Aly Herscovitz, la amante judía de Josep Pla

Rosa Sala Rose recomienda un blog que recoge el extraordinario trabajo multimedia que cinco autores han realizado sobre la amante judía de Josep Pla, que fue asesinada en Auschwitz. “Es una verdadera maravilla, tanto por su contenido como por su realización técnica”, asegura Rosa Sala. Sergio Campos, Eugenia Codina, Arcadi Espada, Marcel Gascón y Xavier Pericay son los autores de las «Cenizas en la vida europea de Josep Pla», un blook diseñado por Verónica Puertollano y que puede leerse -gratuitamente solo hasta el 1 de abril- en http://www.alyherscovitz.com.

Una nota autobiográfica de Josep Pla es todo lo que quedaba de Aly Herscovitz, judía alemana nacida en 1904, con la que el escritor mantuvo una relación amorosa en el Berlín de la inflación y los cabarets. Durante cerca de tres años un grupo de escritores españoles ha reunido las noticias de una vida que acabó a manos del nazismo. La inadagación no sólo ilumina un capítulo poco conocido de la vida de Pla, sino que narra una desoladora historia europea, trazada por el miedo, la deportación y el olvido.

Este es el rostro de Aly Herscovitz, la novia judía de Josep Pla que fue asesinada en Auschwitz y cuya fotografía es uno de los resultados más preciados de la indagación sobre su vida que han llevado a término cinco escritores españoles.

El escritor relata cómo «era judía, tenía la familia en Leipzig, establecida en el comercio -familia proveniente de Iasi, en las bocas del Danubio, en el mar Negro-. Era muy joven (veintiún años), no muy alta, llena, rubiales, ojos grises, dentadura blanca, poco preocupada por la manera de vestir…».

Gracias a «Aly Herscovitz. Cenizas en la vida europea de Josep Pla», un blog escrito por Sergio Campos, Eugenia Codina, Arcadi Espada, Marcel Gascón y Xavier Pericay, se ha dado a conocer el rostro de Aly Herscovitz. Pla cuanta cómo la conoció «en el café -probablemente en el Romanisches Cafe, muy cerca de Kurfürstendamm-. La invité a cenar; aceptó, y al cabo de dos o tres comidas vino a vivir al piso donde yo vivía…».

La nota autobiográfica de Josep Pla a la que corresponden estos párrafos es todo lo que quedaba de Aly Herscovitz, judía alemana nacida en 1904, con la que el escritor mantuvo una relación amorosa en el Berlín de la inflación y los cabarets.

Durante cerca de tres años un grupo de escritores españoles, dispersos en diversas ciudades (Barcelona, Berlín, Bucarest, Rotterdam y Palma de Mallorca) han reunido las noticias de una vida que acabó a manos del nazismo.

Fuente: http://www.alyherscovitz.com

El proyecto Aly Herscovitz empezó su andadura en el diario Factual el 30 de noviembre de 2009. Tras la marcha de su director, Arcadi Espada, y el subsiguiente cambio en la orientación del negocio, el blook quedó alojado, a partir del 1 de febrero de 2010, en http://www.alyherscovitz.com.

La obra consta de tres partes, de las cuales sólo está publicada la primera. El 1 de abril y el 1 de junio de 2010 se incorporarán las dos siguientes. Hasta el 1 de abril el blook será de acceso libre, pero a partir de esa fecha será necesaria la suscripción. Las personas que se suscribieron a Factual antes del 29 de enero podrán acceder libremente a la integridad del blook.

40 años sin Lea Goldberg, poetisa israelí

Estos días, Israel conmemora los 40 años del fallecimiento de Lea Goldberg (Kaunas, Lituania, 29.5.1911 – Jerusalem, Israel, 15.1.1970), considerada una de las más grandes poetisas de la historia moderna de Israel.

Lea Goldberg (1911-1970)

Poetisa, novelista, escritora de literatura infantil, traductora, crítica, investigadora, maestra y catedrática, dramaturga, doctora en filosofía y lenguas semíticas, alcanzó a plasmar en apenas 58 años de vida una obra rica y prolífica –que incluye 12 libros de poesía, 3 obras de teatro, novelas, biografías, cuentos, así como traducciones de Shakespeare, Tolstoi, Ibsen y Molière– que dejó una marca profunda e indeleble en la cultura hebrea contemporánea.

Mención especial merecen sus celebérrimos cuentos infantiles, conocidos por cada niño israelí: Aié Pluto? (?אַיֶּה פְּלוּטוֹ, “¿Dónde está Pluto?”), Dirá Lehaskir (דִירָה לְהַשְׁכִּיר, “Casa en alquiler”) o Hamefuzar Mikfar Azar (הַמְפֻזַּר מִכְּפַר אֲזָ”ר, “El distraído de Villa Azar”), son sólo unos pocos ejemplos de los clásicos de la literatura infantil de su autoría, con los que crecieron generaciones de escolares israelíes.


Tapa de “Casa en alquiler” (Editorial de los Trabajadores, 1959)

Su obra le mereció, además del afecto popular generalizado, también numerosos premios, entre los que sobresale el máximo galardón nacional, el Premio Israel de Literatura, que le fue otorgado en 1970 a título póstumo.

