Revelan el primer borrador de la carta de Hitler sobre el Holocausto

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíos

Jueves 09 de junio de 2011 | 10:07  (actualizado a las 10:05)

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíosFoto: AP

 

 

NUEVA YORK.- La firma al final de una carta escrita a máquina en páginas que se tornaron amarillentas después de un siglo es inconfundible: Adolfo Hitler, con las últimas letras arrastradas hacia abajo.

La carta está fechada en 1919, décadas antes de la Shoá (el Holocausto). En ella, el entonces soldado alemán de 30 años nacido en Austria plasmó lo que parecen ser sus primeros comentarios sobre la aniquilación de los judíos.

Fue escrita con una máquina de escribir del ejército alemán y ha sido conocida desde hace mucho por especialistas. Es considerada relevante porque demuestra desde cuándo estaba creando sus ideas antisemitas.

El documento fue presentado anteayer por el fundador de una organización judía de derechos humanos que compró el documento original el mes pasado.

Hitler “estableció el estándar de oro para la inhumanidad del hombre hacia el hombre”, dijo el rabino Marvin Hier del Centro Simon Wiesenthal, nombrado en honor a un cazador de nazis.

Hace tres semanas la organización con sede en Los Angeles compró el original por 150.000 dólares de un corredor de antigüedades en California. Antes, la carta había pertenecido a un corredor en Kansas que la adquirió del soldado estadounidense William F. Ziegler.

Al parecer, Ziegler encontró las cuatro páginas escritas a máquina en un archivo nazi cerca de Nüremberg, en Alemania, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

“El peligro que representa el judaísmo para nuestro pueblo se expresa en la innegable aversión de grandes secciones de nuestro pueblo”, escribió Hitler en alemán. “La causa de esta aversión surge principalmente del contacto personal y de la impresión personal que dejan los judíos como individuos, que casi siempre es desfavorable”, asegura el genocida en el escrito.

En otro pasaje de la misiva, Hitler dice que un gobierno poderoso podría manejar la “amenaza judía” al negar sus derechos, pero que “su meta final debe ser la remoción inquebrantable de todos los judíos”.

 

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíosFoto: AP
 

 

Al momento de escribir la carta, Hitler rendía servicio en el ejército alemán y había agitado a las tropas con sus discursos antisemitas. Un superior le pidió que escribiera sus ideas.

El documento, conocido como la carta Gemlich, fue certificado como auténtico en 1988 por el experto en caligrafía Charles Hamilton, que reveló que los “Diarios de Hitler” eran falsos.

Adolf Gemlich creaba propaganda para el ejército alemán y Hitler le escribió la carta tras una sugerencia del capitán Ulrich Mayr, para ayudar a popularizar la idea de que había responsables por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

Hitler se despide “con la más profunda estima”.

El centro planea exhibir la carta en su Museo de la Tolerancia en Los Angeles. “Es un documento fundamental que le pertenece a las generaciones futuras”, advirtió Hier.

Agencias AP y EFE

 

http://www.lanacion.com.ar/1380150-revelan-el-primer-borrador-de-la-carta-de-hitler-sobre-el-holocausto

Historia de un libro infame

Historia de un libro infame

En 1923 se redactó «Mein Kampf», el catálogo de odios personales de Hitler. El título, sin embargo, fue un «best seller» y convirtió a su autor en un hombre rico. Anagrama publica la historia que Antoine Vitkine ha escrito de este libro detestable.

El rastro político. En la década de los años treinta muchos políticos y periodistas se preguntaban si las ideas de este libro (primera página a la derecha) constituían un ideario político real o no. Muchos optaron por creer las falsas promesas de paz de s

7 Marzo 11 – Madrid – J. Ors

El historiador Olaf Simons descubrió con inquietud que la actitud de su abuela no había sido una excepción. En 1945, muchos hogares alemanes prefirieron esconder ese libro antes que destruirlo. Cuando las tropas aliadas entraron en el pueblo, ella «envolvió su ejemplar con papel aceitado» y lo enterró en el jardín. «¿Por qué no haberlo quemado simplemente en la chimenea? “Me dije que quizá fuera un objeto de valor”, respondió a su nieto».  Dos años después, esa misma anciana lo desentierra, cambia el papel que lo protege y lo vuelve a guardar. El peso de la conciencia por el horror del genocidio judío, o el de la culpabilidad por el desencadenamiento de la contienda que se abrió en1939, no resultaba suficientemente fuerte para que esa mujer renegara de él y lo rompiera, a pesar de que las ciudades de su país estaban reducidas a cenizas. En la posguerra, además, tenerlo en casa, o reconocer que se había leído, implicaba de manera directa que se conocían las intenciones genocidas del Tercer Reich. Sin embargo, la mayoría de la población prefirió olvidarlo en un rincón del sótano o el desván antes que entregarlo a las llamas.

Un ideario político

Es imposible deslindar el «Mein Kampf», uno de los libros más detestables que jamás se han escrito, de la memoria colectiva europea. Adolf Hitler expuso en sus páginas la doctrina y las ideas del nacionalsocialismo que después ejecutaría sin pudor ni dudas. El volumen, aunque cueste creerlo, fue un «best seller». Ese cabo sin ejército, ese pintor frustrado, el vagabundo resentido por la guerra que había perdido, escribió en 1923, en la cárcel-fortaleza de Landsberg, uno de los panfletos políticos más indignantes de la historia. El escritor Antoine Vitkine, en «Mein Kampf. Historia de un libro» (Anagrama) revela, sin embargo, que fue «uno de los libros políticos más comprados de todos los tiempos. Antes del ascenso de su autor al poder, en 1933, lo adquieren centenares de miles de personas». Asegura que «su difusión alcanza la colosal cifra de doce millones de ejemplares. Calificado de “biblia nazi”, ofrecido a todas las parejas que se casan, enseñado a los niños, promovido por medio de campañas publicitarias innovadoras, es impreso incluso en alfabeto braille».

Pero hay más. En los años treinta es traducido a más de veinte lenguas y se convierte en un «best seller» en el mundo entero. La historia de su éxito se prolonga más allá de la derrota nazi. «A partir de 1945 se vende en el extranjero por millones. Según la revista norteamericana “cabinet”, se habían vendido 20.000 ejemplares anuales en versión inglesa». En Francia sigue difundiéndose ahora y en ciertos países está entre los más vendidos: «En Turquía se agotaron 80.000 ejemplares en un año; en India es objeto de un entusiasmo sin precedentes; en Rusia, Indonesia, Egipto o Líbano su éxito es indiscutible». En 1999, el diario «The guardian» descubre que el libro figura entre las tres obras que más compraban los alemanes en «Amazon.com» (después de la denuncia, este sitio dejó de enviar el libro a direcciones alemanas). Pero tampoco es difícil conseguirlo. «En la librería alemana de Ibiza, centro de vacaciones muy apreciado por los alemanes, se venden todos los veranos  un número considerable de ejemplares de “Mein Kampf” en versión original». Hitler, que creía en «los protocolos de los sabios de Sión», convirtió sus postulados en una fuente de ingresos. A finales de 1932 había vendido 230.000 ejemplares. En enero de 1933, otros 13.000. «El  Führer ya es un hombre rico. Apenas necesita un sueldo, pues recibe el 10 por ciento del precio de venta y, a partir de 1933, el 15 por ciento». Según la documentación, «“Mein Kampf” habría reportado al Führer 15 millones de Reichsmarks, o sea, decenas de millones de euros actuales».

Una cuenta en Suiza

Un informe desclasificado de la CIA afirmaba que el editor del libro había abierto una cuenta para Hitler «en un banco de Ginebra, el UBS, y que millones de marcos dormían allí tras la finalización de la guerra…». Por eso, el filósofo y filólogo Victor Klemperer aporta una lúcida reflexión que recoge Vitkine: «Cómo fue posible difundir este libro en la opinión pública y cómo, pese a ello, fue posible el reinado de Hitler, puesto que la biblia del nacionalsocialismo ya estaba en circulación varios años antes de la toma de poder: éste será siempre para mí el mayor misterio del Tercer Reich». Vitkine repasa la recepción de este libro en Francia, Inglaterra y Estados Unidos en los años siguientes a que saliera a la venta. Sobre todo se centra en la disputa, por derechos de autor, que el sello que publica a Hitler en Alemania mantiene con un editor francés de tendencias políticas fascistas. El dictador alemán ganaría la demanda en contra del francés: «En materia de propiedad literaria, los alemanes tienen en Francia los mismos derechos que los nacionales». Una ironía de la Justicia de un país que enseguida sería invadido por ese mismo demandante y con el ideario contenido en ese volumen. «Una derrota en nombre de las normas ordinarias de la civilización y a causa de ellas. Una derrota jurídica que anuncia las derrotas políticas y militares futuras. Al presentar su demanda ante el tribunal, Hitler muestra una vez más hasta qué punto sabe volver contra sí mismas las armas de las democracias. Lo mismo ocurre con la naturaleza particular, única, de la empresa hitleriana: un mal resultado de la propia democracia». Este capítulo es importante porque desvela cómo el  «Mein Kampf»  se recibió en Francia, nación que en esos años jamás dispuso, lamentablemente, de una traducción fidedigna para que se cerciorara de la amenaza que suponía ese líder político. La mayoría subestimó el libro, otros, aferrados a las promesas de paz de Hitler, lo despreciaron; y, la extrema derecha, se aferró a su mensaje antisemita, pasando por alto las advertencias que incluía contra Francia.

Una pregunta queda suspendida: ¿Los lectores de este libro habían podido percibir el extermino de los judíos? No hacía falta leerlo. Vitkine recoge el discurso que Hitler pronunció el 30 de enero de 1939 y en el que advierte de lo que supondría una guerra en el viejo continente: «La aniquilación de la raza judía en Europa». Los socialista alemanes ya conocían este plan, y, en 1940, la prensa alemana anuncia que «el distrito de Dantzig-Prusia Oriental es el primero en no tener judíos en su territorio». En el «Mein kampf»  abundan los pasajes que se refieren a esta locura de su autor. Pero «la reacción será la indiferencia».

El detalle: ECO EN EL MUNDO ÁRABE

El «Mein Kampf» tiene aún hoy eco en el mundo islámico, según Antoine Vitkine. El libro de Hitler, aburrido y repetitivo, que tuvieron que corregir y depurar varios colegas suyos, contiene frases aborrecibles, como esta: «El judío sigue su camino, ese camino que lo conduce a penetrar disimuladamente en los pueblos y vaciarlos de su sustancia; y combate con sus armas, que son la mentira y la calumnia, el envenenamiento y la descomposición, que acentúan la lucha hasta el exterminio cruento del adversario detestado». El conflicto con Israel es el motivo del  éxito del libro en los países musulmanes. En 2005 se vendieron 80.000 ejemplares en Turquía. Para el autor, «El “Mein Kampf” se nutre tanto del antisemitismo como de los magmas ideológicos que se crean en el terreno de las tensiones políticas y la incultura». Vitkine incluye el testimonio de un egipcio que intenta explicar este hecho: «Permite saber cómo piensan los sionistas. Eso no tiene nada de malo». El veneno de Hitler parece que todavía está activo.

