Italia: El Papa y el rabino de Roma visitaron las Fosas Ardeatinas

29/03/2011

Italia: El Papa y el rabino de Roma visitaron las Fosas Ardeatinas

El papa Benedicto XVI visitó las Fosas Ardeatinas, una mina abandonada al sur de Roma donde los nazis fusilaron en 1944 a 335 romanos, un gran número de ellos judíos, y calificó al nazismo como el “mal más horrendo”.

Acompañado del rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni, y del cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, de 86 años, hijo del coronel partisano Giuseppe Cordero Lanza di Montezemolo, uno de los fusilados en ese lugar, Benedicto XVI dijo que lo ocurrido en las Fosas Ardeatinas es “una gravísima ofensa a Dios”.
“Lo que aquí sucedió el 24 de marzo de 1944 es una gravísima ofensa a Dios, porque es una violencia intencionada del hombre contra el hombre. Es el efecto más execrable de la guerra, de cualquier guerra, mientras Dios es verdad y vida, paz y unidad”, afirmó el Pontífice.
El Papa alemán agregó que había venido a este lugar donde los nazis perpetraron unas de las mayores matanzas en Italia para que no se olvide lo ocurrido e invocar la Misericordia Divina, “que es la única que puede colmar los vacíos, los abismos abiertos por los hombres cuando empujados por la violencia ciega reniegan de la dignidad de hijos de Dios y hermanos entre ellos”.
Recordó que las Fosas Ardeatinas se encuentran muy cerca de las catacumbas romanas y afirmó que en ese “lugar de violencia y de muerte” se encontró un papel donde uno de los fusilados invocaba a Dios que protegiera a los judíos “de las bárbaras persecuciones”.
El Obispo de Roma aseguró que “Dios es la segura garantía de la esperanza, la posibilidad de un futuro diferente, libre de odio y de venganza, un futuro de libertad para todo el mundo”.
Benedicto XVI exhortó a decir sí al bien y rechazar el mal, a creer en el Dios del amor y de la vida.
“En este lugar, doloroso memorial de mal más horrendo, la auténtica respuesta es darse la mano como hermanos y decir Padre nuestro, creemos en Ti y con la fuerza de tu amor queremos caminar juntos, en paz, en Roma, Italia, Europa y en el mundo entero”.
Benedicto XVI comenzó su visita saludando a los familiares de las víctimas. Después colocó un gran cesto de flores ante la lápida que recuerda la matanza, recorrió las grutas de las Fosas Ardeatinas y rezó de rodillas ante las tumbas de las 335 víctimas.
El Papa rezó por los “hermanos asesinados sin piedad”. Su plegaria estuvo precedida de otra en hebreo por el rabino jefe de Roma.
Ratzinger es el tercer papa que visita las Fosas Ardeatinas, tras Pablo VI, que lo hizo en 1965, y Juan Pablo II, en 1982.
El Pontífice alemán -que fue enrolado a la fuerza cuando era un seminarista de 16 años en el cuerpo de los auxiliares para la defensa aérea, como ocurría en aquella época a todos los jóvenes alemanes, y nunca perteneció a las Juventudes Hitlerianas- siempre ha condenado el nazismo, al que denomina “ideología demoníaca”.
Durante su visita en 2009 al Memorial del Holocausto “Iad Vashem”, en Jerusalem, abogó para que “nunca más un horror similar pueda deshonrar a la humanidad”.
En 2006 visitó los campos de concentración nazi de Auschwitz y Birkenau, en Polonia, donde se presentó como “hijo del pueblo alemán” y pronunció una frase que quedará para la historia: “¿Dónde estaba Dios en aquellos días, por qué calló, cómo pudo tolerar ese exceso de destrucción, ese triunfo del mal?”.
La matanza de la Fosas Ardeatinas ocurrió el 24 de marzo de 1944 cuando 335 italianos -en su mayoría presos políticos recluidos en la cárcel romana de Regina Coeli y 75 judíos escogidos al azar- fueron fusilados por los nazis en represalia por la muerte de 33 soldados alemanes ocurrida un día antes en una calle de Roma, en un atentado partisano en la romana Via Rasella, sede de la GESTAPO.
Los fusilamientos se ejecutaron en las Fosas Ardeatinas, a 14 kilómetros al sur de Roma.
La ejecución fue dirigida por el teniente coronel Herbert Kappler, jefe de la GESTAPO en Roma durante la ocupación, y en la misma participaron el capitán de las SS Erich Priebke y el mayor Karl Hass.
Priebke, que actualmente tiene 98 años, fue localizado en 1984 en Bariloche (Argentina). Tras ser detenido y extraditado a Italia, fue condenado a cadena perpetua, que cumple actualmente bajo arresto domiciliario en Roma.
Hass también fue condenado a cadena perpetua y falleció en Roma en 2004 a los 92 años.

Fuente: http://noti.hebreos.net/enlinea/2011/03/29/7798/

Israel, la potencia del desierto

Excelente programa en Argentina en el que se entrevista al Embajador de Israel en Argentina, Daniel Gazit.

CARTA ABIERTA A LA SEÑORA PRESIDENTA ARGENTINA

Excelentísima Señora Presidenta de la Nación Argentina Doña Cristina Fernández de Kirschner.

Antes que nada permítame que me presente. Mi nombre es Israel Winicki, periodista e historiador. Nacido en la Argentina, hace varios años, junto con mi familia (esposa y dos hijos), tomamos la decisión de emigrar a Israel (no por motivos económicos, sino por una cuestión de búsqueda de nuestras raíces). Aunque siempre, en nuestros corazones, permanecimos ligados a la Argentina, país que, en su momento, recibió a nuestros abuelos, donde crecieron nuestros padres (tantos unos como otros ahora yacen también en suelo argentino), como ocurrió con tantos otros inmigrantes que llegaron al Plata en busca de un futuro.

Fui uno de los que aplaudieron su reclamo ante todos los foros internacionales de que la República Islámica de Irán entregara a los sindicados como responsables del atentado contra la AMIA (ahí perdí a muchos amigos).

Hasta aquí las presentaciones.

 

Ahora vamos al tema de esta carta abierta.

 

La decisión de su gobierno de reconocer al Estado Palestino me provocó una reacción ambivalente. Por un lado, como integrante de un pueblo que durante miles de años se vio despojado de su tierra y estuvo condenado a vagar de un extremo al otro del mundo, soportando humillaciones, persecuciones y matanzas como el Holocausto, no puedo menos que solidarizarme con otros que también buscan forjarse su futuro en su propia tierra. Pero por otro lado, tengo unas cuantas dudas que, quizás, usted comparta conmigo.

1)     ¿Qué Estado Palestino apoya usted? ¿El gobernado por la Autoridad Palestina, que desde Oslo hasta ahora lo único que ha hecho es aferrarse a pretextos para abandonar la mesa de negociaciones, echando toda la culpa sobre Israel? ¿Un Estado Palestino gobernado por el fundamentalismo islámico de Hamas, que se niega a reconocer la existencia de Israel y continúa bombardeando el sur israelí desde Gaza?

2)     ¿Cómo se delimitarían las fronteras de ese estado? ¿Por imposición de la ONU o por negociaciones directas entre las partes, en las que, por una vez, no sea Israel el que entregue tierras a cambio de… nada?

3)     ¿Cuál sería su capital? ¿Jerusalén, por la cual mi pueblo lloró por dos mil años y que durante 19 años estuvo dividida sin que ningún estado árabe afirmara que la parte oriental era la capital de Palestina?

Señora Presidenta, como ciudadano israelí amo la paz, quiero la paz, quiero convivir en paz con mis vecinos. Mi hijo hizo el servicio militar en Israel, como lo hizo mi yerno. Y al verlos de uniforme se me retorcía el corazón, pues acá, nuestros chicos, cuando parten a sus bases, dejan a sus padres esperando que vuelvan enteros y no en un ataúd. Me duele en el alma que mis nietas, una de 6 años y otra de 3, algún día deban entrar al ejército. Quiero que nuestros chicos puedan soñar en paz. No quiero que haya otro Guilat Shalit.

