Cómo las enseñanzas cristianas sobre los judíos allanaron el camino para el Holocausto.

por Gabriel Wilensky


 

Después de celebrar la liberación del yugo del antiguo Egipto, los judíos marcan en el calendario Iom HaShoá, el Día del Holocausto. La fecha fue elegida para conmemorar la revuelta en el Gueto de Varsovia, un evento en el que un puñado de judíos se atrevió a confrontar al “faraón todopoderoso”. Pero la historia de nuestros hermanos en el gueto no tuvo un final feliz: el Mar Rojo no se abrió para que los perseguidos pudieran escapar, y tampoco fueron sus enemigos atacados duramente por la mano divina. En cambio, los pocos sobrevivientes del infierno del gueto terminaron sus vidas en el torbellino de la muerte de Treblinka.

El Gueto de Varsovia fue uno de los muchos guetos que los alemanes establecieron en muchas ciudades europeas. Los guetos fueron creados con el único objetivo de mantener a la población judía encerrada para evitar que tuvieran contacto con sus vecinos cristianos. Los alemanes forzaron a cientos de miles de judíos a vivir abarrotados en esos lugares que normalmente hubieran contenido a un décimo de la población.

Los judíos del gueto, al igual que los que todavía vivían “libres” en otras ciudades, fueron obligados a coser una Estrella de David amarilla en sus ropas para que los cristianos pudieran identificarlos con facilidad. Las rigurosas leyes antijudías que los alemanes promulgaron en 1935, seguidas de leyes similares en Italia en 1938 y luego en Francia, Eslovaquia, Hungría y otros países, evitaban que los judíos socializaran con los cristianos, prohibiéndoles trabajar en puestos estatales y en posiciones académicas, o desempeñarse en profesiones como leyes o medicina, al igual que muchas otras restricciones, incluyendo la pérdida de la ciudadanía. Estas leyes constituían serias violaciones a los derechos humanos y fueron los primeros pasos en un proceso gradual de deshumanización de los judíos que posteriormente dio paso al genocidio.

¿De dónde sacaron los alemanes todas estas ideas? ¿Qué funcionario maquiavélico pensó todo esto? Cuando los nazis asumieron el poder en 1933 descubrieron que no necesitaban inventar casi nada para su persecución de los judíos, porque la Iglesia Católica había inventado prácticamente todo, cientos de años antes.

Cuando Hitler llegó al poder, encontró que la población ya odiaba profundamente a los judíos.

La insignia amarilla en sus prendas, la prohibición de ocupar cargos públicos, la prohibición de tener empleados cristianos, la quema del Talmud, la prohibición de vivir junto a los cristianos, la prohibición de pertenecer a gremios o de trabajar en la industria, los guetos, todas esas violaciones de derechos humanos básicos que asociamos con la tiranía nazi fueron promulgadas entre 400 y 700 años antes de los nazis por la Iglesia Católica. Durante casi dos milenios, a los cristianos se les enseñó que el cristianismo reemplazó al judaísmo, y que los judíos eran malvados, que estaban determinados a destruir el cristianismo y que eran los asesinos de Jesús.

Por lo que no debería sorprendernos mucho que cuando Hitler llegó al poder encontró que la población ya odiaba profundamente a los judíos. Ese odio había sido implantado y cultivado por el cristianismo prácticamente desde el comienzo del movimiento cristiano en el primer siglo de la era común. Un odio verbal que comenzó como una lucha fraternal dentro del judaísmo, y que con el tiempo y el distanciamiento de los primeros cristianos de la corriente principal del judaísmo (a medida que el cristianismo ganó fuerza entre los pueblos paganos del Imperio Romano) se transformó en un odio violento, visceral e irracional.

El movimiento cristiano acusó a los judíos de matar a Jesús y de rechazar su misión mesiánica. Como consecuencia, los primeros cristianos desarrollaron la idea de que el judaísmo quedaba relegado al segundo plano mientras que el cristianismo lo reemplazaba. En ese tiempo, los cristianos creían que Dios consideraba a los cristianos el “Nuevo Israel” y el nuevo “Pueblo Elegido”. Comenzaron a llamarle a la biblia cristiana el “Nuevo” Testamento y a la hebrea el “Viejo” Testamento, sugiriendo nuevamente que la religión judía se había tornado superflua.

A pesar de la opresión y las dificultades, los judíos no desaparecieron. Esta tenacidad para sobrevivir y su continuo rechazo a la aceptación de Jesús como el Mesías, llevó a un aumento del odio cristiano hacia los judíos. Los Padres de la Iglesia, cuyos escritos formaron la base del cristianismo que conocemos hoy en día, escribieron sobre los judíos de manera comparable a los nazis. Como dijo San Ambrosio, conocido como el “obispo de la lengua de oro”, en 374 EC:

“Los judíos son los hombres menos valiosos de todos. Son lascivos, avaros, rapaces. Son los pérfidos asesinos de Cristo. Adoran al Demonio. Su religión es una enfermedad. Los judíos son los odiosos asesinos de Cristo y por matar a Dios no hay expiación posible, indulgencia ni perdón. Los cristianos nunca deben dejar de vengarse, los judíos deben vivir en esclavitud para siempre. Dios siempre odió a los judíos. Es esencial que todos los cristianos los odien también”.

Lo que dijo San Juan Crisóstomo, obispo de Antioquía, unos cuantos años después, no fue mucho mejor:

“En donde los asesinos de Cristo se reúnen, la cruz es ridiculizada, Dios es blasfemado, el padre no es reconocido, el hijo insultado y la gracia del Espíritu rechazada… Si los ritos judíos son santos y venerables, nuestro estilo de vida debe ser falso. Pero si nuestro estilo de vida es verdadero, ¡y verdaderamente lo es!, el de ellos es fraudulento. No estoy hablando de las Escrituras. ¡Nada de eso!… Estoy hablando de la falta de piedad y demencia que ellos muestran actualmente”.

Durante la Edad Media los cristianos comenzaron a asociar a los judíos con el Diablo. Era natural hacer esta asociación para una población que ya estaba acostumbrada a leer en los Evangelios oraciones como: “Le perteneces a tu padre, el diablo, y quieres llevar a cabo el deseo de tu padre”. Los pensadores cristianos se preguntaron qué tipo de criatura rechazaría la verdad y mataría a Dios, y concluyeron que sólo un agente inhumano de Satán podría actuar de esa manera. La espiral descendente llevó a muchos cristianos europeos, cuya mayoría nunca había visto a un judío, a crear una concepción fantástica de los judíos que no estaba basada en la realidad.

El Iluminismo transformó al anti-judaísmo del cristianismo teológico en algo moderno, secular y seudo-científico.

La Revolución Francesa causó la emancipación de los judíos, quienes dejaron rápidamente los guetos y en gran parte se asimilaron a la población cristiana de las ciudades a las que se mudaban. El Iluminismo transformó al anti-judaísmo del cristianismo teológico en algo moderno, secular y seudo-científico, prerrequisito sine qua non (absolutamente indispensable) para una población que estaba adoptando con rapidez una visión moderna del mundo, alejada del yugo de su religión. Fue en este entorno cultural que el antisemitismo se transformó en algo racial, y fue en los siglos 19 y 20 que las viejas acusaciones de deicidio (asesinato de dios), de envenenar pozos de agua, de traer la Peste Negra, de matar niños cristianos para extraer su sangre para hacer matzá, y de muchas otras acusaciones sin fundamentos que se transformaron en acusaciones modernas en las que los judíos eran culpados por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, por el desempleo, por la inflación, y acusados de crear y fomentar revoluciones, de modernismo, de capitalismo, de comunismo y de muchas cosas más.

