El aporte judío en la lengua y la literatura españolas

Publicado 09/12/2010

No hay aspecto de la cultura española en que no hayan dejado su impronta

Autor: Dr. Mario E. Cohen

Este ensayo será sólo un pequeño recorrido por los títulos de los temas que se abren, a cada paso, cuando comenzamos a indagar en el tema. No hay aspecto de la cultura intelectual española en que los judíos no hayan dejado su impronta, en el transcurso de una decena de siglos de vida en la Península. Los aspectos más destacables que enumeramos, se refieren a la influencia en la formación de la lengua castellana y en la literatura, pero no son de despreciar los avances pergeñados por el judaísmo español en las más diversas ramas del saber (matemáticas, cartografía, astronomía, etc.), que se traslucen hasta hoy, tanto en la cotidianidad del idioma como en la aplicación científica general.

Los judíos, forjadores de la lengua castellana
Decía el escritor mexicano Carlos Fuentes en la inauguración del III Congreso Internacional de la Lengua Española: “Somos lo que somos y hablamos lo que hablamos, porque los sabios judíos de la Corte de Alfonso El Sabio impusieron el castellano, lengua del pueblo, en vez del latín, lengua de la clerecía, a la redacción de la historia y las leyes de Castilla. Con cuánta emoción, majestades, señoras y señores, asistimos en 1990 a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias en Oviedo, cuando el príncipe Felipe les abrió los brazos a las comunidades judías de la vieja España para recibirlas. Dijo Don Felipe: con una gran emoción y el espíritu de concordia de la España de hoy”.
En su obra España en su historia (1), Américo Castro señala que “lo único que ahora interesa es dejar bien en claro que el castellano comenzó a servir de instrumento de alta cultura gracias a los judíos que rodeaban a Alfonso X y fomentaron sus curiosidades afinadísimas; dos siglos más tarde, la situación sigue siendo la misma, pues son los judíos y no los cristianos quienes usan la lengua vulgar para el comentario de las Escrituras, la prosa filosófica y los estudios astronómicos”.
Los judíos usaron la lengua vulgar (castellano en formación) porque el idioma latín era usado por la Iglesia y el idioma árabe ya había dejado de ser la lengua culta del mundo cultural.
De esta manera, el castellano fue el primer idioma europeo, amén del latín, en usarse en textos seculares de filosofía, historia y derecho.
Algunos consideraron a Iehudá Haleví como el primer autor de versos en romance (el idioma español de entonces). Pero correspondió a Sem Tob, un judío de Carrión de las Condes (Palencia) escribir el primer libro en poesía lírica en español durante el siglo XIV. Se trata de los llamados Proverbios Morales.
Un ejemplo del mismo:

Cuando se seca la rosa que ya su sazón sale,
Queda el agua olorosa, rosada, que más vale.

En otro fragmento nos dice que todo tiene su contradictorio. Se trata de un texto que tiene seis siglos y medio y está escrito en lenguaje de la época.
Non ay syn noche día,
Nin segar syn sembrar,
Nin sin caliente fría,
Nin reyr sin llorar

Nin ay syn después luego,
Nin tarde syn ayna,
Nin ay fumo syn fuego,
Nin syn somas Farina.

Nin ganar syn perder,
Nin syn baxar altesa:
Salvo en Dios poder
No lo hay sin flaquesa

Después de Sem Tob le siguieron muchos otros en y fuera de España. Un ejemplo de esta expansión de judíos en poesía en lengua española la da tres siglos después Daniel Levy de Barrios, cuando en Ámsterdam escribía a su gran patria Montilla:

Verde estrella del cielo cordobés, agrado de Marte,
Corte de los famosos descendientes del Alonso del sol cumbre,
Murió matando mahometanas gentes.


Este es sólo uno de los tantos poetas y escritores sefarditas que siguieron escribiendo en español, fuera de España.
Un caso especial digno de mencionarse es el de los escritores judíos de Ámsterdam, que competían con los peninsulares durante el Siglo de Oro, tema muy estudiado por Fernando Díaz Esteban.
Desde el punto de vista cultural, los sefarditas pusieron en Europa el germen para el renacimiento de la cultural gentil.
Muy importante fue el papel desempeñado por los judíos en el comercio y en las finanzas. Muchos de los proyectos de los reyes se financiaron a través de financistas judíos, inclusive la Guerra de Granada, que dio por finalizado el poder musulmán en España.