Lamentablemente nuestros vecinos no piensan igual, ellos hacen un culto de la muerte.

Señora Presidenta, yo también quisiera un Estado Palestino JUNTO A Israel, trabajando en paz por el progreso de la región y de los pueblos que la habitan, pero hasta ahora debo ser pesimista, pues lo que veo es que ellos quieren un estado EN LUGAR DE Israel. Las fronteras del 67, que en realidad no son fronteras, sino líneas de armisticio, no son más que una excusa. Hasta ahora solo han exigido de Israel, pero no han dado nada a cambio.

Por último debo agregar que sólo se puede reconocer aquello que existe, y el Estado Palestino no existe, y, permítame que vuelva a ser pesimista, nunca existirá, no por culpa de Israel, sino por culpa de sus propios dirigentes, acostumbrados a mendigar ayuda del mundo para su propio beneficio, acostumbrados a mirar el futuro con la nuca, acostumbrados a recelar uno de otro, acostumbrados a emitir un doble discurso (recuerde que en su momento, cuando Arafat comenzó las negociaciones con Israel, dijo en una entrevista para un diario árabe que “cualquier negociación con Israel de tierras a cambio de paz no es sino parte de una política por etapas destinada a establecer un Estado Palestino desde Amman al Mediterráneo”).

No le pido que revea su decisión, usted es la Presidenta y detrás de las declaraciones debe haber algo mucho más profundo, hasta me atrevería a decir que es un deseo de justicia, pero por el otro lado, a veces el deseo de justicia tapa la realidad, y la realidad en este caso es que mi país anhela la paz, pero no la paz de los cementerios, sino una paz real basada en la convivencia y el respeto mutuo a la autodeterminación de los pueblos.

Le pido que reflexione sobre estas líneas.

Sin otro particular, la saluda con todo el respeto debido a su persona e investidura:

ISRAEL WINICKI

BEER SHEBA

ISRAEL

www.porisrael.org

Huellas judías…

Elementos judíos en un cementerio católico en Bs As

Comentario interesante de un gran amigo J.L a consecuencia de una fotografia que pocos conocerán pero ha llamado la atención del fotógrafo viajero, muy probablemente un turista israelí, cuando la vio nada menos que en un cementerio católico que aloja restos de familias argentinas de prosapia. R.V.

Comenta JL: “Nosotros vivimos dos años en Buenos Aires, no lejos de “La Recoleta”. Más de una vez caminamos entre los panteones de la campanuda y antigua necrópolis. Una de las primeras veces, al observar un panteón artísticamente ostentoso, casi caemos de espaldas cuando divisamos, en su pesada puerta doble, un símbolo de tamaño considerable tallado en cobre, símbolo inequívocamente judío que cruza en forma oblicua ambas hojas del portalón en bajorelieve. Es a todas luces la imagen tradicional, tallada y repujada, de uno de los esclavos judíos que lleva a Roma el pesado candelabro de siete brazos, la menoráh, que con otros tesoros y los rollos de la Torá sacó del Templo de Jerusalén el comandante de las legiones romanas, Tito. Con la caída y destrucción de Jerusalén la menoráh fue llevada a Roma y paseada en la procesión de la victoria que se celebró en honor de Tito, suceso que se encuentra tallado en el famoso Arco romano que lleva su nombre.

No sería aventurado suponer que nadie en el mundo, que no fuera judío o no siéndolo expresamente quisiera evocar y resaltar ese lejano origen, haría tallar en la puerta de entrada al panteón familiar la misma talla de la menoráh del Arco de Tito y la haría reproducir escultóricamente en el interior de la tumba familiar.

Nos acercamos al panteón; estaba cerrado. Acertó a pasar por allì uno de los cuidadores, pudimos convencerlo para que nos dejara mirar adentro del panteón. En el interior vimos la escultura que podrán observar en una de las fotografías anexas, con motivo similar al de la puerta.

Concuerdo con quien escribió el texto en hebreo cuando dice que “alguna familia de conversos ha querido realzar sus raíces judías”.

El panteón nombrado es el de la familia Anchorena, situado aproximadamente en el centro de La Recoleta. Hay quienes afirman que no obstante otras interpretaciones, el patronímico Anchorena deriva del hebreo anshei = (hombres, o gente) ireinu = (de nuestra ciudad), es decir anshei ireinu = paisanos, coterráneos o conciudadanos. Historias de los conversos en América Central y América del Sur incluyen ese apellido en las listas de patronímicos de judíos sefardíes venidos a América después de la expulsión.

“Cosas veredes, Sancho, que no crederes, transcurridos más de quinientos años de la expulsión de los judíos de España”
fotos originales

http://new.ba-bamail.co.il/View.aspx?emailid=5178&memberid=768770

Jaime Naiflesh agrega más comentarios históricos a lo escrito por JL.
Los judíos entre las naciones
Jaime Naifleisch

Impresionante el panteón Anchorena

Cuando en el 1605, 1625, 1639 la Inquisición española (1569-1820) perpetró en Lima, en el Alto Perú, sus siniestros Auto de fe en América (otros en México) –procesos a descendientes de judíos forzados al bautismo que guardaran alguna relación con el judaísmo– los que no fueron quemados, huyeron al sur del Tahuantinsuyo (el antiguo imperio inca), que más tarde sería parte del Virreinato del Río de la Plata, después de las Provincias Unidas del RdlP, al fin Argentina (con centros en Córdoba y el Tucumán).
Eran gente culta, muchos se decían portugueses para eludir el control español en Lima. En la Península sólo se dejaba marchar a América a los “cristianos viejos”, muy pocos cultos entre ellos, porque en España estaban instalados y no necesitaban lanzarse a la aventura.

En el Sur, más lejos de la mano inquisitorial, los que habían llegado a apoderarse de las tierras (todos los guerreros, piratas y contrabandistas habidos) querían casar a sus hijas con esos israelitas, para ennoblecerse y entrar en los clubes de los invasores hispanos ya instalados, los funcionarios, que eran la gente rica, reconocida en la Península, y absorbieron a los –una vez más– fugitivos.
Eso ya había sucedido en la Historia, en otros tiempo-espacios, como cuando los caudillos de tierras próximas al Imperio romano, por ejemplo, mil quinientos años antes, querían ser respetados por Roma, y casaban a sus hijos e hijas con los vencidos judeos del año 70, del 135, dispersos por el mundo antiguo. O cuando Rusia, Austria, Prusia, se repartieron Polonia, Galitzia, la Bukovina… en el s. XVIII, y muchos judíos pasaron a la prosperidad de la administración rusa (los ortodoxos rusos y los católicos polacos no eran judeófobos como los católicos germánicos), y numerosos rusos y polacos casaron con judíos, parte de ellos haciéndose judíos (¿de ahí Naifleisch?).

En el caso que nos ocupa, cambiar el apellido, hispanizarlo, fue parte del contrato de esos judíos hispanos conversos al casar con las hijas de los hispanos viejo-católicos. De allí salieron así mismo vástagos mestizos con indias, que se fueron mezclando (no había píldora, y éste ha sido un proceso natural con indias y negras). Por eso hay colores sospechosos, “cabecitas negras”, entre los amos norteños.
Ahí nace la estirpe de los dueños de ese Norte argentino, un par de generaciones después, o tres. Los que lucharon contra las tropas españolas enviadas por la unión europea de la época, la de 1816, para aplastar la independencia criolla (como Güemes)… los que otros cien años después, ya en 1900, serían en gran parte clericales antisemitas, enemigos de la “sangre” hebrea, e invasores antiininmigrantes, y antiizquierdistas en las ciudades del país.
Si, puede que los Anshei ireinu o Anchorena hayan sido de la partida. Y quizá los Patrón Costas, entre tantos otros.
Suele decirse “no tienes más que sacudir el árbol de cualquier cristiano y verás caer ancestros judíos”. Pero también es cierto que no tendrías más que sacudir el árbol de cualquier semita… y verías caer de entre sus ramas eslavos, asirios, germanos, aymaras, beduinos, catalanes, magyares, diaguitas, galos, arábigos, hispanos… andá a una sinagoga y verás la mezcla.