Los nazis heredaron esta concepción del “judío”. Hitler fue educado como católico, él se impregnó de las enseñanzas anti-judías tradicionales del cristianismo, y se aprovechó al máximo de ellas para promover su plan. Como les dijo a dos obispos católicos alemanes en 1933:

“La Iglesia Católica consideró pestilentes a los judíos por 1,500 años, los puso en guetos, etc., porque reconoció a los judíos por lo que eran… yo sólo estoy volviendo atrás, a la época en que fue implementada esta tradición de 1,500 años… Reconozco que los representantes de esta raza son una pestilencia para el estado y para la iglesia, y quizás le estoy brindando al cristianismo un gran servicio al sacarlos de las escuelas y de los cargos públicos”.

* * *

Una Nota del Autor: El antisemitismo en el cristianismo y su rol en el Holocausto

Gracias a todos por sus comentarios. Un punto importante a mantener en mente es que este artículo no describe a los cristianos modernos o al cristianismo. El foco de este artículo (y del libro) está en cómo la historia del cristianismo llevó al Holocausto, particularmente como ocurrió en Europa. La Iglesia Católica se reunió en la década del 60 en el Segundo Concilio Vaticano y quitó la acusación de deicidio. Pero para los lectores cristianos que fueron criados después de 1965, deberían saber que antes de eso el cristianismo enseñaba que los judíos eran los asesinos de Cristo, y que todos los judíos del tiempo de Jesús, y para siempre, eran culpables de su muerte: ‘¡Deja que su sangre esté sobre nosotros y sobre nuestros hijos!’ (Mateo 27:24-25). Esto les ocasionó indescriptibles miserias a los judíos durante siglos de persecución. Los cristianos eran encolerizados por obras dramáticas representando la pasión de Cristo y por la liturgia del Viernes Santo y salían a matar a los judíos indiscriminadamente. Las enseñanzas negativas sobre los judíos eran penetrantes, comenzando con el Nuevo Testamento (sólo los cuatro Evangelios y los Actos de los Apóstoles contienen 450 versículos antisemitas, ¡un promedio de dos por página!) y continuando con los escritos de los Padres de la Iglesia, Martín Lutero y otros pensadores y teólogos cristianos. Los sacerdotes de todos los lugares de Europa menospreciaron constantemente a los judíos en sus sermones durante siglos, inclusive durante la era nazi.

En otras palabras, hay una triste historia que se ha repetido mucho y durante mucho tiempo. Muchos de los perpetradores del Holocausto vieron o escucharon de sus padres y abuelos sobre los guetos que la Iglesia había instituido no en el nombre de Hitler sino en el de Jesús. Piensa en esto: ¡las paredes del gueto romano, literalmente de un lado al otro del Tíber desde el Vaticano, fueron destruidas por última vez en 1870!

La mayoría de los cristianos de hoy en día no albergan este odio hacia los judíos. Muchos cristianos ayudaron a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, pero más allá de lo bueno que sea eso, desafortunadamente fue una pequeña gota en un océano gigante de violencia hacia los judíos que provenía de otros cristianos. Hoy en día, particularmente en los Estados Unidos, muchos cristianos son amigos de los judíos y de Israel. Esto es algo bueno. Es mi esperanza que por medio de discusiones sanas como esta, y de educación sobre historia como en mi libro Seis Millones de Crucifixiones, se forjen nuevos lazos, y que los lazos preexistentes se fortalezcan. Incluso con el gran progreso del Segundo Concilio Vaticano y sus enseñanzas subsecuentes, todavía hay mucho trabajo que hacer para eliminar completamente el antisemitismo del cristianismo.

Basado en el libro del autor: “Six Million Crucifixions: How Cristian Teachings About Jews Paved the Road to the Holocaust”.

Revelan el primer borrador de la carta de Hitler sobre el Holocausto

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíos

Jueves 09 de junio de 2011 | 10:07  (actualizado a las 10:05)

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíosFoto: AP

 

 

NUEVA YORK.- La firma al final de una carta escrita a máquina en páginas que se tornaron amarillentas después de un siglo es inconfundible: Adolfo Hitler, con las últimas letras arrastradas hacia abajo.

La carta está fechada en 1919, décadas antes de la Shoá (el Holocausto). En ella, el entonces soldado alemán de 30 años nacido en Austria plasmó lo que parecen ser sus primeros comentarios sobre la aniquilación de los judíos.

Fue escrita con una máquina de escribir del ejército alemán y ha sido conocida desde hace mucho por especialistas. Es considerada relevante porque demuestra desde cuándo estaba creando sus ideas antisemitas.

El documento fue presentado anteayer por el fundador de una organización judía de derechos humanos que compró el documento original el mes pasado.

Hitler “estableció el estándar de oro para la inhumanidad del hombre hacia el hombre”, dijo el rabino Marvin Hier del Centro Simon Wiesenthal, nombrado en honor a un cazador de nazis.

Hace tres semanas la organización con sede en Los Angeles compró el original por 150.000 dólares de un corredor de antigüedades en California. Antes, la carta había pertenecido a un corredor en Kansas que la adquirió del soldado estadounidense William F. Ziegler.

Al parecer, Ziegler encontró las cuatro páginas escritas a máquina en un archivo nazi cerca de Nüremberg, en Alemania, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

“El peligro que representa el judaísmo para nuestro pueblo se expresa en la innegable aversión de grandes secciones de nuestro pueblo”, escribió Hitler en alemán. “La causa de esta aversión surge principalmente del contacto personal y de la impresión personal que dejan los judíos como individuos, que casi siempre es desfavorable”, asegura el genocida en el escrito.

En otro pasaje de la misiva, Hitler dice que un gobierno poderoso podría manejar la “amenaza judía” al negar sus derechos, pero que “su meta final debe ser la remoción inquebrantable de todos los judíos”.

 

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíosFoto: AP
 

 

Al momento de escribir la carta, Hitler rendía servicio en el ejército alemán y había agitado a las tropas con sus discursos antisemitas. Un superior le pidió que escribiera sus ideas.

El documento, conocido como la carta Gemlich, fue certificado como auténtico en 1988 por el experto en caligrafía Charles Hamilton, que reveló que los “Diarios de Hitler” eran falsos.

Adolf Gemlich creaba propaganda para el ejército alemán y Hitler le escribió la carta tras una sugerencia del capitán Ulrich Mayr, para ayudar a popularizar la idea de que había responsables por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

Hitler se despide “con la más profunda estima”.

El centro planea exhibir la carta en su Museo de la Tolerancia en Los Angeles. “Es un documento fundamental que le pertenece a las generaciones futuras”, advirtió Hier.

Agencias AP y EFE

 

http://www.lanacion.com.ar/1380150-revelan-el-primer-borrador-de-la-carta-de-hitler-sobre-el-holocausto