Fuente: LA RAZÓN Madrid 7 Marzo 11

El Holocausto en persa

Campaña israelí en idioma persa

Alegando que el Holocausto es un “mito”, es imprescindible elevar voces claras y conceptos fundamentados en hechos y procesos verídicos.
El 27 de enero, en el día mundial de Recordación del Holocausto, el Museo del Holocausto de Jerusalén anunció el lanzamiento de una importante campaña de lucha contra la negación de la tragedia judía que será transmitida en idioma persa. Yad Vashem ya cuenta con un sitio cibernético en persa desde hace varios años que goza de gran popularidad y el nuevo canal se sumará a las señales de Yad Vashem en hebreo, inglés, árabe y español.

La iniciativa es una clara respuesta a las reiteradas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, poniendo en duda el alcance del exterminio nazi llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, negando que dejó un saldo de seis millones de judíos muertos e insistiendo que el Holocausto era “exagerado” por el movimiento sionista y por Israel para justificar el “robo” de los territorios palestinos. El tema no es sólo lo que declaman los líderes persas: por ejemplo, recordemos con sorpresa y dolor que recientemente se informó que el Reino Unido borró al Holocausto de su programa de estudios porque “ofendió” a la población musulmana que afirma que nunca ocurrió. Y esto ocurre después que las expresiones antiisraelíes y antisionistas de Ahmadinejad tuvieron mucho eco en Europa, que se manifestó profundamente preocupada por el contenido y por el tono de ellas.
Para Europa, deslegitimar al Holocausto es negar la moralidad europea. Pero los ingleses prefieren convivir con los millones de musulmanes que habitan en las islas británicas.
¿Quién más seguirá el “ejemplo” británico?

Antecedentes
Desde el establecimiento del Estado de Israel, sus problemas regionales, tanto existenciales como estratégicos, estuvieron siempre íntimamente ligados a las actitudes de los países vecinos. En los últimos años se sumó a esos países árabes la República Islámica de Irán, país con el cual Israel no comparte fronteras comunes.
Todo hace que la hora aparenta propicia para expandir y fortalecer la hegemonía regional iraní. Debemos recordar que la diplomacia iraní es muy experimentada, goza de una tradición centenaria y ha acumulado una sofisticada habilidad profesional que aplica con amplia inteligencia.
Desde la elección de Ahmadinejad como Presidente de Irán, este país expandió su influencia regional habiendo incrementado notablemente su ingerencia en el Medio Oriente después de haberse afirmado, inicialmente, como fuerza dominante en el Golfo Pérsico.
¿Cómo llegó a esta situación? ¿También el Golfo Pérsico y también el Medio Oriente?
Podemos señalar cuatro tipos de razones:
* el afianzamiento de los sectores radicales en la conducción de Irán;
* el alza de los precios del petróleo;
* los planes de energía nuclear que gozan de fuerte consenso en la opinión pública iraní;
* la serie de erróneas o fracasadas medidas de la administración americana: los EEUU vencieron al Talibán en el 2002 y derrocaron a Sadam Hussein en Irak en el 2003, los dos acérrimos enemigos del país persa; las complicaciones de los EEUU en Afganistán contribuyeron a que Irán se afianzara como “potencia” regional con aspiraciones internacionales.
¿Es factible un bloque shiíta en el corazón del Medio Oriente? La aspiración de un eje shiíta conducido por Irán hoy se ve reflejada en Líbano, por el Hizbollah; en Gaza, por el Hamás; en Irak, donde la composición del gobierno, con apoyo americano, tienen mayoría shiíta por primera vez en la historia; en Siria, país árabe que se considera asimismo país laico, pero que cuenta con un importante apoyo económico de Irán a su vez país shiíta y religioso; sumemos el 70% de Bahrein, el 60% de Kuwait, parte de Yemen, etc.
De aquí que existe una profunda preocupación entre los dirigentes de los distintos países árabes, casi todos sunitas, que temen que en definitiva Irán logrará hacer caer en sus redes a la mayor parte de la región.
Las opiniones en Washington se contraponen en cuanto a la interpretación de las actitudes iraníes, disienten en cuanto a la magnitud de la amenaza, resultan contradictorias en cuanto a las apreciaciones del tiempo aún disponible, son indecisas en cuanto a las medidas adecuadas conducentes a evitar que Irán llegue a tener armamento nuclear. Esta discusión apasiona dentro de la Administración, como así también dentro de los partidos, agita a la opinión pública, cautiva al análisis académico. Los norteamericanos toman en cuenta también, que si se utilizarían medidas de fuerza militares, inmediatamente habría reacciones terroristas

en todo el mundo y se afectaría aún más la opinión pública árabe en contra de los EEUU.
Paralelamente, Irán continúa firme en sus proyectos y en sus declaraciones y en sus avances. 

La negación del Estado de Israel
En este contexto encontraremos la razón por la cual Irán enarboló la bandera de la destrucción de Israel al triunfar la revolución islámica en 1979. Este es un eslabón importante en la lucha del Islam contra Occidente, etapa importante en el afianzamiento de la hegemonía regional shiíta sobre la mayoría árabe sunita.
Para ellos no existe justificación alguna, ni moral ni histórica, para las reclamaciones de soberanía de los Judíos o de los Sionistas. La presencia de Israel es señalada como una cuña de la cultura occidental insertada en el corazón del mundo islámico para dificultar su expansión.
Desde el ascenso de Mahmud Ahmadinejad al poder, el 3 de Agosto de 2005, el mundo escucha sus repetidas declaraciones en cuanto a la negación del Holocausto como hecho histórico. La diferencia con sus antecesores reside en la frecuencia y no en el contenido de esas declaraciones. Se agrava, al salir de boca de la máxima autoridad política de la nación persa.
¿A qué se debe esta insistencia en el tema? ¿Por qué el Holocausto preocupa tanto al Islam iraní?

Deslegitimación

El objetivo es claro: anular la base ideológica del Sionismo, negación destinada a probar que “los judíos no tienen necesidad de modificar su propia historia, y deben dejar de presentarse como merecedores de lástima” (Khamenei, abril 2001).

Religiones no necesitan Estados

Los iraníes repiten a menudo que su desprecio hacia Israel no tiene bases antisemitas, no es contra los judíos. Lo demuestran señalando que los aproximadamente 20 mil judíos que residen en Irán son la mayor comunidad judía del Medio Oriente, fuera de Israel.
Pero insisten que el judaísmo es sólo una religión y las religiones como tales no tienen ni necesitan estados soberanos.

Agresividad Occidental
Según ellos, el sionismo es la última etapa de la agresividad occidental contra el Islam. El desarrollo comienza con la Primera Guerra Mundial que provocó la caída del Imperio Islámico Otomano (1917), continuó con la declaración Balfour y concluyó con la idea de establecer un estado judío (1948). Por si faltaran pruebas, la votación conjunta de los EEUU y Unión Soviética en pro del nuevo estado judío es la confirmación de dicha conjura occidental.

Sionismo Culpable
El sionismo es presentado como el apoyo fundamental a la globalización que atenta a la cultura y a la coherencia social islámica. El sionismo es el culpable y el brazo activo de la usurpación del territorio palestino. “El carácter racista y genocida del sionismo es la razón que lo conducirá a su propia destrucción”. De esta manera, desde el punto de vista ideológico está prohibido hacer la paz con los sionistas: “no se puede hacer paz con la maldad absoluta…”.

Los palestinos como víctimas
El demonizar al sionismo los lleva también a enunciar que fueron los mismos judíos que incitaron a Occidente en la lucha contra los alemanes a fin de poder obtener su estado en Palestina. Por otra parte, sostienen que Ben Gurión colaboró con los alemanes en sus planes de exterminio de judíos, a fin de alentarlos a que se trasladaran a Palestina.
De esta manera, presentan a los palestinos como víctimas de la Segunda Guerra Mundial, de la que no participaron pero se ven obligados a cargar con sus consecuencias: por lo tanto, los judíos residentes de Israel deben regresar a sus países de origen y/o los países europeos los culpables del Holocausto y son ellos los que deben ofrecer solución de residencia a los judíos.
Tal vez olvida, tal vez desconoce Ahmadinejad, que la idea del retorno judío a su patria ancestral no es consecuencia del Holocausto. La aspiración al retorno y la reconstrucción existe desde que Tito destruyó el Templo de Jerusalén en el año 70 de la era común; el retorno fue implementado en 1882 con las primeras colonias agrícolas de judíos religiosos, se fortaleció con el surgimiento del sionismo en 1897, fue reconocido por la Declaración Balfour en 1917, la población judía de Palestina pasó de 60 mil en 1918 a 600 mil en 1945. El Holocausto fue el brutal y sangriento “impulso final” para el reconocimiento político de la comunidad internacional expresado el 29 de noviembre de 1947: la creación de dos Estados, uno judío y otro árabe, en Palestina.
La Declaración de Independencia del Estado de Israel de 1948 basa su legitimidad en el derecho natural de los Pueblos a expresar territorialmente su soberanía y en el reconocimiento del concierto de Naciones.