Ay de los bobitos que se creen lo de las “razas” y se hacen racistas. La judeidad, sin ir más lejos, está en otro sitio. ¡Y no digamos el judaísmo!

fotos originales

http://new.ba-bamail.co.il/View.aspx?emailid=5178&memberid=768770

Argentina y el Holocausto

Argentina, a cinco años de derogarse la circular secreta.

En estos días se presenta en el Museo del Holocausto de la ciudad de Buenos Aires la muestra “Visados para la Libertad” organizada por la Casa Sefarad-Israel. Alli se recuerdan figuras españolas que arriesgaron sus vidas en pro de la ayuda humanitaria brindada a judíos perseguidos por el nazismo en los años de la segunda gran guerra. Esta exposición nos refleja también la situación vivida en Argentina en esos años. Durante más de seis décadas el país “mantuvo en vigencia” una resolución dictada por el gobierno del entonces presidente Jaime Roberto Marcelino Ortiz con contenido claramente xenfóbico.

El 12 de Julio de 1938 se dictó la llamada Circular número 11 enmarcada en el Decreto 8972 que iba dirigida a los cónsules y representaciones diplomáticas del país en el viejo continente. El 8 de Junio de 2005 dicha norma legal fue derogada.

Antes del inicio de la guerra, se celebró en Evian-Les Bains (Francia) una conferencia internacional a sugerencia del Presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt. A la misma concurrieron treinta dos delegaciones mundiales – entre ellas Argentina – con el propósito de buscar soluciones al tema de los refugiados hebreos. Alemania y otras naciones del área expulsaban desde 1933 a los habitantes judíos y la situación requería medidas urgentes que la reunión – salvo algunas excepciones – no llegó a conformar. Hubo aislados intentos de permitir la llegada de estos contingentes a sus territorios. Mientras se celebraba la misma – del 6 al 15 de Julio – el Canciller argentino José Maria Cantilo envió una comunicación reservada y estrictamente confidencial a sus representantes diplomáticos en Europa en la que les instruia a “Negar la visacion, aun a titulo de turista o pasajero en tránsito, a toda persona que fundadamente se considere que abandona o ha abandonado su país de origen como indeseable o expulsado, cualquiera sea el motivo de su expulsión”. Aunque el texto no admite una interpretación piedeletrista antisemita, las circunstancias temporales y espaciales que se vivían en esas instancias permiten afirmar que el espíritu de la misma esta teñida de dicho concepto.

No solo Argentina tuvo una legislación en el tema. Brasil a través de otra “circular reservada” numerada con el 1127 en el año 1937 prohibió el visado a personas de origen semita y durante los años siguientes la inmigración judía se vio severamente restringida en el pais. Más tarde, otra circular, en este caso la número 1249, suavizó la situación permitiendo el ingreso de artistas, intelectuales, cientificos y técnicos expertos en determinadas áreas que contaran con un capital de dinero en efectivo. Sin perjuicio de esta restricción, Argentina fue el país de habla hispana que más judíos recibió en los años que van de 1933 a 1943, llegando a contabilizarse en 45.000 los refugiados que llegaron a sus tierras en forma oficial o extraoficial, en este caso a través del cruce de fronteras.

Finalizando el año 1998 y tras cumplirse cuatro años del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina; el gobierno menemista creó una comisión nacional con el objetivo de esclarecer las relaciones del nazismo en el pais. Dicha entidad – de creación estatal – se denominó CEANA y la integraron un grupo de notables a sugerencia del Ministro Di Tella. Su coordinación académica la desempeñó Ignacio Klich, otrora funcionario de la Liga Antidifamación de la Bnai Brith en Nueva York. Tras un tiempo de actuación, una de sus integrantes, la socióloga Beatriz Gurevich, cuestionó el proceder de la misma afirmando que se habían encontrado demasiadas trabas, excusas o negaciones para llevar adelante la labor encomendada.

La propia Gurevich se trasladó a Europa y un tiempo después encontró en una carpeta del archivo consular de la Embajada Argentina en Estocolmo un ejemplar “perdido” de la circular número 11. El tema no tuvo repercusión oficial y el documento se archivó motivando la renuncia de Gurevich a la comisión. La Fundación Raul Wallenberg – una organización no gubernamental educativa – con sedes en Buenos Aires, Berlin, Rio de Janeiro, Nueva York y Jerusalém que lleva su nombre en recuerdo al diplomático sueco que permitió el salvataje de miles de judíos en los años bélicos, exigió la urgente derogación de la circular referida.

En el año 2001, bajo el gobierno del Presidente Fernando de la Rua, el Canciller de gobierno Adalberto Rodríguez – a fin de exaltar los esfuerzos de determinados ciudadanos en la lucha por el nazismo – colocó en la planta baja de la cancilleria una placa de bronce homenajeando a doce ex diplomáticos que fueron solidarios con las victimas de la barbarie. La placa exaltaba los nombres de José Caballero, Federico Fried, Miguel Angel Gamas, Juan Giraldes, Jacobo Laub, Roberto Levillier, Luis Luti, Hector Mendez, Jose Ponti, Alberto Saubidet, Leon Shapira y Luis Herman Yrigoyen.

Esta medida motivó que la Fundación Wallenberg levantara su voz y exigiera pruebas fehacientes de que los allí mencionados eran realmente merecederos del reconocido concepto “justo entre las naciones”. Como respuesta, la cancillería nombró una nueva comisión a cargo del Secretario de Culto Guillermo Oliveri, que se comprometió a estudiar en profundidad el tema. Las conclusiones del trabajo realizado expresan que los ciudadanos habían permitido – en los cargos que desempeñaban – la renovación de pasaportes a argentinos residentes en Europa y logrado algunas excepciones al régimen de ración alimentaría impuesto por los nazis a los judios. Esto no es otra cosa que cumplir con el deber que tenían encomendado, aseguró la Fundación Wallenberg.

En el caso especifico de Luis Herman Yrigoyen – hijo extramarital del otrora líder radical Hipólito Irigoyen – su actuación no solo no había sido de apoyo sino que se puede enmarcar en el otro extremo. Yrigoyen, que ocupaba la Secretaria de la Embajada Argentina en Berlin no había contribuido al salvataje de más de cien judíos que en su momento se les ofrecia traer a Argentina y se había mostrado totalmente desinteresado de dicha tarea. El Canciller alemán Von Ribbentrop le propuso la extradición de ciudadanos argentinos y su accionar fue contrario a esa repatriación. Muchos de ellos terminaron sus días en las cámara de gas del nazismo.

El periodista e investigador Uki Goñi autor de un minucioso relato sobre las actividades de los nazis y su relacionamiento con la política argentina en su obra “La Auténtica Odessa” editada en el año 2002, fue clave en la solución del tema. El nieto del diplomático argentino de la época Santos Goñi afirmó que su abuelo también respetó la referida circular que le inhibió de visados a argentinos en el continente europeo. El investigador le envió una nota al Canciller Bielsa asegurando lo improcedente del recuerdo realizado a los doce ciudadanos argentinos.

