciones exentas de significado político.

Jubanos: the Jews of Cuba recoge el esfuerzo de los 1,500 judíos que hoy quedan en la isla después de tantos éxodos, para celebrar su fe y legar sus tradiciones a los más jóvenes y, por otra parte, reconstruir sus deteriorados cementerios en los que un día reposarán sus mayores.

“Me quedé maravillado con las pequeñas comunidades del interior de Cuba, formadas a veces por 10 personas, que celebran el Sabbath y las fiestas y tratan de estar conectados, en algunos casos sin contar con una sinagoga”, contó Silber, que hoy asistirá a la proyección de Jubanos: The Jews of Cuba en el cine Regal de Miami Beach.

El evento, parte del 14to Festival de Cine Judío de Miami (MJFF), contará con una sesión de preguntas y respuestas en las que el director podrá dar detalles de su recorrido por La Habana, Cienfuegos, Santa Clara, Camagüey y otras ciudades de Cuba donde estableció contactos con los “jubanos”, nombre que eligió para llamar a los judíos de Cuba.

” ‘Jubanos’ es un invento de mis amigos, que me lo sugirieron cuando estaba editando el filme, porque en Cuba los judíos no se llaman así”, precisó Silber, de 24 años, quien vivió tres meses en Cuba en el 2008 como parte de un programa de estudios en el extranjero de la Universidad de Nueva York (NYU), donde se graduó de Producción de cine y televisión en Tisch School of the Arts.

Nacido en Río de Janeiro y descendiente de sobrevivientes del Holocausto, Silber llegó a Estados Unidos a los ocho años y creció en el condado de Westchester, Nueva York. ‘‘De mi sinagoga [en Westchester] todos los años van a Cuba 20 o 40 personas que llevan libros, ropas y medios para ayudar a la comunidad judía de Cuba”, contó el cineasta, en español, sobre un aspecto fundamental para el renacimiento de la comunidad en la isla.

Según se muestra en el documental, la comunidad judía de Cuba recibe importantes contribuciones en medicina y otros enseres de organizaciones de Canadá y Estados Unidos. Hasta el momento del rodaje, el American Jewish Distribution Committee (JDC), que tiene su sede en Nueva York y la misión de ayudar a judíos en todo el mundo, había enviado a la isla a siete parejas judías que se encargaron de enseñar a los cubanos las ceremonias y tradiciones judaicas, según expresó el argentino Fernando Lapiduz, quien junto a su esposa Patricia servía desde el 2007 como coordinador de la JDC en Cuba.

“El principal aspecto de nuestra cultura y religión es ‘ayuda a tu vecino’ ”, recalcó Silber, indicando que no le molesta que una de las posibles razones del crecimiento de la comunidad judía en la isla sea la ayuda que brindan para aliviar las necesidades de la población.

Silber, que inicia el documental con una frase pronunciada por Fidel Castro en su visita a la sinagoga Beth Shalom en diciembre del 1998 con motivo de la celebración de Janucá, destaca que Jubanos no tiene una intención política.

“Es fascinante que [el entonces] presidente de un país haya visitado a la comunidad judía”, opinó el joven, que recoge además en su material fílmico la anécdota de cómo se produjo la invitación.

Adela Dworin, presidenta de la Comunidad Hebrea de Cuba, aprovechó una reunión de líderes religiosos para invitar a Castro a visitar la sinagoga Beth Shalom. Cuando Dworin le dijo que “una buena oportunidad” sería Janucá, Castro confesó su ignorancia sobre la fecha, la cual Dworin, “en pocas palabras”, definió como ‘‘la Revolución de los judíos”. Esa visita de Castro fue el preludio de la efectuada por Raúl Castro el pasado diciembre a la misma sinagoga.

Además de otros miembros y colaboradores del Patronato, como la doctora Rosa Behar –encargada de la farmacia que reparte medicinas a la comunidad–, se entrevista a líderes religiosos no vinculados con esta organización, como Rebeca Langus –que recibe en su propia casa a la pequeña comunidad judía de Cienfuegos. También ofrece su testimonio David Pernas, cuya misión es continuar la restauración y ampliación del Cementerio Israelita de Camagüey, fundado en 1924 y actualmente bastante deteriorado.

Son, sin embargo, los jóvenes judíos entrevistados, cuyos bisabuelos emigraron de Turquía o vinieron de Europa huyendo de guerras y epidemias, los que mejores anécdotas ofrecen. Ellos reconocen que siempre supieron que eran “distintos” porque sus familiares usaban la kippah sólo en la casa o intentaban comer alimentos típicos en las fiestas judías. Estas declaraciones confirman la persecución de las prácticas religiosas en Cuba hasta fecha muy reciente y niegan los testimonios de algunos entrevistados de generaciones más viejas, quienes afirman que nunca la hubo.

Desde el punto de vista sociológico, resulta interesante comprobar la voluntad de estos jóvenes de expresarse en un español depurado en las entrevistas. “La comunidad judía tiene mucho amor por el aprendizaje. Estos jóvenes reciben visitas de otras comunidades del mundo y toman clases de inglés en el Patronato. Viven experiencias que no tienen otros cubanos”, expresó Silber que durante su estancia pudo comprobar las dificultades de los judíos cubanos para seguir una dieta kosher.

