Russell no puede hablar

Por Pilar Rahola en Guysen International News
Domingo 7 marzo 2010 – 11:54

¡Reclamo que me retornen el dinero que, en mi nombre, han usado para criminalizar a Israel! Pocos deben saber que Bertrand Russell y Mahatma Gandhi estuvieron a favor de la intervención contra Hitler. Es decir, los grandes líderes del pacifismo del siglo XX estuvieron a favor de la guerra contra el fascismo. Es lo que Russell llamó el “pacifismo político relativo”. Sin embargo, también es inequívoca su lucha por un mundo sin armas nucleares -el manifiesto Russell-Einstein- o la lucha contra los desmanes norteamericanos en Vietnam, que plasmó en su famoso Tribunal Russell. Entre los participantes del tribunal, Sartre, Cárdenas, Simone de Beauvoir y… Haika Grossman, líder sionista, luchadora en los guetos de Polonia y Lituania y, hasta su muerte en 1996, miembro de la Knesset israelí. Es difícil saber, pues, qué habría opinado Bertrand Russell, o su amigo Einstein (convencido sionista) o la propia Grossman del uso que hacen un grupo de personas del nombre del tribunal, para perpetrar una aguerrida cruzada contra Israel.

Quizás se habría preocupado del uso de niños como bombas humanas, o de la misoginia criminal del fundamentalismo islámico, o del fenómeno totalitario en su conjunto. O quizás no.

Usar el nombre de los muertos en vano -en la línea del soez uso que hace Chávez del nombre de Bolívar- puede perpetrar equívocos, pero, sobre todo, perpetra muchos monstruos. Pero como contra Israel todo el mundo vive bien, especialmente los que tienen un largo currículum en criminalizar a dicho país, un grupo de amigos y residentes en la misma obsesión antiisraelí han decidido usar el nombre de Russell para pasear por el mundo una especie de Inquisición contra Israel, donde el país no puede defenderse, donde los miembros de la cosa tienen la sentencia hecha, y donde las complejidades del conflicto con los palestinos -incluyendo algunas bonitas barbaridades terroristas, o las amenazas de destrucción iraní, o la participación de los países de la zona en contra de Israel- quedan reducidas a una postal de buenos palestinos y malos israelíes.

Sobra la biografía de algunos de sus miembros -incluyendo algún judío de conocido autoodio-, pero todos acumulan declaraciones furibundas contra Israel, y algunos con banalización del holocausto incluido.

Este delirante tribunal ha puesto sus posaderas en Barcelona unos días. Y, como no podía ser de otra forma, la Generalitat y el Ayuntamiento han pagado con dinero público el engendro. Así que los catalanes hemos ayudado a financiar el aquelarre de unos activistas militantes contra un país extranjero, cuyas dificultades para sobrevivir son arduas. Reclamo que me retornen el dinero que, en mi nombre, han usado para criminalizar a Israel. ¿Quiénes son ellos para alentar este tipo de cruzadas? ¿Y quiénes son estos para usar el nombre de Russell en vano? Ciertamente, los muertos no pueden defenderse. Sobre todo de algunos vivos con pocos escrúpulos.

Publicado por Pilar Rahola en La Vanguardia de Barcelona el 05/03/2010 – http://www.pilarrahola.

Héroes de mochila

Uno de los deportes más cómodos y exitosos, en estos tiempos fútiles, es ir a hacer el héroe a Israel

Por Pilar Rahola

Uno de los deportes de estos tiempos fútiles es ir a hacerse el héroe a Israel. Es un deporte cómodo y exitoso, primero porque Israel garantiza el foco mediático, no en vano es el lugar del mundo con más corresponsales por metro cuadrado. Como dijo alguien, en Israel dejas la cámara en el suelo, vas a un café, y, a la vuelta, el reportaje está hecho. Y segundo, porque, a diferencia de otros conflictos, cuyos gobiernos chapotean en la feliz impunidad de las dictaduras, Israel es una democracia. Por supuesto, puede cometer y comete atropellos e irregularidades. Pero tanto como cualquier otro país, en situación de conflicto grave. Y cuando ello ocurre, los propios mecanismos de control democrático hacen su trabajo. El caso de esta militante catalana, que pasea su felicidad de héroe de bolsillo por las fotos de los periódicos, es paradigmático. Se va a un país en conflicto desde hace 60 años, donde existen, aparte de una amenaza nuclear contra su población, múltiples organizaciones que han perpetrado todo tipo de atrocidades terroristas, y hasta un ejército poderoso en el sur de Líbano –profusamente financiado–, que tiene como único objetivo destruirle. Todo ello amenizado con la amenaza fundamentalista islámica. A este paraíso de la tranquilidad, algunos deciden ir a tocar un poco más las narices, no fuera caso que Israel lo tuviera demasiado fácil. Y encima, para ahondar en tan heroica hazaña, se permiten caducar su visado, no en vano es muy normal incumplir las leyes del país que uno visita. Todo bonito, todo fotografiado y todo con aires de resistencia kumbayá. Si, además, aparecen soldados malísimos y los detienen, se cierra el círculo de su aventura adolescente, felices de haber cumplido con su arriesgada lucha.

