La extraordinaria metamorfosis del nieto del sobrino de Hitler

Traducción de Silvia Schnessel

el Lunes, 14 de febrero de 2011 a las 2:56

Se dice que la “verdad os hará libres”, pero cuando un intrépido periodista israelí intimida al Dr. Daniel Brown (el nombre ha sido cambiado) al hacerlo público hace cinco años, el resultado fue traumático. “Siempre había estado abierto respecto a mi identidad con mis familiares y amigos”, recuerda, “y nunca nadie me había dado menos apoyo y sido menos cálido. Pero este diario israelí  en concreto tergiversado su orden del día para mí. Yo no sabía que tenía la intención de publicar o hacer sensacionalismo con mi entrevista de la forma en que en última instancia lo hizo. La historia se publicó en la edición de fin de semana en papel, y durante todo el día el jueves y la víspera de Shabat los anuncios de la radio continuamente criticaron cada 15 minutos: el sobrino nieto de Hitler – aquí mismo en Israel – y Judío! Las repercusiones sacudieron a mi familia.”

Los hijos de Brown – inscritos en una moderna yeshivá Ortodoxa en Jerusalén – fueron escupidos por varios de sus compañeros de clase y se les llamó “nazis”. Un puñado de vecinos evitaban a Brown ostentosamente cuando se lo encontraban en la calle. Y en la sinagoga el Shabat después que la historia se ventilara, una serie de conocidos sociales que normalmente lo saludaban con un apretón de manos cordial se transformaron.

“¿Cómo puede ser que hijos de nazis vivan aquí en Israel y nadie lo sepa? ¡Imposible!”

“Para esta gente, que me conocía como judío durante 25 años, – de la noche a la mañana – me había vuelto un paria”, dice Brown. “Pensé que estaba compartiendo una valiosa lección con los demás: que el pasado se puede recrear y que una persona siempre tiene la oportunidad de cambiar, pero en realidad, fui yo quien enseñó la lección:. Algunas personas nunca te permitirán cambiar.” (No resulta sorprendente que Brown quisiera usar un seudónimo en este artículo.)

Sin embargo, aunque el incidente se convirtiera en una prueba de fuego para las variedades de la conducta humana, las respuestas no fueron uniformemente negativas. “En la misma sinagoga aquel Shabat, también fui el destinatario de un acto claramente simbólico de aceptación”, dice Brown. “Se me dio la primera aliá. Esto me dijo en términos inequívocos que la mayoría de los miembros de la sinagoga me veían como un completo Judío y un miembro aceptado de la comunidad. Lamentablemente, sin embargo, la decencia de la mayoría no anulaba la dura conducta de la minoría. Estábamos gravemente heridos por lo sucedido.

“Ahora entiendo por qué la mayoría de mis colegas ocultan su identidad”, dice Brown. “Muchos israelíes están incómodos con nuestra genealogía, no saben cómo reaccionar o qué hacer con nosotros.”

Tal vez por eso en un país todavía marcado por el Holocausto, un país cuya existencia todavía tiembla sobre los cimientos de las cenizas y los huesos de los Seis Millones de personas, muy pocos son conscientes de lo que me gusta llamar “El Movimiento de la Penitencia”: una subcultura de cientos de niños de nazis que han adoptado su propio pasado oscuro de la forma más extrema. No solamente se han alineado con el grupo de personas que sus padres trataron de aniquilar, sino que han desechado su identidad anterior y se convirtieron en miembros precisamente de ese grupo. La mayoría de ellos se han convertido de acuerdo a la ley judía, viven como Judíos ortodoxos y residen en Israel. Esto, creo, es uno de los últimos grandes capítulos inconfesados de la era post-Holocausto. Es una historia que habla de la búsqueda de la humanidad por el sentido en la vida, nuestra capacidad de bondad y de nuestro potencial para remodelar la identidad y el destino. Sin embargo, cuando me comunico con funcionarios del gobierno, los tribunales rabínicos y los mismos periodistas israelíes que preguntan acerca de este fenómeno, la mayoría parecen sorprendidos por mis preguntas. “¿Estás seguro?”, preguntan, unos soprendidos, otros escépticos. “Es una leyenda urbana”, insisten muchos. “¿Cómo puede ser que Hijos de Nazis vivan justo aquí en Israel y nadie sepa nada de ellos? ¡Imposible!”

Curiosamente, un número desproporcionado de conversos alemanes son distinguidos académicos – sobre todo, en el campo de estudios judaicos. El propio Brown ha seguido esta trayectoria y dirige el departamento de Estudios Judaicos en una de las principales universidades del país. En su compromiso con la literatura rabínica y talmúdica, a Brown se le une el Rabino Dr. Aharon Shear-Yashuv (antes conocido como Wolfgang Shmidt y uno de los pocos conversos que me otorga permiso para utilizar su nombre real), presidente de Estudios Judaicos en la Universidad de Bar- Ilan, y muchos otros entre ellos el presidente del departamento de Estudios Judaicos en una universidad del Sur de los Estados Unidos y profesor de literatura rabínica en una universidad de la Ivy League en los Estados Unidos. Pero es claramente Brown, quien posee los antecedentes más interesante de todos.

“El nombre de mi abuela era Erna Patra Hitler. Hans Hitler, su segundo marido – era el sobrino del Führer”.

“El nombre de mi abuela era Erna Patra Hitler”, dice Brown. (Después de la guerra, dejó caer la “t”, cambiando su nombre a ‘Hiler’) “Hans Hitler – su segundo marido -. era sobrino del Fuhrer, pero no se le parecía de ninguna manera perceptible. Era tierno y delicado. Pero lo que le faltaba a mi abuelastro en vitriolo estaba más que compensado por la fiereza de mi abuela que era una nazi convencida. Ella creyó en la ideología nazi antes, durante e incluso después de la guerra. Estaba orgullosa de que su suegro fuera hermano de Hitler, aunque se mantenía alejado de la política. En cambio, regentaba un café en Berlín, y como todo el mundo sabía que era hermano del Fuhrer, toda la elite nazi frecuentaba su establecimiento. Esto hizo que él y su familia – incluyendo a mis abuelos – nos convirtiéramos en la  “nobleza” local.

“Cuando [mis abuelos] nos visitaron, llegaron en un Mercedes negro, que entonces era una novedad y símbolo de  estatus. Fue todo un acontecimiento cuando el Mercedes llegó al barrio obrero donde vivíamos mi madre y yo.”

Brown nació en Frankfurt en 1952 de padres protestantes que habían servido ambos en la Wehrmacht. Su padre, un ferviente partidario del partido nazi, se divorció de su madre poco después de su nacimiento, y pronto desapareció de sus vidas. Brown fue criado por su madre, que se apresuró a ganarse la vida en la Alemania de posguerra. No recibió apoyo económico ni moral de Erna Hitler, a quien Brown describe como “indiferente al dolor y el sufrimiento de los demás.” Los años de la infancia de Brown estuvieron marcados por privaciones y dificultades, ya que su endeudada madre  luchaba para mantenerse a flote. Estaban en constante movimiento, pasando de un apartamento a otro, dejando a los propietarios frustrados cuando los obligaban a salir por falta de pago. Sin embargo, en un aspecto que tendría repercusiones profundas para su futuro, Brown fue afortunado. Su madre siempre le dijo la verdad.

Hoy en día, hay alemanes que se quejan de que están “hartos” de la “charla sin fin” sobre el Holocausto, pero en los años inmediatamente después de la guerra, sólo había silencio y la negación, explica Brown. “En la escuela, los profesores de historia enseñaban historia alemana sólo hasta la Primera Guerra Mundial, de conformidad con la legislación gubernamental”, dice. “El gobierno temía que si estos maestros tenían un pasado nazi o habían sido partidarios del régimen de Hitler, no serían objetivo en el aula de clases. Así que, en realidad, esta ley estaba cargada de buenas intenciones. Pero como resultado, en gran parte nos mantuvimos ignorantes de lo que había ocurrido sólo unos pocos años antes. Recuerdo haber tenido conversaciones con los compañeros que se negaban a creer en la rendición de cuentas de Alemania. Sus padres se habían pasado por alto los detalles o les habían mentido abiertamente. Pero mi madre no.”

En lugar de las mentiras elaboradas inventadas por los padres de sus amigos para ocultar la verdad, la madre de Brown mostró a su hijo su caché de documentos (que llevaban los sellos del Reich con esvásticas de acompañamiento), cartas y fotografías de miembros de la familia – incluyendo a sí misma – usando uniformes de la Wehrmacht, lo que testificaba su complicidad. Ella le dijo que había sido destinada en la ciudad polaca de Lodz, donde se colgaba Judíos en el centro de la ciudad. “Fue horrible”, su madre le dijo. “Tenía que pasar por el centro de la ciudad todos los días para ir de mi casa a la sede y regresar. Pero no soportaba ver a los Judíos colgados así, así que daba un largo rodeo por de la ciudad cada día para evitar esta terrible escena. Nunca me acostumbré a ella. “

Brown estaba horrorizado por el relato de su madre. Sintió que la sala se oscurecía al revolver la evidencia física de su pasado, pero el remordimiento genuino de su madre le proporcionó una pequeña dosis de comodidad. “Cuando le pregunté por qué obedecía las órdenes, ¿por qué ella no se resistió, sencillamente contestó, con profunda vergüenza, ‘tenía miedo’. Yo le creí “, dice Brown.

Aunque Brown trató de compartir las revelaciones de su madre con sus compañeros de escuela, no podían aceptarlas como verdad, le dijeron que se lo estaba inventando. “Así que traté de bloquearlo de mi mente”, dice Brown.

Yo no podía permanecer indiferente a lo que leía. Sé que mi encuentro con ello configuraba mi futuro, en gran medida.”