Los niños judíos

Los niños judíos

SEMPRÚN, Jorge. El largo viaje. Planeta. Barcelona. 1998. p. 168-172

“Debo hablar en nombre de lo que sucedió, no en mi nombre personal. La historia de los niños judíos en nombre de los niños judíos. La historia de su muerte, en la amplia avenida que conducía a la entrada del campo, bajo la mirada de piedra de las águilas nazis y entre las risas de los S.S., en nombre de esta misma muerte.
Los niños judíos no llegaron a media noche, como nosotros, llegaron bajo la luz gris de la tarde.
Era el último invierno de aquella guerra, el invierno más frío de esta guerra cuya suerte se decidió en medio del frío y de la nieve. Los alemanes habían sido expulsados de sus posiciones por una gran ofensiva soviética que se desplegaba a través de Polonia, y evacuaban, cuando tenían tiempo, a los deportados que habían reunido en los campos de Polonia. Nosotros, cerca de Weimar, en el bosque de hayas por encima de Weimar, veíamos llegar, durante días y semanas, aquellos convoyes de evacuados. Los árboles estaban cubiertos de nieve, cubiertas de nieve las carreteras, y en el campo de cuarentena nos hundíamos en la nieve hasta la rodilla. Los judios de Polonia llegaban apiñados en vagones de mercancías, cerca de doscientos por vagón, y habían viajado durante días y días sin comer ni beber, en el frío de este invierno que fue el más frío de toda la guerra. En la estación del campo, cuando se abrían las puertas corredizas, nada se movía, la mayoría de los judíos habían muerto de pie, muertos de frío, muertos de hambre, y era preciso descargar los vagones como si hubiesen transportado leña, por ejemplo, y los cadáveres caían, rígidos, en el andén de la estación, donde los apilaban para llevarlos despúés, por camiones enteros, directamente al crematorio. Pese a todo, había supervivientes, había judíos vivos todavía, moribundos en medio de aquel amontonamiento de cadáveres helados en los vagones. Un día, en uno de aquellos vagones en que había supervivientes, al apartar el montón de cadáveres congelados, pegados a menudo unos a otros por sus ropas rígidas, se descubrió un grupo de niños judíos. De repente, en el andén de la estación, sobre la nieve y entre los árboles cubiertos de nieve, apareció un grupo de niños judíos, unos quince más o menos, mirando a su alrededor, con cara asombrada, mirando los cadáveres apilados como troncos de árboles ya podados y apilados al borde de las carreteras, esperando ser transportados a otro lugar, miranod los árboles y la nieve sobre los árboles, mirando como solo miran los niños. Y los S.S. al principio parecían molestos, como si no supieran qué hacer con aquellos niños de ocho a doce años, poco más o menos, aunque algunos, por su extrema delgadez y la expresión de sus rostros parecieran ancianos. Se hubiera dicho que, en primer lugar, lo S.S. No supieron qué hacer con estos niños y los reunieron en un rincón, tal vez para tener tiempo de pedir instrucciones, mientras escoltaban por la gran avenida las escasas decenas de adultos supervivientes de aquel convoy.. Y una parte de aquellos supervivientes tadavía tendrá tiempo para morir, antes de llegar a la puerta de entrada del campo, pues recuerdo que se veía a algunos de estos supervivientes derrumbarse en el camino, como si su vida latente en medio del amontonamiento de los cadáveres helados de los vagones se apagara de repente, algunos caían de repente, derechos, como árboles fulminados, de bruces sobre la nieve sucia y en ocasiones fangosa de la avenida, en medio de la nieve inmaculada sobre las altas hayas estremnecidas, otros cayendo de rodillas primero, haciendo esfuerzos para levantarse, para arrastrarse todavía unos metros más, quedando finalmente tendidos, con los brazos estirados hacia adelante, con las manos descarnadas arañando la nieve, se hubiera dicho como en una última tentativa de arrastrarse unos centímetros más hacia aquella puerta de allá abajo, como si aquella puerta estuviera al final de la nieve y del invierno y de la muerte. Pero al final, sólo quedó en el andén de la estación esa quincena de niños judíos. Los S.S. Regresaron en tromba, entonces, como s hubieran tecibido instrucciones precisas, o tal vez les hubieran dado carta blanca, quizá ya les habían permitido improvisar la manera como iban a matar a aquellos niños. De todas formas volvieron en tromba, con perros, se reían estrepitosamente, se gritaban bromas que les hacían estallar en carcajadas. Se desplegaron en arc de círculo y empujaron ante ellos, por la gran avenida, a aquellos qince niños judíos. Lo recuerdo, los chavales miraban a su alrededor, miraban a los S.S., debían creer al principio que les escoltaban sencillamente hacia el campo, como habían visto hacer con los mayores unos momentos antes. Pero los S.S. soltaron a los perros y empezaron a golpear con las porras a los niños, para obligarles a correr, para hacer arrancar esa montería por la gran avenida, esta caza que habían inventado, o que les habían ordenado organizar, y los niños judíos, bajo los porrazos, maltratados por los perros que saltaban a su alrededor, mordiéndoles en las piernas, sin ladrar ni gruñir, pues eran perros amaestrados, los niños judíos echaron a correr por la gran avenida hacia la puerta del campo Quizás en aquel momento, no comprendieron todavía lo que les esperaba, quizá pensaron que se trataba solamente de una última vejación, antes de dejarles entrar en el campo. Y los niños corrían, con sus enormes gorras de larga visera hundidas hasta las orejas, y sus piernas se movían de manera de manera torpe, a la vez lenta y sincopada, como cuando en el cine se proyectan viejas películas mudas, o como en las pesadillas en las que se corre con todas las fuerzas sin llegar a avanzar un solo paso[, y lo que nos persigue está a punto de alcanzarnos, nos alcanza ya, y nos despertamos en medio de sudores fríos, y aquello, aquella jauría de perrros y de S.S. que corría detrás de los niños judíos bien pronto devoró a los más débiles de entre ellos, a los que solo tenían ocho años quizás, a los que pronto perdieron las fuerzas para moverse, y que eran derribados, pisoteados, apaleados por el suelo, y que quedaban tendidos a lo largo de la avenida, jalonando cn sus cuerpos flacos, dislocados, la progresión de aquella montería, de esta jauría que se arrojaba sobre ellos. Pronto no quedaron más que dos, uno mayor y otro pequeño, que habían perdido sus gorras en l carrera desesperada, y cuyos ojos brillaban como reflejos de hielo en sus rostros grises, y el más pequeño comenzaba ya a perder terreno, los S.S aullaban detrás de ellos, y los perros también comenzaron a aullar, pues el olor a sangre los volvía locos, y entonces el mayor de los niños aminoró la marcha para coger de la mano al más pequeño, que ya iba tropezando, y recorrieron juntos unos cuantos metros más, la mano derecha del mayor apretando la mano izquierda el pequeño, rectos, hasta que los porrazos les derribaron juntos, con la cara sobre la tierra y las manos unidas ya para siempre. Los S.S. reunieron a los perros, que gruñían, y rehicieron el camino al revés, disparando a bocajarro una bala en la cabeza de cada uno de los niños, caídos en la gran avenida, bajo la mirada vacía de las águilas hitlerianas.”

 

Gentileza de Francisco Javier Bernad Morales

 

Foto: Una niña judía que estaba entre las 33.771 víctimas asesinadas durante las ejecuciones en masa por las SS.

Un millón de judíos por diez mil camiones

Un millón de judíos por diez mil camiones

El bochornoso epílogo del genocidio de un pueblo.

<a title="David Malowany" href="http://forojudio.com/library/photos/100.jpg&quot; rel="gallery" rev="width:225 height:280 disableScroll:true showItemNumber:false caption:`Ver Artículos por
David Malowany`”>David Malowany
Por: David Malowany
dmalowany@forojudio.com
Lun May 23 2011 (19 Iyyar, 5771)

Fue una rica e influyente mujer judeoeslovaca, Gisi Fleischmann, quien organizó una cadena de sobornos tendientes a salvar a los últimos resabios de la judería europea. Así se rescataron cientos de niños judíos polacos, que contrabandeados de Polonia a una Hungría todavía no ocupada por los nazis, hoy son ciudadanos israelíes.

A fines de 1942, esta noble treintiañera, madre de dos hijos previamente puestos a salvo en Eretz Israel, tuvo una iniciativa sin precedentes, se dirigió al Jefe de las SS en Eslovaquia, Dieter Von Wisliceny, haciendo una pregunta arriesgada, ¿ Cuanto se debe pagar para poner fin a las deportaciones de judíos eslovacos? El Hauptsturmfüherer dio la respuesta: 50 mil libras. Quedaban 25 mil judíos en dicho país, así que el precio era dos libras por vida. Diversas organizaciones judías internacionales, a instancia de Gisi, juntaron dicha suma y hasta la rebelión de los eslovacos que puso fin al mandato de Wislinceny, las deportaciones de judíos a las cámaras de gas, se enlentecieron.