¿Arriesgada? ¿Arriesgado ir a montar huelgas de hambre o pequeños alardes de resistencia a un país que goza de libertades? ¿Por qué no son héroes de verdad? Puestos a decorar su currículum con batallitas, ¿por qué no se lo toman en serio?

Veamos. Podrían plantarse ante Hamas y manifestarse en contra de las ratzias que hacen de militantes palestinos opositores. Sólo llevan unos centenares de muertos. O podrían montar su chiringuito de protesta a favor de las mujeres oprimidas del islam. O ir a Teherán, donde hay bonitas manifestaciones por la libertad. Claro que condenan a muerte a los estudiantes, lo cual no es tan divertido. También podrían aventurarse por las calles de Arabia Saudí, en minifalda y reclamando el derecho femenino a existir. O pasearse por Sudán, donde su pequeño dictador lleva centenares de miles de muertos. O ponerse delante de una lapidación, a ver si la paran. O en una escuela israelí, donde ha caído el último misil. Pero todo esto sería serio, y no están por la labor del martirio. No olvidemos que lo suyo no es una lucha de resistencia. Lo suyo es un happening.

Fuente: http://www.lavanguardia.es/

La polémica sobre el velo

Era un fantasma negro, un espectro, una mujer encarcelada en una prisión de ropa que la secuestraba más allá de los tiempos y los paisajes, esclava de un fanatismo atroz

¿A alguien le preocupa que al lado mismo de nuestras casas, existan mujeres que vivan en plena edad media, dominadas por unos hombres que son sus propietarios?

Por Pilar Rahola

La pregunta me la hacía una diputada belga, para un libro que está escribiendo. “¿Es cierto que mientras en Europa se debate seriamente sobre la relación entre la burka y la opresión de la mujer, en España aún estáis en la fase del multiculturalismo?”. Y con algo más de alarma, repreguntaba: “¿Es cierto que se ha permitido a un padre de Girona que imponga el velo hasta los pies a su hija pequeña, contra el criterio de la escuela?”. Ante mis confirmaciones, remató: “Vais en la dirección contraria del sentido común, de los derechos de la mujer y de la defensa de la democracia”.

Esta conversación viene al caso después de haber contemplado, ayer mismo, la visión esperpéntica de una mujer que cruzaba la Ramblas de Barcelona, asida de la mano de un joven, y tapada de los pies a la cabeza con un velo negro, sin ni tan sólo una ranura en los ojos. Era un fantasma negro, un espectro, una mujer encarcelada en una prisión de ropa que la secuestraba más allá de los tiempos y los paisajes, esclava de un fanatismo atroz . Y su imagen no circulaba por las calles de Saná, o de Riad, sino por el paseo más emblemático de la diseñada Barcelona. Contemplando, con dolor, su fugaz visión, me hice la pregunta que delata nuestra vergüenza: ¿a alguien le preocupa? ¿A alguien le preocupa que al lado mismo de nuestras casas, existan mujeres que vivan en plena edad media, dominadas por unos hombres que son sus propietarios? ¿A alguien le preocupa que haya niñas educadas para la esclavitud desde pequeñas, mientras reciben nuestra bonita educación pública? ¿A alguien – de esos alguien que deciden las actuaciones públicas sobre la inmigración-le preocupa que en nuestro país, tras décadas de lucha por hacer visible a la mujer, tengamos mujeres que son brutalmente segregadas del siglo en el que viven, y apartadas de su propio destino? ¿Vamos a decir algo? ¿Vamos a atrevernos a plantear el debate con la madurez de otros países? ¿O vamos a continuar mirando hacia el lado del buenismo multicultural, dando la manita a líderes islámicos que no condenan la segregación, y dejando que el fenómeno crezca con ayuda del wahabismo exterior? Peor aún, ¿vamos a continuar dando cobertura legal a esta maldad?

Mucho me temo que sí. Primero, porque, en este tema, nuestros líderes se mueven entre la ignorancia y el miedo, lo cual los inhibe de tomar decisiones. Y segundo, porque aún imperan ideas de falso progresismo que, con la excusa del respeto, representan la avanzadilla del reaccionarismo más flagrante.

Lo dice la iraní Chahdortt Djavann, diez años bajo el velo: “Cuando se pone el velo a una niña se le inculca su inferioridad, la culpabilidad de su sexualidad femenina; se la pone en el mercado del sexo y del matrimonio”. Primero, porque, en este tema, nuestros líderes se mueven entre la ignorancia y el miedo, lo cual los inhibe de tomar decisiones. Y segundo, porque aún imperan ideas de falso progresismo que, con la excusa del respeto, representan la avanzadilla del reaccionarismo más flagrante.

El día que nuestros políticos escuchen a estas mujeres, y no a según qué imanes, empezarán a entender algo sobre mujer, islam y libertad.