A continuación les presentamos una de las poesías más conocidas de Lea Goldberg, convertida posteriormente en una canción popularizada por la cantante Java Alberstein, cuyo audio encontrarán en

Asimismo, podrán escuchar a la mismísima Lea Goldberg declamando su propia poesía, en una rara grabación que encontrarán en

Fuente: Embajada de Israel en Uruguay

Eduard Bernstein, cofundador de la socialdemocracia

Eduard Bernstein

Pensador y activista socialdemócrata alemán (Berlín, 1850-1932). Procedente de una familia obrera de origen judío, Bernstein se afilió al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) en 1872. Tuvo que exiliarse en Suiza en 1878, perseguido en virtud de las leyes antisocialistas dictadas por Bismarck. Allí se convirtió en colaborador de Marx y Engels, que le pusieron al frente del periódico del partido. En 1888 fue expulsado de Suiza y se refugió en Inglaterra, entrando en contacto con el socialismo moderado y gradualista de la Sociedad Fabiana, que sin duda influyó sobre sus ideas posteriores.

Al morir Engels (1895) se decidió a hacer públicas sus ideas para una necesaria renovación del socialismo, conocidas desde entonces como revisionismo. En su principal obra escrita (Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia, 1899) desmontaba algunos de los principios fundamentales de la doctrina marxista, como la teoría del valor trabajo o la predicción de un agravamiento de las crisis económicas que conduciría al derrumbamiento del sistema capitalista.

Por el contrario, Bernstein constataba la capacidad de adaptación y la buena salud general del capitalismo (en la época de la segunda revolución industrial y la expansión imperialista) y proponía abandonar la estrategia revolucionaria para luchar dentro del sistema por la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores. Abandonando el determinismo de Marx, Bernstein veía el socialismo como una construcción humana consciente, nacida del convencimiento de la mayoría de que era necesario instaurar una forma superior de convivencia, y no fruto inevitable del desarrollo de fuerzas económicas impersonales.

Naturalmente, este cambio de óptica le enfrentó con los guardianes de la ortodoxia marxista (Kautsky, Bebel, Rosa Luxemburgo…), que consiguieron la condena de la doctrina revisionista en el Congreso de Dresde de 1903. Bernstein fue elegido diputado del Reichstag (cámara baja alemana) en 1902-06, 1912-18 y 1920-28, pero tuvo poca influencia directa en el Partido (entre otras cosas por sus posturas antinacionalistas).

Sin embargo, su idea de volcarse en la lucha sindical y política dentro de las estructuras de la democracia «burguesa» fueron impregnando gradualmente el SPD a partir de 1907 y, a la larga, esta línea acabó por imponerse en todos los partidos de la Internacional Socialista, por lo que se puede considerar a Bernstein el padre de la socialdemocracia reformista del siglo XX.

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bernstein_eduard.htm

Julio Palencia, el héroe olvidado Eduardo Martín de Pozuelo

El embajador de España en Bulgaria durante la Segunda Guerra Mundial, Julio Palencia, salvó la vida a cientos de personas perseguidas por los nazis y se jugó la suya propia al adoptar a los hijos de un sefardí ejecutado en un calabozo. Su nombre ha sido propuesto en Israel para recibir el reconocimiento de Justo entre las Naciones.

En el centro del grupo y con un cigarrillo en la mano, Cludy Arié Palencia, la joven judía adoptada a los 17 años por Julio Palencia en Sofía (Bulgaria) para salvarla de las cámaras de gas.

Ésta es la historia de un héroe y de algunas de las personas a las que salvó de los nazis. Es también el reconocimiento a la conducta de Julio Palencia, embajador de España en Bulgaria durante la Segunda Guerra Mundial, que ejerció su cargo con un valor físico y moral que fue más allá de lo que exigía el deber, que es sólo una forma de subrayar la hazaña de un gran ser humano. Su gesta aconteció entre marzo y septiembre de 1943 en Sofía, la capital búlgara, entonces bajo el yugo de un gobierno títere nazi y de la propia Gestapo, que se aplicaba en la persecución del pueblo judío y otras minorías. Julio Palencia, olvidado en España pero no en Israel, se plantó ante los nazis y sus superiores del gobierno de Franco para salvar la vida de seiscientos judíos cuyo destino era la cámara de gas. Sin embargo, este diplomático español, del que hoy en día el Ministerio de Asuntos Exteriores no encuentra ni la foto, no se conformó con facilitar salvoconductos. Fue muchísimo más lejos. Don Julio, como le recuerdan las personas a las que salvó, desafió a nazis alemanes y fascistas búlgaros y españoles al adoptar y dar su apellido a los hijos del sefardí León Arié (Arieh en algunos documentos), un comerciante local ahorcado por los nazis por el delito de ser judío. Se puede situar el arranque de esta dramática peripecia en el martes 16 de marzo de 1943, cuando el diplomático español Julio Palencia se enteró de la inminencia de las deportaciones de los sefardíes que vivían en Bulgaria. Se lo dijo el propio Bogdan Filov, primer ministro búlgaro, que le anunció sin pudor que la medida procedía de Alemania. Al día siguiente, un Palencia alarmado telegrafió al ministro español de Exteriores, Francisco Gómez Jordana, advirtiéndole de la amenaza nazi. Palencia esperaba de Gómez Jordana –militar franquista, en teoría anglófilo, que había sustituido al falangista y nazi Serrano Súñer– una respuesta acorde con la condición formal de españoles de muchos sefardíes esparcidos por el mundo gracias a una ley del gobierno de Primo de Rivera. Con esa idea telegrafió a Madrid un mensaje que fue interceptado por los británicos y desclasificado en Londres. Decía: “Máximo secreto. Asunto: Judíos españoles en Bulgaria. N. º: 115514. De: Ministro español, Sofía. Para: Ministro de Asuntos Exteriores, Madrid. 17 de marzo de 1943. A la vista de la deportación inminente a Polonia de todos los judíos que viven en Bulgaria, ayer tuve una entrevista con el presidente del Consejo de Ministros, que me dijo que la deportación comenzaría a finales de abril y me hizo entender que era una medida impuesta por Alemania. Informo a su excelencia, para el caso de que considere oportuno, indicar al Gobierno alemán y al ministro búlgaro en Madrid que España no puede permitir que sus súbditos sean deportados a Polonia por razones de una ley racial no existente en (ilegible), añadiendo que los búlgaros viven en paz en España y, por tanto, los españoles tienen el derecho de hacer lo mismo en Bulgaria.” Pero Gómez Jordana no escuchó a su embajador, y Palencia insistió, consciente de que los judíos serían asesinados. El 15 de mayo de 1943 suplicó al ministro que “sería de gran ayuda si me concediera autoridad urgente para repatriar a todos los ciudadanos judíos de nacionalidad española que viven en Bulgaria y en territorios recientemente anexados, al propio coste de las personas afectadas. Serían unas 300″. Madrid respondió con un silencio criminal.