Durante esos negocios inmundos, Wisliceny les hizo saber a los militantes judíos que con solo dos o tres millones de dólares, se pondría fin a la matanza de judíos europeos, siempre que no se hallaren en el Reich o en la Polonia ocupada ya que allí el exterminio era una cuestión irrevocable, pero las confundidas organizaciones judías de beneficiencia, básicamente norteamericanas, prefirieron no creer en la proposición. Dicha propuesta se conoció como el ” Plan Europa”.

El 19 de marzo de 1944, los alemanes ocuparon Hungría antes de que se rinda unilateralmente al ejercito rojo. Allí se traslada Eichmann y su plana mayor incluido Wisliceny para culminar la tarea de limpiar a Europa de judíos. La comunidad judía húngara que se sentía inmune al genocidio cercano, se vio conmovida, pero la presencia del alcanzable Wisliceny les generó la esperanza de reflotar, ahora con sus propias vidas en juego, el ” Plan Europa”. En Hungría se hallaba también el Obersturmbannführer Becher quien estaba perpetrando el plan de cambiar la vida de los poderosos empresarios judíos por la propiedad de sus empresas. De esta manera la poderosa familia Weiss entregó su conglomerado empresario a cambio de salvoconductos.

El 25 de abril de 1944, un integrante húngaro de los grupos de acción clandestina en materia de salvataje de judíos, Joel Brand, sionista, empresario textil, empleador del judío uruguayo Erwin Tessler, recibió una invitación del mismísimo Adolf Eichmann. Este le propuso un negocio escalofriante: la venta de un millón de judíos a cambio de mercaderías. Este gestión era conocida por Himmler quien poco tiempo después daría la orden de destruir las cámaras de gas y de usar a los judíos sobrevivientes de moneda de cambio a la hora de evitar rendir cuentas a las potencias vencedoras. En la segunda reunión con Brand, Eichmann fue mas concreto, un camión por cada cien judíos. Como muestra de la buena fe, Eichmann ofrecía un adelanto de cien mil judíos, previo al pago de la primer entrega de mercadería. El desesperado militante judío, conciente de las anteriores negociaciones en Eslovaquia y su seriedad macabra, viajó con pasaporte falso y avión correo suministrado por Alemania a Constantinopla donde se entrevistó con dirigentes sionistas. Luego, bajo la tutela inglesa se dirigió a Siria donde informó la propuesta a un confundido Moshé Shertok. Finalmente fue apresado por los británicos en Egipto. La agencia Reuters hizo pública la bochornosa propuesta nazi y todo quedó en la nada para desgracia de la judería húngara que fue exterminada en tiempo record, pese a que los rojos ya recuperaban Rumania. Cuando Alemania se quedó sin trenes, Eichmann pretendió trasladar a los últimos judíos húngaros a pie en las macabras marchas de la muerte.

Las negociaciones entre Becher y los dirigentes judíos húngaros tuvo algunos frutos agridulces. Un tren con mas de mil judíos húngaros, o bien prominentes o bien parientes de los dirigentes comunitarios, halló la libertad en Suiza, habiéndose pagado mil dólares por cada vida. El transporte fue negociado por otro dirigente sionista, Rudolf Kastner. Este, al finalizar la guerra se transformó en un importante jerarca israelí, pero la difusión de los tratos con los SS se hizo finalmente pública por el periodismo. El húngaro-israelí, sometió su caso a la justicia judía bajo el cargo de difamación. En su causa intervino el Juez Halevi, quien luego también juzgaría a Eichmann. Este estableció en la sentencia que Kastner había vendido el alma al diablo exonerando al periodista. En 1957 Kastner fue asesinado en Israel en un caso nunca aclarado. La Suprema Corte Israelí sin embargo, lo exoneró pos-morten.

Himmler se suicidó al ser apresado por los ingleses. Gisi Fleischmann capturada en uno de sus últimos intentos desesperados de salvar vidas, perdió la suya en Auschwitz. Adolf Eichmann fue ejecutado en Jerusalem. Dieter Von Wisliceny fue juzgado y ejecutado en Praga. Becher fue exonerado en Nuremberg gracias al testimonio de Kastner y murió como un feliz empresario. Joel Brand fue uno de los testigos del juicio a Eichmann en Jerusalém.

Agradecimientos: Rosa Zytner, Erwin Tessler. Bibliografía: Eichmann en Jerusalem, Hanna Arendt, Operación Noche y Neblina, Biografía de Joel Brand, Alex Weissberg.

“Incapaces” de creer

CONTRATAPA › A 68 AÑOS DEL LEVANTAMIENTO DEL GUETO DE VARSOVIA

“Incapaces” de creer

 Por Jack Fuchs *

El 19 de abril es el día de recordación de la tragedia vivida por el pueblo judío en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando finalizó la contienda, no existían términos que definieran lo vivido. No existía “Shoah” ni “Holocausto”. Por otra parte, aquellos que habíamos sobrevivido al horror no sabíamos cómo ni en qué fecha conmemorar esta tragedia. ¿Qué fecha tomar como referencia si aquello no tenía certificado de nacimiento ni partida de defunción? Por entonces, apenas terminada la guerra, se decidió que el 19 de abril –fecha del Levantamiento del Gueto de Varsovia– sería el día de convocatoria. Recuerdo que en esos años de mi estadía en los Estados Unidos solamente nosotros, los sobrevivientes, participábamos de los actos conmemorativos. Años después, con el establecimiento del Estado de Israel, en 1948, se decidió conmemorar la tragedia dándole un día universal común a todas las colectividades judías del mundo, y luego se agregó como fecha conmemorativa aquella mal llamada “liberación” de Auschwitz.

Pasaron 68 años desde el comienzo del levantamiento, que llevó a la liquidación, del Gueto de Varsovia; 68 años desde que un grupo de no más de 500 jóvenes, con unas pocas armas caseras, tomaran la decisión de morir luchando y no en las cámaras de gas. Sin duda fueron privilegiados; un privilegio que no tuvieron, siquiera como opción, millones de personas.

Existió una guerra por la conquista del planeta por parte de los nazis y otra guerra contra la población civil. La que más caro lo pagó fue la población judía. La lucha contra los judíos fue una “guerra dentro de otra guerra” y, para cumplir con los objetivos, no fueron necesarias más que oficinas y expertos trabajando en silencio y ordenadamente. Así se produjo un “enfrentamiento “ entre un grupo armado y otro, sin tanques, ni aviones ni ejércitos.

En noviembre de 1942, Jan Karski, resistente clandestino polaco, fue enviado como “courier” a Londres, para entrevistarse con autoridades polacas en el exilio, el gobierno de Gran Bretaña y el liderazgo judío mundial. Llevaba, entre otros mensajes, uno para el Papa solicitándole que excomulgara a Hitler y sugiriéndole que tomase medidas con aquellos católicos que participasen en actos de asesinato y barbarie. La indiferencia fue la respuesta.

Karski viajó entonces a Estados Unidos y, a poco de llegar, acompañado por el embajador de Polonia, se entrevistó con el juez de la Corte Suprema Félix Frankfurter, quien pidió detalles sobre la vida de los judíos en Polonia. Karski explicó lo que había visto y, según sus propias palabras, la reacción fue la siguiente: “Cuando terminé de contar el horror del que había sido testigo, Frankfurter se levantó, caminó algunos pasos y nos dio la espalda. Después volvió a sentarse y dijo: debo ser totalmente franco. Soy incapaz de creerle”. El embajador de Polonia, presente en la reunión, le contestó: “No puede decir que Karski miente. La autoridad de mi gobierno avala la totalidad de lo dicho”. El juez Frankfurter replicó: “Sr. Embajador, no digo que este hombre miente. Digo que soy incapaz de creerle”.