Los buenos de Haiti

Los buenos de Haití
Por Pilar Rahola (La Vanguardia) en Guysen International News
Jueves 21 enero 2010 – 19:58
Haití nos dice muchas cosas, y algunas tienen que ver con países demonizados que, sin embargo, brillan tanto por presencia, como brillan otros por ausencia. Nuevamente, pues, como pasó con el tsunami, o con las tragedias africanas, también en Haití, los dos países más solidarios han sido Estados Unidos e Israel. El caso israelí es tan flagrante que conozco ONG israelíes que trabajan en África y esconden su nacionalidad para poder continuar haciendo su labor, sin que los odios ancestrales lo impidan.

En Haití, por suerte, sus magníficos médicos, que han montado un sofisticado hospital, no han tenido que esconder la estrella de David. Pero demos tiempo a Chávez, o a cualquiera de sus voceros, allá o aquí, que siempre están prestos a lanzar barbaridades antisemitas. Estados Unidos es el mismo caso, en escala mayúscula. Ha movilizado recursos, ha enviado a su ejército, ha coordinado la logística y, en definitiva, ha aterrizado en el devastado país para intentar sacarlo del caos. Por supuesto, Haití necesita dos planos de actuación, el urgente, y el estructural, que tendrá que llegar cuando ya se hayan ido los periodistas.

Será entonces cuando sabremos si estamos ante una solidaridad real, o si el mundo vuelve a darle la espalda. Pero mientras ello ocurre, algo está claro: las dos democracias más demonizadas del mundo, y las que, por cierto, han sufrido de forma más sangrante la maldad del terrorismo, son las que siempre se movilizan más. Mientras ello ocurre, ¿dónde está el resto de los países? Hagamos un repaso. La Unión Europea ha quedado desbordada por los acontecimientos, demostrando nuevamente que no acaba de encontrar su lugar al sol. Europa, la vieja Europa que marcó la historia durante siglos, empieza a ser en muchos aspectos un bello fósil. Pero, a pesar de todo, y con déficits, ahí está.

Latinoamérica, en cambio, ha fallado estrepitosamente. Por supuesto, las excepciones son de oro, pero en conjunto resulta decepcionante. Decepcionante o… clamoroso, porque al demagogo Chávez no se le ha visto por ninguna parte, confirmando lo que ya sabíamos: que este tipo sólo sabe usar sus ingentes recursos para enriquecerse, destruir al país, fortalecer a Irán y promocionar una delirante revolución golpista. Y si Chávez se retrata, lo hacen también las grandes dictaduras del petrodólar, siempre ausentes de estas tragedias. La ayuda que dieron para sus “hermanos” víctimas del tsunami fue de escándalo. Y es que estos sólo saben hacer dinero para cimentar dictaduras brutales, acumular fortunas pornográficas y crear una casta oligarca de influencia y dominio. Pero nunca están en la mejora de la humanidad. Y así ha quedado el retrato de la ayuda a Haití: con los sospechosos habituales desaparecidos, y los de siempre arrimando el hombro. Hoy ayudan. Mañana, los demagogos de siempre volverán a sacarles la piel.

España está tan dentro del problema como fuera de la lucha por erradicarlo, ¿es España antisemita?

Combating Antisemitism

Por Pilar Rahola

Rodeada de diputados y expertos de diversos lugares del mundo, reunidos en Jerusalén, en el prestigioso Global Forum for Combating Antisemitism, mi pregunta es por qué, históricamente, le ha preocupado tan poco a España esta grave lacra. Y más teniendo en cuenta que, tanto en el pasado – culpable primigenia de la estigmatización del pueblo judío-como en el presente – con la opinión pública más furibundamente antiisraelí de toda Europa-,España tiene mucho que accionar (y, sin duda, corregir) en la lucha contra la intolerancia más trágica de la historia. Es cierto que mi interrogación es retórica, porque conozco las raíces de nuestra indiferencia, pero no deja de ser una pregunta necesaria. Todos los países serios, incluso aquellos que concilian menos culpa, consideran el antisemitismo como la escuela más eficaz del odio, y su crecimiento es un termómetro de la salud moral de una sociedad. Aquí, en cambio, el antisemitismo no nos importa nada, como en su momento no nos importó nada el holocausto. Percibido como algo ajeno y, sobre todo, ideológico, España está tan dentro del problema, como fuera de la lucha por erradicarlo. ¿Es España antisemita? “No”, gritarán al unísono gurús progres de todo pelaje y políticos ad hoc. Y, personalizando, el amigo de turno nos espetará el clásico, “no soy antisemita, soy antisionista” y se quedará convencido de su limpieza moral de su bondad solidaria.