“Tienen una carnicería ‘kosher’ muy pequeña en La Habana Vieja donde pueden conseguir pollo y carne de vez en cuando”, añadió Silber, que pudo filmar sin dificultades y asistir a la sinagoga llevando la kippah, pero nunca estuvo seguro de llegar a un lugar si su medio de transportación era un autobús regular.

Estreno en Miami de ‘Jubanos: The Jews of Cuba’, hoy 6 p.m. en Regal Cinema, South Beach, 1100 Lincoln Rd.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/2011/01/25/

Pilotos cubanos trasladaron a miles de judíos a Israel

Cinco pilotos cubanos transportaron en dos años a Israel a unos 150.000 refugiados judíos en Irak, Irán, India y Yemen, tras la fundación del Estado hebreo en 1948, en un hecho que ha permanecido “inédito durante 60 años”, afirmó este domingo un historiador cubano. “Cinco pilotos de la desaparecida compañía Aerovías Cubanas Internacionales S.A.” transportaron a Israel entre 1951 y 1952 a “cerca de 150.000 judíos”, entre ellos ‘‘unos 115.000 refugiados procedentes de Irak” y “25.000 de Irán”, contó al diario Juventud Rebelde el historiador de la Aviación Rolando Marrón.

También a “algunos centenares de la India y de Yemen”, añadió Marrón, según quien ese “complejo plan” ha “permanecido inédito durante 60 años”.

El historiador explicó que a partir de 1948 comenzaron a llegar a Israel “grandes núcleos de emigrantes desde Europa”, pero “la situación de los judíos en los países árabes era difícil por las históricas confrontaciones”.

Ante la negativa de “los gobiernos árabes a aceptar una migración de judíos por tierra” y la imposibilidad de hacerlo por mar -Egipto bloqueaba el Canal de Suez-, las autoridades de Tel Aviv planearon “una de las emigraciones en masa por avión más grande que recuerda la historia”, enfatizó Marrón.

El traslado fue confiado a la compañía Intercontinental Aérea de Cuba S.A. debido a los “fuertes vínculos de amistad” que unían entonces a “un importante personaje de la misión comercial de Israel en Nueva York” con un empresario cubano, que también era piloto aviador.

“A fines de 1952 decreció considerablemente en Israel el tráfico https://yadbeyad.wordpress.com/wp-admin/post-new.phpde inmigrantes judíos” y los cinco pilotos cubanos regresaron a Cuba a comienzos de 1953, puntualizó Marrón.

Fuente: AFP

Condenado por “sionista”

Condenado por “sionista” (a propósito de las declaraciones de Fidel Castro a Jeff Goldberg)

Fidel Castro invitó a Jeffrey Goldberg a La Habana para hablar de su última obsesión, una guerra nuclear que aniquilará a medio planeta. Durante el rendez-vous le dio al periodista y escritor estadounidense dos noticias para su diario The Atlantic que le han dado la vuelta al mundo: que el modelo cubano no funciona y que está en desacuerdo con el presidente de Irán Mahmud Ahmadinejad por negar el Holocausto judío.

Lo primero, en lugar de sincero reconocimiento de la catástrofe económica en que se encuentra Cuba, terminó siendo un colosal lapsus linguae que revela que el mayor de los Castro ya no tiene toda la claridad mental de antes, aunque él y sus admiradores quieran aparentar lo contrario.

Como muchos otros cubanos, he perdido la capacidad de sorprenderme con lo que dice el ex presidente. Durante sus más de cincuenta años en el poder, Castro ha acumulado un historial de contradicciones para las que siempre tiene una justificación. Sus recientes declaraciones de simpatías por los judíos y por el derecho de Israel a existir entran en esa categoría.

Durante años, el estado de Israel ha sido objeto de constante vilipendio en la prensa cubana. Granma y Juventud Rebelde se refieren a Israel como la “entidad sionista” culpable de los más horrendos crímenes. A su vez, los atentados contra civiles israelíes por parte de organizaciones terroristas palestinas nunca reciben igual condena. La impresión es que la violencia está de cierto modo justificada por la llamada ocupación israelí.

La escuela cubana tampoco le hace justicia a la persecución de los judíos de la que habla Fidel. En las clases de historia contemporánea que recibí, el Holocausto fue sólo una mención casi de paso mientras que el estado de Israel aparecía como agresor y gendarme de Estados Unidos en el Medio Oriente.

La aversión a Israel me tocó de cerca en mis años en la Universidad de La Habana al final de la década de los setenta y comienzos de los ochenta. En la residencia estudiantil del Vedado conviví con varios estudiantes palestinos que, como yo, cursaban estudios en la Facultad de Filología. En varias ocasiones intercambiamos puntos de vista sobre el conflicto del Medio Oriente. Por sinceridad o ingenuidad les hice saber que en mi opinión Israel tenía tanto derecho a existir como los propios palestinos. No tardó mucho tiempo para que estos jóvenes, militantes del Frente Democrático y del Frente Popular de Palestina, me denunciaran por “sionista” a la Juventud Comunista cubana, ese refugio de mediocres y aprovechados. La gravísima falta no era sólo expresarme a favor de la existencia de Israel sino algo tan nimio como llevar una camiseta con la imagen de un menorá, el candelabro judío de siete brazos que data de los tiempos más antiguos de la religión hebrea.Por entonces me interesaba en el judaísmo y asistía con regularidad a la sinagoga.