Finalmente, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores Rafael Bielsa ordenó el retiro de la placa que lucía en la cancilleria a través de la Resolución 999 expresando que el hecho se realizaba como medida preventiva y debido a la gravedad de la denuncia, llevándose adelante por razones de procedencia y responsabilidad institucional. El 8 de Junio del año 2005, en el Salón Sur de la Casa de Gobierno con la presencia del Presidente Néstor Kirchner, el propio Canciller Rafael Bielsa, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández y Natalio Wengrower, Vicepresidente de la Fundación Wallenberg, se procedió a la derogación de la circular y al retiro de la placa que durante cuatro años adornó la entrada de la diplomacia platense.

Bielsa, en el emotivo acto, se lamentó por la pérdida de tiempo que había permitido retrasar la medida y la Fundación Wallenberg mostró satisfacción por la correcta, elogiable y oportuna decisión del gobierno.

José Piczenik
piczenik@hotmail.com

Fuente: Judaísmo Latinoamericano

El hombre que me hizo llorar

Por Jack Fuchs *

En este tiempo, el de mi último tramo, tras luchar incansablemente por casi setenta años con mi memoria, como siempre, los recuerdos me ganan, toman la palabra, se inmiscuyen en mis sueños, dominan mi vigilia. Las fechas, nuevamente, hacen de las suyas. Otro 19 de abril. Otro aniversario del Levantamiento del Ghetto de Varsovia. Pasaron 67 años. Otro aniversario que me sacude.

Hoy se me hizo presente el fantasma de un hombre. Un hombre que vivía, junto con su familia, allí donde yo vivía. En Lodz, mi ciudad perdida. Ellos, en el tercer piso y nosotros, mis padres, mi hermano, mis dos hermanas y yo, en el segundo. Lo conocía muy bien y jugaba diariamente con sus hijos en nuestro patio. Aquel patio lleno de historias, fantasías, aromas, emociones.

Esos años, 1937, 1938, estaban heridos de escasez, pobreza, hambre. Pero nosotros aún así jugábamos. Fue ese el momento en el que aquel hombre decidió emigrar a la Argentina. Un país que prometía abundancia, un futuro. El partió solo. Y con el esfuerzo de su trabajo procuraba arrancar a su familia de las penurias. Yo tenía once o doce años por ese entonces. Ellos tenían tres hijos, dos niñas y un niño. Aquel primogénito, yo lo recuerdo muy bien, tenía síndrome de Down, y le hacíamos la vida imposible, en el patio, jugando con él. Siempre venía a mi casa y se ponía al lado de mi padre, quien lo protegía de nuestras inocentes travesuras.

El hombre, a la distancia, luchaba por reunir a su familia en la nueva tierra. Ellos, mientras tanto, se alimentaban con los manojos de ilusiones que recibían en cada carta. Quimeras que, al poco tiempo, empezaron a vacilar cuando el cónsul, en Varsovia, privó de la visa a ese hijo marcado como “indeseable”. Pero siguieron luchando en un intento desesperado por conseguir aquello que le negaban. El, desde Argentina, y ella clavada a su tierra. ¿Qué madre podría dejar a un hijo condenado al abandono?

Mientras tanto, el calendario seguía su implacable curso. Nadie podía imaginar aquello que se avecinaba. Y no pasó mucho tiempo para que la ocupación nazi diera su estocada a Polonia y un poco más, para sufrir las consecuencias del encierro en el Ghetto. Confinados, todos nosotros, a la hambruna y la miseria extrema, entre muros y púas, seguíamos jugando. Y, cuando pensábamos que lo peor ya nos había atravesado, Treblinka se llevó, entre muchos, a estos queridos vecinos, a mis amigos y compañeros de juego. Todos ellos murieron. La madre y sus tres hijos.

Y más tarde, Auschwitz nos borró a nosotros de Lodz, arrojándonos brutalmente a la condición de infrahumanos. Nunca más volví a ver a mi familia. Todos murieron. Y así, huérfano, me lanzaron con salvajismo a Dachau. La pesadilla parecía no terminar.

Hasta que al fin, en mayo de 1945, volví a nacer, en una soledad indescriptible. Todo había terminado. Todo. Ahora podía dar vuelta la página y sumergir aquel infierno en el río Leteo. Lo único que tenía era mi cuerpo enfermo y desnutrido, mi dignidad y muchos fantasmas. Lo único que deseaba era empezar de nuevo. En Argentina, una tía me esperaba dispuesta a ocuparse de mi humanidad. Sin embargo, sin saber por qué, yo me negué a ir. Y así la vida me llevó a los Estados Unidos. En ese tiempo no pensaba en los porqués. Todo estaba sepultado bajo un manto de sinrazones. Simplemente me decía: “No quiero ir. Punto”. Debieron pasar muchos años y muchos divanes para que me percatara del miedo que en aquel entonces había tenido, de enfrentar las preguntas que mi tía podría haberme hecho. ¿Qué pasó con tu mamá? ¿Y con tu papá? ¿Qué, con tus hermanos? ¿Y tus primos? Yo me había negado, tajante, a exhumar esos recuerdos sin lápida.

Recién diez años más tarde logré romper el tabú y emprendí la visita a aquella tía que tanto me había esperado. No hizo ninguna pregunta, no hubo ningún reproche ni lágrimas. La única evocación que trajo fue la de aquel hombre. “Aquí hay un tal Scherer -me dijo ella-, ese hombre que dejó a la familia ¿te acuerdas?” De repente se agolparon en mi mente un cúmulo de imágenes que suponía enterradas. Yo lo recordaba perfectamente. Su rostro. Su historia. Además de mi tía, él era el único testigo que quedaba de todo lo perdido. Y eso me impulsó a encontrarlo. Fue así que hallé a un hombre taciturno, abandonado y casi en la miseria. Vivía en una habitación, solo, sin ayer y sin mañana. Nos saludamos algo cohibidos. Era una gran conmoción encontrar a alguien que hubiese conocido a mi padre y a mi madre. E indudablemente para él también, que yo hubiera conocido a su señora y a sus tres hijos. Nuestras miradas eran esquivas. No podíamos articular palabra. Entre ambos parecía haber un profundo abismo de silencio. Yo tenía mucho para decir. Para preguntar. Y al mismo tiempo no había nada de qué hablar. Porque ¿qué preguntas le iba a hacer? ¿Qué nos podíamos contar, si ya sólo con vernos aparecía lacerante nuestra historia? Nuestro mutismo gritaba el vacío.

Apenas salí de allí, la inmensa congoja que había estado guardada en el fondo de mis entrañas desbordó en un llanto descontrolado. Yo pensaba que nada de lo pasado había subsistido. Pero ese día algo cambió. Yo nunca había derramado lágrima alguna. Nadie conocía mis heridas. Me había encargado de construir un poderoso dique que, durante años, se mantuvo firme, encerrando mis tan dolorosos recuerdos en un lugar olvidado. Este hombre fue el único que me hizo llorar. Y cada vez que lo veía, el llanto me invadía, incontenible, sin palabras. Sólo gemidos sordos resquebrajando mi muralla.

Últimamente recuerdo los nombres de sus hijos: Abrahamek, Yakhna y Raskeh y el de la madre de ellos, Rushka. Era una mujer delgada, baja y se ganaba el pan haciendo ojales. La pila de camisas que llevaba, cada día, sobre su cabeza era más grande que ella. Trabajaba incansablemente. Y tenía a los chicos cuidados, impecables. Los recuerdo a todos vívidamente y cuando los evoco, puedo ver calcada a mi propia familia.

Hoy, después de los tantos ¿porqués? que me he atrevido a formular puedo comprender. Cada vez que veía a este hombre, ese que me hizo llorar, revivía a mi padre y lo volvía a perder. Me veía a mí mismo. Veía al sobreviviente. Cada vez que veía a este hombre, lloraba a mis difuntos. Cada una de las lágrimas que derramé les dio mortaja y los veló. Y hoy, con mis recuerdos, levanto sus lápidas. Los duelo.

* Con la colaboración de Viviana Kahn.