Sin embargo… todo cuadra, según los muchos observatorios internacionales contra la intolerancia, que tienen a España en la diana de su preocupación. Primero, porque estamos en el podio de la obsesión antiisraelí, y es aquí donde más alegremente se ha mezclado el holocausto con la causa palestina, se ha banalizado su horror en artículos y caricaturas, e incluso algunos políticos, de mucha empanada y corto vuelo, han llegado a pronunciarse contra la conmemoración de la Shoah por solidaridad palestina. Es decir, no sólo no han entendido nada, sino que han hecho gala de una considerable maldad con la memoria trágica de Europa. Por supuesto, toda crítica a Israel no es antisemita, pero todo el antisemitismo actual se arropa bajo el cómodo paraguas de la fobia antiisraelí. Y, mayoritariamente, es de izquierdas, lo cual añade complejidad al fenómeno. Mentiras, manipulaciones, confusiones históricas, todo ha valido contra Israel, en un lamentable proceso de deserción del debate de ideas. Como he dicho en mi conferencia en el Global Forum, resulta sorprendente que tanta gente inteligente, cuando habla de Israel, se vuelva idiota. Y ello, los inteligentes, porque los de la extrema izquierda sencillamente muestran su natural intolerancia, no en vano contra Israel se encuentran, en alegre fiesta, los de la extrema derecha y los de la extrema izquierda. En este caso, no es que los extremos se toquen. Es que se besan en la boca.

Pilar Rahola

La Vanguardia

20/12/2009

www.pilarrahola.com

Judíos de seis brazos

DISCURSO DEL 16/12/2009 EN EL GLOBAL FORUM
PILAR RAHOLA

Lunes por la noche, en Barcelona. En el restaurante, un centenar de abogados y jueces. Se han reunido para oír mis opiniones sobre el conflicto de Oriente Medio. Saben que soy un barco heterodoxo, en el naufragio del pensamiento único que impera en mi país, sobre Israel. Quieren escucharme. Alguien razonable como yo, dicen, ¿por qué se arriesga a perder la credibilidad, defendiendo a los malos, a los culpables? Les digo que la verdad es un espejo roto, y que todos tenemos algún fragmento. Y provoco su reacción: “todos ustedes se creen expertos en política internacional, cuando hablan de Israel, pero en realidad no saben nada. ¿Se atreverían a hablar del conflicto de Ruanda, de Cachemira, de Chechenia?”. No. Son juristas, su terreno no es la geopolítica. Pero con Israel se atreven. Se atreve todo el mundo. ¿Por qué? Porqué Israel está bajo la permanente lupa mediática y su imagen distorsionada contamina los cerebros del mundo. Y, porque forma parte de lo políticamente correcto, porque parece solidario, porque sale gratis hablar contra Israel. Y así, personas cultas, cuando leen sobre Israel están dispuestas a creerse que los judíos tienen seis brazos, como en la Edad Media creían todo tipo de barbaridades. Sobre los judíos de antaño y los israelíes de hoy, todo vale.

La primera pregunta, pues, es porqué tanta gente inteligente, cuando habla sobre Israel, se vuelve idiota. El problema que tenemos quienes no demonizamos a Israel, es que no existe el debate sobre el conflicto, existe la pancarta; no nos cruzamos ideas, nos pegamos con consignas; no gozamos de informaciones serias, sufrimos periodismo de hamburguesa, fast food, lleno de prejuicios, propaganda y simplismo. El pensamiento intelectual y el periodismo internacional, ha dimitido en Israel. No existe. Es por ello que cuando se intenta ir más allá del pensamiento único, pasa a ser sospechoso, insolidario y reaccionario, y es inmediatamente segregado. ¿Por qué?

Hace años que intento responder a esta pregunta: ¿por qué? ¿Por qué de todos los conflictos del mundo, solo interesa éste? ¿Por qué se criminaliza un pequeño país, que lucha por su supervivencia? ¿Por qué triunfa la mentira y la manipulación informativa, con tanta facilidad? ¿Por qué todo es reducido a una simple masa de imperialistas asesinos? ¿Por qué las razones de Israel nunca existen? ¿Por qué nunca existen culpas palestinas? ¿Por qué Arafat es un héroe, y Sharon un monstruo? En definitiva, ¿por qué, siendo el único país del mundo amenazado con la destrucción, es el único al que nadie considera víctima?

No creo que exista una única respuesta a estas preguntas. Al igual que es imposible explicar completamente la maldad histórica del antisemitismo, tampoco resulta posible explicar la imbecilidad actual del antiisraelismo. Ambas beben de las fuentes de la intolerancia, la mentira y el prejuicio. Si, además, aceptamos que el antiisraelismo es la nueva forma de antisemitismo, concluimos que han cambiado las contingencias, pero se mantienen intactos los mitos más profundos, tanto del antisemitismo cristiano medieval, como del antisemitismo político moderno. Y esos mitos han desembocado en el relato sobre Israel. Por ejemplo, el judío medieval que mataba niños cristianos para beber su sangre, conecta directamente con el judío israelí que mata niños palestinos, para quedarse sus tierras. Siempre son niños inocentes y judíos oscuros. Por ejemplo, los banqueros judíos que querían dominar el mundo a través de la banca europea, según el mito de los Protocolos, conecta directamente con la idea de que los judíos de Wall Street dominan el mundo a través de la Casa Blanca. El dominio de la prensa, el dominio de las finanzas, la conspiración universal, todo aquello que configuró el odio histórico contra los judíos, desemboca hoy en el odio a los israelíes. En el subconsciente, pues, late el ADN antisemita occidental, que crea un eficaz caldo de cultivo. Pero, ¿qué late en el consciente? ¿Por qué hoy surge con tanta virulencia una renovada intolerancia, ahora centrada, no en el pueblo judío, sino en el estado judío? Desde mi punto de vista, ello tiene motivos históricos y geopolíticos, entre otros el cruento papel soviético durante décadas, los intereses árabes, el antiamericanismo europeo, la dependencia energética de Occidente y el creciente fenómeno islámico.