Auschwitz nunca fue liberado

Jueves, 27 de enero de 2005

Por Jack Fuchs*

Birkenau

Para la narración de la historia –los historiadores usan aquí mayúsculas que evito– sesenta años es nada más que un parpadeo del tiempo, para un hombre es casi todo su tiempo. De modo que un hombre, aunque sólo sea por una mínima razón de perspectiva, no habla como historiador o como filósofo, por más que el filósofo o el historiador no sean más que un hombre. Hace sesenta años que la historiografía, y casi la entera totalidad de la literatura que se ocupó de pensar el campo de concentración como objeto, viene diciendo que el 27 de enero de 1945 Auschwitz fue liberado. Yo mismo usé esa terminología. Pero liberar supone una acción voluntaria, una decisión política, militar, una forma de intervención específica y concreta. Y no fue eso lo que ocurrió en Auschwitz. Auschwitz, del ’41 al ’45 fue ignorado por los aliados. Los campeones de la libertad, de la democracia y el progreso humano, los líderes del antinazismo estaban ocupados en asuntos de más vasto alcance: se trataba de ganar la guerra. De conquistar hegemonía política, económica y militar en ese escenario europeo devastado por la misma lógica de la guerra. Y en la guerra, como se sabe, las personas no cuentan, no tienen valor.
Los aviones aliados sobrevolaron los campos desde 1944: jamás bombardearon una sola cámara de gas, los hornos crematorios jamás fueron concebidos como objetivos militares de guerra. Bombardearon Munich, pero no bombardearon Dachau, que está al lado, o Slesia, un verdadero objetivo militar porque allí se concentraba parte de la industria alemana de guerra, pero no bombardearon Auschwitz, a muy pocos kilómetros de distancia.
Habría que decir: hace sesenta años que Auschwitz no fue liberado. Hace sesenta años que el Ejército Rojo encontró huellas de las víctimas, barracas vacías, montañas de zapatos, de pelo humano, de anteojos, de juguetes que habían estado en manos de los niños, cadáveres sin enterrar. El general soviético Petrenko cuenta en sus memorias (Antes y después de Auschwitz) que él “liberó” el campo, pero reconoce que hasta un día antes, hasta el 26 de enero, no tenía información acerca de su existencia y que, en realidad, se dirigía a localidades cercanas cumpliendo el plan de reconquistar zonas ocupadas. Sin embargo, durante 1941 las primeras víctimas del gas en Auschwitz fueron oficiales y soldados del Ejército Rojo, fue con prisioneros soviéticos con quienes se puso a prueba el funcionamiento maquinal de las cámaras y la incineración en los crematorios. De modo que el ejército de la revolución proletaria sabía muy bien qué era Auschwitz. ¿Cómo podía pasar inadvertido que desde el otoño de 1941 hasta noviembre del ‘44 Auschwitz había producido un millón seiscientas mil víctimas? ¿Cómo se pudo mantener ocultos los trenes con carga humana, que salían de París, de Roma, de Budapest, de Praga, de Berlín, de Viena, de Amsterdam y llegaban por la mañana con miles de personas vivas que unas horas después, más bien durante la noche, quedaban convertidas en ceniza? No, no fue ningún secreto. No podía serlo. Porque los grandes movimientos de transporte, la enorme energía desplegada en esa máquina de muerte era enteramente visible.
Los gobiernos aliados sabían muy bien lo que pasaba. Lo mismo en el frente inglés-americano que en el frente soviético. Los ingleses se atribuyen haber “liberado” Bergen Belsen y los norteamericanos, Dachau. Pero tampoco fue así. Los ingleses y los americanos encontraron los campos. Antes de que el ejército soviético llegara a Auschwitz, los alemanes habían huido llevándose con ellos a los prisioneros en lo que se conoce como la Marcha de la Muerte, camino de Alemania. El comandante de Auschwitz, Rudolph Hoss, fue apresado en Alemania, enviado a Polonia, juzgado y colgado frente a una de las barracas de Auschwitz en 1947.
En el ’45 yo estaba en Dachau, providencialmente me habían llevado ahí desde Auschwitz, y ningún soldado americano vino a rescatarme, los alemanes nos metieron en un tren que después abandonaron a mitad de camino; literalmente, a mí me encontraron en el cobertizo de una casa de campo en Baviera. Cuando terminó la guerra me gustaba decir que los aliados me habían liberado de Dachau. La juventud es más épica. Tardé años en comprender que no había sido así. No hubo ninguna intención de terminar con los campos. Los sobrevivientes fuimos encontrados en la ruta de los distintos ejércitos, mientras cumplían el único objetivo que se habían propuesto: derrotar a Alemania. La prioridad, la única finalidad, diría, fue la de derrotar al nazismo, y nunca la de rescatar a las víctimas. Los aliados permitieron que durante toda la guerra la matanza se ejecutara sin obstáculos.
Hoy, escribo esta nota y me es difícil retroceder en el tiempo y verme en el planeta Auschwitz (digo planeta irónicamente, para evocar la idea de que la tierra, los hombres, no podrían dar forma a una máquina semejante de muerte, pero sin embargo fue en la tierra y son los hombres), donde los SS eran dioses siniestros que decidían sobre la vida y la muerte a cada momento.
Henry Ibsen dijo que la mayoría no siempre tiene razón. Las Naciones Unidas, todas las organizaciones que preparan actos para la ocasión, la mayor parte de la prensa mundial hablan en estos días de la “Liberación” de Auschwitz, para mí se trata de una ironía de mal gusto, no puedo pensarlo de otro modo, quizá se trata sólo de una imprecisión en el lenguaje, quizá las cosas van más rápido que el lenguaje, pero no creo en esta interpretación, las palabras siguen hablando y a su modo dan cuenta siempre, fatalmente, de la verdad que ponen a cada momento en juego: las palabras y la verdad de lo que dicen y ensombrecen. Yo pregunto (me gustaría escribir como Zola: yo acuso, pero me reservo esa gravedad y ese entusiasmo ya un poco anacrónicos), ahora, 60 años más tarde, señores: ¿por qué los campos nunca fueron liberados? Y más, pregunto: ¿es la misma persona, soy el mismo, que hace 60 años, hasta unos meses antes, caminaba, si puede llamarse a eso caminar, entre los pabellones?
En la entrada de Auschwitz hay una placa escrita en 19 lenguas (hasta 1991 ese texto no figuraba ni en idish ni en hebreo), pretende dar testimonio universal de la tragedia, como cuando el turista se pasea por Le Marais, en París y lee “aquí vivió Victor Hugo”, el turista se detiene, se estremece, dice “Ah, la casa de Victor Hugo”, y después sigue, hay muchas otras cosas para ver, se hace tarde y quiere volver a su cuarto de hotel, sacarse los zapatos y tomar una ducha.

 

* Intelectual, pedagogo y escritor. Sobreviviente de Auschwitz.

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La extraordinaria metamorfosis del nieto del sobrino de Hitler

Traducción de Silvia Schnessel

el Lunes, 14 de febrero de 2011 a las 2:56

Se dice que la “verdad os hará libres”, pero cuando un intrépido periodista israelí intimida al Dr. Daniel Brown (el nombre ha sido cambiado) al hacerlo público hace cinco años, el resultado fue traumático. “Siempre había estado abierto respecto a mi identidad con mis familiares y amigos”, recuerda, “y nunca nadie me había dado menos apoyo y sido menos cálido. Pero este diario israelí  en concreto tergiversado su orden del día para mí. Yo no sabía que tenía la intención de publicar o hacer sensacionalismo con mi entrevista de la forma en que en última instancia lo hizo. La historia se publicó en la edición de fin de semana en papel, y durante todo el día el jueves y la víspera de Shabat los anuncios de la radio continuamente criticaron cada 15 minutos: el sobrino nieto de Hitler – aquí mismo en Israel – y Judío! Las repercusiones sacudieron a mi familia.”

Los hijos de Brown – inscritos en una moderna yeshivá Ortodoxa en Jerusalén – fueron escupidos por varios de sus compañeros de clase y se les llamó “nazis”. Un puñado de vecinos evitaban a Brown ostentosamente cuando se lo encontraban en la calle. Y en la sinagoga el Shabat después que la historia se ventilara, una serie de conocidos sociales que normalmente lo saludaban con un apretón de manos cordial se transformaron.

“¿Cómo puede ser que hijos de nazis vivan aquí en Israel y nadie lo sepa? ¡Imposible!”

“Para esta gente, que me conocía como judío durante 25 años, – de la noche a la mañana – me había vuelto un paria”, dice Brown. “Pensé que estaba compartiendo una valiosa lección con los demás: que el pasado se puede recrear y que una persona siempre tiene la oportunidad de cambiar, pero en realidad, fui yo quien enseñó la lección:. Algunas personas nunca te permitirán cambiar.” (No resulta sorprendente que Brown quisiera usar un seudónimo en este artículo.)

Sin embargo, aunque el incidente se convirtiera en una prueba de fuego para las variedades de la conducta humana, las respuestas no fueron uniformemente negativas. “En la misma sinagoga aquel Shabat, también fui el destinatario de un acto claramente simbólico de aceptación”, dice Brown. “Se me dio la primera aliá. Esto me dijo en términos inequívocos que la mayoría de los miembros de la sinagoga me veían como un completo Judío y un miembro aceptado de la comunidad. Lamentablemente, sin embargo, la decencia de la mayoría no anulaba la dura conducta de la minoría. Estábamos gravemente heridos por lo sucedido.

“Ahora entiendo por qué la mayoría de mis colegas ocultan su identidad”, dice Brown. “Muchos israelíes están incómodos con nuestra genealogía, no saben cómo reaccionar o qué hacer con nosotros.”

Tal vez por eso en un país todavía marcado por el Holocausto, un país cuya existencia todavía tiembla sobre los cimientos de las cenizas y los huesos de los Seis Millones de personas, muy pocos son conscientes de lo que me gusta llamar “El Movimiento de la Penitencia”: una subcultura de cientos de niños de nazis que han adoptado su propio pasado oscuro de la forma más extrema. No solamente se han alineado con el grupo de personas que sus padres trataron de aniquilar, sino que han desechado su identidad anterior y se convirtieron en miembros precisamente de ese grupo. La mayoría de ellos se han convertido de acuerdo a la ley judía, viven como Judíos ortodoxos y residen en Israel. Esto, creo, es uno de los últimos grandes capítulos inconfesados de la era post-Holocausto. Es una historia que habla de la búsqueda de la humanidad por el sentido en la vida, nuestra capacidad de bondad y de nuestro potencial para remodelar la identidad y el destino. Sin embargo, cuando me comunico con funcionarios del gobierno, los tribunales rabínicos y los mismos periodistas israelíes que preguntan acerca de este fenómeno, la mayoría parecen sorprendidos por mis preguntas. “¿Estás seguro?”, preguntan, unos soprendidos, otros escépticos. “Es una leyenda urbana”, insisten muchos. “¿Cómo puede ser que Hijos de Nazis vivan justo aquí en Israel y nadie sepa nada de ellos? ¡Imposible!”

Curiosamente, un número desproporcionado de conversos alemanes son distinguidos académicos – sobre todo, en el campo de estudios judaicos. El propio Brown ha seguido esta trayectoria y dirige el departamento de Estudios Judaicos en una de las principales universidades del país. En su compromiso con la literatura rabínica y talmúdica, a Brown se le une el Rabino Dr. Aharon Shear-Yashuv (antes conocido como Wolfgang Shmidt y uno de los pocos conversos que me otorga permiso para utilizar su nombre real), presidente de Estudios Judaicos en la Universidad de Bar- Ilan, y muchos otros entre ellos el presidente del departamento de Estudios Judaicos en una universidad del Sur de los Estados Unidos y profesor de literatura rabínica en una universidad de la Ivy League en los Estados Unidos. Pero es claramente Brown, quien posee los antecedentes más interesante de todos.

“El nombre de mi abuela era Erna Patra Hitler. Hans Hitler, su segundo marido – era el sobrino del Führer”.

“El nombre de mi abuela era Erna Patra Hitler”, dice Brown. (Después de la guerra, dejó caer la “t”, cambiando su nombre a ‘Hiler’) “Hans Hitler – su segundo marido -. era sobrino del Fuhrer, pero no se le parecía de ninguna manera perceptible. Era tierno y delicado. Pero lo que le faltaba a mi abuelastro en vitriolo estaba más que compensado por la fiereza de mi abuela que era una nazi convencida. Ella creyó en la ideología nazi antes, durante e incluso después de la guerra. Estaba orgullosa de que su suegro fuera hermano de Hitler, aunque se mantenía alejado de la política. En cambio, regentaba un café en Berlín, y como todo el mundo sabía que era hermano del Fuhrer, toda la elite nazi frecuentaba su establecimiento. Esto hizo que él y su familia – incluyendo a mis abuelos – nos convirtiéramos en la  “nobleza” local.