La poesía, regalo de Sefarad a la humanidad
A pesar de la falta de un vocabulario bíblico original, los poetas hebreos de Sefarad encontraron la forma de escribir poemas en idioma hebreo, utilizando la métrica árabe, lo cual llevó a un desarrollo simultáneo de la gramática hebrea.
Respecto a la poesía señala el profesor Pérez Castro que mientras los géneros literarios hebreos en la antigüedad giraban en torno al eje religioso, los poetas hispano- hebreos “rebasan el marco puramente religioso: la filosofía, las ciencias, el interés por la naturaleza, la apreciación de la belleza del mundo y del hombre, la valoración de las emociones humanas en la poesía litúrgica y secular, el interés por la posible armonización de lo religioso con lo supra-racional, con lo científico o meramente racional, y tantos y tantos otros. (…) Fueron estos hombres abiertos a todas las posibilidades que el ser humano ofrece, anticipándose en varios siglos a lo que después habría de significar el Humanismo, con mayúscula”.
Con relación al campo de la convivencia, transcribiré dos opiniones de escritores musulmanes referidas a personajes judíos de la época. El gran historiador árabe Ben Hayyan dice, respecto de Shamuel Ha Naguid: “¡Qué hombre extraordinario! Escribía en las dos lenguas (árabe y hebreo); había estudiado la literatura de las dos naciones; había primado en los primores de la lengua arábiga y se había familiarizado con los escritos de los gramáticos más sutiles. En síntesis, habría podido creerse que sus cartas estaban escritas por un buen musulmán, ni más ni menos.
En las matemáticas y en la lógica poseía conocimientos suficientes; pero era superior en la dialéctica, en este terreno vencía siempre a sus adversarios. No obstante la vivacidad de su espíritu, hablaba poco y pensaba mucho. Reunió una hermosa biblioteca”. (2)

Dijo el poeta Al Said ibn Surat al Mulk, del filósofo y médico Maimónides:

El arte de Galeno cura los cuerpos,
Más Abu Imram sana los cuerpos y las almas:
Su ciencia puede quitar el mal de la ignorancia.
Si la luna se sometiera a su arte,
El la libraría de sus manchas durante el plenilunio.
Podría despojarla de sus defectos periódicos,
Y de su palidez en la época de conjunción.

Las obras médicas de Maimónides, resultado de la pluma de uno de los precursores en medicina preventiva y psicosomática, titulada Los aforismos y comentarios a los aforismos de Hipócrates, en versión árabe y latina fueron, durante siglos, material de referencia obligado en la formación de los profesionales médicos.

Los conversos sefardíes en la literatura española
Otro de los capítulos interesantes se refiere al aporte de los sefarditas ya convertidos al catolicismo a la literatura española.
Señala Américo Castro que las obras satíricas del siglo XV suelen atribuirse a conversos y cita a varios de ellos: Juan de Mena, Hernando el Pulgar, Rodrigo de Cota, Antón de Montoro. Y señala la posibilidad de autores conversos para “El lazarillo de Tormes” y “La Celestina”.
En las últimas décadas se ha encontrado el origen judío o converso de decenas de hombres clave de la literatura española de los siglos XVI y XVII. Estas investigaciones se contraponen con las realizadas hasta el siglo XIX en que el encontrar genealogías judías, constituían un oprobio para las familias sospechadas.
Hoy, por curiosidad científica (y a veces por cierto sentimiento de culpa) se están investigando los orígenes de muchos nombres de primera línea como conversos o descendientes de tales:

Citaremos sólo alguno de los más resonantes:

  • . Miguel de Cervantes
  • . Fernando de Rojas, autor de La Celestina
  • . Santa Teresa de Avila
  • . San Juan de la Cruz
  • . Antonio de Nebrija
  • . Fray Luis de León
  • . Francisco de Vittoria
  • . Baltazar Gracián
  • . Luis Vives