Y no fue el único “incapaz”. En la primavera de 1945 el mundo “descubrió” el horror de los campos de concentración y las fábricas de la muerte. El mundo, cubierto por las cenizas de todos los muertos, quedó sorprendido sabiendo que, si la indiferencia no hubiera estado tan arraigada, Auschwitz no hubiese sido posible.

En cada día de recordación, rindo desde estas líneas mi homenaje a aquellos que perecieron en ese histórico levantamiento y a todos aquellos que no tuvieron, siquiera, esa posibilidad.

Retomo las palabras de Schmuel “Arthur” Zygelboim en su carta de despedida enviada antes de suicidarse, en la noche del 11 de mayo de 1943, al primer ministro del gobierno polaco en el exilio, en Londres, general Wladyslaw Sikorski: “(…) no quiero vivir mientras los restos del pueblo judío en Polonia, uno de cuyos representantes soy yo, son asesinados. Mis amigos en el gueto de Varsovia perecieron empuñando las armas en esta última lucha heroica. No fue mi destino morir como ellos, junto con ellos. Pero les pertenezco, a ellos y a sus tumbas colectivas. Con mi muerte quiero expresar mi más enérgica protesta contra la pasividad con que el mundo contempla y permite el exterminio del pueblo judío”.

Italia: El Papa y el rabino de Roma visitaron las Fosas Ardeatinas

29/03/2011

Italia: El Papa y el rabino de Roma visitaron las Fosas Ardeatinas

El papa Benedicto XVI visitó las Fosas Ardeatinas, una mina abandonada al sur de Roma donde los nazis fusilaron en 1944 a 335 romanos, un gran número de ellos judíos, y calificó al nazismo como el “mal más horrendo”.

Acompañado del rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni, y del cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, de 86 años, hijo del coronel partisano Giuseppe Cordero Lanza di Montezemolo, uno de los fusilados en ese lugar, Benedicto XVI dijo que lo ocurrido en las Fosas Ardeatinas es “una gravísima ofensa a Dios”.
“Lo que aquí sucedió el 24 de marzo de 1944 es una gravísima ofensa a Dios, porque es una violencia intencionada del hombre contra el hombre. Es el efecto más execrable de la guerra, de cualquier guerra, mientras Dios es verdad y vida, paz y unidad”, afirmó el Pontífice.
El Papa alemán agregó que había venido a este lugar donde los nazis perpetraron unas de las mayores matanzas en Italia para que no se olvide lo ocurrido e invocar la Misericordia Divina, “que es la única que puede colmar los vacíos, los abismos abiertos por los hombres cuando empujados por la violencia ciega reniegan de la dignidad de hijos de Dios y hermanos entre ellos”.
Recordó que las Fosas Ardeatinas se encuentran muy cerca de las catacumbas romanas y afirmó que en ese “lugar de violencia y de muerte” se encontró un papel donde uno de los fusilados invocaba a Dios que protegiera a los judíos “de las bárbaras persecuciones”.
El Obispo de Roma aseguró que “Dios es la segura garantía de la esperanza, la posibilidad de un futuro diferente, libre de odio y de venganza, un futuro de libertad para todo el mundo”.
Benedicto XVI exhortó a decir sí al bien y rechazar el mal, a creer en el Dios del amor y de la vida.
“En este lugar, doloroso memorial de mal más horrendo, la auténtica respuesta es darse la mano como hermanos y decir Padre nuestro, creemos en Ti y con la fuerza de tu amor queremos caminar juntos, en paz, en Roma, Italia, Europa y en el mundo entero”.
Benedicto XVI comenzó su visita saludando a los familiares de las víctimas. Después colocó un gran cesto de flores ante la lápida que recuerda la matanza, recorrió las grutas de las Fosas Ardeatinas y rezó de rodillas ante las tumbas de las 335 víctimas.
El Papa rezó por los “hermanos asesinados sin piedad”. Su plegaria estuvo precedida de otra en hebreo por el rabino jefe de Roma.
Ratzinger es el tercer papa que visita las Fosas Ardeatinas, tras Pablo VI, que lo hizo en 1965, y Juan Pablo II, en 1982.
El Pontífice alemán -que fue enrolado a la fuerza cuando era un seminarista de 16 años en el cuerpo de los auxiliares para la defensa aérea, como ocurría en aquella época a todos los jóvenes alemanes, y nunca perteneció a las Juventudes Hitlerianas- siempre ha condenado el nazismo, al que denomina “ideología demoníaca”.
Durante su visita en 2009 al Memorial del Holocausto “Iad Vashem”, en Jerusalem, abogó para que “nunca más un horror similar pueda deshonrar a la humanidad”.
En 2006 visitó los campos de concentración nazi de Auschwitz y Birkenau, en Polonia, donde se presentó como “hijo del pueblo alemán” y pronunció una frase que quedará para la historia: “¿Dónde estaba Dios en aquellos días, por qué calló, cómo pudo tolerar ese exceso de destrucción, ese triunfo del mal?”.
La matanza de la Fosas Ardeatinas ocurrió el 24 de marzo de 1944 cuando 335 italianos -en su mayoría presos políticos recluidos en la cárcel romana de Regina Coeli y 75 judíos escogidos al azar- fueron fusilados por los nazis en represalia por la muerte de 33 soldados alemanes ocurrida un día antes en una calle de Roma, en un atentado partisano en la romana Via Rasella, sede de la GESTAPO.
Los fusilamientos se ejecutaron en las Fosas Ardeatinas, a 14 kilómetros al sur de Roma.
La ejecución fue dirigida por el teniente coronel Herbert Kappler, jefe de la GESTAPO en Roma durante la ocupación, y en la misma participaron el capitán de las SS Erich Priebke y el mayor Karl Hass.
Priebke, que actualmente tiene 98 años, fue localizado en 1984 en Bariloche (Argentina). Tras ser detenido y extraditado a Italia, fue condenado a cadena perpetua, que cumple actualmente bajo arresto domiciliario en Roma.
Hass también fue condenado a cadena perpetua y falleció en Roma en 2004 a los 92 años.

Fuente: http://noti.hebreos.net/enlinea/2011/03/29/7798/

¿Quién fue el niño del gueto?

La imagen del Gueto de Varsovia de 1943. | US Holocaust Memorial

La imagen del Gueto de Varsovia de 1943. | US Holocaust Memorial

  • Un libro disecciona la imagen más simbólica del Holocausto judío…
  • Pero no consigue identificar a su protagonista principal