La denuncia condujo a una especie de juicio en la residencia estudiantil organizado por la Juventud Comunista y presidido por la decana de la Facultad de Filología, Lázara Peñones. No era yo el único sometido a este auto de fe. Por esa época, a comienzos de 1980, Fidel Castro había lanzado una de sus tantas ofensivas ideológicas; esta tenía el lema de “la universidad es para los revolucionarios”. Había que purgar los centros de estudios de todos aquellos que se apartaban demasiado de los dogmas oficiales. Eran tiempos en que Castro estaba preocupado con los crecientes contactos de la población con la comunidad cubana en el exterior a la que se le permitía visitar el país desde hacía unos años. El temor del Máximo Líder era que con los jeans y las grabadoras llegaran también ideas que tarde o temprano condujeran a un cuestionamiento de su gobierno. En mi caso era culpable por partida doble. No sólo era portador de una peligrosa desviación ideológica, la de creer y expresar que Israel tenía derecho a existir. Entre mis faltas estaba también vestir ropas extranjeras, que en el absurdo de la Cuba de entonces era un delito de “ostentación”.

Mi juicio fue rápido. Se leyeron las acusaciones en mi contra, a las que respondí. En cuanto al conflicto en el Medio Oriente, insistí en que estaba por la paz entre Israel y los palestinos, algo que al parecer no era lo que querían escuchar la Decana y su compañía. Una de las pocas cosas que dijo la licenciada Peñones era que no se podía ser “pacifista a ultranza”. La Juventud Comunista propuso expulsarme de la residencia. En el mejor ejemplo de procesos estalinistas se votó la propuesta a mano alzada. Todos mis compañeros de piso votaron a favor aunque dos o tres me pidieron comprensión más tarde. Otros evitaron dirigirme la palabra desde ese día. La decisión de expulsarme de la residencia tenía el objetivo de que al ser un becario procedente del interior de la isla y con las escasas posibilidades de encontrar alojamiento en La Habana tuviera que abandonar mi carrera.

Días después, esta vez en la sede de la Facultad de Filología, tres profesoras me sometieron a un riguroso escrutinio ideológico. El proceso no condujo a una expulsión formal de la universidad. Me permitieron continuar mi beca pero por deferencia hacia los palestinos me enviaron a otra residencia estudiantil. Poco después de llegar a ella, apareció en una de las puertas un enorme cartel de una de las organizaciones donde militaban mis denunciantes, en el que se destacaba una serpiente entrelazada con la estrella de David. Una provocación, sin duda.

¿Quién permitió que estos fanáticos sentaran pie en Cuba y se les educara en nuestras universidades? ¿Quién dio luz verde a aquella farsa por el delito de defender a Israel?

Paradójicamente es el mismo anciano que hoy deplora la persecución de los judíos.

Al cabo de los años pienso en aquel sambenito de sionista que me colocaron dos o tres estudiantes palestinos y aceptaron los jóvenes comunistas de la Universidad de La Habana con los que por desgracia me tocó convivir: si sionista es apoyar la existencia de un estado que es una solución a tantas injusticias históricas y que además es un modelo de democracia en el Medio Oriente, lo soy y a mucha honra. Por sus declaraciones a Goldberg, hasta el mismo ex presidente de Cuba lo fuera ahora si lo juzgaran con el mismo criterio con que me juzgaron en 1980.

(Este artículo es una colaboración para Semanario Hebreo)

Fuente: http://cubanlad.wordpress.com/

Porque estamos con Israel

Y lo he hecho pensando que soplan aires de antisemitismo, después del derecho de Israel a defender sus fronteras, ante la inconsciencia de un puñado de global pacifistas, apoyados por esos sacrosantos defensores de los derechos humanos, cuales son los súbditos del estado integralista musulmán presidido por Erdogan, el íntimo amigo del ínclito inquilino y pasmo de la Moncloa.

De igual manera que invitaría a la generación antisemita que sigue a la mía y a esos chavales del botellón y del pad, a renunciar, una sola vez, al culo de las caribeñas del bárbaro Fidel, otro ejemplo de libertad y amiguete del Zapa y del Moratinos, y que se den una vuelta por lo que resta de esa vergüenza humana en ciertas explanadas de la mittel Europa y de los adyacentes países eslavos.

Javier Pérez Pellón

Porque estamos con Israel

Javier Pérez Pellón *
Desde los ya lejanísimos años 50 y primeros de los 60, cuando tuve mi primera experiencia con un kibutz del aún bisoño Estado de Israel, me había sentido atraído, a través de la lectura y de los escalofriantes testimonios de la época, incluyendo Nüremberg, que precedieron a la creación del Estado Judío por el significado histórico del sionismo y por su justificación ético-moral que Theodor Herzl proponía en sus escritos.

Estudiaba, por entonces, Ciencias Económicas en la Facultad de la vieja Universidad madrileña de la calle de San Bernardo. Y las nuevas experiencias de ese socialismo real que representaban, por una parte, la organización de los kibutz de Israel y , por la otra, ese régimen de libre organización privada, con todas las limitaciones y reglas que se quisieran, pero amparadas por las leyes del estado, dentro de la rigidez ortodoxa de un régimen comunista como era la Yugoslavia de Tito, atraían no sólo nuestra atención, sino nuestro entusiasmo juvenil, hacia las que creíamos fronteras de un mundo mejor y de pacífica convivencia, después de los desastres causados por el desencadenarse de todas la furias de la bestia humana en la Segunda Guerra Mundial.