Estas peculiaridades judeoconversas en la literatura del Siglo de Oro han sido ya bastante estudiadas por Américo Castro y especialmente por Francisco Márquez Villanueva y Alfred Sircroff.
Escribe Juan Goytisolo (El País, 1999): “El pesimismo radical de Fernando de Rojas y Mateo Alemán, la ironía de Cervantes, la amarga imprecación de Fray Luis de León, son manifestaciones distintas de una estrategia personal de desengaño, resistencia o huida y coincide con la idea de que a los conversos se le debe el movimiento central del Siglo de Oro de la literatura española”.
Los sefarditas llevaron las lenguas ibéricas a todos los continentes conocidos en aquella época. Hacia fines del siglo XVI, en todos los continentes se hablaba español: gracias a los castellanos en la Península Ibérica y América y en los restantes gracias a los sefarditas
Otro capítulo importante es el papel que desempañaron los expulsados como creadores de las primeras imprentas, tanto en el continente africano como en el asiático, adelantándose dos siglos a la aparición de la primera imprenta turca.
Pare cerrar definitivamente este tema, debemos señalar que no entraremos al tema de la influencia del canto sinagogal sobre el flamenco ya que es un tema controversial. De todas maneras, varias autores lo han señalado.
(1) Losada, Buenos Aires, 1948. También Editorial Crítica. Barcelona, 2000.
(2) Citado por Suárez Fernández, Luis. Judíos españoles en la Edad Media; Rialp: Madrid; 1988; pág. 85.
(3)Americo Castro. Op. Cit., pág. 539.
(Fragmentos de la conferencia que ofreció el doctor Mario Eduardo Cohen, presidente del CIDICSEF, www.cidicsef.org.ar en la Real Academia de la Historia de Madrid).

 

CONTROVERSIA NO ES DESLEALTAD

Por Jaime Naifleisch Aisenberg (y Medvedév, Rosen Ree, Kaplan…)

De Israel Eliézer, el Baal Shem Tov, profeta en los albores de la Modernidad, podríamos decir lo que de Ieoshúa el Nazareno, en la última etapa de la Antigüedad: los que se apoderaron de él, de su respetado y prestigioso nombre, pero no de sus ideas, lo han tergiversado hasta hacerlo irreconocible. ¿O tiene que ver el que llaman Jesús de Nazaret, divinizado, con lo que la religión organizada dice de aquél profeta, en cuyo nombre justifican todo lo que la Torá rechaza, la divinidad de un hombre, la sumisión a los señores, la sobrenatural espera de justicia post mortem y la renuncia a la procura de justicia posible aquí, donde tiene lugar la vida, la idea de cuerpo y alma como entidades separadas, la supremacía del varón sobre la mujer…? Y la judeofobia, nada menos.

Con el Baal Shem Tov como con Ieoshúa “fundadores” del jasidismo y del cristianismo, respectivamente, ha sucedido en la Historia lo que con todos y cada uno de los maestros que, con mayores o menores méritos de lucidez, han emergido de entre sus pueblos, han señalado caminos, y han sido usados luego para el engaño y la mentira.

Eliézer decía de los rabinos del gaón de Vilna, que siete veces pronunciaron jerem, excomunión, contra él: “leen la Torá, sí, pero estudian el Talmud”.

Este maestro vive y predica su buena palabra en una de las áreas más atrasadas de Europa que se resistía a dejar de ser brutalmente feudal. El espacio en el que vivía la mayor parte de los judíos ashkenasim, y en la mayor miseria de toda la judeidad. (Adjunto un video que tal vez no conozcan).

Su época continuaba revuelta por la aventura de Shabtai Zvi, 1626-1676, un iluminado al que un hábil acólito había proclamado “meshiaj” y “fundador”, cómo no, de la secta shabateanista, que aparece, obvia e impunemente, después de su muerte, como la de Ieoshúa, como la del Baal Shem Tov.
Difundiendo su nombre se divulgó en todo el mundo de dominio cristiano y musulmán el llamamiento –que no sería el primero ni el último– de dejarlo todo y dirigirse a la Tierra de Israel, reconstruir el reino, vivir correctamente y esperar allí al designado del Señor, el meshiaj, para dirigir a los justos en la lucha final por la justicia universal.

Decenas de millares de -diríamos– “sionistas” se pusieron en marcha, desde el Reino Unido y el Báltico hasta el norte de África y Polonia, y Turquía… Enterado el sultán de la Sublime Puerta, el centro imperial turco otomano, de esa barahunda demográfica que llenaba los caminos de desvencijados carruajes con familias, de gentes a pie, a caballo que se dirigían a ese rincón de sus dominios, el Distrito palestino de la Provincia siria, mandó llamar al líder. El musulmán osmanlí creía en la Torá, y en las supersticiones de sus súbditos israelitas, como era natural –y casi general– entre sus correligionarios hasta la irrupción del islamismo judeófobo.

