Así fue capturado Eichmann, el único nazi ajusticiado en Israel

Eichmann, durante el juicio en Jerusalén en 1962

Eichmann, durante el juicio en Jerusalén en 1962

Para evitar el culto de futuros neonazis, sus cenizas fueron dispersadas en el Mediterráneo

Así fue capturado Eichmann, el único nazi ajusticiado en Israel

10 Mayo 10 – Jerusalén – Elías L.Benarroch/Efe

Tres años de cacería acabaron el 11 de mayo de 1960 en la captura por el Mosad de Adolf Eichmann, que hace medio siglo se convirtió en el único nazi ajusticiado en Israel por el asesinato de seis millones de judíos durante el Holocausto.

Cincuenta años después del episodio que entonces más conmocionó a la sociedad israelí, uno de sus captores, Rafi Eitan, asegura que la elección de Eichmann para que sirviera de símbolo de la persecución por la justicia del horror nazi fue una “mera casualidad”.

“Isser (Harel, entonces jefe del Mosad) ya tenía la idea hecha. Dijo que teníamos que juzgar en Israel a uno de los líderes nazis, y no importaba quién fuera”, recuerda Eitan, que era jefe de la Unidad Conjunta de Operaciones de los servicios secretos israelíes y fue enviado a Buenos Aires para capturarlo.

Eran los primeros años de vida del Estado judío, creado en 1948, y juzgar a alguno de los responsables del genocidio representaba no sólo un acto de justicia, sino también una forma de decir al mundo que, legalmente, Israel se veía responsable de todos los judíos, independientemente de donde vivieran.

“Harel salía de las reuniones con (el primer ministro David) Ben Gurión y preguntaba: ¿A quién podemos traer? ¿A Brunner? ¿Mueller? ¿Mengele? ¿Bormann? ¿Eichmann? !Dime a quién!”
, rememora Eitan, de 84 años, en una entrevista con el diario Haaretz.

Por aquel entonces uno de los altos mandos del espionaje israelí y después, entre 2006 y 2009, ministro para Asuntos de los Jubilados, Eitan fue puesto al mando de la operación de la captura en marzo de 1960, y eligió a siete personas -de un grupo de 250 a su disposición- para trabajar exclusivamente en el caso.

La elección de Eichmann, encargado del transporte de millones de judíos desde los guetos hacia los campos de concentración y de exterminio, fue realmente fortuita y, según distintos testimonios, hasta fruto de no pocas presiones.

Gracias a las actividades de grupos voluntarios judíos dedicados a la caza de nazis, desde 1954 habían fluido a Israel informaciones acerca de que el oficial de las SS vivía en Buenos Aires bajo el nombre de Ricardo Klement y trabajaba para una compañía de agua.

La información no despertó la curiosidad de los servicios secretos israelíes -ocupados por ese entonces con un serio problema estratégico regional-, pero entre 1957 y 1959 la insistencia de un fiscal judío del estado alemán de Hesse, Fritz Bauer, consiguió que finalmente el Mosad enviara a sus agentes a capturar a Eichmann.

Yaakov Gat, uno de los siete miembros del comando, está convencido de que sólo una persona pudo haber obligado al jefe del Mosad a reabrir el caso después de haberlo rechazado en al menos dos ocasiones por considerar que las pruebas no eran sólidas.

Sólo una persona como Ben Gurión podía forzar a Harel a que reanudara la investigación. Es verdad que Bauer era el que presionó, pero en mi opinión la comunidad judía estadounidense presionó a Ben Gurión para que Israel tomara venganza en nombre de todo el pueblo judío“, explica el octogenario agente al Haaretz.

Los detalles de la operación que condujo a la captura y posterior traslado de Eichmann a Israel -en medio de una gran polémica con Argentina porque fue sacado de ese país en un avión oficial del ministro israelí de Exteriores, Abba Eban- aparecieron en numerosos libros y fueron llevados al cine.

“La casa en la calle Garibaldi (1975)”, escrito por el entonces jefe del Mosad, se convirtió con el tiempo en uno de los clásicos mundiales del espionaje, mientras que “Eichmann en mis manos (1990)”, de Peter Z. Malkin, otro de los miembros del comando que le capturó, expone los contradictorios sentimientos de un judío hacia un dirigente nazi tan sólo quince años después del Holocausto.

Después de un desgarrador juicio ante un tribunal que le condenó a la pena capital por crímenes contra la humanidad, el ex oficial de las SS fue ahorcado el 1 de junio de 1962 y sus restos incinerados.

Para evitar el culto de futuros neonazis, sus cenizas fueron dispersadas en el Mar Mediterráneo por un barco de la Armada israelí en presencia de algunos supervivientes del Holocausto, fuera de las aguas jurisdiccionales de Israel.

Pasarían veinticuatro años hasta que otro nazi, John Demjanjuk, se sentó en el banquillo de los acusados en Israel como el presunto “Iván el Terrible” de Treblinka, aunque fue absuelto por la Corte Suprema tras haber sido condenado a la horca por una instancia inferior.

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