Habrían de pasar unos cuantos años más para que, a través de Max Mazin, presidente de la comunidad judía española, conociera a Isaac Navon, ejemplo y paradigma de la leyenda y la historia del sefardí de antiquísima ascendencia española y de generaciones enraizado en Jerusalén. Puedo decir que Isaac Navon, al que veía cada vez que iba a Israel y al que entrevisté en varias ocasiones, sea como presidente de la Comisión de Exteriores del Parlamento israelí, sea más tarde, como Presidente del Estado de Israel, entre 1978 y 1983, me abrió las puertas al conocimiento del pueblo y país del que descendemos espiritualmente y mi acceso a tratar con personajes que hoy son míticos iconos de la historia reciente: Golda Meir, Moseh Dayan, Isaac Rabin, Simon Peres…

El caso es que entre unas cosas y otras, un buen día me encontré con la invitación de dar una serie de conferencias en Jerusalén, Tel Aviv y Haifa, sobre el tema de las raíces judías en la historia de España. Yo ya había leído, casi de un tirón, los tres gruesos volúmenes de “Los judíos en la España moderna y contemporánea”, de Julio Caro Baroja. Y tanto esta obra como la múltiple de Américo Castro me sirvieron de mucho para quedar “discretamente” en mis charlas ante un auditorio en el que podía adivinar una curiosidad, no exenta de reticencia, ante una persona que procedía de un país que no solamente no tenía relaciones diplomáticas con Israel, sino que su política exterior estaba dirigida a la “tradicional amistad de España con los países árabes”.

Uno de los que habían propiciado esa invitación, el Dr. Jacobo Vinocour, argentino que abandonó su consulado en Buenos Aires, para, con las manos en los bolsillos y su familia a cuestas, trasladarse a la tierra de sus antepasados y comenzar de nuevo, me regaló un libro de un escritor y periodista polaco, Raymond Clubourg, de origen judío, combatiente con la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, que visitaría Israel, por primera vez, sólo después de la Guerra de los Seis Días, restando fascinado por la realidad del estado judío. Fruto de esa experiencia sería su libro Por qué estamos con Israel. Un escrito, casi un panfleto lírico y apasionado de la diáspora judía y su retorno a la Tierra Prometida.

El Dr. Vinocour, que había conocido a su autor me lo dedicó, después de escuchar mi primera charla en Jerusalén. Y hoy, y después de años que yacía empolvado en mi desordenadísima biblioteca, lo he vuelto a rescatar.
Y lo he hecho pensando que soplan aires de antisemitismo, después del derecho de Israel a defender sus fronteras, ante la inconsciencia de un puñado de global pacifistas, apoyados por esos sacrosantos defensores de los derechos humanos, cuales son los súbditos del estado integralista musulmán presidido por Erdogan, el íntimo amigo del ínclito inquilino y pasmo de la Moncloa.

La dedicatoria dice así: Querido Javier, mientras leía este libro había pensado en otra persona y a ella estaba destinado. Te cruzas en mi camino y siento que tú lo precisas mucho más que él. Te seguí con atención y cariño, te escuché en charlas privadas y traté de adivinar en cada unos de tus gestos, que esconde tu alma. Te escuché en magníficas exposiciones ante gentes que no conocías y ahora me pregunto ¿Qué eres y qué sientes?… Debo confesar que siempre que leo esta cariñosa dedicatoria, aunque un poco pasada de justicia, un poco me conmuevo. Creo que en su día le contesté. Y creo que mi israelismo, para bien o para mal, pero que es lo que siento en la entrañas del alma, ya lo he justificado a largo de mi trayectoria profesional, y algunas veces caro me ha costado, y también lo he hecho en el inicio de este artículo.

También podría decir que aquí, en Roma, he conocido a más de una persona, escapada, por casual imperio del destino, a los hornos crematorios de Auschwitz, pero que aún llevan marcado en su antebrazo, marcado a fuego, el signo infamante de los campos de exterminio. De igual manera que invitaría a la generación antisemita que sigue a la mía y a esos chavales del botellón y del pad, a renunciar, una sola vez, al culo de las caribeñas del bárbaro Fidel, otro ejemplo de libertad y amiguete del Zapa y del Moratinos, y que se den una vuelta por lo que resta de esa vergüenza humana en ciertas explanadas de la mittel Europa y de los adyacentes países eslavos.

Por eso y ahora más que nunca, alzo la voz de mi conciencia y digo Porque estamos con Israel.

La lección de la historia nos dice que siempre resurge el antisemitismo y por ello, en estas horas de zozobra y de organizados movimientos antisemitas considero un imperativo categórico el estar con Israel.

El antisemitismo, en gran parte, tiene su origen en pecado capital de la envidia. No es la miseria judía la que engendra el antisemitismo, es la prosperidad judía la que lo despierta y desarrolla.

Nasser predijo: “Un mar de sangre y un horizonte de fuego”. La respuesta de Golda Mier, por entonces Primer Ministro de Israel fue: “Nosotros israelíes podremos siempre perdonar a los árabes el matar a nuestros hijos, no les perdonaremos jamás por obligar a nuestros hijos a matarlos”. “Schema Israel, adonai Eloenu, Adonai Ejad” (Escucha Israel, nuestro Señor Dios es Uno) Es el rezo del creyente judío. Israel es el pueblo del Ejad, de la unión, de la armonía, del Shalom, de la Paz, del Lejain, de la Vida.