¿Y si en verdad el tal Zvi ha recibido una señal de Dios? Quiso saber. Hay quien dice que estuvo presente en la audiencia tras unas celosías, lo cierto es que escuchado por sus visires el califa, preocupado por el desorden público que esas multitudes podían generar en las aldeas califales, instó a Shabtai Zvi a convertirse al Islam, so pena de muerte. Zvi se convirtió, y algunos de los suyos. De esa estirpe provienen los donmë, los musulmanes de origen judío, que han sido élite intelectual de Turquía, maestros en Saloníca de Kemal, el que transformaría el catastrófico final del Imperio otomano (1918) en la moderna República de Turquía que ahora los “moderados” (¿?) están hundiendo en la barbarie islamista.

La aventura de Zvi había tenido el mérito de revolver a la judería, aplastada, resignada a la impotencia, el atraso, la miseria, con una propuesta de renovación de sus vidas. Cuando en unas pocas regiones (Inglaterra, Flandes) el comercio fundaba la industria, se salía de la oscuridad con las ciencias liberadas del yugo clerical, y aún ni había atisbos de movimiento alguno en pro de los derechos humanos, de las libertades, que sacaran a los siervos de la gleba de la omnipotencia feudal, ni a los nuevos siervos, los obreros, de la superexplotación industrial. Ni el gran Moses Mendelssohn, 1729-1786, el tercer gran Moisés, con su Haskalá, reclamando a los judíos que se autoemanciparan, ni Revolución Americana con sus Derechos del Hombre (1776), ni Francesa (1789), ni guerras liberales napoleónicas en Europa (1799-1815), ni Congreso de Tucumán (1816, la libertad sigue viva entre los Libres del Sur), eran aún imaginables cuando el Zvi mueve a la gente en dirección a una justicia posible en la Tierra.
Pero la apostasía, el abandono de Zvi, causaría una profunda depresión en la mayoría de los hebreos, mientras se multiplicaban los falsos mesias, como el polaco Frank, luego bautizado.

En Vilna, Lituania, ya entonces llamada la Jerusalem de Vilna, vivían hebreos con un grado de prosperidad mayor, y una corte sinagogal rica, solemne, ritualista. Que hoy llamaríamos “ortodoxa”, nombre que entonces no se aplicaba a nadie.
Con el propósito de impedir un nuevo desorden en la judería, los rabinos lituanos, guiados por el talmudista Elijah ben Shlomo Zalman, 1720-1796, multiplicaron los rigores de la liturgia. Conmemoraciones del ciclo anual se hicieron larguísimas y complicadas, como el Seder de Pesaj, como el Iom Kipur, como toda la práctica judía. Los manuales de halajá se alambicaron hasta el agobio ritual (El mantel, Mopat, para ashkenasim, y La mesa servida, Shuljan Aruj, para sfaradim, los más difundidos). Se trataba de mantener a los fieles muy ocupados, y bajo la palabra de los oficiantes oficiales, para que ningún loco subversivo se hiciera con las congregaciones. Las normas dietéticas del kasher, sus ayunos, el lugar de la mujer, ganaron en rigor.
Al sur de Lituania se extienden las tierras de Polonia, Galitzia, la Vukovina… donde vivía esa mayoría pobrísima, indefensa, cuya ritualidad era a su vez sencillo folclore, con muchos elementos tomados de los pueblos de su entorno, como el del kayin enhore, el mal de ojo, probablemente de raiz turca preislámica.

Aquí es donde aparece Israel Eliézer, digamos en esta somera reseña. Hondamente piadoso con el prójimo, el sabio rechazó el nuevo rigorismo, esa reforma religiosa que caía sobre los míseros aldeanos –que ya empezaban a ser maltratados por sus vecinos católicos a medida que los papas convencían a los obispos para que acabaran con la larguísima convivencia, nacida cuando los Jagelon (circa 1386-1572) establecieron la moderna Polonia e invitaron a los ashkenasim masacrados en Alemania, a radicarse en su nuevo país. Ashkenasim de habla ídica, claro, que están en los orígenes de la Polonia moderna, donde su mame loshn, su lengua materna, tuvo un segundo florecimiento (es base de la que hablan en Nueva York y en Mea Shearim los “ultraortodoxos”).

Sale el judehuelo de su choza con suelo de tierra (envío imágenes de ellos) a buscar algún sustento para su mishpoje (familia), donde seguro que hay enfermos y débiles, encuentra espinas de pescado que un restaurante de clientes cristianos y judíos ricos va a tirar, y las lleva a casa con mondas de papa, y algo más si tuvo suerte ¿y el gaón de Vilna le va a decir qué toca comer ese día, o si es día de ayuno, o que debe permanecer de pie dos días en el Iom Kipur…?