Julio Palencia, en la única imagen que se conserva de él, la foto de su pasaporte facilitada por la fundación estadounidense Raoul Wallenberg Entonces, don Julio –como le conocía la comunidad judía– se dirigió a la máxima autoridad alemana en Bulgaria y, mintiendo con gran riesgo, dijo que España estaba de acuerdo en la repatriación de “todos los judíos españoles que hay en Bulgaria”. Esta valiente frase la conoce el Magazine gracias a un telegrama cifrado que Adolf Heinz Beckerle, el representante del III Reich en Bulgaria, envió a Berlín el 28 de mayo y que igualmente acabó en manos aliadas. Beckerle añadió para Berlín: “Palencia se declara disgustado por la expulsión de los judíos de Sofía y ha pedido intervenir a favor de sus amigos judíos búlgaros, lo cual, por supuesto, he rechazado”. Según el nazi, Palencia le dijo a la cara que en estas circunstancias no podía seguir en Sofía y que había informado de ello al gobierno de Madrid, lo cual era cierto aunque no había servido para nada. Esto último no se lo dijo a Beckerle. Es una obviedad que el comportamiento de Palencia le supuso caer en desgracia ante los nazis, que provocaron que la policía fascista búlgara detuviera temporalmente al canciller de la embajada española y que toda la legación española pasara a estar bajo estrecha vigilancia. Aun así, don Julio protegió a varios centenares de perseguidos afirmando que se trataba de españoles, pero una gota colmó el vaso del odio nazi: fue su intervención para salvar a la familia del sefardí León Arié, dueño de una droguería, al que ahorcaron en una celda tras una farsa de juicio. Como recurso extremo para salvar la vida de la familia del asesinado, el diplomático adoptó a sus dos hijos y extendió un salvoconducto a la viuda Arié, lo que supuso un ataque de nervios para Madrid y otro para Berlín. Prueba de ello es la airada reprimenda del ministro Gómez Jordana a Palencia de 30 de junio de 1943: “Máximo secreto. El ministro búlgaro me acaba de hacer una comunicación oficial en nombre de su gobierno en referencia a la adopción por su excelencia de los hijos del sefardí Arié, condenado a muerte por el tribunal búlgaro y ejecutado el pasado abril, mencionando especialmente su solicitud de un pasaporte diplomático para estos huérfanos. El gobierno búlgaro considera que su conducta ha sido incorrecta a la vista de la especial situación referente al orden público en Bulgaria y a la participación judía en los recientes incidentes políticos. Por favor, informe sobre este asunto, al que las autoridades búlgaras conceden tanta importancia como para llevarles a preguntarse si su presencia en su puesto puede seguir siendo deseable”. La respuesta de Palencia al ministro Gómez Jordana no se hizo esperar: “Referente a su N. º24 (la nota anterior). Tras seguir los consejos de dos renombrados abogados en Sofía, uno de ellos un ex ministro de Justicia, he adoptado a dos niños de 17 y 19 años, hijos del sefardí Arié, condenado a muerte y cuya sentencia ha sido considerada en general injusta y debida enteramente a su origen judío. Por tanto, es inadmisible decir que la adopción por mi parte de dos menores que pertenecen a una raza que el gobierno búlgaro desea hacer desaparecer del país es una acción incorrecta que requiera una queja. Yo no he pedido un pasaporte diplomático para (ilegible) sino sólo una tarjeta de identidad (…)”.

Cludy Arié Palencia aparece tras el brazo alzado de la novia en la boda de una prima en Buenos Aires.