“La Schana a baa ba Ieruschalaim” (El año próximo en Jerusalén) Durante dos mil años fue el rezo de los judíos de la Diáspora.

Contaba Golda Mier que poco antes de la primera guerra arabo-israelí, 12 de mayo de 1948, se entrevistó con Abdulla I de Jordania, para tratar de que el reino jordano no entrara en el conflicto que se preveía inminente. El monarca jordano, evadiendo las respuestas concretas aconsejó a Golda Mier paciencia y espera y que no tuviera prisa. “Su Eminencia, -fue la respuesta de la entonces enviada especial del gobierno de Israel- nuestro pueblo ha estado esperando 2000 años ¿podría llamar usted prisa a eso?

En el 2004 Abdel Rahman al-Rashed publicó en su periódico Asharq al-Awsat, de Arabia Saudí lo siguiente: “Es un hecho que no todos los musulmanes son terroristas, pero es igualmente un hecho que todos los terroristas son musulmanes.

Aquellos que han secuestrado niños en Beslan eran musulmanes. Aquellos que han secuestrado y asesinado doce nepaleses eran mulsumanes. Aquellos que ha hecho saltar por los aires los complejos residenciales de Riad y Khoba, eran musulmanes. Aquellos que capturan y que degollan a sus prisioneros son musulmanes: Aquellos que guían los ataques suicidas son musulmanes ¿Acaso todo esto no nos dice nada sobre nuestra sociedad?

Uno se harta de escuchar en la TV y de leer en periódicos aquello que el Islam es una religión de paz, de misericordia y de tolerancia ¿pero es que se les ha ocurrido leer el Corán?

En las escuelas primarias de Gaza existe un juego entre los niños: Si hay cuatro judíos vivos y matas dos ¿cuántos quedan? ¿Hemos olvidado que los palestinos son musulmanes? Siempre se habla de terrorismo a secas, incluyendo a periódicos ligados a la Conferencia Episcopal italiana, pero nunca, o muy pocas veces, de terrorismo musulmán. Supongo que en España será igual.

Recep Tayyip Erdogan, es el socio amiguete de Zapatero en su eximia chorrada de la Alianza de civilizaciones. Está bien, también es amiguete de Berlusconi, aunque al Berlusca le gusta presumir de tener por amigos a medio mundo, a la derecha, a la izquierda, al centro, a comunistas, a fascistas, a dictadores y a parte de la inmensa legión de ángeles, arcángeles y querubines que pueblan el Reino de los Cielos.

Pues bien, que se sepa que Zapatero no puede ignorar que su socio turco es tan moderado que su mujer, e inspiradora, Emine, lleva siempre el velo y solicita la fatwe¸ la santa venganza de la condena a muerte, para todos aquellos que…bueno lo hacen antes del matrimonio.

Es tan moderado el amiguete del Zapatero que en las prisiones de la República Mulsumana de Turquía, la tortura está totalmente autorizada. Privación del sueño, colgar a los detenidos por el pulgar de su manos, descargas eléctricas, bastonazos en las plantas de los pies, dieta absoluta sin pan ni agua…

Es tan moderado el amiguete del Zapatero que, en Turquía, la práctica de matar a las hijas rebeldes u obligarlas al suicidio está ampliamente tolerada por los líderes de las comunidades locales. En el 2004 Cemse Allak, violada y embarazada por un criminal que abusó de su cuerpo, fue lapidada por su familia. La respuesta de una cuñada de la víctima a un periodista inglés que la entrevistó fue la siguiente: “¿Y qué era lo que teníamos que hacer? Era soltera y había perdido el honor. Estupro o no, nos había deshonrado a todos nosotros”.

Vaya socio el socio del Zapatero que pretende que además de edificar mezquitas junto a la Alhambra y quién sabe si volver a poner en funciones de rito musulmán la Mezquita de Córdoba, ochenta millones de súbditos de Erdogan, en su inmensa mayoría, casi el 90% de religión musulmana, se conviertan, de la mañana a la noche en ciudadanos europeos. Estamos frescos.
(*)Javier Pérez Pellón:Termina sus estudios en la Escuela Oficial de Periodismo e ingresa en aquella otra de la Escuela de Cine. Crea, dirige e interviene en muchos programas informativos, A toda plana, Mirada al Mundo, Y siete, Doble Imagen , Los reporteros…Recorre el mundo inmerso en la miseria de la guerra desde los frentes de Oriente Medio, Hispanoamérica, Africa y Extremo Oriente (asistiendo a los últimos días de la guerra de Vietnam, a la avanzadilla final de los jemeres rojos en Camboya y a los desastres de Laos). En 1977 es nombrado corresponsal de TVE en Italia y de toda la cuenca del Mediterráneo (Yugoslavia, Grecia, Israel, Egipto).


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Gracias.

Los Piratas Judíos de Jamaica


Si tú viajas a Jamaica, viajero… visita los antiguos cementerios judíos y te sorprenderás cuando veas tumbas abandonadas, casi totalmente derruidas pero que aun conservan grabados sobre las lápidas los nombres de los difuntos en caracteres hebreos, acompañados por los símbolos piratas de las tibias y la calavera y a veces, hasta con la Estrella de David…!