No, dice nuestro Baal Shem Tov, somos Hombres, hemos de tender al bien, no tender al Mal (iétzer ha Tov, lo iétzer haRa), los jukim (obligaciones incomprensibles) no nos sirven ni servimos con ellas a Dios. Vayamos a la Torá.

Eliézer no dejó nada escrito. A su muerte sus fieles eran mayoría en el centroeste de Europa, y habían desoido a los rabinos que los expulsaban de la judeidad. Entonces aparecen los santones. Rodeados de su Corte de hijos, nueras y yernos en general aprovechados, que cobraban a los que recorrían penosamente distancias para ir a ellos, a que les curen el mal de ojo, en busca de consejo (este es el talmudismo que llega hasta el Freud viejo, el de la Sociedad Psicoanalítica, con la idea de que si no puedes pagar al analista es que no te quieres curar). ¿Me caso con Rivke? ¿me mudo a otra aldea?

Ese es el jasidismo de los siglos posteriores, aniquilado en la Shoá. También bailan en la presunta tumba del segundo gran Moisés, Maimónides, 1138-1204, por cuyo racionalismo contra la reforma de Saadia Gaón, obediente al sultán de Bagdad, fue expulsado de Al Andalus, y viajó hasta encontrar la muerte nadie sabe dónde. Los seguidores de Saadia, verdadero fundador de la reforma religiosa del año mil, fundada en el talmudismo del segundo milenio… son los que hoy idolatran a Maimónides, bailando sobre esa tumba de Tiberíades.

Grandes aportes judaicos a la conciencia son la libertad intelectual para el ejercicio de la crítica profunda (Walter Benjamin), y la interpretación de todo discurso. Veamos Bereshit (Génesis) en sus primeros capítulos, donde se recogen dos tradiciones sobre la creación de los seres humanos. Ishá (mujer) creada desde ish (hombre), desde dentro suyo, para ser su compañera, sobre la que él se enseñorea; Ish e ishá, a ambos los creó, desde la tierra roja, “a ambos los bendijo”. Dos visiones del mundo, dos escalas de valores. Dos paradigmas. Dos weltanshauung. Lástima que la mala vulgarización eclesial haya hecho predominar una y ningunear la otra, que ahí está, indeleble.

Siempre ha sido así. La Torá no es dogma, seguimos escribiéndola –con lucidez y torpeza, como en el primer milenio, donde unos profetas describen a otros como falsos profetas. Como hace dos milenios, Hillel y Shamai. La Torá, Torat jaím, Torá para la vida, como la misma vida, es cambio: cada generación ha de afrontar sus propios desafíos, ha de debatir libremente, ha de dar golpes sobre la mesa si es preciso, ha de evitar a toda costa que la sangre llegue al río. Esa conducta correcta supera el valor eventual de las diferencias. El asesinato de Itzjak Rabin dista de ser norma entre israelitas en este mundo siempre ensangrentado.

Nunca hubo en un yishuv (judería de un lugar) una sola sinagoga para todos. No olvidemos a “Robinson Krusovich”, que en su isla de náufrago, construyó tres templos. Un Bet am (Casa del Pueblo) era la suya, otra la de esos amigos que te invitan a un brit milá, a un bar mitzvah y ¿cómo no ir? “¿Y la tercera?” preguntó entonces el marinero que fue a rescatarlo, ¿Esa? Vist mishuge? (¿estás loco?) ¡A esa no voy ni que me maten.
En mi propia familia, rabinos, comunistas, sionistas, reformistas, jaredim, asimilados… han llegado a no hablarse durante un tiempo, ni cuando coincidían en el cementerio y lloraban a su madre. La Guerra Fría fue uno de los períodos de prueba más feroces, casi todos caímos en él, y nos enfrentamos, o nos dimos la espalda. Pero sabiendo, todos, o acaso casi todos, que discrepancia no es deslealtad. Esa conducta correcta añade valor a todos los planteos, y morigera lo que hubiere de erróneo o de insuficiente en ellas.