Pero también surge de un conjunto de derrotas que sufrimos como sociedades libres y que desemboca en un fuerte relativismo ético.

Derrota moral de la izquierda. Durante décadas, la izquierda levantó la bandera de la libertad, allí donde existía la injusticia, y fue la depositaria de las esperanzas utópicas de la sociedad. Fue la gran constructora de futuro. A pesar de que la maldad asesina del estalinismo hundió esas utopías y dejó a la izquierda como el rey desnudo, despojada de atuendos, ha conservado intacta su aureola de lucha, y aún marca las pautas de los buenos y los malos del mundo. Incluso aquellos que nunca votarían posiciones de izquierdas, otorgan un gran prestigio a los intelectuales de izquierdas, y permiten que sean ellos los que monopolicen el concepto de solidaridad. Como han hecho siempre. Así, los luchadores contra Pinochet, eran los luchadores de la libertad, pero las víctimas de Castro, son expulsados del paraíso de los héroes, y convertidos en agentes de la CIA, o en fascistas encubiertos. Recuerdo perfectamente cómo, de joven, en la Universidad combativa de la España de Franco, leer a Solzhenitsyn era un anatema… Y así, el hombre que alzaba el grito desde el agujero negro del Gulag estalinista, no podía ser leído por los luchadores antifranquistas, porque ni existían las dictaduras de izquierdas, ni las victimas que las combatían.

Esa traición histórica a la libertad, se reproduce en el momento actual, con precisión matemática. También hoy, como ayer, esa izquierda perdona ideologías totalitarias, se enamora de dictadores y, en su ofensiva contra Israel, ignora la destrucción de derechos fundamentales. Odia a los rabinos, pero se enamora de los imanes; grita contra el Tzahal, pero aplaude a los terroristas de Hamás; llora por las víctimas palestinas, pero desprecia a las víctimas judías; y cuando se conmueve por los niños palestinos, solo lo hace si puede culpar a los israelíes. Nunca denunciará la cultura del odio, o su preparación para la muerte, o la esclavitud que sufren sus madres. Y mientras alza la bandera de Palestina, quema la bandera de Israel. Hace un año, en el Congreso de AIPAC en Washington, hice las siguientes preguntas: “¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda de su compromiso moral? ¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas?¿Por qué no hay manifestaciones, en contra de la esclavitud de millones de mujeres musulmanas? ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños bombas, en los conflictos donde el Islam está implicado? ¿por qué la izquierda solo está obsesionada en luchar contra dos de las democracias más sólidas del planeta, y las que han sufrido atentados más sangrantes, Estados Unidos e Israel?”… Porque la izquierda que soñó utopías ha dejado de soñar, quebrada en el Muro de Berlín de su propio fracaso. Ya no tiene ideas, sino consignas. Ya no defiende derechos, sino prejuicios. Y el mayor prejuicio de todos es el que tiene contra Israel. Acuso, pues, de forma clara: la principal responsabilidad del nuevo odio antisemita, disfrazado de antiisraelismo, proviene de aquellos que tendrían que defender la libertad, la solidaridad y el progreso. Lejos de ello, defienden a déspotas, olvidan a sus víctimas y callan ante las ideologías medievales que quieren destruir la civilización. La traición de la izquierda es una auténtica traición a la modernidad.

Derrota del periodismo. Tenemos un mundo más informado que nunca, pero no tenemos un mundo mejor informado. Al contrario, las autopistas de la información nos conectan con cualquier punto del planeta, pero no nos conectan ni con la verdad, ni con los hechos. Los periodistas actuales no necesitan mapas, porqué tienen Google Earth, no necesitan saber historia, porqué tienen Wikipedia. Los históricos periodistas que conocían las raíces de un conflicto, aún existen, pero son una especie en vías de extinción, devorados por este periodismo de hamburguesa que ofrece noticias fast-food, a lectores que desean información fast-food. Israel es el lugar del mundo más vigilado y, sin embargo, el lugar del mundo menos comprendido. Por supuesto, también influye la presión de los grandes lobbys del petrodólar, cuya influencia en el periodismo es sutil pero profunda. Cualquier mass media sabe que si habla contra Israel, no tendrá problemas. Pero ¿qué ocurrirá si critica a un país islámico? Sin duda, entonces, se complicará la vida. No nos confundamos. Parte de la prensa que escribe contra Israel se vería reflejada en una aguda frase de Goethe: “nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo”. O también en otra, más cínica de Mark Twain: “Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”.