“Cuando [mis abuelos] nos visitaron, llegaron en un Mercedes negro, que entonces era una novedad y símbolo de  estatus. Fue todo un acontecimiento cuando el Mercedes llegó al barrio obrero donde vivíamos mi madre y yo.”

Brown nació en Frankfurt en 1952 de padres protestantes que habían servido ambos en la Wehrmacht. Su padre, un ferviente partidario del partido nazi, se divorció de su madre poco después de su nacimiento, y pronto desapareció de sus vidas. Brown fue criado por su madre, que se apresuró a ganarse la vida en la Alemania de posguerra. No recibió apoyo económico ni moral de Erna Hitler, a quien Brown describe como “indiferente al dolor y el sufrimiento de los demás.” Los años de la infancia de Brown estuvieron marcados por privaciones y dificultades, ya que su endeudada madre  luchaba para mantenerse a flote. Estaban en constante movimiento, pasando de un apartamento a otro, dejando a los propietarios frustrados cuando los obligaban a salir por falta de pago. Sin embargo, en un aspecto que tendría repercusiones profundas para su futuro, Brown fue afortunado. Su madre siempre le dijo la verdad.

Hoy en día, hay alemanes que se quejan de que están “hartos” de la “charla sin fin” sobre el Holocausto, pero en los años inmediatamente después de la guerra, sólo había silencio y la negación, explica Brown. “En la escuela, los profesores de historia enseñaban historia alemana sólo hasta la Primera Guerra Mundial, de conformidad con la legislación gubernamental”, dice. “El gobierno temía que si estos maestros tenían un pasado nazi o habían sido partidarios del régimen de Hitler, no serían objetivo en el aula de clases. Así que, en realidad, esta ley estaba cargada de buenas intenciones. Pero como resultado, en gran parte nos mantuvimos ignorantes de lo que había ocurrido sólo unos pocos años antes. Recuerdo haber tenido conversaciones con los compañeros que se negaban a creer en la rendición de cuentas de Alemania. Sus padres se habían pasado por alto los detalles o les habían mentido abiertamente. Pero mi madre no.”

En lugar de las mentiras elaboradas inventadas por los padres de sus amigos para ocultar la verdad, la madre de Brown mostró a su hijo su caché de documentos (que llevaban los sellos del Reich con esvásticas de acompañamiento), cartas y fotografías de miembros de la familia – incluyendo a sí misma – usando uniformes de la Wehrmacht, lo que testificaba su complicidad. Ella le dijo que había sido destinada en la ciudad polaca de Lodz, donde se colgaba Judíos en el centro de la ciudad. “Fue horrible”, su madre le dijo. “Tenía que pasar por el centro de la ciudad todos los días para ir de mi casa a la sede y regresar. Pero no soportaba ver a los Judíos colgados así, así que daba un largo rodeo por de la ciudad cada día para evitar esta terrible escena. Nunca me acostumbré a ella. “

Brown estaba horrorizado por el relato de su madre. Sintió que la sala se oscurecía al revolver la evidencia física de su pasado, pero el remordimiento genuino de su madre le proporcionó una pequeña dosis de comodidad. “Cuando le pregunté por qué obedecía las órdenes, ¿por qué ella no se resistió, sencillamente contestó, con profunda vergüenza, ‘tenía miedo’. Yo le creí “, dice Brown.

Aunque Brown trató de compartir las revelaciones de su madre con sus compañeros de escuela, no podían aceptarlas como verdad, le dijeron que se lo estaba inventando. “Así que traté de bloquearlo de mi mente”, dice Brown.

Yo no podía permanecer indiferente a lo que leía. Sé que mi encuentro con ello configuraba mi futuro, en gran medida.”

Pero cuando era un estudiante de secundaria su destino llegó a llamarlo de nuevo a través de una herencia de su abuelo biológico – primer marido de su abuela – que le había legado una caja de libros, entre ellos su copia personal de Mein Kampf. “Nunca había visto el infame libro de Hitler antes, y lo leí bien,” dice Brown. “Yo estaba absolutamente furioso por lo que él escribió. Escribía comentarios en los márgenes del libro, comentarios que contrarrestaban los alegatos de Hitler. Todavía tengo este libro en mi biblioteca, porque servía de catalizador importante en mi vida. Yo no podía permanecer indiferente a lo que leí. Sé que mi encuentro con él conforma mi futuro, en gran medida. “

El futuro de cada joven alemán en el período posterior a la Guerra incluía un periodo obligatorio en el ejército, pero en gran parte como resultado de su encuentro con el Holocausto, Brown se había convertido en un pacifista. “Se esperaba que me alistara en el ejército tan pronto como acabara la escuela secundaria, así que trataba de encontrar maneras de evadir esta obligación civil”, dice. “Me enteré de que los dos grupos que estaban exentos del servicio militar eran los clérigos y los estudiantes de la Iglesia Católica. Así que cuando optó por convertirme en estudiante de teología, originalmente fue por oportunismo, no por inquietudes espirituales. Pero un camino conduce a otro, y eso es precisamente lo que me pasó a mí.

“Los estudiantes de teología tienen que tomar varios cursos de Judaísmo y Hebreo, y quedé fascinado por lo que estaba aprendiendo”, dice Brown. “Al estudiar Judaísmo, más y más cosas me preocupaban sobre el cristianismo. Por ejemplo, el concepto de la Santísima Trinidad me molestaba mucho … cómo [podría] Dios ser tres? Otra cosa que no entendía era la idea de que un cristiano tiene que sufrir para ser redimido. El enfoque judío que manifiesta por Yom Kipur tenía mucho más sentido para mí.

“Las grandes diferencias teológicas entre Judaísmo y Cristianismo creaban un cisma dentro de mí, y yo estaba empezando a sentirme esquizofrénico”, continúa Brown. “En 1977, decidí ir a Israel para seguir mis estudios en la Universidad Hebrea, donde tomó clases … de literatura hebrea y filosofía judía. Me enamoré de Israel y alargué mi estancia de un año a dos.” En última instancia, Brown acabó estudiando en la Yeshivá Mercaz Harav.

Brown presta poca atención a mi hipótesis del “Movimiento de la Penitencia”  – que los hijos de los nazis se convierten al judaísmo como expiación – manteniiendo que él se convirtió por razones teológicas, no por la penitencia por los pecados de sus padres. “Tal vez hay razones psicológicas inconscientes que me llevaron al judaísmo”, admite, “pero como yo soy un pensador crítico y muy cerebral, en un nivel consciente, al menos, creo que he venido al judaísmo desde el lugar de la inteligencia pura. ” Él, sin embargo, hace esta concesión: “Yo creo que todo aquel que está dispuesto a dar este paso [conversión] debe tener una crisis de identidad muy profunda antes de la conversión en sí. No es capaz de volver a la identidad con la que nació. Yo comprendí… que no era feliz en el lugar donde nací, y tomé la decisión de ir a otro lugar.

“El hecho es que durante los años setenta y ochenta muchos jóvenes alemanes que querían desprenderse de la anterior generación, la generación que fue cómplice en el Holocausto, abandonó Alemania. Y el porcentaje de los conversos alemanes en Israel no es insignificante. Me convertí principalmente porque tenía una crítica teológica del cristianismo. ¿Es esto una racionalización que me di a mí mismo? Mi abuelo no tenía ninguna influencia educativa o cultural sobre mí, pero todavía me hace sentir horrible que éste sea el origen del que procedo. Se agudiza las cuestiones de identidad con las que estoy tan ocupado …. Mi identidad no se da por sentado. Es algo que continuamente debo enfrentar “.

Brown se convirtió al judaísmo en 1979, y se casó con otra alemana conversa que también es académica. Aunque los padres de su esposa en la corte de Stuttgart cortaran todo contacto con su hija, su propia madre (que murió hace siete años) lo aceptó como Judío y lo visitó varias veces en su casa de Israel. “Tal vez tenía miedo de que si ella no aceptaba mi conversión, perdería a su único hijo”, dice Brown. “Cualquiera que sea la razón, aceptó bienmi judaísmo. Asistió al Bar Mitzvah de mis tres hijos” y participó en nuestro Seder de Pesaj. Una vez incluso le sugirió que venir a vivir con nosotros en Jerusalén y no quedarse solo en Alemania, pero ella dijo: ‘No se planta un árbol viejo en un  luga nuevo.’ Pero hasta su muerte, estuvimos muy vinculados”.

“Me quedé de pie en los campos y pensé cómo los abuelos de todos mis amigos habían estado en el interior, mientras que mi abuelo había estado fuera.”

Brown es estrictamente halájico, identificándose con la Ortodoxia Centrista. Sin embargo, como converso Alemán, hay algunas áreas que le dan una pausa, como la participación en ceremonias de Día de la Shoá, emocionalmente es muy turbulento para él. “Normalmente me quedo en casa.” Brown y su esposa han trabajado duro para crear un hogar que sea cálido, cariñoso y de apoyo. “Yo quería asegurarme de que mis hijos tienen un camino, una dirección, un sistema de valores, no la disfunción confusa y compleja que yo mismo experimenté de niño”, dice. “Pero por más que he tratado de protegerlos de su legado esquizofrénico, hay cosas que no puedo controlar. Por ejemplo, cuando mi hijo Israel viajó a Polonia con su escuela hace varios años, su reacción fue completamente diferente a la de sus compañeros. Todo era raro “, me dijo ‘yo estaba en los campos y pensaba cómo los abuelos de todos mis amigos habían estado en el interior, mientras que mi abuelo había estado fuera. Mis compañeros llegaron a los campos con su pasado..; Yo solo vine a mirar. Estaba atrapado en el medio – me sentía fastidiado’.

“También me siento totalmente impotente cuando los compañeros de clase de mis hijos dicen cosas malas y perjudiciales para ellos – los comentarios se han acelerado desde que se publicó la entrevista en el periódico israelí por primera vez,” dice Brown. “El año pasado, por ejemplo, durante una ceremonia en Yom Hazikarón, varios estudiantes le susurraron a mi hijo menor que iban a darle una paliza porque era un nazi. Me negué a mandarlo a la escuela por una semana hasta que el director se encargó del problema “.

Brown ha tenido su ración de feo … “Siempre he tratado de ser abierto y honesto sobre mis raíces, yo nunca he ocultado mi experiencia como muchos conversos de origen nazi”, dice. “La mayoría de las veces, la gente acepta y es tolerante. De vez en cuando, sin embargo, alguien dice algo ofensivo. Recientemente, después de compartir algunos datos biográficos con los estudiantes de mi universidad, uno de ellos me dijo: “…Imagina! Tu abuelo podría haber convertido a mi abuela en jabón. “

Brown calcula que hay aproximadamente unos 300 conversos alemanes en Israel, pero la mayoría son reacios a la publicidad y permanecer recluidos constantemente. Sin embargo, como el Holocausto se aleja en la historia, un número cada vez mayor de estos conversos dan una paso adelante con sus historias. Recientes artículos de periódicos publicados en Canadá y Europa han detallado la extraordinaria metamorfosis de gente como Katrin Himmler, sobrina nieta del comandante de la SS Heinreich Himmler, que se casó con un israelí y Oskar Eder, un ex miembro de la Luftwaffe que cambió su nombre a Asher, se casó con un sobreviviente del Holocausto y en la actualidad trabaja en Israel como guía turístico.