Sfaradim, ashkenasim (¿por qué con zeta?) teimanim, falashim… iekes, lítvake, ruski, osmanlí… Todo cabe, todo puede caber en la Torá. Lo que consideramos correcto y lo que incorrecto. Ibn Ezra, Maimónides, Najmánides, el Rashi, Luria, Spìnoza, Shabtai Zvi, Salomón Zalman, Israel Eliezer, Mendelsohn, Holdheim, Moses Hess, Heschel, Luzatto, Pinsker, Arkadii, Medem, Hertzl, Mandelstam, Ajad Haam, Mijoels… el aluvión de 1880-1940…, si no los consideras tuyos, aun si a unos más que a otros, o si adoras a alguno, puede que no hayas entendido el judaísmo, ese que “es irreductible al análisis”, según Freud, ese enigma que no nos explicamos ni los judíos ni las gentes de otros pueblos.

Baal Shem Tov, fundador del judaísmo jasídico

Israel Ben Eliezer (c. 1698, Okopy, Ucrania – 22 de mayo de 1760, Medzhybizh, Ucrania), también conocido como Baal Shem Tov o Besht, fue un rabino judío considerado fundador del judaísmo jasídico. Besht nació en Okopy, una localidad ucraniana pero que a lo largo de la historia ha sido parte de Polonia, Rusia y Galitzia, hijo de Eliezer y Sara. Murió en Medzhybizh, ciudad de Ucrania, pero que formó parte de Lituania, Turquía, Polonia y Rusia.

Israel ben Eliezer era un místico judío ortodoxo, conocido por la mayoría de los judíos religiosos como “el Santo Baal Shem” (der Heiliger Baal Shem en yídish), o más comúnmente como Baal Shem Tov. Este se traduce como “el Maestro del Divino Nombre”, donde Tov significa “Bueno”, que unido a Shem se traduciría como “Nombre [Divino]“, aunque más correctamente sea entendido como una combinación de Ba’al Shem, “el Amo (Maestro) del Nombre [Divino]“, siendo Tov un epíteto honorífico.

La escasa información biográfica conocida sobre él está tan entrelazada con leyendas y milagros que en la mayoría de los casos es difícil averiguar cuáles son los verdaderos acontecimientos históricos. De las numerosas leyendas relacionadas con su nacimiento se puede extraer que sus padres eran pobres, honrados y piadosos. Cuando Israel Ben Eliezer quedó huérfano, su comunidad se hizo cargo de él. En la escuela se distinguió sólo por sus desapariciones frecuentes, siendo siempre encontrado en los solitarios bosques que rodean el lugar, disfrutando de forma entusiasmada de las bellezas de naturaleza. Muchos de sus discípulos creían que pertenecía a la Casa de David, y por extensión, con la institución del Mesías.

Fuente: Wikipedia

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¿Qué es el jasidismo?

La palabra hebrea “Jasid” significa “piadoso”, y se utiliza en las fuentes clásicas del judaísmo para designar a aquella persona cuya devoción espiritual va más allá de los requerimientos técnicos de las leyes religiosas judías. El término llegó a utilizarse para designar a los movimientos religiosos judíos de Europa del Este. Muchos de los conceptos jasídicos básicos se basan en los trabajos fundamentales de la Cábala como son el Zohar y los comentarios del Ari (Rabí Yitzjak Luria de Safed: 1534 – 1572). Aunque un pequeño grupo se ocupaba de estudiar la Cábala, el jasidismo se convirtió en uno de los mayores movimientos de masas llegando sus enseñanzas a muchas comunidades.

En muchos aspectos el jasidismo es una extensión natural de la Cábala, pero con una diferencia importante. Mientras la Cábala conduce al hombre hacia Dios, el jasidismo trajo a Dios hacia el hombre, la Cábala le ofrece al iniciado una visión de los mundos superiores, con sus lugares sagrados, ángeles, emanaciones, recipientes y luminarias. El jasidismo desde el otro punto de vista, hizo totalmente lo opuesto al traer el dominio celestial aquí abajo en la tierra para el hombre, mostrándole el tipo de vida y enseñándole la devoción necesaria a lo que se predica. La lección bíblica “Conócelo en todos tus caminos” (Proverbios 3:6), llego a ser la frase clave en el mundo jasídico.

Antes del surgimiento del jasidismo se le daba mayor importancia a la idea de la trascendencia de Dios, quien se le consideraba remoto y de único acceso sólo a través de gran dificultad. Si una persona deseaba ganar un grado de proximidad a Dios, sólo podía hacerlo a través del ayuno y la mortificación autoimpuesta, así como la total separación de todo lo que representara este mundo mundano. Este aspecto era muy observado sobre todo en las antiguas enseñanzas de la Cábala y los individuos que estaban en capacidad de llevarlo a cabo eran realmente muy pocos.