La mujer que hizo realidad su sueño de ser rabina

Historias con nombre y apellido

Alejandra Rey
LA NACION
Sábado 17 de abril de 2010

La mujer que hizo realidad su sueño de ser rabina. Margit, con una sonrisa que hace notar cada vez que no puede, a pesar de lo vivido.

La ambición, la mentira, el maltrato, la simulación y la megalomanía, a veces, y sólo a veces, salvan vidas. Son ínfimas las posibilidades de que tantas miserias humanas obren en beneficio de un bien. Pero sucede, incluso, a pesar de la maquinaria genocida hitleriana, es decir, a pesar del diablo mismo. Porque ¿cómo hubiera sido la historia de Margit Oelsner-Baumatz si su padre hubiera decidido que nadie le robaría su obra, su inteligencia ni su pensamiento? ¿Qué hubiera pasado si rechazaba abiertamente ser parte de esa venta al menudeo de la dignidad humana que practicaban los alemanes nazis y que le proponía ese joven y arrogante integrante de la Gestapo? ¿Estaría viva?

Lo que sigue es la historia de una mujer que le debe la vida a un soldado del régimen nazi, cuyo nombre ignora, que pretendía la gloria adueñándose de ideas y palabras que no eran propias. Esta es la historia de una religiosa de 72 años que luchó contra todo y todos, incluidos sus padres, para convertirse en rabina. Ella nos recibe en su casa de Olivos para contar, minuciosamente, su increíble viaje.

Todo empezó con el ingeniero electrónico Werner Oelsner, un ciudadano alemán, a la sazón judío, quien vislumbraba ya en 1937 lo que Hitler y su banda habían empezado a hacer con los judíos. Vivía con su mujer Edith Chaskel, embarazada de Margit, en la tranquila ciudad de Breslav, en la provincia de Silesia y, de un día para otro, comenzó a ser extorsionado para que aceptara un trato a cambio de su vida y la de su familia: Werner escribiría artículos sobre electrónica para que el joven nazi los firmara y los hiciera pasar como suyos. A cambio de un aviso anticipado y fundamental que podía salvarles el pellejo: cuando el régimen finalmente llegara para requisar su negocio, robar y secuestrar a Werner y a su familia. No había elección: los artículos firmados por el señor de la Gestapo o la muerte. O algo peor: los campos de exterminio.

Margit ya tenía un año cuando ese nazi, cuyo nombre el padre olvidó cuando la vida lo abandonaba, le advirtió a Werner que él mismo se presentaría en las inspecciones, simulando no conocerlo, a cara de perro; le dijo que lo insultaría, quizá lo golpearía, porque no podía jugarse su carrera como militar: total ¿quién iba a sospechar que le perdonaba la vida al “enemigo” por figurar como sabio en materia de electrónica?

Y cada quien cumplió su parte: entre artículo y artículo, el nazi avisaba a Oelsner y todos interpretaban su papel. Werner, el del judío sumiso, golpeado e insultado, y el joven de la Gestapo, el rol del maldito gritando órdenes, escupiendo injurias, amenazando con destierros y pateando traseros y orgullos.

Y mientras esta escena se repetía cada vez con más frecuencia, Werner escribía a todos los países que podía para pedir visas y acogida para su familia en riesgo. “El único país que contestó -cuenta la rabina Margit, en su casa, rodeada de recuerdos y con la sonrisa constante- fue la Argentina. El muchacho, el nazi, vino un día y le dijo a mi padre: «Estás en la lista de arresto de esta noche, cuidate». Y así fue como nos vinimos para acá.”

Y aunque el periplo por la Europa ocupada fue más largo y penoso de lo que ella cuenta, finalmente Margit y su familia llegaron al país y fue anotada como Margarita, en Buenos Aires.


“Mis padres no eran observantes de la religión judía, nunca iban al templo y en mi casa no había ni ceremonias ni celebraciones religiosas porque mi papá, ante todo, era alemán. Un alemán de ascendencia judía, claro, que no hablaba hebreo, que no festejaba Pésaj y que no asistía a la sinagoga.”

Margit cuenta que la familia se dedicó a trabajar.

“Mi papá se olvidó de su título de ingeniero y se desempeñó como electricista. Arreglaba artefactos que le traía la gente, planchas, lámparas, esas cosas… Y yo iba a una escuela pública, aunque los primeros años me habían mandado al Pestalozzi. No sé bien por qué, pero a los 14 años mis padres pensaron que debía tener una educación más judía y, como vivíamos en Vicente López, me mandaron a Lamroth Hakol, que era la comunidad más cercana.”

Es curioso que Margit crea que fue a parar a esa institución “por casualidad”, como dice. Porque, en hebreo, Lamroth Hakol significa “a pesar de todo”. Esto es, “a pesar de las guerras, del odio y de los que murieron -dice-. Y ahí la cosa me fue atrapando. Hasta que a los 18 años mi papá, que no quería que yo fuera a la universidad, me mandó a la B’nai B’rith, conocí a mi marido, me casé y tuve a mis tres hijas”.

Una vida común, la de Margit. Hasta ahí. Porque ella era rebelde, le encantaba estudiar, le fascinaban los desafíos y era feminista en una época en que nadie lo era: incluso su marido le parecía un ortodoxo porque usaba kipá “y hasta comía kosher”, dice, y se ríe.

Y acá hagamos un alto.

La sonrisa de Margit es su guía espiritual y el espejo de su corazón. A lo largo de las horas de charla, esa sonrisa variará, se modificará conforme pasan las preguntas y los recuerdos: los buenos, los malos y los ausentes. Y cuando no pueda sostener esa sonrisa porque el interrogante la incomodó o la evocación se le hizo difícil, se pondrá rápidamente de pie y empezará a buscar cosas que jamás encontrará, dará vueltas por su escritorio ordenado hasta la obsesión, mostrará con orgullo los álbumes con recortes que la nombran, pero no dirá lo que no quiere. No, no lo hará. Porque esta mujer es brava…

Margit tiene tres hijas, diez nietos y un marido al que adora, y se estremece casi imperceptiblemente cuando la cronista le pregunta cómo fueron los años de aprendizaje en el Seminario Rabínico Latinoamericano. Hace una pausa breve, como eligiendo las palabras, y mueve la cabeza negando algo, que no aclara, pero que se le cruzó por la mente muy a su pesar.

No. No quiere decir una palabra sobre los padecimientos, el machismo que soportó, la tremenda oposición de sus padres que no entendían por qué pretendía el título de rabina y ese afán por el Talmud. Y las burlas acumuladas, casi tan patéticas como los desplantes. Cuando se presentó a rendir una de las últimas materias, uno de los integrantes del tribunal faltó sospechosamente y, por lo tanto, no pudo exponer. Y lloró, mucho, muchísimo, eso sí lo confiesa, siempre con una sonrisa.

Pero se recibió a pesar de todo (lamroth hakol , en hebreo) y de la fecha no se olvidará jamás: fue un mes después de que explotara la AMIA, en agosto de 1994. Y Margit cuenta, con aplomo, las inmensas horas desoladas que pasó ayudando y acompañando al rabino Kreiman, cuya esposa estaba sepultada bajo los escombros. Y ellos, muy quietos y en silencio, esperaban que alguien les devolviera el cadáver. “He visto tanto -dice, mientras sigue sonriendo- y Dios me ayuda.”

-¿A qué?

-A soportar el dolor. Mirá, cuando ya era rabina y comencé a trabajar en Lamroth Hakol en el área social, vi la tragedia de los años de la crisis, las familias partidas, la gente llorando porque no tenía qué comer, las colas interminables para buscar mercaderías… pero todo te ayuda y te hace fuerte.

Margit es, en el siglo XXI, una especie de émula de la heroína del escritor judío Bashevis Singer, cuando describió magistralmente en Yentl, el joven de Yesshiva, la decisión de una mujer de hacerse pasar por un muchacho para poder estudiar los libros sagrados.