Derrota del pensamiento crítico. A todo ello, cabe sumar el relativismo ético que define el momento actual, y que se basa, no en la negación de los valores de la civilización, sino en su banalización. ¿Qué es la modernidad? Personalmente lo explico con este pequeño relato: si me perdiera en una isla desierta, y quisiera volver a fundar una sociedad democrática, solo necesitaría tres libros: las Tablas de la Ley, que establecieron el primer código de la modernidad. “El no matarás, no robarás,…” fundó la civilizacion moderna. El código penal romano. Y la Carta de Derechos Humanos. Y con estos tres textos, volveríamos a empezar. Estos principios, que nos avalan como sociedad, son relativizados, incluso por aquellos que dicen defenderlos. “No matarás”…, depende de quien sea el objetivo…, piensan aquellos que, por ejemplo en Barcelona, se manifestaron con gritos a favor de Hamás. “Vivan los derechos humanos”…, depende de a quién se aplican, y por ello no preocupan millones de mujeres esclavas. “No mentirás”…, depende de si la información es un arma de guerra a favor de una causa. La masa crítica social ha adelgazado y, al mismo tiempo, ha engordado el dogmatismo ideológico. En ese doble viraje, los valores fuertes de la modernidad han sido substituidos por un pensamiento débil, vulnerable a la manipulación y al maniqueísmo.

Derrota de la ONU. Y con ella, una rotunda derrota de los organismos internacionales que deben velar por los derechos humanos, y que se han convertido en muñecos rotos en manos de déspotas. La ONU solo sirve para que islamofascistas como Ahmadineyad, o demagogos peligrosos como Hugo Chávez, tengan un altavoz planetario desde donde escupir su odio. Y, por supuesto, para atacar sistemáticamente a Israel. También contra Israel, la ONU vive mejor.

Finalmente, derrota del Islam. El Islam de las luces sufre hoy el violento ataque de un virus totalitario que intenta frenar su desarrollo ético. Este virus usa el nombre de Dios para perpetrar los horrores más inimaginables: lapidar mujeres, esclavizarlas, usar embarazadas y jóvenes con retraso mental como bombas humanas, adiestrar en el odio, y declarar la guerra a la libertad. No olvidemos, por ejemplo, que nos matan con móviles vía satélite conectados… con la Edad Media…

Si el estalinismo destruyó a la izquierda, y el nazismo destruyó a Europa, el fundamentalismo islámico está destruyendo al Islam. Y también tiene, como las otras ideologías totalitarias, un ADN antisemita. Quizás el antisemitismo islámico es el fenómeno intolerante más serio de la actualidad, no en vano afecta a más de 1.300 millones de personas educadas, masivamente, en el odio al judío.

En la encrucijada de estas derrotas, se encuentra Israel. Huérfano de una izquierda razonable, huérfano de un periodismo serio y de una ONU digna, y huérfano de un Islam tolerante, Israel sufre el violento paradigma del siglo XXI: la falta de compromiso sólido con los valores de la libertad. Nada resulta extraño. La cultura judía encarna, como ninguna, la metáfora de un concepto de civilización que hoy sufre ataques por todos los flancos. Ustedes son el termómetro de la salud del mundo. Siempre que el mundo ha tenido fiebre totalitaria, ustedes han sufrido. En la Edad Media española, en las persecuciones cristianas, en los progroms rusos, en el fascismo europeo, en el fundamentalismo islámico. Siempre, el primer enemigo del totalitarismo ha sido el judío. Y en estos tiempos de dependencia energética y desconcierto social, Israel encarna, en propia carne, al judío de siempre.

Una nación paria entre las naciones, para un pueblo paria entre los pueblos. Es por ello que el antisemitismo del siglo XXI se ha vestido con el eficaz disfraz del antiisraelismo. ¿Toda la crítica contra Israel es antisemita? No. Pero, todo el antisemitismo actual se ha volcado en el prejuicio y la demonización contra el Estado judío. Un nuevo vestido para un viejo odio.

Dijo Benjamin Franklin: “donde mora la libertad, allí está mi patria”. Y añadió Albert Einstein: “la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Éste es el doble compromiso aquí y hoy: no sentarse nunca a ver pasar el mal y defender siempre las patrias de la libertad.
Gracias.

Pilar Rahola
ex alcaldesa de Barcelona, ex diputada por el partido Catalan de izquierda
Ésta es la conferencia que dio Pilar Rahola el 16/12/2009 en el Global forum for Combating Antisemitism, que se celebra estos días en Jerusalén.

Para cualquier informacion adicional, la web de este importante forum es:

http://www.gfantisemitism.org/Pages/default.aspx

Al Andalus en la “umma”

Por Pilar Rahola
La Vanguardia. Barcelona – España
07/12/2009

La cita del jeque mártir Abdulah Asma es explícita: “La yihad es una obligación desde que Granada cayó en manos de los infieles”. No estamos, pues, en la periferia de esta locura totalitaria que hunde sus raíces en los califas medievales pero usa la tecnología del siglo XXI para promover el terror, sino en el centro de la diana.