Jasidut por otro lado, enfatiza el otro aspecto, el de la proximidad de Dios. Este concepto se manifiesta una y otra vez en el pensamiento jasídico expresado en la idea que Dios llena toda la creación y colma plenamente todas las cosas. Una y otra vez se recuerda la máxima: “Toda la tierra está llena de Su Gloria”, y “El llena todos los mundos”. Así es que si Dios está tan próximo, entonces es fácil acceder a El y la única condición necesaria es un sincero sentimiento de hacerlo como expresa la oración “Dios está cerca de todo aquél que lo llama, de todo aquél que lo invoca en verdad” (Salmos 145:18).

Se concluye así que el camino a Dios está disponible a todos, inclusive el más bajo de los hombres. Lo que se exige es que la persona realmente desee un acercamiento a Dios “con todo su corazón” y que por consiguiente haga lo mejor posible para servirlo. No hay lugar tan degradado en la tierra donde Dios no pueda ser allí encontrado, así como tampoco hay persona tan degradada en la que no se encuentre una chispa de la verdad. Todo lo que tiene que hacer esta persona es dirigirse a Dios con un corazón sincero para “subir la escalera de Jacob a las mayores alturas”.

Los maestros jasídicos percibieron que tanto el bien como el mal pueden ser por doquier encontrados. Inclusive la observancia estricta que se lleva a cabo con algún motivo ulterior, contiene un elemento de maldad en sí misma aunque parezca que se la practica con fines buenos. La sinceridad absoluta, por otro lado, es de importancia primordial para alcanzar a Dios y esto está al alcance de todos.

El Baal Shem Tov y sus seguidores se opusieron a la idea de la observancia estricta, pero al mismo tiempo predicaron la adherencia absoluta a los códigos. Todavía prevalecía la idea que si una persona era sincera en su creencia en Dios y Torá, los detalles quedaban en el trasfondo. Si se consideraba que la observancia estricta era muy importante en el sentido de acercarse a Dios, entonces el Jasid era estricto, pero en muchos otros casos la actitud era un poco más suave en lo que respecta a esta observancia. De nuevo el énfasis se colocaba en el servicio a Dios a través de Su Ley y no solamente observando las leyes por sí mismas.

Otra enseñanza fundamental es que inclusive el acto más mundano puede ser elevado al nivel de servicio, aunque esto no era una idea original del Jasidut ya que está inclusive mencionado en el “Shulján Aruj” -La Mesa Puesta- que es un código de leyes judías fundamental elaborado algunas centurias antes

Las enseñanzas del jasidismo:

* Prioridad de las emociones sobre el intelecto: La devoción simple, intuitiva y sincera es preferible al ideal de la erudición talmúdica que era comúnmente considerada como característica de la autoridad religiosa.

* Omnipresencia de Dios: Consciencia absoluta de la presencia de Dios en las “chispas de divinidad” contenidas en todas las cosas, inclusive en objetos y acciones sencillos. Apreciación de Dios en la naturaleza. La experiencia de la divinidad es por consiguiente accesible a todos.

* Alegría: La conciencia de un Creador amoroso y presente en todo momento debe llevar a sentimientos de profunda alegría. Por consiguiente el modo apropiado de servir a Dios es de dicha, ya que la tristeza impide una relación apropiada con Dios. El Baal Shem Tov proveyó un antídoto efectivo contra las enormes fuerzas desmoralizadoras que afectaban a la judeidad rusa y polaca ya que él enseñó a estas masas a sentirse bien consigo mismos, su judaísmo y su relación con Dios.

El Baal Shem Tov estimuló el cultivo de la alegría a través de actividades como el canto, la danza, el recuento de historias, la bebida, etc. La doctrina jasídica explicó que los campesinos aman las canciones y las historias que en realidad son textos de profundo significado religioso, como por ejemplo la canción que los levitas cantaban en el Templo Sagrado, expresando su amor a Dios y a Israel.

El jasidismo llegó a conocerse en el Occidente principalmente por su mandamiento de “servir a Dios con alegría” (Salmo 100:2). El jasidismo enseña que a Dios le agrada que las personas estén satisfechas y felices. Inclusive cuando una persona tiene características que no se compaginan con los ideales expresados en la Torá, tiene todavía como meta estar alegre. Se debe considerar que todo ha sido creado para el bien y que al final se percibirá su aspecto positivo. La forma en que los grupos jasídicos ponen esta idea en la práctica es evidente durante la oración. Algunos grupos tienen melodías muy alegres, el cantor comienza a cantar y todos se le unen. Las plegarias se recitan en voz alta y van acompañadas con movimientos del cuerpo. Los miembros de una comunidad se reúnen con frecuencia y cuentan anécdotas de sus Rebes o de otros Rebes. Estas reuniones terminan en una danza en la cual los participantes se dan las manos y bailan lentamente en círculo. En estos momentos cada hombre siente que está unido con el grupo y que la vida es mucho más que la rutina diaria.