Entonces los alemanes decidieron detener a los Arié aunque fueran hijos de un español. Julio Palencia se dio cuenta de que su vida también corría peligro y envió un nuevo telegrama a Madrid, argumentando que era un deber humanitario y de buen cristiano salvar la vida de inocentes, al tiempo que pedía que le sacaran rápidamente de Bulgaria. Gómez Jordana contestó el 26 de julio. Juzgue el lector la respuesta: “Secreto. Descifrar personalmente (…) Dejando a un lado el aspecto humanitario y de caridad cristiana al que hace referencia, considero que debería haber prevalecido su posición como representante acreditado en Bulgaria y debería haberse abstenido de cualquier acción que el gobierno búlgaro hubiera podido temer como de oposición. A la vista de la necesidad patente de su traslado, siento informarle de que el puesto que menciona está cubierto (…)”. Mientras, los nazis le calificaron de “fanático antialemán” y de “amigo de los judíos”, consideración mortal en aquel tiempo, por lo que fue declarado persona non grata en Bulgaria. A partir de este punto todo era oscuridad a la que ha arrojado luz Miguel Askenazi, el único pariente vivo de los Arié-Palencia, residente durante décadas en Argentina y en la actualidad en Tel Aviv. Miguel es, o, mejor dicho, era primo de Cludy y de René Arié-Palencia, los jóvenes adoptados por don Julio, como él mismo se refiere al valiente embajador, que también entregó un pasaporte español a Rachel, viuda del asesinado, de soltera Behar, nacida en Lyon y que hablaba ladino, como toda la familia Arié. Con la Gestapo literalmente en los talones, Julio Palencia logró que sus nuevos hijos y Rachel Behar llegaran a Rumanía, donde se refugiaron en casa de Abraham Arié, hermano del asesinado y abuelo de Miguel Askenazi. La casa era una de las consideradas españolas y por lo tanto inviolables por los nazis. El caso es que en Rumanía estaba otro héroe, José Rojas Moreno, embajador de España en Bucarest, que igualmente denunció ante Madrid la persecución que sufrían los judíos y, actuando por su cuenta, impidió centenares de deportaciones colocando un letrero en trescientas casas habitadas por judíos que decía “aquí vive un español”, lo que frenó la detención de sus ocupantes, a los que también suministró alimentos. Pero la guerra es cruel, y René Arié-Palencia murió en un bombardeo en 1945, al final del conflicto. Cludy, una mujer muy bella, como se puede apreciar en las fotos del álbum de familia, se enamoró de un primo con el que se casó. Durante un tiempo esperaron en Rumanía a que las cosas mejorasen, pero el nuevo régimen comunista propició que los Arié se fueran del país en 1948. Recalaron en Milán después de un duro periplo europeo. Nadie los quería. Desde la ciudad italiana lograron un permiso de residencia en Argentina, donde se establecieron. A principios de los años 60, Cludy se divorció sin haber tenido descendencia y en 1982, a los 56 años, murió de un ataque al corazón. Cludy y su familia, incluido Miguel, el superviviente, sentían un profundo amor por don Julio Palencia, a quien consideran un ángel. De Palencia poco se sabe, excepto que falleció en 1952. De Bulgaria regresó a España perseguido por los nazis y el ministro le castigó por su acción. Un castigo que debe de durar todavía, ya que en su ministerio no le recuerdan. Salvadores del holocausto Muy pocas personas en España y tan sólo algunas en Israel y Argentina saben relacionar el nombre de Julio Palencia con uno de los actos humanitarios más memorables de la Segunda Guerra Mundial. No se estudia en los colegios españoles, y sólo dos o tres libros de historia recogen, a vuelapluma y de refilón, retazos muy incompletos de su hazaña. Como si no tuviera importancia. Como si lo que hizo Julio Palencia pudiera hacerlo cualquiera. Ha sido posible reconstruir los extraordinarios hechos protagonizados por el embajador Julio Palencia gracias a una investigación de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, organización norteamericana dedicada a fomentar los valores que animaron las gestas de los llamados Salvadores del Holocausto, y a La Vanguardia, que rastreó en archivos de Londres y Washington y halló documentos secretos reveladores sobre el comportamiento de don Julio. Una conducta que la Fundación Raoul Wallenberg acaba de presentar ante Yad Vashem –la institución oficial israelí en memoria de las víctimas del holocausto– con el propósito de que otorgue a Julio Palencia el reconocimiento universal de Justo entre las Naciones. Siempre en el recuerdo Miguel Askenazi Miguel Askenazi reside en Israel tras pasar su vida en Argentina. Para él, don Julio Palencia es un héroe familiar, una persona que siempre está presente aunque nunca le conoció. Miguel es hijo de Jenny Arié y de Enrique Askenazi y nieto de Abraham Arié, el hermano de León Arié, cuyo asesinato por los nazis en Sofía (Bulgaria) desencadenó esta historia trufada de desdicha y sensibilidad. Explica Miguel que, tras lograr huir de Bulgaria gracias a su adopción por Julio Palencia, Cludy se enamoró de un primo suyo, Emilio Arié. Finalmente se casaron, de modo que Cludy Palencia-Arié fue prima y tía de Miguel al mismo tiempo. Sus primos-tíos murieron en Argentina sin descendencia, pero la historia de don Julio fue y sigue siendo objeto de largas conversaciones en las noches de tertulia familiar de los Askenazi: “Pasar por ese tipo de duras experiencias provoca emotivos recuerdos para toda la vida. Nunca olvidaremos a don Julio”.

Fuente: The International Raoul Wallenberg Foundation

Jorge Luis Borges y el judaísmo

1El 24 de agosto de 1899, a los ocho meses de gestación, nace en Buenos Aires Jorge Luis Borges en casa de Isidoro Acevedo, su abuelo paterno. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés.

Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés “El príncipe feliz” de Oscar Wilde.

En 1914, y debido a su ceguera casi total, el padre se jubila y decide pasar una temporada con la familia en Europa. Debido a la guerra, se instalan en Ginebra donde Jorge escribirá algunos poemas en francés mientras estudia el bachillerato (1914-1918). Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar poemas y manifiestos en la prensa literaria de España, donde reside desde 1919 hasta 1921, año en que los Borges regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su ciudad natal, sobre todo los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a escribir poemas sobre este descubrimiento(1), publicando su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente e Inquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia.

En los treinta años siguientes, Jorge se transforma en Borges; es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra América. Cansado del ultraísmo (escuela experimental de poesía que se desarrolló a partir del cubismo y futurismo) que él mismo había traído de España, intenta fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribe cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo (“Hombre de la esquina rosada” (2),”El Puñal”(3)). Pronto se cansará también de este ismo y empezará a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta punto de producir durante dos décadas, 1930-1950, algunas de las más extraordinarias ficciones de este siglo (4) (Historia universal de la infamia,1935; Ficciones, 1935-1944; El Aleph, 1949; entre otros).

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En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, y que será el comienzo de su reputación en todo el mundo occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el gobierno italiano, el de Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el gobierno francés, la Insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico y el Premio Cervantes, entre otros numerosísimos premios y títulos.