Pero cuando era un estudiante de secundaria su destino llegó a llamarlo de nuevo a través de una herencia de su abuelo biológico – primer marido de su abuela – que le había legado una caja de libros, entre ellos su copia personal de Mein Kampf. “Nunca había visto el infame libro de Hitler antes, y lo leí bien,” dice Brown. “Yo estaba absolutamente furioso por lo que él escribió. Escribía comentarios en los márgenes del libro, comentarios que contrarrestaban los alegatos de Hitler. Todavía tengo este libro en mi biblioteca, porque servía de catalizador importante en mi vida. Yo no podía permanecer indiferente a lo que leí. Sé que mi encuentro con él conforma mi futuro, en gran medida. “

El futuro de cada joven alemán en el período posterior a la Guerra incluía un periodo obligatorio en el ejército, pero en gran parte como resultado de su encuentro con el Holocausto, Brown se había convertido en un pacifista. “Se esperaba que me alistara en el ejército tan pronto como acabara la escuela secundaria, así que trataba de encontrar maneras de evadir esta obligación civil”, dice. “Me enteré de que los dos grupos que estaban exentos del servicio militar eran los clérigos y los estudiantes de la Iglesia Católica. Así que cuando optó por convertirme en estudiante de teología, originalmente fue por oportunismo, no por inquietudes espirituales. Pero un camino conduce a otro, y eso es precisamente lo que me pasó a mí.

“Los estudiantes de teología tienen que tomar varios cursos de Judaísmo y Hebreo, y quedé fascinado por lo que estaba aprendiendo”, dice Brown. “Al estudiar Judaísmo, más y más cosas me preocupaban sobre el cristianismo. Por ejemplo, el concepto de la Santísima Trinidad me molestaba mucho … cómo [podría] Dios ser tres? Otra cosa que no entendía era la idea de que un cristiano tiene que sufrir para ser redimido. El enfoque judío que manifiesta por Yom Kipur tenía mucho más sentido para mí.

“Las grandes diferencias teológicas entre Judaísmo y Cristianismo creaban un cisma dentro de mí, y yo estaba empezando a sentirme esquizofrénico”, continúa Brown. “En 1977, decidí ir a Israel para seguir mis estudios en la Universidad Hebrea, donde tomó clases … de literatura hebrea y filosofía judía. Me enamoré de Israel y alargué mi estancia de un año a dos.” En última instancia, Brown acabó estudiando en la Yeshivá Mercaz Harav.

Brown presta poca atención a mi hipótesis del “Movimiento de la Penitencia”  – que los hijos de los nazis se convierten al judaísmo como expiación – manteniiendo que él se convirtió por razones teológicas, no por la penitencia por los pecados de sus padres. “Tal vez hay razones psicológicas inconscientes que me llevaron al judaísmo”, admite, “pero como yo soy un pensador crítico y muy cerebral, en un nivel consciente, al menos, creo que he venido al judaísmo desde el lugar de la inteligencia pura. ” Él, sin embargo, hace esta concesión: “Yo creo que todo aquel que está dispuesto a dar este paso [conversión] debe tener una crisis de identidad muy profunda antes de la conversión en sí. No es capaz de volver a la identidad con la que nació. Yo comprendí… que no era feliz en el lugar donde nací, y tomé la decisión de ir a otro lugar.

“El hecho es que durante los años setenta y ochenta muchos jóvenes alemanes que querían desprenderse de la anterior generación, la generación que fue cómplice en el Holocausto, abandonó Alemania. Y el porcentaje de los conversos alemanes en Israel no es insignificante. Me convertí principalmente porque tenía una crítica teológica del cristianismo. ¿Es esto una racionalización que me di a mí mismo? Mi abuelo no tenía ninguna influencia educativa o cultural sobre mí, pero todavía me hace sentir horrible que éste sea el origen del que procedo. Se agudiza las cuestiones de identidad con las que estoy tan ocupado …. Mi identidad no se da por sentado. Es algo que continuamente debo enfrentar “.

Brown se convirtió al judaísmo en 1979, y se casó con otra alemana conversa que también es académica. Aunque los padres de su esposa en la corte de Stuttgart cortaran todo contacto con su hija, su propia madre (que murió hace siete años) lo aceptó como Judío y lo visitó varias veces en su casa de Israel. “Tal vez tenía miedo de que si ella no aceptaba mi conversión, perdería a su único hijo”, dice Brown. “Cualquiera que sea la razón, aceptó bienmi judaísmo. Asistió al Bar Mitzvah de mis tres hijos” y participó en nuestro Seder de Pesaj. Una vez incluso le sugirió que venir a vivir con nosotros en Jerusalén y no quedarse solo en Alemania, pero ella dijo: ‘No se planta un árbol viejo en un  luga nuevo.’ Pero hasta su muerte, estuvimos muy vinculados”.

“Me quedé de pie en los campos y pensé cómo los abuelos de todos mis amigos habían estado en el interior, mientras que mi abuelo había estado fuera.”

Brown es estrictamente halájico, identificándose con la Ortodoxia Centrista. Sin embargo, como converso Alemán, hay algunas áreas que le dan una pausa, como la participación en ceremonias de Día de la Shoá, emocionalmente es muy turbulento para él. “Normalmente me quedo en casa.” Brown y su esposa han trabajado duro para crear un hogar que sea cálido, cariñoso y de apoyo. “Yo quería asegurarme de que mis hijos tienen un camino, una dirección, un sistema de valores, no la disfunción confusa y compleja que yo mismo experimenté de niño”, dice. “Pero por más que he tratado de protegerlos de su legado esquizofrénico, hay cosas que no puedo controlar. Por ejemplo, cuando mi hijo Israel viajó a Polonia con su escuela hace varios años, su reacción fue completamente diferente a la de sus compañeros. Todo era raro “, me dijo ‘yo estaba en los campos y pensaba cómo los abuelos de todos mis amigos habían estado en el interior, mientras que mi abuelo había estado fuera. Mis compañeros llegaron a los campos con su pasado..; Yo solo vine a mirar. Estaba atrapado en el medio – me sentía fastidiado’.

“También me siento totalmente impotente cuando los compañeros de clase de mis hijos dicen cosas malas y perjudiciales para ellos – los comentarios se han acelerado desde que se publicó la entrevista en el periódico israelí por primera vez,” dice Brown. “El año pasado, por ejemplo, durante una ceremonia en Yom Hazikarón, varios estudiantes le susurraron a mi hijo menor que iban a darle una paliza porque era un nazi. Me negué a mandarlo a la escuela por una semana hasta que el director se encargó del problema “.

Brown ha tenido su ración de feo … “Siempre he tratado de ser abierto y honesto sobre mis raíces, yo nunca he ocultado mi experiencia como muchos conversos de origen nazi”, dice. “La mayoría de las veces, la gente acepta y es tolerante. De vez en cuando, sin embargo, alguien dice algo ofensivo. Recientemente, después de compartir algunos datos biográficos con los estudiantes de mi universidad, uno de ellos me dijo: “…Imagina! Tu abuelo podría haber convertido a mi abuela en jabón. “

Brown calcula que hay aproximadamente unos 300 conversos alemanes en Israel, pero la mayoría son reacios a la publicidad y permanecer recluidos constantemente. Sin embargo, como el Holocausto se aleja en la historia, un número cada vez mayor de estos conversos dan una paso adelante con sus historias. Recientes artículos de periódicos publicados en Canadá y Europa han detallado la extraordinaria metamorfosis de gente como Katrin Himmler, sobrina nieta del comandante de la SS Heinreich Himmler, que se casó con un israelí y Oskar Eder, un ex miembro de la Luftwaffe que cambió su nombre a Asher, se casó con un sobreviviente del Holocausto y en la actualidad trabaja en Israel como guía turístico.

Las sorprendentes trayectorias de estas personalidades, y gente muy parecida a ellos, demuestran a Brown el poderoso mensaje de que “nada es inmutable. El significado de mi historia, de las historias de mis colegas, es que las cosas pueden cambiar. Se puede cambiar el comportamiento, la ubicación, la fe. Ser y devenir es lo que hacemos todos los días.”

Reproducido con permiso de Judíos de Acción, la revista de la Unión Ortodoxa

Giorgio Perlasca, Justo de las Naciones

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Busto de Giorgio Perlasca.

Giorgio o Jorge Perlasca (31 de enero de 191015 de agosto de 1992) fue un comerciante italiano que se hizo pasar como cónsul español en Hungría durante el invierno de 1944 y continuó la tarea iniciada por Ángel Sanz Briz, que salvó a más de cinco mil judíos de los nazis y del Holocausto.

Perlasca nació en Como y creció en Maserà, provincia de Padua. Durante la década de 1920, apoyó el fascismo, luchó en el este de África durante la Invasión de Etiopía y en la Guerra Civil Española (Corpo Truppe Volontari), donde recibió un salvoconducto para las misiones diplomáticas españolas de Francisco Franco. Sin embargo, se desilusionó del fascismo a causa de la alianza con el nazismo y del antisemitismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Perlasca trabajó obteniendo abastecimientos para el ejército italiano en los Balcanes. Cuando los nazis ocuparon Hungría en marzo de 1944, en lugar de retirarse junto con otros diplomáticos (Italia ya se había rendido a los Aliados en esa fecha), se refugió en la embajada española en Budapest, convirtiéndose de forma inmediata en ciudadano español con el nombre de Jorge Perlasca en virtud de su estatus como veterano de la guerra civil española. Trabajó con el embajador Ángel Sanz Briz y otros diplomáticos de estados neutrales para sacar de forma ilegal a judíos del país.

Ante la inminente llegada del Ejército Rojo a Budapest, Sanz Briz fue trasladado a Suiza a finales de noviembre de 1944, y el gobierno húngaro ordenó la evacuación del edificio de la embajada española y otros edificios extraterritoriales donde se refugiaban los judíos. Perlasca inmediatamente dio el falso anuncio de que Sanz Briz estaba a punto de volver de una corta ausencia y que le había nombrado cónsul de España.