Margit no debió disfrazarse de hombre, pero sí templar su paciencia y adaptarse a esa casa de estudios donde fue la primera mujer en cursar. “Me fui a hablar con el director y le dije que no podía cumplir con dos de los requisitos que exigían: no tenía carrera universitaria y no podía ir a Israel por un año”. Y la aceptaron, con resquemor, pero admitieron su presencia. Ella guarda para sí los detalles de aquellas conversaciones, de su primer día, de la sensación odiosa de estar especialmente a prueba en forma permanente, de llegar a su casa desolada y de los brazos cálidos de su marido Fredy, siempre dispuesto a ayudarla. Se lo reserva, pero algunas cosas se le escapan.

-¿Y cómo era estar en el seminario?

Acá es cuando Margit se levanta una vez más y busca algo que no encuentra y, de espaldas a la cronista, dice que hizo mucho sacrificio porque estudió psicopedagogía en la universidad para cumplir con lo que le pedían en el seminario, que se fue un mes a Israel, que alguien el día que se recibió le dijo: «Vos te llevás los aplausos y nosotros los palos», que el machismo existe…Claro que existe, en casi cualquier sociedad y religión. Pero Margit se da vuelta y la sonrisa ya está de nuevo en su cara. Y exclama: “Amo lo que hago, no importa lo que tuve que pasar”.

Margit está nuevamente sentada y mira esperando otra pregunta. Pero aprovecha el silencio y dice: “Soy rabina, pero nunca conseguí púlpito, aunque ya no importa. Ahora soy directora de recursos rabínicos, lo que significa que yo contacto a la comunidad que busca un religioso con el rabino que les servirá.

Ya hay más mujeres que se dedican y eso me pone feliz, aunque nos resisten todavía. Los ortodoxos, por ejemplo, ni siquiera piensan en tener a una mujer que oficie; imaginate, ni siquiera te pueden tocar…”

Margit ofrece otro café (“especialidad de esta casa”, dice, y no miente) y vuelve a levantarse para buscar fotos de su graduación. Viste un suéter liviano de color blanco y jeans azules. Saca de todos los estantes y cajones retazos de su vida y cuenta, mientras tanto, que el comienzo de su espiritualidad fue el colegio de sus hijas. “Cuando la mayor entró en una institución judía donde hablaban hebreo, yo me dije: «No puedo mandarlas a un colegio donde aprendan algo que yo no sé», y fue así como, a través del idioma, comencé a estudiar el Talmud y me fascinó. Pasé esos cursos y me inscribí en otros superiores, que también superé y aprender hebreo me fue llevando a la religiosidad, porque no se trataba sólo del idioma, era un conjunto de cosas interesantes”.

-¿Alguna vez pensó en abandonar?

-Sí. Una vez sentí que realmente no podía seguir. Pero una amiga me convenció y así logré recibirme.

La rabina tiene un orgullo imparable, dice que suele casar parejas fuera de la sinagoga y que está por oficiar el Bar Mitzvá de una de sus nietas en Brasil. Y otra vez pega el salto y muestra orgullosa los hábitos que va a utilizar para la ocasión: el manto preciosamente bordado y varias kipás que combinará seguro con el atuendo. Porque Margit es coqueta, eso se nota.

-Dígame, Margit, usted habla de Dios con mucha fe, pero ¿dónde está cuando vemos sufrir a los chicos, las guerras, las enfermedades dolorosas?

-Dios no puede con todo. No es omnipotente y hay cosas que los humanos podemos hacer por nosotros mismos.

-La verdad, no entiendo las religiones.

-Yo, en cambio, no pierdo la fe. La adquirí tarde y ahora es parte de mi vida.

No lo dice, pero intuyo que está pensando en su padre Werner, en cómo se salvaron por un pelo del horror y en cómo Dios cambió aquella vez su propio destino.
MARGIT OELSNER-BAUMATZ

Quién es: tiene 72 años, nació en Alemania, debió escapar del régimen nazi y llegó al país porque fue el único que les dio acogida a ella y a toda su familia. Es rabina desde 1994. No tiene púlpito, pero puede oficiar ceremonias fuera de la sinagoga.

Familia: está casada, tiene tres hijas que viven en el exterior y diez nietos. De joven no era observante de la religión y su marido le parecía “un ortodoxo”.

Qué hace: comenzó estudiando hebreo para ayudar a sus hijas, que iban a una escuela de la comunidad, y terminó en el Seminario Rabínico Latinoamericano, a pesar de la resistencia de las autoridades. Este año piensa comenzar a estudiar portugués para poder hablar el idioma de alguno de sus nietos. Habla alemán y hebreo a la perfección.

Alicia L.
Buenos Aires
Argentina

Dori Lustron en Argentina

¿A que país representó “Ajami” en el certamen a la mejor película extranjera?

Mi Enfoque #312 Marzo 9, 2010, por David Mandel

El domingo fue la ceremonia de la entrega del premio Oscar. El premio a la mejor película extranjera lo ganó Argentina por “El secreto de sus ojos”, en competencia con Perú, (“La teta asustada”); Francia, (“El profeta”); Alemania, (“La cinta blanca”), e Israel (“Ajami”).

¡Corrección! ¡”Ajami” no representó a Israel! Así lo declaró Scandar Copti, el co-director de la película.

Evidentemente hay una contradicción, ya que tanto el Ministerio de Cultura de Israel como la Academia Israelí de Cine están bajo la impresión de que “Ajami” representó a Israel en el certamen del Oscar.

Para aclarar la confusión debemos analizar y entender tres puntos:

a) ¿Qué requisitos exige la Academia de Cine de Hollywood para que una película pueda representar a un país en el certamen de la mejor película extranjera?

b) ¿Quien es Scandar Copti y porqué dice que “Ajami” no representa a Israel?

c) ¿Si “Ajami” no representa a Israel, a que país representa?

a) Requisitos para concursar en el certamen de la Mejor Película Extranjera.

Son tres:

· La película debe ser seleccionada por el país que la haya financiado,

· Debe ser hablada en la lengua de dicho país.

· Debe estar dirigida y/o escrita por alguien de esa misma nacionalidad.

En el caso de “Ajami”, la película fue financiada por la Academia Israelí de Cine, con dinero recibido de los impuestos que pagan los israelíes; ganó el Premio Ofir (equivalente israelí al Oscar); fue seleccionada por Israel para representarla en el certamen de Hollywood; es hablada en hebreo y árabe, ambos idiomas oficiales en Israel; y fue escrita y dirigida por dos co-directores, ambos nacidos en Israel, ambos de nacionalidad israelí, ambos con pasaportes israelíes, uno de ellos, Yaron Shani, de religión judía, y el otro, Scandar Copti, cristiano. En resumen, “Ajami” reúne todos los requisitos exigidos para representar a Israel en el Certamen de la Mejor Película Extranjera.

b) ¿Quien es Scandar Copti y porqué dice que “Ajami” no representa a Israel?

Scandar Copti es un árabe cristiano, nacido en Jaffa. Estudió ingeniería mecánica en la prestigiosa universidad israelí Technion. Después de graduarse decidió no ejercer su profesión, y estudió actuación y cinema. Hizo un pseudo documental al que llamó “La Verdad”, que fue exhibido en el festival “Artistas contra la Ocupación” en Montreal, en el año 2003. La película fue comprada por el canal israelí 8, pero no fue transmitida por haber sido censurada debido a sus tergiversaciones y calumnias. Desde esa fecha, Copti ha escrito, dirigido y editado documentales y películas cortas. Sus videos han sido exhibidos en el Centro Israelí de Arte Digital, en el Museo Herzlía de Arte Contemporáneo, y en la Feria Redding de Arte en Tel Aviv.