Sí…! no te asombres; son los sepulcros de aquellos hebreos que fueron expulsados por los reyes conquistadores de España y Portugal y que navegaron junto a los “descubridores” del nuevo continente.

Y ya allí, desarrollaron una nueva vida y se fortalecieron (pese a que la corona les mantenía semi frenados con mil leyes antijudías).

Y en tierras de piratas, muchos de ellos se hicieron piratas y corsarios, iniciando de esa forma, una intensa lucha de represalia contra aquellos reyes y la codiciosa inquisición.

Ya en el Siglo XVII, toda nave de la Armada Española que se pusiera a tiro de cañon, era atacada por los hábiles piratas judios, en un acto de venganza contra aquellos que les expulsaron en humillación discriminada.

La mayor parte de estos Bucaneros Hebreos se mostraban orgullosos de su origen e identidad y existen documentaciones fidedignas de que daban a sus naves nombres tales como: “Samuel, el Profeta” ,”La Reina Esther” y “El escudo de Abraham”.

Entre los piratas judíos más notables, destaca el nombre del portugués Don Moisés Cohen Enriques,que en 1628 se alió con el almirante holandés Piet Hayne en una feroz campaña de abordaje a los barcos españoles que procedentes de Cuba, se dirigían a Cádiz cargados de oro y plata producto de sus “esquilmas civilizantes” a los indígenas antillanos. Con estos ataques a las naves españolas, los piratas judíos concretaban una ilusión de venganza, evitando que el oro del Perú, la plata de México y las esmeraldas de Venezuela (Nueva Granada) robados desvergonzadamente, llegaran a los puertos de España y se repartieran con El Vaticano.

Esta fue una de las operaciones que constituyó uno de los golpes más fuertes a la “gloriosa Armada Española”.

Aquellos atrevidos piratas hebreos asolaban las costas de México, sembrando el terror entre los navegantes españoles y portugueses, que se auto-calificaban como “Los dueños y señores de los mares” , “La Armada Invencible”.

Es sumamente difícil conocer con exactitud la cantidad de piratas judíos en el Caribe, aunque como antes dijéramos los viejos cementerios están prácticamente “sembrados” de sepulcros con escrituras hebreas y símbolos de piratería, como sucede en la tumba de Yacoob Mashaj y la de su esposa
Deborah en el cementerio judío de Bridgetown, Barbados.

Entre otros piratas judíos cabe mencionar a Yaakov Koriel, comandante de trés naves corsarias furiosamente activas contra la armada de los inquisidores.

Yaakov abandona en cierto momento sus actividades de navegante y se retira a Safed (Zfat) en donde se dedica al estudio de la Kabbalá, siendo alumno del Rabbí Isaac Luria, junto a quien fue enterrado a la hora de su muerte.

David Abrabanel, proveniente de una dinastía rabínica española (a la que perteneció el rabbi Isaac Abrabanel), logra zafarse de las sangrientas garras inquisitorias y llega a las Antillas convirtiéndose en un temido bucanero y se une a los “privateers” ingleses, asolando las costas sudamericanas, utilizando como pseudónimo el nombre de “Capitán Davis”, comandando una
esbelta nave llamada “The Jerusalem” .

De entre los piratas judíos en Sud América, se destaca su nombre y su irrevocable costumbre de evitar atacar nave alguna en “Shabbat”; los víveres en su embarcación eran rigurosamente “casher” y la bitácora de viaje de sus naves estaba escrita en caracteres hebreos.

Uno de sus compañeros de operaciones fue el pirata Subatol Deul.

El Capitán Davis trabó relación con el hijo del corsario Sir Francis Drake y con él establece una alianza anti-española que, en la historia de la piratería caribeña, es conocida como la “Fraternidad de la Bandera Negra” (Black Flag Fraternity).

La persecución a los judíos se trasladó desde España a todas sus nuevas colonias americanas con más fuerza y perversidad. La ley inquisidora de España y Portugal determinó que:* “ser judío era un estado delictivo.”*

A raíz de este estado de cosas, los judíos se transformaron en fuertes piratas, bucaneros y filibusteros, causando preocupación y temor a los marinos españoles y respondiendo a la violencia e injusticia de la inquisición con una violencia más enérgica y sofisticada.

¿Cuándo comienza a manifestarse esta reacción? ; difícil es saberlo con exactitud ya que en lo que respecta a la cuestión caribeña, los archivos españoles y portugueses están cerrados a triple vuelta de cadenas.

Pero si nos adentramos en los anales de la historia, podemos encontrar sin grandes esfuerzos datos que nos muestran que la rebelión contra el infinito odio xenófobo y la irracional repulsa al judío es cosa muy antigua.

La existencia y actividad de piratas judíos defendiéndose de una agresión continúa ininterrumpida, tiene testimonios que aseveran su realidad.

Flavio Josefo relata en sus escritos, sobre los intensos ataques de piratas judíos provistos de pequeñas embarcaciones, que partiendo del puerto de Jaffa (Yafo), acosaban sin tregua al enemigo romano.

En el Siglo XVI de la era cristiana, la acción de los piratas judíos era una candente realidad. Sacerdotes cristianos manifiestan en sus escritos la evidencia de los ataques de estos marinos hebreos a lo largo de toda la costa del Norte de Africa.

Un documento clerical del Siglo XVI, narra cómo en la costa de Cairruán, en Túnez, que fue un gran centro de cultura judeo-sefaradí, los piratas judíos capturan al obispo Sinesio, en represalia a encarcelamientos que éste ordenaba realizar a sus esbirros contra vecinos judíos.