Sal Emergui | Jerusalén

Actualizado miércoles 23/03/2011 12:15 horas

La imagen del niño del gueto de Varsovia, apuntado con un fusil, las manos en alto y la cara aterrorizada, retrata no sólo un momento ordinario del Holocausto; retrata la extraordinaria crueldad nazi aunque no se vea ni una gota de sangre. La imagen vale más que mil palabras; vale años de investigación sobre la maquinaria asesina del Tercer Reich y sobre la angustia de los protagonistas de la foto-símbolo.
En otras palabras, ¿qué ha sido de ese niño? ¿Sobrevivió? ¿Qué pasa con las dos presas judías en primer plano y los tres soldados alemanes a su alrededor?
Preguntas que se hizo Dan Porat, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén y especialista en la Shoa. La imagen del niño se convirtió en su obsesión. En una visita en el 2004 al Yad Vashem de Jerusalén, donde se honra y homenajea a las víctimas del Holocausto, Porat escuchó a un guía explicar que “el niño sobrevivió, estudió Medicina, se convirtió en doctor en Nueva York; hace un año emigró a Israel”.
El profesor escuchó sobrecogido. Deseaba creer ese relato para dar un nombre y apellidos a la estampa. Una historia a la cara del niño. Una biografia a la que apoyarse. Quizá, también, como lección de superviviencia al horror. Pero necesitaba algo más que palabras para calmar su curiosidad académica y personal. Conectado a los asustados ojos del niñoencerrado en el infierno de 1943, Porat decidió investigar hasta el último rincón de la foto. El resultado es su obra ‘El niño: una historia del Holocausto’, donde sigue e intenta recomponer las piezas del demoledor puzzle visual.
Muchos supervivientes han dicho que son o creen ser el niño de la foto”, comenta Porat que confiesa con tristeza que no ha podido dar con su auténtica identidad. Tampoco confirmar si sobrevivió o, por el contrario, fue asesinado como el millón y medio de niños judíos en los campos de exterminio nazis.
En su trabajo, el profesor pone en duda la teoria más extendida, según la cual el niño es el doctor Tsvi Nussbaum, que hace 31 años afirmó que creía ser el protagonista de la foto. Según él, la imagen se tomó en Varsovia en julio de 1943. Sus padres habían sido asesinados antes en la localidad polaca de Sandomierz, a 125 kilómetros. Porat cree que Nussbaum se confunde. En primer lugar, sostiene el profesor,Nusbaum no estuvo en el gueto en el momento de la sublevación y posterior represión. El crío estaba refugiado con sus tíos en Varsovia pero fuera del gueto. Décadas después, Nusbaum recordó un momento de su infancia en el que fue apuntado por un militar nazi como ocurre en la fotografía. Escenas así se produjeron miles de veces sin que nunca llegaran al objetivo de una cámara.
Porat indica en su libro que si la versión Nussmbaum fuera cierta y la foto hubiera sido tomada en verano, no se entiende por qué las personas fotografiadas iban vestidas con ropa de invierno. Y otra pregunta: ¿Cómo pudo ser en julio si la imagen fue entregada el 2 de junio en un informe especial al jefe de los SS, Heinrich Himmler?
Más fácil parece reconocer la identidad del militar nazi que apunta al niño con su arma. Se trata de Josef Blosche, apodado en el gueto judío como ‘Frankenstein‘ por su extraña y cruel afición (no tan extraña en esos años) de disparar a niños y mujeres judías embarazadas.
La imagen fue tomada, seguramente, por Franz Konrad, un oficial nazi nacido en Austria y apodado ‘el Rey del Gueto’, con todo el significado negativo que uno puede imaginar. Como muchas de sus fotos, quedó registrada en el llamado ‘Informe Stroop’ en honor a su autor, el oficial Juergen Stroop. Encargado de aplastar el gueto en la primavera del 43, Stroop ordenó incendiarlo después. Hecho el trabajo, el oficial escribió unas palabras famosas e infames: “El barrio judío de Varsovia ya no existe”.
En la búsqueda del niño judío, Porat se encontró con las tres figuras del lado oscuro: El fotógrafo, el oficial y el soldado. Los tres fueron llevados posteriormente a un tribunal y ejecutados por sus crímenes.
Unos crímenes documentados en millones de papeles, datos, diarios, cartas, testimonios, libros, vestimentas, restos de zapatos, películas y fotos. Aunque pocos objetos tienen la fuerza que irradia la impotencia del niño del gueto de Varsovia. Una imagen vale seis millones de víctimas.

El Holocausto en persa

Campaña israelí en idioma persa

Alegando que el Holocausto es un “mito”, es imprescindible elevar voces claras y conceptos fundamentados en hechos y procesos verídicos.
El 27 de enero, en el día mundial de Recordación del Holocausto, el Museo del Holocausto de Jerusalén anunció el lanzamiento de una importante campaña de lucha contra la negación de la tragedia judía que será transmitida en idioma persa. Yad Vashem ya cuenta con un sitio cibernético en persa desde hace varios años que goza de gran popularidad y el nuevo canal se sumará a las señales de Yad Vashem en hebreo, inglés, árabe y español.

La iniciativa es una clara respuesta a las reiteradas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, poniendo en duda el alcance del exterminio nazi llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, negando que dejó un saldo de seis millones de judíos muertos e insistiendo que el Holocausto era “exagerado” por el movimiento sionista y por Israel para justificar el “robo” de los territorios palestinos. El tema no es sólo lo que declaman los líderes persas: por ejemplo, recordemos con sorpresa y dolor que recientemente se informó que el Reino Unido borró al Holocausto de su programa de estudios porque “ofendió” a la población musulmana que afirma que nunca ocurrió. Y esto ocurre después que las expresiones antiisraelíes y antisionistas de Ahmadinejad tuvieron mucho eco en Europa, que se manifestó profundamente preocupada por el contenido y por el tono de ellas.
Para Europa, deslegitimar al Holocausto es negar la moralidad europea. Pero los ingleses prefieren convivir con los millones de musulmanes que habitan en las islas británicas.
¿Quién más seguirá el “ejemplo” británico?

Antecedentes
Desde el establecimiento del Estado de Israel, sus problemas regionales, tanto existenciales como estratégicos, estuvieron siempre íntimamente ligados a las actitudes de los países vecinos. En los últimos años se sumó a esos países árabes la República Islámica de Irán, país con el cual Israel no comparte fronteras comunes.
Todo hace que la hora aparenta propicia para expandir y fortalecer la hegemonía regional iraní. Debemos recordar que la diplomacia iraní es muy experimentada, goza de una tradición centenaria y ha acumulado una sofisticada habilidad profesional que aplica con amplia inteligencia.
Desde la elección de Ahmadinejad como Presidente de Irán, este país expandió su influencia regional habiendo incrementado notablemente su ingerencia en el Medio Oriente después de haberse afirmado, inicialmente, como fuerza dominante en el Golfo Pérsico.
¿Cómo llegó a esta situación? ¿También el Golfo Pérsico y también el Medio Oriente?
Podemos señalar cuatro tipos de razones:
* el afianzamiento de los sectores radicales en la conducción de Irán;
* el alza de los precios del petróleo;
* los planes de energía nuclear que gozan de fuerte consenso en la opinión pública iraní;
* la serie de erróneas o fracasadas medidas de la administración americana: los EEUU vencieron al Talibán en el 2002 y derrocaron a Sadam Hussein en Irak en el 2003, los dos acérrimos enemigos del país persa; las complicaciones de los EEUU en Afganistán contribuyeron a que Irán se afianzara como “potencia” regional con aspiraciones internacionales.
¿Es factible un bloque shiíta en el corazón del Medio Oriente? La aspiración de un eje shiíta conducido por Irán hoy se ve reflejada en Líbano, por el Hizbollah; en Gaza, por el Hamás; en Irak, donde la composición del gobierno, con apoyo americano, tienen mayoría shiíta por primera vez en la historia; en Siria, país árabe que se considera asimismo país laico, pero que cuenta con un importante apoyo económico de Irán a su vez país shiíta y religioso; sumemos el 70% de Bahrein, el 60% de Kuwait, parte de Yemen, etc.
De aquí que existe una profunda preocupación entre los dirigentes de los distintos países árabes, casi todos sunitas, que temen que en definitiva Irán logrará hacer caer en sus redes a la mayor parte de la región.
Las opiniones en Washington se contraponen en cuanto a la interpretación de las actitudes iraníes, disienten en cuanto a la magnitud de la amenaza, resultan contradictorias en cuanto a las apreciaciones del tiempo aún disponible, son indecisas en cuanto a las medidas adecuadas conducentes a evitar que Irán llegue a tener armamento nuclear. Esta discusión apasiona dentro de la Administración, como así también dentro de los partidos, agita a la opinión pública, cautiva al análisis académico. Los norteamericanos toman en cuenta también, que si se utilizarían medidas de fuerza militares, inmediatamente habría reacciones terroristas

en todo el mundo y se afectaría aún más la opinión pública árabe en contra de los EEUU.
Paralelamente, Irán continúa firme en sus proyectos y en sus declaraciones y en sus avances. 