Durante el invierno, Perlasca fue muy activo escondiendo, dando cobertura y alimentando a miles de judíos en Budapest, así como expidiendo salvoconductos basados en la ley de derecho a la ciudadanía española que había aprobado Miguel Primo de Rivera en 1924 para los judíos de origen sefardí, y tal como Sanz-Briz había venido haciendo. Cuando en enero de 1945 los soviéticos tomaron la capital húngara, Perlasca se las arregló para desaparecer, llegando a Italia tras un azaroso viaje. Cuando llegó a Italia, Perlasca guardó en secreto su increíble aventura por más de 30 años, hasta que un grupo de mujeres de una comunidad judía en Hungría comenzó a rastrear al diplomático español que había salvado sus vidas.

Giorgio Perlasca murió de un ataque al corazón en 1992. En vida recibió numerosas condecoraciones de los gobiernos de Italia, Hungría y España y había sido considerado por Israel como Justo entre las Naciones.

 

Fuente: https://secure.wikimedia.org/wikipedia/es/wiki/Giorgio_Perlasca

 

‘Jubanos’, documental revela la historia de la comunidad judía

Por SARAH MORENO

smoreno@elnuevoherald.com

Para la mayoría de los cubanos nacidos después de 1959, la sinagoga Beth Shalom era sólo un bello edificio de arquitectura modernista en el barrio habanero de El Vedado que, como los templos de otras denominaciones religiosas en la capital habanera, casi siempre permanecía desierto de feligreses.

Según el documental Jubanos: the Jews of Cuba, realizado por el joven cineasta de Nueva York Milos Silber, para los 20,000 judíos que antes de 1959 constituían una sólida comunidad en Cuba, Beth Shalom tenía un significado más profundo y entrañable. No era sólo la sede del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba, sino el espacio donde tenían un teatro, una escuela dominical y un restaurante kosher, y donde, sobre todo, compartían con amigos y familiares.

Con la llegada de la Revolución, esa comunidad no sólo sufrió una considerable pérdida en propiedades y miembros –se redujo en un 90 por ciento– sino que tuvo que intentar sobrevivir en un mundo donde no había espacio para las manifestaciones exentas de significado político.

Jubanos: the Jews of Cuba recoge el esfuerzo de los 1,500 judíos que hoy quedan en la isla después de tantos éxodos, para celebrar su fe y legar sus tradiciones a los más jóvenes y, por otra parte, reconstruir sus deteriorados cementerios en los que un día reposarán sus mayores.

“Me quedé maravillado con las pequeñas comunidades del interior de Cuba, formadas a veces por 10 personas, que celebran el Sabbath y las fiestas y tratan de estar conectados, en algunos casos sin contar con una sinagoga”, contó Silber, que hoy asistirá a la proyección de Jubanos: The Jews of Cuba en el cine Regal de Miami Beach.

El evento, parte del 14to Festival de Cine Judío de Miami (MJFF), contará con una sesión de preguntas y respuestas en las que el director podrá dar detalles de su recorrido por La Habana, Cienfuegos, Santa Clara, Camagüey y otras ciudades de Cuba donde estableció contactos con los “jubanos”, nombre que eligió para llamar a los judíos de Cuba.

” ‘Jubanos’ es un invento de mis amigos, que me lo sugirieron cuando estaba editando el filme, porque en Cuba los judíos no se llaman así”, precisó Silber, de 24 años, quien vivió tres meses en Cuba en el 2008 como parte de un programa de estudios en el extranjero de la Universidad de Nueva York (NYU), donde se graduó de Producción de cine y televisión en Tisch School of the Arts.

Nacido en Río de Janeiro y descendiente de sobrevivientes del Holocausto, Silber llegó a Estados Unidos a los ocho años y creció en el condado de Westchester, Nueva York. ‘‘De mi sinagoga [en Westchester] todos los años van a Cuba 20 o 40 personas que llevan libros, ropas y medios para ayudar a la comunidad judía de Cuba”, contó el cineasta, en español, sobre un aspecto fundamental para el renacimiento de la comunidad en la isla.

Según se muestra en el documental, la comunidad judía de Cuba recibe importantes contribuciones en medicina y otros enseres de organizaciones de Canadá y Estados Unidos. Hasta el momento del rodaje, el American Jewish Distribution Committee (JDC), que tiene su sede en Nueva York y la misión de ayudar a judíos en todo el mundo, había enviado a la isla a siete parejas judías que se encargaron de enseñar a los cubanos las ceremonias y tradiciones judaicas, según expresó el argentino Fernando Lapiduz, quien junto a su esposa Patricia servía desde el 2007 como coordinador de la JDC en Cuba.

“El principal aspecto de nuestra cultura y religión es ‘ayuda a tu vecino’ ”, recalcó Silber, indicando que no le molesta que una de las posibles razones del crecimiento de la comunidad judía en la isla sea la ayuda que brindan para aliviar las necesidades de la población.

Silber, que inicia el documental con una frase pronunciada por Fidel Castro en su visita a la sinagoga Beth Shalom en diciembre del 1998 con motivo de la celebración de Janucá, destaca que Jubanos no tiene una intención política.

“Es fascinante que [el entonces] presidente de un país haya visitado a la comunidad judía”, opinó el joven, que recoge además en su material fílmico la anécdota de cómo se produjo la invitación.

Adela Dworin, presidenta de la Comunidad Hebrea de Cuba, aprovechó una reunión de líderes religiosos para invitar a Castro a visitar la sinagoga Beth Shalom. Cuando Dworin le dijo que “una buena oportunidad” sería Janucá, Castro confesó su ignorancia sobre la fecha, la cual Dworin, “en pocas palabras”, definió como ‘‘la Revolución de los judíos”. Esa visita de Castro fue el preludio de la efectuada por Raúl Castro el pasado diciembre a la misma sinagoga.

Además de otros miembros y colaboradores del Patronato, como la doctora Rosa Behar –encargada de la farmacia que reparte medicinas a la comunidad–, se entrevista a líderes religiosos no vinculados con esta organización, como Rebeca Langus –que recibe en su propia casa a la pequeña comunidad judía de Cienfuegos. También ofrece su testimonio David Pernas, cuya misión es continuar la restauración y ampliación del Cementerio Israelita de Camagüey, fundado en 1924 y actualmente bastante deteriorado.

Son, sin embargo, los jóvenes judíos entrevistados, cuyos bisabuelos emigraron de Turquía o vinieron de Europa huyendo de guerras y epidemias, los que mejores anécdotas ofrecen. Ellos reconocen que siempre supieron que eran “distintos” porque sus familiares usaban la kippah sólo en la casa o intentaban comer alimentos típicos en las fiestas judías. Estas declaraciones confirman la persecución de las prácticas religiosas en Cuba hasta fecha muy reciente y niegan los testimonios de algunos entrevistados de generaciones más viejas, quienes afirman que nunca la hubo.

Desde el punto de vista sociológico, resulta interesante comprobar la voluntad de estos jóvenes de expresarse en un español depurado en las entrevistas. “La comunidad judía tiene mucho amor por el aprendizaje. Estos jóvenes reciben visitas de otras comunidades del mundo y toman clases de inglés en el Patronato. Viven experiencias que no tienen otros cubanos”, expresó Silber que durante su estancia pudo comprobar las dificultades de los judíos cubanos para seguir una dieta kosher.

“Tienen una carnicería ‘kosher’ muy pequeña en La Habana Vieja donde pueden conseguir pollo y carne de vez en cuando”, añadió Silber, que pudo filmar sin dificultades y asistir a la sinagoga llevando la kippah, pero nunca estuvo seguro de llegar a un lugar si su medio de transportación era un autobús regular.

Estreno en Miami de ‘Jubanos: The Jews of Cuba’, hoy 6 p.m. en Regal Cinema, South Beach, 1100 Lincoln Rd.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/2011/01/25/