Moshe Vainroj,
Bat-Yam , abril 27 de 2010*


*Bibliografía:*
> *Flavio Josefo: “Las Guerras de los Judíos*
> *Gonzalo Torrente: “Crónica del Rey pasmado”*
> *Cesareo Fernandez Dura: “La Armada Invencible”.*
> *Lucena Salmoral: “Piratas, corsarios y filibusteros”.*
> *Edward Kritzler: Los Piratas Judíos del Caribe”.*
> *Rafael Patai: “Hasapanut HaIvrit”.*
> *Mordechai Bell: “The Jewish Nation in the Caribbean”*
>

Difundir noticias capciosas es un caldo de cultivo contra Israel y los judíos

Mientras desconocen el constante ataque de civiles inocentes

Autor: Manuel S. Pérez Millos* – Vigo

El día amaneció frío pero soleado, por lo que era fácil suponer que, según avanzara la mañana, caldearía la temperatura. Solamente una contrariedad perturbó mis intenciones. Fue la noticia de que tendría que comer fuera de casa. No obstante, y siempre decidido a que no se me estropeara el día, me ajusté el gabán, aspiré una buena bocanada de aire moderadamente fresco y me dirigí a un restaurante limpio, recogido y, a mi parecer, cómodo. Tras escoger una mesa a mi conveniencia, recibí la visita del camarero quien, me entregó la carta para que escogiera el menú. Le dije que pediría más tarde pero que, entre tanto, me trajera algún periódico del día y una caña de cerveza con algo para “picar”. Cuando tuve en la mesa lo solicitado, me dispuse a echar una ojeada al diario. Y en mala hora tuve semejante ocurrencia que me había de acedar no sólo la comida sino también el resto del día.

En efecto, por azar abrí el ejemplar de prensa por las páginas donde terminaba la información nacional y comenzaban las noticias del extranjero, aderezadas con sendos comentarios y artículos de opinión. Así fue como me enteré que un colectivo requiere de las autoridades de su Comunidad Autónoma que veten la participación de artistas israelíes de renombre mundial tanto en cuanto a actuaciones como a docencia, ya que, según justifican los promotores del dislate, son ciudadanos judíos que no condenan las agresiones del sionismo contra el pueblo palestino; de que niños de corta edad, desde sus colegios, envían absurdas postales a la Embajada de Israel poniendo de chupa de dómine al Estado hebreo; de que en Barcelona se reúne en solemnísima parodia el Tribunal Russell sobre Palestina; de que nuestro gran amigo Hugo Chávez recibe una enorme remesa de “paños calientes” para aplacar su última crisis de egolatría monomaníaca mal desahogada en la arremetida con que obsequió a nuestro Presidente del Gobierno, ministros de su gabinete y al Poder Judicial de la nación; de que los voraces sionistas procuran expoliar a los maltratados palestinos de dos monumentos histórico-religiosos; y, por último, de las enormes y halagüeñas expectativas que despierta la tan imparable como exitosa panacea llamada la Alianza de Civilizaciones. Llegados a este punto, como consideré que había bastante material para reflexionar y, desde luego, más que sobrada bazofia para entontecer mi, de natural, escaso entendimiento.

Le di un pequeño sorbo a mi cerveza y comí una aceituna antes de seguir pensando en lo leído. En una mesa colindante, un grupito de jóvenes con aspecto “progre” según denotaba su vestimenta, conversaba animadamente. De los retazos de su plática, deduje que entre ellos había una acendrada representación de eso que se da en llamar progresía liberal. Trataban en ese momento de una tal Ariadna Jové, activista catalana detenida y extraditada por Israel tras caducar el visado de su pasaporte, celebrando lo que consideraban una victoria (no supe discernir si se referían al triunfo de la legalidad o al más discutible éxito de la agitadora). Concluyeron su análisis del caso manifestando su deseo de conocer in situ la situación en Oriente Medio.

Nuevamente sentí la tentación de acercarme a mis vecinos para aconsejarles que, salvo en Israel, en los demás países de la zona están severísimamente castigadas cosas tales que el adulterio, la ingesta de licores, la vida social de una mujer que no estuviera acompañada de su marido o familiar muy próximo, determinadas prendas de ropa y, en fin, la mayor parte de lo que ellos acostumbraban a hacer, comer, beber y vestir. Excepto en Israel, pensé de nuevo; un país donde hay total libertad individual y unas prácticas democráticas plenamente consolidadas. Una nación en la que hasta las Fuerzas Armadas, inclusive en el desempeño de sus obligaciones, están sujetas al código deontológico ciudadano y, por ende, expuestas a ser juzgadas por administradores de justicia totalmente independientes, si hubiera sospechas de incumplimiento de las pautas éticas establecidas. Un Estado cuyo ejército avisa dónde va a bombardear, para que los no combatientes, entre los cuales se entremezclan sicarios y fanáticos, abandonen la zona. ¿Cómo quienes acosan a Israel pensé- no se percatan de que están atacando al baluarte de todo aquello que dicen defender?