Me sorprende? la sorpresa que produce este tipo de noticias. Como si no estuviéramos avisados y no hubiéramos sabido leer las señales que el fenómeno nos ha enviado, sin trampa ni cartón, desde que inició su tétrica cruzada. España está en el centro de su diana, reinando con la fuerza de un simbolismo atávico, y con tal magnetismo que aglutina en su mítica los sentimientos encontrados que laten en el corazón más oscuro del islam. Es el califato perdido, el Shangri-La de la umma musulmana, la encrucijada donde la rabia de una derrota secular se fusiona con el sueño de una victoria definitiva.

Desde que los Hermanos Musulmanes de Egipto, a principios del XX, empezaron a tejer la delirante ideología que hoy sustenta al fundamentalismo islámico mundial, Al Ándalus siempre fue la joya de la corona. No sólo está presente como símbolo atávico. Es, además, el primer deseo de conquista de todo el yihadismo. Y todo significa todo, desde el magma de Al Qaeda hasta el Abu Sayad de Filipinas, desde la Yamaa Islamiya pakistaní hasta el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino, desde el terrorismo checheno hasta el cachemir, el yemení o el somalí. Todos aquellos que dedican su vida a la conquista de Occidente para crear un gran califato mundial tienen Al Ándalus como mito primordial. “Utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia”, gritó durante años el jeque Omar bin Bakri desde la mezquita de Londres, y la primera torre simbólica que debía retornar al islam era, sin lugar a dudas, la de la mezquita de Córdoba.

Escribo todo esto porque, aunque nos parezca un cuento de Ali Babá, conforma el universo simbólico actual de miles de personas enroladas en la guerra santa. Lo primero, pues, que debemos tener claro es que este enemigo huidizo que, sin embargo, tiene una gran capacidad para matar tiene España en el punto de mira sentimental, simbólico y cruento. Sólo hace falta recordar que, en su primera alocución después del 11-S, Bin Laden reiteró su lucha contra cruzados y judíos y habló de dos objetivos prioritarios: Palestina y Al Ándalus. Si, además, hacemos el trágico recuento de los atentados sufridos, blanco y en botella, somos un target indiscutible: sin sumar el atentado del restaurante El Descanso ?el primero del yihadismo en España? y la cantidad de islamistas detenidos en operaciones diversas, entre ellas algunas relacionadas con el 11-S, cabe recordar los atentados en Líbano, en Yemen, en el restaurante España de Casablanca y, por supuesto, el mayor atentado islamista de la historia en Europa, las bombas de Atocha. Todos tuvieron el sello yihadista y todos fueron atentados antiespañoles. Es decir, no somos la periferia de la obsesión fanática de esta ideología totalitaria que quiere conquistar el mundo. Somos el alma de su encrucijada de sentimientos. Una parte fundamental de su obsesión medieval.

Por supuesto, poco sabemos de lo ocurrido en Mauritania. Pero si se confirman los malos augurios islamistas respecto al secuestro de tres cooperantes catalanes, también se confirmaría la convicción de los expertos de que este secuestro ni sería fortuito, ni sería ajeno a la condición española de los secuestrados. No olvidemos que la rama magrebí de Al Qaeda hizo un comunicado, en octubre pasado, donde pedía “la liberación de Andalucía” y la recuperación del paraíso perdido. La cita del jeque mártir Abdulah Asma es explícita: “La yihad es una obligación desde que Granada cayó en manos de los infieles”. No estamos, pues, en la periferia de esta locura totalitaria que hunde sus raíces en los califas medievales pero usa la tecnología del siglo XXI para promover el terror, sino en el centro de la diana.

La cuestión, ahora, es si sabrán leer la enésima señal de alarma estos bambis multiculturales nuestros, que proyectan una ingenuidad cósmica ante determinadas prácticas integristas. ¿Entenderán lo que está pasando o aún creerán que si se portan bien serán amiguitos? No somos un enemigo más para el yihadismo. Somos la madre de todas las obsesiones.

Comentarios a este articulo pueden hacerlo en el Web de Pilar
http://www.pilarrahola.com

En Defensa de Israel

Autores: Jaime Naifleisch, Pilar Rahola, Horacio Vázquez-Rial


El fantasma del antisemitismo recorre Europa con variados matices. La prensa continental y la española en particular, lo acoge permitiendo que se cuestione la existencia del Estado de Israel, ora con la excusa del antisemitismo, ora con la de la llamada causa palestina. A veces, sin excusa alguna, desde la judeofobia. No obstante hay disidentes. Unos pocos. En este libro se recogen textos de algunos de estos disidentes, gente de diverso origen político, colaboradores de medios muy diferentes, periodistas y catedráticos, escritores y politólogos que coinciden en sostener el derecho de Israel a existir y defenderse, y lo hacen desde puntos de vista distintos.