La negación del Estado de Israel
En este contexto encontraremos la razón por la cual Irán enarboló la bandera de la destrucción de Israel al triunfar la revolución islámica en 1979. Este es un eslabón importante en la lucha del Islam contra Occidente, etapa importante en el afianzamiento de la hegemonía regional shiíta sobre la mayoría árabe sunita.
Para ellos no existe justificación alguna, ni moral ni histórica, para las reclamaciones de soberanía de los Judíos o de los Sionistas. La presencia de Israel es señalada como una cuña de la cultura occidental insertada en el corazón del mundo islámico para dificultar su expansión.
Desde el ascenso de Mahmud Ahmadinejad al poder, el 3 de Agosto de 2005, el mundo escucha sus repetidas declaraciones en cuanto a la negación del Holocausto como hecho histórico. La diferencia con sus antecesores reside en la frecuencia y no en el contenido de esas declaraciones. Se agrava, al salir de boca de la máxima autoridad política de la nación persa.
¿A qué se debe esta insistencia en el tema? ¿Por qué el Holocausto preocupa tanto al Islam iraní?

Deslegitimación

El objetivo es claro: anular la base ideológica del Sionismo, negación destinada a probar que “los judíos no tienen necesidad de modificar su propia historia, y deben dejar de presentarse como merecedores de lástima” (Khamenei, abril 2001).

Religiones no necesitan Estados

Los iraníes repiten a menudo que su desprecio hacia Israel no tiene bases antisemitas, no es contra los judíos. Lo demuestran señalando que los aproximadamente 20 mil judíos que residen en Irán son la mayor comunidad judía del Medio Oriente, fuera de Israel.
Pero insisten que el judaísmo es sólo una religión y las religiones como tales no tienen ni necesitan estados soberanos.

Agresividad Occidental
Según ellos, el sionismo es la última etapa de la agresividad occidental contra el Islam. El desarrollo comienza con la Primera Guerra Mundial que provocó la caída del Imperio Islámico Otomano (1917), continuó con la declaración Balfour y concluyó con la idea de establecer un estado judío (1948). Por si faltaran pruebas, la votación conjunta de los EEUU y Unión Soviética en pro del nuevo estado judío es la confirmación de dicha conjura occidental.

Sionismo Culpable
El sionismo es presentado como el apoyo fundamental a la globalización que atenta a la cultura y a la coherencia social islámica. El sionismo es el culpable y el brazo activo de la usurpación del territorio palestino. “El carácter racista y genocida del sionismo es la razón que lo conducirá a su propia destrucción”. De esta manera, desde el punto de vista ideológico está prohibido hacer la paz con los sionistas: “no se puede hacer paz con la maldad absoluta…”.

Los palestinos como víctimas
El demonizar al sionismo los lleva también a enunciar que fueron los mismos judíos que incitaron a Occidente en la lucha contra los alemanes a fin de poder obtener su estado en Palestina. Por otra parte, sostienen que Ben Gurión colaboró con los alemanes en sus planes de exterminio de judíos, a fin de alentarlos a que se trasladaran a Palestina.
De esta manera, presentan a los palestinos como víctimas de la Segunda Guerra Mundial, de la que no participaron pero se ven obligados a cargar con sus consecuencias: por lo tanto, los judíos residentes de Israel deben regresar a sus países de origen y/o los países europeos los culpables del Holocausto y son ellos los que deben ofrecer solución de residencia a los judíos.
Tal vez olvida, tal vez desconoce Ahmadinejad, que la idea del retorno judío a su patria ancestral no es consecuencia del Holocausto. La aspiración al retorno y la reconstrucción existe desde que Tito destruyó el Templo de Jerusalén en el año 70 de la era común; el retorno fue implementado en 1882 con las primeras colonias agrícolas de judíos religiosos, se fortaleció con el surgimiento del sionismo en 1897, fue reconocido por la Declaración Balfour en 1917, la población judía de Palestina pasó de 60 mil en 1918 a 600 mil en 1945. El Holocausto fue el brutal y sangriento “impulso final” para el reconocimiento político de la comunidad internacional expresado el 29 de noviembre de 1947: la creación de dos Estados, uno judío y otro árabe, en Palestina.
La Declaración de Independencia del Estado de Israel de 1948 basa su legitimidad en el derecho natural de los Pueblos a expresar territorialmente su soberanía y en el reconocimiento del concierto de Naciones.

Auschwitz nunca fue liberado

Jueves, 27 de enero de 2005

Por Jack Fuchs*

Birkenau

Para la narración de la historia –los historiadores usan aquí mayúsculas que evito– sesenta años es nada más que un parpadeo del tiempo, para un hombre es casi todo su tiempo. De modo que un hombre, aunque sólo sea por una mínima razón de perspectiva, no habla como historiador o como filósofo, por más que el filósofo o el historiador no sean más que un hombre. Hace sesenta años que la historiografía, y casi la entera totalidad de la literatura que se ocupó de pensar el campo de concentración como objeto, viene diciendo que el 27 de enero de 1945 Auschwitz fue liberado. Yo mismo usé esa terminología. Pero liberar supone una acción voluntaria, una decisión política, militar, una forma de intervención específica y concreta. Y no fue eso lo que ocurrió en Auschwitz. Auschwitz, del ’41 al ’45 fue ignorado por los aliados. Los campeones de la libertad, de la democracia y el progreso humano, los líderes del antinazismo estaban ocupados en asuntos de más vasto alcance: se trataba de ganar la guerra. De conquistar hegemonía política, económica y militar en ese escenario europeo devastado por la misma lógica de la guerra. Y en la guerra, como se sabe, las personas no cuentan, no tienen valor.
Los aviones aliados sobrevolaron los campos desde 1944: jamás bombardearon una sola cámara de gas, los hornos crematorios jamás fueron concebidos como objetivos militares de guerra. Bombardearon Munich, pero no bombardearon Dachau, que está al lado, o Slesia, un verdadero objetivo militar porque allí se concentraba parte de la industria alemana de guerra, pero no bombardearon Auschwitz, a muy pocos kilómetros de distancia.
Habría que decir: hace sesenta años que Auschwitz no fue liberado. Hace sesenta años que el Ejército Rojo encontró huellas de las víctimas, barracas vacías, montañas de zapatos, de pelo humano, de anteojos, de juguetes que habían estado en manos de los niños, cadáveres sin enterrar. El general soviético Petrenko cuenta en sus memorias (Antes y después de Auschwitz) que él “liberó” el campo, pero reconoce que hasta un día antes, hasta el 26 de enero, no tenía información acerca de su existencia y que, en realidad, se dirigía a localidades cercanas cumpliendo el plan de reconquistar zonas ocupadas. Sin embargo, durante 1941 las primeras víctimas del gas en Auschwitz fueron oficiales y soldados del Ejército Rojo, fue con prisioneros soviéticos con quienes se puso a prueba el funcionamiento maquinal de las cámaras y la incineración en los crematorios. De modo que el ejército de la revolución proletaria sabía muy bien qué era Auschwitz. ¿Cómo podía pasar inadvertido que desde el otoño de 1941 hasta noviembre del ‘44 Auschwitz había producido un millón seiscientas mil víctimas? ¿Cómo se pudo mantener ocultos los trenes con carga humana, que salían de París, de Roma, de Budapest, de Praga, de Berlín, de Viena, de Amsterdam y llegaban por la mañana con miles de personas vivas que unas horas después, más bien durante la noche, quedaban convertidas en ceniza? No, no fue ningún secreto. No podía serlo. Porque los grandes movimientos de transporte, la enorme energía desplegada en esa máquina de muerte era enteramente visible.
Los gobiernos aliados sabían muy bien lo que pasaba. Lo mismo en el frente inglés-americano que en el frente soviético. Los ingleses se atribuyen haber “liberado” Bergen Belsen y los norteamericanos, Dachau. Pero tampoco fue así. Los ingleses y los americanos encontraron los campos. Antes de que el ejército soviético llegara a Auschwitz, los alemanes habían huido llevándose con ellos a los prisioneros en lo que se conoce como la Marcha de la Muerte, camino de Alemania. El comandante de Auschwitz, Rudolph Hoss, fue apresado en Alemania, enviado a Polonia, juzgado y colgado frente a una de las barracas de Auschwitz en 1947.
En el ’45 yo estaba en Dachau, providencialmente me habían llevado ahí desde Auschwitz, y ningún soldado americano vino a rescatarme, los alemanes nos metieron en un tren que después abandonaron a mitad de camino; literalmente, a mí me encontraron en el cobertizo de una casa de campo en Baviera. Cuando terminó la guerra me gustaba decir que los aliados me habían liberado de Dachau. La juventud es más épica. Tardé años en comprender que no había sido así. No hubo ninguna intención de terminar con los campos. Los sobrevivientes fuimos encontrados en la ruta de los distintos ejércitos, mientras cumplían el único objetivo que se habían propuesto: derrotar a Alemania. La prioridad, la única finalidad, diría, fue la de derrotar al nazismo, y nunca la de rescatar a las víctimas. Los aliados permitieron que durante toda la guerra la matanza se ejecutara sin obstáculos.
Hoy, escribo esta nota y me es difícil retroceder en el tiempo y verme en el planeta Auschwitz (digo planeta irónicamente, para evocar la idea de que la tierra, los hombres, no podrían dar forma a una máquina semejante de muerte, pero sin embargo fue en la tierra y son los hombres), donde los SS eran dioses siniestros que decidían sobre la vida y la muerte a cada momento.
Henry Ibsen dijo que la mayoría no siempre tiene razón. Las Naciones Unidas, todas las organizaciones que preparan actos para la ocasión, la mayor parte de la prensa mundial hablan en estos días de la “Liberación” de Auschwitz, para mí se trata de una ironía de mal gusto, no puedo pensarlo de otro modo, quizá se trata sólo de una imprecisión en el lenguaje, quizá las cosas van más rápido que el lenguaje, pero no creo en esta interpretación, las palabras siguen hablando y a su modo dan cuenta siempre, fatalmente, de la verdad que ponen a cada momento en juego: las palabras y la verdad de lo que dicen y ensombrecen. Yo pregunto (me gustaría escribir como Zola: yo acuso, pero me reservo esa gravedad y ese entusiasmo ya un poco anacrónicos), ahora, 60 años más tarde, señores: ¿por qué los campos nunca fueron liberados? Y más, pregunto: ¿es la misma persona, soy el mismo, que hace 60 años, hasta unos meses antes, caminaba, si puede llamarse a eso caminar, entre los pabellones?
En la entrada de Auschwitz hay una placa escrita en 19 lenguas (hasta 1991 ese texto no figuraba ni en idish ni en hebreo), pretende dar testimonio universal de la tragedia, como cuando el turista se pasea por Le Marais, en París y lee “aquí vivió Victor Hugo”, el turista se detiene, se estremece, dice “Ah, la casa de Victor Hugo”, y después sigue, hay muchas otras cosas para ver, se hace tarde y quiere volver a su cuarto de hotel, sacarse los zapatos y tomar una ducha.