Una encuesta mundial publicada en 1970 por el Corriere della Sera revela que Borges obtiene allí más votos como candidato al Premio Nobel que Solzhenitsyn, a quien la Academia Sueca distinguirá ese año.

El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de Buenos Aires el relato “Agosto 25, 1983″, en que profetiza su suicidio para esa fecha exacta. Preguntado tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado en la fecha anunciada, contesta lisamente: “Por cobardía”. Ese mismo año la Academia sueca otorga el Premio Nobel a William Golding; uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección. Todos siguen preguntándose por qué Borges es sistemáticamente soslayado. El premio a Golding parece dar la razón a los que dudan de que los académicos suecos sepan realmente leer. Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.

Borges y los judíos

Temí que en Israel acecharía
con dulzura insidiosa
la nostalgia que las diásporas seculares
acumularon como un triste tesoro
en las ciudades del infiel, en las juderías,
en los ocasos de la estepa, en los sueños,
la nostalgia de aquellos que te anhelaron,
Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia,
¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia,
sino esa voluntad de salvar,
entre las inconstantes formas del tiempo,
tu viejo libro mágico, tus liturgias,
tu soledad con Dios?
No así. La más antigua de las naciones
es también la más joven.
No has tentado a los hombres con jardines,
con el oro y su tedio
sino con el rigor, tierra última.
Israel les ha dicho sin palabras:
olvidarás quién eres.
Olvidarás al otro que dejaste.
Olvidarás quién fuiste en las tierras
que te dieron sus tardes y sus mañanas
y a las que no darás tu nostalgia.
Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso.
Serás un israelí, serás un soldado.
Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos.
Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca.
Una sola cosa te prometemos:tu puesto en la batalla.

en el Muro

Borges en el Muro de Los Lamentos, en Jerusalem

En agosto de 1932, una organización antisemita argentina había convocado a un acto. Enseguida comenzaron a correr rumores que afirmaban que los asistentes se dedicarían a atacar personas e instituciones judías. En ese contexto, el semanario “Mundo Israelita” solicitó a personalidades de la Argentina que expresaran su opinión sobre la situación, afirmando que “elementos tendenciosos, desembozados algunos y agazapados en las sombras otros, han estado sembrando la confusión por todos los medios a su alcance, empeñados en derivar la protesta contra los comunistas hacia una acción punitiva contra los judíos, que serían sinónimos”. El texto de Borges brilla por su ironía y su vigorosa defensa de la tolerancia y el respeto. En su último párrafo, el genial autor afirma que “instigar odios me parece una tristísima actividad… hay proyectos edilicios mejores”. El siguiente es el texto de dicho artículo:

Ciertos desagradecidos católicos, léase personas afiliadas a la Iglesia de Roma, que es una secta disidente israelita servida por un personal italiano, que atiende al público los días feriados y domingos, quieren introducir en esta plaza una tenebrosa doctrina, de confesado origen alemán, rutenio, ruso, polonés, valaco y moldavo.

Basta la sola enunciación de ese rosario lóbrego para que el alarmado argentino pueda apreciar toda la gravedad del complot.

Por cierto que se trata de un producto más deletéreo y mucho menos gratuito que el dumping. Se trata -soltemos de una vez la palabra obscena- del Antisemitismo.

Quienes recomiendan su empleo, suelen culpar a los judíos, a todos, de la crucifixión de Jesús. Olvidan que su propia fe ha declarado que en la cruz operó nuestra redención. Olvidan que inculpar a los judíos equivale a inculpar a los vertebrados, o aun a los mamíferos.

Olvidan que cuando Jesucristo quiso ser hombre, prefirió ser judío y que no eligió ser francés, ni siquiera porteño. Ni vivir en el año 1932 después de Jesucristo para suscribirse por un año a Le Roseau d’Or.

Olvidan que Jesús, ciertamente, no fue un judío converso. La basílica de Luján, para El, hubiera sido tan indescifrable espectáculo como un calentador a gas o un antisemita.

Borrajeo con evidente prisa esta nota. En ella no quiero omitir, sin embargo, que instigar odios me parece una tristísima actividad y que hay proyectos edilicios mejores que la delicada reconstrucción, balazo a balazo, de nuestra Semana de Enero, aunque nos quieran sobornar con la vista de la enrojecida calle Junín, hecha una sola llama.

Jorge Luis Borges, agosto 1932

manos

YO JUDÍO
Jorge Luis Borges

Revista Megáfono, 3, Nro. 12, pag. 60, Buenos Aires, Abril de 1934

Como los drusos, como la luna, como la muerte, como la semana que viene, el pasado remoto es de aquellas cosas que pueden enriquecer la ignorancia.

Es infinitamente plástico y agradable, mucho más servicial que el porvenir y mucho menos exigente de esfuerzos.

Es la estación famosa y predilecta de las mitologías.

¿Quién no jugó a los antepasados alguna vez, a las prehistorias de su carne y su sangre?

Yo lo hago muchas veces, y muchas no me disgusta pensarme judío.

Se trata de una hipótesis haragana, de una aventura sedentaria y frugal que a nadie perjudica, ni siquiera a la fama de Israel, ya que mi judaísmo era sin palabras, como las canciones de Mendelssohn.

Crisol, en su número del 30 de enero, ha querido halagar esa retrospectiva esperanza y habla de mi ”ascendencia judía maliciosamente ocultada” (el participio y el adverbio me maravillan).

Borges Acevedo es mi nombre.

Ramos Mejia, en cierta nota del capítulo quinto de Rosas y su tiempo, enumera los apellidos porteños de aquella fecha para demostrar que todos, o casi todos, “procedían de cepa hebreo portuguesa”.