Las sorprendentes trayectorias de estas personalidades, y gente muy parecida a ellos, demuestran a Brown el poderoso mensaje de que “nada es inmutable. El significado de mi historia, de las historias de mis colegas, es que las cosas pueden cambiar. Se puede cambiar el comportamiento, la ubicación, la fe. Ser y devenir es lo que hacemos todos los días.”

Reproducido con permiso de Judíos de Acción, la revista de la Unión Ortodoxa

El increíble Lawrence alemán

ARQUEOLOGÍA | Max von Oppenheim

El increíble Lawrence alemán

Max von Oppenheim, ante su museo personal de Berlín. (Fotos: AP / EL MUNDO)
      • Berlín expone la heroica restauración del tesoro de Tell Halaf
      • Las piezas son el legado de Max von Oppenheim, el judío que sedujo a Goering

      Rosalía Sánchez | Berlín

      Actualizado lunes 07/02/2011 13:19 horas

      En sus tres primeros días de apertura al público, la exposición ha recibido más de 10.000 visitas. No es para menos. Berlín recupera uno de los tesoros que le arrebataron las bombas y el espíritu Max von Openheim, al fin, descansa en paz. “Debería abrirse de inmediato un proceso de beatificación“, dice la primera anotación en el libro de visitas, en referencia a los restauradores del Museo Pérgamo de Berlín, que han conseguido recomponer las 250.000 piezas en las que habían sido desintegrados los tesoros del antiguo museo Tell Halaf, una colección de estatuas y diversos restos arqueológicos de hace 3.000 años, descubiertos en un palacio perdido de Siria por el arqueólogo alemán Max von Oppenheim en los años 20 y que quedaron totalmente destruidos por los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial.

      “Las monumentales estatuas de piedra y los relieves del palacio de Tell Halaf han podido ser restaurados contra todas las previsiones”, se felicitaba el director general de los Museos Nacionales, Michael Eissenhauer, al presentar el resultado de 10 años de trabajo que devuelven a Berlín la herencia de uno de sus más célebres aventureros, Max von Oppenheim (1860-1946), aristócrata, agente secreto y viajero que personifica el mundo ostentoso, inquieto e indomable de la Belle Epoque.

      Vástago de la familia del banquero judío Solomon, Oppenheim utilizó su considerable fortuna para viajar por el norte de Africa y el Cercano Oriente. Todavía se recuerdan las fiestas opulentas que organizaba en El Cairo, en las que se codeaba con la aristocracia local y a las que no se permitía faltar ninguna otra personalidad que viajase por la región, desde el magnate estadounidense Jacob Astor, después ahogado en el ‘Titanic’, hasta la escritora Agatha Christie, que se inspiró en él para su personaje de El Barón.

      Los nazis lo acosaron pero logró sobrevivir al convertirse en el marchante de antigüedades del lugarteniente de Hitler.

      Al igual que Heinrich Schliemann, el alemán que descubrió la antigua Troya, Oppenheim fue autodidacta. En 1886, el hechizo de oriente lo llevó a viajar a través un Marruecos todavía medieval, donde, disfrazado, se arriesgó a entrar en una mezquita de Fez a pesar de la amenaza de ser condenado a muerte si era descubierto. En sus diarios relata que compró una niña bereber en una subasta de esclavos y que le fue servida en escabeche la cabeza de un miembro del clan enemigo de turno en un remoto pueblo del desierto. Llegó hasta Irak y, en 1896 se trasladó a El Cairo, donde vivió en una villa rodeada de palmeras, junto a su jardinero, Soliman, y un imprescindible chef francés. A esas alturas hablaba árabe con fluidez y mantenía amistades con jeques árabes y príncipes drusos, por lo que el Kaiser Guillermo II lo contrató para trabajar en el consulado alemán en Egipto.

      Además de realizar sus funciones diplomáticas, recolectó 42.000 libros y desarrolló un trabajo pionero en la historia de los beduinos. En lugar de casarse, siguió la costumbre islámica de tomar ‘esposas temporales’, y tuvo una bien ganada reputación en asuntos de corta duración. En un bazar de El Cairo en 1908, tuvo la osadía de acercarse y conquistar a una mujer árabe, protagonista de las escenas más excitantes de sus memorias. Después, ella fue asesinada por su marido cuando éste descubrió el pastel.

      Su febril actividad ocultaba sus servicios como espía. Fundó la revista ‘El Yihad’ en 1914, en un esfuerzo para incitar a los árabes a librar una guerra santa contra los ocupantes británicos y franceses en el Oriente Medio, aunque su adversario, Lawrence de Arabia, a quien conocía personalmente, resultó mucho más hábil a la hora de fomentar revueltas.

      Su pasión, sin embargo, era la arqueología y no reparó en gastos en la excavación de su vida, Tell Halaf. En 1911, encabezó una expedición de 1.000 camellos cargados de 21 toneladas de equipo, incluidos los vagones y 800 metros de vía férrea para trasladar de vuelta los hallazgos. Con él viajaban 500 beduinos, un médico, personal de cocina, un fotógrafo y varios expertos cualificados. Había sido un invierno inusualmente duro en el norte de Mesopotamia, y el viento destapaba los cadáveres malolientes de numerosos animales de entre la arena. Oppenheim esperó pacientemente en una tienda cubierta de alfombras hasta que comenzaron a aparecer las esfinges de piedra, los leones y los paneles de oscuro basalto con relieves que una vez adornaron el Palacio de la Puesta de Sol de un misterioso Rey llamado Kapara, cuyos súbditos hablaban arameo, como Jesús, y que gobernó tras la desaparición del imperio Hitita. Desde 2006, un equipo de arqueólogos alemanes ha investigado de nuevo en la zona, constatando la existencia de una gran ciudadela y un palacio cuyas paredes superaban los 10 metros de altura junto a un afluente del Éufrates. La fuente de la riqueza de la ciudad eran, probablemente, los colmillos de los elefantes tallados de Mesopotamia.

      Compró una niña esclava para liberarla, vivió amores insólitos, espió para Alemania y dio fiestas increíbles.

      Oppenheim no contaba con toda esta información, pero más de una vez empuñó las armas para defender su tesoro de los saqueadores locales y obtuvo de Siria y la Sociedad de Naciones la legalización del traslado después de la Primera Guerra Mundial; nada le hubiera hecho más feliz que verlos expuestos en el Museo de Pérgamo de Berlín, pero la crisis financiera de los años 20 impidió que las autoridades financiaran el proyecto. De manera que Oppenheim decidió, nuevamente, poner el dinero de su bolsillo, a pesar de que su fortuna ya se había diluido a causa de la inflación, y malvivía en un apartamento de la avenida Kurfürstendamm.

      El escritor irlandés Samuel Beckett y el Rey Faisal de Irak viajaron hasta Berlín en julio de 1930 para asistir a la inauguración del museo privado que Oppenheim abrió en el barrio berlinés de Charlottenburg, en el que se exhibían las esfinges de basalto, de varias toneladas de peso, junto a los hipnotizantes hombres-pájaro-escorpión, que causaron sensación en la capital alemana. Estos misteriosos seres míticos de piedra habían sido enterrados en un lugar al que la Biblia se refiere como Gozán, aunque es más conocido como Guzana. Viajaron hasta Alepo en 13 vagones de ferrocarril y allí fueron cargados en camiones y barcos con destino a Alemania.

      Oppenheim personalmente le contó a Agatha Christie que el más sorprendente de sus hallazgos, la tumba de una figura femenina con el cabello trenzado y la nariz puntiaguda, se había convertido en “su Venus” particular. El 30 de enero de 1933, cuando Adolf Hitler alcanzó la Cancillería del Reich y sus seguidores marcharon a través de la Puerta de Brandenburgo en una procesión con antorchas, Oppenheim estaba sentado con el magnate de la prensa de Nueva York, Cornelius Vanderbilt, en un salón de baile cercano. Unos borrachos irrumpieron en el establecimiento y gritaron: “Fuera judios!”, un episodio que le afectó mucho y que dio inicio a un calvario personal.

      Sus conexiones en el mundo financiero y sus amigos en el Ministerio de Exteriores lo protegieron durante un tiempo, pero el nombre de su familia fue calificado como “una contaminación” de la nobleza alemana y Oppenheim llegó a desafiar a un duelo con pistolas a un nazi que osó insultarle (un tribunal de honor de Berlín evitó el encuentro). Para defender su legado, aceptó viajar por última vez a oriente en 1939, con el objetivo de comprar antigüedades para Herman Göring y llegó a defender en un discurso ante dignatarios nazis que sus estatuas podían ser atribuidas a la “cultura aria”.

      Fue en vano. En 1943, las bombas aliadas hicieron volar el edificio y causaron un incendio en el que fueron alcanzados los 900 grados centígrados del que fueron recatadas posteriormente decenas de miles de piezas, la mayoría no más grandes que un dedo pulgar y que pasaron la Guerra Fría almacenadas en un sótano.

      “Sería fantástico que los fragmentos de las distintas estatuas fueran recuperados, guardados en los museos estatales y quizás algún día reconstruidos”, escribió Oppenheim dos años antes de su muerte, en Munich, pero no fue hasta octubre de 2001 cuando un equipo de cuatro restauradores comenzaron a montar las piezas del enorme rompecabezas. En un primer paso, se extendieron los fragmentos sobre una superficie de 600 metros cuadrados. Durante los siguientes 9 años, los conservadores realizaron el trabajo meticuloso y desesperante de reunir las piezas que encajasen entre sí. Alrededor de 30 esculturas han sido reconstruidas. Los ídolos, algunos de los cuales constan de al menos 1.000 fragmentos, aparecen llenos de grietas y juntas pegadas con resina o yeso. Una gigantesca grua los ha descolgado por las ventanas del Museo hasta reunirlos en un mismo espacio y ha constatado que su peso, en conjunto, supera las 30 toneladas.

      El Louvre y el Museo Británico han expresado ya su interés en la exposición, aunque primero tendrán que determinar si sus estructuras son capaces de soportar tales pesos.

      La historia de Tell Halaf, sin embargo, no ha terminado todavía. Oppenheim perdió la orfebrería de oro hallada en las excavaciones, según algunas fuentes en sobornos para legalizar el traslado de las esculturas a Alemania, y se sabe que las joyas llegaron de alguna manera a Estambul. Hoy existen dudas sobre su ubicación exacta. Cuando los comisarios de la exposición del Pérgamo pidieron prestadas a Turquía las joyas, solo recibieron evasivas; es posible que los anillos de brillantes y broches fueran robados o perdidos por pura negligencia, pero Martin Lutz, el conservador jefe, prefiere no hacer comentarios al respecto.