Es propósito de los autores poner en manos del lector un instrumento para el debate racional del conflicto de Oriente Medio, sin velos y prejuicios, en un momento de la historia en el que el papel de los intelectuales se ve reducido y postergado como nunca antes por la comunicación de masas y las consignas simplificadoras, con la convicción de que solo el análisis riguroso de la realidad permite situar los problemas en su justa perspectiva.

Una iniciativa de
Jaime Naifleisch, Pilar Rahola, Horacio Vázquez-Rial

Con la participación de
· Marcos Aguinis: El odiado ariete de la modernidad
· Gabriel Albiac: Meditar Yenin
· Gustavo de Aristegui: Llamar a las cosas por su nombre
· Marcelo Birmajer: Ser judío en el siglo XXI
· Roberto Blatt: Vistas desde el frente
· Joan B. Culla: El sionismo: radiografía de un concepto demonizado
· José Jiménez Lozano: El humus antijudío
· Enrique Krauze: Profetas de paz, profetas de guerra
· Daniel Laks Adler: La judeofobia en los medios de comunicación europeos
· Jaime Naifleisch: La raíces de la izquierda y del antisemitismo de izquierdas
· Gustavo Perednik: La ingenua judeofobia española
· Marta Pessarrodona: En defensa de Israel
· Valentí Puig: Entre corruptos, déspotas y fanáticos
· Pilar Róala: A favor de Israel
· Lourdes Rensoli: Israel como memoria histórica
· Juana Salabert: Contra el nuevo antisemitismo de siempre
· Carlos Semprún Maura: ¿Soy judío?
· Horacio Vázquez-Rial: Si Israel cae
· Vicenç Villatoro: De qué hablamos cuando hablamos de Israel

Extraído de: Bet Shalom

¡Qué divertido es Hitler!

Perdonen, pero a mí no me hacen reír los dictadores con voz de abuelitos subidos al caballo.

Por Pilar Rahola
23/09/2009

Pilar_RaholaHay dos géneros periodísticos que están au dessus de la melée, y aunque reparten estopa sin complejos, su delicada piel admite pocas críticas. O, peor aún, incluso cuando la permite, nadie se atreve a poner el cascabel al gato de estos venerables profesionales, no fuera caso que la tomaron con uno, y lo molieran a sátiras. Y, ¿quién puede defenderse de una sátira?

Como si estuvieran dotados con el don de la infalibilidad, sus pullas no están sometidas a debate, porque tanto el humor como la crítica televisiva se consideran, curiosamente, palabra de santo. Antes de seguir, quede clara mi admiración por estas dos profesiones, que nos dan grandes momentos de diversión y grandes motivos para la reflexión crítica. Pero globalmente, por voluntad propia o peloteo ajeno, son mundos aparte, liberados del barrizal de fuego cruzado al que se somete el resto de opinadores.

Veamos el caso que me ocupa. El otro día, en la entrevista que Cuní hizo a Toni Soler en TV3, osé criticar el nuevo personaje de Polònia, un tal Hitler, como antes lo había hecho con el de Franco. Evidentemente el humor puede con todo, pero soy de los que creen que este tipo de humor, aplicado a asesinos de masas, banaliza sus crímenes, tanto como humaniza a los culpables. Y no me refiero a una sátira terrible, estilo El Gran Dictador de Chaplin, porque ello entra en el género de la crítica demoledora. Me refiero a la bromita fácil, ji, ji, ja, ja, continuada y tan familiar, que acaba enterneciendo al personaje. Por supuesto, puedo cometer un imperdonable error de percepción, pero miren, a mí no me hacen reír los dictadores con voz de abuelito subidos al caballo, o las cruces gamadas con Hitler invadiendo la Polònia televisiva.

Es una opinión, perdonen. Ya buscaré tiza y escribiré mil veces, “con Polònia no me meteré”, pero antes cometeré el pecado de decirlo. Y no lo digo por el propio Toni, que entendió perfectamente mi crítica, ni con la gente de Polònia, cuya sátira nos hace gozar de momentos extraordinarios. Lo digo por los papistas que confunden un programa de humor con una nueva religión, y han salido furibundos al ataque.

Al grito de “Polònia no se toca”, Monegal, por ejemplo, ha confundido el pernil con la longaniza y arremete contra mi crítica porque se trata de “propaganda sionista”. Es decir, la muerte del 2% de la población mundial de la época (60 millones de europeos) es una cuestión israelí. Tiene más empanada y se dedica a programas de cocina. Pero lo más alucinante lo ha dicho Najat el Hachmi, que asegura que sus hijos sabrán quién es Hitler gracias a Polònia. O sea, si Toni se va de vacaciones, sus hijos no saben quién fue el asesino más importante de la historia. ¡Glups! Esta chica no tiene una empanada. Esta chica es el ejemplo del daño que ha hecho el sistema público de enseñanza. Debe de ser por eso que le dan premios.

En defensa de Israel

Por Pilar Rahola

pilarPara abrir el archivo pulsa aquí A favor de Israel

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