Acevedo figura en ese catálogo: único documento de mis pretensiones judías, hasta la confirmación de Crisol.

Sin embargo, el capitán Honorio Acevedo ha realizado investigaciones precisas que no puedo ignorar.

Ellas me indican el primer Acevedo que desembarcó en esta tierra, el catalán don Pedro de Acevedo, maestre de campo, ya poblador del “Pago de Arroyos” en 1728, padre y antepasado de estancieros de esta provincia, varón de quien informan los Anales del Rosario de Santa Fe y los documentos para la historia del Virreinato; abuelo, en fin, casi irreparablemente español.

Doscientos años y no doy con el israelita, doscientos años y el antepasado me elude.

Estadísticamente los hebreos eran de los más reducidos.

¿Que pensaríamos de un hombre del año cuatro mil, que descubriera sanjuaninos por todos lados?

Nuestros inquisidores buscan hebreos, nunca fenicios, garamantas, escitas, babilonios, persas, egipcios, hunos, vándalos, ostrogodos, etíopes, dardanios, paflagonios, sarmatas, medos, otomanos, bereberes, britanos, libios, cíclopes y lapitas.

Las noches de Alejandría, de Babilonia, de Cartago, de Menfis, nunca pudieron engendrar un abuelo, sólo a las tribus del bituminoso Mar Muerto les fue deparado ese don.

estrella

“Más allá de las aventuras de la sangre, más allá del casi infinito y ciertamente incalculable azar de los tálamos, toda persona occidental es griega y judía”.

La vida de Zivia Lubetkin

ziviaNacida en Byteń en 1914
Murió 1976
Nacionalidad polaca e israelí
Conocida por ser uno de los líderes de Żydowska Organizacja Bojowa (Organización Judía de Lucha), participó en el Levantamiento del Gueto de Varsovia.

Zivia Lubetkin (en polaco: Cywia Lubetkin), (en hebreo: צביה לובטקין), también conocida por su nombre de guerra “Celina”, fue uno de los líderes del movimiento clandestino judío en la Varsovia ocupada por los nazis y la única mujer en el alto mando del grupo de resistencia Żydowska Organizacja Bojowa (ZOB).

Antes de la Segunda Guerra Mundial
Nació en 1914 cerca de Byteń Slonim en Polonia (actualmente Bielorrusia). Se unió al Movimiento Sionista Laborista a una edad temprana. En su adolescencia se incorporó al movimiento juvenil sionista Dror, y en 1938 se convirtió en miembro de su Consejo Ejecutivo. Después de la Alemania nazi y más tarde la invasión de Polonia por la Unión Soviética en septiembre de 1939 hizo un peligroso viaje desde la parte ocupada del país soviético a Varsovia para unirse a la resistencia.

Segunda Guerra Mundial
En 1942, Lubetkin ayudó a fundar la izquierda sionista Bloque Anti-Fascista. Ella también, como uno de los fundadores de la ŻOB, sirvió en el consejo político de la comunidad judía de Varsovia, el Comité Nacional Judío (Żydowska Komitet Narodowy; ŻKN), y también participó en el Comité de Coordinación, una organización que comprende la ŻKN y la no -sionista Unión General de Trabajadores Judíos (Bund), que patrocinó el Zob. Durante sus años de actividades clandestinas, el nombre de “Cywia” se convirtió en la palabra de código para Polonia en las cartas enviadas por varios grupos de resistencia dentro y fuera del gueto de Varsovia. Fue uno de los líderes del Levantamiento del Gueto de Varsovia y uno de sólo 34 combatientes que sobrevivió a la guerra. Después de liderar a su grupo de sobrevivientes combatientes por las alcantarillas de Varsovia, con la ayuda de Simcha “Kazik” Rotem en los últimos días del levantamiento del ghetto (el 30 de mayo de 1943), continuó sus actividades de resistencia en el resto de fuera del ghetto de Varsovia. Tomó parte en el levantamiento polaco de Varsovia en 1944.

La vida de la posguerra
Tras la Segunda Guerra Mundial, Lubetkin fue activo en la comunidad de sobrevivientes del Holocausto en Europa, y ayudó a organizar la Berijá, una organización compuesta por agentes que ayudó a Europa Central y Oriental Judios cruzar las fronteras en el camino al Mandato de Palestina por los canales de la inmigración ilegal. Ella inmigró a Mandato de Palestina en 1946. Se casó con Yitzhak Zuckerman, el comandante ŻOB, y ellos, junto con otros combatientes del gueto de sobrevivientes y los partidarios fundó el kibutz ha Lohamey-Geta’ot y el museo de los Combatientes del Ghetto ‘House se encuentra en sus instalaciones. En 1961, testificó en el juicio de criminal de guerra nazi capturado Adolf Eichmann.
Ella murió en 1976. Su nieta, Roni Zuckerman, se convirtió en la primera de la Fuerza Aérea de Israel es piloto de caza de la mujer en 2001.

Fuente: wikipedia

David ben Salomón ibn Abi Zimra

safedEl rabino David ben Solomon Ibn (ABI) Zimra (en hebreo: דוד בן שלמה אבן אבי זמרא), también llamado Radbaz (רדב”ז) siguiendo las iniciales de su nombre, Abbi R D avid B i n IMRA Z, fue un Acharon principios de los siglos XV y XVI, que era un posek líder, Rosh Yeshiva, rabino jefe y autor de más de 3.000 responsa (decisiones halájicas), así como varios trabajos académicos.

Biografía
El Radbaz nació en España alrededor de 1479. Tenía trece años de edad cuando sus padres, desterrados de España, se establecieron en Safed, Israel, donde estudió bajo la dirección de José Zaragoza.