 

* Intelectual, pedagogo y escritor. Sobreviviente de Auschwitz.

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Historias de la desesperación

LITERATURA | ‘La penúltima frontera’

Una de las imágenes que ilustran 'La penúltima frontera'. | Cortesía de Global Rythm PressUna de las imágenes que ilustran ‘La penúltima frontera’. | Cortesía de Global Rythm Press 

  • Casos dignos de película de víctimas del fascismo que huyeron a España

Paula Juan | Madrid

Jenny Kehr fue una judía alemana que huyó del nazismo. Su marido falleció en prisión en 1939 dejando a la joven completamente sola con sus dos hijas. Pero, un año después, Kehr fue trasladada, junto a más de 6.500 judíos, a Gurs, un horrible campo de concentración del sur de Francia. De allí consiguió escapar junto a doce hombres, entre los que se encontraba Max, su nuevo amor, al que había conocido en el campo.

Nada más cruzar los Pirineos fueron detenidos. Él fue a parar al campo de concentración de Miranda del Ebro (sólo para hombres). Ella, a la cárcel de mujeres de Barcelona para ser ‘entregada’ a los alemanes que ya habían ocupado Francia. Pero Kehr prefirió poner punto final a su historia y se suicidó (la causa de la muerte en su certificado de defunción es “asfixia por suspensión”) en su celda.

Rosa Sala Rose, autora de ‘La penúltima frontera. Fugitivos del nazismo en España’ (Editorial Papel de liar), contactó con las dos hijas que Jenny Kehr tuvo con su marido, Ursula y Marianne. Al comunicarse con ellas -habían logrado escapar a Inglaterra-, advirtió que “tenían una versión muy distinta del trágico final de su madre”. De hecho, no supieron de la muerte de su progenitora hasta mediados de 1943.

'La Penúltima frontera'. | Papel de Liar‘La Penúltima frontera’. | Papel de Liar 

Casos como este salen del olvido en ‘La penúltima frontera’, que rescata algunos de “los llamados ‘expedientes de frontera’” del Archivo Histórico de Girona, explica la autora, Licenciada en Filología Alemana y Filología Románica. “Sólo quedaron registradas las personas que fueron arrestadas por paso ilegal de frontera”, destaca. “Apenas tenemos datos de quienes lograron esquivar los innumerables controles gracias a la buena suerte o a la ayuda de redes de evasión, por lo que resulta difícil plantear una estadística [de los exiliados a través de los Pirineos]“, comenta.

El historiador Josep Calvet, experto en la materia, estima que unos 80.000 refugiados pasaron en total por España durante la Segunda Guerra Mundial, de los cuales 50.000 fueron detenidos por las autoridades franquistas.

En los 23 testimonios que componen el libro, Sala Rose evidencia que los refugiados eran personas de todas las condiciones. El objetivo de la autora era conocer por qué huían, cuáles eran los motivos que les hacían ‘saltar’ la frontera, cuál era su procedencia…. Un profundo reportaje de investigación que le llevó “aproximadamente un año de intenso trabajo”.

Uno de los testimonios que más impacto tuvo en la investigadora es el de Karol Radewicz, un joven de 16 años al que le pudo la desesperación. “Tras haber perdido a sus padres en un bombardeo alemán en 1939 atravesó sólo, y sin medios, toda Europa hasta cruzar los Pirineos” , explica Sala Rose.

Karola era mudo, por lo que los guardias civiles que le encontraron deambulando camino de Barcelona no pudieron interrogarlo hasta dos días después, por escrito y en francés. La angustia que supuso para él que lo trasladaran al Hospicio Provincial de Nuestra Señora de la Misericordia en Gerona llegó a tal punto que el administrador escribió al gobernador civil sobre Karol: “Viene manifestando desde hace días sus propósitos de suicidarse, por lo que ha sido necesario, dado su estado de excitación, tenerlo sometido a una constante vigilancia”.

En esta carta se adjuntan unas palabras (en francés) del propio Karol: “No puedo quedarme aquí porque para mí el mundo ha terminado y no querría matarme en esta casa porque eso a usted le causaría tristeza”. Así, el joven polaco salió “definitivamente por orden gubernativa” del país por Portbou. Y poco más se sabe de la historia de este chico que cruzó “tan secretamente [la frontera] como la había atravesado”.

Sala Rose buscaba con este libro “devolver su historia a personas que fueron víctimas de los acontecimientos y que, de otro modo, habrían quedado en el olvido”. Y para que todo se recuerde, la autora invita a “quienes puedan aportar datos adicionales sobre todos estos casos” a que se pongan en contacto con ella a través de una dirección de email (historiasdefrontera@gmail.com).

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/11/cultura/1297453676.html

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