El envío de cartas por medio de niños me parece una pesadilla
Consideré estupefacto el asunto del veto solicitado para músicos israelíes. Lo primero que se me ocurrió es establecer una rudimentaria comparación con lo que ocurre con artistas de otros sitios: de Cuba, Marruecos, y de tantos otros. Por más que rebusqué en mi memoria, no conseguí encontrar actitud semejante. Parece que los “izquierdosos“ no confundir con izquierdistas- nacionales se olvidan lamentablemente del Sahara Occidental, ocupado por el reino alauita, o de los presos anticastristas, a los que con la impudicia resultante de la estulticia, acusan de delincuentes comunes.

Lo que más me indignó fue la manipulación de niños para atacar al Estado judío. Me parece propio de una pesadilla que haya profesores que, en vez de enseñar a pensar a sus educandos, los manipulen hasta convertirlos en meros portadores del virus antisemita.

Pero no es extraño que esto ocurra, ya que el bombardeo a que someten los medios de comunicación a la población, con noticias y opiniones capciosas, incompletas, sectarias o directamente mendaces, son un excelente caldo de cultivo para crear en la ciudadanía mal informada un clima de animadversión generalizada contra lo judío. Tal vez por eso, los padres de las criaturas utilizadas a fin tan execrable, desconozcan que la población civil de Israel está permanentemente atacada por sus vecinos. Quizás no sepan que en Israel hay representación árabe en su Parlamento, con total libertad para ejercer sus funciones como diputados. Se les oculta el esfuerzo humanitario de un pequeño país llamado Israel para paliar los daños sufridos por Haití. No se les dice que Israel fue constituido como nación por una resolución de las Naciones Unidas. Se calla cualquier referencia al compromiso explícito de Irán en cuanto a la destrucción de Israel.
No se dice ni una palabra, en fin, acerca de que judíos sionistas formaron unidades de voluntarios que combatieron en nuestra Guerra Civil contra el fascismo. Y entre tanto, ¿hay abierto algún tipo de expediente a los responsables de los colegios promotores de la acción anti-israelí? ¿Se conocen, en un país donde el fracaso escolar es tan elevado, cuáles son los progresos educativos de los niños adoctrinados en la xenofobia?

Lo que más me confundió fue enterarme de las sesiones en Barcelona del llamado Tribunal Russell. Digo que me embrolló porque me dio la impresión de que se trataba de un acto judicial, es decir, ajustado a Derecho. Pero hete aquí que, para mi pasmo, resulta que en la composición de dicha Sala abundaron fiscales, testigos de parte, acusaciones privadas, peritos judiciales, obviamente jueces, un reo y, por parte del acusado, ¡ni un abogado defensor! Tal atropello no lo recuerdo ni tan siquiera en los fraudulentos juicios del franquismo. Eso sí, las dietas, suplidos y demás gastos derivados del evento, recibieron generosos sufragios de las arcas públicas. Como era de esperar, el fallo de los juzgadores fue condenatorio para Israel, instando, además, a la Unión Europea, a la que se acusa de colaboradora en las tropelías objeto de la vista, a suspender toda colaboración con el Estado judío. Visto a lo que nos tienen acostumbrados por los lares españoles y europeos, el fallo judicial no es en absoluto sorprendente, aunque sí es, por el fondo y por las formas, vergonzoso.

Se me ocurre pensar en qué razones puede haber para silenciar la amenaza yihadista en Europa; para ocultar que el gobierno iraní está islamizando tribus autóctonas en Latinoamérica; para no entrar a dirimir sobre las consecuencias del mencionado proceso; para rodearse de zafios y repudiar a quienes pueden aportarnos ciencia, conocimiento, tecnología y, en general, todo lo bueno de eso que se llama cultura, progreso y un entramado económico más sólido que la especulación inmobiliaria.

Me pongo a cavilar sobre algunos por qué que se vienen a la cabeza. ¿Por qué la gente no piensa con un mínimo de cordura y de equidad? ¿Por qué tengo que vivir en un país judeófobo? ¿Por qué tengo que verme abrumado por la desvergüenza ajena? ¿Por qué…? En ese momento, una voz interrumpe mis meditaciones y veo por el rabillo del ojo la figura profesionalmente hierática del camarero. Me está preguntando si ya he decidido que tomaré.
- Sí, tráigame, por favor, un pasaporte de apátrida y una ensalada de dignidad, sentido común e imparcialidad.
- ¿Cómo dice, señor? ¿Eh? ¡Ah, perdone usted! Estaba pensando en otras cosas. Póngame un filete con ensalada de lechuga, tomate y remolacha. Gracias.

* Miembro de la Asociación Galega de Amizade con Israel (AGAI).

Fuente: http://aurora-israel.co.il/articulos/israel/Opinion/28046/

BARBARA STREISAND – Canta a su pueblo Judío

Versión ampliada de una video anterior.
SOMEWHERE (EN ALGUNA PARTE) Un homenaje a la Shoá

Kristallnacht 1938 y el viaje de S.S. St. Louis
a La Habana, Cuba in 1939. Más de 900 judíos en un barco que se dirigían a Cuba con permisos de válidos para tomar tierra se les denegó la entrada
y fueron forzados a regresar a Europa. Muchos de ellos perecieron en los campos de concentración nazis.
Después de la guerra se erigió un Monumento al Holocauato en el cementerio Judío de la Habana con la siguiente descripción:

Honrando la memoria
En este lugar estan enterradas varias pastillas de jabón hechas de grasas humanas hebreas parte de los seis millones victimas de la barbarie nazi
ocurrida en el siglo veinte.
Paz a sus restos.

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