Por razones desconocidas, dejó de Israel a la edad de 31 o 32 y viajó a Fez, Marruecos, donde se convirtió en miembro de la Beth Din (corte rabínica) presidida por el nagid Isaac Sholal.

En 1517, tras la abolición de la oficina de nagid por el gobierno turco, el Radbaz se trasladó a El Cairo. Allí fue nombrado gran rabino de Egipto, un título que ostentó durante cuarenta años. Era muy respetado por su vasto conocimiento, integridad de carácter, y la inmesa filantropía. Con una independencia económica, Radbaz fue un comerciante exitoso, con conexiones de negocios en otros países. La Yeshiva que fundó y apoyó atrajo a muchos estudiantes distinguidos, entre ellos Bezalel Ashkenazi e Isaac Luria.

En la introducción a su comentario sobre el Cantar de los Cantares, Isaac Akrish pinta en colores vivos, el carácter de Radbaz, en cuya casa vivió durante diez años. Según Akrish, Radbaz fue muy destacado, en la vida tanto social como política de Egipto, gracias a su condición de intelectual rico. Durante el tiempo que sirvió como rabino jefe de comunidad, introdujo numerosas reformas para la vida cotidiana y la religión de los Judios de Egipto. Fue él quien abolió el uso del sistema seléucida de calendario en la comunidad judía de Egipto y reincorporó el cómputo de los años desde la creación, como se hacía en otras comunidades judías y continúa realizándose hasta la actualidad.

Al llegar a la edad de 90, Radbaz se retiró del Gran Rabinato y repartió la mayor parte de su fortuna entre los pobres, tomando disposiciones especiales para los estudiosos de la Torá. Luego se trasladó a Jerusalén. Pero no se quedó allí mucho tiempo, debido a los onerosos impuestos que el gobierno turco había impuesto a los Judíos. Se instaló en Safed, donde se convirtió en un miembro activo de la corte rabínica presidida por Yosef Karo, que le tenía en gran estima. Pasó los últimos 20 años de su vida en paz, continuando con su aprendizaje y su escritura.

La Radbaz murió en Safed en 1573 a la edad de 110 (algunas autoridades dicen que tenía 94 años de edad).

Fuente: Wikipedia

Un Verdadero Modelo

Por Guido Maisuls
Escritor y Ensayista
Kiriat Bialik, Israel
13 de septiembre de 2009

Un Verdadero Modelo

ilan RamonIlan Ramon fue coronel de la Fuerza Aérea Israelí y astronauta de la NASA. Falleció en la tragedia del Columbia el 1 de febrero de 2003 sobre el sur de los Estados Unidos.

La Misión STS-107 Columbia de 16 días de duración estuvo dedicada a la investigación científica, la tripulación llevó a cabo y de manera exitosa cerca de 80 experimentos. La misión terminó en tragedia cuando el Transbordador Espacial Columbia se desintegró durante la reentrada sobre el cielo del suroeste de los Estados Unidos cuando sólo faltaban 16 minutos para el aterrizaje. Tiempo antes, Ilan se comunicó con Yad Vashem para recibir un objeto relacionado con el Holocausto para llevar al espacio, debido a la significancia del Holocausto para él como israelí y judío. Personalmente, el Holocausto fue aun más significativo para Ramon, ya que su madre es sobreviviente de Auschwitz, y su abuelo y otros miembros de la familia perecieron en los campos de concentración. Yad Vashem eligió al cuadro Moon Landscape-Paisaje Lunar, de un joven judío de 14 años, Petr Ginz, durante su prisión en el ghetto de Theresienstadt, que desde las profundidades de su imaginación viajó a lugares tan remotos.

Petr Ginz fue un joven talentoso, que además de pintar escribió cuentos, artículos y poesía, y siguió creando después de ser deportado al ghetto en 1942. En 1944 fue asesinado en Auschwitz. Una interpretación a esa pintura es que el joven quiso alejarse de la Tierra, donde su vida corría peligro.

Ilan Ramon dijo,

“Siento que mi vuelo especial es la realización seis décadas después del sueño de Petr Ginz, un sueño que es la prueba ultimativa de la grandeza del alma de un joven preso dentro de los muros del ghetto, pero que no lograron conquistar su espíritu, y sus obras, preservadas en Yad Vashem son un testimonio del triunfo de ese espíritu”.

“El Paisaje Lunar conecta el sueño de un muchacho judío que es el símbolo del talento perdido en el Holocausto, con el viaje de un astronauta judío, que es el símbolo de nuestro renacimiento”.

Fuente: “Cartas desde Israel”
Un espacio para la reflexión y el debate

Global Jewish-Agenda.

… Y Zola escribió: “J’accuse!”

SIGLO XX

Por Jeff Jacoby

j'accuseEl 13 de enero de 1898 el periódico L’Aurore publicó una extraordinaria carta abierta de Émile Zola al presidente de la República Francesa acerca del caso Dreyfus, esa parodia de proceso que le valió al absolutamente inocente capitán Alfred Dreyfus una condena de por vida y en solitario en la Isla del Diablo, una colonia penal abominable situada frente a las costas de Sudamérica.

Zola era por aquel entonces el escritor más popular de Francia, y su apasionado alegato en defensa de Dreyfus, que a la vez era una denuncia del tribunal militar que lo condenó y del propio Gobierno francés, a los que acusaba de encubrimiento, cautivó a la nación y obtuvo una amplia resonancia en el mundo entero.

alfreddreyfus

La 808 Gallery de la Universidad de Boston ha expuesto recientemente esa portada de L’Aurore, la más célebre de todas las portadas que el periodismo ha parido, con su aún más célebre titular: “J’accuse!”, así como otros documentos y objetos relacionados con dicha historia. La muestra se titulaba “El poder de los prejuicios: el caso Dreyfuss”, y contó con el patrocinio de la BU Hillel House y el New Center for Arts & Culture de Boston.