      Matthias Sindelar, la dignidad primero

      Elegido ‘Futbolista Austríaco del Siglo XX’, su legado va mucho más lejos de la maravillosa selección que comandó: fue un canto a la dignidad.
      Por PABLO ARO GERALDES

      Austria quedaba más lejos de Uruguay en 1930 y, como otros países europeos, decidió no acudir al primer Campeonato Mundial. Sobran crónicas que lo señalan como el mejor fútbol de entonces. La Selección guiada por Hugo Meisl era llamada Wunderteam, el equipo maravilla. En su estilo fino y coordinado, comparado con una orquesta vienesa, se destacaba un largo y desgarbado violinista: Matthias Sindelar.
      Era tan flaco y alto que parecía quebrarse, su imagen débil le valió el apodo de Papierene, el hombre de papel. Pero su fragilidad no importaba cuando paseaba la pelota junto a su pie derecho.
      Había nacido el 8 de febrero de 1903 en Kozlov, una aldea morava que pertenecía al Imperio Austro-Húngaro. Único hijo varón entre tres hermanas, tuvo su mejor amigo en un balón que hacía correr por las calles de Viena, donde no pasó desapercibido… A los 15 años empezó a vestir la casaca del Herta y a los 20 ya era la figura del gran FK Austria, con el que ganó tres copas nacionales en los primeros tres años. En el club, ligado a la comunidad judía de Viena, conoció a su mujer, Camila Castagnola, hija de judíos italianos.
      En 1926 debutó en la Selección, donde empezó a deslumbrar a Europa. En 1931 fue el summum: Austria humilló a Escocia 5-0 en Glasgow. Para el Mundial de 1934, el Wunderteam era candidato al título mundial, pero tuvo un escollo mayor que la gran Selección Italiana en semifinales. Varios testigos aseguraron que el régimen fascista de Roma había amenazado a los árbitros, y el gol de Guaita fue el único que figuró en el score. Los dos de Sindelar no fueron cobrados por offsides. Mal sancionados, claro.
      Los sueños del equipo austríaco debían esperar cuatro años, hasta el Mundial Francia ‘38. Pero no pudo ser. En marzo de ese año, el III Reich invadió Austria y en abril hubo un referéndum entre la población: el 99,73 % de los austríacos estuvo de acuerdo con la anexión. Claro, en la papeleta se debía poner una cruz en un gran casillero que decía o en uno más pequeño el NO… ¿Manipulación? Eso no era nada, se debía votar delante de los oficiales de la SS y entregarles la boleta en la mano. Austria se convirtió en la provincia de Ostmark. Ya no era un país, no podía jugar el Mundial.
      Para Hitler, tal como pretendió hacerlo con los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, una victoria germana sería una gran propaganda para su delirio de la ‘raza superior’. Como los mejores futbolistas eran los austríacos, podía echar mano a ellos. Ahora, Alemania era la favorita para el Mundial. Pero Sindelar, de 35 años, alegó una lesión para no ponerse la camiseta con la cruz swastika ni hacer el repugnante saludo nazi.
      Antes de la copa, el Führer organizó un ‘amistoso’ para celebrar el Anschluß, la ‘unificación’: Alemania (con los mejores jugadores del Wunderteam) contra Austria. Sindelar se curó de golpe para vestir la casaca de su país, aun en condiciones desiguales. Sabía que si Austria ganaba ante los ojos de Hitler, estaría en problemas. Pero a veces el hombre prefiere ser leal a su corazón: el viejo Matthias jugó el mejor partido de su vida y marcó los dos goles ante la escuadra nazi.
      Lo ‘invitaron’ nuevamente a jugar el Mundial para Alemania, pero se negó. Entró a las listas negras. Nausch, el capitán de Austria, logró huir a Suiza junto a su esposa judía. Sindelar y su mujer no pudieron. Ya no lo dejaron jugar, tampoco andar por la calle… Los nazis ofrecieron recompensa a quien los delatara. Tuvieron que esconderse. La persecución se hizo feroz, insoportable. Los judíos encarcelados eran llevados a campos de concentración; el futuro era negro.
      Todo se hubiera ‘resuelto’ poniéndose la camiseta alemana, pero el deseo de ser digno fue más fuerte. El holocausto estaba por comenzar, pero él no lo iba a conocer. Era 23 de enero de 1939; sabía que girando la llave del gas no podía impedir el tremendo horror que se venía. Pero ya no iban a sufrir. Cuando la policía nazi encontró los dos cuerpos, prohibió todo tipo de manifestaciones: 40 mil vieneses desafiaron al terror y acompañaron a Sindelar y a Camila hasta el cementerio. El correo colapsó ante los miles de telegramas de condolencia que llegaron desde toda Europa.
      Como pudo, de un modo triste y sin retorno, el mejor jugador del mundo le hizo una gambeta al horror y a la locura de Hitler.

      Hitler y los alemanes

      La reconciliación de una nación con un pasado oscuro y doloroso

      Juan Manuel Palacio Para LA NACION Viernes 21 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa

      El autor es historiador, investigador del Conicet y profesor en la Universidad Nacional de San Martín

      Desde el 15 de octubre y hasta el 27 de febrero próximo puede verse en la ciudad de Berlín la exposición que lleva el título de este artículo (Hitler und die deutschen). Situada en el subsuelo del imponente palacio que alberga el Museo de Historia de Alemania, en la avenida Unter den Linden, la exposición tiene como propósito mostrar, a través de documentos de la época, diarios, fotos y videos, así como objetos diversos de la vida cotidiana (uniformes, souvenirs, artículos de consumo), “la interrelación entre el poder carismático de Hitler y las expectativas y comportamientos del pueblo” alemán o -como explica en otro pasaje el folleto que acompaña la muestra- “las condiciones políticas y sociales y las sensibilidades mentales del pueblo alemán” de entonces, que explican el fenómeno del nazismo.

      Organizada cronológicamente, la muestra abarca desde la construcción del liderazgo de Hitler dentro del nacionalsocialismo en los años veinte, hasta su caída, en1945, y destaca algunos temas como la construcción de la “comunidad nacional” luego de la toma del poder en 1933, la vida durante los años de la guerra y la sociedad frente a la segregación racial y la campaña de exterminio.

      El argumento central de la exhibición sostiene dos tesis centrales, que son repetidas una y otra vez en los textos que acompañan cada conjunto de objetos o fotografías. La primera es que Hitler no era una persona con cualidades personales demasiado excepcionales, una especie de genio o líder innato que encandiló al pueblo alemán gracias a esas virtudes, sino un “emergente” de ese pueblo, que tuvo la habilidad de aglutinar y poner tras de sí voluntades, ideas, expectativas, pero también prejuicios y frustraciones prevalecientes en grandes sectores de la sociedad alemana de entonces. La segunda tesis es que tanto el ascenso de Hitler al poder, como su permanencia en él y el éxito de sus políticas (desde sus campañas militares hasta su campaña antisemita y de limpieza étnica) no hubieran sido posibles sin el acompañamiento de la inmensa mayoría del pueblo alemán, que fue expresado de distintas formas, que iban desde el fanatismo hasta el consenso pasivo, pasando por entusiasmos más o menos moderados. Fotos y videos (de los actos multitudinarios, de la gente que espontáneamente se abalanzaba al paso del Führer para vivarlo y abrazarlo) así como postales diversas que exhiben a una sociedad que orgullosamente celebraba los triunfos militares, el poder de la nación alemana y el optimismo del progreso material, reflejan muy vivamente esa compenetración entre Hitler y la sociedad que lo engendró y los apoyos masivos con que contó durante los años que ocupó el poder.

      Y es en ese mensaje, en el momento y la forma en que se emite, así como en los efectos que provoca su visita, donde radica el enorme significado histórico de esta exposición. Los alemanes esperaron 65 años para tener una exhibición así. N oes que no haya otras que tratan esos años y exhiban partes de los efectos del nazismo (desde museos del Holocausto hasta la misma “Topografía del terror”, también en Berlín, pasando por la parte dedicada a los años del nazismo en la colección permanente del museo de historia alemana). Me refiero a una sobre Hitler, así, con nombre y apellido, en un país en que ese nombre y todos los símbolos ligados a él -de la esvástica al bigote- están cubiertos no sólo por un grueso manto de tabúes (el nombre Adolfo sencillamente ha dejado de usarse en ese país, al igual que ese corte de bigote), sino de protecciones y prohibiciones legales, gracias a las cuales, entre otras cosas, la preparación de la muestra tomó casi diez años. Me refiero también a que, llegado el momento y superados todos los obstáculos, la exhibición se realiza en la capital del país y, dentro de ella, en un lugar central, no sólo por la ubicación geográfica, sino porque ocupa un lugar en el museo más importante de historia de Alemania. Es decir, que es Hitler, nombrado, apropiado -como un exponente del pueblo alemán de entonces- y exhibido en y con la historia de Alemania.

      También son importantes los efectos que provoca la muestra. Si visitándola uno se detiene por un minuto y se da vuelta hacia el público, el espectáculo que ve es sobrecogedor. Lo primero que se ve es mucha gente -el día que lo visité era un día de semana a media tarde- y una proporción mayoritaria de alemanes (al revés de lo que ocurre en la colección permanente del museo). Desde una pareja de ancianos con una mueca indescifrable en el rostro contemplando una foto en la que se ve a Hitler abrazado a su paso por mujeres y niños, hasta jóvenes y niños acompañados por sus padres y abuelos, todos recorren la muestra con gesto adusto y un silencio de misa que emociona. Como si se tratara de una procesión, un pasaje necesario, una ceremonia de catarsis colectiva en la que es difícil no sentirse un convidado depiedra, un intruso que espía algo que es a la vez colectivo y muy privado.

      Como argentino, es imposible salir de esa exposición y no quedarse reflexionando. No se trata de extraer fáciles moralejas ni de volver a decir “¡qué bien hacen las cosas los alemanes!”. Pero creo que hay que tomar nota de la seriedad, el cuidado y el tiempo que se han tomado para tratar de frente el tema más delicado de su historia. Tiempo que no ha sido en vano, ya que el resultado e simpecable: una exposición que tiene un claro propósito de reconciliar a los alemanes con ese pasado oscuro, doloroso,vergonzoso y hasta ahora innombrable, pero que no por eso deja de contener un mensaje duro, que sin embargo es transmitido con delicadeza, sin adjetivos innecesarios (las expresiones “solución final” o “exterminio” no necesitan, además, ser adjetivadas) ni pancartas condenatorias que, sin duda, sobrarían. Es evidente que se trata de una muestra organizada por un equipo de gente que tiene una doble distancia con los hechos que narra: la que da el tiempo transcurrido y esa otra que es “técnica” o profesional (ya que, además de los curadores, es evidente la participación de historiadores en la elaboración del texto).

      Creo que los argentinos (todos, en la primera persona del plural, no éste o aquel gobierno) estamos todavía muy lejosde poder tener un museo o una exhibición que hable, no de la dictadura, no de los desaparecidos, sino de Videla (o Massera o la dictadura) y los argentinos. Y es probable que lo estemos por buenas razones, entre las cuales no es menor el hecho de que es muy difícil -diría “casi imposible”- pensar en semejante muestra con buena parte de los protagonistas vivos y, por así decirlo, la sangre todavía tibia de nuestros muertos. Lo máximo que podemos lograr está a la vista y es, a lo sumo, exhibiciones que muestran el horror, pero como caído del cielo y no como algo en lo que desembocó y provocó la sociedad argentina toda; algo que pasó y generó víctimas y desaparecidos, pero cuya relación con el drama general de esos años no sabemos, no importa o no se nos cuenta, así como tampoco el grado de acompañamiento, consenso o aval de la sociedad con que contó la dictadura militar.