Aleksandar Cvetkovic, un genocida serbio arrestado en Israel

Aleksandar Cvetkovic, criminal de guerra

Sensible por conocidas y sobradas razones a los crímenes que se encuadran en el delito de genocidio, al igual que el pueblo armenio asesinado por los turcos, el Estado judío de Israel, a través de su Ministerio de Justicia, anunció la detención por solicitud de Bosnia y Herzegovina -que reclaman su extradición- de Aleksandar Cvetkovic, un ex soldado serbio acusado de ultimar a musulmanes bosnios en la llamada “Masacre de Srebrenica en 1995.
En julio del recién referido año, las tropas serbias de Bosnia comandadas por el general Ratko Miadic, tomaron el enclave bosnio musulmán de Srebrenica y perpetraron la peor masacre desde la Segunda Guerra Mundial, al ejecutar a más de 8.000 varones de entre 16 y 60 años de edad, ante la pasividad, incuria o complicidad de los 600 soldados holandeses pertenecientes a los Cascos Azules de la NATO asignados por la ONU para proteger la ciudad declarada “zona de seguridad”. En una operación que duró 10 horas, las víctimas  fueron conducidas a la granja Braniewo, esposadas y con los ojos vendados y cuando se bajaron de los autobuses, fueron recibidas por un pelotón de fusilamiento, que integraba activamente Aleksandar Cvetkovic, un ex miembro del 10° Destacamento de Sabotaje del Ejército Serbo-Bosnio (VRS) junto con otros siete soldados.
Un texto publicado por Michael Farquhar corresponsal en La Haya del Institute for War & Peace Reporting, aporta más datos de La masacre de Srebrenica y otros actos cometidos por las fuerzas de Bosnia y de Serbia contra la población musulmana  que han sido reconocidos por la comunidad internacional como “genocidio”.
“Quedó demostrado que las tropas del VRS separaron sistemáticamente a  hombres y muchachos del resto de la enorme muchedumbre de refugiados que buscaban desesperadamente protección en la misión de la ONU en Potocari, mientras que hacían lo mismo con otros varios miles que formaban parte de una columna que trataba de escapar del enclave. Las mujeres, los niños y los ancianos fueron amontonados en autobuses y desplazados hacia territorios controlados por el Ejército bosnio. Los investigadores han reconstruido la elaborada operación puesta en marcha por los principales oficiales del VRS para matar a los cerca de 8.000 varones detenidos.
La jueza Carmen Argibay, actualmente integrante de la Suprema Corte de Justicia de Argentina intervino  oportunamente en el caso y relató aspectos dramáticos del mismo:  La masacre de Srebrenica fue el segundo caso en el que me tocó actuar en el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Ya había existido una condena, la del general Radoslav Kirstic, que comandaba una de las fuerzas responsables del ataque. Y a mi me tocó juzgar a los responsables de las dos brigadas que consumaron la masacre. En algunas de las matanzas no quedaron sobrevivientes, pero hubo testimonios impresionantes de los propios soldados serbios. Recuerdo la declaración de uno de ellos:  “Bueno, yo no quería matar, pero me dijeron que si no lo hacia, me mataban a mí. Además uno de los jefes nos dijo que por lo menos teníamos que matar a un musulmán, para que nos entrara el gusto por matar’. Son cosas que uno no puede olvidar ni entender. Ese soldado que empezó a matar por miedo a que lo mataran, después de matar a un centenar de personas dijo: “No mato más”, y no le pasó nada. Ese testimonio fue muy impresionante. Además, fue el único que desde el inicio se declaró culpable. A partir de allí se reconstruyeron las matanzas.
Alezandar Cvetkovic, de 43 años, emigró a Israel con su esposa e hijos en 2006 y obtuvo la ciudadanía israelí porque su mujer es judía.
En agosto de 2010 el gobierno de Bosnia y Herzegovina hizo un llamamiento a la Oficina del Fiscal del Estado de Israel, pidiendo la extradición de Cvetkovic por su participación en el genocidio. En un gesto encomiable- que lo diferencia de países islámicos como Irán y que no distingue a las víctimas de genocidio, independientemente de su raza o religión- después de examinar cuidadosamente el material recibido, el ministro de Justicia de Israel, Yaakov Neeman, decidió iniciar el proceso de extradición y la procuración solicitó a la Corte de Distrito de Jerusalén que el imputado sea extraditado y permanezca en custodia hasta que se tome la decisión.

Rubén Kaplan
http://www.rkpress.com.ar/

Italia y los Judíos

Arco de Tito – Foro Romano

Italia es el único país, además de Palestina y regiones limítrofes que tiene una continuada presencia e historia judía

ininterrumpida…

Italia es el único país, además de Palestina y regiones limítrofes que tiene una continuada historia judía, ininterrumpida. La Comunidad judía de Roma es la más antigua de Europa luego de la de Grecia: existen pruebas de su presencia en el Siglo II a.n.e.

Después del año 63 llegó otro grupo numeroso, llegó con Pompeyo, conquistador de Judea. La Sinagoga de Ostia es la más antigua de Europa y del Papado, los judíos estaban allí aun antes del surgimiento del cristianismo ( como estaban en Babilonia, Alejandría y en comunidades pequeñas dispersas a lo largo de la costa mediterránea y antes de que  Roma se convirtiera en un Imperio. Los judíos romanos son los italianos más antiguos..  Julio Cesar respetaba la observancia de las prescripciones hebreas: en el año sabático estaban eximidos del pago de sus tributos al Estado Romano, cuyo valor enviaban regularmente a Judea como contribución para el mantenimiento del Templo. En el año 66 d.n.e la población judía de la provincia de Judea, exasperada de los abusos y humillaciones que les imponían los procuradores romanos, se rebeló, así comenzó la Guerra de los Judíos, que duró cuatro años.


Catacumbas judías – Venosa

Jerusalém resistió valerosamente el asedio romano, pero el 9 de Av, del año 70 d.n.e Tito destruyó el Templo que cayó presa de las llamas. Una parte de los judíos derrotados fueron enviados a Cesárea, para morir en el circo, otra como mineros a Cerdeña donde nadie podía sobrevivir durante mucho tiempo y otra a Roma, para la construcción del Coliseo.  Luego del levantamiento de Bar Kojba (132-135) durante el reinado del Emperador Adriano, muchos otros miles de judíos fueron vendidos como esclavos luego de la derrota. Esto determinó  la práctica entre los judíos que vivían en Europa de utilizar el dinero que anteriormente se enviaba al Templo de Jerusalem para el rescate y la liberación de judíos. Esta colecta permitió que numerosos judíos sometidos a la esclavitud, a lo largo de los siglos, fueran liberados.

Además de la comunidad de Roma que era muy numerosa había otras comunidades en Venosa y Siracusa, especialmente en Nápoles y sus alrededores, y en todo el sur de Italia. Aparte de las catacumbas descubiertas cerca de la pequeña ciudad de Matera, se descubrieron otras, judías, en el año 1853, en  Venosa. El principal interés de las catacumbas de Venosa se encuentra en sus inscripciones, grabadas en parte en latín y en parte en griego, el uso de ambas lenguas era incorrecto, en general la mayor parte de los epitafios estaban escritos totalmente en hebreo y los caracteres utilizados son muy sorprendentes. En uno de ellos se lee:

( “Lugar de descanso de Beta, hijo de Faustino. Paz a su alma! Que su espíritu pueda compartir en la vida eterna!” ) Un epitafio cuya segunda parte está en riego escrito en caracteres hebreos también es notable. (“La paz a su lugar de descanso.”) (¡Sic!)Los judíos habitaban en otras ciudades del Imperio Romano por esa  época, (Ostia, Ravena, Ferrara, Bologna, Milan, Capua, Nápoles). El Emperador Constantino en el año 313 impone el Edicto de Milán, que prohíbe las persecuciones contra los cristianos, y la tolerancia hacia los otros cultos.  En ese momento los cristianos comienzan a perseguir a los judíos, cuya existencia en el Imperio Romano estará determinada por las relaciones entre los judíos y el papado. Los Judíos de Roma nunca fueron expulsados de ella, de acuerdo a lo establecido por uno de los Padres de la Iglesia, San Agustín los judíos debían ser dejados en paz, de acuerdo a los Evangelios, en una medida ejemplarizadora para demostrar al mundo como era la vida de aquellos que habían rechazado la creencia en que Jesús era el Mesías, ese sería su castigo.

 

Con la conquista de Sicilia por parte de los árabes se formaron importantes comunidades judías en la Isla. En 1088 cayó Noto, el último baluarte de la Sicilia musulmana frente al asedio de los Normandos. El  Regnum que resultó fue considerado un modelo sin igual entre los Estados europeos de aquellos siglos; una dinastía normanda que hundía sus raíces en la Francia septentrional, había logrado en un tiempo relativamente breve dominar y gobernar culturas muy diferentes entre si.  Latinos, griegos, judíos y sarracenos convivían, en mutuo respeto por sus religiones y tradiciones en un suelo común bajo el dominio normando.  Dándose cuenta de la fuerza de las tradiciones, el conde Ruggero supo gobernar con habilidad obteniendo un éxito que muy pocos soberanos de esa época lograron. En 1282 Sicilia pasa a quedar bajo la dominación del reino de Aragón, desde ese momento la suerte de los judíos sicilianos quedará ligada a la historia de Cataluña.

El primero en dar noticias sobre los judíos de Sicilia, fue Benjamín de Tudela (Navarra), cuya visita tuvo lugar en el siglo XII. Alrededor de 1160 Benjamín de Tudela partió de Zaragoza, directo a Marsella y a Génova, de allí fue a la Toscana, donde visitó Lucca y Pisa,  Bologna y Roma, luego se dirigió a Otranto, desde se embarcó para Corfù.  A su retorno de Oriente, llegó a Sicilia,y de ahí dio interesantes informes sobre la vida de los judíos sicilianos, que se dedicaban al arte del tejido y de las tinturas, además de otras tareas, muy importantes como fueron la pesca y la elaboración del coral.

 

Fuente: Milim Cultural

La versión islámica de la historia

LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Por Horacio Vázquez-Rial

Explica Bernard Lewis en La crisis del islam (Ediciones B, 2003) que la diferencia esencial entre las concepciones occidental e islámica de la historia consiste en que nosotros hablamos de naciones en las que conviven varias religiones y ellos, de una religión subdividida en regiones.

Creo que esto no es ya del todo exacto, si es que lo era hace ocho años. La cuestión es que las historias nacionales son hijas de la modernidad. Las naciones occidentales son producto de largas luchas institucionales, culturales e identitarias que arrancan en la decadencia y caída del Imperio Romano, en el siglo V. Bien es cierto que, como sostuvo en su día Pirenne, el advenimiento de Carlomagno marca el comienzo de una nueva era, en la que la expansión islámica, imparable a partir del siglo VII y detenida por vez primera en Poitiers por Carlos Martel, pierde algo de fuerza. Pero aún faltarán las Cruzadas, entre ellas la de la Reconquista española. Y sólo después de eso empezaremos a hablar de naciones y, a finales del XVIII, de Estados nacionales.

La nación moderna nace en 1776 en América y en 1789 en Europa. Y a pesar de las brutales, prolongadas y vanas guerras de religión que para entonces habían asolado el continente, hasta entonces la historia de Occidente había sido la de una cristiandad ya abocada al suicidio, que sólo sobrevivió gracias a idénticos combates en el interior del islam, que impidió a los turcos apoderarse de Viena y vencer en Lepanto a las tropas españolas (y vénetas, genovesas y pontificias, de mucho menor peso), abandonadas a su suerte por una Europa ignorante y egoísta. (¡Cómo duele recordar que en la Reconquista y en Lepanto fuimos el enemigo principal, y ahora apenas una nación menor con un gobierno proislámico!)