El caso Dreyfus fue el primer proceso legal convertido en espectáculo mediático; con él nació algo que hoy en día damos por sentado: la capacidad de los medios para galvanizar y modelar la opinión pública.

Todo empezó cuando se descubrió una carta en la que se ofrecía a los alemanes secretos militares franceses. Tras una investigación de lo más inepta, el jefe de la Inteligencia militar gala, un antisemita redomado, puso en el disparadero a Dreyfus, el único judío del Estado Mayor. Lo cierto es que el acusado era un ardiente patriota francés que desde niño soñaba con servir a su país vestido de uniforme.

estrellaantisemita
El tribunal condenó a Dreyfus sobre la base de un informe falsificado. En una humillante ceremonia pública de degradación celebrada en la Escuela Militar, le rompieron la espada y le arrancaron los galones. Según el historiador Paul Johnson, mientras Dreyfus proclamaba vehementemente su inocencia, “una turba enorme y excitada comenzó a gritar: ‘¡Muerte a Dreyfus! ¡Muerte a los judíos!’”.

Pocos meses después, el nuevo jefe de la Inteligencia militar dio con el auténtico villano, el mayor Ferdinand Walsin-Esterhazy. Los partidarios de Dreyfus –los dreyfusards– exigieron entonces que se reabriera el caso, pero los oficiales de alto rango, decididos a librar al ejército de la vergüenza, conspiraron para proteger al traidor, por lo que Esterhazy acabó siendo absuelto por un tribunal castrense de lo más grotesco.

Fue entonces que Zola decidió escribir el “J’acusse!”.

El caso Dreyfus generó una ola de histeria antisemita, en gran parte alimentada por la prensa. En la exposición de la Universidad de Boston había pósters, titulares de periódico y viñetas que presentaban a los judíos como serpientes, alimañas o estafadores de nariz ganchuda, como una raza despreciable de la que Francia debía verse purgada. Uno de los carteles pedía el voto para un sujeto, Adolphe Willette, que tenía a gala presentarse como “candidato antisemita”.

El caso Dreyfus desató la primera gran oleada de antisemitismo político moderno; fue un precedente del terror nazi, que devoraría Europa pocas décadas más tarde.

El artículo de Zola movilizó a los dreyfusards, entre los que se contaban muchos de los principales escritores, artistas y académicos de la época. Aquí nació algo que también hoy se da por sentado: la activa participación de los intelectuales en las controversias que tienen que ver con la cultura y los valores. Para los partidarios de Dreyfus, lo que estaba en juego era la democracia y el Estado de Derecho franceses; los detractores del capitán temían, en cambio, que estuvieran en riesgo la tradición y la estabilidad del país.

La lucha, que se prolongó por espacio de doce años, dividió a la sociedad francesa y transformó irremediablemente el siglo XX.

Finalmente Dreyfus fue liberado, absuelto, rehabilitado; y condecorado, en una ceremonia pública, con la Legión de Honor. Su patriotismo no se resintió. Participó en la I Guerra Mundial y después vivió en un discreto retiro hasta su fallecimiento, en 1935.

Los efectos del caso Dreyfus sobrevivieron al capitán. El antisemitismo conoció la institucionalización, y los anti-dreyfusards acabaron conformando el núcleo profascista del régimen de Vichy. El periodista austríaco Theodor Herzl, luego de asistir, estupefacto, a la degradación de Dreyfus, se puso a escribir El Estado judío, el libro que sentó las bases del sionismo moderno.

De todo lo que puso en marcha el caso Dreyfus, lo que más ha marcado la vida moderna, para bien y para mal, ha sido el influjo de la prensa. Cuando Zola escribió su “J’accuse!”, una nueva era echó a andar…

JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe

El renombrado Amos Kenan falleció a los ochenta y dos años.

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Columnista, pintor, escultor, dramaturgo y novelista.

Kenan (foto) nació en Tel Aviv en 1927. Fue miembro del movimiento juvenil Hashomer Hatzair y en 1946 se unió al movimiento de Cananea, donde ayudó a fundar la revista “Alef”. Publicó su primer libro en 1949.

Luchó en la Guerra de la Independencia en 1948, bajo el mando de Isaac Sadeh. Kenan vivió en París desde 1954 a 1962, donde trabajó como escultor y publicó varias obras.

Pierre Alechinsky ilustró dos de sus libros y Maurice Béjart adaptó sus obras estrenadas en París y Suiza. Durante ese tiempo, él también escribió columnas para Haolam Hazeh y Yedioth Ahronoth.

A su regreso a Israel en 1962, comenzó a escribir una columna semanal en Yedioth, que duró 40 años. También contribuyó con artículos para The New York Times y La Nación.

Tras la Guerra de los Seis Días, el Ministerio de Relaciones Exteriores le envió a Kenan a entrevistar a intelectuales, incluidos Jean-Paul Sartre, Herbert Marcuse y Noam Chomsky sobre el conflicto palestino-israelí.

En 1970, cofundó el Consejo israelí-palestino, y más tarde se unió con Ariel Sharon al Partido Shlomtzion.

Sus premios incluyen el Premio Sam Spiegel en 1962, el del Consejo de Cine Israel en 1970, uno del Ministerio de Cultura francés en 1975, otro del Instituto Internacional de Teatro en 1995 y el premio Brenner en 1998.

Le sobreviven su pareja Nurit Gertz, y dos hijas, la periodista Shlomtzion Kenan y la cantante Rona Kenan.

Fuente: aurora-israel.co.il

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