El día del certamen en Hollywood Copti declaró que su película no representa a Israel, y que él es palestino. Agregó “no puedo representar a un país que no me representa a mí”.

El Ministerio de Cultura financió la película en base a sus méritos artísticos. El director reciprocó la generosidad y ayuda recibidas con un desplante insultante y un gesto de ingratitud.

c) Si “Ajami” no representa a Israel, ¿a qué país representa?

Esa es una buena pregunta, y es extraño que el entrevistador no se la hiciera a Copti.

Es probable, tomando en cuenta que el director se considera palestino, que la respuesta sería “Palestina”. Si ese es el caso, para sus futuros proyectos, el director debe dejar de usar falsos pretextos para solicitar y obtener financiación de entidades públicas israelíes, cuyos fondos provienen de los impuestos pagados por los israelíes, de quienes él dice, con desdén y antipatía, que no representa. En vez, debería recurrir a Hamás, organización de la cual podrá decir, con toda justificación, “me representa, y yo la represento”.

Una voz callada por el nazismo

Muerto en Auschwitz, el filósofo, cineasta y poeta rumano, Benjamín Fondane acaba de ser homenajeado en París. Fue discípulo de Léon Chestov, se relacionó con los surrealistas y viajó a Buenos Aires invitado por Victoria Ocampo.

Por: Jorge Fondebrider

LEGADO. En 1939, Fondane entregó un manuscrito a Victoria Ocampo, ante la cercanía de la guerra.

La primera vez que oí el nombre de Benjamín Fondane fue en Dublín, en 1997, donde Harry Clifton –uno de los muy buenos poetas irlandeses de la actualidad– me preguntó si lo conocía. “Estuvo en la Argentina –me dijo–. Lo llevó Victoria Ocampo. Era poeta, ensayista, hizo una película en Buenos Aires. Una personalidad extraordinaria”. Me olvidé del asunto y pasaron los años, hasta que, en 2006, Edgardo Cozarinsky publicó un excelente artículo sobre Fondane en La Nación. Al tiempo, me lo crucé en la calle y ya no recuerdo a santo de qué, me dijo que la película de Fondane era un misterio, que se había perdido, que a él le hubiera gustado saber más. Por eso, cuando a principios del gélido enero pasado, en el marco de la extraordinaria exposición “Benjamín Fondane” –abierta al público parisino entre 14 de octubre de 2009 y el 31 de enero de 2010–, vi en una pared del Mémorial de la Shoah (Musée, Centre de Documentation Juive Contemporaine), del 17 rue Geoffroy l’Asnier, la proyección de los pocos fotogramas sobrevivientes de la mítica Tararira, la película que Fondane filmó en Buenos Aires, consideré que era absolutamente imprescindible conocer a quien, hasta entonces y sólo por mi ignorancia, había sido apenas un curioso personaje de los tantos que Victoria Ocampo “importó” a la Argentina. Hoy puedo asegurar que Benjamín Fondane es mucho más que eso.

Una cronología

Nacido Benjamín Wechsler, en Moldavia, el 14 de noviembre de 1898, fue hijo de un comerciante. Su madre, en cambio, provenía de una eminente familia de intelectuales judíos de Galicia, Polonia. Entre 1904 y 1913 hizo sus estudios primarios y secundarios en Jassy. Posteriormente, en 1919, ya en Bucarest, comenzó estudios de Derecho, que abandonó al cabo de tres años.

Su vocación literaria había despuntando en 1912, cuando, todavía en la secundaria, publicó en la revista Valuri, con el seudónimo de B. Fundoianu, que utilizará durante sus años rumanos. Más adelante colabora con artículos, reseñas, poemas y traducciones en diversas revistas.

En 1917, año en que muere su padre, Fondane conoce al poeta simbolista Ion Minulescu, quien lo alienta y estimula para que escriba. Un año más tarde, publica el drama Tagaduinta lui Petru (El renunciamiento de Pedro). Para 1919 ya se desempeña como corrector de un períodico sionista, publica artículos en diversas revistas y se vincula con los grupos de la vanguardia literaria rumana. Sin embargo, en 1921, con la publicación de Imágenes y libros de Francia, un volumen dedicado a la literatura de ese país, advierte en el prólogo que considera a la literatura rumana completamente dependiente de todo lo que se escribe Francia, afirmación por la que fue duramente criticado. Dos años más tarde, luego del fracaso de una aventura teatral en la capital rumana, se instala en París, como cuidador y archivista en el departamento del escritor y crítico Remy de Gourmont. Allí cambia su apellido literario y “nace” Benjamín Fondane.

Chestov y la Argentina

En 1924, Fondane conoce a Léon Chestov, filósofo existencialista nacido en Ucrania como Lev Isaákovich Shestov, quien, al revelarle hasta qué punto las cuestiones estéticas que le interesan para su propia obra ocultan una dimensión filosófica, se convierte en su maestro.

De a poco y sin dejar de visitar a Chestov, Fondane va haciendo pie en la vida cultural parisina. En 1925, cuando en Bucarest se funda la revista vanguardista Integral, Fondane se hace cargo de la redacción parisina y envía frecuentes artículos sobre René Clair, Jean Cocteau, Jacques Copeau, Tristan Tzara, Max Jacob y Pierre Reverdy, entre muchos otros. Algo después, comienza a escribir poesía en francés. Para sobrevivir, trabaja en una compañía de seguros.

En abril de 1928, luego de haber formado parte del grupo Discontinuité, junto con Arthur Adamov, publica Trois Scenarri. Ciné-poémes, su primer libro francés, a la sazón ilustrado por Man Ray. Luego, una colección de cuentos jasídicos que traduce del rumano. Un año después, en la revista Europe, publica sendos artículos sobre Léon Chestov y Edmond Husserl. En la casa del primero, por casualidad, conoce a Ortega y Gasset y a Victoria Ocampo, quien, unos días después, lo invita a cenar junto con Drieu La Rochelle. Pero ambos escritores se pelean violentamente y la velada termina mal. Impresionada por las opiniones y el carácter de Fondane, Victoria Ocampo lo invita a Buenos Aires para que presente películas vanguardistas – Entr’acte, de René Clair y Francis Picabia, Étoile de mer, de Man Ray y Chien andalou, de Buñuel, entre otras– y para que dicte una serie de conferencias en la Universidad de Buenos Aires. Así, en julio de ese 1929, Fondane parte para la Argentina, donde permanecerá por tres meses. Durante esa visita hablará en Filosofía y Letras de “Léon Chestov y la lucha contra las evidencias”, comenzará a colaborar con Sur e, invitado por Eduardo Mallea, con La Nación.

De vuelta en París, escribe sobre Rimbaud, sobre Paul Valéry, sobre Tristan Tzará. Conoce a Antonin Artaud, cuyas teorías teatrales defiende con fervor y, paralelamente, entra en los estudios de la Paramount, como asistente de dirección y guionista.

En 1930 publica “Du muet au parlant: Grandeur et decadence du cinéma” (póstumamente incluido en Ecrits pour le cinéma. Le muet et le parlant, que incluye diversos textos –entre otros, la correspondencia entre Fondane y Victoria Ocampo y varias cartas a Freddie Guthman–, reunidos por Michel Carassou, Olivier Salazar-Ferrer y Ramona Fotiade).

En 1931 se casa con Geneviève Tissier y en 1933, comienza a transcribir sus conversaciones con Léon Chestov (que más adelante darán lugar a Rencontres avec Léon Chestov). A su vez, publica Rimbaud le voyou, donde critica y satiriza la presunta conversión del poeta al catolicismo cuando yacía en su lecho de muerte. Tal punto de vista, sostenido por la hermana de Rimbaud y su marido, había sido defendido por Paul Claudel. Fondane, en cambio, hace una lectura existencial y psicoanalítica de Rimbaud. Ese mismo año, participa como guionista del film Rapt, resultado de la adaptación de La séparation des races, de Charles-Ferdinand Ramuz, el escritor suizo más célebre de su tiempo.