Con la nación moderna nacen las historias nacionales, se reinventa el pasado, se constituye la Antigüedad, se excluye de la historia a los judíos, se periodiza el relato histórico aceptando la noción de “Edad Media” entre una Antigüedad remodelada y la recuperación de la misma por el Renacimiento. Pero antes de eso la historia lo era de griegos, romanos, judíos y cristianos. Y de musulmanes, enfrente, como enemigo, y casi siempre a la defensiva. Porque hemos de reconocer que las Cruzadas, con excepción de la española, fueron un fracaso, y Jerusalem permaneció la mayor parte del tiempo sometida.

Washington Irving.Entre tanto, se iba construyendo el mito cultural árabe, que alcanzaría su cota de estupidez más alta en la obra de Washington Irving, y su teoría autodestructiva hispánica en Américo Castro. Sostenían los creyentes en ese mito que gracias al islam se había preservado el legado cultural griego, abandonado por los monjes bárbaros de los siglos oscuros de la Europa medieval. A lo cual se añadieron leyendas sobre cosas tan dispares como la “sabiduría árabe” y la “invención” del número cero.

Es obvio que la preservación del legado antiguo se debió, sobre todo, a las órdenes monásticas y a la preocupación de sus organizadores por dedicar partes importantes del horario de los monasterios a la copia de textos. No voy a contar aquí las historias de San Patricio y los monjes irlandeses, de San Gregorio Magno, de San Bernardo de Claraval y el Císter, de los santos Benito de Nursia y Benito de Anaine y la abadía de Cluny, de los monasterios que perduraron en silencio bajo el califato de Bagdad, sin evangelizar ni agitar, sumidos en la tarea de la escritura. Diré, sí, que es cierto que el bajo nivel de no pocos monjes les llevó a raspar pergaminos antiguos para escribir en ellos textos piadosos.

No obstante, el esfuerzo posterior permitió recuperar, repitiendo la operación de limpieza de los textos, partes importantes de la ciencia clásica: de un pergamino conservado en un monasterio de Constantinopla descubierto en 1906 por el historiador Johan Ludwig Heiberg, y que contenía textos piadosos, salió buena parte de la obra de Arquímedes. Heiberg comprendió que lo que tenía delante era un palimpsesto, es decir, algo escrito sobre un texto anterior que había sido borrado. Se trataba de un documento de 174 páginas, y lo que había debajo era una copia del siglo X de obras del sabio: Sobre el equilibrio de los planos, Sobre las espirales, Medida de un círculo, Sobre la esfera y el cilindro, Sobre los cuerpos flotantes, El método de los teoremas mecánicos y Stomachion. Por su parte, Lessing halló El problema del ganado en un manuscrito griego de la Biblioteca Herzog August de Wolfenbüttel en 1773. Es cierto que un árabe llamado Thäbit ibn Qurra, que vivió en el siglo XI, tradujo obras de Arquímedes a su lengua, pero su conservación, finalmente, no se debió a él.

Otro gran mito es el de la “invención” del número cero. Lo cierto es que los números que hoy empleamos en la escritura son de origen árabe, y que fueron adoptados por su evidente practicidad en comparación con el sistema romano de cifras, que carecía de un signo para el cero. Se impusieron por la misma razón por la que lo hicieron hace unos miles de años las escrituras protosemíticas, con letras para cada consonante, a todas las previas, ideográficas. De ahí a que el cero, ya no como número, sino como concepto, fuese creado por pueblos que entran en la historia 1.300 años después de Pitágoras y mil después de Euclides es un puro desatino. ¿O alguien cree que sin esa idea hubiesen sido posibles las construcciones pitagórica y euclidiana?

En estos días, y en medio de una campaña de apropiación del patrimonio hebreo por el islam, apoyado por la siniestra Unesco, de creación soviética y alma musulmana, ha surgido y se está desarrollando un serio intento de reescritura de la historia a cargo de intelectuales musulmanes. Hasta ha aparecido un señor que sostiene que Al Hassan ibn al Haytham, en el siglo X, entendió lo que Newton no pudo entender sobre la descomposición de la luz hasta el XVII. Se trata del periodista americano Richard Powers, que nos revela su investigación en una serie de documentales hechos para la habitualmente proárabe BBC 4. En realidad, Newton no descubrió la descomposición de la luz por un prisma, cosa bien conocida ya para los griegos, sino que experimentó y meditó lo suficiente para llegar a la conclusión de que la luz se compone de los mismos colores en los que se descompone. Por supuesto que los árabes, y hasta los hombres de las cavernas, eran conscientes de que los cuerpos se caen al suelo si no los sostenemos, pero eso es muy diferente de saber que caen hacia el centro de la tierra por la fuerza de la gravedad, y que ésta les imprime una aceleración de 9,8 metros por segundo.

Pero Powers es un hombre con ideología, un occidental convencido de que en la escuela le han engañado al contarle la historia. No pasa lo mismo con sus colegas musulmanes, perfectamente al día respecto de la lucha en la que están empeñados. Y no me refiero a los imanes que pululan por los barrios periféricos de las ciudades europeas, sino a tipos formados en Oxford, Cambridge o Harvard, que ponen todos sus saberes al servicio de una reescritura del pasado favorable a la imagen islámica. Si, con toda su formación, algunos de ellos se deciden a volarse con un cinturón de bombas en una estación de metro atestada, ¿por qué no van a ponerse al servicio de una tarea en definitiva intelectual, fraudulenta pero intelectual, como la redacción de los Protocolos de los sabios de Sión? Sin abandonar un solo precepto, ni la noción de que la historia es la de una religión, que a su vez implica una política.

El objetivo central de ese trabajo consiste en demostrar que los musulmanes son los padres de la ciencia, de la paz y del progreso, y que se vieron detenidos en su noble accionar por un Occidente codicioso y retrógrado, que los condenó al atraso durante siglos. Y no es un trabajo nuevo: la mayor parte de la crítica tradicional al colonialismo no surge en Gambia ni en Kenia, sino en los países árabes, y es reproducida y ampliada por la izquierda europea: piénsese en Franz Fanon y en el prologuista de su Los condenados de la tierra, un clásico anticolonial: Jean-Paul Sartre. El prólogo fue retirado de ediciones posteriores por la familia de Fanon, debido a las simpatías de Sartre por Israel en la época en que Israel contaba con el reconocimiento soviético, es decir, antes de que los rusos decidieran apoyar a los fascismos árabes de raíz nasserista, pronto desplazados por el islam. Fanon, Samir Amin, Edward Saïd, Juan Goytisolo… hasta el comunista que se convierte a la fe islámica, Roger Garaudy. Un largo empeño en convencer al personal de que la nuestra es una civilización en decadencia (lo cual probablemente sea cierto, pero por razones distintas de las que ellos alegan) y la islámica es, sin duda, superior. Un largo recuento de monumentos, documentos no siempre auténticos, supuestos desarrollos científicos o literarios no basta para suponer nada parecido.

Por otra parte, se ha tratado con todo eso de establecer una competencia con la extraordinaria producción científica, técnica y artística del pueblo judío. De ello hay ejemplos estremecedores en los centros de enseñanza en la Autoridad Palestina.

Lo he escrito hace poco en este periódico: hay sociedades y culturas superiores e inferiores, pero la diferencia entre unas y otras se mide en función del grado de libertad alcanzado por cada una.

 

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Los Judíos

Por David Cuba Ryzowy Bekerman.

Durante la Edad Media, cristianos, árabes y judíos habían convivido y colaborado más o menos amistosamente, pero nunca hubo una completa fusión racial, religiosa ni cultural. Las leyes judías prohibían los matrimonios mixtos. También estuvieron prohibidos por leyes cristianas desde el Concilio de Elvira en 306. Sin embargo, las leyes no se aplicaban estrictamente. Las persecuciones antisemitas durante la época visigoda inclinaron a los judíos españoles a aliarse con los invasores musulmanes, a los que consideraron como libertadores. Los árabes premiaron esta colaboración asignando a las comunidades judías el control de ciertas plazas importantes. Estas comunidades se desarrollaron rápidamente y adquirieron gran prosperidad, como en Córdoba, Sevilla, Granada, Toledo y en otras muchas ciudades. La época del Califato de Córdoba marcó el apogeo de los árabes y los judíos españoles de Andalucía.

El judío cordobés Moisés ben Maimón o Maimónides (1135-1204), llamado por algunos el Santo Tomás del Judaísmo, fue el filósofo judío más importante de la Edad Media. Su gran labor fue fundamentar el judaísmo sobre los principios de la razón. La invasión de los Almohades le obligó a huir de Córdoba, residiendo en Almería. Luego emigró a Fez, y más tarde a El Cairo, donde fue médico del sultán Saladino. Su obra maestra es la Guía de los Perplejos, donde intenta la reconciliación entre la razón y la fe religiosa. Se ha dicho que “entre Moisés y Moisés no ha habido otro Moisés”.

Otra luminaria judía de la Edad Media española fue el poeta Yehuda Halevi, toledano del siglo XI.

Las invasiones posteriores de los fanáticos Almohades, que trataban de purificar el Islam, persiguieron tanto a los judíos como a los cristianos. Un gran número de ellos se vieron forzados a huir a tierras cristianas. En el siglo XIII, cuando Fernando III el Santo conquistó Sevilla y Córdoba, ambas ciudades estaban totalmente arabizadas, sin cristianos ni judíos. Fernando III protegió a los hebreos y las comunidades israelitas fueron restablecidas. Durante la reconquista, a medida que los ejércitos cristianos avanzaban hacia el sur, los reyes concedían privilegios a los judíos, con el fin de repoblar las ciudades reconquistadas. La población judía creció, llegando a ser la más importante de Europa. Los judíos eran grandes emprendedores comerciales, médicos, recaudadores de impuestos y hasta consejeros de reyes. Servían a los grandes señores como antes habían servido a los árabes. Tuvieron un papel importante en el desarrollo de la economía y de la vida intelectual española. Un autor americano, William Thomas Walsh, calcula que a finales del siglo XIII la población judía en Castilla debía aproximarse a los cinco millones, ya que cada varón judío adulto debía pagar al año un impuesto de tres maravedises, y en 1284 se recaudaron 2.561.855.