      Hace unas semanas, el semiólogo e historiador Tzvetan Todorov fue invitado a la Argentina a visitar algunos lugares destinados a  conservar la memoria del terrorismo de Estado (la ESMA, el Parque de la Memoria). Las conclusiones que sacó de la visita y de la manera en que los argentinos lidiamos con ese pasado doloroso las volcó en una nota muy crítica en el diario El País del 7 de diciembre pasado, que La Nación también publicó. En ella básicamente sostiene que la memoria que en esos lugares se preserva está sesgada y olvida (u oculta) partes enteras de la historia, en particular el contexto en el que ese horror tuvo lugar, y que por lo tanto, en ese camino, estamos condenados a no comprender nunca la historia. Es la impresión de ese extranjero calificado(y, yo me temo, la de muchos otros también) sobre lo que hacemos los argentinos con la memoria de años traumáticos. Exactamente lo opuesto que siente un extranjero luego de visitar esta exhibición en Berlín.

      © La Nacion

      ABC Madrid 27/11/2010
      Sociedad / VADE MECUM
      Nuremberg y la justicia
      Las guerras injustas y los crímenes contra la humanidad, tarde o pronto, deben tener su justa respuesta judicial
      JORGE TRIAS SAGNIER

      Día 27/11/2010

      El 20 de noviembre de 1945 se iniciaron en el Palacio de Justicia de Nuremberg las sesiones del Tribunal Militar Internacional que terminaron con la condena a muerte, y a otras penas menores, de un puñado de dirigentes políticos y militares, entre ellos Goering, Ribbentrop y Hess, de los miles y miles que durante doce años gobernaron Alemania y Europa. Se trataba de que no quedase impune la inhumana conducta de sus principales responsables. Además, con la liberación de los campos de exterminio, se comenzó a tener documentación gráfica de algo que ya conocía el mundo entero desde hacía años: el genocidio contra el pueblo judío.

      Organizado por la Casa Sefarad Israel nos hemos encontrado en la Sala 600 —la Sala del Tribunal del Pueblo— un grupo de españoles para reflexionar sobre «Shoah, genocidios y crímenes de lesa humanidad», así como su proyección en los actuales tribunales internacionales y el concepto de justicia universal. Jueces y fiscales de la Audiencia Nacional, parlamentarios, abogados, el Instituto de Cultura Gitana, el ex Defensor del Pueblo Enrique Mugica, y miembros del Consejo General del Poder Judicial llevamos días debatiendo sobre estas cuestiones, primero en Francia y ahora en Alemania. El martes nos reunimos con Benjamin Ferencz, de 90 años, fiscal estadounidense de los juicios de Nuremberg, para conocer de primera mano algunos detalles sobre sus sesiones.

      Las guerras injustas y los crímenes contra la humanidad, tarde o pronto, deben tener su justa respuesta judicial. En los años pasados, gracias a la labor de un puñado de jueces y fiscales de la Audiencia Nacional, se sentó en el banquillo a Pinochet y a algunos de los responsables de la dictadura argentina. El ejemplo fue seguido por otros países como Alemania. La llamada Justicia Universal está todavía en sus inicios; y el tratado que creó la Corte Penal Internacional aún no ha sido ratificado por algunas naciones. Pero Nuremberg, que durante años desfiló al paso de la oca, es hoy un lugar de referencia sobre la justicia en su más elevada acepción.

      Idiomas judíos

      Hasta la destrucción del primer templo de Jerusalén por los babilonios en el siglo VI a.C., el pueblo judío poseía un solo idioma: el hebreo, la lengua de la Biblia. Posteriormente la lengua fue influenciada por el arameo, idioma semítico del lejano oriente. El Talmud, el más importante y sagrado texto después de la Biblia, concluido en el siglo VI D.C., fue escrito en esa lengua. Este mismo explica los textos bíblicos y proporciona una especie de código normativo a la vida de la comunidad en todos sus aspectos.

      Durante la era helenística, el pueblo judío adoptó el griego y, con la expansión del Islam, el árabe fue la lengua de muchos judíos de los pueblos del Mediterráneo. Por ejemplo, en Persia, desarrollaron versiones de dialectos específicamente judíos.

      Aquellos judíos que emigraron a Italia u otras áreas del Imperio Romano adquirieron como lengua el latín y, más tarde aun, las lenguas Romances de la Edad Media que dieron origen a las distintas lenguas modernas de Europa.

      Los judíos sefardíes (del vocablo hebreo Sefarad: España) crearon su propia lengua: el Ladino o Judezmo. El ladino refleja a las sagradas escrituras ya que nació traduciendo textos sacros hebreos a lengua vernácula y, el judezmo es la lengua hablada. Esta lengua mezcla de castellano medieval, hebreo y otras lenguas regionales fue llevada con los judíos al ser estos expulsados de España en 1492 a Portugal y otras áreas de influencia del Mediterráneo.

      Pero sobre todas las lenguas creadas por los judíos en la diáspora, es el Idish la que más desarrollo ha alcanzado no sólo en su lugar de origen sino que se ha esparcido por el mundo entero desde Asia hasta Africa y desde Europa hasta América y ha enriquecido con su vastísima obra literaria a millones de seres humanos.

      El idish y su expansión geográfica.

      El Idish nació alrededor del año 1000 cuando judíos de Italia, Francia y resto del Imperio Romano comenzaron su migración hacia la zona del río Rin, lo que hoy es Alemania. Esta época es coincidente con el nacimiento en ese milenio de muchas lenguas europeas modernas.

      La migración judía hacia el río Rin comenzó con el impacto de las cruzadas, que trajeron el idioma Idish a Europa Central, específicamente lo que hoy es Checoslovaquia y Austria.

      Con un gran caudal de judíos que lo hablaba, la lengua se expande luego por Polonia y hacia los ríos Duina, Dníeper y Dniéster.

      Todo ese sector de judios sumados a los de Ucrania, Lituania, Estonia y Letonia se denomina Ashkenazim; esta palabra deriva del nombre hebreo medieval de Alemania: “Ashkenaz”.

      Durante el siglo XIX el numero de judíos en Europa Central y del Este creció notablemente y por ende, los hablantes del Idish.

      Con otra gran migración en el último cuarto del siglo XIX, el Idish fue transportado por los mares a nuevos continentes: América, Africa, Australia, Israel. Para esta época, el número de hablantes del Idish alcanzó los 12.000.000, cifra fatalmente reducida tras el exterminio de 6.000.000 de judíos durante el Holocausto en manos de los nazis.

      El idioma idish y sus componentes: su inserción en el mundo moderno.

      Varios son los componentes del idioma idish: el hebreo. el alemán, el elemento romano y el eslávico.

      Cuando se establecieron los judios a orillas del alto Rin la lengua Idish adoptó algunas variedades de localismos alemanes. En su período inicial hasta el siglo XII, el Idish era el idioma usado por los judíos que arribaban de las áreas en las que se hablaban las lenguas romances. Muchos vocablos hebreos y arameos que fueron tomados de la Biblia y luego del arameo del Talmud se convirtieron también en parte del idioma idish contemporáneo. Algunas pocas palabras de origen latino perduran en el idish contemporáneo, como por ejemplo :

      Leienen: (leer) deriva del latin “legere”

      Benchn: (bendecir) deriva del latin “benedicere”

      Reconocemos amplias influencias de distintos dialectos alemanes.

      Más adelante se suman los elementos eslavos del checo, polaco, ucraniano y también ruso.

      En una frase común del idish se puede rastrear estas influencias

      “RABOISAI, MIR VELN BENCHN, ZOGT DER ZEIDE”

      Raboisai: señores, Hebreo

      Mir: nosotros, Antiguo alemán

      Veln: vamos, Antiguo alemán

      Benchn: bendecir, Latin


      Zogt: dice, Aleman medieval

      Der: el, Aleman medieval

      Zeide: abuelo Eslavismo antiguo

      En el transcurso de los siglos XIX, XX y XXI se incluyeron vocablos producto del avance de la tecnología y de diferentes disciplinas y surgen ciertos neologismos. EJEMPLO: teléfono celular: tzelke es el término adoptado (cell: célula en inglés).

      Es muy común que los docentes debamos convertirnos con nuestros equipos académicos en creadores de ellos. Ante la pregunta de un alumno acerca de cuál es el término utilizado para la palabra “peaje”, debemos poner manos a la obra en nuestras fuentes. Recurrimos a un hecho protagonizado por el filosofo judío M.Mendelson. Al ser invitado a la Universidad de Francfort para dictar una conferencia debe atravesar el puente que cruza el río. Existía una ley medieval por la cual los animales y los judíos debían abonar por el cruce del mismo (léase hoy peaje). Al exigírsele el pago correspondiente y comprobando que a su lado por un animal se hacía efectivo dicho impuesto exclamó: ¡que el animal brinde la conferencia para Uds. en la universidad! Dio media vuelta y el “vegtzol” no lo abonó.

      La búsqueda en la recuperación del idioma es lo que tanto interés despierta en lingüistas historiadores, etnógrafos, sociólogos, músicos, folcloristas e investigadores de la cultura. Jóvenes judíos y no judíos del mundo entero son atraídos y se interesan por el estudio de la lengua Idish.

      El Mercado Común Europeo con su Parlamento establecido en Estrasburgo (Francia) dedica especial atención al idioma Idish. En el último congreso internacional de esta lengua realizado allí al que asistieron alrededor de 400 congresistas de todo el mundo, fue muy interesante comprobar que los traductores del idish a los distintos idiomas: Inglés, francés, ruso y, alemán eran jóvenes profesionales de no más de 25 años.

      No debemos dejar de mencionar que el IWO, Idisher Visnshaftlejer Institut, ha realizado en noviembre del año 2001, un simposio con la asistencia de reconocidos especialistas y catedráticos nacionales y del exterior. Uno de ellos, el Dr. Dov Noy dictó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y en la Universidad de Luján, conferencias en Idish sobre diferentes aspectos de la lengua, con traducción simultánea.

      Es nuestro interés en la Argentina que el idish vuelva a implementarse en las escuelas judías primarias y llegar al ámbito universitario como sucede en el resto del mundo.

      Universidades de EE.UU y Europa incluyen a investigadores de esta lengua en sus diversos proyectos.

      El idish: la llave emocional de la vida judía.

      Así se siente el judío al referirse a su lengua idish llamándola “Mame Loshn”, esto significa literalmente: el lenguaje de la madre.

      Así lo sintieron millones de seres humanos durante mil años. Este es el medio que le permitió expresarse. A su vez ha sido el medio para construir su cultura, para transmitir los máximos preceptos de la ética y moral de su religión. La interpretación de la ley, la justicia y los derechos humanos se transmitió en idish facilitando su llegada y difusión. También debemos reconocer la riqueza popular, de los proverbios, refranes e historia que formaron el sentir y el nivel intelectual de su cultura.