Un año más tarde, Fondane publica Psychanalyse d’Edgar Poe. En la casa de Chestov, conoce a Martin Buber, con quien dialoga largamente sobre la situación en Alemania y el ascenso del nazismo.

En 1935 tiene lugar una polémica a propósito de Kierkegaard con Jean Wahl, el futuro fundador del Colegio Filosófico de París, luego de que Fondane publicara en los Cahiers du Sud su artículo “Héraclite le Pauvre. Nécessité de Kierkegaard”.

Otra vez Buenos Aires

Para 1936 Fondane es un escritor conocido y apreciado en los círculos literarios y filosóficos parisinos, aunque no popular entre el público. Ese año publica Conscience malheurese, que incluye ensayos sobre Chestov, Husserl, Heidegger, Berson, Gide y Kierkeggard. En abril viaja por segunda vez a Buenos Aires, nuevamente a instancias de su amiga Victoria Ocampo. En los años previos, ella lo había instado a filmar Don Segundo Sombra, para lo cual Fondane se aboca a la escritura de un guión, que Adelina del Carril, viuda de Güiraldes, reprueba. Los planes cambian y empieza entonces la funambulesca historia de Tararira. Según ha escrito Cozarinsky, el objeto del nuevo viaje es la realización de “un film dirigido por Fondane, producido por Miguel Machinandiarena e interpretado por cuatro desopilantes actores y músicos españoles, los hermanos Aguilar: Paco, Pepe, Ezequiel y Elisa. Según Ricardo Lida Nirenberg, al que debemos estos datos, María Rosa Oliver describe en su autobiografía la escena del Bolero de Ravel que los cuatro Aguilar tocaban con utensilios de cocina y que se convirtió en el elemento central de la película: audacias que terminaron por aterrar al desventurado productor, que se negó a distribuirla. Para colmo de males, Tararira se ha perdido para siempre, y sólo quedan testimonios como el de Gloria Alcorta, que recuerda haberla visto en una exhibición privada, y para la cual la escena del Bolero, inolvidable, ‘es una obra maestra en la historia del cine’ “.

Ese mismo año, y para las fechas en que Fondane estaba en Buenos Aires, tuvo lugar en la ciudad un congreso del Pen Club especialmente áspero, dado el comienzo de la Guerra Civil española. A su regreso en barco, Fondane conoce a Jacques y Raïsa Maritan, así como al poeta italiano Giuseppe Ungaretti. “El filósofo católico –escribe Cozarinsky– había sido invitado a la Argentina por grupos neotomistas y deja el país mal visto por sus anfitriones, entre otros Delfina Bunge de Gálvez: se ha declarado antifranquista; por otra parte, su mujer, aunque convertida, es una judía rusa. En esa pareja Fondane reconoce un reflejo invertido de su matrimonio con una católica francesa. La correspondencia de Maritain y Fondane pronto se convierte en un diálogo menos de religiones que de espiritualidad, y su amistad iba a sobrevivir a la muerte del poeta en la correspondencia del filósofo con Geneviève Fondane”.

Premoniciones

Durante 1937 publica poemas y numerosos artículos sobre filosofía. De 1938 –el año de la muerte de Chestov– es su Faux Traité d’esthétique. Fondane se naturaliza francés, lo que tendrá complejas consecuencias en el futuro próximo.

En 1939 Victoria Ocampo se entrevista por última vez en París con Fondane. Intenta convencerlo de que abandone el país, pero él se niega y le entrega un ejemplar manuscrito de los Rencontres avec Léon Chestov. En el sobre se lee: “Chestov. Manuscrito sin terminar que contiene las cartas que Chestov me escribió y mis conversaciones con él. Dejo en manos de Victoria Ocampo el manuscrito en el que trabajo. En caso de guerra, puede ser utilizado como a ella le parezca. En consecuencia, ella está autorizada abrir este sobre”. Victoria Ocampo entonces le dijo que consideraba que él estaba exagerando, a lo que, según el testimonio de la escritora, él respondió: Creo que habrá una guerra. Creo que ya no volveremos a vernos”.

Cuando Francia fue invadida por los alemanes, en 1940, a Fondane lo movilizaron con el 216 regimiento de infantería. En Sainte-Assise, cerca de Fontainebleau fue tomado prisionero, pero consiguió escaparse. Luego, vuelto a capturar, fue dejado en libertad por razones de salud. Las publicaciones, mientras tanto, se multiplican: Fondane escribe sobre hinduismo, sobre Lévy-Brühl y, entre 1941 y 1942, el entonces inédito Baudelaire et l’expérience du gouffre, texto que quedará incompleto y al que la crítica juzgará muy superior al que por esos mismos años Jean-Paul Sartre dedica al poeta de Las flores del mal.

El fin

Bajo la ocupación, se niega a usar la estrella de David y frecuenta a sus compatriotas Stéphane Lupasco, Emil Cioran y Jean Lescure, al tiempo que toma cursos con Gaston Bachelard en la Sorbonne. A pesar de la insistencia de Victoria Ocampo y sus amigos argentinos, que tratan infructuosamente de conseguirle un pasaporte, Fondane se niega a abandonar París. Sigue escribiendo y publicando hasta que el 7 de marzo de 1944 es arrestado, junto con su hermana, por la policía francesa. Luego vino su internación en Drancy –el campo de concentración creado por los alemanes al norte de París– y una oferta de liberación debida a la intervención de numerosas personalidades de la cultura. Pero Fondane se niega a abandonar a su hermana y ambos son deportados a Auschwitz el 30 de mayo. Según el testimonio de un sobreviviente, el 2 o el 3 de octubre Fondane fue conducido a la cámara de gas de Auschwitz-Birkenau.

Rescate de una obra

“La noticia de la muerte de Fondane –se lee en uno de los paneles de la muestra a él consagrada en París– sólo fue conocida en octubre de 1945. Su mujer se ocupará de la edición de sus obras, principalmente de la aparición de Baudelaire ou l’expérience du gouffre en la edición de Seghers (1947)”. Asimismo, ayudada por Jean Lescure, propondrá a Editions de Minuit la publicación de las obras completas de Fondane, proyecto que, pese a la aceptación inicial, nunca se llevará a cabo. Fondane cae entonces en una suerte de olvido, sólo interrumpido en los años ochenta, cuando diversas editoriales francesas y rumanas recomienzan a publicarlo y dan a conocer textos inéditos.

En 1978, la revista Non-Lieu dedica un número de homenaje a Fondane. Un año después, Michel Carassou reedita las principales obras de Fondane en la editorial Plasma. En 1994, Monique Jutrin crea la Société d’Études Benjamin Fondane, que anualmente publica los Cahiers Benjamin Fondane. El primer coloquio internacional en su honor tuvo lugar en la Universidad de Jassy (Rumania) con motivo del cincuentenario de su asesinato.

Para 1998, año del centenario del nacimiento de Fondane, la prestigiosa revista Europe le dedica un libro y tienen lugar diversos coloquios en Royaumont Haifa y Jassy. Ese mismo año, varias de sus obras son reeditadas por la editorial Paris-Méditerranée.

El 14 de noviembre de 1999, en la fachada del 6 de la rue Rollin, en el Quinto Distrito de París, se colocó una placa conmemorativa.

Siete años más tarde, en el comienzo de la misma calle, se inauguró el 21 de mayo un plaza Benjamin Fondane. De ese mismo 2006 data Le mal des fantomes, suerte de obra poética completa, reunida por Patrice Beray y Michel Carassou, con prólogo de Henri Meschonnic. Hasta donde pude averiguar, ninguna de sus obras fue traducida al castellano.

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/02/16/_-02140742.htm

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 81 seguidores