Durante la mayor parte de la Edad Media, judíos y cristianos habían convivido en paz y armonía, en contraste con el resto de Europa. En esa época, si había un lugar donde los judíos pudieran sentirse seguros, era en España. Inglaterra y Francia habían expulsado a los judíos en los siglos XIII y XIV respectivamente por presión de las clases más elevadas de la sociedad, que temía la competencia económica de los hebreos. Parte del pueblo, por otra parte, resentía la riqueza y el poder que los judíos habían acumulado y que se manifestaba en la usura. Tampoco se miraba con buenos ojos el separatismo social y su orgulloso exclusivismo religioso, racial y cultural. La idea antisemita no se originó en los dirigentes, sino que nació del pueblo mismo, instigado con frecuencia por judíos conversos que llevaban sus nuevas convicciones religiosas al extremo. Fue hacia finales del siglo XIV cuando en diversas localidades estallaron tumultos dirigidos contra los judíos, como en Sevilla en 1391. Los desórdenes se extendieron a otras partes de Andalucía, Castilla, Barcelona. Los reyes intervinieron en favor de los judíos, ordenando la reconstrucción de las aljamas destruídas. La violencia, sin embargo, no era ni unilateral ni sin provocación. Sabemos que en 1467 en Toledo, los judíos, mandados por Fernando de la Torre, en número de 4.000, atacaron a los cristianos en la catedral. Los cristianos iniciaron la contraofensiva, degollándoles sin piedad. En 1473 en Córdoba, durante una procesión, unos judíos arrojaron inmundicias sobre la imagen de la Virgen, lo que provocó una matanza. Alonso de Aguilar trató de defenderles, pero sin éxito.

Por estas fechas, siglos XIV-XV, gran parte de la población judía aceptó el cristianismo, muchos insinceramente y por temor, otros muchos de buena fe y por convicción, a causa de los esfuerzos proselitistas de dominicos y franciscanos, como el valenciano San Vicente Ferrer (1350-1419), predicador y teólogo, quien defendió a los judíos contra los ataques del populacho en 1391.

A pesar del orgullo y exclusivismo judío, y de las prohibiciones de las leyes, hubo muchos matrimonios mixtos entre judíos y cristianos. Había debates teológicos públicos entre representantes de ambas religiones, y a consequencia de estos, el número de judíos conversos aumentó extraordinariamente en los siglos XIV y XV. La disminución de las comunidades judías y su pérdida de influencia social se debe primordialmente a este hecho.

Se calcula que el número de hebreos que practicaban el judaísmo en el reino de Castilla antes de la expulsión en 1492 era solamente de unas 35.000 a 40.000 familias. Entre los conversos más ilustres hay que destacar a Salomón Halevi, rabino mayor de Burgos, convertido con toda su familia al cristianismo en 1390, adoptando el nombre de Pablo de Santa María. Llegó a ser canciller de Castilla y obispo de Burgos. Pero con la tenacidad propia de los conversos, dedicó gran parte de sus energías y capacidad intelectual a la persecución de sus hermanos de raza. Este hombre bueno y sincero acusó a los judíos, después de su conversión, de adaptar la profecía de Jacob (el cetro no sería quitado de Judá) a España, planeando fundar y gobernar una nueva Jerusalén, y a él se debió toda la legislación restringiendo las actividades de los judíos.

Ante la oposición cada vez más intensa del pueblo, los reyes tomaron una serie de medidas para resolver el problema de los judíos y de los conversos insinceros. El colaboracionismo de los judíos del siglo VIII con los invasores árabes no había desaparecido de la memoria de los españoles. Y en este momento crucial de finales del siglo XV, cuando estaba a punto de connsolidarse la unidad nacional, existía la creencia más o menos justificada, de que elementos judíos, por sus relaciones con los árabes del norte de Africa, representaban un peligro para el Estado. La reina Isabel, habiendo logrado la unidad nacional con la conquista de Granada, trató de forjar una unidad religiosa que disminuyera el problema político tal como se percibía. Y así se promulgó el edicto de expulsión para aquellos judíos que no adoptaran el cristianismo. Muchos optaron por la conversión, otros prefirieron el exilio, extendiéndose por las regiones del norte de Africa, Turquía, y los Países Bajos. Los que quedaron en España estaban ya casi completamente asimilados medio siglo después. Los que partieron, llamados sefarditas, continuaron hablando y escribiendo castellano hasta nuestros días. En fechas más recientes, muchos de los sefarditas han emigrado a Israel, donde irónicamente son consideran ciudadanos de segunda clase, ya que existe una discriminación innegable en favor de los israelíes procedentes del norte de Europa.

El número de los exiliados y las consecuencias para España se han exagerado desde todos los puntos. Es prácticamente imposible establecer ni siquiera aproximadamente cuántos abandonaron el país. En cuanto a las consecuencias de tipo económico también es pura especulación. Quizá la pérdida mayor para España estuviera en el ámbito intelectual, ya que algunos de los exiliados podrían haber constribuído a la riqueza cultural nuestro país como lo habían hecho en siglos anteriores. (F.U.)

 

Fuente: http://poesiadelmomento.com/hispanica/20judia.html

Idiomas judíos

Hasta la destrucción del primer templo de Jerusalén por los babilonios en el siglo VI a.C., el pueblo judío poseía un solo idioma: el hebreo, la lengua de la Biblia. Posteriormente la lengua fue influenciada por el arameo, idioma semítico del lejano oriente. El Talmud, el más importante y sagrado texto después de la Biblia, concluido en el siglo VI D.C., fue escrito en esa lengua. Este mismo explica los textos bíblicos y proporciona una especie de código normativo a la vida de la comunidad en todos sus aspectos.

Durante la era helenística, el pueblo judío adoptó el griego y, con la expansión del Islam, el árabe fue la lengua de muchos judíos de los pueblos del Mediterráneo. Por ejemplo, en Persia, desarrollaron versiones de dialectos específicamente judíos.

Aquellos judíos que emigraron a Italia u otras áreas del Imperio Romano adquirieron como lengua el latín y, más tarde aun, las lenguas Romances de la Edad Media que dieron origen a las distintas lenguas modernas de Europa.

Los judíos sefardíes (del vocablo hebreo Sefarad: España) crearon su propia lengua: el Ladino o Judezmo. El ladino refleja a las sagradas escrituras ya que nació traduciendo textos sacros hebreos a lengua vernácula y, el judezmo es la lengua hablada. Esta lengua mezcla de castellano medieval, hebreo y otras lenguas regionales fue llevada con los judíos al ser estos expulsados de España en 1492 a Portugal y otras áreas de influencia del Mediterráneo.

Pero sobre todas las lenguas creadas por los judíos en la diáspora, es el Idish la que más desarrollo ha alcanzado no sólo en su lugar de origen sino que se ha esparcido por el mundo entero desde Asia hasta Africa y desde Europa hasta América y ha enriquecido con su vastísima obra literaria a millones de seres humanos.

El idish y su expansión geográfica.

El Idish nació alrededor del año 1000 cuando judíos de Italia, Francia y resto del Imperio Romano comenzaron su migración hacia la zona del río Rin, lo que hoy es Alemania. Esta época es coincidente con el nacimiento en ese milenio de muchas lenguas europeas modernas.

La migración judía hacia el río Rin comenzó con el impacto de las cruzadas, que trajeron el idioma Idish a Europa Central, específicamente lo que hoy es Checoslovaquia y Austria.

Con un gran caudal de judíos que lo hablaba, la lengua se expande luego por Polonia y hacia los ríos Duina, Dníeper y Dniéster.

Todo ese sector de judios sumados a los de Ucrania, Lituania, Estonia y Letonia se denomina Ashkenazim; esta palabra deriva del nombre hebreo medieval de Alemania: “Ashkenaz”.

Durante el siglo XIX el numero de judíos en Europa Central y del Este creció notablemente y por ende, los hablantes del Idish.

Con otra gran migración en el último cuarto del siglo XIX, el Idish fue transportado por los mares a nuevos continentes: América, Africa, Australia, Israel. Para esta época, el número de hablantes del Idish alcanzó los 12.000.000, cifra fatalmente reducida tras el exterminio de 6.000.000 de judíos durante el Holocausto en manos de los nazis.

El idioma idish y sus componentes: su inserción en el mundo moderno.

Varios son los componentes del idioma idish: el hebreo. el alemán, el elemento romano y el eslávico.

Cuando se establecieron los judios a orillas del alto Rin la lengua Idish adoptó algunas variedades de localismos alemanes. En su período inicial hasta el siglo XII, el Idish era el idioma usado por los judíos que arribaban de las áreas en las que se hablaban las lenguas romances. Muchos vocablos hebreos y arameos que fueron tomados de la Biblia y luego del arameo del Talmud se convirtieron también en parte del idioma idish contemporáneo. Algunas pocas palabras de origen latino perduran en el idish contemporáneo, como por ejemplo :

Leienen: (leer) deriva del latin “legere”

Benchn: (bendecir) deriva del latin “benedicere”

Reconocemos amplias influencias de distintos dialectos alemanes.

Más adelante se suman los elementos eslavos del checo, polaco, ucraniano y también ruso.