* Tradiciones: El jasidismo le da mucha importancia a las tradiciones populares de los judíos de centro y este de Europa “Ashkenaz”. Sin embargo el servicio litúrgico fue reemplazado por el español “sefárdico” que se ha considerado santificado por su preferencia entre los cabalistas, especialmente en la escuela de Rabí Isaac Luria en la ciudad de Safed en el siglo 16. El Baal Shem Tov favoreció un modo de plegaria menos estricto en lo que respecta a privaciones y ascetismo, ya que este rigor desmesurado fue considerado por él como una falta de fe en Dios como un Padre Amoroso.

* El Bien y el Mal: El Mal se diferencia del Bien sólo en una cuestión de grado en la jerarquía de la santidad. Por consiguiente el pecador no es completamente rechazado por la compasión de Dios, y tiene siempre el potencial de arrepentirse y mejorar.

* Oración: Se le da mucha importancia a la oración sincera, que puede elevar el alma del hombre hacia su Creador así como el poder de invocar bendiciones divinas.

La doctrina de la oración se caracteriza por dos ideales místicos:

- Devekut (devoción constante): La conciencia constante de la presencia de Dios.

- Hislajavut (consumirse en entusiasmo): La experiencia de la exaltación espiritual mientras el alma es elevada hacia Dios.

La plegaria jasídica es conocida por su desapego a las regulaciones técnicas y a las formalidades rituales impuestas por la Ley Judía, especialmente las horas fijas de llevarla a cabo. La oración celebra la devoción sincera sobre la simple recitación mecánica de los textos litúrgicos. En el jasidismo se considera también de mucha importancia todas las expresiones de emociones en la oración, como la gesticulación, la danza, canto, etc.

* Mesianismo: Existe discrepancias entre los académicos sobre la importancia de las aspiraciones mesiánicas en las doctrinas del Baal Shem Tov. En una de sus pocas cartas, él expresa la creencia que la propagación de sus enseñanzas ayudarán y serán como un preludio para la redención final. De todas formas G. Sholem ha argumentado que la intención del Baal Shem Tov fue neutralizar los acontecimientos negativos y la atmósfera de desaliento que ya había causado mucho desencanto en las generaciones anteriores, interpretando estos aspectos como la expresión de procesos que se llevan a cabo en el alma del individuo.

Uno de los trabajos publicados en el período del surgimiento del jasidismo fue el “Keter Shem Tov”. Este comienza con una carta referente a la visión que el Baal Shem Tov tuvo, en la cual se le dijo que a través de sus enseñanzas el Mesías vendría: “…durante la celebración del Año Nuevo de 5507, mi alma ascendió y en una visión percibí cosas maravillosas que nunca antes había visto… me elevé de nivel a nivel hasta que entré en el dominio del Mesías… y le dije entonces: ¿Cuándo vendrás? – y él contestó: Cuando tus enseñanzas se hayan esparcido y proclamado por toda la tierra y cuando tus fuentes se hayan desbordado…. “.

Es bastante claro al considerar lo antes dicho que de acuerdo con el jasidismo, la era mesiánica llegará gracias a las enseñanzas jasídicas. De todas formas no es correcto observar al jasidismo como un movimiento mesiánico desde el punto de vista social. El Baal Shem Tov nunca proclamó ser el Mesías, es decir, no niega la legitimidad de otras corrientes del judaísmo ortodoxo. Pero el efecto de esas ideas en la vida diaria no debe ser subestimado. El jasidismo sostiene dentro de la expectación del judaísmo ortodoxo, que uno de los líderes religiosos, quien es también un descendiente del Rey David, se proclamará a sí mismo como el Mesías del pueblo judío. Considerando otro grupo de ideas, se espera que la profecía sea cumplida en la presente era. Por esta razón algunos grupos jasídicos hacen un esfuerzo en distribuir literatura jasídica fuera de su propia comunidad y las obras más importantes son traducidas y publicadas en los idiomas modernos. En esta forma el jasidismo espera en contribuir con el proceso de apresurar la venida de la nueva era.

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