      Dialectos del Idish.

      Es amplia y colorida la paleta de los dialectos del Idish. Ellos fueron el alma oculta y gran parte de la magia que irradia la lengua. Los dialectos del Este de Europa varían generalmente en la pronunciación de sus vocales. Pero la gramática y el vocabulario casi no difieren. Los dialectos comenzaron a fusionarse primero con la migración hacia las grandes ciudades y luego, los diversos dialectos se mezclaron hasta desaparecer con las migraciones hacia los distintos continentes. Surge así la estandarización del idioma, cuya base fue tomada básicamente del dialecto lituano.

      Literatura Idish.

      Los más antiguos elementos de la literatura idish son los testigos materiales preservados en museos sobre la enseñanza de textos sagrados.

      Ya en los siglos XII y XIII encontramos versiones más o menos reelaboradas en idish las de epopeyas alemanas. A pesar de estas manifestaciones primitivas puede decirse que el verdadero comienzo de la literatura moderna idish tiene lugar durante el Renacimiento, periodo que permite el desarrollo de los más diversos movimientos intelectuales. El gran representante de la época es Elías Levita (1469-1549) autor de BOVE-BUJ, novela de caballería judía traducida de textos ingleses, destacándose también sus traducciones de salmos y otros pasajes de la Biblia.

      La obra religiosa más famosa y popular de la literatura idish es Tzeno Ureno compuesta en Polonia a fines del siglo XVI; se trata de otra versión del Pentateuco, preparada especialmente para ser leída por mujeres. Es de señalar que el público femenino no tenía generalmente acceso a la sabiduría tradicional ni al estudio. Es el público femenino en este periodo, el mayor consumidor de las obras en idish y a él se dirigen muchos de los que escriben en este idioma. Durante el siglo XVIII.

      El siglo XVIII presenciará el surgimiento de dos grandes movimientos que conmoverán la vida judía e influirán notoriamente en la literatura idish: el Jasidismo y la Haskalá. El Jasidismo fundado por Baal Shem Tov con una especie de llamado a la emoción y al sentimiento inmediato a lo religioso, ejercieron en la literatura un efecto benéfico ya que la elevaron al nivel de la oración. Convencidos de que la auténtica fe tenía sus raíces en el sentimiento y no en la razón debía de rezarse en la lengua del corazón. De la profundidad del alma popular surgieron cuento, parábolas y cantos. Pudo así la doctrina jasídica recoger de la tradición popular en idish canciones de cuna, baladas, cantos de amor, conflictos familiares y sociales.

      Es el rabí Najmen de Bratzlev es el más característico de los escritores del jasidismo, gran experto en la narración fantástica.

      Diferente fue el papel desempeñado por la Haskalá o Iluminismo judío, inspirada por el filósofo y publicista judeo-alemán Moises Mendelsshon (1729-1786) quien propiciaba el ingreso del judaísmo a la cosmopolita cultura europea, sin desmedro de las tradiciones hebreas.

      En este cuadro, las lenguas portadoras de esta cultura debían ser el alemán y el hebreo y, el idish era relegado a un plano secundario.

      Es en el siglo XVII y XVIII en que aparecen cientos de libros en idish. Ya en el siglo XIX surgen una docena de escritores que son eclipsados por la presencia de los tres grandes clásicos del periodo moderno, llamada la época de oro: Mendele Moijer Sforim, Sholem Aleijem, Sholem Ash e Itzjok Leibush Peretz.

      La creciente cohesión cultural e intelectual de los conglomerados judíos de Europa Central y Oriental más la aparición de estos escritores de gran talento, motiva el florecimiento de la literatura idish moderna.

      Mendele Moijer Sforim (1834-1917) seudónimo de Sholem I. Abramovich, estableció un lenguaje literario que lo convirtió para sus seguidores en el zeide, abuelo de la nueva literatura idish, ya que su estilo literario se convierte en un ejemplo. Su obra satírica fue dirigida a los judíos para mostrarles sus debilidades y flaquezas. Deseaba cambiar la forma de vida de los habitantes de los pequeños villorrios los “kleine shtetelej” a través de la sátira y el realismo. Esta obra es un monumento histórico de un tiempo pasado.

      Sholem Aleijem, seudónimo de Sholem Rabinovich (1859-1916), el humorista por excelencia, escribió para los judíos, entreteniéndolos con situaciones cómicas, sembradas aquí y allí por el patetismo. Describe la vida judía con todos sus defectos pero su humor emociona por la ternura con que trata a sus personajes.

      Su lema era “reír es sano, los doctores indican reír” y éste se convirtió en un medio terapéutico para el pueblo. El artista y el filósofo del humor se encuentran en sus obras junto al folclorista y etnógrafo.

      3.000.000 de ejemplares en ruso fueron impresos solamente en idioma ruso. Un crítico literario ruso dijo que en sus obras se refleja el triste pasado judío en la época de los zares.

      Fue el escritor judío que más estuvo en contacto con el circulo de escritores rusos como Tolstoi y Gorki.

      Cuando su personaje Tevie el lechero, a 15 años de su muerte, comienza a perder vigencia en el teatro judío y en el cine, sucede algo impensado en el arte que, se sabe, no es eterno. Raramente se da este proceso: cuando se comienza a observar su obra como una antigüedad de museo de la vida judía en la época de los zares, Tebie es rescatado por el teatro inglés, español y hebreo y, durante años se convirtió en la sensación musical de los escenarios de Nueva York, Londres y el mundo entero bajo el titulo de “El violinista sobre el tejado”.

      Acompañaron a despedir sus restos en Nueva York 1.000.000 de personas.

      En el mes de noviembre del año 2001, fue emplazado su busto en “El jardín de los poetas” en los parques del Rosedal de Palermo, por resolución del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

      Itzjok Leibush Peretz (1852-1915), el tercer gran clásico, ha creado monumentales obras sobre aspectos de la ética y justicia de la vida judía de su época. Lleva al idish a una perfección poética. Su singularidad con respecto a los dos anteriores radica en su visión mística y profética del destino judío.

      Y vemos realizado el sueño de estos escritores de arrancar a las empobrecidas masas de judíos de los guetos, sintetizando el concepto de judaísmo y universalismo en hechos como el siguiente:

      En el año 1932, el IWO, con su sede en Nueva York, es invitado a la Argentina a una reunión organizada por círculos literarios y el escritor de las letras judías Zalman Reizn es agasajado por las siguientes personalidades: Arturo Capdevila, Alfonsina Storni, Manuel Galvez y otros.

      La vastedad de la obra literaria clásica traducida al idioma suma cientos de trabajos desde Shakespeare, Cervantes, además de muchos trabajos científicos.

      En el periodo entre las dos guerras mundiales nuevos centros de cultura idish surgen en todas partes del mundo desde América del Sur hasta América del Norte, desde Sudáfrica hasta Australia tal es la creación, que el escritor judío Opatoshu llega a afirmar que el sol no se pone jamás en la lengua judía.

      Las masacres de la barbarie nazi hacen callar a la cultura Idish, en la Unión Soviética, a partir de 1948, la literatura idish se sumerge en el silencio; muchos escritores del idioma idish pierden la vida en las purgas stalinistas… solo en América e Israel puede hablarse de un presente y un futuro para la literatura idish y en primer término debe mencionarse a un premio Nobel en dicha lengua: Isaac Bashevis Singer.

      El juicio contra el presunto criminal nazi Demjanjuk incluirá actas de Israel

      El juicio contra el presunto criminal nazi John Demjanjuk, acusado de complicidad en el asesinato de 27.900 judíos en el campo de exterminio de Sobibor, incorporará actas de su anterior proceso en Israel, donde en 1988 fue condenado a muerte, aunque finalmente se revocó la pena.

      La Audiencia de Múnich (sur de Alemania), donde se le abrió el proceso en noviembre de 2009, comunicó la prolongación del mismo por la inclusión en la causa de documentación del juicio que se celebró en Israel contra Demjanjuk, al que se acusó de ser el “Iván el Terrible” de otro campo de exterminio, el de Treblinka.

      El proceso, que inicialmente se estimó iba a durar un año, tiene vistas programadas hasta marzo próximo, pero se considera que puede prolongarse hasta finales de 2011 o inicios del siguiente año por la incorporación de este nuevo material, explicó una portavoz de la audiencia.

      Se trata, según fuentes de la fiscalía, de un centenar de actas que hasta ahora no se habían admitido a trámite porque afectaban a su presunta implicación en los crímenes del nazismo de Treblinka, no de Sobibor, ambos campos en la actual Polonia.

      El abogado de Demjanjuk, Ulrich Busch, solicitó su inclusión en el proceso de Múnich, con el argumento de que la justicia israelí sí investigó el paso de su defendido por Sobibor, cuestión que abandonó al no poder demostrar siquiera que hubiera estado ahí.

      Demjanjuk, de 90 años, asiste a su juicio en Múnich postrado en su silla de ruedas o en una camilla y únicamente se comunica con los letrados y juez a través de su intérprete al ucraniano.

      Nacido en 1920 en Ucrania, Demjanjuk fue capturado por los nazis en 1942 sirviendo en el Ejército soviético y presuntamente actuó como guarda voluntario en varios campos de concentración.

      En los años 50 emigró a EEUU como víctima del nazismo, en tanto que ex prisionero, cambió su nombre de pila, Iván, por el de John y adquirió la nacionalidad estadounidense.

      En 1975 se le identificó como presunto criminal nazi y fue extraditado a Israel, donde se le enjuició como el presunto “Iván el Terrible” de Treblinka y fue condenado a morir en la horca en 1988.

      Tras cinco años en el corredor de la muerte se revocó la condena, al identificarse como ese “Iván el Terrible” a otro ucraniano, Iván Marchenko.

      Tras el proceso en Israel regresó a EEUU, país que le había retirado la ciudadanía, pero donde siguió viviendo como apátrida por tener ahí a su familia.

      La fiscalía de Múnich reabrió el sumario en 2008, apuntalada en una hoja de servicios que lo identificaba como uno de los llamados “trawniki” (guardas voluntarios), conocidos por su extrema crueldad.

      Tras un largo tira y afloja, agotados todos los recursos impulsados por su familia en EEUU, Demjanjuk fue entregado a Alemania en mayo de 2009 e ingresó en prisión condicional.

      El proceso en Múnich ha estado marcado por las interrupciones, a demanda de su abogado, por razones de salud.

      A las dificultades derivadas de la avanzada edad del acusado se une el hecho de que, hasta ahora, no han aparecido supervivientes de Sobibor que puedan identificarle.

      Sobibor, donde se estima que fueron asesinados un cuarto de millón de judíos, fue usado por los nazis únicamente como campo de exterminio, de manera que los prisioneros eran asesinados pocas horas después de su llegada.

      Entre los pocos supervivientes del campo no se ha localizado a ninguno que pueda identificarlo como uno de los “trawniki” de entonces. EFE

      Fuente: http://www.aurora-israel.co.il/

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