En una frase común del idish se puede rastrear estas influencias

“RABOISAI, MIR VELN BENCHN, ZOGT DER ZEIDE”

Raboisai: señores, Hebreo

Mir: nosotros, Antiguo alemán

Veln: vamos, Antiguo alemán

Benchn: bendecir, Latin


Zogt: dice, Aleman medieval

Der: el, Aleman medieval

Zeide: abuelo Eslavismo antiguo

En el transcurso de los siglos XIX, XX y XXI se incluyeron vocablos producto del avance de la tecnología y de diferentes disciplinas y surgen ciertos neologismos. EJEMPLO: teléfono celular: tzelke es el término adoptado (cell: célula en inglés).

Es muy común que los docentes debamos convertirnos con nuestros equipos académicos en creadores de ellos. Ante la pregunta de un alumno acerca de cuál es el término utilizado para la palabra “peaje”, debemos poner manos a la obra en nuestras fuentes. Recurrimos a un hecho protagonizado por el filosofo judío M.Mendelson. Al ser invitado a la Universidad de Francfort para dictar una conferencia debe atravesar el puente que cruza el río. Existía una ley medieval por la cual los animales y los judíos debían abonar por el cruce del mismo (léase hoy peaje). Al exigírsele el pago correspondiente y comprobando que a su lado por un animal se hacía efectivo dicho impuesto exclamó: ¡que el animal brinde la conferencia para Uds. en la universidad! Dio media vuelta y el “vegtzol” no lo abonó.

La búsqueda en la recuperación del idioma es lo que tanto interés despierta en lingüistas historiadores, etnógrafos, sociólogos, músicos, folcloristas e investigadores de la cultura. Jóvenes judíos y no judíos del mundo entero son atraídos y se interesan por el estudio de la lengua Idish.

El Mercado Común Europeo con su Parlamento establecido en Estrasburgo (Francia) dedica especial atención al idioma Idish. En el último congreso internacional de esta lengua realizado allí al que asistieron alrededor de 400 congresistas de todo el mundo, fue muy interesante comprobar que los traductores del idish a los distintos idiomas: Inglés, francés, ruso y, alemán eran jóvenes profesionales de no más de 25 años.

No debemos dejar de mencionar que el IWO, Idisher Visnshaftlejer Institut, ha realizado en noviembre del año 2001, un simposio con la asistencia de reconocidos especialistas y catedráticos nacionales y del exterior. Uno de ellos, el Dr. Dov Noy dictó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y en la Universidad de Luján, conferencias en Idish sobre diferentes aspectos de la lengua, con traducción simultánea.

Es nuestro interés en la Argentina que el idish vuelva a implementarse en las escuelas judías primarias y llegar al ámbito universitario como sucede en el resto del mundo.

Universidades de EE.UU y Europa incluyen a investigadores de esta lengua en sus diversos proyectos.

El idish: la llave emocional de la vida judía.

Así se siente el judío al referirse a su lengua idish llamándola “Mame Loshn”, esto significa literalmente: el lenguaje de la madre.

Así lo sintieron millones de seres humanos durante mil años. Este es el medio que le permitió expresarse. A su vez ha sido el medio para construir su cultura, para transmitir los máximos preceptos de la ética y moral de su religión. La interpretación de la ley, la justicia y los derechos humanos se transmitió en idish facilitando su llegada y difusión. También debemos reconocer la riqueza popular, de los proverbios, refranes e historia que formaron el sentir y el nivel intelectual de su cultura.

Dialectos del Idish.

Es amplia y colorida la paleta de los dialectos del Idish. Ellos fueron el alma oculta y gran parte de la magia que irradia la lengua. Los dialectos del Este de Europa varían generalmente en la pronunciación de sus vocales. Pero la gramática y el vocabulario casi no difieren. Los dialectos comenzaron a fusionarse primero con la migración hacia las grandes ciudades y luego, los diversos dialectos se mezclaron hasta desaparecer con las migraciones hacia los distintos continentes. Surge así la estandarización del idioma, cuya base fue tomada básicamente del dialecto lituano.

Literatura Idish.

Los más antiguos elementos de la literatura idish son los testigos materiales preservados en museos sobre la enseñanza de textos sagrados.

Ya en los siglos XII y XIII encontramos versiones más o menos reelaboradas en idish las de epopeyas alemanas. A pesar de estas manifestaciones primitivas puede decirse que el verdadero comienzo de la literatura moderna idish tiene lugar durante el Renacimiento, periodo que permite el desarrollo de los más diversos movimientos intelectuales. El gran representante de la época es Elías Levita (1469-1549) autor de BOVE-BUJ, novela de caballería judía traducida de textos ingleses, destacándose también sus traducciones de salmos y otros pasajes de la Biblia.

La obra religiosa más famosa y popular de la literatura idish es Tzeno Ureno compuesta en Polonia a fines del siglo XVI; se trata de otra versión del Pentateuco, preparada especialmente para ser leída por mujeres. Es de señalar que el público femenino no tenía generalmente acceso a la sabiduría tradicional ni al estudio. Es el público femenino en este periodo, el mayor consumidor de las obras en idish y a él se dirigen muchos de los que escriben en este idioma. Durante el siglo XVIII.

El siglo XVIII presenciará el surgimiento de dos grandes movimientos que conmoverán la vida judía e influirán notoriamente en la literatura idish: el Jasidismo y la Haskalá. El Jasidismo fundado por Baal Shem Tov con una especie de llamado a la emoción y al sentimiento inmediato a lo religioso, ejercieron en la literatura un efecto benéfico ya que la elevaron al nivel de la oración. Convencidos de que la auténtica fe tenía sus raíces en el sentimiento y no en la razón debía de rezarse en la lengua del corazón. De la profundidad del alma popular surgieron cuento, parábolas y cantos. Pudo así la doctrina jasídica recoger de la tradición popular en idish canciones de cuna, baladas, cantos de amor, conflictos familiares y sociales.

Es el rabí Najmen de Bratzlev es el más característico de los escritores del jasidismo, gran experto en la narración fantástica.

Diferente fue el papel desempeñado por la Haskalá o Iluminismo judío, inspirada por el filósofo y publicista judeo-alemán Moises Mendelsshon (1729-1786) quien propiciaba el ingreso del judaísmo a la cosmopolita cultura europea, sin desmedro de las tradiciones hebreas.

En este cuadro, las lenguas portadoras de esta cultura debían ser el alemán y el hebreo y, el idish era relegado a un plano secundario.

Es en el siglo XVII y XVIII en que aparecen cientos de libros en idish. Ya en el siglo XIX surgen una docena de escritores que son eclipsados por la presencia de los tres grandes clásicos del periodo moderno, llamada la época de oro: Mendele Moijer Sforim, Sholem Aleijem, Sholem Ash e Itzjok Leibush Peretz.

La creciente cohesión cultural e intelectual de los conglomerados judíos de Europa Central y Oriental más la aparición de estos escritores de gran talento, motiva el florecimiento de la literatura idish moderna.

Mendele Moijer Sforim (1834-1917) seudónimo de Sholem I. Abramovich, estableció un lenguaje literario que lo convirtió para sus seguidores en el zeide, abuelo de la nueva literatura idish, ya que su estilo literario se convierte en un ejemplo. Su obra satírica fue dirigida a los judíos para mostrarles sus debilidades y flaquezas. Deseaba cambiar la forma de vida de los habitantes de los pequeños villorrios los “kleine shtetelej” a través de la sátira y el realismo. Esta obra es un monumento histórico de un tiempo pasado.

Sholem Aleijem, seudónimo de Sholem Rabinovich (1859-1916), el humorista por excelencia, escribió para los judíos, entreteniéndolos con situaciones cómicas, sembradas aquí y allí por el patetismo. Describe la vida judía con todos sus defectos pero su humor emociona por la ternura con que trata a sus personajes.

Su lema era “reír es sano, los doctores indican reír” y éste se convirtió en un medio terapéutico para el pueblo. El artista y el filósofo del humor se encuentran en sus obras junto al folclorista y etnógrafo.

3.000.000 de ejemplares en ruso fueron impresos solamente en idioma ruso. Un crítico literario ruso dijo que en sus obras se refleja el triste pasado judío en la época de los zares.

Fue el escritor judío que más estuvo en contacto con el circulo de escritores rusos como Tolstoi y Gorki.

Cuando su personaje Tevie el lechero, a 15 años de su muerte, comienza a perder vigencia en el teatro judío y en el cine, sucede algo impensado en el arte que, se sabe, no es eterno. Raramente se da este proceso: cuando se comienza a observar su obra como una antigüedad de museo de la vida judía en la época de los zares, Tebie es rescatado por el teatro inglés, español y hebreo y, durante años se convirtió en la sensación musical de los escenarios de Nueva York, Londres y el mundo entero bajo el titulo de “El violinista sobre el tejado”.

Acompañaron a despedir sus restos en Nueva York 1.000.000 de personas.

En el mes de noviembre del año 2001, fue emplazado su busto en “El jardín de los poetas” en los parques del Rosedal de Palermo, por resolución del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Itzjok Leibush Peretz (1852-1915), el tercer gran clásico, ha creado monumentales obras sobre aspectos de la ética y justicia de la vida judía de su época. Lleva al idish a una perfección poética. Su singularidad con respecto a los dos anteriores radica en su visión mística y profética del destino judío.

Y vemos realizado el sueño de estos escritores de arrancar a las empobrecidas masas de judíos de los guetos, sintetizando el concepto de judaísmo y universalismo en hechos como el siguiente:

En el año 1932, el IWO, con su sede en Nueva York, es invitado a la Argentina a una reunión organizada por círculos literarios y el escritor de las letras judías Zalman Reizn es agasajado por las siguientes personalidades: Arturo Capdevila, Alfonsina Storni, Manuel Galvez y otros.

La vastedad de la obra literaria clásica traducida al idioma suma cientos de trabajos desde Shakespeare, Cervantes, además de muchos trabajos científicos.

En el periodo entre las dos guerras mundiales nuevos centros de cultura idish surgen en todas partes del mundo desde América del Sur hasta América del Norte, desde Sudáfrica hasta Australia tal es la creación, que el escritor judío Opatoshu llega a afirmar que el sol no se pone jamás en la lengua judía.

Las masacres de la barbarie nazi hacen callar a la cultura Idish, en la Unión Soviética, a partir de 1948, la literatura idish se sumerge en el silencio; muchos escritores del idioma idish pierden la vida en las purgas stalinistas… solo en América e Israel puede hablarse de un presente y un futuro para la literatura idish y en primer término debe mencionarse a un premio Nobel en dicha lengua: Isaac Bashevis Singer.

La conspiración del talento

TRIBUNA: JOAN B. CULLA I CLARÀ

En política, cine, literatura o música, muchas de las bajas del año que termina han sido personalidades judías. No es que 2010 haya sido particularmente mortífero para los judíos, es que su aportación es asombrosa.

JOAN B. CULLA I CLARÀ 29/12/2010

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El final de un año y el comienzo de otro propician, en los medios de comunicación, toda suerte de balances, inventarios y recuentos de lo acaecido durante los 12 meses anteriores en los distintos campos de la actividad humana. Permítanme, pues, que me acoja a esta vieja costumbre periodística para hacer, en los siguientes párrafos, una breve relación de figuras relevantes en muy diversas disciplinas que han fallecido en 2010. Tomaré como base, sencillamente, los obituarios que publican de manera regular EL PAÍS y otros grandes diarios internacionales.

La noticia en otros webs

Son apenas el 0,2% de la humanidad y acumulan desde 1901 unos 170 premios Nobel, un 29%

La humanidad sería infinitamente más pobre sin tantos cerebros judíos del pasado y del presente

El pensamiento político de izquierdas ha sufrido en Francia dos bajas muy sensibles: el filósofo y militante trotskista Daniel Bensaïd, uno de los inspiradores del Mayo del 68, y Claude Lefort, pensador antitotalitario, padre de la revista y del grupo Socialisme ou Barbarie. Si, sin dejar las ideas, pasamos a la acción, hay que citar el óbito de Abraham Serfaty, comunista marroquí, el más celebre y encarcelado opositor al régimen de Hassan II. Sin olvidar la prematura muerte de Tony Judt, historiador y analista británico de renombre internacional. Aunque carentes de la celebridad global de Judt, no sería justo desconocer los fallecimientos del influyente periodista alemán Ernst Cramer, que fue director del diario hamburgués Die Welt, del diplomático holandés Max Kohnstamm, impulsor en los años cincuenta de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), o del diplomático norteamericano Richard Holbrooke, artífice de los acuerdos de Dayton sobre Bosnia.

Las pérdidas que quiero evocar en el mundo del cine empiezan forzosamente por la de Tony Curtis, el inolvidable actor de Con faldas y a lo loco y otras grandes películas de la misma década, y siguen por su prolífico colega Harold Gould, y continúan con el director Irvin Kerschner, responsable de importantes y taquilleros títulos en el Hollywood de los setenta. Pero tanto o más celebrados que los filmes de Curtis en Occidente eran los que coetáneamente dirigía en la URSS Vladímir Motyl, fallecido el pasado mes de febrero.

Si nos adentramos por las veredas del arte, a lo largo de 2010 hicieron mutis por el foro el reputado violinista y director de orquesta ruso Rudolf Barshai y, en sus antípodas, el músico, poeta underground y militante anarquista norteamericano Tuli Kupferberg. Y el escritor argentino David Lagmanovich, maestro del microrrelato; y su colega holandés Harry Mulisch, uno de los tres autores más importantes de los Países Bajos durante la segunda mitad del siglo XX; y el novelista marroquí en lengua francesa Edmond Amran el Maleh; y el relevante pintor expresionista estadounidense Jack Levine.

Sin desdeñar al longevo campeón ajedrecista húngaro Avidor Lilienthal, o al gran economista austriaco Kurt W. Rothschild, es tal vez en el campo de las ciencias donde las pérdidas son más numerosas: el físico y astrofísico norteamericano Gerson Goldhaber, descubridor de la energía oscura; su colega y compatriota Samuel Cohen, creador en 1958 de la bomba de neutrones; el físico francés Georges Charpak, premio Nobel del ramo en 1992; el también francés y matemático Benoît Mandelbrot; el antropólogo molecular estadounidense Morris Goodman, el primero que formuló el parentesco biológico entre humanos y grandes simios…

Y bien, aparte de haber fallecido durante el último año, ¿qué tienen en común estas dos docenas de personajes cuya relevancia se debe a motivos tan dispares? ¿Por qué me ha parecido justificado alinearlos uno detrás de otro? Pues porque todos ellos eran judíos. Franceses, norteamericanos, rusos, alemanes, húngaros, marroquíes, británicos o argentinos, pero judíos. De izquierdas, de derechas, apolíticos, religiosos, agnósticos o ateos, pero judíos. Con trayectorias personales o familiares muy a menudo marcadas (emigraciones, exilios, cambios de apellido…) por esa condición judía.

No, no es que 2010 haya sido especialmente mortífero para los judíos a escala mundial; de hecho, una lista semejante a la que he pergeñado en las líneas anteriores podría confeccionarse cada año, y es probable que esté elaborada. De otra parte, y por fortuna, las noticias de carácter económico, literario, científico o político con protagonistas judíos no aparecen solo en la sección de necrológicas. Sin salir de este diario, a lo largo de los últimos meses hemos podido leer acerca de las visitas a Madrid del premio Nobel de Economía en 2007, Eric Maskin, y de la escritora mexicana Sabina Berman, y del escritor alemán Edgar Hilsenrath. Y supimos de la aparición de la última novela de Philip Roth, Nemesis, y de un nuevo libro del argentino Marcos Birmajer, y de la llegada al liderazgo de los laboristas británicos del joven Ed Miliband, y de las rarezas del hirsuto matemático ruso Grigori Perelman. Y, por supuesto, se ha seguido hablando de los clásicos: la reedición de las memorias de Harpo Marx, la aparición de inéditos de Vasili Grossman, de Primo Levi… Otra vez, todos judíos.

Considerando que, en nuestro planeta de casi 6.800 millones de habitantes, los judíos suman menos de 14 millones de individuos, el relieve que miembros de este grupo humano -ya se le defina como nacional, socio-cultural, religioso, étnico o lo que fuere- mantienen desde hace dos siglos en los terrenos de la política, la economía, la ciencia, la creación artística y literaria, etcétera, no puede calificarse más que de asombroso. Que, siendo los judíos apenas el 0,2% de la humanidad, acumulen desde 1901 unos 170 premios Nobel en todas las categorías (un 29% de los concedidos), eso no puede ser fruto más que de una vasta conspiración.

Una conspiración, sí. Un complot que comenzó cuando la Revolución Francesa derribó las puertas de los guetos europeos, liberando así las cantidades ingentes de talento, de creatividad, de energía, de capacidad de estudio que 50 generaciones de judíos habían acumulado durante más de mil años de opresión, discriminaciones y restricciones. La riada subsiguiente inundó al mundo occidental durante las dos centurias siguientes, de Marx a Disraeli, de los Rothschild a Trotski, de Freud a Elias Canetti, de Harold Pinter a Einstein. Y todo induce a pensar que, en estos albores del tercer milenio, el desembalse todavía no ha terminado.

Así las cosas, ante la evidencia de que nuestra civilización (la literatura que leemos, el cine y la televisión que vemos, la ciencia que nos asombra, la medicina que nos cura, la tecnología que nos cambia la vida, el arte que nos deslumbra…) serían infinitamente más pobres sin las aportaciones de miles de talentos judíos, resulta tan sorprendente como inquietante la persistencia en España de ancestrales prejuicios antisemitas. Según distintas encuestas realizadas de 2008 a 2010, entre un máximo del 46% y un mínimo del 34,6% de los españoles tienen una opinión desfavorable acerca de los judíos, y la mitad de nuestros escolares no quisieran tener como compañero de clase a un niño judío, aunque admiten que tampoco sabrían cómo reconocerlo, ahora que la teoría según la cual los judíos poseen cuernos y rabo ya ha perdido vigor.

Frente a estos datos, que nos sitúan a la cabeza del triste ranking del antisemitismo europeo siendo así que tenemos una de las comunidades judías más pequeñas y poco visibles de Occidente, uno se pregunta qué es lo que, de los judíos, desagrada tanto a entre un tercio y la mitad de los españoles. ¿Discrepan de la teoría de la relatividad? ¿Les enfurece el psicoanálisis? ¿Abominan de los filmes de Woody Allen? ¿Les da dolor de cabeza la música de Leonard Cohen? ¿Les disgusta esa creación de Mark Zuckerberg llamada Facebook? ¿Rechazarían pasar una velada en compañía de Natalie Portman, o de Rachel Weisz, o de Adrien Brody? Porque si resultase que recelan de los judíos a causa de la política de Israel, la réplica sería bien simple: nadie en su sano juicio se declara italianófobo o antirruso por hostilidad hacia la gestión de Silvio Berlusconi o de Vladímir Putin. A mayor abundamiento, la mayoría de los judíos no son ciudadanos de Israel, e incluso entre estos últimos son numerosos quienes divergen de las actuaciones de su Gobierno.

De todo lo cual no debe deducirse que los judíos constituyan, junto a querubines, serafines y demás espíritus alados, un orden angélico. Bastará recordar a Henry Kissinger con todo su Premio Nobel, o a Jack Abramoff -el superlobbista corrupto de la era Bush- o al estafador Bernard Madoff. Lo dejó dicho uno de ellos, el inmenso Billy Wilder, y el axioma vale lo mismo para personas que para colectivos: “nadie es perfecto”.

Joan B. Culla i Clarà es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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